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Pasos para la madurez Cristiana

I

¿Qué es lo más fuerte de todos los abandonos?

¿Qué tan lejos estás tu dispuesto a rendir tu voluntad a la voluntad de Dios? ¿Cuánto es lo apropiado? ¿Cuáles son los límites de la obediencia, y el final del abandono, o sea, lo último en ceder de tu voluntad? En el Cantar de los cantares capítulo 5, vimos un posible ejemplo de esta situación, ya que aquí encontramos un alma que rinde la esperanza de la vida eterna. Esto no significa de ninguna manera que a este creyente en particular le fue quitada la vida eterna. Simplemente significa que este creyente se ofreció a Dios de tal forma que aún rindió su esperanza de vida eterna. Ahora no había nada más sino un amor puro por Dios. Toda esperanza de cualquier recompensa personal fue abandonada y sacrificada con la finalidad única de amar a Dios.

Desde un punto de vista terrenal y humano, este creyente aparenta como si estuviera en las manos de un enemigo violento y parece como sí Dios mismo le hubiera abandonado. Este creyente llega al punto de pensar que está perdido.

Ciertamente es claro que ha renunciado a su esperanza de salvación.

Aquí, entonces, podemos ver un grandioso y verdadero sacrificio, vemos una rendición, un abandono total de sí mismo a Dios. Aquí tenemos un verdadero ejemplo de un sacrificio puro. El móvil detrás de este sacrificio es amor, aun un amor excesivo. Este sacrificio es acompañado por un abandono total de cualquier interés personal. En este creyente, descubrimos que, ¡prefiere el infierno a pecar¡ (Paradójicamente, es posible que aún piense que él está cometiendo algún terrible pecado. Este dolor está presente porque tiene una profunda sensibilidad de haber ofendido a Dios. Aún puede pensar que es necesario gritar "Señor mejor destrúyeme, oh Dios, pero no me dejes pecar").

Otros cristianos pueden temer al infierno debido a que lo consideran un castigo por causa de su pecado, pero por el contrario aquí hay un alma que demanda ser enviada al infierno antes que pecar voluntariamente contra Dios.

(Más tarde, en su crecimiento espiritual, este sentimiento de ser sin valor, de no ser nada delante del Señor irá disminuyendo y esta disminución será como resultado de la resignación, paciencia y silencio).

Vamos a tomar este nivel alto de las aguas, este extremismo en rendir y abandonar su voluntad al Señor, y vamos a sujetarlo frente a nuestros ojos, mientras nos aventuramos dentro de nuestra vida interior.

II

LA BENDICION DEL INVIERNO

Veo la estación del invierno como un ejemplo excelente del trabajo transformador del Señor en la vida cristiana. Cuando viene el invierno, el mundo vegetal, me parece a mí, refleja la imagen de la purificación que Dios hace con la finalidad de remover todas las imperfecciones de la vida de uno de sus hijos.

Al llegar el frío en alas de una tormenta de invierno gradualmente los árboles comienzan a perder sus hojas. Su verdor cambia rápidamente en un marrón fúnebre; de igual manera, las hojas comienzan a moverse y a caer.

¡Contempla la apariencia del árbol ahora! Se ve desnudo y desolado. Contempla la pérdida de su bella vestidura del verano. ¿Qué pasa cuando tú ves este pobre árbol? Tú ves una revelación.

Debajo de esas bellas hojas había todo tipo de irregularidades y defectos. Todos sus defectos habían sido cubiertos por sus bellas hojas. Los defectos habían sido invisibles por causa de las bellas hojas. ¡Ahora estos defectos han salido a relucir! El árbol ya no es hermoso en su apariencia externa.

¿Pero ha cambiado realmente el árbol? No, en lo absoluto. Todo es exactamente igual a como era antes ¡todo es como había sido anteriormente! Lo único es que las hojas ya no están ahí para cubrir sus defectos, cubrir su realidad. La belleza de la vida exterior de las hojas sólo han escondido lo que siempre había estado allí presente.

Lo mismo es verdad en ti. Esto es lo que ocurre con todos los creyentes.

Nosotros podemos vernos cada uno tan bellos... ¡hasta qué la vida desaparece!

Entonces sin importar quién, el cristiano se muestra lleno de defectos.

Mientras el Señor trabaja en ti para producir purificación, ¡tu aparecerás desnudo de todas tus virtudes! Pero en el árbol hay vida adentro y como el árbol, tú no te estás convirtiendo en algo peor, ¡tú simplemente te estás viendo como realmente eres! Debes saber, que en algún lugar, allá en lo profundo del árbol, aún en el invierno permanece esa vida que durante la primavera pasada produjo esas bellas hojas.

No, lo más íntimo del creyente no ha sido despojado de sus virtudes esenciales. Él no ha perdido ninguna ventaja. Él sólo ha perdido algunos rasgos de su humanidad, un sentido de su propia bondad y, por el contrario, ha descubierto su ulterior maldad.

Él ha perdido la facilidad de seguir al Señor. Dicha facilidad había nacido más por la ignorancia de sí mismo que de otra cosa.

Así como con el árbol, así ha ocurrido contigo.

El cristiano, ahora dañado y desnudo, aparece a sus propios ojos como algo desnudo; y todos aquellos alrededor de él comienzan a ver sus defectos, dichos defectos eran cubiertos anteriormente por la gracia externa.

Algunas veces dicha revelación es tan devastadora para el orgullo del creyente, que difícilmente se recuperará y, por tanto, decide seguir siendo cristiano pero en otro nivel o inclusive decide apartarse del Señor por completo.

A través de este largo invierno, el árbol de cierto aparenta estar muerto, tan muerto como el que más de todo el bosque. El árbol no conoce realidad.

Aquí hay total destrucción, así aparenta. Pero la verdad es otra.

El árbol actualmente está viviendo una etapa en la que está pasando por un proceso por el cual se preserva la vida y aún más se fortalece el árbol. Después de todo, ¿qué es lo que el invierno hace al árbol?

Este contrae la parte exterior del árbol. La vida interior no es más desperdiciada sin sentido en cosas inútiles. Por el contrario, esa vida se concentra en lo más profundo del tronco y en las partes escondidas de la raíz.

La vida es forzada en lo más profundo, en la parte más honda del árbol.

El invierno preserva el árbol, no importa cuán muerto el árbol aparente. Si, sus hojas han caído y si es verdad, se ha deformado, su condición ha sido expuesta; pero aún así, ¡el árbol nunca ha estado más vivo que en ese momento!

Durante el invierno la sustancia y su principio de vida ha sido más firmemente establecido, más que en ninguna otra estación.

En todas las otras estaciones, el árbol utiliza toda su fuerza, toda su energía en adornarse, embellecerse. Pero, hace esto a expensas de gastar su propia vida, ya que toma de su propia vitalidad de su raíz y de lo más profundo de su tronco. Tiene que haber invierno. El invierno es necesario para el árbol si es que éste ha de vivir, sobrevivir y florecer.

La virtud tiene una manera de hundirse profundamente en el cristiano, mientras desaparece de la superficie, dejando que lo externo y los defectos naturales se vean en una manera muy conspicua, se ven desde otro punto de vista.

Si nosotros tenemos ojos para ver, entonces nos daremos cuenta que esto es hermoso. La gracia opera en tu vida de la misma manera exactamente. Dios te va a deshojar... algo va a causar que caigan las hojas.

Las virtudes externas van a derrumbarse. Él hace esto de manera que pueda fortalecer el principio de la virtud. De donde proviene que la virtud debe ser construida. Algo profundo dentro del alma sigue funcionando. En algún lugar dentro del espíritu, las funciones que son las más altas (en la estima de Dios) este nunca ha dejado de existir. Lo que realmente está ocurriendo es algo que sucede ocultamente. Es humilde...

Lo que está pasando es puro amor.

Lo que está pasando en lo más profundo de nuestro ser es un absoluto abandono y aborrecimiento de nuestro yo. El hombre interior está haciendo progresos. Su alma está profundizando hacia lo interno. Verdaderamente, aparenta que las operaciones que Dios está haciendo en nuestras vidas se concentran en las partes externas del creyente, y aún una mirada de un momento revela que las cosas exteriores no son placenteras para mirarlas. Si en verdad, ¡ningún defecto nuevo en el alma se ha desarrollado! ¡Sólo las antiguas faltas han vuelto a aparecer! Y mientras son expuestas, mejor son sanadas.

Si tú te atreves a este peregrinaje espiritual, necesitas recordar que en tiempos de calamidad, y en tiempos que aparentan ser sequías espirituales, y en ese tiempo que los hombres llaman un invierno espiritual: ¡La vida está allí!

Si llega el invierno...

III

EN QUIETUD

Una de las primeras cosas que un peregrino espiritual debe aprender es a estar quieto delante de Dios y permanecer delante de Él, viviendo sin ninguna petición o aún sin ningún deseo personal en ninguna cosa.

Si el creyente escoge actuar en su voluntad, estaría, por supuesto, obstaculizando el progreso de Dios. Él está siendo activo estrictamente por el bien de su propia actividad. (Él ha escogido hacer algo para Dios en vez de a través de Dios). A medida que comienza a venir delante de Dios, es mejor para el creyente aprender a morir a todas las influencias de motivación que se originan en el yo, las cuales -después de todo- sólo agrandan su naturaleza egocéntrica. Si una persona permanece delante del Señor sin voluntad propia, uno viene a ser como cera blanda, un instrumento perfectamente manejable en las manos de Dios.

Ahora, el creyente pasa a una nueva etapa, esa de estar activo, aunque teniendo una voluntad que está rendida, sin ningún motivo propio. Las acciones del creyente no son ya más originadas en el yo, ellas vienen de esas influencias gentiles y amorosas del Espíritu Santo que mora dentro de su pecho.

IV

NUESTRO DESEO, DEL YO O DE DIOS.

Miremos ahora a una persona la cual ha entregado su vida a su Señor. Me parece imposible creer que uno que ha puesto toda su felicidad, todo su total estado en las manos de Dios, solamente pueda continuar teniendo una lista de deseos personales de su propia felicidad para traer a su Señor.

Ninguno, sino aquel que mora en Dios por amor, puede colocar toda su felicidad sólo en Dios. Buscar colocar tu felicidad en Dios por la fuerza de tu voluntad, o por temor, o aún "para agradar a Dios", son todos horribles estados y pobres motivos.

El amor solamente debe ser la causa por la cual cualquiera rinde su voluntad al Señor. Si no es el amor lo que produce el sometimiento, eventualmente ese sometimiento va a salir como algo mental.

Cuando el creyente entrega su alma, su voluntad, su todo a su Señor, no desea nada para sí mismo y desea sólo a Dios por Dios mismo (y eso, en un estado de amor apasionado), entonces nosotros vemos que él ha hecho un buen principio. ¿Por qué? Porque hay un estado donde no hay gozo con el yo como fin.

La gloria del cielo no es el motivo. Ni puede ser el motivo el maravilloso sentimiento de la presencia de Dios. No debe haber ningún objeto, terrenal o celestial, que sea su solo deseo. Es solamente que tú le has amado; te has enamorado de Él y estás en un estado de amarlo. Ha sido sabiamente dicho:

"El motivo no es hijo del amor". Si yo amo a Dios solamente, yo desearé a Dios sólo. Si yo amo a Dios sólo por si mismo, sin ningún pensamiento para el yo, entonces mi deseo será en Él solamente. Más adelante, esté seguro, todo lo que venga de adentro será puro y sin motivos egoístas.

No predomina la "vivacidad" en este deseo de amor. Más bien hay un elemento de quietud y reposo. La motivación pura y el deseo puro son quietos y reposados, saciados y satisfechos. Si un amor es expresado hacia el Dios infinito, y si ese amor tiene su origen ese amor tiene su origen en Él, y si el creyente no tiene otra meta sino el bendecir a Dios, entonces los deseos dentro del corazón de este creyente no van a ser manifestados en algo tan común como inquietud o deseos insatisfechos.

Debe de haber presente un sentido de descanso, un sentido de "yo no tengo ningún deseo insatisfecho, ni ningún deseo personal no saciado".

Por favor dese cuenta que este fundamento solamente puede ser el verdadero fundamento -el único fundamento inamovible- para que el creyente edifique su vida espiritual. Piense que la mayoría de los creyentes aman a Dios con algún otro estado mezclado. Hay un amor por Dios que tiene dentro de él un cuidado por el yo y sus necesidades. Aún peor, y quizás más común, es el creyente cuyo amor por Dios es actualmente un amor (y una búsqueda) por la gratificación en su propio ser. Está buscando a Dios por lo que él siente cuando ama a su Señor. Cuándo ese amor muere (esto es cuando los sentimientos que van junto con este amor mueren), ¡este creyente pierde gran cantidad de interés en Dios!

Esto es un estado de búsqueda propia, y debe ser abandonado si nosotros vamos a conocer el verdadero crecimiento espiritual. Nosotros debemos amarle sin ningún fin en nuestra vista -y aún como va a venir- ¡sin ningún sentimiento presente que nos sostenga!

Nosotros debemos amarle sin hacer caso de los períodos de sequías y sin hacer caso de los tiempos de abundancia espiritual.

Nuestro amor debe sobrepasar la gratificación que nosotros sentimos cuando le amamos... de lo contrario estamos construyendo en arena movediza. Es verdad que Dios puede plantar deseos dentro de ti. Él si planta motivos dentro del corazón del creyente. Pablo tuvo esta experiencia que le pasó cuando exclamó "yo estoy puesto en estrecho, teniendo deseo de partir y estar con Cristo, lo cual es muchísimo mejor, pero quedar en la carne es más necesario por causa de vosotros".

Pero recuerda, este es el mismo Pablo quien pudo exclamar bajo la influencia de su amor en Cristo por sus hermanos hebreos, "yo preferiría ser cortado de Cristo por el bien de mis hermanos". (Él exclamó estas palabras con un amor que había sido puesto dentro de él por su Dios). Cuando gritó estas palabras fue también con una absoluta libertad de cualquier consideración personal. El yo no estaba allí. Aquí Pablo expresa sentimientos contradictorios, y aún así ellos están perfectamente reconciliados con las profundidades del espíritu humano. Hay algo que ocurre allí en las profundidades del espíritu que nunca cambia.

La única felicidad e interés del creyente es en bendición de Dios, por Dios y en Dios. Todos los deseos percibibles de ese creyente se funden con, y han sido tragados, en los deseos de Dios. Sin embargo, hay un deseo dentro de él, un deseo el cual se origina en Dios, un deseo el cual es mejor para Dios y por Su reino.

Hay mucha distancia entre el día cuando el creyente viene al Señor de esta manera y aquel día primero cuando este mismo creyente se sentó en la silla de su egoísmo, cuando vino delante de su Señor. El deseo que nace del yo que tiene referencia con el yo, es el resultado de una voluntad que está todavía sin purificar. Es la voluntad del Señor llevar esa voluntad hacía la nada... hasta que la voluntad sea una con su Señor. De aquí que tu Señor deba de tiempo en tiempo, absorberte y destruir todos los deseos que se originan en el yo.

¿Por cual evidencia puedes tú saber si estás en este estado de los deseos originados en el yo y no en una voluntad que está en concierto con Dios? ¡Ah, la respuesta es simple y es realmente bien fácil de discernir! Un creyente quien ha sido perseguido y se hace amargo... un creyente el cual ha conocido la desilusión por la conducta de otro creyente (o por alguien del mundo) y está resentido... y más que todo, ese cristiano el cual ha estado desilusionado de Dios por lo que Él ha hecho, y está triste con Dios y con el estado en el cual él está en las manos de un Dios injusto... Ciertamente un cristiano que experimenta estas emociones no está en un estado donde su voluntad está de acuerdo con Dios; está más bien en un estado donde el yo está originando los deseos de su corazón.

Nosotros no siempre comprendemos la voluntad de Dios, pero confiar en su soberanía completamente es otro asunto.

Cuando el cristiano pone su mente en lo que Dios debe ser, y entonces cuando Dios no actúa de acuerdo a su expectación, sufrirá seguramente desilusión. Además, ¡puede estar seguro que él no es un alma abandonada a la providencia de Dios! Él no está buscando la felicidad y el bienestar de Dios solamente. Ahí hay mixtura. Esa mixtura puede destruir su caminar interior en el Señor.

Cuando el creyente profundiza en su abandono a Cristo, las circunstancias externas (causadas por persecución, injusticia y aún lo que es percibido como si fuera injusticia de Dios y el desagrado de Dios) son cosas que ya no se perciben, ni cosas que ya no causan reacción en nosotros.

V

SU VOLUNTAD LA TUYA

¿Cómo es que el Señor pone sus deseos dentro del pecho del creyente? Llega a un punto en el trato del Señor cuando el desea dar al creyente alguna bendición espiritual, alguna experiencia, o quizás aun alguna cosa material.

En este punto nosotros debemos comprender el camino de la oración.

El Señor prepara el corazón del creyente para recibir la bendición, entonces Él da al creyente el deseo que florece dentro del corazón (Salmo 37:4). ¿Cómo lo hace el Señor?

El Espíritu de Dios, el cual mora en ti, comienza a hacer intercesión en ti, y esa intercesión es para ti... y es de acuerdo a la voluntad de Dios. ¡Él intercede y Él pide (de dentro de ti) la misma cosa la cual es el deseo de Su corazón! Ahora no es más solo el deseo de Dios y del Espíritu, sino que se ha convertido en el deseo que esta dentro del pecho del creyente.

La petición viene actualmente del Espíritu Santo, el deseo actualmente viene del Padre. La voluntad del creyente solo viene a ser una con ese deseo.

El deseo de humillación de parte del creyente es un estado mucho más profundo que el deseo del creyente de amar a Dios; y sin embargo, a veces eso agrada a Dios para poner humilde al cristiano (quizás por medios de calumnias). De allí que, el Señor infunde en el cristiano una gran sed por humillaciones. Yo llamo a esto "la sed" (deliberadamente use esta palabra "sed" aquí, para distinguirla de otra palabra ---"deseo".

Hay otros tiempos cuando el Señor inclinara al creyente a orar por cosas particulares. El creyente se da perfectamente cuenta de que esta oración no se origina dentro de su propia voluntad, más bien, la oración y el deseo se han originado en Dios.

¡El creyente no es libre de orar por quien quiera, por lo que quiera y aun cuando él quiera!

En este mejor camino de oración el cristiano nunca se ensoberbece, se enorgullece, ni toma gloria para si mismo cuando esta oración es específicamente contestada. Él conoce perfectamente bien que fue el Señor quien primero poseyó ese deseo, que fue el Señor dentro de él que le concedió su propia petición.

Todo esto me parece infinitamente más claro en mi propia mente que lo que puedo expresarlo en este papel.

VI

EL PODER DE LA SIMPLICIDAD

Mientras más puro es un elemento, más simple es la estructura de ese elemento. De esto se sigue, por lo tanto, que mientras más extendido sea la ausencia del ser de ese elemento, de más formas puede ser usado. Déjeme ilustrarlo.

Nada puede ser más puro ni más simple que el agua. Ciertamente nada en toda esta tierra tiene una mayor variedad de usos. ¿Por que? Por su fluidez. Ella no tiene ninguna cualidad sensible en si misma. Está lista para recibir todo tipo de impresiones y estar contenta. Es sin sabor en si misma posee cualidades de color y de olor. ¡Estas cualidades están impresas sobre el agua por aquello que es puesto dentro del agua! Es la misma capacidad de estar libre de sabor y color y ser puro y ser simple, ¡es lo que permite que el agua exhiba esa gran variedad y abundancia de aplicaciones!

Si tu le preguntaras al agua... ¿cuales son tus propiedades? El agua replicaría, "mis propiedades son no tener ninguna propiedad. ¡Yo soy inerte! Pero, tu puedes replicar "yo veo que tu tienes un color rojo"-- yo me atrevo a decir que el agua respondería "pero sin embargo yo no soy roja por naturaleza, ni yo pregunto que se ha hecho conmigo cuando se me impartía sabor o color."

Además, el agua trata la forma de la misma manera que trata el color. Es fluida y se somete. Instantáneamente y exactamente ella asume la forma de la vasija en la cual es colocada. Si el agua tuviera consistencia y propiedades las cuales ella conservara, ella no seria capaz de tomar de la vasija la forma en la cual fuera vaciada, como tampoco no fuera capaz de dar la apariencia de todo color y matiz.

Así es también con el Espíritu Santo que mora dentro del creyente. Así también es con la voluntad humana... cuando la voluntad esta en un estado de simplicidad y pureza.

El agua no tiene sabor ni color derivado de su propio yo. Así como el agua le debe su olor y el matiz a aquello que mora dentro de ella, ¡así es con la voluntad humana abandonada a Dios! Dios es el autor de cualquier cosa que sea manifestada.

Yo veo esto como el estado apropiado de la voluntad del creyente. El alma no distingue ya más, ni toma conciencia de nada de si misma; la voluntad no ve nada que pertenezca a ella misma. Allí esta su pureza. Todo lo que venga a ella del Señor lo recibe. Ni tampoco ella retiene ninguna parte para su propio yo.

¡Que pérdida personal es esta! ¡Pero observa la ganancia! ¡Que pérdida habría para todos si no hubiera habido esta pérdida! ¡Cuánto nos enseña el agua!

VII

EL SENDERO MUY A MENUDO SEGUIDO

Uno que esta gozando de Dios en un grado inenarrable, ha adquirido un gusto muy refinado y no es fácilmente complacido por las cosas terrenales. Aquel que ha conocido este alto estado y quien deja entonces a su Señor y se permite a si mismo ser culpable de ofensas contra Él, es aquel que lo busca solo por sus delicias y su bondad él no le buscó por Si mismo solamente.

Cuando el Señor quita las cosas cuando Él permite durezas, cuando las cosas aparentan ser injustas, entonces invariablemente este "buscador" se marchara, y encontrara su placer en otra parte. Cuando Dios ya no le complace, él busca el mundo, a otras personas quizás a otros creyentes para complacerse a si mismo. Pero marque esto: ¡Su estado realmente no ha cambiado nunca! ¡Él está simplemente mirando por aquello que le hará feliz! Esto es su estado constante. Él se preocupa por si mismo, por lo que le hace sentir bien dentro de si. Esto es por supuesto, nada más que gratificación propia, usando las cosas espirituales para obtener gratificación.

¡Casi cada alma que sufre se encontrará a si misma buscando mucho consuelo! Estará muy ansiosa de escapar a este sufrimiento. Más bien que estar dispuesta a morir, está buscando una salida.

Cuando el creyente llega a este punto una de dos cosas usualmente pasará: o se volverá buscando sus viejas actividades --buscando en ellas-- recuperarse del sufrimiento y dolor, buscando disfrutar de aquello que estaba perdido... buscando consuelo. O quizás (lo cual es mucho peor) descubriendo que él no tiene sensación o sentimiento de Dios, él encontrará sensaciones y sentimientos en alguna otra parte.

Yo he señalado antes que ese amor por Dios es impuro y es sensual, enteramente egoísta. Cuando ya no hay delicias en Dios en las cuales gozarnos, tal alma empezará a deslizarse aparte del Señor. Satisfacer los sentidos con experiencias espirituales, no es el camino espiritual. Francisco de Sales señaló "en el momento que sus gozos en Dios cesan, ellos se tornan a aquellos placeres los cuales son del mundo". Si su gusto ha sido refinado por su participación en deleites espirituales, ellos no pueden ahora ser satisfechos con otras cosas excepto por un infinito e incesable cantidad de desordenado placer.

Estos tales están buscando sofocar la conciencia (y quizás su remordimiento) por una licencia desenfrenada. De haber amado a Dios con un afecto que fuera completamente puro, ellos no hubieran caído en el tiempo cuando entraron en sufrimientos.

En verdad, esta introducción a gran dolor es el más peligroso periodo de toda la vida espiritual de una persona. Cuando el Señor quita el soporte interior, el alma del creyente invariablemente desea tornarse a fuentes externas de placer y consuelo, y tener deleites una vez más. Mientras el tiempo pasa, viene a ser claro que está buscando una salida de este estado incomodo. Muchos peregrinos espirituales han sido destruidos aquí.

Este es un asunto que he señalado consistentemente en mis escritos.

Ciertamente, en el principio, y de tiempo en tiempo, el Señor nos atrae con algo que es fuerte y poderoso, algunas veces aún sobrecogedor. Pero cuando las injusticias, los sufrimientos y dolores de la vida, tan a menudo distraen al creyente, hacemos este descubrimiento: las bendiciones de Dios no son realmente fuertes para nada.

La memoria de la mayor cantidad de delicias celestiales que se hayan conocido, ¡pueden rápidamente evadirse de la memoria en la cara de la injusticia, persecución, sufrimiento, y dolor! Esto es porque es tan importante, que cuando el cristiano comienza a encontrar sufrimientos en su vida que no huya de esos sufrimientos sino que los acepte. Más aún, que no busque ser aliviado de ellos ni hacer que ellos terminen procurando consuelos y delicias. Él creyente debe llegar a un punto donde no sea más perturbado por estos vientos. Más tarde él no debe estar sujeto a fragilidades. Debe llegar a un lugar a donde no tropiece en la hora que debe vivir sin delicias celestiales. (Sin embargo, este estado no debe ser simplemente un ejercicio de una fuerte voluntad humana).

Vivir tu vida no teniendo siempre delicias celestiales es para ser esperado.

¡Estas cosas suceden a los creyentes! Además, la pérdida de estas delicias espirituales es a menudo acompañaba por lo que Juan de la Cruz llama "la noche de los sentidos" --cuando los sentidos comienzan a caer en una noche negra. ¡El sentido de lo espiritual desaparece! Si, esto es una cosa atemorizante para el creyente, pero no necesita ser así si él persevera a través de este tiempo y no busca una salida de su parte.

Un creyente que busca a Dios por Dios solamente, ¡puede a menudo aparentar ser uno que ha sido abandonado más que gratificado! Sin embargo no es abandonado por Dios. ¡Algunas veces este creyente aún se da cuenta que es mejor temer las bendiciones que recibirlas! Y él amará la cruz sin temor alguno de ese instrumento.

Hay un lugar el cual puede ser alcanzado por el alma que puede ser llamado como una muerte total. El alma del creyente llega a estar tan establecida en Dios que no puede hallar nada que la satisfaga, en toda la creación. Dejar a Dios después de llegar a este estado, volvería a esa alma en la cosa más miserable del universo. ¿Porque? Porque sabe que nunca tendría ningún placer de fuentes exteriores. Todo lo demás aparenta ser insípido en comparación con los deleites celestiales. ¡Gozarse de cosas externas sería solo una doble tortura!

Que agonía debió haber sufrido Lucifer cuando, habiendo sido echado de las riquezas del cielo, tuvo que morar en los reinos de la tierra, y no podía tampoco, volver a las delicias celestiales. El cristiano más avanzado parece darse cuenta que si no sigue con el Señor, su propio estado podría ser similar por lo tanto, no se atreve a caer. Este es un cristiano el cual está descansando en Dios, el cual no necesita las delicias (ni el rescate que viene de las consolaciones externas) para seguir a su Señor.

Otra vez, esto es porque yo digo que es más difícil para un más avanzado creyente apostatar. Él ve el resultado final de lo que pasaría en su vida.

Poco a poco está establecido en un estado fijo. Eventualmente, se necesitarían orgullo y malicia de propósito para removerlo de su relación con el Señor. Es posible para él apartarse, por supuesto, como fue posible para los ángeles rebeldes hacerlo: pero fíjate cuan difícil fue para ellos volver a Dios. Yo diría que la dificultad de apartarse y la dificultad de volver, son aproximadamente iguales. Apartarse y volver, ambas cosas vienen a ser casi imposibles. En todas las situaciones que enfrentamos, el Señor nos equipa a cada uno de nosotros con los medios de salvación; pero por la maldad de tal caída, el arrepentimiento puede ser difícil. Y si yo pudiera hablar a la manera de los hombres, diría que una pérdida de esta clase debe ser más dolorosa para Dios que millones de otros creyentes.

Pero volvamos nuestra atención a aquellos que están justo entrando al camino interior y quienes podrían estar experimentando "la noche de los sentidos", estas almas no están firmemente establecidas en Dios. No ha habido experiencia de la muerte del yo (aunque ello fue llevado a cabo en la cruz de Cristo). Cuando encuentran que ellos no están experimentando los deleites que originalmente encontraban al conocer a Cristo en un principio, ellos se vuelven a disfrutes los cuales no son encontrados en Dios. Sin embargo, los placeres del mundo están embotados según descubren; por lo tanto, ellos deben afanarse más para encontrar emociones que les satisfagan. Es un milagro cuando estos se vuelven otra vez a Dios, porque una vez que ellos han probado las cosas buenas, las cosas celestiales de Dios, y luego las han abandonado, la vuelta a Dios es difícil.

VIII

DIOS NO PUEDE SER ENCONTRADO FUERA DE UNO MISMO

La pregunta se me hace a menudo ¿no debería el novicio, uno que comienza en el camino interior, buscar al Señor fuera de si mismo primero, y moverse de allí a buscar al Señor dentro de sí?.

¡Un comenzar espiritual no es un comenzar cuando se busca a Dios en un camino desviado! Considerar esta proposición es un gran error. Si un creyente joven busca a Dios externamente, estará buscando a un Dios que es diferente y separado, esto es una tragedia, porque estará buscando de un extremo del cielo al otro por su Señor.

¿Y cual sería el resultado? Este joven creyente, en vez de llegar a ser interior en su caminar cristiano y recoger todo su ser en la presencia de Dios y llamar a su Señor desde su yo interno --en vez de hacer esto-- se disipará y perderá su fuerza en buscar a su Señor en el lugar donde Él no está.

Tú estás familiarizado con los principios utilizados por el artista en su obra de arte para obtener los trazados apropiados dentro de su pintura. Él comienza a traer ciertas líneas que vienen de sitios esparcidos en la tela moviendo la escena hacia un lugar central dentro de la pintura. Cada línea se torna más fuerte cuando se acerca a otra y las líneas se mueven hacia un lugar central en algún lugar dentro del centro de la tela.

Por el contrario cada línea se vuelve más débil e indistinta mientras se aparta del centro. Así es con el creyente. Él creyente se vuelve hacia adentro a su espíritu, y el Señor viene y se encuentra con él allí en el recinto de lo espiritual. Mientras más esto ocurre, mayor es el acercamiento a Dios. Y más le es dado a ese creyente el poder de hacer Su obra. Otra vez mientras miras a la pintura, tu vez las líneas ampliamente desparramadas pero gradualmente uniéndose en un lugar central, así el alma viniendo de muchos lugares diferentes y apartados se centra en un lugar particular donde nada esta dividido y nada es divisible. Es en ese punto que el alma tiene la habilidad, si, el poder de encontrar a Dios. Si un creyente va a volverse interior y va a verse espiritual él debe comenzar buscando a Dios adentro recolectando juntos todos sus pensamientos. Si no hace esto, nunca alcanzará ese lugar central donde Dios mora. Pero una vez que él haya llegado allí, él debe salir otra vez (no volver a los muchos lugares externos sino pasando a través y más allá de si mismo), e ir más hacia adentro, hacia el centro de su Dios. Este es el verdadero ir más allá de uno mismo.

El creyente sale de si mismo no yendo hacia fuera lejos de si mismo sino yendo hacia adentro lejos de sí. No es recolectar todos tus pensamientos y todo su ser sino que habiendo hecho esto, moverte más allá del ser de uno (el centro de la criatura) dentro del centro del Creador. Piense en el centro del alma como un tipo de casa de medio camino o de una posada. El viajero debe necesariamente pasar por esa posada en algún punto de su jornada. Cuando se ha detenido en la posada un rato y está preparado para partir, no vuelve sobre sus pasos, sino que sigue hacia adelante por el alto camino. Mientras más lejos vaya más allá de la posada, más lejos también deja el yo detrás tanto de vista como en los sentimientos sensuales externos. Mientras va hacia el centro de su ser, allí se encontrará con Dios. Él es invitado a ir más allá de si mismo y pasar hacia adentro.

Cuando hemos alcanzado ese punto entonces es que pasamos a nuestro Señor. Es aquí, en el centro de nuestro ser que lo encontramos. Más allá de ese punto lo encontramos verdaderamente en ese lugar donde el yo ya no es. Mientras más lejos vayamos, mientras más avanzamos hacia Él más nos alejamos del yo.

IX

DEL YO A DIOS

El progreso del cristiano dentro de Dios debe ser medido por su separación del yo.

¿Como yo defino el yo? Es el punto de vista del individuo, sus sentimientos las cosas que él recuerda y piensa, sus propios intereses personales y sus propias reflexiones. Este es el yo. Cuando un creyente primero viene a la presencia del Señor y comienza a avanzar hacia el centro de su ser, él estará muy absorto en sus propias reflexiones y estará muy consciente de si mismo. ¡Mientras más cerca él viene al centro de su ser adonde se encontrará con su Señor, él está aún más absorto consigo mismo!

Cuando, no obstante, él ha llegado al centro de su ser, cesa de mirarse a si mismo. Sus sentimientos, sus recuerdos, sus intereses propios y sus reflexiones propias son cada vez menos.

En proporción a su abandono de ---más allá--- de si mismo, él ve menos y menos de si mismo porque su rostro esta tornado, no hacia si mismo, sino en otra dirección.

La introspección es ayuda importante en el principio; pero en este punto ya no es ayuda sino es perjudicial.

Cuando uno decide comenzar en el camino interior este seguro de que sus puntos de vista, serán necesariamente, centrados en si mismo y ellos serán complejos así es como debe ser. Pero ellos eventualmente llegaran a ser simples y más centrados en el espíritu (aunque todavía cesan de tener dirección del yo). Más tarde, el alma va a estar todavía dirigida, pero no esta centrada en si misma. En este punto el alma recibe el don de un ojo singular.

Una vez más, yo hablaré de la posada. Mientras el viajero se acerca a la casa del medio y mientras esa casa este visible, no tiene necesidad de mirar dirección o adivinar adonde él está. Él puede fijar su ojo en la meta primera de su viaje, la posada que está delante de él. Ahora, mientras entra en la posada ya no tiene que pensar del pasaje a la posada ni en la posada en si misma. Ha llegado a un lugar de descanso. Ha llegado al centro. Los problemas del viaje y la llegada a la posada, están detrás de él.

El cristiano aprende a pasar más allá aun de este punto a un lugar donde la percepción propia casi cesa, y allí está solo una percepción de Dios, de estar con Dios, de estar en Dios, y quizás aun de estar perdidos en Dios. Hay menos y menos una concentración en el yo y más de estar perdidos en Dios. Yo aun diría "perdido en el abismo de Dios." Él pudiera aun alcanzar ese lugar donde no conozca nada ya ni discierna ninguna cosa sino al Señor. (No hace falta decir que cualquier reflexión personal seria en este tiempo dañino a su comunión con Dios).

Ahora debemos preguntarnos "¿porque medios uno pasa más allá del yo? La respuesta es, por medio de la entrega de la voluntad. ¿Y que quiero decir yo cuando digo entrega de la voluntad?"

La voluntad es la que rige nuestro entendimiento y nuestra memoria. Estas dos pueden ser separadas distintivamente, y aun así ellas son definitivamente uno. Cuando una ha llegado al centro de su ser (cuando él ha llegado a la casa del medio) su comprensión y su memoria han sido rendidos a Dios.

(Estos dos elementos deben ser rendidos a Dios, no a ninguna otra cosa sino a Dios. No al yo, no a otros sino a Él).

Una persona quien ha pasado más allá de este punto (el abandono del yo, la entrega de su voluntad) es --en su función-- casi una persona diferente, totalmente de una que empezó luchando por alcanzar el centro de su ser.

Ahora yo le diría al creyente que está buscando a Dios, que debe poner una gran distancia de este punto.

Las partes interiores de un hombre no son fácilmente cambiadas y convertidas. Tú ves, al llegar a esta casa del medio una penetración dentro de las profundidades de Dios no nos cambia en lo absoluto. Si nosotros vamos a estar verdaderamente convertidos, debemos continuamente tratar de recogernos a nosotros mismos en nuestro centro.

¡Por lo tanto, yo nunca pausaría o moraría en ninguna cosa de las cuales han sido dichas en este libro hasta aquí! Uno no debe ser enseñado (y uno no debe enseñar) una y otra vez lo que ha sido dicho hasta aquí. ¡Esto sería como decirle a la comida en el estomago que volviera otra vez a la boca!

Esto sería como el principio de la muerte. No, la casa del medio es todavía solamente una introducción. No te quedes allí. Y si tu enseñas el camino interior y puedes traer a otros solo hasta aquí, ¡tu has alcanzado poco si acaso algo has alcanzado!

Habiendo aprendido a llegar hasta este medio, el cristiano ahora debe explorar áreas más allá de ellas. Él debe hacerlo frecuentemente y continuamente.

¡Nosotros estamos solo convertidos gradualmente!

X

EL VERDADERO COMIENZO DE ESTA AVENTURA

Cuando un cristiano ha tomado primero el camino interior, encontrará muchas dificultades en aplicar el ejemplo de la casa del medio explicado en el capitulo previo. Pero cuando has avanzado más allá de este punto, y has dejado atrás la mente que divaga, los pensamientos diversos, y has empezado tu primera experiencia de ser uno con Dios, encontrarás mucho gozo y mucho deleite, puedes también hacer un gran error, diciendo, "aquí está, por fin, la vida cristiana". Nada podría estar más lejos de la verdad.

En este periodo de la vida cristiana, el Señor te atrae con gozos, son sensaciones espirituales, con muchas gracias. Verdaderamente este es un tiempo memorable y maravilloso en la vida del creyente. Pero la verdadera aventura aguarda más adelante, y también la prueba.

No muchos cristianos buscan un caminar profundo con su Señor. No muchos aun tratan de encontrar ese punto equidistante, y muchos quienes si lo hacen, son desalentados. Aquellos pocos que si viajan --y comienzan a tocar una unidad con Cristo y son refrescados con muchas gracias espirituales y maravillosos descubrimientos-- sin embargo, a menudo caerán en ese tiempo ulterior cuando el entusiasmo ha decrecido y cuando ellos se han acostumbrado a tener ese encuentro espiritual. "Lo nuevo se desgasta mientras ellos envejecen en años".

Viene un tiempo en la vida del creyente cuando el Señor quita su gozo. Él también quita las gracias. Al mismo tiempo, el cristiano puede encontrarse en un periodo de persecución --persecución que viene ni más ni menos de cristianos en autoridad religiosa. También puede encontrar muchas dificultades en su hogar y en su vida privada. Además, puede estar experimentando grandes dificultades con su salud. También puede haber mucho dolor y otras perdidas demasiado numerosas para mencionarlas. Él creyente puede estar pasando experiencias las cuales siente que son totalmente únicas para él. Otros cristianos, en quien él ha puesto su confianza, pueden abandonarle y maltratarle. Puede sentir que ha sido injustamente tratado. Sentirá esto hacia los hombres y sentirá esto hacia su Dios, porque --en el medio de todo este dolor y confusión-- ¡parecería que Dios también, lo ha dejado!

Muchos creyentes abandonan el viaje cuando el Señor aparenta haberlos abandonado en el espíritu y deja sus espíritus muertos --mientras el mundo y todo lo demás está aplastado en ellos, los amigos abandonándoles, y gran sufrimiento y dolor rodeándolos en sus vidas.

Ahora viene la verdadera prueba del discipulado. Es solo aquí que nuestro compromiso con Cristo es probado. Ha habido aventura, entusiasmo, y el excitamiento de navegar en lo desconocido, también el gozo de encontrar una profunda comunión con Dios. Pero la verdadera tierra prometida siempre aguarda más allá de un vasto desierto. La promesa es encontrada solo en el lado más lejano del desierto.

Cuándo un cristiano ha llegado a este desierto, a este lugar desolado, a esta noche negra de los sentidos, este tiempo que toca la misma experiencia de Cristo cuando gritó "¿porque?"... es solo en ese tiempo, cuando el creyente camina por una fe desnuda, y comienza a estar verdaderamente establecido y bien fundamentado en su Señor.

Solo unos pocos seguirán, quietamente y serenamente, continuaran buscando detrás de Él. Escondidos. Humildes. Sin ser notados. Sin ser recompensados. Sin ser proclamados. ¡Esperando nada excepto que Dios sea bendecido! ¡No la criatura! ¡Sino Dios!

Nosotros solo empezamos (allí dentro de nuestro ser más intimo) donde hemos perdido todo... si, ¡aún nuestra profunda relación con Cristo!

Cuando tu puedes caminar a tu centro sin sentimientos, sin sensaciones, cuando tu puedes ir más allá de ese lugar y sin ver al Señor creer que Él está allí con los ojos de la fe solamente; cuando tu puedes caminar más y más hacia Cristo cuando no hay sensaciones, ni sentimientos, ni aun el más leve registro de la presencia de Dios; cuando tu te puedes sentar delante de Él cuando todo alrededor de ti y dentro de ti aparenta estar o derrumbándose o muerto; y cuando tu puedes venir delante de tu Señor sin preguntas y serena y solo por fe, y allí delante de Él adorarle sin distracciones, sin gran conciencia del yo, y sin ningún sentido espiritual de Él, sin embargo con todo tu ser completo centrado y vuelto a Él, entonces la prueba de tu compromiso comienza a estar establecida. ¡Entonces comenzará el verdadero viaje de la vida cristiana!

XI

LA ADICCIÓN ESPÍRITUAL, REPUTACIÓN Y LA CRUZ

El alma del cristiano debe participar, tocar y abrazar las mismas experiencias del Señor. El camino del alma del cristiano no es sino una sucesión constante de encuentros con la eterna cruz, con ignominia y confusión.

Mucha gente se abandonan con bastante éxito a ciertos encuentros con la cruz; pero rehusan abandonarse a todos dichos encuentros. Una cosa que ellos nunca están dispuestos a permitir: que su reputación, a los ojos de los hombres sea quitada. Y es aquí, en este punto y puntos similares a donde Dios está apuntando. ¡Él te llevará aun allí! ¡Y espera de ti... ninguna amargura!

¡Tu Señor quiere para tu alma que realmente muera a los caminos de la vieja naturaleza!, Él algunas veces permite que un error aparente (no real) sea hecho, para que tu reputación sea destruida a los ojos de los hombres.

Yo una vez conocí a una persona de vida interior, a quien le llegaron un numero de las más terribles cruces. Entre ellas estaba la perdida de su reputación. Su reputación era algo a lo cual ella estaba extremadamente atada. Ella no podía entregar su reputación. Ella le pidió a su Dios que Él le diera cualquier otra cruz menos esa; por tanto ella rehuso formalmente a consentir en esa cruz.

Ella me dijo que desde ese tiempo nunca más hubo ningún progreso espiritual, en su vida. ¡Ella había permanecido donde ella estaba! Tan total y tan fatal fue esta reserva a su progreso que desde ese tiempo el Señor nunca más le dio a ella humillaciones a la vista de los hombres; (ni desde ese tiempo), le dio Él a ella la gracia de progresar espiritualmente.

Dios algunas veces llama a un cristiano a volverse del camino interior y aplicarse a si mismo a cosas que sean externas. ¿Por que? Porque esa persona ha llegado a ser adicta a retirarse interiormente. Muchos creyentes están bastantes seguros de que ellos nunca tendrán que cargar esta cruz, pero si dejar la soledad interior es lo que es necesario para nosotros encontrarnos con la cruz, entonces esto es lo que el Señor hará. Y Él realmente separa algunas veces al cristiano de las cosas espirituales las cuales --quizás desconocidas a si mismo-- a las cuales el cristiano se ha hecho adicto u orgulloso. (Si, es bastante frecuente que un cristiano llegue a estar orgulloso acerca de su retiro interior y no lo sepa).

XII

LA NOCHE NEGRA DEL ALMA

Hay una noche, una noche negra del espíritu. ¿Que es esta noche negra del espíritu a la que hace referencia san Juan de la Cruz? Es la forma en que el Señor purifica.

Llegamos a un punto en el peregrinaje espiritual cuando muchos de los defectos del hombre interior aparentan haber desaparecido. ¡Pero ellos aparecen de nuevo! No en el hombre interior sino en la superficie. Ellos reaparecen en el hombre exterior. En este reaparecer vienen con más fuerza que nunca antes. Me refiero a asuntos de temperamentos, palabras duras, acción y reacción, pensamientos rebeldes y conducta caprichosa. El cristiano se da cuenta que no puede fácilmente practicar la virtud y buenas obras. ¡Todas sus imperfecciones aparentan volver!

Dios pone su mano con fuerza sobre esta persona. Aquellas personas alrededor de él lo calumnian. Él es objeto de las formas más inesperadas de persecuciones. Sus propios pensamientos se vuelven rebeldes. Aparentaría como si el mismo Satanás lo hubiera sitiado, pero es a través de todos estos terribles instrumentos de crucifixión, que el hombre interior sucumbe y se rinde a la muerte. Si algunos de estos elementos faltasen entonces las profundas imperfecciones del hombre interior permanecerían.

Cuando hablo de defectos, hablo de algo que no es voluntario sino más bien cosas dentro de nosotros de las cuales no somos conscientes. Sin embargo, la reciente ausencia de Dios hace que el creyente piense que sus propias faltas son la causa de la pérdida de la presencia de Dios.

Este creyente aparenta estar suspendido a una distancia de Dios. ¡Su miseria es completa! El Señor aparenta haber sacado a esta pobre alma fuera de la puerta (pero Él hace esto en su providencia). En este punto el creyente se encuentra a si mismo cautivo en el comercio del mundo. Ahí no es donde él desea estar, pero es donde él ha sido colocado.

Vamos a ver lo que esta pasando. Aquí está esta pobre criatura descubriendo casi cada hora sus propios defectos. Esta debajo de la fuerza de la poderosa mano de Dios. Él está experimentando sus propias debilidades, la malicia de los hombres y la oposición de los demonios. Dios está obrando sus propósitos. Aquellos que no consientan a ese proceso de crucifixión permanecerán a través de toda su vida con un hombre interior defectuoso.

(A veces de un solo golpe el Señor liberta al creyente de cada falta y lo recibe purificado de vuelta a sí mismo, pero a menudo lo opuesto es lo que acontece.)

En este punto el alma aparenta estar apartada y no experimenta nada del Señor sino indignación. ¿A donde busca él creyente ayuda en tal tiempo? Puede escoger una de estas dos: una es voltearse hacia el Señor y la otra es mirar las tentaciones, la malignidad, la pobreza y las imperfecciones.

En el principio de la aventura espiritual, a menudo vemos al alma sufriendo persecuciones con calma y resolución. ¿A donde él encuentra tal reserva? Él está claro y está consciente de que lo que le pasa es inmerecido. Pero en el caso antes descrito eso no es verdad. En esta noche negra realmente siente que lo que le esta pasando a él es un desierto merecido. Y añadido a este desierto hay confusiones inexplicables y humillaciones. Todo esto sirve para mostrar a este creyente su necesidad de Cristo. La necesidad de ser apartado de cosas de esta creación y aun de gozo espiritual --y para darse cuenta de lo que él verdaderamente es, apartado de la gracia de Cristo.

Aunque no lo sepa, a pesar de las ataduras de esta tierra, la pesada carga, los gritos de agonía que vienen a él mil veces al día y el sentimiento de que Dios se ha mudado a algún otro universo... ¡él esta progresando!

XIII

SOLO UNOS CUANTOS TOCAN ESTA EXPERIENCIA

Este cristiano ha amado profundamente a su Señor, pero ahora todas las cosas de su vida interior parecen estar disueltas. Él es forzado a abandonar la preciosa soledad que ha disfrutado. ¡La fuerza se ha ido! ¡Desespera de sí mismo! Él odia esto que ve de si mismo y esta resuelto a no tener nada que ver con confiar en su naturaleza. Él no espera nada de sí mismo y comienza a esperar en Dios el Dios que no está allí, sabiendo que debe confiar en este Señor.

No creas que este tipo de experiencias llegaran en la misma manera para aquellos que no son convertidos o aquellos que siguen un camino externo. Ellos simplemente no pueden sentir estos profundos dolores porque ellos están apagando la revelación del Espíritu Santo en estos asuntos. Yo estoy hablando entonces de aquellos quienes habiendo sido tentados, probados y tratados, son considerados dignos de pasar por estas experiencias. Ellos son considerados dignos solo por el hecho de que tienen un elemento de inconsciente fidelidad hacia su Señor y una profunda humildad.

¡Ellos no perciben ninguno de estos elementos dentro de ellos mismos!

XIV

REBELIÓN LA CUAL PUEDE NO SER REBELIÓN

Hay una palabra de consuelo que yo traería aquí.

Es importante tener en mente que hay dos maneras de resistir a Dios. Una es voluntaria y voluntariosamente. Esta clase de resistencia para el obrar de Dios. Tu Señor no puede violar el libre albedrío del hombre. Pero hay también otra resistencia que puede ser llamada "la resistencia de la naturaleza". Esta resistencia descansa en la voluntad, pero está ahí sin ser voluntaria. Yo hablo simplemente de la tendencia humana a la repugnancia concerniente a la destrucción personal, el instinto de supervivencia. Sin buscar medir la profundidad de esta repugnancia o evaluar esta rebelión natural contra nuestra propia aniquilación, nosotros reconocemos que Dios se relaciona con este tipo de resistencia en una forma totalmente diferente a cuando Él ve la rebelión.

A la luz de esta resistencia, el Señor no cesa su efectivo obrar: más bien Él busca forjar ventaja de una verdadera consagración, la cual este creyente una vez hizo a su Señor y a sí mismo. Un deseo hacía el abandono total, un deseo el cual nunca ha sido quitado y el cual no es aun retirado. La voluntad en si misma ha permanecido sumisa, aun quizás sometida a Dios a pesar de la rebelión que es encontrada en los sentimientos.

Este abandono y esta sumisión de la voluntad está oculta. --En algún lugar en lo más profundo del alma-- pero visto solo por Dios, y es a menudo no reconocida por el cristiano. Yo he llamado a esto el "pasaje de la mano de Dios".

Aquí está algo profundo dentro de nosotros lo cual solo Dios puede ver, y habiéndolo visto, ¡Él es capaz de continuar su purificación en nosotros sin violentar nuestra libertad!

XV

EL PLAN DE DIOS

Cuando yo hablo de Dios desenvolviendo su plan en detalle, yo no quiero decir que Dios dice al alma del creyente: "para tú de conocer exactamente a qué renunciar y que sacrificar, tú debes hacer esto y esto y esto".

No, no en lo absoluto. Hay solo una forma que Dios explica su diseño para tu vida. Es este. Él hace esto poniendo el alma del creyente en el crisol de las pruebas más severas. Él trae a esa alma al punto de sacrificar a su Señor todo lo que él posee, y no por solo este tiempo, sino por toda la eternidad.

¿Cómo es este sacrificio llevado a cabo? Un escritor de la vida interior dijo que la única forma que podríamos llegar a tal sacrificio es por el absoluto desespero del "alma" en sí misma. Esto ha sido llamado EL SANTO DESESPERO. El desespero debe llegar a ser tan intenso que cada soporte del individuo sea quitado y él es forzado a un abandono incondicional de sí mismo a las manos de Dios.

La mayoría de los cristianos no conoce que significa el desespero de sí mismo. Pocas personas conocen apenas los limites finales de esa desesperación... El desespero de todo desespero, cuando tú llegas a conocer exactamente lo que tú realmente eres.

Es una cosa terrible y devastadora descubrir lo que realmente tú eres.

Todos nuestros problemas brotan de nuestra resistencia, y nuestra resistencia viene de nuestras ataduras a las cosas. Mientras más tú te atormentas por tus sufrimientos más agudo ese sufrimiento llega a ser. Pero si tú te rindes al sufrimiento, más cada vez, y sí tu permites que el proceso de crucifixión prosiga imperturbable el sufrimiento puede ser usado más efectivamente.

No venga con esta idea inmadura: Yo voy a ser uno de esos que constantemente siguen Su voluntad y siempre entregan su voluntad al sufrimiento; entonces Él no encontrará necesario tratar conmigo tan severamente.

No hay tal persona. No hay tal posibilidad. Nunca la habrá. El yo es grande en cada uno de nosotros. Y la revelación de nuestra verdadera naturaleza es chocante. Nosotros todos debemos conocer increíbles, casi intolerables sufrimientos. Ni tampoco puedes tú buscar y encontrar tus debilidades y rápidamente tratar con ellas. Tú arrogancia solamente se muestra a sí misma.

Tu orgullo te traiciona cuando te entretienen tales pensamientos.

El alma llega a conocer sus obstáculos sólo después que esos obstáculos son removidos.

Tú debes recordar esto: mientras más tu desesperas del yo, más tú confías en Dios. Sin embargo, es verdad. Mientras más lejos que tú eres desplazado de la certeza, más lejos que tú eres también de una fe que descansa en la vista, y más profundamente entras en la fe en Dios.

Esto sucede cuando tú eres despojado de todo soporte. Siempre que Dios te quite cualquier cosa del alma es un sacrificio. Pero, ¿cuál es el último sacrificio de todos? Es lo que he descrito como "el sacrificio puro". Sacrificio hecho por el alma voluntariamente del creyente.

Este último sacrificio puede ser descrito de esta manera: El creyente ha abandonado su alma a Dios, y él ha abandonado su naturaleza del yo y ha abandonado las cosas de la criatura, sólo para descubrir que él ha sido abandonado por Dios. A este descubrimiento el cristiano grita a su Dios "Oh Dios, ¿por qué me has desamparado?" (El entero y absoluto sacrificio de Jesucristo puede ser encontrado en las palabras "Mi Dios, ¿por qué me has abandonado?" Y "En tus manos encomiendo mi espíritu"). Es esta entrega de todo su ser por todo el tiempo y la eternidad que se da a su Dios. Esto es, en efecto el último sacrificio. El grito que viene después "Todo está consumado", anuncia que el sacrificio del alma ha sido completado.

XVI

CUANDO LA REVELACIÓN PRECEDE AL SUFRIMIENTO

En el Cantar de los Cantares, capítulo 5, tú encuentras una referencia a dos clases de resistencia de las cuales el alma es capaz. La voz del Amado llama a su esposa, "Ábreme porque...".

Aquí el alma ve claramente que el Señor que ha venido es un Señor cargado con dolor. Él ha venido para hacerla participante de sus sufrimientos. Mientras Él habla allí hay evidencia de dolor. Ella lo siente. Ella lo entiende como un pesar casi indescifrable. Si ella pudiera ser fuerte en su sufrimiento, ella podría soportar esa aflicción con alegría.

El que le habla a ella, le deja saber que ella sufrirá no sólo dolor físico, sino la pérdida de su reputación y conocerá persecución por calumnia. Y eso pasa. ¿Por qué hace Él esto a ella? Para que ella pudiera aprender la cantidad de innumerables fragilidades que ella posee y para ayudarla a comprender su maldad. El único camino posible para esto es una pérdida de la fuerza y virtud cuando resiste a aquellas cosas que son actualmente repugnantes para ella. Sí la pérdida de la habilidad para hacer buenas obras. Está cubierta con una confusión inconcebible. Ella sufre gran aflicción.

Él entrega la parte externa de su ser a muchas calamidades y a la malicia del hombre y aún a los poderes de la oscuridad. Aparenta que Él le ha dado a cada uno de estos atacantes un poder irrestricto sobre su naturaleza externa. Además, el Señor pone su mano fuertemente dentro de su naturaleza interior.

Aún el pensamiento de estas cosas hacen a uno estremecerse. Mientras el creyente pasa a través de esta prueba, probablemente sienta rebelión externa en contra de ese sufrimiento. Él busca alrededor algún rastro del abandono que una vez tuvo hacia su Señor. No hay nada allí. Ni afuera, ni adentro. Llora desde lo más profundo de su ser interior por fuerzas o por liberación. Ninguna de las dos llegan.

Interesantemente, justo antes de que estas cosas sucedan en la vida de muchos creyentes, hay una revelación, quizás deberíamos llamarle una infusión de justicia divina. Allí llega un sentimiento de lo que Dios hace en nuestras vidas es justo. El creyente se da cuenta de que, ya sea un ataque de los poderes de la oscuridad, o simplemente su propia debilidad expuesta..., sea lo que sea que esté por sobrevenirle, es justo. Él está siendo preparado para algo.

Él está siendo preparado para afrontar lo que está por delante de él sin ninguna reserva y sin ningún distinto punto de vista en cuanto a cual va a ser el resultado. A él se le ha dado la habilidad de rendirse en todo lo que el Señor esté por hacer. (Esto no garantiza que sobrevivirá, eso sólo garantiza que a él le ha dado Dios acceso ilimitado para hacer y su entero poder y soberana voluntad para que Él decida que hacer).

En tal momento de calamidad, esa revelación previa de la justicia divina no está a menudo allí. Pero en otras ocasiones --en el mismo medio de toda esta calamidad-- una sensación, una aprensión, y sí, aún un amor por la justicia divina sí retorna. Y cuando esto sucede, el alma del creyente no puede refrenarse a si misma. Una vez más, el cristiano renovará su sacrificio en el altar del Señor.

Esté seguro, no obstante, que cuando la tempestad llegue a la cima de su furia que una vez más los pensamientos de tal consagración se desaparecen, la conciencia de la devoción al Señor se esfuma. El creyente olvida su sacrificio y su amor hacia la justicia, simplemente está sobrecogido por la repugnancia de lo que le está pasando. Él conoce sólo una experiencia de los dolores de la muerte.

Hay otras cosas las cuales pueden pasar antes que uno sea metido en esas pruebas. En algunas ocasiones Dios pondrá delante del alma de este creyente una comprensión de lo que el sufrimiento es... y entonces requiere a ese creyente a lo que va a tomar lugar.

Algunos rehusan. Algunos simplemente no son capaces de rendirse al sacrificio conocido. Algunos rehusan absolutamente; a otros les tomará unos cuantos días antes de que ellos puedan rendirse a ese sacrificio. En cada caso, la resistencia a lo que ha sido puesto delante de ellos, viene con gran tormento, especialmente a ese creyente quien en tiempos precisos, se había rendido y era obediente. Ese creyente puede muy bien estar enfrentando el hecho de que Dios está exponiendo un orgullo secreto, el cual se había desarrollado en él, porque había sido fiel, en el pasado. Él conoce que en el pasado nunca había rehusado nada de la mano de Dios, sin importar cuan exactas fueran sus demandas; sin embargo, su resistencia, basada en una nueva y más profunda comprensión de la cruz, del sufrimiento y de la naturaleza del yo, le deja en un lugar donde someterse a este holocausto venidero es virtualmente imposible.

El Señor nos permite resistir el sacrificio y la cruz. Hay una razón para la resistencia. Es la misma que la joven sintió en el Cantar de los Cantares. Ella estaba llena de repugnancia a recibir un novio quien estaba cubierto con sangre y el cual había entrado en tan gran aflicción. Pero el creyente no puede ni debe resistir por un largo período de tiempo. La resistencia es necesaria. Nosotros podríamos aún decir que es bueno, porque ella convence al creyente de su fragilidad y le prueba que lejos está de poseer el coraje que él creía que tenía.

Lo que es verdad de él, es también verdad de ti y de todos nosotros. Simplemente no hay tal cosa en ninguna de nuestras vidas. Si nosotros percibimos que somos así dotados, no estamos sino engañándonos a nosotros mismos.

La joven doncella en el Cantar de los Cantares había justamente pasado por una maravillosa y pura experiencia de los deleites del mutuo amor, dado y recibido, entre ella y su Señor. Ahora de repente, ella se encuentra a sí misma muy débil cuando llega el amor, haciendo sus demandas en la forma de crucifixión.

¿Por qué este cambio de actitud? Quizás se debe a que ésta habiendo antes sido fiel, experimenta gran dolor al ver las demandas de cr








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