Introducción al Estudio Bíblico

2Co 2:17 Porque no somos como muchos, mercaderes falsos de la palabra de Dios: antes con sinceridad, como de Dios, delante de Dios, hablamos en Cristo.

2Co 3:4 Y tal confianza tenemos por Cristo para con Dios:
2Co 3:5 No que seamos suficientes de nosotros mismos para pensar algo como de nosotros mismos, sino que nuestra suficiencia es de Dios;

2Co 3:6 El cual asimismo nos hizo ministros suficientes de un nuevo pacto: no de la letra, mas del espíritu; porque la letra mata, mas el espíritu vivifica.

2Co 3:12 Así que, teniendo tal esperanza, hablamos con mucha confianza; (gr. parrhesia: franqueza, libertad, abiertamente)

2Co 3:13 Y no como Moisés, que ponía un velo sobre su faz, para que los hijos de Israel no pusiesen los ojos en el fin de lo que había de ser abolido.

2Co 3:14 Empero los sentidos de ellos se embotaron; porque hasta el día de hoy les queda el mismo velo no descubierto en la lección del antiguo testamento, el cual por Cristo es quitado.

2Co 3:15 Y aun hasta el día de hoy, cuando Moisés es leído, el velo está puesto sobre el corazón de ellos.

2Co 3:16 Mas cuando se convirtieren al Señor, el velo se quitará.

2Co 3:17 Porque el Señor es el Espíritu; y donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad.

2Co 3:18 Por tanto, nosotros todos, mirando á cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma semejanza, como por el Espíritu del Señor.

2Co 4:1 POR lo cual teniendo nosotros esta administración según la misericordia que hemos alcanzado, no desmayamos;

2Co 4:2 Antes quitamos los escondrijos de vergüenza, no andando con astucia, ni adulterando la palabra de Dios, sino por manifestación de la verdad encomendándonos á nosotros mismos á toda conciencia humana delante de Dios.

2Co 4:3 Que si nuestro evangelio está aún encubierto, entre los que se pierden está encubierto:

2Co 4:6 Porque Dios, que mandó que de las tinieblas resplandeciese la luz, es el que resplandeció en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo.

Tras esta introducción de las palabras escritas por el apóstol Pablo, me gustaría aportar unos apuntes creo que necesarios para tener en cuenta antes de empezar cualquier estudio serio de alguna parte de las Sagradas Escrituras. Esta tarea es extraordinaria, pero requiere:

1.- Estudio con sinceridad, libertad y auxilio Divino. Una disposición personal y espiritual sobre la cual podemos meditar trayendo estas frases escritas por Pablo en su segunda epístola a los corintios. Se requiere en primer lugar acercarse con sinceridad delante de Dios, no como mercaderes falsos que no dudan en manipular la Palabra, tratándola con astucia para acomodarla a intereses propios ó próximos. En segundo lugar, es necesario buscar nuestra suficiencia de parte de Dios. Es del Espíritu Santo de quien debemos buscar la ayuda y dirección precisa. En tercer lugar es muy importante aproximarse a ella con plena libertad, sin otros condicionamientos que nuestra fe en Cristo Jesús. Los que somos de Cristo, en virtud del Nuevo Pacto en su sangre, podemos mirar a cara descubierta todas las cosas, con los únicos límites de nuestra capacidad intelectual y espiritual, impidiendo que intereses de cualquier tipo la sujeten y condicionen a presupuestos denominacionales ó sectarios.

En nuestro estudio nos enfrentaremos, pues, a los diferentes temas sin tener delante ningún velo, mirando cara a cara y no escondiéndonos antes cuestiones difíciles ó delicadas. Es más, dedicándonos principalmente a la exégesis de las cuestiones difíciles y delicadas.

En nuestros días por todas partes se ofrecen a los lectores interesados estudios bíblicos. Cuantas denominaciones cristiano-evangélicas hay y una larga lista de sectas cristianas ó para cristianas, como Testigos de Jehová, Adventistas del 7º Día, Romanistas, Ortodoxos de todas las tendencias, etc. pretenden instruirnos con los tratados desarrollados por sus mejores maestros y teólogos, que apuntan a sostener sus bases doctrinales diferenciales. Pero hay una gran diferencia entre los estudios de las sectas y los que pueda realizar un cristiano maduro, con edad y experiencia en la vida cristiana. Es el mismo talante de libertad cristiana. Las sectas y religiones tienen la pretensión de ser incuestionables en sus doctrinas. Sus seguidores no pueden pensar por si mismos. Se les obliga a creer en el magisterio infalible de su secta, de su cuerpo gobernante, de su “profeta”, de sus maestros tradicionales, etc. La pena para los díscolos ó desobedientes es la excomunión, expulsión ó desasociación. Pero esta cuestión de la libertad es la característica esencial para poder afirmar que carecen de la ayuda del Espíritu Santo, porque como afirma Pablo, donde está el Espíritu del Señor hay libertad. Y donde no hay libertad, no está el Espíritu. Será en libertad y con su ayuda que la Palabra revelada que nos hará crecer, madurar y entender muchas cosas a lo largo de nuestra vida espiritual.

Muchas sectas se dedican a preparar unos cuestionarios básicos para sus adeptos en defensa de sus más diferenciales doctrinas. Pero cuando les sacas de esos dos ó tres textos que han aprendido en sus catequesis, en sus salones del reino, ó en su literatura cotidiana, muchos se quedan perplejos. Nunca les habían hablado de esas cosas, ni desde esa perspectiva, desde otra forma de ver y pensar, y abandonan el debate, refugiándose en el hábitat de su propio círculo. Cuando llevan a sus lideres esas inquietudes, siempre les contestan con evasivas, para que se olviden de la cuestión. Una de las pretensiones típicas de las sectas es alcanzar un pensamiento doctrinal uniforme, engañando, amenazando ó coaccionando a los que dudan. Cuando de niño estudiaba la religión romanista y contaba a mis compañeros los errores doctrinales, y estos a su vez los trasladaban al cura que nos instruía, la respuesta era siempre la misma: Esas son cuestiones muy difíciles y para eso están los doctores de la santa madre iglesia. A ellos acudid. Pero ni el cura ni mis amigos conocían a ninguno de esos doctores por lo que o aparcaban las cuestiones en la indiferencia ignorante ó dejaban de creer en todo.

El éxito de la ignorancia es el fanatismo, mientras que el éxito del conocimiento y del estudio es la libertad. Cuando alguien tiene conocimiento puede vivir con sana conciencia tomando decisiones y realizando actos que los ignorantes no pueden hacer sin temor. El ignorante vive siempre encogido, temeroso de Dios y de los hombres, incluso de si mismo, desconociendo si la cuestión es de tal ó cual manera, si ha actuado bien ó mal. Si esto es ó no pecado. Esa vida de temor no es la que corresponde a un cristiano.

Es cierto que a los niños que estudian el primer grado no pueden entender el álgebra aunque se la expliquen con claridad, porque necesitan todavía algunos conocimientos intermedios, pero esto no quiere decir que la enseñanza se detenga, sino que el niño es instruido, incluso contra su voluntad, bajo un sistema progresivo de enseñanza para que al cabo de un cierto tiempo sea capaz de entender y asimilar materias más complicadas. Pablo, el apóstol, también dijo que cuando él era niño pensaba como niño y opinaba como niño, pero cuando creció dejó lo que era de niño (1ª Cor. 13:11). Ese es el proceso sano y normal. A los bebés se les empieza alimentando con leche, luego con papillas, seguidamente con alimento sólido y variado, para que tenga una existencia sana y fuerte.

En Hebreos 5:12-14 leemos sobre esta cuestión que estamos tratando. Algunos cristianos que debiendo ser ya maestros, con conocimiento propio e instruyendo ya a otros, se habían quedado raquíticos e inútiles. Se quedaron convertidos en unos frágiles bebés porque solo se alimentaron de leche, y ahora, en una figura, los podíamos ver con bigote, por la edad, y a la vez con un chupete en la boca, diciendo y opinando tonterías impropias. Raquíticos por su comodidad. Un día entendieron el evangelio, aceptaron el perdón de gracia y decidieron seguir a Cristo. Al poco pensaron que ya con esto tenían lo suficiente y abandonaron su capacidad de profundización en el conocimiento de Dios y de su revelación. Pasó el tiempo, sin dedicarse al estudio sistemático y profundo de las Escrituras y ya no entienden muchas cuestiones básicas, incluso albergan dudas espirituales sobre ciertos asuntos. El problema no radica en que tales cuestiones sean especialmente difíciles de asimilar ó entender. Solo lo son para aquellas personas que durante años no han tenido un deseo de aprender y crecer. Tendrían que estar de vuelta de muchos asuntos, siendo maestros de hermanos más jóvenes, incluso en su familia, y ahora no solo son inútiles hacia los demás, sino que ni siquiera pueden entender muchas cosas.

2.- Abandono del dogmatismo y sectarismo fanático. Debe quedar claro desde un principio que nada de lo que podamos deducir ó entender será una cuestión dogmática, fuera de los contenidos esenciales de la salvación por gracia mediante la fe, porque esa es la piedra angular de la revelación, de la salvación y de la obra redentora realizada por nuestro Señor Jesucristo. El nuestro es un estudio cristiano por el cual tenemos que asumir aquellos presupuestos que son inherentes a la fe, como la existencia de Dios, el pecado del hombre, su condición perdida, la vida eterna, etc.

Exceptuando ese tipo de cuestiones básicas, cuyo desarrollo no es el motivo de nuestro estudio, ninguna de nuestras deducciones tendrá la pretensión de que sea la visión que deba ser aceptada por todos los cristianos, pues por muy allá que llegásemos y por muy acertadas que fuesen nuestras conclusiones, siempre hay cabida para ser mejoradas.

Este es el problema de publicar un libro con las conclusiones de un estudio, que en muchas ocasiones, con el paso del tiempo y si nuestra capacidad de conocimiento no ha disminuido, al leer nuestros propios trabajos descubrimos una incómoda sensación de incapacidad. Probablemente nuestra opinión sobre ciertas cosas haya cambiado mientras nuestros libros estén todavía en las estanterías de venta de las librerías. Probablemente nos parecerá insolente algún énfasis que habíamos hechos y del que no estamos tan seguros… O descubrimos que algo ha quedado débil y ahora vemos con mucha más claridad…

De lo único que puedo afirmar con respecto a este trabajo mío ó a otros artículos anteriores es que era honesto en las exposiciones que hice en el momento en que las hice. Es por esto que nada de lo que escriba ó predique, al menos yo, tiene cualquier pretensión que va más allá que la de ser de ayuda y bendición. Incluso, presentar un punto de reflexión ó meditación para contrastar junto con otros para que el lector se forme una propia opinión tomando información de un lado y de otro.

El paso del tiempo es un enemigo cruel para los dogmáticos y sectarios. Por ejemplo, muchas de las doctrinas de la secta exclusivista de los Testigos de Jehová, presentadas como la revelación del esclavo fiel y discreto, que así se llaman a si mismos los mandamases de turno, fueron escritas por personas que ya ni pertenecen a esa organización, ni siquiera las creen, sino que años más tarde las han rebatido en libros y artículos.

Por estas razones es necesario cultivar un talante tolerante y no dogmático, respetando los argumentos de personas que tienen otros puntos de vista en todas las materias opinables. Pero sobre todo es importante discernir cuales son doctrinas básicas y cuales son creencias y opiniones sobre cuestiones no elementales.

Lo único exigible a los que enseñan es que lo hagan con sana conciencia delante de Dios, aunque esa sana conciencia les enfrente con los hombres, los grupos ó las denominaciones. Que persuadidos de aquello que dicen, son consecuentes con sus afirmaciones y al mismo tiempo enseñen y reconozcan sus limitaciones. El hecho de que una persona haya predicado ó enseñado hace tiempo ciertas cosas y ahora enseñe otras diferentes son la lógica consecuencia de quien no ha dejado de crecer ni de estudiar. Las personas sanas, maduran, suman experiencias, estudio, reflexión y sus conceptos cambian en ocasiones, siendo entonces la consecuencia lógica de su integridad que ahora expliquen y enseñen las cosas con su perspectiva actual

3.- Nunca sabremos lo suficiente. 1ª Cor. 8:2 “Y si alguno se imagina que sabe algo, aun no sabe nada como debe saberse”. Vaya reto con este versículo. Una cura de humildad para los que pretenden que lo saben todo. Esta verdad la habíamos comprobado ya todos los que estudiamos con un cierto rigor las Escrituras. Hemos descubierto que son una fuente inagotable de conocimiento, sabiduría y poder. Y aunque el conocimiento pleno no se alcance nunca, también hemos entendido que con la aportación progresiva del estudio de muchos hermanos, hoy ya sabemos más y mejor de cosas mejor que nuestros antepasados. Si alguno se imagina que de cualquier tema ya lo sabe todo, es seguro que si se pone a reestudiarlo bajo las condiciones que antes hablábamos, con tiempo, meditación y voluntad de ser de bendición, va a descubrir nuevas enseñanzas que jamás hubiera imaginado.

4.- Un propósito sano para un estudio provechoso. Estudiar por estudiar es tan inútil como sembrar por el mero hecho de sembrar y desentenderse de la cosecha. Hay muchos propósitos por los que la gente actualmente estudia la Biblia y algunos de ellos son insanos. Algunos la estudian con la intención de desacreditarla ó de negar a Dios. Otros por curiosidad intelectual ó para convertirse en eruditos, satisfaciendo su ego. Algunos lo hacen para destacar ó medrar en su círculo, congregación ó iglesia. Otros para buscar una justificación a conductas injustificables. Pero el único propósito por el que el Espíritu Santo, que todo lo escudriña (1ª Cor. 2:10), puede ayudarnos es cuando la meta propuesta sea producir la bendición propia, creciendo en madurez, para servir a la iglesia y a la causa del evangelio.

No se trata de buscar conocimiento, sino llegar a ser de bendición a través del conocimiento. El Salmo 1 habla de la dicha que alcanza aquella persona que medita en Su ley día y noche, porque será como un árbol plantado junto a corrientes de agua, que da su fruto a su tiempo y su hoja no cae, y todo lo que hace prosperará. El fruto a su tiempo del que carecían aquellos a los que se refería el texto de Hebreos 5:12-14. Cuando llegó el tiempo de ser maestros, no solo de ser maduros consigo mismo, sino que ya podrían estar discipulando a otros y siendo de utilidad, resultaba que ni daban fruto hacia los demás, y seguían siendo como niños dependientes. Pero todo aquel que se prepara con ansia, cuando llega la necesidad tiene la capacitación, el texto, la exhortación ó la enseñanza adecuada con la que ayudarse a si mismo ó ser de ayuda para los demás. Y prosperará, y las cosas irán bien porque sus consejos serán correctos, y sus actos producto de la sabiduría.

Pablo dice en 2ª Tim. 3:16 que las Escrituras han sido inspiradas por Dios con el propósito de ser un instrumento útil en el camino de la salvación y equipar adecuadamente al creyente. Por medio de ellas complementamos nuestra capacitación. No es lo único de nuestra relación con Dios y sus asuntos, porque también debemos cultivar la adoración, la alabanza, la oración, el testimonio, la virtud y la evangelización, pero sin ellas la vida como creyentes ni va a ser sana, ni estaremos preparados para desempeñar las obras y los proyectos que Dios tenga planeados nuestra vida.


- Admitir la posibilidad de equivocarse. Es importante asumir que en nuestro estudio habrá cosas en las que estaremos más ó menos acertados y otras en las que posiblemente estaremos desacertados. Esto no nos conduce al desaliento porque tenemos otra certeza fundamental, y es que nada de lo que nosotros pensemos, enseñemos, opinemos ó expongamos va a cambiar lo que Dios tiene determinado hacer. Tampoco cambiará lo que Dios ya ha hecho, lo entendamos ó no nosotros. Todo cuanto Dios ha predeterminado y diseñado, lo hará perfecto y bien, aunque nosotros lo entendamos o lo interpretemos mal. Esto es una tranquilidad puesto que tanto lo que Dios es como Ser así como Sus obras no están afectadas por nuestras ignorancias ni equivocaciones.

6.- En la discrepancia buscar el mismo sentimiento. Es legítimo y enriquecedor pensar sobre muchas cosas en formas diferentes, pero es fundamental sentir lo mismo. Saber que todos los que aman a Dios y han sido rescatados por la sangre de Jesucristo están orientados en la misma dirección. Todos construyen en la misma trayectoria. Buscan lo mejor unos para los otros y para la obra del evangelio. Cuando estamos en la misma orientación, las opiniones diferentes otorgan perspectivas más amplias, cubren diferentes posibilidades y campos. Es fantástico. Cuando verdaderamente no hay el mismo sentimiento, sino envidias, celos, rencores, pasiones egocéntricas, es cuando la discrepancia produce sectas, contiendas y divisiones. Obviamente me estoy refiriendo a la divergencia en cuestiones que no son la esencia del evangelio y de la obra de Jesucristo en la cruz, como veremos a lo largo del estudio cuando tratemos la cuestión del legalismo y la postura y enseñanza de Pablo a las iglesias.

7.- Asumir que hay cosas difíciles de entender. La variedad en la interpretación de muchos pasajes no solo es legítima, sino también la consecuencia lógica de la complejidad de algunos de los asuntos que estamos tratando. Pedro dice en 2ª Ped. 3:16 que en las epístolas de Pablo, y vamos a estudiar una de ellas, hay cosas difíciles de entender. Y aunque parezca de Perogrullo, si son difíciles, no son fáciles, por lo tanto alcanzar un acuerdo en todo no será fácil, ni siquiera posible. Muchas cosas no las podremos entender ni a la primera, ni a la vigésima lectura. Se requieren constancia en la meditación e inteligencia en el análisis y además la ayuda del Espíritu Santo, que nos ayudará, pero no nos sustituirá en el papel que nos corresponde a nosotros, que es el de escudriñar y reflexionar. Son las conclusiones ignorantes y precipitadas de indoctos e inconstantes las que tuercen muchos aspectos del entendimiento de la vida cristiana, acarreando daño para si mismos y para las iglesias.

8.- Respeto para las Escrituras ocultas. Hay cosas en las Escrituras que están “selladas”, ocultas (Dan. 12:4 y 9). Si sobre algún tema se han escrito toneladas de tonterías, han sido sobre las cuestiones escatológicas: Profecías y milenarismo. Casi todo lo que se ha escrito sobre el fin del mundo y los cumplimientos proféticos de muchos pasajes ha sido un desastre, porque no solo han trabajado sobre temas oscuros, sino que están sellados por voluntad divina. Pero el mayor problema de todas estas especulaciones no es que hayan concluido en un rotundo fracaso, sino que han acarreado incontable daño a muchos creyentes.

Muchos osados “maestros” han afirmado, calculado y deducido enormes disparates. Algunos se han obsesionado con estos asuntos y soñado con ellos de tal manera que han asumido la pretensión de que sus elucubraciones se las había revelado Dios sueños ó visiones, mostrándoles cuando y como serían estas cosas. Este es el motivo por el que el fin apocalíptico fue anunciado ya en tantas ocasiones por sectas y grupos conformados por legiones de ignorantes y liderados por iluminados maestros y profetas.

En el siglo II, los montanistas ya profetizaron y esperaban el fin del mundo y el descenso de la Nueva Jerusalén en Pepuza (Asia Menor). Y en el siglo III, Hipólito narra que el obispo de una iglesia siria profetizó el fin para una fecha que se cumpliría un año después de que este obispo afirmase haber tenido una revelación profética, que obviamente resultó falsa, pero que sumió en la desgracia a muchos de los fieles de su iglesia porque dejaron de trabajar y se retiraron al desierto para encontrarse con Cristo, lo cual no sucedió. Sin embargo el mismo Hipólito no resistió a la tentación de hacer su propio cálculo milenarista según el cual, el reino milenial de Cristo se establecería en la tierra en torno al año 500 (Seis mil años después de Adán que Hipólito calculó que había sido creado en el año 5500 a C.). El caso más sonado de los últimos siglos fue el gran chasco de Guillermo Miller que lo había profetizado para 1843 y 1844, consiguiendo que más de 100.000 personas en los EEUU se creyesen su fantasía, saliesen de sus iglesias y le siguiesen en su error. Cuando llegó la fecha pronosticada, muchas de ellas, se vistieron de ropas blancas para esperar la llegada de Jesucristo. Luego el honor del error le correspondió a los Testigos de Jehová que profetizaron diversas fechas, siendo la ultima la de 1975, engañando a sus fieles desde 10 años antes con que Cristo vendría en ese año, empleando una versión actualizada de la antigua teoría de Hipólito. Y en el campo de las iglesias tradicionales de nuestro suelo patrio, aun recuerdo una carta de 1999 de un presunto profeta radicado en Asturias advirtiéndonos a las iglesias evangélicas de España de que el fin llegaría en el año 2000.

Al estudiar la Biblia hay que respetar las reglas, y si estas palabras están selladas, aceptarlo. Jesús dijo a sus discípulos cuando le preguntaron sobre la cuestión: No os toca a vosotros saber los tiempos (Hch. 1:7), pero si no obedecemos y nos dedicamos a especular sobre algo que no nos toca a nosotros saber, solo podemos resultar errados.

9.- La lectura profética y algunas claves para su comprensión. Una de las equivocaciones más frecuentes es la de introducirse en la profecía sin comprender que este tipo de revelación está sujeta a unas condiciones especiales. Así muchos ignoran que la revelación profética no tiene por objeto dar a conocer de forma clara para el lector cuantas cosas van a suceder en el futuro y divulgarlas anticipadamente con todos sus detalles. Cuando uno afirma algo como esto se da cuenta de la cara de asombro y desconcierto de muchos de sus oyentes y lectores. Pero sin embargo es cierto.

Dios, ha hablado muchas veces y de muchas maneras en el pasado a nuestros antepasados por los profetas, (Heb. 1:1). Unas fueron más claras, otras fueron bastante oscurecidas en su momento. En muchas ocasiones la profecía corresponde a un lenguaje de “tipos” (La Pascua, el Tabernáculo, el Maná, la serpiente del desierto, Moisés, la esclavitud en Egipto, David, Ciro, etc.). Pero en otras la revelación celestial estaba oculta dentro de un relato histórico, al que solo mucho tiempo más tarde se le ha entender su proyección profética futura.

La mayoría de las profecías bíblicas pertenecen a esta forma. Aunque esta cuestión es muy extensa intentaré ser conciso con un ejemplo. Muchas veces perdemos la perspectiva de que nos encontramos en medio de un conflicto cuyas dimensiones nos sobrepasan. Dios tiene un plan inteligente y coherente, como lo son todas sus obras y actos, que está desplegando con vistas a un desenlace de enormes dimensiones eternas. Pero a su vez también tiene un adversario fuerte que se le opone. Aunque gran parte de esta lucha es invisible para nosotros, tiene efectos y consecuencias visibles que a nuestra realidad material y a nosotros mismos, porque Dios está trabajando y actuando con la perspectiva de que ese adversario no frustre sus proyectos, y además aprovecha sus movimientos para cumplir con Su plan previamente trazado.

Paralelamente a esto, Dios se ha propuesto rescatar a un pueblo para el que tiene reservados tales proyectos. En el cumplimiento de ese programa, Dios ha hablado informando de la salvación que ha preparado, de cómo se llevaría a cabo la redención y de muchas otras cosas que sucederán. Esta revelación contenida en las Sagradas Escrituras esta orientada informar y tranquilizar a “los suyos” que viven en el área del conflicto. Algo parecido a lo que un país en guerra hace para comunicarse y transmitir información a sus agentes y fuerzas que están en medio de la nación enemiga, para animarles ó instarles a que resistan, ó para que actúen, etc. Este tipo de información estratégica desde siempre se envía protegida y a menudo codificada y oculta en medio de otra mucha información, reconociendo que puede ser vista por el enemigo, pero evitando que este la entienda, y la frustre. En el caso de la revelación de Dios, también está expuesta a la lectura y el escrutinio tanto de los suyos como de su adversario. La prueba de que Satanás conoce perfectamente el texto bíblico la tenemos en la forma en que tentó a Jesús, mencionando las Escrituras. Así que Dios trató en su forma de revelación que aquellos que confían en Él, pudiesen encontrar las verdades proféticas destinadas a ellos y discriminarlos del conjunto del texto. Entiendo que esto para escépticos y ateos es algo complicado de entender, pero estamos tratando asuntos que tienen que tienen una dimensión trascendente, y entran claramente en el campo de la fe. Pero no quiero que el lector piense que estas consideraciones que estoy escribiendo son algo de mi invención, sino lo que ya lo escribió Pablo, el apóstol, en su epístola a los Corintios, llamándolo “sabiduría ocultada”, (1ªCor. 2:7). No se trata de que sea ocultada, dentro de un concepto gnóstico, para unos pocos iniciados, sino destinado para los que son de la fe. Los que creen, como consecuencia de esa fe, encuentran no solo las evidencias subjetivas y objetivas de la propia fe en su vida, sino que en la meditación y aplicación de las Escrituras Sagradas, descubren a su debido tiempo significados que nunca antes habían comprendido.

Una parte importante de toda esa revelación fue profética cuando se redactó, y se encuentra salpicada aquí y allá, en forma velada, como cifrada, no para que el receptor aventure ó dogmatice divagando sobre acontecimientos futuros sino para que los que creen reconozcan en los hechos, “a medida que se cumplen”, los diversos estadios del programa y la mano de Dios desarrollando ese complejo plan estratégico. Por tanto Dios ha otorgado esa revelación fragmentada, como con las piezas de un puzzle, con el propósito de que su pueblo adquiera post-eventum, la confirmación de que tales acontecimientos estaban previamente anunciados, y de esta forma fortalecer su fe. Si Dios hubiese entregado un informe conciso y claro de todas y cada una de las iniciativas que tenía determinado realizar, en un lenguaje comprensible para cualquier lector, no cabe duda de que muchas partes del mismo serían saboteadas. Pablo menciona en dos ocasiones como ejemplo de esta estrategia el caso de la muerte de Jesucristo, una en Hechos 13:27-29 y también en 1Cor. 2:8, y dice que, ninguno de los príncipes y eminentes de este mundo, pese a leer los textos y conocerlos perfectamente logró alcanzar a comprender claramente lo que estaba sucediendo, porque si lo hubiesen entendido entonces nunca habrían crucificado al Cristo, (no por bondad, sino para hacer fracasar el plan de Dios) pero así, actuando en su ignorancia, al condenarlo, cumplieron lo preestablecido, y no pudieron evitar que el plan de la salvación se consumase.

El apóstol Pedro afirma sobre esta cuestión que Jesús fue entregado a la muerte y crucificado siguiendo los pasos de un plan prediseñado y conocido anticipadamente por Dios (Hch. 2:22,23), en cuyo cumplimiento participaron sin saberlo, pero a la vez actuando en la libertad de sus propias decisiones confabulándose impíamente aquellos judíos contemporáneos de Jesús. Sin embargo, después de que todo sucediese, se puede entender y encontrar que todo estaba profetizado y descrito hasta en sus últimos detalles, y eruditos bíblicos han logrado encontrar en el Antiguo Testamento hasta 300 profecías cumplidas en el nacimiento, vida y ministerio de Jesucristo.

Bajo esta forma de revelación, los autores del texto bíblico, en muchas ocasiones no tenían conciencia del alcance de la información que estaban proporcionando y sin duda actuaban convencidos de que pertenecían exclusivamente a su contexto histórico. En ocasiones, como en el caso de la consulta de Herodes sobre el nacimiento del Mesías, algunos de los más eruditos rabinos podían haber encontrado alguna información, como que nacería en Belén de Judea (Mat. 2:4-6), pero sin embargo no pudieron entender pasajes que nos parecen tan evidentes como Isaías 53 ó el Salmo 22, para atribuirlos a la vida del Mesías, y no lo pueden entender aún hoy en día porque tienen el velo de Moisés, como hemos mencionado en nuestra cita inicial de 2ª Cor. 3:14-15.

Abundando sobre la cuestión, Pedro en su primera epístola dice que aquello que les fue revelado, no era para si mismos, para los propios escritores de los textos, sino para nosotros. Que aquellos estaban administrando sin saberlo cosas que ahora forman parte del mensaje del Evangelio (1ª Pe. 1:12). También podemos un ejemplo de esta estrategia en los tiempos actuales de guerra, cuando mucha de la información estratégica y consignas circulan a través de medios públicos de comunicación. También se ha escrito mucho sobre esto relacionado con ejemplos de la pasada guerra mundial, ó de la guerra fría, en que los locutores de radio que transmitían emisiones con consignas ignoraban el texto que se encontraba oculto en las mismas. Los destinatarios de la información eran quienes después de procesarla, la escudriñaban y encontraban los contenidos de los mensajes. De la misma manera también nosotros nos gozamos al ver cumplidas en Cristo no solo las profecías que le señalan, sino también las expectativas de nuestra fe y la seguridad de que de la misma forma que aquellas se cumplieron, también se cumplirán las que esperamos.

Cuando Jesús llama e instruye a sus discípulos, les manifiesta quien es y que viene a realizar a través de obras providenciales, milagros y un original mensaje de buenas nuevas: el evangelio del reino. Pero cuando se cumplen sus tres años de ministerio todavía aquellos hombres no tenían una clara constancia de lo que Jesucristo representaba en el contexto de las profecías del Antiguo Testamento. Aunque llegaron a aceptar que era el Mesías de Dios, desconocían casi todas las claves de su ministerio porque Jesús tampoco se las podía explicar con claridad hasta que fuesen consumadas. Realmente no lo hizo hasta el final (Jn. 16:25-29), cuando ya nada podía ser cambiado.

Durante su ministerio anterior Jesús decía a los judíos: Escudriñad las Escrituras… porque ellas dan testimonio de mí (Jn. 5:39). No decía leed, sino buscad, escrutad, investigad, pero en esta ocasión no les decía mirad aquí, ó mirad allí, y ved esto ó aquello. No les podía desvelar aún las claves de la interpretación profética. Pero después consumar su sacrificio y resucitar, Jesús ya pudo explicarles detalladamente todo el contenido profético consumado en él. Y la primera lección magistral de profecía fue dada a aquellos discípulos que iban camino de Emaús, explicándoles claramente, ahora si, todo lo que había sido cumplido. ¿No era necesario que el Cristo padeciera estas cosas? Y comenzando desde Moisés… les interpretó (diermeneusen autois) lo que las Escrituras decían de él, Es necesario que se cumpliesen todas las cosas que están escritas de mí en la ley de Moisés, en los profetas y en los salmos, Luc. 24:44. Jesús ahora les muestra como y donde encontrar aquellos textos que sin duda conocían, y que se referían a él, aunque estuvieran escondidos en historias pasadas, y a ellos les ardía el corazón al ver como todo aquello era el cumplimiento exacto de la revelación de Dios.

Pero hay en las Escrituras una gran cantidad de información sobre acontecimientos futuros, algunos pasajes parecen bastante comprensibles, otros son ciertamente más obscuros, pero las claves del desarrollo de la historia que concluirán en determinadas situaciones están obvia y deliberadamente ocultados, así como sus tiempos. Por ese motivo no debemos especular ni jugar con los acontecimientos futuros. Sabemos que el Señor vendrá y que cuando lo haga será por sorpresa. El mundo, sin que se de cuenta, se encontrará en el marco de los acontecimientos prediseñados y se cumplirá toda la revelación profética contenida en las Escrituras. Y, cuando eso suceda se podrá ver con claridad que hasta los más mínimos detalles estaban realmente revelados y escritos, pero mientras tanto que esto sucede, el deseo del conocimiento se tiene que sujetar a la obediencia a Dios, depositando nuestra fe en Él.




 


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