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En el Reino

Aquí tienes; un libro que habla del único evangelio que se nos ordenó predicar, y del que sólo se han dicho algunas muy pocas cosas sueltas. Este trabajo te cuenta que, mientras una gran parte de cristianos procuran entrar en sitios en los que sus doctrinas les proponen, la Biblia sigue diciendo que debes entrar solamente En El Reino.

 

Porque los templos ya no son cárceles. Porque Babilonia ya no convence a nadie de sus “avivamientos”. Y porque Dios se cansó de nuestra religiosidad; Ahora es tu tiempo para estar…

 

El Ministerio de Enseñanza Bíblica

TIEMPO DE VICTORIA

Presenta:

 

 

En el

Reino

 

 

 

Autor: Espíritu Santo

 

Colaboradores: Muchos Instrumentos Humanos Utilizados por el Autor

 

Escrito Por: Néstor Martínez – Rosario – República Argentina

                          (Uno de Esos Instrumentos)

 

 

Prólogo

 

 

Si alguien pasa por tu lado y te habla de Dios, vas a oírle porque en Dios, como quiera que sea, hay mucha gente que cree. Si esa misma persona te habla de Jesús, la adhesión será menor. Pero si alguien te habla del Reino de los Cielos, sencillamente no vas a escucharlo.

Porque esa expresión va a sonarte como parte de alguna doctrina extraña de váyase a saber qué secta rara, de las tantas que proliferan y producen estragos en la sociedad. 

Lo que nadie te ha dicho todavía, es que si alguien llega a tu vida hablándote del Reino de los Cielos, esa persona es la única que está predicando el verdadero evangelio; el que trajeron Juan el Bautista primero, y el propio Jesús más tarde.

Por eso mi Señor puso esta carga en mi corazón. Para escribir algo que te recuerde que el Reino de los Cielos no es una quimera mística, sino una realidad auténtica que siempre estuvo en la Biblia y que los hombres se permitieron ignorar o, lo peor, convertir en una especie de historieta poco creíble.

No basta con que creas en el Reino. No basta con que desees formar parte de Él. No basta con que lo estudies y ni siquiera basta que lo creas como verdadero. Lo que sí basta, y fue dicho, es nacer de nuevo. Sólo de ese modo podrás verlo e ingresar en Él.

No esperes encontrarte con tremendas revelaciones. No esperes que te diga algo que no conocías. Sí pretendo que entiendas y estudies que esto siempre estuvo escrito, y que no es culpa de Dios si los hombres elegimos otros evangelios más atractivos o productivos.

¿De verdad quieres entrar En el Reino? Entonces simplemente lee.

 

Índice Temático

 

 

A MODO DE INTRODUCCIÓN

1 - EL REINO DE LOS CIELOS SE HA ACERCADO

001 – Una Herencia Progresiva

002 – Áreas de Cuidado

003 – Rey del Kosmos

004 – ¿Creyentes o Discípulos?

005 – No Necesitas Nada Más

006 – Una Nación Santa

007 – Cuestión de Jurisdicción

008 – La Visión que Nadie Entendió

009 – Un Reino Equivocado

010 – La Casa que Nadie Pidió

011 – Mi Reino en Tus Manos

012 – El Hombre y su Reino

013 – Adjetivos Calificativos Reales

2 – NO ES TIEMPO DE REPOSO

014 – Una Violencia Singular

015 – Asoma el Remanente

016 – Todas las Generaciones

017 – En Búsqueda de lo Perdido

018 – Como un Anciano de Días

019 – Esto no es Opcional

020 – Dos Reinos; Dos Visiones

021 – Desde Egipto a la Unidad

022 – Caminando Hacia la Herencia

023 – El Auténtico Propietario

024 – En Babilonia Será el Rescate

3 – DECISIONES GUBERNAMENTALES

025 – Estructuras Pensantes

026 – Tiempo de Apostolado

027 – Imparticiones Divinas

028 – Congregaciones Sobrenaturales

029 – Aquí Está; Yo lo Represento

030 – Predicar, Enseñar, Sanar y Liberar

031 – Bienaventurados los que Entran

032 – El Único Dueño

033 – Hacedores de Maldad

034 – Conforme a tu Propia Fe

035 – Salvos y Útiles

036 – Llegando con Poder

037 – Minoridad y Violencia

4 – COMPETENCIAS MINISTERIALES

038 – Santos para su Dios

039 – El Aceite de la Unción

040 – Liberando con Poder

041 – Parábolas de Enseñanza

042 – Las Llaves de la Victoria

043 – Entre la Humildad y la Misericordia

044 – Entre Eunucos, Niños y Ricos

045 – ¿Qué Lugar Ocupan los Obreros?

5 – CONDICIONES DEL REINO

046 – La Superior de las Autoridades

047 – Razones de Conciencia

048 – Cumpliendo las Leyes

049 – ¿Sujetos Insujetos?

050 – Amor, Amor y Amor

051 – Lo que se Da, se Quita

052 – Con las Ropas de Bodas

053 – Entrando y Dejando Entrar

054 – Batallas y Proclamas del Único Reino

055 – Vírgenes y Talentos Heredados

056 – La Nueva Revelación

6 – LA MADRE DE TODAS LAS BATALLAS

057 – Transiciones Posibles

058 – Oír e Interpretar

059 – Disciplinas Constructivas

060 – Con los Ojos de Marcos

061 – Con Miembros Intactos

062 – Desde la Óptica del Médico

063 – Entierra a tus Muertos

064 – Igual que en el Cielo

065 – El que Busca, Encuentra

066 – Entrar con Esfuerzo

067 – ¿Adonde Está? ¿Como Es?

068 – Dejándolo Todo

069 – El Más Amado

070 – Eres de Otro lugar

7 – MAYORDOMÍAS REALES

071 – Administradores Divinos

072 – Estrategias de la Realeza

073 – En las Moradas Eternas

074 – Modos de Fidelidad

075 – Descripciones Actuales

076 – Milagros a la Vista

077 – ¿Salvos o Discípulos?

078 – Testificando a Tiempo Completo

079 – No es Comida ni Bebida

080 – ¡Imítenme a Mí!

081 – En Los Días Finales

082 – Corrupción no Hereda

8 – LAS BASES MÁS SÓLIDAS

083 – Si Dios no Está Presente…

084 – Como el Monte de Sión

085 – Cuanto Hay de Él en Ti

086 – Puertas de Autoridad

087 – Imitando a Quien se debe

088 – Dinámicas Más que Vencedoras

089 – No Estás Bajo la Ley

090 – No Participes con Ellos

091 – Andar Como es Digno

092 – Sin Palabras Lisonjeras

093 – Padeciendo por Él

094 – En Tiempo y Fuera de Tiempo

095 – Un Reino Inconmovible

096 – Sin Acepción de Personas

097 – Con Firme Vocación

9 - ¿PERTENECES AL REINO?

098 – Pobres Pero Ricos

099 – Mansos Sí; “Mensos” No.

100 – Comer Hasta Saciarse

101 – ¿Alguien Verá a Dios?

102 – Perseguidos por Su Nombre

103 – Sólo por ese Motivo

104 – Las Obras de la Sal y la Luz

105 – Esa Ley que Sigue Matando

106 – ¿Qué Hay en tu Corazón?

107 – Ni los Adúlteros ni los Fornicarios

108 – Cuando el Sí es Sí y el No e No

109 – La Clave es la Segunda Milla

110 – La Paz del Amor y el Perdón

111 – Argumentos de la Realeza Divina

112 – ¿Por qué Rey? ¿Por qué Reino?

113 – El Discipulado Genuino

114 – Movimientos de Confusión

115 – Blanco Sobre Negro

10 – COSTUMBRES TERRENALES

116 – La Libertad de las Culturas

117 – Entre lo que Crees y lo que Es

118 – El Otro Nacimiento

119 – El Principio-Jeremías

120 – Respetos Equivocados

121 – No es una Droga

122 – Sin Miedos, con Vigor

123 – ¿Tú Sabes lo que Eres?

124 – Déjame que te Haga una Pregunta

125 – Las Llaves de Ingreso

126 – La Revelación de Jesucristo

127 – Semillas Incorruptibles

11 – VIDAS NO CONTAMINADAS

128 – Las Vidas Significativas

129 – Seguir un Llamado

130 – La Guerra Contra los Sistemas

131 – Gente de Reino

132 – Agentes de la Contaminación

133 – ¿Para Vergüenza Nuestra?

134 – Comportamientos Varoniles 

135 – Confrontando Lobos Rapaces

136 – Guardando el Corazón

137 – Edificaré Mi Iglesia

A MANERA DE EPÍLOGO

 

 

 

A Modo de Introducción

 

Cuando era niño soñaba con ser escritor. Distintas novelas, personajes, escenas, relatos fantásticos y todo lo que solía leer en las antiguas revistas de mi época, alimentaban ese sueño. Nunca pensé que Dios tenía otros planes que, si bien iban a coincidir con mis sueños, no iba a ser conforme a mi óptica, sino a la suya... Menos mal que fue así.

 

Porque si alguna vez hubiera dispuesto encarar la escritura de un libro, creo que jamás lo hubiera hecho en el sentido en que han quedado plasmados los que has leído en mi Web. Una cosa es lo que pasa por el alma y la mente de los hombres, por importantes y prestigiosas que puedan ser, y otra muy diferente las que el Espíritu Santo influye en aquellos que desean obedecerle.

 

Los cuatro trabajos que puedes bajar, imprimir y leer, o en su defecto hacerlo en la pantalla de tu monitor, cosa que es bastante complicada y cansadora, tuvieron un mismo sentimiento previo, una misma consecución y un mismo final de obra. Mi mente carnal trabajó en cada uno de ellos, exactamente con los mismos parámetros.

 

Cuando comencé su escritura, siempre me llegó a mi mente el pensamiento de estar haciendo una tontería que jamás podría interesarle a nadie, que sólo se trataba de una suma de frases y palabras que salían de mi cerebro limitado y no del mandato de Dios. Lo que cada uno de los lectores que se atrevieron a escribirme me dijeron, después, destruyó ese pensamiento erróneo...

 

Cuando finalmente le ponía el punto final al epílogo de cierre, inmediatamente pensaba que ese sería el último trabajo. Que después no vendría nada más. O el otro pensamiento que también apareció en algunos casos: que seguiría con el mismo tema pero de distinto ángulo. 

 

Porque yo ya había oído a otros escritores decir que al finalizar uno de sus trabajos, se quedaban totalmente vacíos. Pero esto es distinto. Porque siempre Dios me demostró que esa palabra que dice que sus pensamientos son más altos que los nuestros, no es mero discurso, sino cierta y verdadera.

 

Por eso, cuando concluí con La Palabra ¿La Palabra?”, si bien ya había aprendido por experiencia a no suponer que fuera el último, sí pensé que el próximo iba a recalar sobre el mismo tema, aunque desde una óptica, enfoque o ángulo distinto, como para complementar lo hecho.

 

Se ve que Dios lo vio desde otro punto de vista al mío, y que como de costumbre, Aleluya, lo que Él imaginó tuvo mejor visibilidad que lo que yo había supuesto. Así fue que, hace unos dos meses, (Esto lo digo con relación a la fecha de hoy, mediados de Junio de 2010, cuando comienzo este quinto trabajo), Él puso en mi mente, mi corazón y finalmente mi espíritu, una palabra que debía ser estudiada y esclarecida: El Reino.

 

Cuando en un evangelio leemos que debemos buscar primeramente el Reino de Dios y su justicia, para que todo lo demás nos sea añadido, jamás podemos entender que es exactamente eso lo que nos está diciendo, y no algo simbólico, metafórico o tipológico. 

 

Juan el Bautista, en primer lugar y Jesús posteriormente, predicaron que el Reino de los Cielos se estaba acercando. Nosotros, con el correr de los tiempos, somos los que inventamos que predicar el evangelio era hablar de otras cosas.

 

Así nació el acto evangelístico de ganar almas, cuando lo que la Biblia dice como más cercano, es hacer discípulos, nunca ganar almas. Así también se consolidó el evangelio de la salvación, cosa que es genuina, importante y cierta, pero jamás prioritaria para el mensaje de Jesús. 

 

Y ni se te ocurra suponer que no le doy entidad o importancia a la salvación. ¡Claro que se la doy! Lo que sucede es que, si voy a vivir como un cristiano, será imitando en lo que pueda a Cristo, ¿No es cierto? Y Él siempre le dio el primer lugar al Reino, tal como luego se nos demanda a nosotros.

 

La gran pregunta, es: ¿Lo estamos haciendo? Estoy fiel y absolutamente convencido que no, que no lo estamos haciendo para nada. Que muy por el contrario, no sólo estamos modificando esa demanda bíblica, sino que andamos en algo peor: la estamos tergiversando, invirtiendo de sitio.

 

 Estamos creando ministerios, áreas y comisiones para atender y darle solución y tratamiento a todas las demás cosas que nos preocupan como personas, y dejamos al Reino de Dios y su justicia para el final. Y eso cuando le prestamos atención, cosa que no ocurre en todos los casos o siempre.

 

Creo que por eso es que mi Señor me ha ordenado estudiar, escudriñar, profundizar y luego compartir todo lo que tenga que ver con Su Reino. Porque ha llegado el tiempo de las definiciones, y si la iglesia, que somos nosotros, deberá entregarle el Reino usurpado al Padre, tal como es la promesa eternamente vigente, en primer lugar deberemos saber sin dudas que cosa es el Reino, adonde está y que significa.

 

Por ejemplo: ya sabemos lo que el Reino no es, pese a que de alguna manera lo hemos no sé si creído, pero sí imaginado inconscientemente durante mucho tiempo. El Reino no es ninguna nube donde tú, transformado en un temeroso hombrecillo de largo camisón blanco vas a ir a sentarte a tocar un instrumento parecido a la lira romana al minuto siguiente de tu muerte física. 

 

Allá los humoristas gráficos que decidieron ilustrarlo así. No sé quien les dio el libreto, pero ya mismo te digo que te lo borres de tu mente. Eso es un dibujito que podrá servir para relatarles alguna historieta pintoresca a los niños de la escuelita dominical, pero de ninguna manera tiene que ver en lo más mínimo con el Reino de Dios.

 

¿Qué cosa puede ser el Reino, entonces? Mira; si buscas el diccionario básico que lidera las normas del idioma español, verás que consigna que se trata de un territorio o estado con sus habitantes sujetos a un rey, a lo que debemos añadirle la catalogación de cada uno de las grandes subdivisiones en que se consideran distribuidos los seres naturales por razón de sus caracteres comunes. Reino animal, vegetal, mineral, aunque no tiene nada que ver con nuestro tema. O sí…

 

El mismo diccionario trae una idea respecto al significado de Reino de Dios, aunque observándolo desde una óptica parcial relacionada con un determinado credo religioso. Dice que es un  nuevo estado de cosas en que rige la salvación y la voluntad de Dios. 

 

Que fue anunciado por los profetas de Israel, predicado e instaurado por Jesucristo. Y que su realización, incompleta y temporal en la iglesia militante, se consuma y perpetúa en la iglesia triunfante. Es decir: “Ní”… O “Só”…Que es nada. ¡Gran calidad para hablar sin decir nada tienen algunos!

 

Finalmente, buscando significados del término “reino”, llegamos a un diccionario bíblico. Estos son elementos sumamente valiosos, ya que nos entregan la apoyatura sistemática y estudiosa que puede enriquecer nuestros trabajos. 

 

Eso, claro está, siempre y cuando no se lancen a interpretar siguiendo sus propios derroteros hermenéuticos, cosa que vas a comprobar seguidamente. En ese caso, yo no prosigo en la lectura. Acepto y respeto sus decisiones, pero prefiero permitir que el Espíritu Santo siga siendo mi única guía a toda verdad. Aquí lo incluyo, a modo introductorio, para cumplimentar con las tesis ajenas.

 

Este documento dice que: El Reino de Dios o Reino de los Cielos, se trata de la esfera en la que Dios reina, en la que Su voluntad es respetada y cumplida. De principio a fin de la Biblia se presenta el Reino de Dios en siete fases sucesivas, a saber:

 

1)- EL PARAISO: Creador del universo, Dios es asimismo su Rey glorioso. Él es el Rey de las naciones, el Soberano del mundo entero. El paraíso era una teocracia donde Adán había sido llamado a dominar sobre los animales y a dominar la tierra, en estrecha dependencia de Dios.

 

Por el pecado, el hombre se apartó voluntariamente de su sometimiento al Señor bajo el imperio del diablo. Es por usurpación que Satanás vino a ser el vino a ser el príncipe de este mundo, llegando a poseer todos sus reinos y la gloria de ellos. Desde aquel momento, toda la obra de Dios a través de la historia tiende a la restauración del reino perdido, y a la vindicación de Su justicia, sobre bases perfectas e inamovibles.

 

2)- LA TEOCRACIA EN ISRAEL: Dejando de lado, provisionalmente, a las naciones después de Babel, Dios se suscita un pueblo escogido, que sea para él “un reino de sacerdotes”. El mismo Señor es el juez, legislador, Rey y salvador de Israel.

 

Rige por medio de Moisés y de los jueces, sus sucesores. Llega después el momento en que el pueblo reclama a Samuel un soberano humano falible, prefiriéndolo al Rey divino, santo, temible y formidable.

 

3)- EL REINO DE DIOS, ANUNCIADO POR LOS PROFETAS: En el momento en que desaparece la teocracia estricta, el Señor anuncia su restablecimiento de una manera mucho más gloriosa. Un día, el Hijo de David ocupará el trono eternamente. Nacerá de una virgen, en Belén, sufrirá para expiar los pecados y establecerá el reino universal de justicia y de paz sobre la tierra, y después en los nuevos cielos y en la nueva tierra.

 

4)- EL REINO, OFRECIDO Y RECHAZADO EN LA PRIMERA VENIDA DE CRISTO: Desde su nacimiento, Jesús es presentado como Rey. Juan el bautista y Él mismo anunciaron a los judíos que el reino de los cielos se había acercado, que estaba “en medio de ellos”. Es como Rey que Jesús se presenta en Jerusalén, también es rechazado en su carácter de rey por Su propio pueblo.

 

5)- EL REINO DE DIOS, ESCONDIDO EN LOS CORAZONES: Su carácter en la actualidad lo describe Juan con estas palabras: “El Reino y la paciencia de Jesucristo”. Habiendo sido rechazado, el reino, en su aspecto visible y glorioso, es retirado por ahora.

 

Cristo ha partido para recibir un reino y volver. En su ausencia se desarrolla el período de la iglesia, caracterizada por los misterios del reino de los cielos. En efecto, el período de la iglesia, y su misma existencia, presentan aspectos desconcertantes, que precisan de una revelación especial.

 

Tiene su comienzo en Pentecostés, y la entrada en este reino espiritual es por el nuevo nacimiento. Las parábolas del reino ilustran la mezcla de bien y mal que caracteriza a la presente dispensación. Como ejemplo, se puede tomar la parábola de la cizaña.

 

Cristo hace una siembra en el mundo, poniendo en él a los hijos del reino; por su parte, el diablo pone entre ellos a los hijos del maligno. En su paciencia, el Señor los deja subsistir juntos hasta el momento de la siega.

 

Se debe enfatizar, sin embargo, que la presencia de los hijos del maligno tiene lugar en el campo, que es el mundo; no en la iglesia. Esta tiene que ejercer una estricta disciplina. Este período acabará en un juicio.

 

Un gran error frecuentemente cometido ha sido el de confundir el presente periodo con el del glorioso reino venidero. Con frecuencia, las Iglesias poderosas y establecidas en el mundo han querido identificar su período de dominio con el del Reino de Dios, que sólo podrá ser establecido de una manera autoritaria y visible por el retorno personal y en gloria del Señor Jesucristo. 

 

Debido a la identificación del Reino con la Iglesia, se ha intentado poner fin a las «herejías», reales o supuestas, mediante el hierro y el fuego. Se ha querido imponer la autoridad de la Iglesia mediante medios mundanos y carnales, como la alianza del trono y el altar, las maniobras políticas, el poder temporal y la riqueza eclesiástica. 

 

En nuestro tiempo presente se está desarrollando a su vez una «teología de la liberación» que pretende poner a la Iglesia al servicio de los pobres, apoyando las revoluciones guerrilleras y campesinas, asumiendo muchos postulados del llamado «liberalismo teológico», en lugar de tener en cuenta el llamado del apóstol Santiago a la paciencia frente a todas las injusticias, esperando la venida del Señor, el único con derecho y capacidad personales para juzgar y establecer la justicia en la tierra.

 

En suma, todas estas tendencias olvidan el carácter de gracia y de paciencia de Dios, no de juicio y poder, de esta presente era. Se olvida que en la ausencia del Rey divino, la Iglesia, Su esposa, comparte Su humillación y rechazo por parte del mundo. Y por ello es asimismo la pequeña manada a la que el Padre le ha placido dar el Reino. Será a la venida del Señor, pero no antes, que se sentará con Él en Su trono.

 

6)- EL REINO GLORIOSO: Establecido sobre la tierra durante mil años. Entonces se cumplirán las promesas de los profetas. Esta era finalizará con la destrucción de la tierra y de los cielos y con el juicio final.

 

7)- EL REINO ETERNO: Después del triunfo final y definitivo del Señor, se establecerá el estado eterno en el que Cristo entregará el Reino a Dios y Padre, después de haber suprimido, durante su reinado y victoria final, todo poder hostil, para que Dios sea en todo en todos en unos nuevos cielos y nueva tierra en los que morará la justicia.

 

Muy bien. Puedes hacer lo que mejor te plazca con lo que has leído. Lo ideal sería lo que aconsejaba Pablo; examinarlo todo y rescatar lo bueno, que lo tiene y en buena cantidad, aunque también posee de lo otro, de lo que está más emparentado con intereses de política religiosa que con las verdades espirituales. Es lo que hay en las librerías cristianas.

 

El caso es que esto es todo lo que hay respecto al Reino de un modo sistemático. Todo lo demás, son hipótesis, conjeturas, interpretaciones y ponencias. Todas respetables, todas bien intencionadas, todas con un porcentaje de acierto, todas con profundos y visibles errores.

 

Voy a examinarlo desde el Antiguo Testamento, desde los cuatro Evangelios y desde el resto del material que conforma el Nuevo Testamento. A eso lo iré diseminando en todos los capítulos, acompañado de otras consideraciones relativas a uno y a otro. 

 

Lo hice así, parcialmente, para no cansarte con capítulos y versículos. Hay muchos hermanos que adoran leer capítulos y versículos, pero todavía quedan otros que prefieren leer al autor humano. Quiero que lo lean los unos y los otros, así que establecí un parámetro equidistante.

 

No sé como operan mis colegas escritores cristianos. Y casi no me interesa. Yo lo haré como tenga certeza de hacerlo. Si te bendice, acerté. Si no te bendice, fue mi carne. Eso es todo cuanto puedo añadir de mi propia sabiduría humana. Lo demás tendrá que ponerlo el Espíritu Santo, o no habrá quinto libro…

 

Habrá en cada caso definiciones que será bueno que tomes nota, ya que yo no lo haré para que seas tú quien lo estudie. Esto significa que no te escribiré conclusiones interpretadas, porque eso sería financiarte aún más una comodidad que ya nos hizo demasiado daño.

 

Yo ya pude verlo, ahora aspiro a que el Espíritu Santo te lo muestre a ti. Él sigue siendo el único Maestro confiable. En mis años de templo-banco-corito-sermón-saludo, aprendí que dar demasiado servido algo a alguien, no es sinónimo de abnegación o afecto; es sinónimo de manipulación y  control.

 

Conocí a un hombre a quien todos tenían por excelente maestro. Y no tengo dudas que lo era a la hora de las formas de explicar una lección. Con ejemplos didácticos y pinturas claras, lo entendías o lo entendías. Pero cometía un error. 

 

Él sostenía que no debíamos limitarnos a dar alimento, sino que había que darlo trillado y masticado, para que fuera más sencillo tragarlo. En esa época yo asentía con la cabeza alegremente. Hoy me permito disentir contigo, hermano.

 

Porque es como si te estuviera diciendo: Toma, aquí tienes esto. Léelo bien y grábatelo en tu dura cabezota. Así es como son las cosas, esta es la única verdad y es de esperar que de aquí en adelante creas nada más que esto. 

 

Así es como normalmente se enseña en nuestras iglesias. Por razones obvias, será exactamente al revés como lo habré de enseñar yo. Babilonia está cayendo. Me quiero mantener en pie. Gracias a Dios que me sacó de ella evitando que caiga con ella.

 

Yo no pienso ni quiero añadir una tesis más. Lo que quiero a partir de este trabajo, es delinear lo que la Biblia dice del Reino y lo que nos ha sido entregado por Dios para nuestra sabiduría y entendimiento. 

 

Cuando lleguemos al Epílogo, veremos si esa intención se ha podido cumplir o si he quedado en deuda. Tú lo leerás y, cuando lo termines, tal vez me escribas o no, contándome tus vivencias. Eso me hará bien y gratificará humanamente mi tarea, pero: ¿Te ofenderás si te digo que la única opinión que realmente me interesa es la de mi Señor?

 

De todos modos, lo válido sin discusiones en este estudio, es la intencionalidad que contiene. No pretendo crear una nueva doctrina, (¡Dios me libre de ello!) n i nuevos estatutos denominacionales, ni culturas pioneras. 

 

Sólo deseo compartir con ustedes que son mis hermanos de siempre, los que me acompañan durante años en esta hermosa aventura espiritual, la pintura más precisa y delineada que haya podido encontrar de El Reino que deberíamos predicar. 

 

Yo comencé a hablar del Reino de Dios en tiempos en los que hacerlo, era casi equivalente a ser considerado blasfemo o hereje. O ser tomado como miembro de algún grupo autodenominado cristiano, que suele reunirse en sitios que ellos denominan, oh paradoja, como “salones del reino”.

 

Para mí fue todo un descubrimiento esa palabra que oí de un tremendo moreno puertorriqueño que anduvo desasnando cristianitos en mi país y en mi ciudad, en los inicios de la década de los años noventa con un resultado algo ambiguo: mitad desasnados, mitad siguiendo como asnos espirituales.

 

Lo que más recuerdo eran los ojos como platos, ¡Y platos muy grandes!, de los que estábamos oyéndolo, mientras nos mirábamos unos a otros y nos preguntábamos: ¿Reino? ¿Qué es esto? ¿Qué clase de sermón es este? 

 

No importa. Algunos lo tomamos y lo seguimos, otros lo olvidaron. Así es esto. Hubo gente que oyó a Jesús y lo dejó de lado por aburrido. Quienes oyeron a este hombre, me escriben identificados con lo que enseñamos. Yo les cuento el motivo y terminamos sintiéndonos más hermanos que hermanos. ¿O debería decir “hermanos de verdad”?

 

Sin embargo, y más allá de esta experiencia, el tiempo nos iba a enseñar a todos los que decidimos buscarlo, claro está, que esos no eran precisamente sermones. No al menos de aquellos que parecían fabricados en serie para entretener y distraer a feligresías aburridas de domingos por la mañana o la noche. 

 

Estaban muy lejos, kilométricamente lejos de ser esas especies de cosquillas al alma con que en cada reunión no pocos predicadores hacen reír o llorar a sus auditorios, conforme a las inflexiones de sus voces o a las historias paralelas que cuentan.

 

Porque eso era algo que nosotros decíamos oír semanalmente, pero que en realidad jamás habíamos tocado: palabra. Porque con este mismo hombre de Dios, aprendí algo que después repetí hasta el cansancio, pero que cuando lo oí por primera vez, creí que no podía ser cierto: hay gente que lee su Biblia durante cincuenta años, ¡Y jamás llega a tocar la Palabra!

 

Porque nuestros sermones, al menos en la mayoría de los casos que a mí me tocó escuchar, no salían de los rudimentos clásicos de la salvación, el perdón de los pecados, el amor de Dios que aceptaba todo y la vida eterna en aquella hipotética nube tocando la lira.

 

Estos estudios difundidos en conferencias, (Dos términos que a una enorme mayoría de cristianos les resultaban total y absolutamente desconocidos), versaban mayoritariamente sobre el Reino de Dios. Y te puedo asegurar que para muchos de nosotros, esos títulos sonaban un tanto aburridos.

 

Y el predicador se esmeraba por decir casi permanentemente algo que yo había leído alguna vez en la Biblia sin darle demasiada importancia: el reino de los cielos se ha acercado. Lo que todavía hoy no entiendo, (No hay modo humano de entender las vendas mágicas del infierno) es por qué nos parecía raro lo que era ciento por ciento bíblico.

 

Ese hombre me explicó (A mí y a una enorme cantidad de personas que, mayoritariamente, lo olvidaron y sepultaron en medio de proseguir con sus costumbres y tradiciones eclesiásticas milenarias) que el Reino no era una nube, sino una jurisdicción espiritual no geográfica, donde un rey era la única autoridad indiscutida.

 

Y también me hizo saber que a ese Reino no se accedía cuando uno se moría, tal como habíamos aprendido en nuestras escuelitas dominicales, sino como resultado de nuestra decisión de fe para ser salvos. Porque todos sabíamos que la salvación era por gracia, pero pocos o ninguno que entrar al Reino tenía un precio.

 

Este moreno, como podrás imaginarte, tuvo gran cantidad de detractores. Teólogos, pastores y pequeños o grandes líderes que no aceptaban tener que ponerse a estudiar de nuevo, pese a que se daban perfecta cuenta que a lo que sabían y enseñaban les faltaba un rato largo. ¿Se llama necedad, no?

 

Yo fui uno de los que fueron ayudados de tal manera por el Espíritu Santo, que no me costó ni tiempo ni esfuerzo saber que eso era verdad y aceptarla de inmediato como tal. Como suficiente respaldo tenía mi Biblia, donde podía comprobar a cada paso que Jesús, durante todo su ministerio, casi nunca habló de salvación, sino que se pasó todo el tiempo hablando del Reino.

 

Me pregunto por qué la iglesia cambió ese discurso. ¿Lo habrá hecho por simple ignorancia o error, o porque alguien pensó que si negociaba salvaciones eternas podía aspirar a recompensas más suculentas? 

 

No importa. Ya pasó, fue así y no podemos revertir eso. Y tampoco ganamos nada criticándolo. El pueblo de Dios, antes que hacer, debe ser. Y cuando te hable de esto, quizá te sientas como yo mismo me sentí alguna vez: ¡Eh! ¡Eso es para mí!

 

Durante todos estos años, fui consciente de estar perteneciendo y sirviendo al Reino de Dios. Mal, bien, regular, no lo sé. Lo que sí sé, y mi Señor también lo sabe, es que traté de hacerlo lo mejor posible con todo lo que la Palabra me habilitara. 

 

Era nada, luego era poco, después algo y hoy llega algo más que quiero compartir con todos los que andan por mis mismos caminos. Todo el material que entonces recibí y volqué en trabajos individuales, sumado a lo que luego el Espíritu Santo quiso darme, está aquí.

 

Cuando tú estés leyendo esto, todo ese caudal habrá dejado de ser una carpeta de archivo en el disco duro de mi equipo ordenador, y pasará a tus manos con una sola y firme intención. Que tal como me ocurrió a mí, dejes de andar por la vida dando vueltas alrededor del Reino, y te decidas de una vez a entrar en Él.

 

Las condiciones, requisitos, formas y otras cuestiones que van a ayudarte a dar ese paso, tal vez las halles en este trabajo. Y las que no encuentres, siempre tendrán respuesta si se la pides a tu Padre Celestial, que es el mismo que el mío. Es mi oración que te encuentres a gusto: En el Reino.

 

***** 

 

1

 

El Reino de los Cielos se ha Acercado

 

 

 

El del Reino de los Cielos se ha acercado, es el Evangelio que predicaron, entre otros, Juan el Bautista (el más grande nacido de mujer) y Jesús. ¿Es el Evangelio que hoy predica el cuerpo de Cristo en la tierra, llamado La Iglesia? 

 

Yo estimo que no, pero debo dejar abierto un canal de disenso porque no puedo tener información de todo el planeta. Quizás en tu lugar de residencia sí se esté predicando esto. En este caso, mi hermano o hermana, escríbeme y con enorme gusto lo daré a conocer para refrendar esta enseñanza y contarle al resto de los hermanos que el tiempo ya está en marcha.

 

Esta es la única manera o forma en que un cristiano debe pararse delante de la incredulidad mundana para decirle: “Tus días de pecado han terminado. Arrepiéntete porque aquí ha llegado el Reino de los Cielos”

 

¿Qué se supone que responderá cualquier incrédulo de esos que tenga un mínimo de inteligencia? “- ¿Cómo que el Reino de los Cielos se ha acercado? ¿Y adónde está si es que puede saberse?” Si esa es la respuesta que tú, mi hermano, recibes: ¿Qué habrás de decir?

 

 Piensa todo el tiempo que quieras, pero sólo hay una expresión: “Yo represento a ese Reino aquí en la Tierra”. ¿Tendrás el valor suficiente como para exponerte de este modo? ¿Sí? Pues entonces será mejor que leas y releas varias veces este trabajo, y te enteres qué cosa es el Reino de los Cielos, gobierno celestial y sobrenatural del cual, a partir de tu conversión, eres embajador plenipotenciario.

Si te tomas el trabajo de examinar las Escrituras en todo su contexto, verás que Dios es, - en efecto y como siempre decimos casi hasta el hartazgo -, amor, pero también verás que es mucho más que eso. 

Porque si hay un territorio que hay que poseer, hay un enemigo al que hay que vencer, ¿No crees? Y si bien al amor de Dios no le falta nada, es más que claro que si son los violentos los que arrebatan el Reino, el amor en todo caso respalda, pero no es puntal en este caso.

Además, si hay un enemigo al que hay que vencer para poder desalojarlo de donde está usurpando un territorio que nos pertenece, es porque indefectiblemente va a haber una confrontación. Te sonaría bastante mal que yo te dijera que “Dios es confrontación”, ¿Verdad? No le hace como te suene a ti; es así. Dios también es confrontación.

Es que Dios es un Dios territorial. Hemos escuchado cien mil veces decir, enseñar, predicar, aullar y vociferar con diversos estilos de “fuego pulpístico”, que “la tierra es de Jehová”. De acuerdo totalmente, pero si eso es verdadero, es más que evidente que hay un enemigo que sacar de allí. 

Hay que expulsarlo de la propiedad. De nuestra propiedad. Si deseamos recuperar una propiedad usurpada que nos pertenece, independientemente de nuestros derechos legales, primero deberemos sacar a puntapiés al usurpador.

Para destruir, para deshacer, para expandir el Reino de Dios, para poder ocupar el terreno de Dios, deberemos trabajar sin descanso y sin pausas. Eso se llama Progresión. Eso se llama Revelación Progresiva. Eso se llama Crecimiento. Eso se llama Prosperidad

¿Dijo prosperidad? Sí, dije prosperidad, que es mucho más que un fajo de billetes. Porque FE es el desafío de salir del confort y caminar en el agua. Recuerda a Pedro. ¿Adónde piensas tú hallar a Dios? Te aviso que está en el agua, no en el bote.

Entiende por favor: Cristo nunca salió sin una palabra de Dios y sin ser guiado por el Espíritu. Nosotros, que pomposamente aseguramos por la televisión a quien quiera oírnos que somos su cuerpo en la tierra sí lo hacemos. 

Mira los resultados de Él y los nuestros. ¿Cuánto tiempo tendrá que transcurrir para que al fin podamos entender que quien hace la obra y pelea la batalla es Él, y que nosotros somos meros instrumentos más o menos útiles, de acuerdo con nuestra obediencia?

Cuando Dios te habla, lo que Él produce siempre es una invitación para confrontar con el infierno. Jesús no se fue sin ser guiado. Jesús fue sabio. Dios le dijo: “Tú eres mi hijo”, Jesús meditó cuarenta días en esa palabra, hasta que esa palabra se convirtió en vida.

 Pregunto: ¿Cuánto tiempo de tu vida dedicas a escuchar la voz del Dios que debería proporcionarte un llamado? ¿Cuánto tiempo de tu vida inviertes en meditar lo que crees que es tu llamado? No me respondas, no me escribas; sólo piensa.

Y no te sonrías, te está yendo la vida en ello. O eres ministro del Señor, o estás jugando a la iglesia. Lo primero casi siempre cosecha buenos frutos, (Y no estoy hablando de campañas, conversiones y jugosas ofrendas, sino de carácter); lo segundo, es indefectible derrota y, para peor, con la flor de las humillaciones en medio. ¿O no has visto caer a demasiados “exitosos”?

Tenemos que sobreponernos a la confrontación personal. No podemos pasarnos la vida yendo a los templos para que alguien “nos ore”. No sé cuantos serán en tu área óptica los que todavía caminan por esas sendas, pero en mi tierra, lamentablemente, todavía son la mayoría. Aunque no puedan culpárselos por comportarse del modo que les enseñaron o incentivaron. Nadie iría a un lugar para que le oren, si en ese lugar, alguien no lo hubiera invitado a pasar al frente, ¿Se entiende?

Pablo no temía por su vida cuando tomó a la víbora. No dudó ni se espantó; simplemente la tomó porque Dios le aseguró que podía hacerlo. No fue un acto de fanatismo irresponsable, como se lo hubiera catalogado hoy; fue una decisión madura. 

Y fíjate que eso fue, precisamente, lo que le dio suficiente autoridad para tomar el territorio. Hemos leído y enseñado una y otra vez que al Reino se lo conquista con violencia, pero si preguntas por las predilecciones musicales en los cristianos, ganarán por escándalo las canciones románticas. (?)

Jesús envió a los setenta a sanar enfermos y a echar fuera demonios. Observando esto con subjetividad, la liberación no parecía ser la prioridad de Jesús, Él prefería la prevención. Nada que ver con algunos raros “ministerios” de este tiempo. Entonces los discípulos iban a los enfermos, y de ellos surgían los endemoniados. 

Porque cuando ellos declaraban la palabra profética el infierno no podía resistir y, manifestándose, debía irse, replegarse. De allí que ellos vuelven gozosos de que hasta los demonios se sujetaban en su nombre. Jesús sólo declaró: …Yo veía a Satanás caer del cielo como un rayo… Profético.

Atención con esto: nunca trates de tomar un territorio donde no has sido enviado. No te salgas de tu jurisdicción por ningún motivo. Jesús dijo, en líneas generales, que no es suficiente decirlo; tenemos que declararlo y después tomarlo. 

Pero recuerda el principio: no hay nada peor que andar haciendo lo que Dios no te envió a hacer y andar hablando lo que Dios no está hablando en este tiempo. La gente, probablemente no alcance a darse cuenta, pero los demonios sí, ¿Soy lo suficientemente claro?

001 – Una Herencia Progresiva

Jesús está sentado a la diestra del Padre; se presenta ante Él con nuestro nombre y habla con Él en nuestro lugar. Cuando Satanás te mira, entonces, ¿A quien crees que está mirando? A quien tú representas. Cuando oye tu voz, ¿A quien está oyendo? A quien tú representas. ¿Lo habías visto así?

Ten cuidado con tu prisa literaria. Esto que has leído no es un cúmulo de lindas palabras agrupadas para completar un trabajo de formato libro. Esto es una irrenunciable verdad que muy pocos, pero muy pocos cristianos saben con certeza y además entienden.

Jesús tuvo que vencer en su batalla personal y privada de una manera totalmente anónima, sin que nadie estuviera mirándolo. Él no tenía que lucirse delante de nadie en ese momento, sino mostrar su autoridad al diablo. Luego fue recompensado públicamente. ¿Cuántos hombres serán capaces de esperar el tiempo que se deba esperar? 

Aprende el principio real: hasta que no pases cuarenta simbólicos días en tu simbólico desierto de la prueba, y salgas airoso vencedor de esa confrontación personal, no podrás comenzar tu ministerio público. Es elemental, pero, –reiteraré hasta el cansancio-, no todos los que se dicen cristianos parecen saberlo.

No hay herencia instantánea, hay herencia progresiva. Siempre es, desde el humilde pesebre, hasta la cruz. Y de la cruz a la resurrección. Un poco cada día. ¿Qué fue lo que le pasó al hijo pródigo? Dijo: “Dame toda la herencia ahora”; y la perdió.

Dios le dijo a Adán: Domina, Fructifica, Multiplícate, Produce, Llena la tierra, Expande el huerto, Expande el Reino, Sojuzga, Conquista, Prevalece, Triunfa, Sé efectivo. Eso es viento tempestuoso. Eso es Rua. Y Rua significa: “El Espíritu de Vida dado”. 

Y no es simplemente para vivir, debe ser impartido. No pretendas que yo te entregue todo el alimento, busca por lo menos tu postre. Examina todos los textos bíblicos en donde se habla del viento tempestuoso y lo hallarás.

Lo llamamos “Ríos de agua viva”. La palabra Rua, entonces, aquí, significa que tú tienes que ejecutar el poder de Dios que te ha sido impartido, delegado. Todo el Reino de Dios está basado en progreso; es imposible tenerlo por dentro y no progresar. 

Me gustaría descomponer esta palabra para que la entiendas y jamás vuelvas a dudar. Pro-gresar. Pro, que tiene que ver con “ir hacia”, y Gresar, que implica algo que se consigue, tal como egresar en la escuela, por ejemplo. Es lo opuesto a Re-gresar, que tiene que ver con retroceder hacia lo bueno que estábamos haciendo hace tiempo atrás.

Y te lo expliqué así, casi a prueba de infantes, porque estoy cansado de que mucha gente, cuando yo hablo de progresar, venga a preguntarme si debe cambiar de trabajo o abrir otro negocio mejor para ganar más dinero. 

Porque ellos, (No yo; ellos) entienden que progreso, es equivalente con mayor o mejor salario o ingresos mensuales. Quedó en claro que progreso es algo mucho más importante que un fajo de billetes, tengan el valor que tengan. No me asombra; gran parte de la iglesia cree lo mismo.

¿Cuántos de ustedes creen que cuando mueran irán al cielo? Mira; nadie va a discutir esa doctrina, por supuesto, pero cuando tú fuiste salvo, tú has muerto a la vieja vida y has pasado a estar en la gloria de Dios. 

¡¡Y la iglesia quiere morirse para irse de una buena vez y abandonar la pelea!! ¿Entonces se supone que estoy diciendo que ya estás en el cielo? ¡No! Se supone que ya estás muerto, que es bien diferente. Recuerda que a Dios la muerte física no le preocupa en absoluto; es eterno. A ti te preocupa; por eso Satanás gana ventaja.

Tenemos convertidos, y gracias a Dios, muchos; pero no los traemos a la cruz, por eso no mueren. Por eso su carne sigue dominando sus vidas. Tú no entras en la gloria de Dios cuando te mueres físicamente; entras cuando te mueres a tu YO!!

 Si seguimos enseñando que la mala relación con papá o mamá se sana con la sanidad interior, en lugar de propender a la llenura del Espíritu Santo que quema, purifica y limpia todo tu pasado, el problema dejas de ser tú y paso a ser yo, ministro y maestro tuyo. 

Un dilema bien moderno, es: ¿Espíritu Santo o Freud? Yo no tengo dudas, no sé tú. Y no te sonrías. Te hice esta pintoresca pregunta porque alguna vez estuve en ambientes eclesiásticos que no tenían demasiado clara su respuesta al respecto.

002 – Áreas de Cuidado

El Reino de Dios es la extensión de su autoridad y su dominio. En la tierra, dentro de la tierra y en todo el universo. Es un ámbito o jurisdicción territorial. Es un territorio sobre el cual un rey domina y reina. Es una esfera donde alguien posee una posición preeminente y mantiene el título de su propiedad sobre la cual su dominio es ejecutado.

Es bueno, en este punto, reiterar un concepto ya desarrollado: Jesús fue tentado en tres áreas: 1) Tornar las piedras en pan es la revelación de la tierra. 2) Fue llevado al pináculo del templo; ese es el ámbito religioso y espiritual. Tiene que ser confrontado, destronado. 3) También fue tentado en las áreas de los reinos del mundo.

¿Cuáles fueron, y siguen siendo, los reinos del mundo? Dinero, Sexo, Prostitución, Fama, Poder político, Drogas, Violencia. Hay más, pero esos son los más fuertes. Jesús tuvo que ministrar dentro de cada reino y liberar a los cautivos. 

En cada caso específico, Él venció a la tentación legalmente. Dios no puede hacer trampas para vencer. Si utilizara para vencer su condición de Dios, no estaría habilitando para que lo haga el hombre. Tiene que ser de un modo que también el hombre común pueda, si lo intenta en Él.

Entonces aparece en la escena el nombre del Anticristo. ¿Qué es un Anticristo? Uno que toma el lugar de otro. ¿Y adónde vive? Quedó dicho en un estudio sobre las fortalezas publicado en nuestra Web: en medio de tus orejas.

 ¿Cuál es el templo de Dios al que Satanás quiere entrar para robar gloria y exaltación? Tú. Tú eres ese templo. Cualquier otro no fue pedido por Dios. La gran pregunta que nadie más que tú podría responder hoy y ahora, es: ¿Lo habrá conseguido?

Reinas. Pero no reinas recién cuando mueras y te vayas al cielo, sino cuando mates al YO y te sientes en los lugares celestiales. Un hombre que está muerto no siente nada; no le teme a la muerte porque ya está muerto. 

 Tenemos que morir a todo lo que Cristo murió para poder experimentar la resurrección de Cristo. ¡Ahh! ¡¡Brillante!! ¡¡Tremendo!! Sí, pero no te creas que es algo bien sencillo de lograr, ¿Eh? Es nuestra batalla de toda la vida. Si fuera tan sencillo, Nicodemo se hubiera quedado durmiendo en su casita.

Prosigo hacia delante. Sigo poniendo presión. Nunca vas a obtener lo que Cristo logró para nosotros quedándote sentado en un templo. Lo vas a conseguir poniendo presión. Vas a tener que entrar en el territorio del enemigo.

 ¡Es que yo peleo la buena batalla, hermano! ¿Ah, sí? ¿Y se puede saber como la peleas? ¿Acaso agitando tus puñitos al aire y cantando canciones de guerra? Nadie dice que esté malo, esto. Pero es más que obvio que no alcanza, que una batalla es algo más que canciones con potencia.

¡Pero hermano! ¿Y si nunca me envían? ¿Si siempre esa misión recae en otros que tienen mayor capacidad? Basta. Tú me hablas de decisiones de hombres y yo te hablo de propósitos de Dios. Dios ya te envió; no necesitas que nadie más lo haga. ¡Pero es que el pastor! Jesucristo es tu pastor.

La estrategia de Satanás es sacarte de tu territorio y meterte en la carne; si lo hace, tú pierdes autoridad. Ejemplo: en Deuteronomio 2 hay un principio: para poseer algo, primero hay que despojar algo. No puedes recuperar de alguien algo que primeramente no despojes a alguien.

Esto significa que tienes que encarar algún tipo de confrontación. Si lo haces, dice el Señor, tu nombre va a ser reconocido en el infierno. ¿Qué te interesa más: ser reconocido por los hombres o ser reconocido en el infierno? 

La pregunta, es: ¿Conocen tu voz en el infierno? - ¡Es que yo no tengo nada que ver con el infierno! – Como parte integrante, naturalmente que no; pero como enemigo permanente, es muy bueno que te conozcan. 

Es una necedad total para cualquier ejército, el resistirse a conocer lo mejor que se pueda al enemigo. Los mejores ejércitos de la historia han fundamentado sus éxitos bélicos en un excelente servicio de inteligencia. ¿Y eso que es? Averiguar que hace el enemigo y ganarle de mano.

Entonces tú me dices, querido hermano, que la Biblia expresa que “las puertas del Hades no prevalecerán contra la Iglesia”, pero yo veo un enorme descalabro hecho por el infierno en nuestras congregaciones. Es que dice La Iglesia. No dice “tu congregación”.

 ¿Y no es la misma cosa? Hay casos en que sí, hay casos en que no. ¡Gloria al Señor cuando la respuesta es si! ¿Pero, y mayoritariamente? Mejor no te digo nada; no me gusta darle promoción a quien no quiero dársela.

La forma correcta de orar, mientras tanto y será bueno que lo expliquemos, no es necesariamente por peticiones, no es por tus necesidades, no es por lo que tú quieres. La forma de orar correcta, es: Venga tu Reino y hágase tu voluntad en mí y a través de mí.

003 – Rey del Kosmos

El Reino de Dios es el reinado de Dios, su autoridad, trayendo al hombre una voluntad de obediencia al orden de Dios. Es la soberanía absoluta de Dios en todo poder y en todo territorio. No hay nada antes que Dios, nada al lado de Dios, no toma órdenes de nadie, no fue creado por nadie.

Él es vida. Él es existencia. No hay nada en Él que tenga que salir de Él y nada fuera de Él que tenga que estar dentro de Él. Él no se acuerda de nada porque no se olvida de nada. Él no tiene que aprender nada porque no hay nada que no sepa ya.

Él es el Dios del eterno Hoy. Él puede mirar a la historia humana desde el principio al fin, o comenzar por el centro, porque todas las cosas son conocidas ante Él. Ha establecido su trono en los cielos y establece su autoridad.

Él es nada más (Y nada menos) que Dios. Él es el Rey del Kosmos, es rey para siempre, sobre todas las edades y está involucrado en la encarnación humana. Ese Dios está interesado en ti. Todo ese Dios es para ti y para mí. ¿Lo crees? ¿Lo aceptas? ¿Lo ansías? 

Dios no te da vida eterna, no te da sanidad, no te da milagros. Él ES vida eterna, ES sanidad y ES milagros permanentes. Él ES Dios. Tú no recibes; tú te conviertes EN. Para este propósito son los hijos de Dios manifestados; para destrozar las obras de Satanás.

Son muchos los cristianos, todavía, que cuando se hablan de estas cosas ponen rostro de espanto y dicen algo así, como: “¡Ah, no! ¡Yo del Señor todo lo que quieras, pero de Satanás ni siquiera hablo! ¡No me gusta hacerle publicidad!” 

A mí tampoco me gusta eso de promocionar lo malo, pero la experiencia propia y ajena me enseñó que si hago como que no existe, en mi propia vida en algún momento voy a comprobar que sí existe, ¿Estás entendiendo?

Cuando Jesús vino al Jordán para ser bautizado, Juan trató de prevenirlo, pero Jesús le dijo: “Deja que toda justicia sea consumada”. Se estaba sometiendo prácticamente a la autoridad terrenal, para que de ese modo Dios pudiera darle autoridad divina. 

Aclaro: sometimiento a una autoridad terrenal indefectiblemente levantada por su Padre celestial, Juan el Bautista, no a un grupo nefasto de fariseos que, al igual que hoy sucede con nuestras Babilonias religiosas, se levantaban alegremente a sí mismos entre ellos al frente de la única iglesia organizada de la época.

De esta manera abrió la puerta de los cielos y entonces escuchó por primera vez a Dios que habló y declaró: “Este es mi Hijo, en quien tengo complacencia”. Estar bien con Dios significa estar viviendo bien delante de Dios, haciendo su voluntad y su propósito. 

La prioridad número uno con Dios, es: Su propósito. Dios es un Dios de propósitos. Ya sé; nadie te había enseñado esto con seriedad. De acuerdo; ahora lo sabes. Y lo que sigue, si has salido bien de lo anterior, es hacer Su voluntad. 

Lo primero que nosotros debemos asumir y buscar es su Reino, su justicia. Orad así: “Venga tu reino, hágase tu voluntad en mí y a través de mí en la tierra. El Reino de Dios está aquí, en ustedes; su Reino, su dominio, su influencia, su territorio, es el lugar sobre el cual ese dominio es ejecutado.

Era el propósito original de Dios para Adán, para que él tuviese dominio, autoridad, poder para juzgar y conquistar; multiplicarse y llenar la tierra, con la gloria de Dios. Sabemos que Satanás había sido lanzado a la tierra. La tierra se convierte en una prisión para él, y Adán era el carcelero.

Entonces Adán tenía la llave de la solución para todos los problemas siendo el carcelero. Sabemos que había caos en el planeta, lo vemos en el principio. Entonces vemos que Adán fue puesto para corregir el caos para que esta tierra pudiera ser restaurada.

Vemos que el huerto donde fue puesto Adán, fue plantado en medio de fuerzas satánicas y de rebelión a su alrededor. No era entonces un jardín de rosas. Adán estaba puesto para gobernar y legislar conforme a las disposiciones celestiales. Eso es Reino, no corito, mensajito y manito en la cabeza.

Era finalidad judicial la que él tenía que ejecutar. La sentencia de Satanás. Dios es el juez. Adán no pudo. Hoy se repite el cuadro: Dios dicta sentencia, la iglesia debe ejecutarla. Podemos confirmar esto leyendo completo el Salmo 145, desde el verso uno hasta el veintiuno. Hazlo ya, y ejecuta ya.

004 - ¿Creyentes o Discípulos?

Si hay un territorio que hay que poseer, es porque hay un enemigo al cual hay que despojar. Es una ejecución de desalojo, como cuando se saca un inquilino en mora o transgresión de una vivienda; se lo saca porque es considerado legalmente como un intruso.

Cuando viene el enemigo Dios levanta un estandarte que lo hace correr. No es una cuestión de ver quien aguanta más, es cuestión de ver quien ejecuta más. La revelación progresiva del Reino trae inmediata confrontación y persecución, porque es autoridad territorial.

No hay pasividad, no hay timidez, tampoco cobardía, no hay lugar para la comodidad en el Reino de Dios. No hay zonas de confort. Cuando Dios nos habla es para darnos acceso, para entrar y poner presión. Para que tú puedas ir al frente y multiplicar el Reino de Dios. ¿Notas alguna diferencia con lo que hoy estás haciendo y viendo hacer a la mayor parte de los cristianos?

Ser un creyente. ¿Cuántos se conforman con ser, simplemente, - dicen -, un creyente? Bien; no es tan simple ni tan poca cosa. Ser un creyente es pensar que vamos a tener el cielo como corona. Ahora bien: ser un discípulo e ir alrededor de todas las naciones, eso es otra cosa.

El Reino de Dios sufre violencia. Aquel que sufre violencia, califica. Cualifica para tener posteridad. Porque el Reino de Dios es para obtenerlo por la fuerza. No se consigue nada pasivamente, ¡Tienes que correr al diablo fuera de tu mente, fuera de tu tierra, fuera de tu hogar, fuera de tu trabajo y fuera de tu ciudad!

Para poder obtener victoria, recuerda que Cristo dice: “Yo vivo a través de cada palabra que procede (Es decir: que está procediendo ahora) de la boca de Dios.” No debes hablar ni vivir del mensaje de ayer. No puedes vivir del alimento de ayer.

Entiende: no puedes vivir con la gloria de ayer o con el movimiento de ayer. Lo que Dios hizo ayer, está hecho. Dios es un Dios de hoy, de ahora. Hoy es el día de salvación. ¿Cuándo vas a ejecutar la sentencia a Satanás? ¿Mañana? ¿Dentro de algunos días? ¿Cuándo? ¡¡¡AHORA!!! Hoy es el día.

Tenemos que creer. Es una seguridad creer. Cuando tú crees, tú puedes poseer, puedes confrontar con Satanás, vértelas con él cara a cara y vencerlo. Cuando Cristo escucha a Dios decir: “Tú eres mi único hijo” toma su propia decisión.

Inmediatamente a ello, se ve confrontado con Satanás que llega para decirle: ¿Tú eres el hijo de Dios? Pero Cristo no responde, no trata de probar que sí lo es. Él no tiene nada qué probarle al diablo; lo que tiene que hacer es echarlo fuera.

Entonces vemos que si tú no tienes compromiso, lo que Satanás va a tratar de hacer contigo es lo que hizo con Jesús: ofrecerte un atajo espiritual. Satanás le dijo: “No vayas a la cruz, no mueras; yo te doy las naciones, te doy la gloria, no tienes que preocuparte; ¿Para qué vas a morir? Yo te lo doy sin que te mueras.”

Lo mismo que le acontece a Jesús puede acontecerte a ti. Él es el patrón y el ejemplo. Cuando Jesús escucha por primera vez la Palabra de Dios y la pone por obra, la encarna, la activa, es llevado por el Espíritu a ser tentado y confrontado. ¿Con qué intención? Para que pueda vencer. 

En mi etapa más prolífica como maestro del Señor, en ese preciso y exacto tiempo, me fue ofrecida una iglesia para pastorear. La motivación fue, -recuerdo- con “visión en sueños” por parte de una hermana y todo. 

Gracias a Dios pudimos con mi familia vencer la sutil tentación, ser consciente de un llamado y decir que no. Por ese motivo es que aquí estoy ahora. No tengo ninguna duda que, de haber aceptado, hoy estaría formando parte de Babilonia, prisionero de ella y condenado con ella. Y esto, que no es mucho pero que tampoco es nada, jamás hubiese sido escrito.

Escucha, tú que deseas ser pastor, predicador o cualquier cosa que tenga lucimiento en la iglesia, aprende. Cuando tú prepares un bosquejo para dar un mensaje sobre un determinado tema, en ese exacto y puntual tema será en el que Satanás te desafíe.

Es como si el diablo te oyera predicar y dijera a sus demonios seguidores: ¿Ah, si? ¿Con que éste dice tal o cual cosa? ¡Vamos a ver si es cierto lo que dice en su propia vida o si sólo lo vocifera para distraer a los que vienen a la iglesia! Y allí mismo te lanza el desafío.

He sido testigo de ministros que se pusieron a hacerse los maestros sobre cuestiones de pecado y moral. Se las tomaron con el tema del sexo y parecían eruditos hablando del asunto, casi desde un sublime estrado de santidad. 

Tiempo después, caían víctimas de pecado… ¡Sexual! Y la gente no salía de su asombro. ¿Justo él cayó en eso? ¿Pero como pudo sucederle? Ya lo sabes, ten cuidado. El enemigo no tiene un tremendo e invencible poder. Por el contrario, el enemigo ya está vencido. Pero la batalla la libras tú y no puedes ni debes subestimarlo.

005 – No Necesitas Nada Más

Piensa en aquellos hombres primarios. Ellos estaban orando y ayunando, y la Palabra de Dios habló y los activó, y fueron llevados afuera. Entonces, la revelación profética sólo es manifestada para activarte a ti y para impulsarte al sitio al que debes ir, que naturalmente, está afuera y no entre las cuatro paredes de un templo.

Estar lleno del Espíritu significa que eres inspirado. Estar lleno no significa estar inmóvil, es como las velas de un velero. Es un viento tempestuoso, el viento y el soplo de Dios en tu vida. No es una paloma sentada en tu hombro. 

Cuando vas en la dirección que Dios quiere que vayas, no vas empujando contra viento; vas casi volando a favor de viento. Porque el Camino del evangelio es una pendiente. Si estás conectado, subes; su te quedas estancado, empiezas a bajar. Pero si Dios te ordena descender, la inercia divina te lleva.

La Palabra le llama, a eso, “Ríos de agua viva corriendo de tu interior”. Y si la Palabra lo llama así, ¿Quiénes somos nosotros para decir otra cosa? Cuando la Palabra sale, arrasa con todo, no hay nada que la detenga; destroza por sí misma toda oposición. 

Eso es estar lleno. Por eso en este, mi trabajo ministerial, tengo muchas críticas, muchas calumnias y muchas injurias, pero ninguna confrontación directa. Nadie se atreve porque mi eje central siempre es La Palabra. 

Y no sólo eso; mi ayudador es Dios, porque sin Él jamás podría haber dado siquiera dos pasos sin tropezar. Y eso es lo que alerta y detiene a quienes suponen que uno anda por la vida como un oportunista. Si soy minúsculo, quizás se pueda, pero: ¿Si soy realmente un ungido? Nadie quiere correr el riesgo.

Ellos estaban maravillados de la doctrina de Dios. No con palabras; el Reino de Dios no es con palabras; es con demostración del poder del Espíritu Santo. Todos tenemos la capacidad de tenerlo. Lo que hoy prolifera demasiado abundantemente, son palabras. 

Si el poder estuviera en los muy buenos discursos, el mundo tendría, -por lejos, casi por escándalo-, mucho más poder que nosotros. Porque el mundo tiene excelentes discursos. El problema les llega cuando tienen que sacar algo de adentro y descubren que están vacíos.

En cambio los nuestros dicen: “¡Satanás! ¡Te vamos a destruir, te vamos a resistir, te vamos a atar!” Y todo es hablar, hablar y hablar, pero no hay acción ni demostración. ¿Sabes lo que andan haciendo los demonios por las calles? Andan buscando quien los desafíe. Cuando el procónsul vio los dones del Dios verdadero, creyó.

Voy a decirte algo que te hará pensar. ¿Alguna vez viste un rey? ¿Sí? ¿Por la televisión, alguno de Europa o Asia? ¿Has prestado atención a la extraordinaria pompa, protocolo, gala excelsa y espectáculo multicolor?

Más allá de tu primaria reacción de sorpresa y asombro por lo que supones que es un oropel innecesario y hasta ofensivo para los más pobres, ¿Crees que se lo merecen? ¿Sí? ¿Por ser reyes, verdad? Bien. Tú eres Rey. Hijo dilecto del Rey de Reyes y Señor de Señores. ¿Necesitas algo más?

Nadie se atreve a tocar a un embajador. Si alguien toca a un embajador, hay guerra. Cuando se toca a un embajador, se toca al gobierno, país o reino al cual él representa. Satanás no puede tocar a un verdadero embajador del Reino si antes no se enfrenta con Cristo.

¡Pero hermano! ¿Y que tenemos que pensar de los miles y miles de cristianos que conocemos que están…? Basta. No estoy escribiendo esto para caerle a mi propia gente. La guerra no es contra carne y sangre, ¿Recuerdas? Es suficiente con que creas que hay principados y potestades.

¿Qué mensaje les mandó a predicar Jesús a los suyos? El Reino de Dios. No predicó denominación, doctrina o teología filosófica abstracta. Predicó: El Reino de Dios está aquí. Según lo hacía Él, así los envió a  ellos. 

En este lugar es, precisa, puntual y exactamente, en donde Él les da autoridad a sus discípulos sobre demonios y enfermedades. ¿Acaso para que ellos hagan con eso un espectáculo al que pueda asistirse con tarjeta invitación o ticket en dólares o euros? Ni lo sueñes.

Escucha: no somos latinos, no somos sajones, no somos ni italianos, ni españoles, ni alemanes, ni chilenos, ni peruanos, ni mexicanos, ni bolivianos ni argentinos. Somos ciudadanos del Reino de Dios. No de abajo, sino de arriba. Y no hablo de alturas físicas, hablo de ámbitos superiores.

No tienes que irte de la iglesia, puedes estar allí, el pecado es no hacer el propósito. La religión pervierte. Tiene una forma, pero no tiene el poder. Hay formas de religión, incluso, que niegan el poder. No que no lo creen, sino que no lo permiten. Te niega el derecho a ejecutar. Y para eso vinimos.

Dice la Palabra que Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo son uno. Significa que tú no los puedes separar. Y si somos uno con Jesús, no podemos ser separados del lugar donde Él se encuentra. Entonces Cristo no puede venir por la iglesia, sino que viene CON la iglesia. 

¿Adonde se fue tu teología? ¿Estás todavía esperando ese gran rapto que te enseñaron vendría alguna vez? Oye: creo en el arrebatamiento, pero por favor no me lo llames rapto. Porque a mí, rapto me suena como algo que deberá suceder porque no podemos vencer. Y la cruz me dice que no es así.

 

006 - Una Nación Santa

 

Cuando me convertí y comencé a asistir a la que fuera mi primera congregación, una de las primeras enseñanzas que recibí fue la que me hizo saber que el evangelio era lo que encontrábamos en el Nuevo Testamento, y que lo del Antiguo sólo se trataba de historia que se podía leer u omitir.

 

Doy gracias a Dios por esa iglesia y especialmente por quien era su pastor, un hombre muy rústico, casi analfabeto, pero de un amor hacia la gente de tal calibre que sólo podría venir de Dios. Está claro que ni la enseñanza ni la revelación eran lo suyo, pero cumplió con enorme tarea en ese lugar de mi Argentina.

 

Obvio, también, fue que debieron pasar algunos años para que el piadoso Espíritu Santo utilizara a otros siervos útiles para hacerme conocer la realidad que hasta allí había ignorado: que el Antiguo Testamento sencillamente era sombra de lo que habría de venir.

 

Y baste hacer una prueba con cualquier ser vivo para entender este principio. Yo salgo al sol y de inmediato proyecto mi sombra en el suelo o en la pared cercana adonde estoy. Si en ese instante llega un amigo, ¿Qué estimas que hará? ¿Saludará con afecto a mi sombra o a mí? Salvo que yo le haya hecho alguna trapisonda que lo haya fastidiado, el saludo me lo dará a mí.

 

Eso dejará de lado a mi sombra, claro está; pero no significa que ella no exista. El ser es el que puedes ver y palpar, pero su sombra es lo que lo acompaña para, entre otras cosas, otorgar garantía de existencia y de vida. 

 

De la misma manera, el Antiguo Testamento es la base sobre la cual luego los hombres levantados por Cristo habrían de inscribir sus historias. Porque quiero recordarte que, cuando Jesús y los otros hablan de la Palabra de Dios, no hablan de un Nuevo Testamento que recién ellos mismos estaban escribiendo.

 

Por lo tanto, y aunque sé que a mucha gente las cosas del Antiguo Testamento las cansa un poco, es por allí donde voy a comenzar a buscar lo que la Biblia en todo su conjunto tiene para decirnos respecto al Reino de Dios.

 

Y si bien no las voy a tocar ni de paso, aquí, sencillamente porque no hacen al tema principal, quiero que sepas que yo aprendí que hasta las interminables genealogías de Números o Levíticos tienen un mensaje espiritual. Sólo tienes que aguardar que el Espíritu Santo te lo brinde. Por medio de tu mente será total y absolutamente imposible. Y gloria a Dios que así sea.

 

Hay diez palabras en los originales que se traducen como Reino. Una gran mayoría de ellas están destinadas a graficar reinos humanos, terrenales y propiedad de distintos personajes bíblicos sumamente conocidos. 

 

Sólo una minoría tienen que ver con palabras proféticas relacionadas con el Reino de Dios que hemos comenzado a estudiar. Y en esas vamos a recalar porque, -reitero- en muchos casos hay mensajes que no están en el Nuevo Testamento. Conócelas.

 

La primera de esas palabras, es Birá, que quiere decir: castillo o palacio, fortaleza, casa, residencia real, capital de un reino. Luego tenemos a Meluká, que implica algo gobernado, una región, real, reinado, reinar y reino.

 

Después nos encontramos con Malák, que es reinar, ascender al trono, nombrar a realeza, tomar consejo, elegir, establecer, nacer, investidura, investir, meditar, constituir, dar, poner, reina, reinado, reinar, reino y rey.

 

Más adelante está una muy similar, Mélek, que nos habla de un príncipe, real, reinar, reino, rey y tirano. Malkú, que es dominio, real, reino y reinado. Malkut y Malkut en plural Y Malkuyá, que es gobierno, dominio, real, regia, reina, reinado, reinar y reino.

 

Seguidamente encontramos a Mamlaká, que también es dominio, estado, gobierno, nación, ámbito, real, reinado y reino. Y finalmente está Mamlakút, que sencilla y simplemente se refiere a reino y rey.

 

Son estos diez vocablos los que se encuentran a lo largo de todo el Antiguo Testamento, tanto para hablar de los reinos terrenales, propiedad y patrimonio de los David, Salomón o Nabucodonosor, como en referencia al Reino de Dios, o Jehová.

 

No voy a reproducir textos que no aludan al Reino de Dios porque sería una pérdida de tiempo-espacio que necesito para tener la tranquilidad de desarrollar en toda la extensión necesaria, aquellos que sí lo mencionan. 

 

Por ese motivo es que, si bien voy a comenzar desde el principio de todos los principios, solamente escribiré sobre los que interesan a nuestro tema de una manera más o menos directa. ¿Y por qué digo “más o menos”, porque cuando hay revelación, para algunos es “lo más” y para otros parece ser “lo menos”. Tú sabrás adonde inscribirte.




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