Adventistas y Evangélicos

Aunque este artículo lo escribí ya hace varios años, veo que todavía hay mucha gente que tiene ciertas confusiones con respecto a la Iglesia Adventista del Séptimo Día y sus doctrinas. También denuncio el paraguas protector de la FEREDE y otras organizaciones semejantes en otros países como Chile, para traer confusión doctrinal a los cristianos evangélicos y a la sociedad en general:
Adventistas y Evangélicos

Corren malos tiempos para el pueblo cristiano. Y cuando afirmo esto no lo hago desde una perspectiva catastrofista por las numerosas herejías y sectas que se mueven en los aledaños del cristianismo. Es difícil, aunque alguien no se lo crea, encontrar errores nuevos, que no sean versiones actuales de los que ya tuvieron que enfrentar nuestros antepasados en la fe, incluso desde los comienzos de la Iglesia de Jesucristo. El cambio cualitativo que merece mi expresión se refiere a la escasa vigilancia, conocimiento y compromiso, así como al insuficiente combate que en la lucha por conservar la ortodoxia de la doctrina están comprometidos los creyentes de forma general y los líderes de forma particular.

Quizás sean dos de los errores más populares que han resurgido con fuerza en nuestra España reciente en relación con el mensaje básico del evangelio: la salvación. Por un lado las nuevas versiones antinomianas, las de la gracia barata, que confunden fe con asentimiento racional, y arrepentimiento y santificación con obras, etc. Estas ideas son bien antiguas, tanto que ya hay constancia de bíblica de la preocupación que ocasionaban en la iglesia primitiva y de cuya refutación tenemos textos en las epístolas, porque Santiago, Judas o Pablo, (este de una forma muy clara y explícita en el capítulo 6 de Romanos), tuvieron que salir al paso para condenar y a la vez advertir a los creyentes. Esta perversión del evangelio fue contundentemente calificada por Judas como el fruto de la obra de introducción encubierta por parte de hombres impíos en medio del pueblo de Dios.

La perversión contraria, la de los llamados judeos cristianos, de tendencia farisea, es la herejía legalista que presenta la ley mosaica como el complemento necesario del sacrificio de Jesucristo para la salvación del hombre. Esto fue igualmente calificado con contundencia, en esta ocasión por el apóstol Pablo en la epístola a los Gálatas, denunciada como “un evangelio diferente”, y que conduce a “caerse de la gracia” por desligarse de Cristo (Gálatas 5:4).

Las nuevas versiones de éstas doctrinas en nuestros tiempos corresponden en el primer caso a una “corriente” que crece dentro del evangelismo como consecuencia de las extravagancias hermenéuticas de Lewis S. Chafer en sus obras en general, pero de una forma particular en su libro “He That Is Spiritual” (en el que admite que los cristianos carnales, aquellos que no viven conforme al espíritu sino conforme a la carne, forman una categoría de salvos, que viven de la misma manera, hábitos, vicios y conductas que los incrédulos. Estos sería imposibles de reconocer por sus frutos, empleando el sistema recomendado por Jesús, porque no llevan fruto) ó Zane C. Hodges en las afirmaciones descalificantes para el único evangelio de Jesucristo y de los apóstoles, que dogmáticamente realiza a través de su obra más conocida “The Gospel Under Siege”. Sobre ésta perversión herética del evangelio debo recomendar el libro de A. W. Tozer “I call it heresy” (desconozco si lo hay en castellano), y el que existe en lengua castellana “El evangelio según Jesucristo” de John F. MacArthur, editado por la Casa Bautista de Publicaciones.

La segunda forma del evangelio diferente, es la que cae en el campo opuesto, se trata de la perturbación legalista y farisaica que tiene en nuestro país como embajador a una “secta” llamada la Iglesia Adventista del Séptimo Día, y sobre la que quiero basar fundamentalmente este artículo.

¿Quien es la Iglesia Adventista del Séptimo Día? ¿Son una secta ó una denominación evangélica peculiar?

La contestación a ésta pregunta es algo que como veremos resulta fundamental, aunque tiene que venir precedida de otra: ¿Qué es una secta? No voy a referirme al contexto etimológico de la palabra, porque en ese contexto cualquier grupo pudiera denominarse como secta. Ni tampoco a la aplicación de la palabra griega haíresis, ni a lo que pudiera significar el término en el contexto de la historia bíblica del nuevo testamento.

Al referirme a secta quiero decir “una organización de componente religioso, de estructura piramidal, de contenidos dogmáticos; exclusivista y excluyente a todo lo que no proceda de si misma; fundamentalista en la defensa de las interpretaciones y contenidos que desde la cúpula se imparten, y en la que el individuo, el adepto, se instruye para una obediencia exenta de análisis, y se obliga a renunciar a profundizaciones y objeciones interpretativos y de exégesis, supeditándolo a cuanto desde arriba le digan que debe creer, aceptar y defender. Además de ello, la secta está siempre relacionada con el liderazgo de un personaje carismático, guru, santón ó profeta, incuestionable dado el reconocimiento de un nivel sobrenatural en cuanto a su vida, o sus enseñanzas y revelaciones. Es típico que en la realidad el personaje en cuestión, este vivo o muerto, pero mantenido por los herederos espirituales y económicos de la secta, ha sido alguien cuya vida no corresponde con los principios éticos ni religiosos que popularmente reclama y proclama. Y que en el fondo de todo está la pervivencia económica, ideológica y de poder de un grupo reducido que maneja los hilos, donde la disidencia se paga con la expulsión, cuando no con la persecución”.

Bueno, pues si aceptamos como secta algo que corresponda con la descripción anterior, la Iglesia Adventista del Séptimo Día, es una secta. Pese a quien le pese, y haya sido defendida por quien haya sido en cualquier ámbito, y alguno de ellos próximo, e incluso interno al evangelismo. Y esto a pesar también de que exista una táctica promocionada por ellos, y amparada por algunos nombres y figuras del evangelismo español, en el caso relativo a nuestro país, que pretendan mostrarlos como un grupo ó una denominación evangélica peculiar en cuanto a la interpretación de ciertas doctrinas, pero tampoco más allá que otras denominaciones. Esto ya lo habían intentado a escala internacional con el testimonio de Walter Martin, aunque como menciona Cesar Vidal en su Libro “La Otra Cara del Paraíso”, este reconoció haber sido engañado por los adventistas que habían utilizado con él sugerentes tentaciones económicas (Mencionado por W. Rea en Pirates of Privilege).

Si queremos determinar la peligrosidad de esta secta bajo el punto de vista social, en honor a la verdad debemos decir que la Iglesia Adventista del Séptimo Día, no es una secta de las llamadas peligrosas, como podríamos mencionar aquí a los diferentes grupos que en determinadas partes del mundo, y en los últimos 25 ó 30 años han acabado en baños de sangre, crímenes rituales, etc. Pero como secta ideológica es muy peligrosa porque aparta a las personas del único camino de Salvación, de Jesucristo, introduciendo y divulgando un evangelio diferente, que conduce a la perdición de las almas. Como bien reconoce Ramón Vallés en su libro “Las sectas. El cáncer del año 2000”: “Todas las sectas son extremadamente peligrosas ya que están fuera del camino verdadero de la vida”. (Lamentablemente Ramón Vallés no incluye a los adventistas en su relación de sectas, aunque si a los Testigos de Jehová que son otra de las ramas del millerismo).

La Historia

Por razón de espacio solo puedo dedicar unas breves líneas para presentar la historia de la génesis común del adventismo y de Los Testigos de Jehová. Y tenemos que remontarnos a la segunda década del siglo pasado para descubrir allí a un campesino ignorante, pero que yo creo que actuaba de buena fe, como fue William Miller, que preocupado por el fin del mundo creyó encontrar la respuesta a las profecías de Daniel, predicando y anunciando el advenimiento de Jesucristo para el 21 de Marzo de 1843, y luego para una fecha indeterminada entre esta y el 21 de Marzo de 1844.

Aunque el hombre se endiosó un poco al verse como un nuevo y solitario Noé, llamando al arrepentimiento antes de que fuese tarde para el juicio que según él se avecinaba, fueron sus lugartenientes los que proclamaban que sus afirmaciones eran tan ciertas como la Biblia misma. Uno de ellos Elder Joshua hizo sus buenos negocios a cuenta del caudal ingente de crédulos que se sintieron atraídos, y a la vez descuidados de unos bienes que, de todas formas, en breve no iban a necesitar. Todo este mover sucede en medio del anquilosamiento de las iglesias tradicionales, de modo que en breve espacio de tiempo, Miller, consiguió más de cien mil entusiasmados seguidores, que se entregaron con denuedo a la repetición de las predicciones milleristas a lo largo y ancho de los EEUU.

Mucha gente sintió un avivamiento, una renovación espiritual, y ya no hablaba más que de profecías y de Apocalipsis. Desde un año antes a la fecha pronosticada, la multitud de seguidores se dispusieron a tal espera, ante la confirmación celestial, que fue a lo que atribuyeron una “lluvia de estrellas” (caída de meteoritos) que sucedió por entonces. Los expectantes seguidores abandonaron negocios, cosechas, propiedades, etc., anunciaban la condenación de los que no les seguían en su alocada fantasía, en lo que fue un fenómeno de tal magnitud que llegó a hacer intervenir a las autoridades. Pero llegó la fecha, y el posterior retorno a casa con la desazón y la frustración como bandera para tantos que no se conforman con las palabras razonables del mismo Jesucristo, quien afirmó en palabras recogidas en Marcos 13:32: Pero de aquel día y de la hora nadie sabe, ni aun los ángeles que están en el cielo, ni el Hijo, sino el Padre. Una corrección de fechas y un nuevo fracaso se llevó también la vida de Miller, quien murió poco después de un ataque al corazón decepcionado por la terquedad de la realidad.

Sin embargo este caudal de gente crédula había que aprovecharlo. Podía ser una mina. Y, los que aprovecharon en su propio beneficio fueron en primer lugar un tal Hiram Edson y otro tal Croissier, que pusieron la base ideológica como autores de la doctrina disparatada y antibíblica de que Jesucristo vino realmente en la fecha anunciada de 1844, pero no a la tierra, sino al “santuario celestial” y “entró en el santísimo tabernáculo para hacer una expiación especial y borrar los pecados de su pueblo”.

Este disparate fue aceptado por muchos de aquellos desesperados crédulos que temían tanto al ridículo de volver a sus iglesias de origen, como grande era la ignorancia que tenían de las Escrituras, y se aferraron a ello con fervor digno de mejor causa. Así empezó la divulgación y el asentamiento del movimiento adventista. Uno de los pilares de aquellos principios revueltos fue la visión que tuvo Ellen G. White el 24 de marzo de 1849, afirmando la cercanía del fin del mundo, para que aquellos que dudaban en irse, se quedaran por si acaso. A profeta muerto, profeta puesto.

Otro de los que dieron publicidad a ésta versión fue James White, marido de la anterior, en los libros como “Life Incidentes” (cuyo contenido era un plagio de unos artículos que escribía otro adventista llamado J.N. Andrews) y que unos años más tarde su lista viuda, Ellen White, volvió a reescribir, en vista del escaso éxito que habían recibido los libros en sus primeras ediciones. Solo que ahora, 16 años después, plagiando los textos en muchos casos de forma textual, pero presentándolos como una nueva revelación, bajo la inspiración del Espíritu Santo por medio de visiones, se convirtieron en best sellers que proporcionaron pingües beneficios a la autora y a la cúpula dirigente, con el asentamiento definitivo de una importante tajada del movimiento millerista en sus manos. Otra parte quedó en las manos de Russell.

Estos libros plagiados, presentados como “inspirados” fueron el origen y la base de la teología adventista. Hay un trabajo muy bueno sobre ésta cuestión escrito por un ex-adventista Walter T. Rea, que se puede obtener a través de Internet, titulado: Ellen G. White profet? or Plagiarist! The White Lie! No importa que las afirmaciones de Ellen White contengan grandes errores en temas médicos, astrológicos, históricos, y por supuesto de interpretación bíblica, que para los adventistas se tratará de cuestiones infalibles.



El Adventismo y las denominaciones evangélicas

Como toda secta, el propósito de la Iglesia Adventista del Séptimo Día no es predicar a Jesucristo, sino predicarse a si misma. No trata de presentar el evangelio de Jesucristo, sino de presentarse a sí misma como el único remedio, y el ámbito exclusivo del remanente fiel de la iglesia de Jesucristo, donde las demás presuntas presentaciones del evangelio, son solo partes de una iglesia apóstata, y así mostrar que no hay fidelidad ni salvación posible que no sea perteneciendo a este grupo.

Es por tanto la primera cuestión que, mientras que los evangélicos siguiendo la declaración de Pablo en 1ª Corintios 3, y 2ª Cor. 4:5, no se predican a si mismos, sino a Jesucristo como Señor, los adventistas se predican a si mismos. En la fórmula baptismal preparada para la afirmación de sus adeptos, y que consta de 13 puntos, dice en el último: “Acepto que la Iglesia del Séptimo Día es la Iglesia remanente de la profecía bíblica, y que la gente de toda nación, raza y lengua son los invitados y aceptados en su compañía. Deseo ser un miembro en esta congregación local de la Iglesia Universal.”

Bueno y si ellos son la única, fiel y remanente iglesia universal profética y bíblica, ¿quienes somos los evangélicos para ellos?. Pues muy fácil. Su hermenéutica afirma que la iglesia católica romana es la “ramera” de Apocalipsis capítulo 17, y por consecuencia lógica y directa las iglesias que tienen su primer origen en la reforma del siglo XVI, son las “hijas de la ramera”, porque como aquella siguen teniendo en sus frentes la marca de la bestia, el 666, lo que en su interpretación, también por revelación divina especial, no faltaría más, corresponde al abandono del descanso sabático, y la observancia del festivo dominical.

Tácticas de Introducción de la secta

Todas las sectas tienen desarrolladas unas tácticas para hacerse con adeptos, buscando personas disconformes con la realidad en la que viven, y a la vez que no tienen mucha personalidad, ni conocimiento, por lo que si logran trabar contacto, con perseverancia, amistad, y una buena dosis de doctrina adulterada, junto a la acogida cálida en el grupo sectario, tienen muchas posibilidades de hacerse con una nueva víctima.

Una de sus tácticas que tienen para contactar con personas es a través de un plan para dejar de fumar. Las personas que quieren abandonar este perjudicial hábito, pero que buscan ayuda para hacerlo porque reconocen su escasa fuerza de voluntad para superar la adición al tabaco, ya tienen algunas de las características básicas para ser contactadas, y si a bueno viene, alcanzarlas luego con sus doctrinas. Además, están las cuestiones de alimentación vegetariana, con la promoción de alimentos vegetarianos para vender a los propios adeptos, en este campo cuentan con técnicas similares a las de la Cienciología. Pero ahora en España, la táctica de la secta nos toca muy de cerca. Cristianos evangélicos y sobre todo sus hijos están en el punto de mira adventista.

No cabe duda de que los cristianos nos enfrentamos a un mundo endurecido que en su mayoría no quiere saber nada del evangelio, ni de Dios. La frase: “no queremos que este reine sobre nosotros” sigue resonando hoy quizás con más fuerza que nunca en la historia. Conseguir que el evangelio sea escuchado es una labor trabajosa en nuestros días, para llevar a las almas a los pies del “único camino de salvación”, Jesucristo. Para una secta, esta tarea tiene una dificultad añadida que corresponde a la presentación de su dogmatismo exclusivista y, sin embargo, necesitan sostener su tinglado con el mantenimiento y si es posible el crecimiento de sus adeptos.

La táctica diabólica que están usando en España es intentar nutrirse de los hijos de los evangélicos españoles. No cabe duda de que es más fácil convencer de sus extravagancias interpretativas con la Biblia a unas personas que aunque no la conozcan demasiado, al menos la respeten y estén dispuestas a abrirse a un tema parecido a este: ¿Dime un texto en toda la Biblia donde se mande guardar el domingo? Y, como nuestros hijos, hablando en términos generales, saben más de la cláusula de rescisión del contrato del futbolista de moda, o del modisto que hizo el cuello barco del traje de la infanta, que de los principios fundamentales de las doctrinas bíblicas, pues son unas víctimas fáciles. Para ello solo tienen que tener acceso, y ese acceso lo han conseguido engañando a los líderes de sus padres, de lo que se trata en el ultimo apartado del articulo ¿cómo no les va a resultar más fácil luego engañar a los hijos?.


¿SOLO LA ESCRITURA? ¿SOLO LA GRACIA? ¿LIBRE EXAMEN?

Si por razones de extensión limitamos los principios de la fe reformada para examinar a los Adventistas del Séptimo Día respecto a sus posturas con los evangélicos, veremos como mienten descaradamente, puesto que ninguno de estos postulados básicos se respetan en el interior de la secta.

Si el punto uno del credo adventista se refiere a las Sagradas Escrituras fuente de la inspiración divina a través de santos hombres de Dios, esto no es más que un señuelo para atrapar a incautos. Así, algo más adelante, el punto 16, que se refiere a los dones espirituales y los Ministerios concluye afirmando que uno de los dones es el de profecía y “este don es una marca identificativa de la iglesia remanente y fue manifestado en el ministerio de Ellen G. White. Como mensajera del Señor, sus escritos son una continuación y fuente autoritativa de verdad provista para el consuelo de la Iglesia, la guía, la instrucción y la corrección.”

Esto quiere decir que los libros de la Sra. White equivalen en autoridad e inspiración al contenido de los escritos canónicos de nuestra Santa Biblia. Por lo tanto: “solo la Biblia”: NO. Si alguien piensa que esto es una imaginación extrema interpretando de forma exagerada un texto adventista, a continuación pueden ver lo que diferentes líderes adventistas han afirmado sobre la cuestión:
Declaración de la Sra. White en “Testimonies for the Church”: En la antigüedad Dios habló a los hombres por boca de sus profetas y apóstoles. En éstos días él habla a través de Testimonies of His Spirit (Uno de los libros de la Sra. White). Si usted disminuye la confianza del pueblo de Dios en los “Testimonies”, como El los dio, usted se está rebelando contra Dios.

Declaración del pastor Stanley Harris en la cinta “Greatest Prophet since John”: Ella hizo una de las mas grandes obras que jamás he conocido desde el apocalíptico Juan... Porque ella tenía el mismo don que tenía Daniel...

Raymond Cottrell: Ellen White reinterpretó Daniel para nuestra era. Por eso creo y estoy plenamente convencido de que Dios habló a y a través de Ellen White... la acepto como una escritora inspirada...”

Declaración oficial de la Iglesia Adventista del Séptimo Día en 1928: “Como Samuel fue un profeta en su día; como Jeremías fue un profeta de Israel en los días de la cautividad, como Juan el Bautista vino a ser un mensajero especial del Señor para preparar la venida de Cristo, así creemos que la Sra. White era un profeta para la Iglesia de Cristo hoy”.

Louis Venden: Ellen White es para esta Iglesia lo que Lucas fue para su generación y no alguien con menor contribución y autoridad.

Elder I. H. Evans: “Cuando se lee el testamento de la hermana White, estoy seguro que la mayoría de nuestros hermanos sentirán como sentimos en ésta noche que el Señor ha hablado y nosotros obedeceremos”.

Morris L. Venden: La postura que asumimos la última vez fue que el don de profecía tiene idéntica autoridad que la Biblia...

Raymond Cottrell: Quien escucha a ambos (la Biblia y los escritos de la Sra. White) con una mente abierta oirá la misma voz hablando a través de ambos, con la misma autoridad.

Robert Olson: Creo que tanto Ellen White como el apóstol Pablo son verdaderos profetas quienes escriben bajo la influencia del Espíritu Santo. Tengo idéntica razón para creer en la inspiración del uno como de la otra.

Philip Follet: ... los escritos de Ellen White son inspirados en el mismo sentido en que la Biblia es inspirada...

¿Y la gracia?

El punto 18 del credo adventista dice que la “salvación es por gracia y no por obras, pero su fruto es la obediencia a los diez mandamientos”. Vuelvo a insistir que esto no se trata de la divagación en la interpretación bíblica, sino de otra visión de la Sra. White pretendidamente inspirada por el Espíritu Santo, y esto para la secta es tan válido, tan autoritativo como si de una cita bíblica se tratase.

¿Ahora por que se reducen a los diez mandamientos cuando las ordenanzas del antiguo pacto eran muchas más? ¿Por qué no los sacrificios, ofrendas, fiestas y demás ordenanzas del pacto mosaico? Porque los teólogos del adventismo han desarrollado luego una división sacada de mismo cajón que todas sus otras doctrinas: afirman que hay una división de la ley entre la ley moral y la ley ceremonial. Que la ley abolida es la segunda mientras que la primera permanece con plena vigente. Basan esta estrafalaria división en Efesios 2:15 y Colosenses 2:14, entendiendo en base a una traducción antigua de ambos versículos, que se refiere a ritos ó ceremonias, pero lo que San Pablo empleó es la palabra griega “dogma”, que significa “decretos” “ordenanzas” “leyes”.

Además, en favor de la unidad de la ley, debemos afirmar que en los capítulos 21 al 23 del Éxodo se encuentran ordenanzas que no corresponden al orden ceremonial sino al moral. Por otra parte, la afirmación de “maldición” que menciona el apóstol en Gálatas 3:10, no entiende una ley dividida, sino una única ley: todos los preceptos comprendidos en lo que los judíos denominaban como libros de la ley, es decir, el pentateuco, la torah. Este ha sido un pequeño inciso para demostrar que la táctica de la secta es confundir y manipular las Escrituras para apoyar las visiones de su profeta. No es este articulo el marco para rebatir uno por uno los puntos, quizás en futuros, sino para denunciar y poner de relieve las tácticas de la secta.

En la formula del bautismo adventista, el adepto tiene que reconocer en el punto 6 lo siguiente: Yo acepto que los diez mandamientos están todavía comprometiendo a los cristianos; y es mi propósito por el poder de Cristo, mantener esta ley, incluyendo el cuarto mandamiento...

¿Libre examen?

La discrepancia ideológica en todas las sectas está prohibida. La pena es siempre la misma: la expulsión y el vilipendio en el círculo en el que el adepto se ha movido. No olvidemos que muchos sectarios son familias constituidas, y los lazos de separación de la secta tienen implicaciones familiares.

El punto 11 del bautismo adventista dice: Se y conozco los principios bíblicos fundamentales como los enseña la Iglesia Adventista del Séptimo Día....(No se trata de como los enseñase Jesucristo, como lo afirmen los apóstoles, sino como los enseña la secta). Ese es el marco interpretativo y divulgativo de todo el contenido doctrinal y su aplicación. Aquellas personas que desde el interior de la secta cuestionaron la honradez de la profetisa como fueron, en los casos más sonados, el profesor australiano Desmond Ford, o el profesor de medicina californiano Ronald Numbers o el pastor de la secta Walter T. Rea, ya mencionado, fueron fulminantemente expulsados.

¿La cuestión del sábado es simple hermenéutica?

El que hace caso del día, lo hace para el Señor; y el que no hace caso del día, para el Señor no lo hace. Pero tú, ¿por qué juzgas a tu hermano? O tú también, ¿por qué menosprecias a tu hermano? Porque todos compareceremos ante el tribunal de Cristo. (Romanos 14:6,10).

Este es un pasaje que podemos enviar, pero que también podemos recibir de vuelta. ¿Por qué nos juzga usted, dirá en primera instancia un adventista a la defensiva, por guardar el sábado?. Obviamente ignorando que permanecer en el sentido literal de tales conceptos representa, en el sentido de las palabras de San Pablo a los Gálatas (4:10, 11), que no comprendieron en absoluto la predicación del evangelio de gracia.

Pero debemos saber, en primer lugar, que el sábado para los Adventistas del Séptimo Día, no es una peculiaridad exegética. No procede de una interpretación más ó menos ortodoxa de la revelación bíblica, sino de las visiones inspiradas de su profetisa. El credo adventista, en el punto 19 afirma que “el sábado es la señal perpetua de Dios de su pacto eterno entre El y su pueblo”, y añaden diversos pasajes para justificar la afirmación, pero la base no es bíblica sino que tiene su origen en una pretendida visión de Ellen White.

En el libro Life Sketches, cuenta que estuvo en visión en el cielo y vio que “el cuarto mandamiento era más importante que ningún otro” porque “el Señor le dio una visión en el santuario celestial” y su ángel acompañante le explicó la importancia de la ley de Dios. Luego vio a Jesús quien levantó la tapa del arca (de la alianza) y pudo ver las tablas de piedra en que fueron escritos los diez mandamientos. Estaba asombrada cuando vio que el cuarto mandamiento justamente en el centro de los diez (esto se le pasó a Moisés, porque no vio tal cosa, o por lo menos no la consideró relevante para escribirla) con un suave haz de luz circundándolo. Entonces el ángel le dijo: Este es el único de los diez que define al Dios viviente quien creó los cielos, la tierra y todo lo que en ellos hay”.
No se trata de exégesis sino de “visiones”.

Eso no quiere decir que después no hayan buscado textos bíblicos que mal interpretados, y sacados de contexto, y a la vez fuera del evangelio de la gracia no intenten encontrar el apoyo para sus estrafalarias visiones. Esta táctica al fin y al cabo es la misma que ha empleado el catolicismo para los dogmas, primero los diseñó en base a los intereses de su organización y después buscaron la justificación bíblica que siempre tiene que ser forzada con calzador y débil.



EL DINERO

Y en el fondo siempre el dinero. El punto 9 de la formula bautismal dice: “Creo en la organización de la iglesia, y es mi propósito sostener la iglesia con mis diezmos y ofrendas, así como con mi esfuerzo e influencia personal.”

El punto del dinero es muy importante aquí como en todas las sectas. Hay que mantener el tinglado para que los que gobiernan la secta se den la buena vida aquí, sin esperar a la próxima, que tan inminente predican. La Sra. White tenía mucho interés en esta cuestión y removía la conciencia de sus sufridos adeptos con frases tales como estas: Los que esperan hasta la muerte antes de legar su propiedad (a la secta), la rinden a la muerte antes que a Dios... Esto que muchos se proponen retrasar hasta el momento de morir, si fuesen cristianos realmente lo harían mientras tienen un firme asidero en la vida...” Legar los bienes a los herederos naturales para la Sra. White era un robo a Dios: “Después de haber defraudado a la causa de Dios durante toda la vida, continúan con el fraude después de morir”. Lo cual traza una equivalencia entre Dios y ella, o Dios y la organización.

Uno de los últimos escándalos financieros fue el que los jefes de la secta mantuvieron con el financiero Donald Davenport, que se financiaba para sus negocios especulativos con fondos de los sufridos adeptos, mientras que con los beneficios financiaba las juergas de los de la cúpula adventista en orgías de sexo y juego, y a los del escalafón medio les regalaba viajes y vacaciones hasta que quebró, y a la voz de ¡sálvese quien pueda! de esas situaciones, quedaron a la luz pública las comisiones que cobraban algunos notables adventistas por canalizar el dinero de los incautos, que a la postre se quedaron sin el.



Los Adventistas y la FEREDE

Ha sido una lucha grande la que han librado los adventistas para pertenecer a la FEREDE (Federación de Entidades Religiosas Evangélicas de España). Para cualquier cristiano pertenecer o no a tal entidad es irrelevante para su ministerio, para la pervivencia de su iglesia local, pero para los Adventistas del Séptimo Día se trataba de una cuestión vital, y lucharon fuerte por conseguirla, ante el descuido de unos y las protestas insuficientes de otros. Ahora ya se presentan en muchos sitios diciendo que “son evangélicos”, que “no son una secta, porque tienen acuerdos suscritos con el gobierno a través de la FEREDE, y que el gobierno no pacta con sectas”. Cita textual de una afirmación aparecida hace unos días en un grupo de noticias de religión en Internet.

Si hacemos una encuesta en las iglesias evangélicas de España y preguntamos ¿Quienes son los adventistas?. Los más enterados nos dirían que son una denominación algo rara que guardan el sábado. De las demás doctrinas, escasamente algún enterado. Ya no digamos de sus orígenes, estructura, etc. Los que han tenido algún contacto con ellos, les parecerán unos creyentes parecidos a nosotros, y buena gente. Como cantan las mismas canciones que nosotros cantamos. También llevan la Biblia bajo el brazo (porque a la Sra. White la esconden hasta casi el final); oran como nosotros y si sus locales son parecidos a los nuestros..., la conclusión es obvia: ¡Son de los nuestros!

Ahora al amparo de la FEREDE, podríamos hacer campañas juntos, aceptarles en otras de nuestras organizaciones, reunirnos con ellos para orar juntos, recibirles de visita en nuestras iglesias, en cuya iniciativa los líderes adventistas están interesados. Sus jóvenes podrán reunirse y salir con los nuestros; juntarse en los mismos GBU. Con suerte podemos tener noviazgos y al final siempre saldrá la cuestión: ¿quien va a ser el Torquemada actual, intransigente que no los acepte? ¿Es que no hay diferencias de interpretación importante entre diferentes denominaciones como para distinguir a ésta de las otras? En cualquier lugar surgirá una voz cómplice de buena voluntad, cuando menos aparente, dispuesta para arrojar el argumento mas falaz: “Hablemos de lo que nos une, y dejemos a un lado lo que nos separa”, lo cual es un parche polivalente que vale igual para un roto como para un descosido.

A la cuestión del sábado, dentro de un pragmatismo, se puede le conceder que sea una peculiaridad inocua. Y además se puede recurrir a que existen algunos escritos recientes en el que hay voces adventistas dispuestas a afirmar que ellos tienen raíces en la reforma, porque al fin y al cabo los primeros adventistas salieron de las iglesias evangélicas norteamericanas del siglo pasado (presbiterianas, metodistas, bautistas, etc.). Y, si éstas a su vez salieron de los principales movimientos de la reforma, y los adventistas de aquellas, pues todas tienen la misma fuente. ¿Hay silogismo más correcto que este?

¿Adivinar hacia donde estaban mirando los que sin reparo les han tendido la mano y ofrecido asiento en la FEREDE es algo para meditar cuidadosamente? El hecho de que algo así haya podido ocurrir no es mas que el reflejo de la situación espiritual, de desidia, descuido, y falta de compromiso. En orden a la honradez hay que reconocer que únicamente los portavoces de las Asambleas de Hermanos han manifestado su protesta, pero a lo que se ve insuficiente, porque la secta adventista ya es miembro de la FEREDE. El hecho de que se les haya obligado a que “por el momento” renuncien, obligados, a ocupar cargos en el organismo, da un aspecto más feo todavía, parece que para algunos con tal de retener los cargos están dispuestos a pasar por lo que sea, y esto para los cristianos evangélicos en España representados tiene que ser un motivo de meditación. Y para los representantes también porque ostentar tal representación no es un cheque en blanco para que se haga con esa representatividad lo que venga en gana, sino que se deben rendir cuentas claras de los actos y decisiones que se tomen en nombre de todos.

A estas alturas, parecerá que oponerse sea únicamente un campo para incómodos, belicosos ó revoltosos, cuando no para intransigentes o nuevos cruzados. Puestas así las cosas, expuestos a la realidad de los hechos consumados, y sin encontrar en nadie la valentía de asumir los errores, ¿en manos de quien recae la responsabilidad que en su momento tenía Pablo cuando afirmaba que él “estaba puesto para la defensa del evangelio” (Fil. 1:17)? Judas en su epístola anima a los cristianos a que contendamos ardientemente por la fe, que una vez ha sido dada a los santos, pero desde luego los motivos de contienda en el campo cristiano evangélico suelen ser casi todos, menos la defensa de la fe. El enemigo no se duerme y obra subrepticiamente. Los vigías ¿hacia donde miran? ¿En qué se ocupan? ¿Seguiremos compartiendo mesa con los sectarios que están intentando minar y destruir la fe de los cristianos, abriéndoles nuestro paraguas protector de miembros de la FEREDE? ¿No corresponde a la mínima honradez cristiana reconocer la metedura de pata y poner remedio cuanto antes a ésta situación, en lugar de intentar ocultar al pueblo de Dios, que se dice representar, la barbaridad cometida? A que suenan frases como: “que los hermanos sean prudentes a la hora de exponer sus puntos de vista, al volver a sus iglesias, o al informar a otros sobre lo concerniente a la iglesia adventista”. ¿Es qué con el silencio prudente se pretende ocultar el imprudente comportamiento de admitir a la secta adventista en la FEREDE?

Como en toda secta hay los que se benefician, pero también hay los pobres incautos, la mayoría gente sencilla, que ha sido captada, y que han quedado enganchados en caminos que a los hombres parecen derechos, pero cuyo fin son caminos de muerte. El silencio en la denuncia de la secta también tiene la responsabilidad espiritual añadida para apercibir a aquellos enganchados en las redes de las sectas, y que deben ser cuando menos advertidos, los manejos denunciados y los errores doctrinales claramente expuestos. Enfrentar el error a la verdad de Cristo y al evangelio de su gracia no es una opción, sino una obligación para los creyentes (1ª Corintios 9:16,17).

Recordemos las palabras de San Pedro: Pero hubo también falsos profetas entre el pueblo, como habrá entre vosotros falsos maestros, que introducirán encubiertamente herejías destructoras, y aun negarán al Señor que los rescató, atrayendo sobre sí mismos destrucción repentina. Y muchos seguirán sus disoluciones, por causa de los cuales el camino de la verdad será blasfemado, y por avaricia harán mercadería de vosotros con palabras fingidas. Sobre los tales ya de largo tiempo la condenación no se tarda, y su perdición no se duerme. (2ª Pedro 2:1-3)

Por: Pablo Blanco
Fuente: ForoCristiano.com.




 


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