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La guerra contra los cristianos
19/02/12

Oímos muy a menudo que los musulmanes son víctimas de abuso en Occidente y que los combatientes en la Primavera Árabe lu­chan contra la tiranía. Pero, de hecho, un tipo totalmente diferente de guerra está en marcha, una batalla no reconocida que está costando miles de vidas.

Los cristianos son asesinados en el mundo islámico por causa de su religión. Es un genocidio en aumento que debería provocar una alarma global.

El retrato de los musulmanes como víctimas o héroes es solo parcialmente exacto. En años recientes, la opresión violenta de las minorías cris­tianas se ha vuelto la norma en naciones de mayoría musulmana que van desde África Occidental y Oriente Medio hasta el sur de Asia y Oceanía. En algunos países son los gobiernos y sus agentes los que han quemado iglesias y encarcelado a los feligreses. En otros, grupos rebeldes y vigilantes han tomado el asunto en sus ma­nos, asesinando a cristianos y expulsándolos de regiones donde sus raíces se remontan a siglos atrás.

La reticencia de los medios de comunicación sobre este tema sin duda tiene varias fuentes. Una podría ser el miedo a provocar más violencia. Otra es más probablemente la influencia de grupos cabil­deros como la Organización de la Cooperación Islámica, una espe­cie de Naciones Unidas del islam con su sede en Arabia Saudí, y el Consejo de Relaciones Estadounidenses-Islámicas. En la última dé­cada, estos y grupos similares han sido notablemente exitosos en persuadir a las principales figuras públicas y periodistas en Occi­dente para que piensen todo y cada uno de los ejemplos de discri­minación antimusulmana percibida como una expresión de enajenación sistemática y siniestra llamada “islamofobia”, un tér­mino destinado a obtener la misma desaprobación moral que la xenofobia o la homofobia.

Pero una valoración imparcial de los eventos y las tendencias recientes lleva a la conclusión de que la escala y severidad de la islamofobia palidece en comparación con la sangrienta cristofobia que actualmente recorre las naciones de mayoría musulmana de un extremo al otro del orbe. La conspiración de silencio que rodea a esta expresión violenta de intolerancia religiosa tiene que termi­nar. Lo que está en riesgo es nada menos que el destino de la cris­tiandad —y ultimadamente de todas las minorías religiosas— en el mundo islámico.

Por las leyes contra la blasfemia hasta asesinatos brutales, bomba­zos, mutilaciones y la quema de lugares sagrados, los cristianos en muchas naciones viven con miedo. En Nigeria, muchos han sufrido todas estas formas de persecución. La nación tiene la mayor minoría cristiana (40 por ciento) en proporción con su población (160 millo­nes) de cualquier país con mayoría musulmana. Por años, musul­manes y cristianos en Nigeria han vivido al borde de la guerra civil. Los radicales islamitas provocan mucho, sino es que la mayoría, de la tensión. La más nueva de tales organizaciones es un grupo que se hace llamar Boko Haram, que significa “la educación occidental es sacrilegio”. Su objetivo es establecer la Sharia en Nigeria. Para este fin, ha declarado que matará a todos los cristianos en el país.

Solamente en el mes de enero de 2012, Boko Haram fue respon­sable de 54 muertes. En 2011, sus miembros mataron por lo menos a 510 personas y quemaron o destruyeron más de 350 iglesias en 10 estados norteños. Ellos usan armas de fuego, bombas de gasoli­na e incluso machetes, gritando “Allahu akbar” (“Dios es grande”) mientras lanzan ataques contra ciudadanos desprevenidos. Han atacado iglesias, una reunión el Día de Navidad (mataron a 42 ca­tólicos), cervecerías, un ayuntamiento, salones de belleza y ban­cos. Hasta ahora se han enfocado en matar a cristianos que son clérigos, políticos, estudiantes, policías y soldados, así como a clé­rigos musulmanes que condenan su carnicería. Aun cuando em­pezaron usando métodos rudimentarios como asesinatos de atropello y fuga desde la parte trasera de motocicletas en 2009, los últimos reportes de AP indican que los ataques recientes del grupo muestran un nuevo nivel de potencia y sofisticación.

La cristofobia que ha plagado a Sudán por años toma una forma muy diferente. El gobierno autoritario del norte musulmán suní del país por décadas ha atormentado a los cristianos y las minorías ani­mistas en el sur. Lo que a menudo ha sido descrito como una guerra civil es en la práctica una persecución sostenida del gobierno suda­nés sobre las minorías religiosas. Esta persecución culminó en el infame genocidio de Darfur que empezó en 2003. Aun cuandoel presidente musulmán de Sudán, Omar al-Bashir, ha sido acusado por la Corte Criminal Internacional en La Haya, la cual lo acusó de tres cargos de genocidio, y a pesar de la euforia con que fue recibida la semiindependencia que él le concedió al sur de Sudán en julio del año pasado, la violencia no ha terminado. En Kordofán del Sur, los cristianos todavía son sujetos a bombardeos aéreos, asesinatos con un blanco concreto, secuestro de niños y otras atrocidades. Reportes de Naciones Unidas indican que entre 53 000 y 75 000 civiles ino­centes han sido desplazados de sus residencias y que casas y edifi­cios han sido saqueados y destruidos.

Ambos tipos de persecución —emprendidos por grupos extragu­bernamentales así como por agentes del Estado— se han dado a la par en Egipto en el período que siguió a la Primavera Árabe. El 9 de octubre del año pasado, en el área de Maspero, en El Cairo, cristia­nos coptos (quienes suman aproximadamente 11 por ciento de la población egipcia de 81 millones) marcharon en protesta contra una oleada de ataques por los islamitas —incluidos quema de igle­sias, violaciones, mutilaciones y asesinatos—, que siguieron alderrocamiento de la dictadura de Hosni Mubarak. Durante la pro­testa, las fuerzas de seguridad egipcias manejaron sus camiones contra la multitud y dispararon a los manifestantes, aplastando y matando a por lo menos 24 personas e hiriendo a más de 300. Hacia el final del año, más de 200 000 coptos han huido de sus hogares, anticipándose a más ataques. Con los islamitas listos para obtener un poder mucho mayor después de las elecciones recien­tes, sus miedos parecen estar justificados.

Egipto no es el único país árabe que parece inclinarse por aniqui­lar a su minoría cristiana. Desde 2003, más de 900 cristianos ira­quíes (asirios en su mayoría) han sido asesinados por la violencia terrorista solo en Bagdad, y 70 iglesias han sido quemadas, según la Agencia Internacional de Noticias Asiria (AINA). Miles de cristianos iraquíes han huido como resultado de la violencia dirigida específi­camente a ellos, reduciendo el número de cristianos en el país a menos de medio millón cuando eran poco más de un millón en 2003. Comprensiblemente, la AINA describe esto como un “genoci­dio incipiente o purga étnica de asirios en Irak”.

Los 2.8 millones de cristianos que viven en Pakistán suman ape­nas alrededor de 1.6 por ciento de una población superior a los 170 millones. Como miembros de una minoría tan diminuta, viven con un miedo perpetuo no solo de los terroristas islámicos, sino de las draconianas leyes contra la blasfemia de Pakistán. Por ejemplo, está el notorio caso de una mujer cristiana que fue sentenciada a muerte por supuestamente insultar al profeta Mahoma. Cuando la presión internacional persuadió al gobernador de Punjab, Salman Taseer, de explorar maneras de liberarla, él fue asesinado por su guardaespal­das. El guardaespaldas luego fue celebrado por eminentes clérigos musulmanes como un héroe, y aun cuando fue sentenciado a muerte a finales de ese año, el juez que le impuso la sentencia ahora vive escondido, temiendo por su vida.

Tales casos no son inusuales en Pakistán. Las leyes contra la blasfe­mia de la nación son usadas rutinariamente por criminales y musul­manes paquistaníes intolerantes para intimidar a las minorías religiosas. El simple hecho de declarar la creencia en la Trinidad cris­tiana es considerado blasfemo, ya que contradice las doctrinas teoló­gicas musulmanas dominantes. Cuando un grupo cristiano es sospechoso de transgredir las leyes contra la blasfemia, las conse­cuencias pueden ser brutales. Solo pregúnteles a los miembros de World Vision, un grupo de ayuda cristiano. Sus oficinas fueron ata­cadas en la primavera de 2010 por 10 pistoleros armados con grana­das, dejando a seis personas muertas y cuatro heridas. Un grupo militante musulmán reclamó la responsabilidad del ataque con base en que World Vision trabajaba para subvertir el islam (de hecho, ayu­daba a los sobrevivientes de un gran terremoto).

Ni siquiera Indonesia —a menudo promocionada como la nación de mayoría musulmana más tolerante, democrática y moderna— ha sido inmune a la fiebre de la cristofobia. Según información compi­lada por el Christian Post, el número de incidentes violentos come­tidos contra minorías religiosas (y con el 7 por ciento de la población, los cristianos son la minoría más grande del país) aumentó en casi 40 por ciento, de 198 a 276, entre 2010 y 2011.

La letanía de sufrimiento podría extenderse. En Irán, docenas de cristianos han sido arrestados y encarcelados por atreverse a adorar fuera del sistema de iglesias sancionado oficialmente. Mientras tan­to, Arabia Saudí merece ser ubicada en una categoría propia. A pesar del hecho de que más de un millón de cristianos vive en el país como trabajadores extranjeros, las iglesias e incluso los actos privados de oración cristiana están prohibidos; para hacer cumplir estas restric­ciones totalitarias, la policía religiosa regularmente allana loshogares de los cristianos y los presenta bajo cargos de blasfemia en cortes donde su testimonio tiene menos peso legal que el de un mu­sulmán. Incluso en Etiopía, donde los cristianos suman una mayoría de la población, las quemas de iglesias por miembros de la minoría musulmana se han vuelto un problema.

Debería quedar claro con este catálogo de atrocidades que la vio­lencia anticristiana es un problema mayor y poco denunciado. No, la violencia no es planeada o coordinada centralmente por alguna agencia islamita internacional. En ese sentido, la guerra global con­tra los cristianos no es una guerra tradicional en absoluto. Más bien, es una expresión espontánea de animosidad anticristiana de los mu­sulmanes, que trasciende culturas, regiones y etnias.

Como señaló Nina Shea, directora del Centro de Libertad Reli­giosa del Instituto Hudson, en una entrevista con Newsweek, las minorías cristianas en muchas naciones de mayoría musulmana han “perdido la protección de sus sociedades”. Esto sucede espe­cialmente en países con movimientos islamitas radicales (salafis­tas) crecientes. En esas naciones, los grupos vigilantes a menudo sienten que pueden actuar con impunidad, y la inacción del go­bierno a menudo les prueba que es cierto. La vieja idea de los turcos otomanos —que los no musulmanes en sociedades musul­manas merecen protección (aunque sea como ciudadanos de segunda clase)— ya ha desaparecido del todo en franjas amplias del mundo islámico, y cada vez más el resultado es el derrama­miento de sangre y la opresión.

Así que, por favor, aclaremos nuestras prioridades. Sí, los gobier­nos occidentales deben proteger a las minorías musulmanas de la intolerancia. Y, por supuesto, debemos asegurarnos de que puedan adorar, vivir y trabajar libremente y sin miedo. Es la protección de la libertad de conciencia y de expresión lo que distingue a las socieda­des libres de las no libres. Pero también necesitamos mantener en perspectiva la escala y severidad de la intolerancia. Las caricaturas, las películas y los escritos son una cosa; los cuchillos, las pistolasy las granadas son totalmente diferentes.

En cuanto a lo que Occidente puede hacer para ayudar a las minorías religiosas en sociedades de mayoría musulmana, mi respuesta es que necesita empezar a usar los miles de millones de dólares de ayudaque da a los países culpables para influir en ellos. Luego está el comer­cio y la inversión. Además de la presión diplomática, estas relaciones de ayuda y comercio pueden y deberían estar más condicionadas a la pro­tección de la libertad de conciencia y credo de todos los ciudadanos.

En lugar de tragarse las historias pretenciosas de la islamofobia occidental, tomemos una postura real contra la cristofobia que in­fecta al mundo musulmán. La tolerancia es para todos, excepto para el intolerante.

Los ataques a iglesias en Nigeria el Día de Navidad de 2011 (izquierda) mataron a docenas e hirieron a cientos. Los cristianos de Pakistán, como estas monjas cató­licas, suman 1.6 por ciento de la población del país.

Autor: AYAAN HIRSI ALI.
Fuente: Minuto Digital.








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