Lo que deseo decirles es recordarles la naturaleza del ministerio que pensamos haber recibido de Dios. Es un servicio, entre otros consagrados a Su pueblo, pero cumplido con un sentimiento creciente de su necesidad.
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Son de uso general en la jerga evangélica universal, dos términos tan innecesarios como impropios, con una evidente carga discriminatoria pese a la ingenuidad de cuantos lo usan, oyen y repiten: líder y laico.
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Hoy día se está enseñando al creyente, que para poder recibir algo de parte de Dios debe hacer pactos económicos pues de lo contrario nada va a recibir, de esta forma se está reemplazando la obra perfecta de Jesucristo, predicando un evangelio diferente.
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Tomado como una regla universal para las Iglesias cristianas, el texto de 1 Timoteo 2: 11-12 es sorprendente, pues implicaría someter al silencio a no menos de la mitad de los creyentes. Igualmente inaudito sería que un asunto de semejante importancia solamente se tocase una sola vez en toda la Escritura.
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La imagen de Dios es Cristo. Pero no es Cristo solo, en su individualidad, sino en la multiplicidad de relaciones con el Padre y con el Espíritu Santo. Relaciones de sujeción, de cooperación, de comunicación, de santidad. La imagen de Dios es, en este sentido, un modelo de relaciones, cuya expresión más perfecta se vive en la tierra en la iglesia, el Cuerpo de Cristo.
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Iglesia = ekklesia ( de ek, fuera de y klesis llamamiento) Esta definición se aplica tanto a la iglesia universal de Jesucristo, los creyentes congregados por todo el mundo, como a la iglesia local. En el salmo 107:4‑7 podemos apreciar una tipología de la iglesia de Jesucristo. 4Anduvieron perdidos por el desierto, por la soledad sin camino, Sin hallar ciudad en donde vivir. 5Hambrientos y sedientos, Su alma desfallecía en ellos. 6Entonces clamaron a Jehová en su angustia, Y los libró de sus aflicciones. 7Los dirigió por camino derecho, Para que viniesen a ciudad habitable..
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“Ciertamente en la inundación de muchas aguas no llegarán estas a él” (Sal. 32:6)
Llega la noche. Todo está oscuro. La luz de la luna ha sido opacada por las densas y oscuras nubes. Está lloviendo fuertemente sobre la tierra. La tempestad arremete contra todo lo que está en su camino. Los relámpagos cruzan fieramente el espacio. Se oye el retumbar de los truenos. El viento silba fuertemente. Los árboles están empapados por el agua. Un árbol enorme queda abatido por una furiosa centella. La gruesa rama que por años se erguía orgullosa, en un breve instante ha venido a dar al suelo. Ése mismo suelo, que ella miraba con soberbia. Ese mismo suelo que por años, y sin ningún interés le alimentó y le sostuvo, es ahora su lecho de muerte. Su hermosura quedó abatida. Su orgullo ha quedado herido, y muerto. En las cabeceras de los ríos quietos, está lloviendo copiosamente. El agua corre ladera abajo de las montañas, sin nada que las detenga. No hay contención para ellas, y corren libremente en su ruta siniestra. Todo es un caos.
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Este libro, contiene material “peligroso”, para la institucionalidad y religiosidad de la iglesia.
Desde los días posteriores a los apóstoles hasta ahora, la historia del cristianismo es una historia de prisiones. Esta historia no es de prisiones materiales o literales, aunque hayan habido muchas. Ha sido una historia de prisiones, las cuales han sido el resultado del hábito establecido por el hombre de llevar al Espíritu á la esclavitud.
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