La Vida Fuera de los Templos

Este es el libro que todos los que, por orden del Señor y no por rencillas humanas, han abandonado las babilonias religiosas, estaban esperando. Te traerá confirmación, paz, tranquilidad, certeza y gozo por tu obediencia, además de aportarte el potencial que necesitas para ser más que vencedor.

 

A pesar de haber asegurado en “Ya Salí de Babilonia; ¿Y Ahora?”, que no volvería a escribir otro libro, mi Señor dispuso otra cosa. Por eso…

 

El Ministerio de Enseñanza Bíblica

TIEMPO DE VICTORIA

Presenta:

La Vida Fuera de los Templos

 

Autor: Espíritu Santo

 

Colaboradores: Muchos Instrumentos Humanos Utilizados por el Autor

 

Escrito Por: Néstor Martínez – Rosario – República Argentina

                          (Uno de Esos instrumentos)

 

Prólogo

 

Dicen los sabios que existe grandeza en reconocer nuestros errores. Muy bien; hagamos lo que enseñan los sabios.

Cuando publiqué Ya Salí de Babilonia; ¿Y Ahora? dije que era el complemento del primer libro, y que no habría un tercero.

Error. Perdón: hay un tercero.

Eso me sucede por hacer lo que me pareció a mí en lugar de aguardar lo que Dios me ordenara que hiciera.

Porque es mucha, - Demasiada -, la gente que está huyendo de las distintas Babilonias falsas e imitadoras burdas de la iglesia del Señor.

Y en todos los casos experimentan cosas, vivencias, detalles o episodios que a uno ya le tocó vivir por ser de los pioneros.

Cuando comienza para un hijo de Dios La Vida Fuera de los Templos, hay una serie de sentimientos que aparecen y merecen ser comentados.

Aquí los vas a encontrar, sino a todos, al menos a una gran mayoría de ellos. Al resto, los puedes añadir tú si lo deseas.

La nueva Libertad, la Culpa, la Añoranza de los Ritos, Costumbres y Tradiciones evangélicas, así como las dudas con la Alabanza, el Bautismo, el Diezmo y la Santa Cena son algunos de los pormenores que hallarás en este trabajo.

¿Experiencia personal? Sí. ¿Conocimiento Espiritual? Si. ¿Revelación? Sí. ¿No es demasiado todo esto para un hombre?

Perdón: a esto no lo hizo un hombre, lo hizo el Espíritu Santo.

Si lo hubiera hecho un hombre, no valdría la pena ni siquiera leer este prólogo…

A Modo de Introducción…

Cuando promediaba el año 2004, sentí la viva necesidad interior de escribir algo con formato de libro. Inmediatamente, tuve la certeza que la idea no era mía y que había alguien que yo conocía bien (Aunque no tan bien, aún, como debía conocerlo), que me lo estaba demandando.

Porque los que enseñan que Dios, mediante la voz y la presencia de su Espíritu Santo en tu vida, te sugiere cosas, creo que dan del evangelio una óptica demasiado permisiva, sin compromisos ni responsabilidades. Que quede claro: Dios no es un Dios de “sugerencias”.

Y como es de Dios, nada menos, de quien estamos hablando, dudo mucho que exista alguien capaz de suponer que Él es altamente permisivo, sin afecto por el compromiso o irresponsable. Si alguien cree eso, no estamos hablando de nuestro Dios, sino de algún otro de los miles de dioses falsos que pululan por allí.

El Espíritu Santo, con suma gentileza, paz y profundo respeto por tu libre albedrío, es cierto, jamás va a sugerirte algo como si te dijera: “Hijo… ¿Qué te parecería dejar de lado por un tiempito esas reuniones de la iglesia que no arreglan nada y dedicarte a predicar mi Palabra tal cual yo la escribí en mi Biblia?”

El Espíritu Santo, ya sea con voz audible, ya sea como un pensamiento muy fuerte, ya sea en forma de sueño, visión o sencillamente idea fija, habrá de manifestarte lo mismo de este ejemplo ficticio diciéndote más o menos así: “Predica mi Palabra sin contaminarla y deja ya esas actividades inútiles.” Porque Dios nunca sugiere; Dios ordena, demanda.

Es una demanda. Una demanda que, obviamente, no pasa ni pasará jamás por encima de tu voluntad personal ni de tus decisiones finales. Dios no manipula almas para conseguir sus fines. Dios busca hijos fieles y obedientes que hagan lo que deben hacer.

Pero lo que Dios dice, generalmente tiene muy pocas probabilidades de ser refutado, soslayado, ignorado o pasado por alto. Cuando Dios habla, a ti te queda la opción de la bifurcación: O te vas para la derecha, o te vas para la izquierda; por el centro no hay camino.

Entonces, ante esa voz que es firme, pero de ninguna manera imperativa (Esos suelen ser “otros” espíritus parlantes), tú no puedes hacerte el distraído o el que oye llover sobre el techo de chapas de cinc de tu cabaña en la costa del mar. Obedeces lo que tienes muy claro como mandato, o no lo obedeces.

Si obedeces, el palillo del ángulo superior de la “Y” griega que es tu vida se transformará, una vez más, en la pata. Y todo volverá a comenzar. ¿Voy para la izquierda? ¿Voy para la derecha? ¿Hago lo que me dice el Espíritu Santo? ¿Hago lo que agrada a los hombres?

No hay salida ni final para esta disyuntiva. Digamos que es parte de esa batalla que Pablo nos invita a pelear de la mejor manera. La otra parte es tu carne, ya lo sabes. Tu alma que demanda todo lo que Dios dice que debes sujetar al espíritu, sitio donde mora SU Espíritu.

Habla, que Tu Siervo Oye…

Entonces, si el Señor te dice que escribas un libro, tú que jamás has escrito uno, pero que tienes las condiciones naturales aptas para hacerlo, (Dios jamás le demandaría a alguien que cante para Su gloria si antes no le ha dado una buena voz), sabes que estás en la pata de esa “Y” griega: a la derecha, obedeces; a la izquierda desobedeces.

Si haces lo primero, no vas a ser premiado con millones de dólares, con fama, prestigio ni nada de eso que tanto endulza la vida de los hombres. Sólo será un factor para que pases a una nueva pantalla de este complicado juego, mientras un pequeño letrero en esa pantalla, te dice que has superado con éxito la anterior. Tú ya sabes que la que viene ahora es más difícil.

Si desobedeces, no vas a ser inmediatamente achicharrado por un tremendo rayo que te partirá la cabeza en cinco pedazos y consumirá a cenizas tu cuerpo en una milésima de segundo. Sólo vas a abrir una pequeña brecha más entre tú y tu Señor, y eso le imposibilitará a Él poder bendecirte con todas esas cosas que Él sabe muy bien que tú necesitas o anhelas.

Entonces, mi decisión no fue ni valiente, ni digna de un tremendo hombre de Dios ni nada por el estilo. Simplemente obedecí porque, en primer término, tengo la capacidad natural de poder escribir con cierta coherencia sobre todo aquello de lo cual tengo conocimiento o información. Me he ganado el sustento diario una gran parte de mi vida con ello.

Y en segundo término, no me causaba ninguna gracia quedarme más rezagado aún de lo que cada uno de nosotros sabe que está en esta ruta de vida de fe, por causa de no experimentar en mi vida ese respaldo de Dios con el que todo lo que haces es mucho más fácil. Por tanto, decidí que, efectivamente, debía escribir ese libro que Dios me ordenaba escribir.

Secularmente había escrito mucho, porque durante varios años trabajé como periodista gráfico. Primero en un diario, luego en una revista de alta circulación y, finalmente, en un semanario propio. Así que escribir como arte profesional, no era un obstáculo. El problema era QUE escribir.

¿Cuánto saben que Dios jamás te da un plan de acción completo, con cada punto pensado y armado puntillosamente sin que tú tengas que preocuparte por nada porque todo sucede de modo previsto, automático y continuado? No. Dios te da una directiva y luego tú deberás arreglártelas para cumplirla.

Él va a respaldarte, pero eso será si tú no equivocas el modo. Porque me pasé algunos meses haciendo lo que estaba acostumbrado profesionalmente a hacer, esto es: preparando una guía, una hoja de ruta, una serie de puntos sobre los cuales podría luego escribir más extenso. ¿Sabes que? No pude ni siquiera comenzar con dos líneas.

Oré, reprendí al diablo y a todos los demonios conocidos y desconocidos. Me creía lo que muchos cristianos se creen de sus problemas: que el diablo me estaba atacando y no me dejaba hacer lo que Dios me ordenaba hacer. No era así. Era yo que no lo estaba haciendo a la manera de Dios sino a la mía. Y así no funciona esto.

Una mañana me levanté con una idea fija y clara: comenzar. ¿Comenzar que cosa? Ni la menor idea. Pero si Dios era quien yo estaba convencido que era, yo debía dar un paso en alguna dirección y Él me llevaría en los restantes. Así fue con Abraham.  Eso se llama confianza. Para mí, una sensación, hasta allí, poco menos que desconocida. Sólo la había experimentado dos o tres veces con Él.

Porque cuando Abraham salió de Ur de Caldea, algunos amigos lo vieron pasar y le preguntaron: ¿Adonde vas, Abraham? – y él les respondió con total seguridad: ¡A la tierra prometida! - ¿Ah, sí? Dijeron sus amigos; ¿Y adonde queda esa tierra? _ Sin mirarlos Abraham respondió: ¡Ah, a eso no lo sé! ¡Yo sólo sé que tengo que ir hacia allá…!

Partiendo desde esa base tan singular, no me quedaba otro recurso que el más clásico en estos casos: dejar de lado mi supuesta y pretendida sabiduría personal y humana y, sin cuestionar nada, entregarme en los brazos cálidos del Espíritu Santo murmurando algo así como: Habla Señor, que tu siervo oye… ¿Original, no?

Cátedras de Creatividad

El Espíritu Santo fue un maestro realmente excelente. Primero me llevó a escribir lo de fondo, lo que verdaderamente interesaba mostrar a quien quisiera leerlo: la falsedad y la mentira que poco a poco se había adueñado de un terreno que otrora le pertenecía solamente a mi Señor: su iglesia.

Luego, casi sin pensarlo y en contra de mis propios gustos personales, me encontré hablando de cosas de mi propia vida adentro de lo que fuera mi última congregación. Escribía y escribía a la máxima velocidad (Soy muy rápido en el teclado pese a tener mis buenos años de edad), y me sorprendía yo mismo de lo que iba saliendo en la pantalla de mi monitor.

¿A quien le podría importar o interesar las venturas o desventuras de un individuo (En realidad, en lugar de “individuo”, yo escribí tipo, que es como en Argentina llamamos a las personas sin rango)  que no había revolucionado ningún país, que no había llevado a la conversión a miles, que no había sanado enfermos ni liberado endemoniados? Cierto: ¿Por qué debería escribir de esto que, a mi juicio humano y profesional, no podía concitar el interés de nadie?

Claro: yo soy periodista y, si quieres exagerar un poco, también escritor. Conozco este oficio de las letras, los artículos, las sintaxis y las formas de captar la atención de las personas en su lectura. Pero Dios es Dios y sabe de todo lo que yo suponía saber, mucho, pero inmensamente mucho más que yo. Lo aprendí sobre la marcha, simplemente mirando en mi pantalla sin poderlo creer lo que yo mismo estaba escribiendo. Toda una cátedra de creatividad a cargo de mi amoroso Padre celestial…

¿Un libro testimonial? ¿Y a quien puede importarle, Padre mío, el testimonio de alguien que como yo, no ha hecho nada de valor para ti? Un día creo que Dios se cansó de mi falsa modestia. Fue muy claro: Tú has salido de Babilonia. Otros están saliendo. Tendrán que saber lo que les espera. Y debes decírselo tú simplemente porque lo viviste antes, no porque seas mejor que ellos.

Recién allí mi estructurado cerebro atinó a darle gloria a Dios por su creación. Recordé que había comenzado la página Web con una certeza absoluta de no procurar captar millones de visitantes, sino de orar para que ingresaran y la aprovecharan todos aquellos a quienes el Espíritu Santo les había abierto sus ojos espirituales.

Esa es mi única oración diaria al respecto. “Señor, que ingresen en la página todos aquellos que necesitan leer u oír lo que allí me has hecho escribir y hablar”. ¿Y sabes que? ¡¡Funcionó!! Podría mostrarte cientos de correos que lo confirman.

Y la Mosca Echó a Volar…

Este libro, entonces, debía escribirse y publicarse bajo las mismas perspectivas. Sin aspiraciones de bet sellers ni pretensiones de que fuera leído por millones. Este libro, al igual que todo el resto de mi trabajo ministerial, por años, iba a destinarse a aquellos que necesitaran de esas letras para poder confirmar sus todavía vacilantes decisiones de obediencia.

Entonces, casi un año después, y luego de ensamblar conforme a lo que tenía certeza de hacer toda esa mezcla,  subí a la Web Una Mosca en la Nariz. Te confieso que con bastante pudor, infinita vergüenza por estar retratado con bastante claridad allí, en esas páginas, por mí mismo, y con no menos desconfianza de su resultado, Dios me perdone mi incredulidad.

A los pocos días comencé a recibir correos respecto a él. ¡Asombroso! ¿Sabes que decían casi el noventa y cinco por ciento de ellos? ¡Que eso que yo había vivido y dejado por escrito allí, era una respuesta del Señor a sus oraciones angustiadas!

Gente que, también por dirección de Dios y no por rencillas humanas había abandonado Babilonia hacía más o menos tiempo, y que estaba pasando por el clásico y lógico período que yo llamo de “desintoxicación religiosa”, indudablemente necesitaba leer eso para poder sentirse en paz. ¡Que grande es mi Dios!

Allí cometí mi primer error. Minúsculo, tal vez, pero error al fin. Me sentí tan contento de ver la mano poderosa de Dios detrás de todo esto que yo suponía que era solamente una locura mía, que comencé a publicar en el Blog y otros lugares esos correos que recibía.

Cuando quise darme cuenta, ya estaba haciendo más de lo mismo que tantas y tantas veces había visto hacer en Babilonia: auto promocionar el libro para convencer a que lo leyeran aquellos que todavía dudaban en hacerlo, y también a auto promocionarme yo mismo como pionero y conductor de algo que jamás había sido llamado a hacer: liderar movimiento alguno. ¡Puaj!

La carne es débil. Me costó un buen tiempo, pero entendí al fin, que yo ya no estaba trabajando en el mundo secular, y que por lo tanto no necesitaba publicidad ni propaganda. Que tal como lo había hecho con el mismísimo ministerio terrenal de Jesús, sería Dios mismo quien añadiría a todos aquellos que debiera añadir a este grupo anónimo que conformamos los salidos de Babilonia.

Es difícil, no lo dudes. La sociedad de consumo en la cual vivimos nos llega a convencer muy sinceramente que, si no mueves tus piezas con inteligencia en promoción y captación de voluntades, jamás tendrás éxito en ninguna empresa que propongas.

Y quizás pueda ser así, nomás, en esa esfera mundana. Lo que sí te puedo asegurar hoy, algunos años más tarde, es que en el reino de Dios, su pueblo y su iglesia genuina, no es así en absoluto. Por supuesto, Babilonia no lo cree y adoptó las técnicas seculares. Allá ella, ya está cayendo…

Inscripto en los Registros

¿Y como sigue la historia? Como era de esperar. El único que no se había percatado de ello, era yo. Pensaba que ya había obedecido convenientemente. En los registros del cielo, el ángel encargado del área control de obediencias humanas, ya había anotado junto a mi nombre terrestre, (En el cielo tendremos otro, seguramente), dos palabras en letras azules: MANDATO OBEDECIDO.

¿Por qué en letras azules? Porque el azul es el color relacionado con esa parte de la atmósfera diaria a la cual nosotros denominamos cielo. Es más que obvio que el cielo de Dios es otra cosa, pero para trabajo de nuestra imaginación inmadura, ese cielo azul es más que suficiente por el momento.

Entonces, si yo había obedecido el mandato, en el mismo renglón donde se lee mi nombre terrenal, el que heredé de mis padres carnales, esa anotación tenía que estar en letras azules. ¿Y si no hubiera obedecido? No me preguntes la razón porque quizás ella sea mitológica, pagana o religiosa idólatra, pero no puedo evitar pensar que MANDATO DESOBEDECIDO, tendría que estar en rojo.

Pero el mío brillaba en azul y el asunto estaba concluido. Aún en contra de mis propias limitaciones espirituales (Las humanas no me obstruyeron), el libro ordenado ya estaba escrito y ahora sería tiempo de dedicarme a otra cosa.

Podría imaginarme a Dios mirándome con infinita paciencia, misericordia y bondad y preguntándome: ¿Y a ti quien te dijo que podrás dedicarte a hacer otra cosa? ¿No habíamos quedado en tu pacto de conversión y entrega que sólo harías mi voluntad?

Sí Señor, eso dije: que haría siempre tu voluntad. Ejem…Quizás quieras decirme ahora cual es esa tu nueva voluntad para conmigo… - Muy bien, hijo; ahora vamos aprendiendo. Dime: ¿Tú crees que con ese librito que has escrito alcanzará para ayudar a tus hermanos que salen de Babilonia según mi mandato?

Mira; ni siquiera simulé una representación actoral de hombre reflexionando sobre esa pregunta. ¡Si ya sabía perfectamente la respuesta! La supe desde el momento mismo en que ese primer libro se publicó en la Web. No alcanzaba, no. Yo ya sabía que eso no era sino el prólogo, la introducción, el patrón, el croquis de lo que realmente tendría que preparar: la continuación.

Sin Lugar para la Trivialidad

Ni siquiera me atreví a levantar la mirada hacia ese punto lejano en el cual suponemos que Dios se encuentra sentado en su trono majestuoso. No lo hice porque temí que Él se diera cuenta, por mi forma de mirar, que no sólo no estaba contento con este nuevo mandato, sino más bien fastidiado.

¡Es que yo quería hacer otras cosas en la página! ¡Quería jugar al periodista o al comunicador social con el Blog! ¡Quería intercomunicarme con mis lectores de distintos lugares del planeta y saber como eran esas tierras tan lejanas y desconocidas para mí, donde vivían!

Pero me olvidé que cuando pusimos, con mi sobrino Gustavo, en marcha la página, yo dije a manera de pacto silencioso que ella estaba al servicio del Reino de Dios y que de ninguna manera cometería la blasfemia de ponerla al servicio de los hombres, comenzando por mí mismo.

Así es que, una vez más, me senté frente a mi gastado teclado (Me resisto a comprarme uno nuevo porque ya le conozco hasta las diminutas marcas digitales a sus teclas) y allí descubrí algo que en muchas ocasiones había predicado y enseñado por radio.

Descubrí que aquello de que hacer la voluntad de Dios trae paz, refrigerio y enorme gozo a tu vida, no era un cuento de púlpito, sino una inexcusable verdad. Porque ni bien oprimí la tecla de la primera letra del nuevo trabajo, toda esa paz, ese refrigerio y ese gozo proclamado, vinieron a mi vida.

Así que ya podía tranquilamente levantar mi mirada hacia esas alturas donde uno presiente que habita nuestro Dios sin temor a que Él se molestara. Porque ya no tenía ni fastidio ni contrariedad con su nuevo mandato, sino la paz, el refrigerio y el gozo de poder estar haciendo otra vez su voluntad.

Y allí me introduje en un compendio muy denso, muy profundo, muy variado y muy aparentemente desordenado, confiando y creyendo que el Espíritu Santo iba a ir ordenándolo de un modo que luego, a cada hermano en Cristo que se atreviera a leerlo (Cosa que no es fácil porque es muy extenso y denso) no sólo le significara bendición, sino esencialmente confirmación.

Porque todos los hijos de Dios y me incluyo, cuando damos un paso bajo dirección divina, lo hacemos con total y absoluta certeza de lo que esperamos y convicción de lo que no vemos, pero eso no es obstáculo para que, si por allí alguna palabra nos lo confirma, nos podamos sentir mucho más tranquilos.

De más está decirte que Ya Salí de Babilonia; ¿Y Ahora?, cumplió en toda la medida con esas aspiraciones. Si el primer trabajo había logrado un punto de identificación entre mi testimonio y el de miles y miles de creyentes de todo el planeta de habla hispana, este llegaba para darle claridad a muchas de las dudas que, a la hora de moverse tras la nube, habían embargado a esos fieles hermanos.

Si te Ofendes, Estás Vivo…

Sin embargo, nobleza obliga, deberé confesarte que no todas fueron flores. También hubo dolorosas espinas. No fueron muchas, es verdad, pero sí las suficientes como para desgarrarte un poco esa parte de tu ser que se desgarra cuando los hermanos se muestran ofendidos.

Porque hubo hermanos en la fe a los que de ninguna manera considero falsos, ni mal intencionados, a los cuales muchas de las cosas que en ambos libros se dicen, les cayó como una verdadera bomba. Y a juzgar por los estragos, nuclear, te diría.

Uno de ellos me envió un correo tajante, ácido, contundente y lleno de esa clase de violencia y virulencia que solamente sabemos usar tan bien los evangélicos. Coscorrón violento pero con sonrisa bondadosa en los labios y la infaltable palabra “hermano” en el hablar.

Una de las cosas que ese hermano me decía en ese correo, era que al leer mi primer libro se sintió de la misma manera en que se había sentido cuando, aún siendo católico, los hermanos evangélicos le hablaban del verdadero evangelio y de los errores del suyo.

Me señalaba que en aquel momento había tomado la decisión de comenzar otra vez de cero, pero que ahora las cosas eran diferentes y no tenía por qué dejarse llevar por lo que había escrito, - Según él -, alguien lleno de resentimiento y rencor.

No me dejó ni el menor margen para explicarle que no guardaba resentimientos con nadie sencillamente porque no me había peleado ni disgustado con nadie y que el paso que había dado, tal como allí lo explicaba, había sido por dirección del Señor.

Pero claro; los cristianos sabemos muy bien que, dentro de la propia literatura cristiana, hay algunos pormenores que forman parte de ese discurso literario que se pretende disfrazar con el barniz de una cierta forma de evangelización.

Esto significa que: si en esos libros que no sólo son cristianos, sino que incluso son escritos por autores insospechados e irreprochables en nuestros ambientes, hay algunas pequeñas…exageraciones, o quizás podríamos llamarlas como nuestros amigos católicos…”mentirillas piadosas”, con la finalidad de llevar almas a Cristo (?), ¿Porqué me deberían creer a mí cuando digo que no me fui de la congregación por disgustos personales o peleas con el pastor, sino porque mi Señor me sacó al grito de: ¡¡Salid de ella, pueblo mío!!?

No obstante, aun con el dolor de perder amigos, gente con la cual tenía buena relación, por causa de lo allí escrito, me inundó una tremenda paz y una alta convicción nacida de las propias palabras ajenas.

Porque si este buen hermano me decía que esta vez no iba a comenzar desde cero porque no se justificaba (Tiene mucha actividad en su congregación), es porque “algo” le estaba diciendo por dentro (¿Sería muy místico suponer que fuera el Espíritu Santo?) que necesariamente tendría que volver a comenzar desde cero.

Ya lo dije: mi hermano en el Señor y ex amigo, de ninguna manera puede o debe ser considerado menos que yo en nada. Por tanto, si a mí me tocó salir de la mentira católica romana y luego de la más estilizada y sutil mentira evangélica estructural y en ambos casos comenzar de nuevo desde cero, ¿Por qué a otros no les ocurriría lo mismo? Porque ya lo dije: no son menos espirituales que yo. Pero omití decir algo…tampoco lo son más…¿Entiendes?

Listo. ¿Puedo Irme, Ahora?

Y ya está. Ahora sí que había cumplido. Incluso en el final del segundo libro, me permití dejar escrito algo que nació de MI mente. Y enfatizo eso de “MI” mente, porque ahora tendré que rectificar esos dichos y a mi ego no le gusta ni un milímetro.

Porque allí escribí que ese era mi último libro respecto al tema, que de aquí en más iba a dedicarme a escribir otras cosas para crecimiento y madurez del pueblo de Dios. – Debo confesarte que Dios volvió a mirarme con la misma compasión con que lo había hecho antes y ni siquiera necesitó decirme lo mismo que me había dicho antes: entendí como un relámpago que otra vez estaba haciendo MI voluntad y prescindiendo de la de Él a la que había pactado respetar, seguir y cumplir.

No obstante, como ya lo hiciera antes, el espíritu de la duda llamada Gedeón volvió a hacerme cosquillas en mi débil entendimiento y la figura abstracta de ese recurso mal intencionado que muchos cristianos tenemos la osadía de llamar “vellón” volvió a aparecer en escena.

Y dije: Señor: si tú quieres que yo siga escribiendo sobre este asunto, (Yo ya SABÍA PERFECTAMENTE que esa era la voluntad de Dios) te pido que me des una confirmación. Que de alguna parte me llegue algo que me confirme que debo realmente hacer eso.

Hermano amado. Amigo creyente imperfecto y para nada virtuoso como el suscripto: ¿Sabes como es el nombre adecuado a esta actitud mía? Una: comodidad. Que otro piense y decida mientras yo espero que me lo sirvan en la mesa. Aunque ese “otro”, sea nada menos que Dios. ¡¡Ay Señor!!

Pero Dios es fiel. Dios es paciente. Dios es misericordioso y nos conoce no desde que estábamos en el vientre de mamá. ¡¡Nos conoce desde antes de la fundación del mundo!! Desde el tiempo en que ni siquiera existían las madres en cuyos vientres viviríamos los primeros nueve meses de nuestras vidas.

Porque así es como lo veo y lo creo: ¿Cuándo es tu cumpleaños? ¿Hoy? ¡Felicidades! ¿Y cuantos años cumples? ¿Cuántos dices? Bien. A esos que me has dicho, por favor, agrégale nueve meses más. ¿O en el vientre de tu mamá estabas muerto? Te aseguro que si logras verlo así, el tema  del aborto, en tu convicción cristiana, ni siquiera dará para una charla-debate entre amigos.

¡Ay, no, hermano! Usted lo dice porque no le pasó… - ¿Qué no me pasó que cosa? Ser engañada o ser violada y quedar embarazada sin proponérselo. – es verdad, obviamente que no me pasó. Pero ¿Sabes que? Si entregas tu vida a Jesucristo y lo haces de verdad SEÑOR DE TU VIDA, ponle la firma y todos los sellos que quieras, que tampoco te pasará a ti.

No te olvides, antes de intentar comprender lo incomprensible, que el mundo busca y encuentra soluciones mundanas, incrédulas, seculares, impías y pecadoras para poder solucionar sus acciones incrédulas, seculares, impías y pecadoras. Pero un CREYENTE, es otra cosa. Y si no es otra cosa, es sólo un religioso y queda al nivel del mundano. ¿¿¿¿AMÉN????

¿Y Ahora Como Debo Continuar?

El vellón fue puesto una noche y a la mañana siguiente la nieve no lo había tocado. Diez correos con una pregunta. Fue nuevamente puesto la noche siguiente y la nieve cayó sólo sobre él. Otros diez correos más con la misma consulta: Pastor: salí de Babilonia…pero me siento mal por esto, esto y esto. ¿Qué hago?

¿Podría yo arrogarme la no delegada autoridad de decirle a alguien lo que tiene que hacer? No. ¿Cómo voy a hacer exactamente lo que me he cansado de decir que no debemos hacer jamás? ¿Y como puedo ayudar a ese hermano que sufre, entonces? Simple. Escribiendo un tercer libro. ¿Se te ofrece algo más, hijo Néstor? Firmado: Dios.

Conclusión: sí Señor, heme aquí. Otra vez el teclado, otra vez la pantalla del monitor en blanco, otra vez el programa de procesamiento de textos, otra vez configurar página, sangrías y seleccionar letras: ¿Arial once? Y sí, Arial once, si todos salieron en esa letra. Está buena y es legible. ¿Título? Se cae por su propio peso: La Vida Fuera de los Templos.

¿Y de qué hablaré en este? Si te lo digo aquí en pocas líneas, por allí tú que eres tanto o más cómodo que yo, ni te tomas el trabajo de leerlo. Y la cuestión aquí es que lo leas porque es el Espíritu Santo el que da letra, inspiración y revelación, no el autor. Lo vengo diciendo desde el primero.

Así que si lo lees, vas a enterarte de todo lo que el Espíritu Santo me regaló a mí para decir, pero que no te quepan dudas que irá añadiendo en TU mente, pormenores que en el libro no están pero que para ti serán revelados. ¿Por qué? Quizás porque los necesitas tú y no otros.

Lo único que puedo adelantarte, es que procuraré no dejar ninguna de tus dudas, de tus frustraciones, de tus angustias ni de tus sentimientos de estos tiempos fuera de los templos, de estos tiempos de domingos sin bancos, coritos, púlpitos y ofrenda.

Si ahora me preguntas si creo que lo lograré, lo único que me sale es una frase usada por todos los seres humanos de esta parte del mundo: “Si Dios quiere…” Pero nunca más certera y puntual que en este caso. A veces, las frases muy hechas, se vuelven muy reales.

Te invito a acompañarme. Si te sirve de algo el aliciente, te aseguro que este es mucho menos denso que el segundo. Allí debí ir a máxima profundidad, única manera de llegar a la auténtica Palabra del Señor y no quedarme enredado en la teología barata con que tantos la han reemplazado.

Este tendrá, - Si me sale – la misma frescura del primero, pero el enfoque directo para con aquellas cosas con las cuales miles y miles de cristianos fieles, sinceros, honestos y no contaminados con la corrupción de Babilonia se encuentran al día siguiente de haber huido de algunas de sus guaridas “santas”.

¿Y con que voy a empezar? Fuera toda estructura lineal, literaria u ortodoxa. Simplemente voy a comenzar con lo primero que yo experimenté el día que salí de mi propia Babilonia: Culpa. La asfixiante, angustiosa y tremenda sensación de culpa de haber abandonado lo que todavía tenía metido en mi cabeza, era…la casa del Señor… ¿La casa del Señor?  Sí. Dije que eso danzaba en mi cabeza, no en mi espíritu…

Que el Señor abra tu entendimiento y puedas ver exactamente lo que Él quiere mostrarte. Y que cuando llegues al último párrafo que segura y “originalmente” titularé “A manera de Epílogo”, la paz de tu corazón y el gozo de tu espíritu te confirmen que, como decían los antiguos sacerdotes, esto ha sido: …palabra de Dios…

 

1

¿Quién Tiene La Culpa de Mi Culpa?

 

Yo lo recuerdo muy bien, tú quizás lo recordarás mejor, si es que abandonaste Babilonia hace menos tiempo. La primera sensación del primer domingo sin templo, más allá de cierta de libertad de la que luego hablaremos, es de culpa.

Sientes una tremenda y casi voluminosa culpa. Es como si de allí en más, todos los que se vayan al infierno, te tendrán a ti por responsable. El peso de todas las almas perdidas parece caer solamente sobre tu humanidad.

Esto, obviamente, independientemente del motivo por el cual te hayas ido de la congregación. De hecho que, en este trabajo, estoy hablando pura y exclusivamente con los que han recibido orden o visión de Dios de salir de Babilonia.

De ninguna manera puedo hacerlo extensivo a quienes se han ido de una iglesia por problemas con su pastor, con algunos otros líderes, con hermanos influyentes o sencillamente con hermanos anónimos. Ese es otro asunto y, la culpa que pueda existir en este caso, es otra clase de culpa.

Has oído mil mensajes de guerra espiritual y demonología, has participado, incluso, en sesiones de liberación de endemoniados, sabes a la perfección que la culpa no es un sentimiento, como normalmente se cree, sino un espíritu muy bien manejado por el enemigo. Pero de todos modos…

Algo tienes que hacer. Más que para demostrarle algo a otros, para mostrártelo a ti mismo. Para tranquilizarte, para serenarte, para poder encarar esta etapa de tu vida de fe de una manera diferente a como venías. Entonces decides estudiar, escudriñar y combatir eso que experimentas.

¿Y que es lo primero que harás? Buscarás un buen diccionario. Las palabras irán desfilando de a una hasta llegar a la que buscas: Culpa. “Imputación a alguien de una determinada acción como consecuencia de su conducta”.

¿Me cabe esto? No. Quizás mis ex-hermanos de la iglesia me estén imputando la acción de haberlos abandonado, dejándome llevar por mi conducta rebelde, falta de sujeción y todo lo consabido. Pero yo sé que no es así. Estoy tranquilo. No me fui por mí, me fui porque Él me lo mostró.

Sigo: “Hecho de ser causante de algo”. Muy probablemente, no lo sé, debo estar siendo causante de los enormes deseos de imitarme que deben tener otros que se quedaron. Pero eso no me convierte en culpable. En todo caso, muy a mi pesar, me da el rótulo de pionero.

Otra: “Omisión de la diligencia exigible a alguien, que implica que el hecho injusto o dañoso resultante motive su responsabilidad civil o penal”. Esta tampoco es válida. No lo veo al pastor denunciándote porque ya no asistes, ya no diezmas, ya no ayudas, etc.

Más: Acción u omisión que provoca un sentimiento de responsabilidad por un daño causado”. Y sí; esto debe ser lo más cercano a lo que has sentido. Pero, veamos: ¿Cuál es el daño que has causado yéndote?

¿Quizás que otros puedan imitarte y hacer lo mismo? Eso sería subestimar a esos otros, ya que nos estamos olvidando que cada uno tiene capacidad de decisión propia y no necesariamente tendrá que ser incentivado por terceros para realizarlo.

Entonces, no sé si ese sentimiento será leve, mediano o muy fuerte. Lo que sí sé, es que no tiene razón de ser. A menos que hayas pedido dinero prestado y al desaparecer de la congregación no pagues tu deuda nunca más, lo que has hecho no ha causado daño alguno ni a nadie en particular.

El diccionario secular, trae un pequeño apéndice relacionado con la teología. Siempre visto desde el ángulo del catolicismo romano, claro está, señala que Culpa, según esta óptica, es un “Pecado o trasgresión voluntaria a la ley de Dios”.

¡Hermano! ¡Eso es exactamente de lo que me acusó mi ex pastor el día que le comuniqué que abandonaba la iglesia! ¿Ah, si? ¿Y adonde fue ordenado tu pastor? ¿Acaso en Ciudad del Vaticano? Esto demuestra algo que en otro capítulo desarrollaré mejor: Hay demasiado catolicismo romano infiltrado en las iglesias cristianas no católico-romanas.

No pienso tomarme el trabajo de analizar el pecado o las leyes de Dios en este trabajo, pero puedo asegurarte que cualquier cosa parecida a una trasgresión a algo de eso, jamás sería catalogado como culpa por una simple razón: no es un delito.

Porque la última definición que encuentro en este diccionario, me dice que Culpa también es “Atribuirle a alguien  una falta o delito que se ha cometido”.  Y créeme que esta también se parece en mucho a la que se esgrime a la hora de sacudir a los que dejaron Babilonia. Ella se defiende…

La Culpa Está Viva y Respira

Dijo alguien alguna vez y en algún lugar, que la culpa es tan fea que nadie quiere cargar con ella. Uno de los errores más comunes del ser humano reside en no aceptar las realidades o consecuencias de nuestras acciones.

 De forma natural tendemos siempre a protegernos de cualquier situación que nos pueda causar dolor, daño o vergüenza. Por tal razón cuando éramos pequeños y nuestra madre o padre preguntaba -¿Tu rompiste esto? - nuestra respuesta casi siempre era que no, a no ser que nos vieran o sorprendieran “con las manos en la masa”.

Vivir con culpa es malo cuando uno ha comenzado un proceso como el de la conversión, que necesariamente incluirá mejoramiento. Si te sientes culpable por algo te recomiendo que des el paso de pedir perdón y te liberes de tu cargo de conciencia. Es un principio humano. Tiene bases bíblicas.

Está bueno, pero ¿Qué hacer en un caso como los distanciados de las congregaciones? ¿A quien o a quienes deberían solicitarle ese perdón para no sentir culpa? No hay destinatario por una sencilla razón: no hay culpa alguna, sólo es una mentira que anida en mentes que han estado “programadas”.

Dicen nuestros buenos amigos los psicólogos (Ya no interesa demasiado si cristianos o no, en muchos casos es exactamente lo mismo), que la culpa te fija en sucesos pasados, te sientes abatido molesto por algo que dijiste o hiciste y gastas tus momentos presentes afligidos por comportamientos pasados.

Allí es donde, entonces, los hermanos que antes compartían contigo bancos, reuniones, ofrendas, coritos, murmuraciones y bostezos domingueros, cuando te ven, no pueden menos que pensar: ¡Que mal que está el hermano! ¿Ves? ¡No hay que irse! Y en realidad tú estás espectacular, sólo que esa culpa todavía te fastidia bastante.

La culpabilidad funciona de la siguiente manera. Alguien emite un mensaje destinado a recordar que has sido una mala persona por algo que dijiste o no dijiste, sentiste o no sentiste, hiciste o no hiciste. Tú respondes sintiéndote mal e incomodo en tu momento presente.

En mi ciudad, - Creo que a esto ya lo dije en algunos de mis dos libros anteriores -, hay un pastor que, cuando alguien se le va de la congregación, no cree que sea suficiente denunciarlo en la próxima reunión en el templo, sino que además utiliza una emisora de radio y hasta un canal de televisión para hacerlo. Yo no sé lo que piensan aquellos que quedaron, pero ¿Te imaginas como se siente el que se fue?

Algunos Análisis Racionales

La culpabilidad es, lejos, la emoción que despilfarra mayor cantidad de energía emocional. ¿Por qué? Porque por definición, te estas sintiendo inmovilizado en el presente por algo que ya paso, Y no existe culpabilidad por grande que sea, que pueda cambiar la historia.

No importa de donde sale esta verdad; lo que realmente importa, es que es estrictamente verdad. Ni tontos para creernos cualquier cosa que diga ser científica, ni necios como para negar las realidades palpables, las diga quien las diga.

Allí es donde el que se ha ido de la iglesia, por un tiempo no sabe para donde tomar, que hacer con su vida, con su familia, con sus momentos libres y con toda esa libertad en todos los terrenos que antes le estaba prácticamente vedada.

El grado de inmovilización puede abarcar desde una pequeña incomodidad hasta una severa depresión. Si simplemente estas aprendiendo lecciones de tu pasado, y prometiéndote evitar la repetición de algún comportamiento especifico, eso no se llama culpa.

Este es un excelente elemento a tener en cuenta. Cuando te ataca este espíritu maligno y te oprime con la culpa, más la inmovilidad y cierta depresión, reflexiona sobre lo que has vivido allí adentro y, seguramente, vas a encontrar fundamentos básicos para evitar reiteración de errores.

Cada uno de nosotros tiene consciente e inconscientemente un conjunto de pautas que marcan su comportamiento. Este es nuestro propio código moral que puede o no coincidir completamente con el código social en que vivimos, el cual por supuesto ha contribuido en gran medida a determinar al nuestro.

El contenido del código moral personal es el conjunto de normas que organizan nuestro comportamiento. Esas normas pueden enunciarse, por ejemplo, como  " no frustrarás a los otros ", " no dañaras a tus padres" " no te iras de la casa de tus padres antes de casarte".

¿Sabes que? A todas estas máximas, tú y yo, seguramente, podríamos agregarle la de: “no dejarás la que fue tu iglesia por ninguna otra”. A esta máxima solamente tendrán que respetarla los cristianos evangélicos. Los otros, tienen otras salidas.

Una vez que el contenido del código se estableció en un proceso largo que se realiza a través de los años, empieza a funcionar una suerte de sistema que garantiza su cumplimiento. Este sistema que se llama el guardián del código" hace que cada vez que uno transgrede una norma o alguna de las pautas del código, se encienda una señal informando que el código se ha transgredido.

Se trata de una suerte de castigador interno que cumple funciones de tortura dentro de nosotros. Muy bien; la psicología jamás podrá hallar un paliativo eficaz para este sentir, pero que tiene herramientas precisas para encontrarlo y focalizarlo, que no te quepan dudas, ¿No te parece?

Morder el Remordimiento

Una de las consecuencias más comunes del sentimiento de culpa es el remordimiento. ¿Que es este sentimiento mas precisamente? Clínicamente se define como el pesar interno que produce en el alma el haber realzado una mala acción.

¡Un momento! ¡Stop! ¡Alto! La definición de la ciencia que te termino de describir, es correcta, pero ha omitido un pequeño detalle porque no es su tema, pero si el nuestro: Aquí no ha existido ninguna mala acción. Lo que si existe, es el convencimiento externo de ello.

El remordimiento es la inquietud que despierta la memoria de una culpa, que va creciendo imperceptible dentro de uno. La vivencia del remordimiento es como tener  un objeto intragable atravesado en la garganta, que finalmente se volverá contra uno mismo.

 El problema principal del remordimiento es que muchas veces se desconoce su origen. Se experimenta como una sensación que esta continuamente presente pero no se sabe exactamente cual es la culpa que está escondida detrás originando este malestar.

Remordimiento: Su significado textual dice: “pesar, desasosiego, inquietud que queda después de haber efectuado una mala acción”  Remorder, mientras tanto, es “manifestar exteriormente el sentimiento interior reprimido”

Entre tú y yo y sin que por el momento se lo cuentes a nadie: Este asunto del remordimiento, ¿No se parece bastante, (Diría que demasiado), a una acusación directa y personal que “alguien” o “algo” hace en nuestra contra?  ¿Lo entiendes o tengo que ser más claro, todavía?

Buscando en los Orígenes

Hablemos un momento de los orígenes de la culpa según la ciencia. a.- La culpa residual.- Esta  culpa es la reacción emocional que lleva consigo desde sus memorias infantiles. Estos productos de culpa son numerosos y si funcionan en el caso de los niños, la gente mayor sigue cargando con ellos en su edad adulta.

Esto no tendría que perturbar a cristianos auténticos y genuinamente convertidos. Porque para un creyente así, “las cosas viejas pasaron y, he aquí, todas son hechas nuevas”. Si a esta palabra se la pone por obra, sencillamente por creerla, funciona y rinde frutos. Si sólo se la recita como parte de un sermón…

Algunos de estos residuos implican amonestaciones antiguas como las siguientes: “Papá no te va a querer si haces eso otra vez"; - "Deberías sentirte avergonzada/o  por lo que has hecho". A la persona adulta las implicaciones subyacentes en este tipo de frases la pueden seguir con vigencia cuando desagradan a sus jefes o a otras personas que sirven como imágenes maternales o paternales.

Si quieres, a estas personas no convertidas y víctimas de estas sensaciones, añade la figura de un pastor, que representa a esa figura crítica o descalificadora que te ha perturbado en tu niñez. ¡Pero hermano! ¿Usted me está queriendo decir que adentro de las iglesias hay gente que no está convertida? – No lo estoy queriendo decir; lo digo. No me digas que nunca lo pensaste…

Estas reacciones de culpa se producen porque en la infancia el niño aprende a ser manipulado por los adultos y estas mismas reacciones pueden seguir funcionando en el hombre que ha dejado de ser niño para convertirse en adulto. O en un cristiano nominal que entra a una iglesia y, oh sorpresa y paradoja, allí también es manipulado…

b.- Culpa auto impuesta.- Aquí el individuo se siente inmovilizado por cosas que ha hecho recientemente y es impuesta por si mismo cuando se infringe una norma adulta o código moral adulto. Entre las culpas auto impuestas están el haber reñido con alguien y luego detestarse por haberlo hecho.

Aquí también entra el hecho de abandonar una congregación a la que asististe por años y años. Se supone que no deberías hacerlo, se supone que deberías quedarte allí como los demás, se supone… Auto imposición de culpa. Aprende.

 Puedes seguir lamentándote hasta el fin de tus días, pensando en lo malo que has sido, y lo culpable que te sientes, y ni la más pequeña tajada de culpa podrá hacer algo para rectificar ese comportamiento.

Tu culpabilidad es una tentativa de cambiar la historia, de desear que las cosas no fueran como son. Pero la historia es así y no puedes hacer nada al respecto. Porque en tu ser interior, sabes que si esa iglesia hubiera sido lo que tú deseabas que fuera y no Babilonia, quizás tu aún estarías en ella…

c.- Culpas relacionadas.- La culpa relacionada con alguna enfermedad de los padres. La enfermedad de uno de los padres es un súper - fabricante de culpas: " me has hecho subir la presión", alusiones a que " me estas Matando" o "provocando un ataque al corazón" son muy eficientes a la vez que te culpabilizan de todas las dolencias típicas de la vejez.

¿Sabes? A la iglesia del Señor, independientemente de cómo funcione ella y a quien esté realmente sirviendo, llega mucha gente con estas patologías. Y se encuentra con dos formas de atención para su sanidad: la psicológica, que le muestra cual es su problema pero no se lo soluciona, y la espiritual, que si la acepta, la cree y la pone por obra, produce olvido total del problema.

Porque si eres vulnerable, puedes llegar a sentirte culpable de la muerte de uno de tus padres. La culpa relacionada  a la amante o cónyuge. La culpabilidad por el "si tú me quisieras" es una de las maneras eficaces de manipular a un amante.

 Esta “técnica”  es particularmente  útil cuando uno quiere castigar a su pareja por algo que ha hecho. Es como si el amor dependiera de un tipo de comportamiento determinado. Cada vez que alguien no esta a la altura de lo que se espera de él se puede usar la culpa para hacerlo volver al redil.

Fíjate que el ejemplo que da la ciencia en este tema, es el del adulterio, un suceso que está (O al menos debería estar) borrado del diccionario del cristiano genuino. Pero concluye hablando de algo que sí tiene directa vinculación con lo que estamos tratando: usar la culpa para regresar a alguien a un redil.

Y no es nada casual que se haya usado esta palabra, Redil, que es corral, que es prisión, que es recinto cerrado, y no Rebaño, que es la que usa la Biblia de modo permanente para definir la vida de las ovejas que componen el pueblo del Señor.

Si Sufres, Quedas Libre

Si Jesucristo y la Iglesia componen un matrimonio, ¿Seguiremos pensando que todo esto es una casualidad más de las tantas que andan por el mundo? ¿No habrá un mínimo espacio para entender que puede ser algo que alguien nos quiere decir o mostrar a través de una parábola visible?

No caben dudas, con todo lo que hemos visto, que también deberemos encontrarnos con algunas falsas retribuciones de la culpabilidad. Existe la tendencia de creer que si te sientes lo suficientemente culpable, a la larga quedaras exonerado de tu mal comportamiento.

 Esta retribución de perdón es la base de la mentalidad carcelaria, por lo cual el preso paga sus pecados sintiéndose terriblemente mal durante un largo tiempo. Cuando más grande haya sido el delito, más largo será el periodo que se necesite para lograr el perdón.

¿O no has oído que cuando un delincuente va a parar a la cárcel, no falta quien diga que ahora va a tener mucho tiempo libre para reflexionar en sus delitos y arrepentirse de ellos? ¿Esa es la supuesta rehabilitación que producen las penitenciarías? Eso no  es justicia, eso es venganza.

 La culpa es una espléndida manera de ganarse la compasión de la gente. Y no importa si el deseo de compasión demuestra claramente que tienes una pobre idea de ti mismo. En este caso prefieres que los demás sientan pena por ti  en vez amarte y respetarte a ti mismo.

 En este sentido, la culpa aparece psicológicamente como una excelente manera de provocar la compasión de los otros: " Si no pueden amarme y respetarme por mi mismo al menos le daré pena". Estas elucubraciones de la ciencia no pueden ser rebatidas, desde luego, pero nuestra óptica es distinta.

Perdón: DEBE ser distinta. Si no lo es, quedamos total y absolutamente expuestos a lo que terminas de leer. Tú ya sabes, si has leído cosas escritas por mí, que no tengo ninguna especial adicción ni adhesión a los psicólogos, más allá si le agregan el apellido de “cristianos” o no.

Pero tengo que dejar algo claramente establecido. Ellos no son capaces de hacer absolutamente nada con una persona, si esa persona decide moverse en fe y con el poder de Dios en su vida. Ahora bien; si lo que piensa hacer es vivir fuera de Dios, (Aunque esté dentro de una iglesia), queda totalmente expuesto y vulnerable a todas estas conclusiones y, entonces, es mi deber decirte que la psicología tiene razón.

Por eso es la sugerencia. (No consejo; a mí no me gusta la palabra “consejo” porque, creo, en Cristo Jesús podemos dar Palabra o sugerir, pero no aconsejar. Nadie en la tierra ostenta tamaña sabiduría como para pretender que otros hagan según su idea)

Aquí es donde, seguramente, no puedes evitar pensar casi en voz alta: “¡Pero si yo a eso lo he visto mil veces adentro de las iglesias! - ¿Qué cosa? - ¡Que un grupo enorme de personas haga cosas según la idea de una o dos! – Claro, eso es sujeción, ¿No es así? En realidad, no; eso es autoritarismo con barniz religioso, pero todavía funciona eclesiásticamente.

Está Bien, ¿Pero Cómo Salgo?

Entonces, mi sugerencia es que, si estás fuera de Babilonia y todavía sientes algo de culpa por lo que, crees, ha sido un comportamiento inadecuado abandonando a tus ex hermanos y líderes, no te quedes esperando que se te pase la culpa. Camina al frente y embístela con decisión y convicciones firmes fundamentadas en la actitud que has tomado.

Allí es que llegamos a la gran pregunta. A la madre de todas las preguntas: ¿Cómo hago para dejar de sentirme culpable? La psicología tiene sus salidas y, de acuerdo como esté tu vida espiritual, pueden serte de utilidad. Yo tengo la obligación, por amor y servicio, de mencionarlas. Luego, si quieres, podremos ver lo nuestro sin contaminaciones.

El sentimiento de culpa, como dijimos muchas veces, sobreviene independientemente de que hayamos realizado un acto que transgreda las pautas sociales. Si estamos en esta situación, la forma de solucionarlo es resolver la tensión que existe en nuestro interior, a través de una tarea introspectiva y auto analítica.

 

A mí, particularmente, me fastidia un poco utilizar esta terminología adentro del pueblo de Dios. Soy un hombre libre en Cristo, pero por esa causa, dependiente de Él en todo, absolutamente en todo. Por tanto, todo lo que lleve el vocablo “auto”, salvo el automóvil, lo veo inexorablemente fuera de la iglesia.

Allá aquellos que suponen que una reunión en casa de familia, (Hay muchas congregaciones que funcionan por estos sistemas de células caseras), es solamente una reunión más pequeña que la de un templo, pero con las mismas perspectivas. De ninguna manera la podemos transformar en un grupo de “auto ayuda”. Eso no es Dios. Por eso descreo un poco del auto análisis, aunque entiendo que en este caso concreto pueda ser de aporte.

 Porque a veces, la culpa aparece cuando efectivamente hemos cometido un acto que ha herido a otros. En ese caso el sentimiento de culpa es coherente con lo que hemos hecho y entonces resolver el problema internamente no alcanza puesto que la persona dañada nos hará notar con su rechazo, castigo o indiferencia que hemos obrado "mal", por llamarlo de algún modo.

Lo que está, entonces, en nuestras manos para resolver el sentimiento de culpa, es realizar acciones concretas para reparar el daño ocasionado. Pedir disculpas, preguntar que se puede hacer para recomponer una situación, reconocer que nos hemos equivocado, son actitudes que, si bien pueden parecer difíciles o vergonzantes, en realidad tienen un efecto profundamente reparador.

 Si tienes algún problema pendiente, donde intuyes que gran parte de la responsabilidad de un malentendido es tuya, recuerda que "lo cortés no quita lo valiente" y decídete a realizar esta medida sencilla, atreviéndote a decir " perdón”. Después de haberlo hecho verás como vuelves a respirar mejor.

Lo Mío, Lo Tuyo, Lo Nuestro

Nadie puede discutir la validez de esto último, pero atención, mucho cuidado: no es así en todos los casos. Sí, por ejemplo, en el que aquí se muestra como modelo, pero no en el que tiene que ver con nuestro tema central, que es retirarse de una iglesia. Eso no amerita un pedido de perdón. Y cuando sí lo amerita, en todo caso, debería ser inverso. Alguien debería pedirle perdón a quien se está yendo…

Porque una cosa es un sentimiento de culpa por algo que podría suponerse que ha sido mal hecho y, otra muy diferente, el mismo sentir por causa de lo que un determinado grupo entienda al respecto. Por eso, será necesario conocer si existen estrategias prácticas para eliminar la culpabilidad. Observa estas palabras:

Yo hago lo mío y tú haces lo tuyo

No estoy en este mundo para llenar tus expectativas

Ni tú estas en el mundo para llenar las mías

Tú eres tú y yo soy yo

Si causalmente nos encontramos será hermoso

Si no, no importa.

                                                Fritz Peris

En primer lugar tenemos que tomar en cuenta que "La culpa no es una manera natural de comportarse; es una Reacción emocional aprendida, que solo puedes utilizarse cuando la víctima le muestra al explotador que es sensible a la culpabilidad," ( Dyer). ¿La “víctima” al “explotador”?

Empieza a mirar el pasado como algo que jamás puede modificarse, sientas lo que sientas  respecto a el. ¡Se acabó! Y cualquiera que sea la culpa que escojas, no te servirá para cambiar al pasado. Nadie altera su pasado sólo por pasarse toda una vida sintiéndose culpable.

Graba este mensaje en tu conciencia "Mi sentimiento de culpabilidad no cambiara el pasado ni hará que yo sea una persona mejor" Este tipo de enfoque te ayudara a diferenciar la culpabilidad del conocimiento que puedas sacar al  pasado.

Pregúntate a ti mismo lo que estas evitando en el presente por culpa del pasado. Al trabajar en este sentido eliminaras la necesidad de culpa. Empieza a aceptar en ti mismo cosas que tú has escogido pero que le pueden disgustar a cierta gente.

Así debe ser, si tus padres, jefes, vecinos o incluso tu cónyuge toman una posición contraria a la tuya en algo que tu puedes pensar que es muy natural. Trata de enseñarles a las personas que tienen que ver con tu vida y que tratan de manipularte por medio de la culpa, que tú eres muy capaz de enfrentarte con las desilusiones que les provoque tu comportamiento.

 El resultado tardará en llegar pero el comportamiento de aquella gente empezará a cambiar cuando vean que no te pueden forzar a sentirte culpable. Una vez que logres desconectar la culpa, la posibilidad de manipularte y de controlarte emocionalmente habrá desaparecido para siempre.

 Ahora, es necesario considerar que la culpa es una emoción auto-anulante, es una elección personal, es una reacción que podemos controlar si hemos entendido el mecanismo que la produce. Uno puede vivir culpable toda la vida, pero la emoción de sentirse libre de toda culpa es como haber recuperado la inocencia y la creatividad, como cuando después de un día nublado por fin sale el sol.

 Finalmente, la culpabilidad es en nuestra cultura una herramienta útil para manipular a los demás y una inútil perdida de tiempo. Una vez desconectado el mecanismo de culpa, desaparece la posibilidad de ser controlado y manipulado emocionalmente. Doy fe y pongo un sello, como los escribanos.

No es la experiencia del día de hoy lo que vuelve locos a los hombres. Es el remordimiento por algo que sucedió ayer, y el miedo a lo que nos pueda traer el mañana...

Hay dos días en la semana que no me preocupan. Uno de esos días es ayer…y otro día que no me preocupa es el mañana.

No hay nada mejor que la sabiduría y la fuerza para aceptar con serenidad todo lo que no puede ser cambiado, por que ya paso.

  Decidamos a vivir aquí y ahora sin asociaciones negativas del pasado.

Hasta aquí, lo que la ciencia y los hombres suponen, creen o piensan sobre la culpa como sentimiento interior. No está mal ni resulta incoherente. Tiene buenas bases y es atendible. Pero nosotros estamos en otra dimensión.

Ahora: En Nuestra Dimensión

Bueno, bah, en realidad tenemos que estar en otra dimensión. De otro modo estaremos muy lejos de ser lo que le hemos dicho a todo el planeta que somos. Y lo que le hemos proclamado al mundo que somos, es lo que la Biblia dice que nosotros somos.

La Biblia no miente. La Biblia no se contradice. La Biblia no se equivoca. ¿Esto significa que nosotros somos los mejores, los “fuera de serie”, los que estamos más allá del bien y del mal? No. No significa eso por una simple razón: No siempre somos lo que la Biblia dice que somos.

¿Y se podría saber el motivo por el cual sucede eso? ¿Será acaso porque la Biblia ha exagerado con respecto a nuestras conductas o comportamientos? Para nada. Se trata, - Aquí también -, de que la Biblia dice lo que dice y no se equivoca, pero aunque la gente lee muchísimo la Biblia, no la vive.

Por lo tanto y en vista de lo expuesto, será muy bueno y conveniente ver, sin caer en profundidades confusas, que es lo que hay en la Biblia sobre la culpa. En principio, debo decirte que la mayoría de los textos que la incluyen como palabra, están en el Antiguo Testamento.

Pero no voy a analizarlo ni a estudiarlo por una causa muy singular y simple: siempre tiene que ver con los sacrificios, con el cordero expiatorio y todo eso. Culpa, en el Antiguo Testamento, está directamente asociada con trasgresión a la ley de Dios.

A mí, particularmente, esto me lleva a pensar, partiendo de la base de un respeto sincero para con el pensamiento de aquellos que se quedaron en el templo que tú has abandonado, que los que te manipulan  emocionalmente para que sientas culpa, están convencidos que has trasgredido alguna de las leyes de Dios.

 Por ejemplo: la de no dejar de congregarte. De eso no voy a hablar aquí porque ya lo hice bien extenso en el capítulo 10 del segundo libro, pero puedo reiterar sin temores que congregarse, puede significar todo lo que tú quieras, pero jamás ir a sentarse todos los domingos en el banco de un templo.

Culpa, culpable, culpabilidad, culpar. Suenan similares, pero no saben igual. No tienen el mismo sabor. Porque la culpa de la cual estamos hablando, no es esta culpa bíblica de corderos y sangre redentora. Esta es una sensación amarga producto, tal vez, de programaciones mentales eclesiásticas.

En el Nuevo Testamento está muy pocas veces. Es más: como Culpa, la encontramos una sola vez en un texto que voy a transcribirte para que no pierdas tiempo buscando tu Biblia y puedas escudriñarlo junto conmigo.

(Mateo 12: 1)= En aquel tiempo iba Jesús por los sembrados en un día de reposo; y sus discípulos tuvieron hambre, y comenzaron a arrancar espigas y a comer.

(2) Viéndolo los fariseos, le dijeron: He aquí tus discípulos hacen lo que no es lícito hacer en el día de reposo.

(3) Pero él desdijo: ¿No habéis leído lo que hizo David cuando él y los que con él estaban tuvieron hambre; (4) como entró en la casa de Dios, y comió los panes de la proposición, que no les era lícito comer ni a él ni a los que con él estaban, sino solamente a los sacerdotes?

(5) ¿O no habéis leído en la ley, como en el día de reposo los sacerdotes del templo profanan el día de reposo, y son sin culpa?

(6) Pues os digo que uno mayor que el templo está aquí.

(7) Y si supieseis qué significa: Misericordia quiero, y no sacrificio, no condenaríais a los inocentes; (8) porque el Hijo del Hombre es Señor del día de reposo.

La escena es conocida, pero bien vale revitalizarla un poco para hallar el contenido de esta palabra en este texto. Había una tremenda oposición en contra de Jesús por parte de la iglesia organizada de su tiempo. Y se expresaba, mayoritariamente, con la observancia por parte de Él, del día sábado como día de reposo.

Esto significa que a ellos, los escribas, doctores de la ley, los jerarcas y dignatarios de la que era la única clase religiosa reconocida de su época, no les interesaba la palabra que Él enseñaba, las señales o prodigios que realizaba ni su imagen de Dios encarnado. A ellos les preocupaba detenerlo a partir d e la falta de observancia de sus leyes y estatutos. ¿Mucha diferencia con el hoy?

Jesús apoyó, sin embargo, el comportamiento y la conducta de sus discípulos pese a su supuesta trasgresión legal, apelando al ejemplo de David, el cual demuestra que las regulaciones normales del sábado, podían y debían subordinarse a las necesidades humanas.

Porque, te recuerdo, aquí no estamos hablando de robo, tal como se lo he oído a algunos que no se tomaron el trabajo de indagar en la historia. Los discípulos no estaban robando espigas de un campo ajeno, no. No era esa la acusación.

Porque existía una ley tradicional tácita y no escrita entre los judíos, que señalaba que cuando alguien caminaba por un campo sembrado con algo comestible, si cortaba y comía algo de allí, no era acusado de robo porque era algo que se debía permitir. La acusación radicaba en que lo habían hecho en un día de reposo, donde no se podía realizar ningún trabajo físico.

Jesús, con su respuesta, deja claramente al descubierto que, las necesidades humanas tienen total preeminencia sobre la estricta interpretación de la ley, que pierde de vista su verdadera intención. Este es un espíritu conocido como de “legalismo”, y créeme que aún está bastante activo.

No sería nada extraño, hoy mismo, que si en alguna de esas congregaciones más bien ortodoxas o conservadoras, un evangelista se pone a orar por los enfermos y diez ex paralíticos se levantan de sus sillas de ruedas y caminan sin problemas, alguien salga a censurar al predicador por hacer eso en una iglesia donde no es costumbre orar por los enfermos…

Finalmente, hay una expresión que pronuncia Jesús que va mucho más allá de algo dicho sin pensar demasiado, todo lo contrario. Jesús dice ser mayor que el templo y también Señor del día de reposo, algo que todavía hoy, hay mucha gente que no ha entendido. ¿Y que significa eso? Divinidad.

Pero, lo que a nosotros nos interesa en este texto, salta a la vista desde su propio contexto general, (Por eso reproduje todo el pasaje y no un versículo aislado): la palabra culpa, aquí, tiene que ver con trasgresión en contra de elementos sagrados.

Cristianos: ¿Un Estilo de Vida?

Luego vamos a encontrarnos con el derivado Culpable. Este término es el que más presencia muestra en el Nuevo Testamento. No digo que haya enormidades, pero está en tres ocasiones. Y en las tres, que ahora veremos, hay algunas conclusiones para extraer.

(Mateo 5: 21)= Oísteis que fue dicho a los antiguos: No matarás; y cualquiera que matare será culpable de juicio.

(22) Pero yo os digo que cualquiera que se enoje contra su hermano, será culpable de juicio; y cualquiera que diga: Necio, a su hermano, será culpable ante el concilio; y cualquiera que le diga: Fatuo, quedará expuesto al infierno de fuego.

(23) Por tanto, si traes tu ofrenda al altar, y allí te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, (24) deja allí tu ofrenda delante del altar, y anda, reconcíliate primero con tu hermano, y entonces ven y presenta tu ofrenda.

(25) Ponte de acuerdo con tu adversario pronto, entre tanto que estás con él en el camino, no sea que el adversario te entregue al juez, y el juez al alguacil, y seas echado a la cárcel.

(26) De cierto te digo que no saldrás de allí, hasta que pagues el último cuadrante.

Importante, muy importante. Uno de los mayores énfasis que vemos en las enseñanzas de Jesús, tiene que ver en como construir y mantener relaciones correctas, tanto con Dios mismo como con la humanidad entera.

El Señor ve estas relaciones de un modo que no siempre es el mismo a como las podemos imaginar o ver nosotros. Él las considera de mucha importancia y para nada superficiales; las estima como la esencia misma de la cual está hecha la vida.

De hecho que, conocer a Dios, es nuestra máxima y definitiva prioridad, pero eso no puede ni debe reemplazar en modo alguno lo que se entiende como relaciones interpersonales con los demás. Muy por el contrario, la presencia del Señor en nosotros tiene que hacer surgir de nuestro interior todas las cualidades de carácter que edifican y sostienen todas nuestras relaciones. Es un estilo de vida.

Allí es donde apunta Jesús, en este texto, cuando equipara a la ira humana, nada menos que con el asesinato. Ello nos demanda ser sumamente cuidadosos en como hablamos a otras personas, ya que palabras cargadas de odio nos colocan automáticamente bajo el juicio divino.

Sería muy conveniente, hermano que te has ido o te estás yendo de una congregación que, cualquiera sean tus problemas con la gente que allí queda, y así fuera que te hayan agredido verbal o hasta física o emocionalmente, guárdate en tus palabras. Limítate a desaparecer, si es eso lo que el Señor te ha mostrado como salida, pero sin confrontación verbal, innecesaria y, como puedes ver, peligrosa.

Fíjate que el sexto mandamiento clásico, no solamente prohíbe el acto de matar, sino que se aplica también al pensamiento y a la palabra, a la cólera injusta y a los insultos destructivos. No interesa si los que quedaron te hacen destinatario de esas cosas, ese será Su problema y responderán ante el Señor por ello. Tú guárdate tal como tu Señor te lo demanda.

Ni Análisis ni Discusión: Obediencia

Porque aquí se lee la palabra Necio, y esta es una expresión de tono coloquial que expresa disgusto por la forma o manera de pensar de alguien. Es (Y también suena), similar a “tonto” o a “estúpido”, que en cualquier sociedad se toman lisa y llanamente como insulto.

La otra palabra utilizada, Fatuo, expresa cierto desprecio por el carácter de alguien Ambos insinúan que esa persona merece ir al infierno. Me pregunto (Y no superficialmente); qué hombre está facultado por Dios para decidir quien va al infierno y quien no…

Cuando aquí habla de Concilio, es obvio que se refiere a lo que designaba al principio la sinagoga, pero al escribirse este evangelio de Mateo, puede que ya se estuviera refiriendo a un cuerpo investigativo de la iglesia. Estoy hablando de la iglesia estructural, no de la primitiva de Jesús.

Y, en último caso, cuando señala que alguien quedará expuesto al Infierno de Fuego, (Literalmente GEHENA, que es la traducción del nombre hebreo de “Valle de Hinom”,) se refiere a un valle literal que se hallaba en una hondonada al sur de Jerusalén, y que era el sitio en el cual se quemaban los desperdicios.

 Esto, es más que notorio, era tomado por la gente de ese tiempo como una especie de símbolo del fuego y del juicio del propio Hades. Como puedes ver, aunque hayas oído a mucha gente enseñar otra cosa, la Biblia sí habla del Infierno…

Esto nos está enseñando algo sumamente claro. Debes, cualquiera sea tu situación personal, practicar en lo que esté a tu alcance, la reconciliación. Es más que claro y notorio que los conflictos causan mucho más daño cuando se dejan sin resolver que cuando se confrontan y se hablan.

Si te has ido de tu congregación por orden del Señor, clara y precisa, tal como nos sucedió a nosotros como familia, entonces es exactamente eso y no otra cosa la que deberás declararle a los hermanos que eran anteriormente tus “paisanos” de templo.

Si, por el contrario, te has ido porque has tenido inconvenientes, problemas u horribles hechos, nadie va a impedirte que lo hagas, pero tendrás, inexorablemente, que buscar las formas de reconciliarte con aquellos con los que hayas tenido choques, roces o cosas peores.

Escucha: no importa si ellos no lo aceptan o si aprovechan tu aparente “debilidad” para volver a ofenderte o agredirte. Tú estás cumpliendo con lo que tu Señor quiere de ti, allá cada uno de los que no desea obedecer a esta Palabra. No eres juez, no es tuyo el juicio.

Muy bien; todo lo que has leído, te muestra que un grado singular de culpabilidad puede, en efecto, recaer sobre ti y ser legítimo, si ofendes o hieres de palabra a personas creyentes. No importa qué calidad de creyentes son y si están defendiendo al enemigo. No debes hacerlo porque el Señor así lo ordena. Y punto. Las directivas de Dios no se analizan ni se discuten: se obedecen.

Las Bases Aún Son las Mismas

Segundo texto en el que la palabra Culpable aparece. Se trata de un pasaje del evangelio de Lucas (Aún no termino de entender por qué, en algunos lugares, e incluso en muchas Biblias, se le sigue llamando “San” Lucas. ¿Es necesario?), donde se habla del arrepentimiento o destrucción.

(Lucas 13: 1)= En este mismo tiempo estaban allí algunos que le contaban acerca de los galileos cuya sangre Pilato había mezclado con los sacrificios de ellos.

(2) Respondiendo Jesús, les dijo: ¿Pensáis que estos galileos, porque padecieron tales cosas, eran más pecadores que todos los galileos?

(3) Os digo: No; antes si no os arrepentís, todos pereceréis igualmente.

(4) O aquellos dieciocho sobre los cuales cayó la torre de Siloé, y los mató, ¿Pensáis que eran más culpables que todos los hombres que habitan en Jerusalén?

(5) Os digo: No; antes si no os arrepentís, todos pereceréis igualmente.

Debo explicar algo de esta historia para que no te resulte desconocida. No porque yo suponga que no lees tu Biblia, no, ¡Que va! Simplemente para que la enseñanza central quede complementada y enriquecida con lo esencialmente histórico.

En apariencia, (Y lo digo así porque no hay comprobación fehaciente), Pilato había condenado a muerte a varios galileos que se encontraban ofreciendo sacrificios rituales en Jerusalén. No existen registros de explicaciones en cuanto a las razones que tuvo para hacer eso. Quizás transgredieron en algún punto la ley romana, provocando esta reacción del ya de por si sanguinario Pilato.

Cuando los judíos tomaron conocimiento de este episodio, y teniendo en cuenta que su teología atribuía el sufrimiento individual al pecado, también individual, ellos consideraron la suerte de los galileos como un castigo de Dios por sus culpas. ¿Vas entendiendo algunas cosas de las religiones oficiales?

Sin embargo, y aunque no puedo saber con certeza cuantos le habrán entendido, Jesús transfirió el significado de estos incidentes a la esfera espiritual. ¡Mira si hubiera estado congregándose en alguna de nuestras iglesias ortodoxas! ¡Enseguida lo hubieran tratado de “espiritualoide”..! 

Porque Él no elabora ninguna tesis excepcional ni teoría prodigiosa respecto a la retribución. Lo que Él hace es, sencillamente, hablar de las exigencias urgentes del tiempo presente. Por eso les dice que si no se arrepienten, todos van a perecer igualmente.

Punto primero, único y básico que, nos agrade o no, está por encima de cualquier otro estudio que podamos elaborar. El llamado al arrepentimiento para perdón de los pecados, sigue siendo la base del verdadero evangelio de Jesucristo. ¿Es eso lo que estamos predicando nosotros?

Deudas Morales

No sé como te irá a ti, pero yo puedo asegurarte que, de los últimos cien mensajes que pueda haber oído en las iglesias, me sobran los dedos de una mano para encontrar alguno que haya hecho énfasis en el arrepentimiento para perdón de pecados. Profundizamos muy bonito, pero lo básico…

Y las cosas profundas son muy buenas, son excelentes y necesarias para el crecimiento espiritual de los creyentes. De hecho, a mí me interesan mucho y las estudio a diario todo lo que puedo. Pero si no hay nadie que hable de arrepentimiento, vamos a quedarnos sin creyentes genuinos para enseñarles cosas profundas, ¿Me entiendes lo que digo?

Porque Jesús toma, fíjate, un tremendo accidente que en esos días había ocurrido allí, donde habían muerto dieciocho personas, y en lugar de caer en especulaciones fáciles como tantas veces hemos caído nosotros, Él considera todo eso como un llamado al arrepentimiento.

Somos muy dados a teorizar rápidamente con respecto a los dramas de los demás. Allí, solemos tomar posición en evaluaciones tales como “por algo habrá sido” u otra por el estilo que anduvo mucho en las calles de la Argentina en la década del 70. “algo habrán hecho”…

Todo esto, naturalmente, para justificar según nuestra “santa” visión, los males padecidos por otros. Ahora bien; cuando uno, ¡Uno solo! De esos males aterrizan sobre nuestras vidas, entonces nuestra “visión” anterior se desvanece y apelamos a la Gracia y la Misericordia.

Es simple este pseudo razonamiento: si le pasa algo feo a mi vecino, es porque seguramente está en horribles pecados y Dios lo está castigando duro. Si le pasa lo mismo a un hermanito, el diablo lo está atacando para que no haga lo que tiene que hacer. Basta. Ni el otro es tan malo ni el hermanito tan bueno…

Cabe consignar, antes de dar la definición de esta palabra en este pasaje, que la palabra griega en los originales que es traducida como “más culpables”, en el verso 4, es la palabra OPHEILETES. Significa, en principio, “Un deudor”, uno que tiene una obligación moral, un ofensor.

Una especie de delincuente, un trasgresor moral. El concepto de deuda proviene de esta secuencia: nosotros estamos moralmente obligados a vivir una vida libre de violaciones de los mandamientos de Dios; al fallar en nuestra conducta nos convertimos en trasgresores, delincuentes y deudores a la justicia divina.

Por lo tanto, el resumen de este texto que hemos desmenuzado, nos arroja la conclusión de que, Culpable, aquí es Un deudor moral. Alguien que ha ofendido seriamente a Dios con sus actos y merece sanciones, castigos y ejecuciones.

¿Eres Pobre o No Tienes Dinero?

En la carta de Santiago y en el marco de algunos conceptos que su autor vierte en cuando a las precauciones que los creyentes deben tomar con relación a los favoritismos personales, hay un pasaje donde se alude a nuestra palabra en un contexto global.

(Santiago 2: 5)= Hermanos míos amados, oíd: ¿No ha elegido Dios a los pobres de este mundo, para que sean ricos en fe y herederos del reino que ha prometido a los que le aman?

(6) Pero vosotros habéis afrentado al pobre. ¿No os oprimen los ricos, y no son ellos los mismos que os arrastran a los tribunales?

(7) ¿No blasfeman ellos el buen nombre que fue invocado sobre vosotros?

(8) Si en verdad cumplís la ley real, conforme a la escritura: Amaras a tu prójimo como a ti mismo, bien hacéis; (9) pero si hacéis acepción de personas, cometéis pecado, y quedáis convictos por la ley como transgresores.

(10) Porque cualquiera que guardare toda la ley, pero ofendiere en un punto, se hace culpable de todos.

(11) Porque el que dijo: No cometerás adulterio, también ha dicho: No matarás. Ahora bien, si no cometes adulterio, pero matas, ya te has hecho trasgresor de la ley.

(12) Así hablad, y así haced, como los que habéis de ser juzgados por la ley de la libertad.

(13) Porque juicio sin misericordia se hará con aquel que no hiciere misericordia; y la misericordia triunfa sobre el juicio.

Es más que notorio que, cuando aquí se refiere a “pobres”, no está hablando de gente sin dinero. A Dios, las personas con pocos recursos o sin dinero, no le quitan el sueño. El ministerio de Jesús no se preció, justamente, por enfatizar sobre ese punto, al contrario. “Pobres siempre tendréis”, dijo.

Aquí se está hablando de la pobreza espiritual. A gente que tiene conciencia de que, espiritualmente, no es nada, no existe, está desguarnecida y desprotegida. A esa gente es a la que Dios elige para convertirlos en herederos del Reino, una riqueza que está muy por encima de cualquiera de las otras conocidas y ambicionadas por los hombres.

Acepción + Discriminación = Pecado

El concepto es que, una religión vacía, se traicionará a sí misma en la esfera de las relaciones sociales. Hacer distinciones superficiales entre la gente, dando preferencia a quienes gozan de prestigio y buena posición económica, es incompatible con la fe en nuestro Señor Jesucristo, que excluye todo favoritismo basado en riqueza o clase social.

Ya lo conté en algunos de mis trabajos anteriores, pero viene a cuento reiterarlo otra vez. En una de las congregaciones donde estuve congregándome por espacio de muchos años, quizás de manera inconsciente, se practicaba esta diferencia.

Había un líder de cierta importancia, una segunda línea a continuación del pastor, que era un hombre con algunos años de edad. Cuando el pastor disponía que pasara al frente para orar, lo llamaba diciendo, simplemente: “Don Pedro, (No es su nombre real), pase a orar”.

Entre los miembros, había una doctora en medicina. Una mujer que también tenía sus años. Se llamaba Alicia González (Tampoco este nombre y apellido es real). Cuando se disponía que ella pasara al frente a orar, en lugar de llamarla “doña Alicia”,  el pastor la convocaba diciendo: “doctora González, ¿Desea pasar a orar, por favor?”. ¿Acepción? ¿Discriminación?

Cuando se refiere a los ricos, Santiago alude a ciertos hombres adinerados, no a todos los ricos. Él describe a ciertos ricos incrédulos  que explotaban a los pobres y blasfemaban de Jesús. ¿Por qué? Porque el mensaje de Jesús no era contrario a las riquezas, pero sí al poder de los hombres. Y eso, les daba fuerzas y vigor a los más pobres.

Hoy, el dinero sigue siendo una fuente de poder inocultable, ante la cual sucumben no sólo los más pobres, que lo necesitan desesperadamente para lo mínimo, sino también los poderosos en política, en las artes y en todas aquellas áreas donde el metal es bienvenido.

En nuestras congregaciones, las cosas no son diferentes. Quien me diga que conoce una congregación donde la gente con mucho dinero es tratada y atendida de la misma manera que los más pobres, le creeré y daré gloria a Dios por ello. Pero aún estoy esperando que alguien me lo diga…Dijo alguien que: quien no necesita nada, es invencible.

¿Qué quiere significar esto? ¿Acaso que solamente son los ricos, millonarios, adinerados los que resultarán invencibles? En absoluto. Habla de aquellos que no necesitan nada. Y ese nada, no es sólo algo material, sino también espiritual. Dime: ¿Conoces a mucha gente así?

Porque, incluso, hay denominaciones que se instalan dirigiendo sus congregaciones a las clases más altas, a los profesionales y empresarios. Dentro de ellas, el favor y los cargos, siempre estarán a la orden del día para los más poderosos de ellos.

En denominaciones que operan en lugares marginales, la escasez es muy notoria y no existen estos problemas. Pero, igualmente, un empleado con un salario fijo de cierta categoría, cosa que implica un diezmo regular y de importancia, siempre será tenido mucho más en cuenta que un desempleado.

Entiendo que hay, (Aunque no me haya tocado verlas), iglesias donde esto no existe y se siguen los principios básicos a rajatabla. Debo decirlo porque, no hacerlo, sería arrojar un manto de sospecha generalizado y el Señor me lo demandaría por mentiroso. Pero me gustaría verlo, para quedarme más tranquilo.

Yo te Amo, Tú me Amas, ¿Nos Amamos?

En el verso 8 se habla de la “ley real”. La ley real, es la que prescribe el amor, es la ley suprema que comprende a todas las otras que rigen las relaciones humanas. Amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos. ¡Casi nada! ¿No crees?

Mira; soy una persona con alguna dosis de amor. No tanto como el que quisiera tener, pero tampoco he sido llamado al corazón de amor del ministerio del pastor. Sin embargo, durante mucho tiempo supe perfectamente que no alcanzaba a amar a mi prójimo con la misma calidad e intensidad con la que me amaba a mí mismo.

He mejorado, pero estoy todavía muy lejos de poder decir: ¡¡Ya llegué!! Dios lo sabe. Porque también hay que aclarar que hay “prójimos” y “prójimos”. Algunos son dignos y pasibles a amarlos, pero otros son de aquellos que en Argentina se suele decir: “es mejor perderlos que hallarlos”.

Claro; la Biblia es clara en esto cuando lo toca en otras áreas. Dice que no hay mérito alguno de nuestra parte en amar al amable, sino en hacerlo con aquel que nos resulta muy complicado de amar. Porque el principio es el mismo que Dios ejecuta con nosotros. Nos ama porque es Dios, no porque nosotros lo merezcamos. Y su imagen y semejanza deberá hacer lo mismo, sin dudas…

Pero fíjate que esto no es un aspecto circunstancial ni aislado. Forma parte del comportamiento social del hombre, que por su naturaleza, siempre va a tener tendencia a acercarse a quien pueda darle algo y no al que pueda desear sacárselo. Casi suena a lógica pura.

Por ese mismo motivo, en la atención discipular o pastoral de las iglesias, se le suele preguntar a la gente cual es o son los motivos por los cuales se acercó a Jesucristo. Ni te imaginas la cantidad y calidad de las respuestas que se oyen.

Sin embargo, mayoritariamente, la experiencia nos dice que son alta mayoría los que se acercan al Señor por lo que Él puede darles, y no por lo que Él es. Después, puedes decir lo que quieras; háblame de la deidad, de la divinidad y todo eso, pero lo cierto es que tú llegas a Cristo por necesidad. Podrá ser discutible, pero resulta comprensible desde el punto de conocer la naturaleza humana.

Allí es donde se cae inexorablemente en lo que Dios llama acepción de personas. El término en los originales, es PROSOPOLEPTEO, y viene de PROSOPON, que se traduce como “una cara” y LAMBANO, que es “echar mano de “.

Entonces, nos encontramos con que la palabra se refiere a hacer distinción entre las personas, basada en el rango o influencia, mostrando preferencia por los ricos y poderosos. El Dios imparcial les ofrece a todos el mismo amor, la misma gracia, las mismas bendiciones y beneficios de su salvación.

Sin embargo, no parecería ser así, ¿No crees? ¿No has llegado a pensar, alguna vez, que sería muy “lógico” que en el cielo existiera un sitio para la gente “común” y otro para la gente “importante”? ¡Es que así nos hemos formado y así hemos incorporado esta cultura hasta el punto de que nos parece justa!

No te preocupes más. Verás a ese actor tan famoso que dice ser creyente sentado a tu lado en la gran mesa del Señor. Ya no tendrás que encender más la televisión para verlo, lo tendrás contigo. Ah, y a ese pastor tan importante, por fin lo verás a tu misma altura y no elevado en plataformas monumentales…En el mejor de los casos para él, claro está…

Santos que Hablan, Comen y Respiran

Así que, será muy bueno que pienses que, el día que te toque partir a la presencia del Señor, tu lugar será vecino al de las personas que hoy consideras más prestigiosas (Si es que están allí contigo, claro) y hasta con Juan, Pedro, Pablo y los demás.

¿Es que usted me está queriendo decir, hermano, que yo voy a sentarme a cenar en esa enorme mesa, con nuestro Señor, y a mi lado puede estar sentado el apóstol Pablo? ¡Claro! ¿Por qué no? ¿Qué tienen ellos de diferente a ti? Sé creyente, pero no mistifiques a las personas.

El caso es que los creyentes no pueden amar a sus prójimos como a sí mismos y hacer acepción de personas, porque ambas cosas son mutuamente excluyentes. Mostrar el tipo de favoritismo que se describe en el pasaje que estamos estudiando, es directamente cometer pecado.

En conclusión, esto es más que claro y que te sirva: algunos podrán argumentar que preferir al rico y famoso es algo humano, pero la Biblia rechaza la parcialidad. Dios no aprueba el discriminar, por lo cual tampoco deberán hacerlo sus hijos.

Yo me pregunto, y sin ninguna intención de ser un adalid de la justicia contemporánea porque no es ese mi rol, si todavía tendrán asidero en alguna Biblia aquellas iglesias que, en ciertos países, tienen cultos para negros y blancos en diferentes horarios.

En suma: lo correcto es que, - Ocupes el sitial que ocupes -, no te dejes influenciar por la situación social de una persona. Por el contrario, ofréceles tu amor a todos sin hacer distinción de personas. Hay que cuidarse mucho de la diferencia existente entre el debido honor que merece una persona y el parcial y pecaminoso trato preferencial. Son cosas bien distintas.

El valor humano, si es que quieres verlo desde ese ángulo, no se puede igualar de ninguna manera con razas, riquezas, posiciones sociales o niveles educacionales. Todas las personas tienen importancia y contienen enorme valor en el orden de Dios.

Considerar a una raza, grupo o persona individual como menos importante que otro, es pecado, ya que todos sabemos (Y a quien no lo sepa ve y díselo), que Cristo murió por todos y por cada uno en particular. ¿O cuando hiciste la clásica “oración del pecador”, no aceptaste a Cristo como Salvador personal?

Por tanto, al pie de la cruz todos somos iguales, tanto en nuestra dignidad (El Señor envió a su Hijo a morir por cada uno de nosotros) como en nuestra necesidad de aceptar su don o regalo de salvación.

Va a ser conveniente y muy necesario que aprendamos a respetar y a honrar a cada persona y a cada pueblo, sin tener en cuenta su color o como son. El Señor dijo y yo lo repito creyéndolo: …por cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí me lo hicisteis…

Pudo Haberte Sucedido a Ti

Una vez escuché el siguiente relato de ficción…o profético, vaya uno a saber. Un hombre muy pobre, un harapiento mendigo, se introdujo en una de nuestras iglesias, ubicada en una zona de gente muy poderosa de una gran ciudad.

El templo aún estaba vacío porque faltaba un tiempo para comenzar el culto del domingo por la mañana. Los que estaban preparando todo lo observaron con cierto rechazo, pero no le dijeron nada cuando el mendigo se sentó en una mullida butaca de la primera fila.

Sin embargo, a medida que comenzó a llegar la gente, ujieres muy amables pero muy firmes, lo fueron “invitando” a trasladarse hacia atrás, ya que le dijeron que esos bancos estaban reservados para esas personas que llegaban.

Con una radiante sonrisa cristiana en los labios, los ujieres lo fueron haciendo moverse hacia atrás una y otra vez. Jamás lo trataron mal, es cierto, pero finalmente, cuando el templo estaba repleto y el culto comenzó, el mendigo se encontró de pie y apretujado en contra de la puerta de ingreso.

Como ya no veía ni oía nada, decepcionado y muy triste, salió del templo, cruzó la calle y fue a sentarse en un banco de la plaza que había frente a la lujosa e imponente construcción. Puso sus manos en su rostro y comenzó a llorar amargamente.

Por eso no pudo ver que se le apareció el Señor a su lado, se sentó junto a él, puso una de sus manos en el hombro sucio del mendigo y le preguntó: ¿Por qué lloras, hijo? – El mendigo, sin abrir sus ojos ni reconocer a quien le hablaba, sencillamente respondió:

Lloro porque en esa iglesia hermosa que está allí, donde la gente habla tan bonitas palabras y se escucha tan bella música, desgraciadamente, yo no tengo lugar… El Señor lo miró con cierto dejo de tristeza y respondió: No te preocupes…Yo tampoco tengo lugar allí…

El caso es que, en consecuencia con todo este relato, el verso 10 de nuestro texto nos dice (Y se lo dice, de paso, a todos los legalistas, obristas y ritualistas del planeta), que cuando violamos un punto de la ley, nos estamos convirtiendo en culpables de todos.

Y aclara, por si a alguien le quedaran dudas,  que el mismo que escribió en las viejas tablas de Moisés “no cometerás adulterio”, también escribió “no matarás”, y no cumplir uno de estos requisitos, si tú pretendes vivir por la ley, te hace culpable de los nueve restantes. 

Para los cristianos genuinos sería innecesario tener que aclarar esto, ya que nuestra vida de fe es fundamentada en la Gracia, que es favor inmerecido por parte de Dios, y no en las leyes. Pero mucho me temo que cada día habrá que repetírselo a alguien.

No Dudes: la Ley te Mata

Santiago enseña aquí que cometer un pecado, como matar o cometer adulterio, es hacerse culpable de todos los demás pecados incluidos en la ley. El ve a la ley como expresión de la voluntad de Dios, que es un todo indivisible.

Por eso es que sostiene que, violar cualquier aspecto de la ley equivale a burlar toda la ley. Menospreciar la voluntad de Dios, tal cual esta se revela en la Ley, no representa sólo romper con una determinada regla, sino rebelarse contra el mismo Dios.

¿Quieres un ejemplo? Hay congregaciones (Y hasta denominaciones) enteras, que prohíben estrictamente a sus mujeres el uso de pantalones adentro del templo. Lo hacen basándose en que la Biblia dice que la mujer no podrá usar ropa de hombre.

En primer lugar, déjame recordarte que en los tiempos aquellos, los hombres usaban unas túnicas muy largas, muy similares a las faldas femeninas de hoy, que se recogían (ceñían) para caminar o para sentarse.

Las mujeres, por su parte, usaban unas faldas más cortas, que por higiene femenina y también por seguridad (Ya había maniáticos sueltos y violadores), se ataban a sus muslos quedando como hoy quedarían los conocidos pantalones “bermudas”.

Entonces cabe la pregunta: cuando la Biblia habla del no uso de ropa del sexo opuesto, ¿Está hablando de pantalones? Oh, religiosidad legalista. Y encima de todo eso, si quieres vivir por la ley, mujer, puedes hacerlo. Ve al templo con falda y que nadie te vea en pantalones.

Pero ten cuidado, porque a Dios no le gusta para nada tu legalismo, pero si decides vivir por ello rechazando su gracia, Él no sólo te lo acepta, sino que se lo toma muy en serio. Por lo tanto, cuando en las heladas noches de invierno, en la soledad de tu casa donde nadie te ve, te pones ese traje especial con pantalones, que es tan cálido, para irte a dormir, lo siento mucho: ¡¡¡¡Culpable!!!

Todos estos elementos nos arrojan una conclusión con respecto a nuestro estudio en este punto específico. Aquí, lo que te convierte en culpable, es transgredir leyes que Dios nunca te obligó a cumplir. Y, de paso, rechazar su Gracia.

Ritos, Símbolos y Mitologías

Finalmente, nos encontramos con la última forma de expresión de la palabra que estamos estudiando: culpar. Y aunque no está escrita de ese modo, específicamente, a esa idea la encontramos en la primera carta de Pablo a los Corintios, en el marco de un contexto relacionado con lo que hemos dado en llamar: La Cena del Señor.

(1 Corintios 11: 23)= Porque yo recibí del Señor lo que también os he enseñado: que el Señor Jesús, la noche que fue entregado, tomó pan; (24) y habiendo dado gracias, lo partió, y dijo: tomad, comed; esto es mi cuerpo que por vosotros es partido; haced esto en memoria de mí.

(25) Asimismo tomó también la copa, después de haber cenado, diciendo: Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre; haced esto todas las veces que la bebiereis, en memoria de mí.

(26) Así, pues, todas las veces que comiereis este pan, y bebiereis esta copa, la muerte del Señor anunciáis hasta que él venga.

(27) De manera que cualquiera que comiere este pan o bebiere esta copa del Señor indignamente, será culpado del cuerpo y de la sangre del Señor.

(28) Por tanto, pruébese cada uno a sí mismo, y coma así del pan, y beba de la copa.

(29) Porque el que come y bebe indignamente, sin discernir el cuerpo del Señor, juicio come y bebe para sí.

(30) Por lo cual hay muchos enfermos y debilitados entre vosotros, y muchos duermen.

(31 Si, pues, nos examinásemos a nosotros mismos, no seríamos juzgados; (32) mas siendo juzgados, somos castigados por el Señor, para que no seamos condenados con el mundo.

(33) Así que, hermanos míos, cuando os reunís a comer, esperaos unos a otros.

(34) Si alguno tuviere hambre, coma en su casa, para que no os reunáis para juicio. Las demás cosas las pondré en orden cuando yo fuere.

Esto que con el correr de los tiempos hemos llamado Santa Cena o Mesa del Señor, (Depende la denominación) tiene una connotación total y absolutamente espiritual. No se puede en modo alguno vincularla con cuestiones literales o físicas porque incurriremos en ritualismos casi ocultistas.

Una tía solía decirme, cuando yo era muy pequeño y a estas cosas sólo las entendía relacionándolas con curas, misas y estatuas, que no debía nunca dejar el pan con el corte hacia abajo, porque era como dejar el cuerpo de Jesús boca abajo y, por esa causa, ¡¡“la virgen lloraba”!!

MI familia no ha sido ni mejor ni peor que la tuya y la de tantos y tantos que leen estas cosas. Por tanto, si bien no da para estar orgulloso, tampoco para defenestrar. Así que lo único que se me ocurre, hoy, cuando esa tía ya no está y nosotros mismos estamos en cosas tan distintas, es hacerme una pregunta:

¿De donde habría sacado mi amada tía eso del pan patas para arriba y la virgen (Obvio; María) llorando por culpa de mi irresponsabilidad? ¡Pobre tía, que mambo religioso y doctrinal! Ella era de ir a misa y todo eso, pero no tanto como para haberse vuelto loca o entrar en delirios místicos.

Así que, luego de mucho pensar en esos recuerdos y evaluarlos con la serenidad de la paz, la misericordia y la comprensión, he llegado a una mínima conclusión: ella se lo había oído a otra persona, quizás a alguien con prestigio o posición como para creerlo sin dudar y enseñárselo a su sobrino, que venía a ser yo, precisa y casualmente.

¿Quién podía haber sido el autor de tamaña enseñanza? ¿Un sacerdote católico? Me cuesta creerlo, pero me cuesta un poco menos al recordar que siendo un poco más grande conocí a un curita muy bueno, muy “onda”, pero que estaba convencido de algo que ni te cuento: que el que se ponía a leer la Biblia por sí mismo, se volvía irremediablemente loco.

No puedo saber de donde había sacado esto ese sacerdote, pero lo que sí sé es que no tenía ningún reparo en decirlo en voz alta en el altar y en enseñarlo a los que iban a las catequesis previas a la toma de su primera comunión. Claro; sabiendo esto, lo otro suena como posible, ¿No crees?

Y que conste: esto que digo de ninguna manera hay que tomarlo como una crítica, una censura o un ataque al catolicismo romano, a su amado Papa ni a todo el Vaticano unido. Sería muy injusto e imprudente hacer eso. Pero yo en aquel tiempo me enteraba de la existencia de Dios allí, aprendía lo que aprendía por ellos y, lógicamente, también supe de todo esto por gente que lo aprendió allí.

De todos modos, mi propia transparencia actual me obliga a ser honesto y no apartarme de las cosas. Supe, también, lo que era el pecado por ellos, aunque anduviera por las noches jóvenes, de juerga, mirando de tanto en tanto para arriba a ver si no caía un rayo para achicharrarme. Porque el “Dios castiga” era prioritario en toda esa enseñanza. Errar es humano. Pero atención: humano, no espiritual. ¿Se entiende?

No voy a concluir con crítica, sino con reflexión. He sido durante muchos años maestro bíblico. He tenido por quince años un espacio radial de enseñanza bíblica. Prosigo hoy, desde mi Web, procurando alimentar con enseñanza a mis hermanos. Sólo una duda: ¿No habré enseñado yo mismo, alguna vez, alguna barbaridad mayúscula como la que te comenté? De sólo pensarlo, tiemblo…

Al utilizar aquí la expresión de “por vosotros es partido”, se refiere tanto al papel de Jesús como víctima propiciatoria por nuestros pecados, como a aquel que desempeñó al tomar sobre sí nuestras penas y enfermedades.

Y cuando añade que desea que hagamos eso mismo “en memoria de Él”, está haciendo un llamado a conservar vivos los propósitos y la victoria en la cruz. No se trata de una reactualización morbosa del Calvario, sino una forma de celebrar el triunfo de Cristo en la cruz.

Ahora, si tú quieres incorporar a tu congregación unas formas rituales que le resulten gratas a la mayor parte de las personas, puedes cumplir con lo de la pequeña copa y el trozo de pan o galletas. Y si se te ocurre que debes hacerlo el primer domingo del mes, o el último, hazlo. No está escrito ni ordenado así, pero mal no te va a hacer…

En el verso 25 dice que tomó la copa “después de haber cenado”. Ellos no tomaban el vino con la cena, evidentemente, sino después. Por eso en nuestros rituales al respecto servimos primeramente el pan y luego el vino.

Dice allí que con esto se sella el nuevo pacto. Y ese nuevo pacto es sellado por la sangre de Jesús, un episodio que ya había sido profetizado por Jeremías en 31:31-34 de su libro. Ese pacto, además, tenía un carácter y un contenido únicos, al asegurar el perdón de los pecados y escribir la ley de Dios en el corazón de los creyentes.

 El viejo sistema ritualista era reemplazado por el evangelio de Cristo, confirmado por su muerte. ¿Y qué hicimos nosotros con esta muestra de ese nuevo pacto? Otro ritual. Porque hoy, mi amado hermano, no puedes negarme que la Santa Cena es a todas luces un ritual preestablecido que se practica en todas las iglesias evangélicas del planeta. Luego volveré sobre este tema, porque es otro de los que preocupan y mucho a los salidos de Babilonia.

El párrafo que nos interesa esencialmente para esta parte de nuestro trabajo, es el que dice que quien come y bebe indignamente este pan y esta copa del Señor, será culpado del cuerpo y la sangre. Eso le otorga a esta palabra y en este contexto, una calidad de culpa sagrada.

Esto es todo lo que la Biblia nos muestra con respecto a esta palabra que tanto pesa en tanta gente que se encuentra, por distinto motivos, fuera de los templos. Será interesante, entonces, a la luz de lo escrito y leído, ver hasta qué punto ese sentimiento puede tener algún asidero legítimo.

Lee, Comprueba y Aprueba

Trasgresión en contra de elementos sagrados: ¿Alguien puede decirte que al abandonar una congregación, tú cometes una trasgresión en contra de elementos sagrados que en ella puedan existir?

No lo creo, ya que en nuestras iglesias, lo único sagrado que hay, (O al menos, es lo único que debería haber); es la presencia del Espíritu Santo en medio de la celebración de los cultos de adoración al Señor. Y la manera más usual de blasfemar en contra del Espíritu Santo, es declarar que algo que emana de Él es de Satanás. ¿Nunca lo oíste en tu iglesia? En la que era la mía, yo sí lo oí. ¡Ohh!

Por lo tanto, en este punto ningún hombre o mujer que se aleje de una congregación se convierte en culpable de nada, ya que al no existir elementos sagrados, no hay delito alguno en contra de lo que no existe. Y si alguien entendiera que existen, otorgándole al templo y a sus elementos materiales ese carácter, ese es un error tremendo de esas personas que no les otorga derecho a culpar a nadie de nada al respecto.

Si ofendes o hieres de palabra a personas creyentes: Tú te vas un día de una congregación sin pelearte con nadie, sin atacar al pastor, sin sentarte en la vereda de enfrente a gritarle a cada uno de los que salen del templo que son unos hipócritas o sepulcros blanqueados, ¿Tú crees ser culpable de ofender o herir a alguien?

En absoluto. Tú te has ido con la mayor de las humildades, en estricto orden y sin abanicar tus problemas con el resto de la gente para evitar divisiones, escisiones o problemas en los que tú no debes ser ni eres responsable. Te has ido por una razón específica que tiene que ver con el Señor y tú.

¿Eres culpable en este punto? No. Entonces no puedes permitirte caer en las trampas del enemigo que hará lo imposible por infiltrarte culpa en tu mente, ya que esa es una forma más de acusación que él esgrime.

Sólo un detalle: si te has ido porque te has peleado con media iglesia, has agarrado de la corbata al pastor y le has presionado el nudo hasta verle sacar la lengua, entonces las cosas ya son un poco distintas. Hay alguien que, con razón o sin ella, ha resultado ofendido o herido. Y tú podrías ser hallado culpable de este delito por un jurado de lo más imparcial.

Un deudor moral: El punto a analizar es si estás en deuda, de alguna forma, con la gente de esa congregación de la cual has salido, con sus líderes, con su pastor o con quien sea que se congregue allí.

Si has pedido préstamos a la mutual de la iglesia y no lo has cancelado. Si le has pedido dinero u otro elemento prestado a hermanos y no los has devuelto, si tienes alguna clase de deuda material o moral con al menos uno de ellos, puedes ser encontrado culpable.

Pero si te has ido sin deberle nada a nadie, sin defraudar ni engañar a nadie, frontalmente pero sin armar ninguna clase de escándalo, nadie va a poderte acusar de ser un deudor moral. Por tanto, no podrás admitir ningún sentimiento de culpa y vas a sacártelo de tu mente reprendiendo a todos los demonios que insistan en hacer lo contrario.

Si no le has faltado el respeto al pastor, ni a su esposa, ni a sus hijos, ni a los líderes ministeriales con todas sus familias incluidas, ni a cada uno de los hermanos miembros, ni has causado problemas en sus casas o en sus familias o matrimonios, eres libre de culpa y cargo.

Transgredir leyes que Dios nunca te obligó a cumplir: Esta es la base de una de las más frecuentes causas de supuestas trasgresiones o disciplinas. Porque usas pantalones y eres mujer, porque te pintas, porque predicas un evangelio bíblico en lugar del que manda predicar esa denominación. Todas esas, son culpabilidades por transgresiones.

Pero sucede que ninguna de esas leyes que llevan a transgredir, han sido ordenadas por Dios. Todas ellas tienen origen en los hombres mismos, que con sus manías de ordenarlo y esquematizarlo todo, elaboran pautas, reglamentos, disposiciones y decretos que luego ni ellos mismos cumplen.

Si has sido trasgresor a alguna de estas formas de leyes, quédate tranquilo. Seguirás en estado de culpabilidad para esa iglesia, pero eres libre e inocente delante de Dios. Y quien da o no da eternidad, no es el pastor; es Dios. Por tanto, no puedes ni siquiera permitirte experimentar un segundo de culpa por esta causa o similares.

Culpa sagrada: Esto, que no parecería tener una traducción al español básico coherente, es sin embargo, el epicentro de una de las culpas más frecuentes dentro del ambiente nominal o pseudo cristiano.

Las culpas sagradas se endilgan a personas que, a juicio de otras personas a las que nadie ha designado como jueces ni censores, pero que por alguna razón desconocida o conocida, se arrogan esa función a sí mismos, han trasgredido leyes que tienen que ver con cosas muy complicadas de demostrar.

Por ejemplo, conozco casos en los que se ha acusado y hasta llegado a disciplinar a alguien, en una congregación, sencillamente porque el pastor desde el púlpito, y un par de hermanos más como respaldo, lo han acusado de crear “mal clima espiritual” en las reuniones o cultos.

Conozco algo de guerra espiritual y otro poco de demonología, lo cual no me convierte en experto ni mucho menos, pero es suficiente para confirmar que, efectivamente, la transmisión espiritual, tanto buena como mala, es posible. Pero eso no justifica una caza de brujas y, mucho menos, la degradación de alguien que no cae simpático a la jefatura eclesiástica váyase a saber por que razones que, seguramente, de espirituales no tienen nada.

Por lo tanto, si tú eres un creyente (A mí me podrías engañar, a los hermanos de la iglesia también, pero a Dios no, y por ello te lo reconvengo delante del Señor) que no tiene perturbaciones, opresiones, tormentos ni posesiones satánicas, puedes irte con tranquilidad de tu congregación, si eso es lo que quieres hacer, y nadie te culpará de nada. Y si lo hacen, allá ellos. Dios sabe.

Recuerdo que una noche, en una congregación a la que había sido invitado a predicar, ni bien comencé a hablar, se manifestó una joven de no más de veinte años de edad. Cayó al suelo dando brincos y retorciéndose como si fuera una serpiente mientras emitía sonidos guturales con una voz estremecedoramente masculina.

De inicio yo no suspendí el mensaje. No estaba dispuesto a permitir que el diablo y sus demonios le robaran la bendición de la palabra a los presentes. Sin embargo, al no moverse nadie para hacer algo, a los pocos minutos comenzaron a manifestarse otras personas en distintos lugares del templo.

Alí sí, suspendí mi monólogo y, dirigiéndome a la primera endemoniada, en altavoz pero sin gritos destemplados, le ordené en el nombre de Jesucristo al demonio que se sujetara a su señorío. Inmediatamente ella se tranquilizó y quedó como adormilada. ¡Y todos los demás hicieron lo mismo!

Eso no fue una liberación ni mucho menos, pero sí el ejercer la autoridad que todos los creyentes tenemos, que nos enseña que cuando un hijo de Dios está en un lugar, los demonios no pueden manifestarse si se les ordena sujetarse a Cristo.

Esto es todo. No es necesario que prolonguemos más el capítulo. No es bueno escribir por escribir. Me extiendo cuando lo necesito para que aportando la máxima claridad, tú puedas entenderme debidamente y no corras el riesgo de leer mal, entender mal y, por consecuencia, yo tampoco corra el riesgo de que tú me ataques con virulencia por cuestionarme algo que no dije como creías que lo dije.

Borrando Nuestra Programación

Creo que la conclusión, como decimos por esta región del planeta, “se cae de madura”, en alusión a las frutas que no pueden ser arrancadas verdes de su árbol, pero que cuando maduran y es su tiempo, se caen solas.

Así salta a la vista esta conclusión. Que ni siquiera tendrá nuevos o más profundos análisis porque son sencillamente innecesarios. Si estás en oración respecto a tu iglesia, y un día el Señor te muestra con total claridad que debes irte de allí, puedes hacerlo con tranquilidad. No eres culpable de nada.

¡Pero hermano! ¿Y el congregarse? No me gusta repetir las cosas. Deja que a eso lo haga inconscientemente cuando cumpla muchos años más y esté realmente viejo. Por ahora, que apenas estoy antiguo, con una vez es suficiente. Y sobre congregarse o no congregarse, ya hablé lo que debía hablar en mi segundo libro: “Ya Salí de Babilonia; ¿Y ahora?” Busca el capítulo décimo.

La culpa o el sentimiento de culpa que suele invadir a quienes abandonan una congregación en la cual quizás han estado por muchos años, no tiene nada que ver con cuestiones espirituales. Tiene que ver con cuestiones de manipulación de emociones. Entiéndelo: tú no sientes eso; alguien te lo ha hecho sentir, que no es lo mismo.

Porque con los años, y sin darnos cuenta en absoluto, hemos sido prácticamente “programados” desde los púlpitos. Se nos han arrojado mandatos similares a los que cuando niños, nos arrojaron nuestros padres. Y no se necesita ser licenciado en nada para darte cuenta que esos mandatos, cuando eres adulto, es más lo que te molestan que lo que te ayudan. Esto es igual.

Se te ha programado en tu mente tal compromiso con la organización eclesiástica a la que perteneces “oficialmente”, que si un día tienes que salir porque Dios así te lo ordena, te agarra violentamente la culpa por lo que, crees por tu programación, es una “traición” a tus hermanos.

No creo que deba explayarme mucho más para que te quede bien claro que esa culpa no existe en modo alguno. Que no hay un punto en el que la Biblia deje traslucir algo así. Que todo se limita a manipulaciones emocionales de hombres muy duchos en ello y, obviamente, en la eficiente colaboración del Gran Acusador de los Hermanos. No lo menciono para no promocionarlo, tú sabes quien es…

Si has salido de tu asfixiante y corrupta Babilonia personal, deja ya de darle de comer a ese sentimiento. Repréndelo en el nombre de Jesús (Llámalo “espíritu de culpa”, él sabrá que le estás hablando a él) y sácalo a puntapiés (Para mis paisanos argentinos, “a patadas”) de tu mente.

Y luego sí, prepárate para disfrutar del mayor tesoro que un cristiano, creyente genuino en Jesucristo, puede encontrar fuera de los templos: la libertad. Esa incomparable sensación que de ninguna manera te otorga permiso para vivir como se te da la gana, sino que solamente te permite depender del único que debes depender.

Y no estoy hablando de una libertad que tenga que ver con el Señor y sus santas disposiciones. Estoy hablando de esa opresión que por muchos años has experimentado cada vez que debías hacer o no hacer algo en contra de tu sentir o tu voluntad simplemente porque alguien con poder te lo ordenaba.

Porque aunque no lo puedas entender si todavía estás dentro, lo primero, estrictamente lo primero que experimentas en el minuto siguiente de haber salido de Babilonia, es libertad. Una total, auténtica, serena, cálida y finalmente gozosa libertad. ¿Puede ser? No lo sé. Sígueme y saca tus propias conclusiones…

2

Libertad…Libertad…¡Libertad!

 

Un mes y algunos días después de lo que fuera nuestro último culto eclesiástico en la que por entonces era la congregación a la cual asistíamos desde hacía quince años, me encontré en la calle con un hermano con el que tenía muy buena relación.

No lo había visto antes, de hecho, ni tampoco me había llamado por teléfono o buscado otra forma de comunicación para saber como estaba. Yo tenía bien claro que él no tenía ninguna gana de dialogar conmigo porque eso, quizás, podría traerle problemas en la iglesia.

Pero allí estábamos. La calle es la calle y, cuando caminas por una vereda y giras en una esquina, puedes darte de cara con cualquier desconocido o conocido. Así suelen ambientar sus dibujos los humoristas cuando pintan la escena del ladrón de antifaz que espera agazapado a la vuelta de una esquina oscura.

Pero esta vez no había ladrón, deslumbrante señorita, ni vendedor de pororó. Casi nos dimos de narices con el hermano en cuestión y, superado un instante de sorpresa y confusión, (Por su parte, a mí no me afectó para nada, gracias a Dios) nos saludamos como si nos hubiéramos visto ayer.

¿Cómo estás? Me preguntó sin mucha convicción. No sé que respuesta esperaba, si es que esperaba alguna. Lo más lógico, quizás, hubiera sido que yo bajara mi rostro y le confesara que me sentía horrible y que necesitaba que alguien fuera a pedirle al pastor que nos recibiera de retorno.

Pero en la vida cristiana, la lógica no siempre es el común denominador, ya que la lógica emana de nuestra mente, nuestra mente está comandada por nuestra alma y, para tener una vida de fe victoriosa, todos sabemos que no podemos vivir por nuestras almas o cuerpos, sino por nuestro espíritu.

Así que no le di la respuesta que inconscientemente, quizás mi hermano esperaba oír. En realidad, no supe que cosa iba a responderle hasta el momento mismo en que me lo preguntó. ¿Cómo estaba yo? ¿Cómo estaba toda mi familia, a un mes de no asistir al templo?

¡Muy bien!, le dije con convicción y sin exagerar ni enfatizar la expresión. Y añadí antes siquiera de pensarlo: “¡Gozando de nuestra libertad!”. Su expresión me hizo pensar que no me creía o bien suponía que estaba alardeando o que me había vuelto decididamente loco.

¿Libertad? ¿Cómo se te Ocurre?

“Ah, sí..?”, fue lo único que pudo decir el pobre hombre. Y luego, tanto como para no cortar la conversación, me tiró: “¿Libertad? ¿Qué clase de libertad?” – Yo pensé que esa era una muy buena pregunta, ya que no sólo me obligaba a analizar lo que yo mismo había dicho sin pensarlo y comprobar, si por alguna casualidad, no me había confundido de terminología.

¿Sabes?, le respondí. El domingo pasado, fui con mi esposa a ver a algunos de nuestros familiares. ¡No sé cuanto tiempo hace que no cenábamos un domingo con ellos! Fue muy especial. Y este último domingo, puede asistir con mi hijo menor al juego de fútbol de su equipo favorito. ¿Me creerás si te digo que es la primera salida no eclesiástica, juntos, que hago con él?

No me entendió. Se lo noté en el rostro, en la mirada, en el gesto casi imperceptible de estar pensando: ¡Qué mundano! ¡Y eso que no le llegué a hablar de la tarde que pasamos en el parque, tomando sol y compartiendo los clásicos mates argentinos con mi esposa! ¡Ni la otra tarde que disfrutamos recorriendo una gran galería comercial de mi ciudad que ni siquiera conocíamos!

Creo que si le hubiera dicho también estas cosas, sencillamente me hubiera mirado como se mira a una cucaracha incrédula, atea, impía y pecadora y me hubiera metido en el bolsillo de la camisa un tratadito de esos que les damos a los inconversos para que se atrevan a visitar la iglesia a ver si allí, con un poco de suerte y viento a favor, se convierten.

Allí fue, en ese sencillo y casual encuentro callejero, donde por primera vez tomé conciencia del significado real, específico, concreto y cristiano de la palabra Libertad. Y me dije para mi mismo: ¡Sí Señor, te entiendo!; este es el punto de partida para poder llegar al conocimiento de la Verdad. ¿Cómo no lo vi antes?

Es un asunto muy largo entender el por qué no pude verlo antes. Y me prometí que, si algún día escribía algo al respecto, ese asunto de la libertad iba a tener un espacio adecuado. Sobre todo, para que muchos que todavía están convencidos que, entre los creyentes, libertad es sinónimo de rebeldía o libertinaje.

El Valor de Esa Intimidad

Ese momento ha llegado. No recibí dirección del Señor para escribir nada de ese tema en el primer libro. Tampoco cuando encaré la elaboración del segundo. Pero lo tuve muy claro, tremendamente claro en certeza y dirección cuando mi Padre encendió la luz verde para este.

Así que este capítulo estará dedicado a La Libertad, pero no como algo filosófico, aunque lo incluya, ni tampoco como una sensación humana, aunque la incluya, o de algo teológico, aunque lo incluya. Quiero hablar de la única libertad posible en el creyente: la que otorga el conocimiento de la verdad.

Porque la Palabra dice, (Y aquí no es necesario poner versículo y capítulo porque todo el planeta cristiano sabe de lo que hablo), que lo único que realmente puede hacerte libre, es el conocimiento de la Verdad. ¡Pobre gente la que creyó que conocimiento significaba seminarios, institutos, materias y profesores! Se hizo esclava de su intelecto.

Y pobre gente, también, la que tomó con demasiada ligereza el versículo y dio por descontado que esa libertad se conseguía solamente con la Verdad. Porque no es eso lo que dice, sino que el conocimiento de la Verdad es el que te libera.

Y conocer, tú ya lo sabes, bíblicamente, es sinónimo de intimidad. Y la Verdad, no es una doctrina singular, aunque la incluya, ni una forma de fe, aunque la incluya. Cristo dijo que ÉL era el Camino, la Verdad y la Vida. ¿Lo estás entendiendo?

Por tanto, lo único que te hace libre, es tu intimidad con Cristo. Simplemente cuando sabes, que sabes, que sabes. Y que eso que sabes no se lo puedes explicar a nadie que no lo sepa, porque no sólo no va a entenderte, sino que además no va a creerte y, peor, va a enojarse mucho contigo.

Pero, atención: eso no te hace mejor que nadie; eso no te hace un ser especial, fuera de serie o privilegiado. Muy por el contrario, el conocimiento de la Verdad, te otorga un grado de responsabilidad muy superior a la que pueden tener aquellos que aún no accedieron allí.

Pero, a cambio, tienes a tu favor que ese conocimiento te brinda una certeza tal que le pierdes el miedo a cualquier hombre de las organizaciones religiosas existentes, sea cual fuere su cargo, su posición o su influencia. Y si aún estás en una de ellas, sabes que no es poca cosa, eso.

Entonces, para la gente, pasas a ser muy valiente. Pero en realidad no es tanta tu valentía, sino que tu seguridad obra en ti un reaseguro que te permite andar y ser protagonista por caminos directos y concretos, mientras que la mayoría desanda rutas intrincadas entre lo quimérico y lo utópico.

Y te podría decir que con esto alcanza y sobra. Que tener esa garantía en tu interior ya es un elemento vital para sentirte absolutamente libre y que no necesitas más. Que de allí en más sólo harás la voluntad de tu Padre celestial, coincida o no con la de los líderes evangélicos.

Eso mismo, para una enorme franja socio-religiosa ambiente, es rebeldía; para otra no menos importante, irresponsabilidad; para otra algo menor, valentía e inconsciencia, y para una muy pequeña, demasiado pequeña, identificación, a partir de lo que el Espíritu Santo les dice a ellos mismos la misma cosa que te está diciendo a ti. Son los otros libres.

¿Para que seguir, entonces? Si con lo dicho, el concepto más claro de la clase de libertad de la que te estoy hablando, ha quedado plasmado. Sin embargo continuaré con otros análisis, porque siempre habrá UNO que necesita ESO para poder aceptar, creer y cambiar. Y yo no olvido que, por UN alma, hay fiesta de ángeles en los cielos.

Visión Desde la Filosofía

En principio, vamos a leer consideraciones respecto a la libertad realizadas por Hannah Arendt, una filósofa que es autora de libros considerados “imprescindibles”, como lo es “Los Orígenes del Totalitarismo”.

Este es un trabajo que quienes poseemos habla hispana podemos aprovechar merced a la traducción de Mara Kolesas, mientras que la revisión general del artículo ha sido responsabilidad de Claudia Hilb. Se titula ¿Que es la Libertad” y dice lo que sigue.

“Las fuertes tendencias antipolíticas de la temprana cristiandad son tan familiares que la idea de que un pensador cristiano haya sido el primero en formular las implicaciones políticas de la antigua noción política de la libertad, nos parece casi paradójica.

La única explicación que viene a la mente, es que Agustín era romano tanto como cristiano, y que en esta parte de su trabajo formuló la experiencia política central de la Antigüedad romana, que era que, la libertad como comienzo deviene manifiesta en el acto de fundación.

Pero estoy convencida de que esta impresión se modificaría considerablemente si lo dicho por Jesús de Nazareth fuera tomado más seriamente en sus implicaciones filosóficas. Encontramos en estas partes del Nuevo Testamento una extraordinaria comprensión de la libertad, y particularmente del poder inherente a la libertad humana; pero la capacidad humana que corresponde a este poder, que —en palabras del Evangelio— es capaz de remover montañas, no es la voluntad sino la fe.

Obvio: no podemos pretender que una filósofa encuentre el verdadero significado que Jesús le otorga a la libertad y el tipo de libertad del cual Él habla. Sin embargo, por tratarse de alguien que escribe en base a ciertos principios y reglas, su conclusión no es descabellada

Alterando el Orden Natural

 El ejercicio de la fe, en realidad su producto, es lo que el Evangelio llama "milagros", una palabra con diversos significados en el Nuevo Testamento, y por lo tanto difícil de comprender. Podemos soslayar aquí las dificultades y referimos únicamente a aquellos pasajes donde los milagros son claramente, no eventos sobrenaturales, sino sólo lo que todos los milagros, aquellos protagonizados ya sea por hombres o por agentes divinos, deben ser siempre interrupciones de alguna serie natural de eventos, o de algún proceso automático, en cuyo contexto se constituyen como lo totalmente inesperado.

No hay duda de que la vida humana, situada en la Tierra, está rodeada de procesos automáticos —por los procesos naturales de la Tierra, que a su vez, están rodeados de procesos cósmicos, y hasta nosotros mismos somos conducidos por fuerzas similares en tanto somos también parte de la naturaleza orgánica.

Esto también es bastante inteligente. Ella, sin conocer su contenido espiritual, ha llegado a una conclusión que muchos teólogos ya han comentado: si el milagro es una alteración del orden natural de las cosas, es más que lógico que Dios es un ser “sobrenatural” y, para Él, un milagro será un hecho cotidiano y “normal” dentro de su esencia.

Más aún, nuestra vida política, a pesar de ser el reino de la acción, también se ubica en el seno de procesos que llamamos históricos y que tienden a convertirse en procesos tan automáticos o naturales como los procesos cósmicos, a pesar de haber sido iniciados por los hombres

La verdad es que el automatismo es inherente a todos los procesos, más allá de su origen; ésta es la razón por la cual ningún acto singular, ningún evento singular, puede en algún momento y de una vez para siempre, liberar y salvar al hombre, o a una nación, o a la humanidad.

Está en la naturaleza de los procesos automáticos a los que está sujeto el hombre, pero en y contra los cuales puede afirmarse a través de la acción, el que estos procesos sólo pueden significar la ruina para la vida humana.

 Una vez que los procesos producidos por el hombre, los procesos históricos, se han tornado automáticos, se vuelven no menos fatales que el proceso de la vida natural que conduce a nuestro organismo y que, en sus propios términos, esto es, biológicamente, va del ser al no- ser, desde el nacimiento a la muerte.

Lo que esta filósofa determina como “automatismo”, es en realidad una suma de hechos de los cuales el hombre termina siendo responsable a partir de sus propias conductas. Esto no aporta demasiado a nuestro tema, pero lo he dejado por respeto al texto total del artículo tomado.

Respecto al Don Supremo

 Las ciencias históricas conocen muy bien esos casos de civilizaciones petrificadas y desesperanzadamente en declinación, donde la perdición parece predestinada como una necesidad biológica; y puesto que tales procesos históricos de estancamiento pueden perdurar y arrastrarse por siglos, éstos llegan incluso a ocupar lejos el espacio más amplio en la historia documentada; los períodos de libertad han sido siempre relativamente cortos en la historia de la humanidad.

Lo que usualmente permanece intacto en las épocas de petrificación y ruina predestinada es la facultad de la libertad en sí misma, la pura capacidad de comenzar, que anima a inspira todas las actividades humanas y constituye la fuente oculta de la producción de todas las cosas grandes y bellas.

Pero mientras este origen, permanece oculto, la libertad no es una realidad terrenalmente tangible, esto es, no es política. Es porque el origen de la libertad permanece presente aun cuando la vida política se ha petrificado y la acción política se ha hecho impotente para interrumpir estos procesos automáticos, que la libertad puede ser tan fácilmente confundida con un fenómeno esencialmente no político; en dichas circunstancias, la libertad no es experimentada como un modo de ser con su propia virtud y virtuosidad, sino como un don supremo que sólo el hombre, entre todas las criaturas de la Tierra, parece haber recibido, del cual podemos encontrar rastros y señales en casi todas sus actividades, pero que, sin embargo, se desarrolla plenamente sólo cuando la acción ha creado su propio espacio mundano, donde puede por así decir, salir de su escondite y hacer su aparición.

Te ruego que dejes de lado tu religiosidad lógica, si eres un cristiano que se congrega habitualmente, y tengas en cuenta que esta mujer probablemente no conoce nada de lo que tú conoces. Sin embargo, llega a una conclusión más que interesante: que la libertad, es un don supremo. Independientemente, claro está, de lo que ella pueda considerar como “supremo”. Ese es otro asunto.

Cada acto, visto no desde la perspectiva de la gente sino del proceso en cuyo entramado ocurre y cuyo automatismo interrumpe, es un "milagro", esto es, algo inesperado. Si es verdad que la acción y el comenzar son esencialmente lo mismo, se sigue que una capacidad para realizar milagros debe estar asimismo dentro del rango de las facultades humanas.

Aquí quiero hacer otro pequeño paréntesis porque, curiosamente, esta definición tiene total coherencia con lo que ha dicho Watchman Nee en su trabajo “El Poder Oculto del Alma”, que está en nuestra Web en la ventana de “Palabra Confirmada”.

Aunque a la Ciencia no le Agrade…

 Esto suena más extraño de lo que en realidad es. Está en la naturaleza de cada nuevo comienzo el irrumpir en el mundo como una "infinita improbabilidad", pero es precisamente esto "infinitamente improbable" lo que en realidad constituye el tejido de todo lo que llamamos real.

 Después de todo, nuestra existencia descansa, por así decir, en una cadena de milagros, el llegar a existir de la Tierra, el desarrollo de la vida orgánica en ella, la evolución de la humanidad a partir de las especies animales.

Desde el punto de vista de los procesos en el Universo y en la Naturaleza, y sus probabilidades estadísticamente abrumadoras, la aparición de la existencia de la Tierra a partir de los procesos cósmicos, la formación de la vida orgánica a partir de los procesos inorgánicos, la evolución del hombre, finalmente, a partir de los procesos de la vida orgánica, son todas "infinitas improbabilidades", son "milagros" en el lenguaje cotidiano.

 Es debido a este componente milagroso presente en la realidad que los eventos, sin importar cuan anticipados estén en el miedo o la esperanza, nos impactan con un shock de sorpresa una vez que han sucedido.

El impacto de un acontecimiento no es nunca completamente explicable, su facultad trasciende en principio toda anticipación. La experiencia que nos dice que los acontecimientos son milagros no es ni arbitraria ni sofisticada es, por el contrario, de lo más natural, en realidad, en la vida cotidiana, es casi un lugar común. Sin esta experiencia corriente, la parte asignada por la religión a los milagros sobrenaturales sería poco menos que incomprensible.

Aquí Hannah llega a la misma conclusión que llegamos nosotros anteriormente. Ella lo hace por otros caminos, naturalmente, ya que no conoce ni le interesa conocer nuestros rudimentos. Pero lo importante es que llega a entender que un milagro es una suma de sucesos que están fuera del manejo del hombre, y con eso ya alcanza para aceptar nuestra trascendencia, algo que la ciencia no siempre ha visto con buenos ojos.

He elegido el ejemplo de los procesos naturales que son interrumpidos por el advenimiento de una "infinita improbabilidad" con el propósito de ilustrar que lo que llamamos real en la experiencia ordinaria ha en general adquirido su existencia a través de coincidencias más extrañas que la ficción.

Por supuesto que este ejemplo tiene sus limitaciones y no puede ser aplicado sin más al dominio de los asuntos humanos. Sería pura superstición esperar milagros, "infinitas improbabilidades", en el contexto de procesos automáticos ya sean históricos o políticos, aunque tampoco esto puede ser nunca completamente excluido.

La historia, en oposición a la naturaleza, está llena de acontecimientos; aquí el milagro del accidente y de la "infinita improbabilidad" ocurre tan frecuentemente que incluso parece completamente extraño el hecho de hablar de milagros.

 Pero la razón de esta frecuencia es meramente que los procesos históricos son creados y constantemente interrumpidos por la iniciativa humana, por el initium que el hombre es, en tanto es un ser que actúa.

 De aquí que no sea en lo más mínimo supersticioso, es más bien un precepto del realismo buscar lo imprevisible y lo impredecible, el estar preparado para el esperar "milagros" en la esfera política.

Esta es una forma muy elegante de aceptar nuestras creencias y convicciones sin trasuntar participación personal. La gente con repercusión social suele hacerlo para cumplir con su propia creencia y, de paso, no quedar expuestos a lo que se considera como “ridícula” fe en un Dios invisible.

Lo Ridículo de la Incredulidad

 Y cuanto más esté desequilibrada la balanza en favor del desastre, tanto más milagroso aparecerá el acto realizado en libertad; porque es el desastre y no su salvación, lo que siempre ocurre automáticamente y que por lo tanto siempre debe aparecer como irresistible.

Objetivamente, esto es, visto desde afuera y sin tener en cuenta que el hombre es un inicio y un iniciador, la posibilidad de que el futuro sea igual al pasado es siempre abrumadora. No tan abrumadora, por cierto, pero casi, como lo era la posibilidad de que ninguna tierra surgiera nunca de los sucesos cósmicos, de que ninguna vida se desarrollara a partir de los procesos inorgánicos y de que ningún hombre emergiera a partir de la evolución de la vida animal.

La diferencia decisiva entre las "infinitas improbabilidades", sobre la cual descansa la realidad de nuestra vida en la Tierra, y el carácter milagroso inherente a esos eventos que establece la realidad histórica es que, en el dominio de los asuntos humanos, conocemos al autor de los "milagros". Son los hombres quienes los protagonizan, los hombres quienes por haber recibido el doble don de la libertad y la acción pueden establecer una realidad propia.

Es obvio que podrá resultarte al menos muy discutible esta óptica respecto a la libertad, pero es una posición considerada “seria” y muy tenida en cuenta por las diferentes escalas sociales de la humanidad. La he publicado, con las reservas del caso, pues tengo la intención, más adelante, que tú mismo puedas establecer las diferencias notorias de vivir EN Cristo a vivir fuera de Dios.

No podemos cometer el error,  - Ten esto muy en cuenta -, que el mundo secular ha cometido desde siempre: burlarse de lo que piensan los demás o descalificarlo tozudamente. Estando bien plantados sobre nuestros pies de creyentes firmes, sólidos y maduros, podemos cumplimentar el consejo de Pablo: examinarlo todo y rescatar lo bueno.

Es cierto que en este intrincado trabajo, que por su esencia filosófica quizás abusa de los sofismos y parecería no arribar a nada concreto, hay un par de puntos claros que demuestran una evidencia que ya nadie puede negar: el hombre alberga en su corazón la certeza de la existencia de alguien espiritualmente superior a él. Después, si quiere aceptarlo o no, es decisión propia de su libre albedrío.

Lo que quiero significar con esto es que, en la casa de cada hombre o mujer del planeta, suena el timbre de su puerta de calle. (Ya no se golpean más con los nudillos, como pareciera entenderse en el texto bíblico) Si abres esa puerta o no, es decisión tuya.

Esto por un lado. Por el otro, encontré otro trabajo secular sobre la libertad, realizado en base a preguntas clásicas, que nos dará pie a aportar en cada caso nuestra posición sustentada por el evangelio.

Y lo quiero hacer para no encerrarnos dogmáticamente en nuestras creencias sin la menor apertura para – Al menos – observar lo que se mueve en nuestro derredor. Este trabajo no tiene autor conocido y expresa lo siguiente:

Libertad es una palabra que nos gusta oír. Somos partidarios de la libertad. Pero al mismo tiempo algo nos hace pensar que hay matices y aspectos menos claros. Por ejemplo, la libertad de un asesino es una libertad malvada, mal empleada. Comencemos, pues, a matizar.

  • A. ¿Quién es más libre?
  • B. Aclarando lo que la libertad no es.
  • C. ¿Qué es y cómo crece la libertad

A. ¿QUIEN ES MÁS LIBRE?

1. ¿Es más libre el que siempre sigue sus caprichos? Más bien es esclavo de sus apetencias. Así lo reconocía una joven que afirmaba: "Me gusta sacrificarme de vez en cuando, pues esto me hace sentirme libre".

Esta es, precisamente, la libertad que critica la iglesia cuando alguien la menciona como un don del Señor que no podemos despreciar. Eso demuestra que son muchos los hermanos que no entendieron su verdadero significado.

2. ¿Un caballo salvaje es libre? Ningún animal es libre. Un caballo salvaje parece gozar de libertad de movimientos, pero los instintos le dirigen inevitablemente. Sólo los seres inteligentes son libres.

Esta definición también está muy buena, porque hace una diferencia notoria que los hombres no siempre estamos en condiciones de hacer: la diferencia entre las libertades animales a las humanas. Y en lo único que el ser humano se muestra “animal” es cuando se deja llevar por su alma, (ánima) y no vive por su espíritu.

3. ¿Es más libre quien cambia de criterios según el ambiente? Más bien es esclavo del ambiente, como una veleta no se mueve por sí misma sino al dictado del viento. Otra cosa diferente es la persona que sin faltar a sus ideales sabe manejarse con flexibilidad.

Echa un vistazo a nuestros conocidos ambientes eclesiásticos. ¿La gente que se reúne en los templos, se comporta tal cual es, por sí misma, o conforme a lo que se espera de ella en esos lugares? No pienses más; ya tienes la respuesta y lo sabes. ¿Libertad?

4. ¿Quién no decide es más libre? Es más indeciso. Aparenta más libertad porque tiene más opciones donde escoger al no haberse comprometido con ninguna. Pero en realidad no se es más libre por el número de opciones sino por saber descubrir y elegir las correctas.

El recién nacido y el animal salvaje tienen muchas posibilidades, pero no son libres. Quien nunca decide deteriora su libertad pues en ocasiones futuras le será más difícil escoger. Por otro lado, mientras no se decida está eligiendo no actuar y su pasividad le domina.

Míralo desde este ángulo: de Cero a Cuatro años, el niño depende de su madre, tanto en su comida como en el resto de su atención. Luego, si es varón, pasará a depender de su padre que deseará enseñarle como deben comportarse los hombrecitos…

Más tarde, irá a las escuelas de enseñanza primaria y secundaria. Allí quienes tendrán el mando serán maestros, profesores, celadores y preceptores. Si a eso le sumas un servicio de tipo militar, deberás sumarle que allí los que mandan son los oficiales con grado y rango para ello.

Esa es, a grandes rasgos, la vida de un humano en el marco de países medianamente previsibles. Si a todo esto le añades que esa persona va a una iglesia y que en ella el que manda es el pastor y sus ayudantes, ya tienes el panorama de las libertades humanas bien completo.

Es curioso, pero en países donde cuesta mucho hacer funcionar los sistemas democráticos, la gente se queja del autoritarismo, despotismo y tiranía, pero yo pregunto: sobre las bases de crianza que hemos visto: ¿Quién ha sido preparado para pensar por sí mismo en auténtica libertad?

5. Quien no tiene metas en su vida es más libre? El barco mercante que nunca llega a puerto es inútil, por mucho que navegue. La inteligencia que no descubre verdades es defectuosa, por mucho que piense. La libertad sin fines donde ir es una herramienta inservible. La mejor libertad es la que conduce a puertos mejores

Esto, independientemente del sentido que en este artículo se le da, es una irrebatible verdad. Te pregunto, a ti mi hermano o hermana que concurres hace años a una iglesia y eres o dices ser cristiana o cristiano, con fe y sinceridad: ¿Cuales son tus metas para los próximos cinco años? Piénsalo. Si descubres que no las tienes, más allá de no faltar a ninguna reunión ni culto, creo que estás bien débil…

B. ACLARANDO LO QUE LA LIBERTAD NO ES

6. ¿Puesto que soy libre puedo hacer lo que me da la gana? Bueno, pero esto no significa que dé lo mismo. No es indiferente escoger el bien o el mal. No da igual conseguir dinero mediante el trabajo o a base de robos y asesinatos. En ambos casos son decisiones libres, pero una es equivocada y malvada. Somos responsables de nuestras elecciones.

Aunque te parezca mentira, puedo asegurarte que, hablar de libertad en los ambientes cristianos, trae aparejado este pensamiento, el que uno quiere vivir como se le da la gana. Y tal como se explica aquí, eso no significa transformarse en un promiscuo o un libertino. En todo caso, también hay promiscuidad y libertinaje con barniz religioso.

7. ¿La libertad humana es absoluta? Es limitada. No podemos respirar bajo el agua, ni volar, etc. No somos todopoderosos, pero dentro de nuestras limitaciones podemos dirigir nuestra vida en un sentido u otro.

Claro, esto es correcto. Esta es la interpretación de un hombre común, de un ser humano corriente. Pero resulta ser que un hijo de Dios es absolutamente diferente a otros. Porque, en libertad, no puede hacer por sí mismo ninguna de estas cosas, pero en Cristo es más que vencedor por que – Dice la Palabra -, todo lo puede en Él.

8. ¿Libertad es capacidad de elegir? Los animales y seres privados de razón también escogen, pero no son libres. (Y no se les encarcela porque no son responsables de sus actos). La libertad requiere elegir inteligentemente.

La inteligencia es un atributo que emana de una mente más o menos ejercitada o capacitada. Así y todo, es falible y, pese a esa supuesta libertad, puede equivocarse y muy feo. Cuando se depende de Dios, en cambio, y solamente se toman decisiones en plena obediencia a Él, los riesgos de error son mínimos, inexistentes.

9. ¿Libertad es capacidad de elegir el mal? No. No. El ser más libre de todos es Dios y nunca escoge el mal. Elegir el mal es un error de la inteligencia o de la voluntad. Manifiesta que hay libertad pero una libertad defectuosa, capaz de equivocarse. Precisamente del mal hay que librarse.

Cuidado: si a esa libertad el hombre se la toma por diversas causas humanas, tales como “yo puedo”, “a mí se me antoja”, “a mí nadie me da órdenes”, o cosa por el estilo, puede terminar eligiendo algo malo. Pero si la libertad es en Cristo, la opción siempre será la adecuada.

    De modo semejante, quien hace un razonamiento equivocado muestra que piensa, pero su inteligencia es pobre. Las cosas no se definen por sus errores: la inteligencia no es la facultad de fallar razonando; un coche no es un medio de accidentarse viajando; la libertad no es la capacidad de equivocarse eligiendo.

 No se trata de escoger deliberadamente mal sino bien. La mejor libertad es la que siempre reconoce y elige el bien, como la mejor inteligencia es la que razona siempre bien alcanzando la verdad.

Lo dicho al final de este párrafo, corrobora lo que hemos dicho anteriormente. Lo que sucede es que ese “elegir el bien”, es un razonamiento más bien religioso y demasiado abarcativo. Deja al hombre en una dudosa libertad de suponer que el bien está donde “le parece” que está. Y todos sabemos muy bien que no es así. Sólo el conocimiento de la Verdad te hará genuinamente libre.

C. ¿QUÉ ES Y CÓMO CRECE LA LIBERTAD?

10. La libertad requiere el uso de la inteligencia y de la voluntad. Es una capacidad propia de los seres inteligentes que eligen empleando su inteligencia y voluntad.

Si estamos hablando de libertad conforme a decisiones humanas y personales, totalmente de acuerdo, así es. Si hablamos de otra clase de libertad, que provenga desde el espíritu humano, las cosas ya serán bien distintas.

11. La libertad necesita de la verdad. La libertad requiere: del entendimiento (facultad que busca la verdad) y de la voluntad (facultad que busca el bien). Usando ambas el hombre puede determinar dónde está el bien verdadero y escogerlo.

Anda muy cerca de esa verdad el autor de este trabajo. Pero esa cercanía no significa haber llegado. Porque una cosa es buscar una verdad, ya sea filosófica, doctrinal o dogmática, y otra muy distinta es encontrar y conocer la Verdad.

12. Definiciones de libertad. Estas tres definiciones coinciden:

* Capacidad de elegir inteligentemente.

* Capacidad de realizar acciones deliberadas.

* Capacidad de elegir el bien previamente conocido.

Podemos aceptar esto, pero condicionándolo, obviamente, a las formas en que se acceda a esas capacitaciones. Muchos creen que Dios viene a levantar para sus ministerios a los capacitados, mientras que la experiencia y la verdad nos dicen que Él mismo capacita a los que luego va a levantar.

13. ¿Puede crecer la libertad? Puede aumentar en el sentido de adquirir mayor facilidad de conocer y escoger el bien. Mejorará a base de realizar buenas elecciones, pues se crea el hábito de optar por el bien.

La que crece no será necesariamente la libertad, sino la persona que la posee o la desarrolla. Y crecer no significará aumentar en número, cantidad o concurrencia, sino en una palabra que resultará siempre clave en todas estas cosas: madurez.

14. ¿Cómo disminuye la libertad? Disminuye con los pecados, pues los vicios dificultan elegir bien. "El que peca es esclavo del pecado". Por ejemplo, la persona que se deja vencer por la pereza cada vez se vuelve más perezosa y le cuesta escoger bien en asuntos que supongan esfuerzo.

Esto es decididamente cierto. Alguien, a quien el sistema eclesiástico pretendía imponerle formas de vida de apariencia y religiosidad, dijo alguna vez: “mira; soy una persona libre porque así es como me siento. Y no salí de la esclavitud del pecado para venir a someterme a la esclavitud de la politiquería religiosa.” Brillante.

15. ¿Quiénes ayudan a ser libres? Los que difunden la verdad -"la verdad os hará libres"-, y ayudan a escoger el bien. Por ejemplo, quien invita a un amigo a drogarse le dificulta la libertad atándole a ese defecto; en cambio, quien anima a trabajar, rezar o comportarse bien facilita el buen ejercicio de la libertad.

Está muy bien intencionado el concepto, pero le falta lo esencial. Durante mucho tiempo los cristianos (Independientemente de sus credos) hemos predicado y enseñado moral y buenas costumbres. ¿Es malo? No, pero insuficiente. Lo que debemos predicar es a Cristo resucitado. Y Él, en la vida de los que le acepten, hará el resto.

16. ¿Dónde se da la mayor libertad? En el cielo, donde la inteligencia y voluntad alcanzan su mayor perfección, descubren con toda facilidad donde está el bien verdadero y eligen siempre con acierto.

Esta es una hermosa visión del cielo, pero presenta un pequeño inconveniente: en la Biblia no hay descripción de ese cielo y de las actividades que los que vayamos allí cumpliremos, por lo que lo expuesto es solamente hipótesis, conjeturas. Bien intencionadas, pero sin respaldo bíblico.

16. ¿Las leyes obstaculizan la libertad? Depende. Si fomentan el mal y estorban al bien, entonces dificultan la libertad. En cambio, las leyes correctas favorecen la libertad en dos sentidos:

 El problema más grave en la República Argentina, no es ni la corrupción, ni la inseguridad, ni la droga ni la delincuencia en todos los niveles. El problema mayor en mi país, (Y seguramente también podría serlo en el tuyo), es la Justicia humana. Porque esa área no maneja actos justos o injustos, sólo maneja leyes. Y luego se pone a orar o a rezar si es que cree en algo, para que esas leyes sean justas. No alcanza…

La libertad propia se mueve habitualmente en roce y conflicto con otras libertades. Entonces es necesario un ordenamiento que regule las relaciones humanas. Sin esto, imperaría la ley del más fuerte aplastando la libertad de los demás. En este sentido, las leyes son imprescindibles para la libertad humana.

Esta que aquí se expone, ha sido, es y sigue siendo la base de nuestros principales errores. Porque si bien es real y no puede discutirse esa falta de orden a la que aquí se alude, nadie ha sabido determinar si, fuera de Dios, alguien está capacitado para realizar ese ordenamiento.

Por tanto, si no existe esa persona humana, (Y yo creo firmemente que no existe), habrá que tomar la grave y nada sencilla decisión de dejarle al Señor la puesta en marcha de ese ordenamiento. El problema es que para que ello sea activado, se necesita algo más que creer en Dios: se necesita confiar a ciegas en Él, algo que ni en los más altos niveles de la religión organizada pueden entender y mucho menos adoptar.

El caso es que con estos dos trabajos, (El primero bien filosófico, el segundo secular pero con tendencia cristiana nominal), ya tienes una idea más bien remota, pero idea al fin, de lo que el mundo supone, cree o estima que es la libertad.

Desde Nuestro Mundo Íntimo

Ahora te invito a introducirte en nuestro mundo íntimo de cada día, La Biblia, y buscar que cosa, a partir de ella, entiende Dios como libertad. Al final de esto, veremos si la visión de Dios coincide o no con la de los hombres. Y en función de ello, si la puedes disfrutar fuera de los templos o es simplemente un espejismo que liquida a desobedientes y rebeldes.

A la palabra Libertad, en la Biblia, la encontramos con el vocablo griego ELEUTHERIA, mientras que otras derivadas son: ELEÚTHEROS, para Libre, Independiente, ELEUTHERÓO, para Liberar y APELEÚTHEROS, para Liberto.

En el Nuevo Testamento, ELEUTHERIA (Libertad) se encuentra en once ocasiones, de las cuales siete en trabajos de Pablo, dos en la carta de Santiago y otras dos en las epístolas de Pedro. ELEÚTHEROS, mientras, en 23 oportunidades: dieciséis en Pablo, dos en Juan, una en Mateo, una en 1 Pedro y tres en Apocalipsis.

Por su parte ELEUTHERÓO, se encuentra siete veces, de las cuales cinco están en Pablo y dos en Juan, y APELEÚTHEROS solo en 1 Corintios. El uso de este tipo de vocablos se concentra, pues, en los trabajos de Pablo, especialmente en su carta a los Romanos, Corintios y Gálatas, además del evangelio de Juan, mientras que está totalmente ausente del vocabulario de los sinópticos, a excepción de un texto en Mateo.

ELEUTHERIA, (Libertad) se deriva de ELEÚTHEROS (Libre, Independiente) y proviene de la raíz LEUDH, que en latín es Liber y en castellano es Libre. Su significado amplio es “perteneciente al pueblo”. Pero no se habla de un sentido restrictivo de “gente”, peyorativo desde el punto de vista psicológico, sino en contraposición con los esclavos y los extranjeros, lo que arroja un significado muy cercano a: libre desde el punto de vista político.

Quiero recordarte para que entiendas bien de lo que estamos hablando, que cuando digo “política” y tú imaginas mítines, discursos, arengas, democracia, elecciones y gobiernos, en realidad de lo que estoy hablando es de lo que realmente significa esa palabra: una forma de vida.

Por lo expuesto, nos encontramos con que ELEUTHERIA, significa literalmente Libertad, Independencia, en el sentido de disponer libremente sobre sí mismo, independientemente de los demás. Nunca se dijo que fuera independiente de Dios, sino de hombres. ¿Y si son hombres de Dios? Ningún hombre de Dios te quitaría la libertad. ¿O has visto que Jesús lo hiciera con alguien?

Esta acepción se ha desarrollado, ante todo, en contraste con la carencia de libertad de los esclavos. De un modo análogo, el adjetivo ELEÚTHEROS significa Libre, Independiente, de condición libre, y se refiere, pues, al que es dueño de sí mismo.

¡Pero hermano…! ¿No es Dios dueño de nosotros, ya que nos compró por precio de sangre? Sí, lo es. Pero tú aceptarás eso voluntariamente o jamás Él ejercerá esa propiedad. Si tú le entregas tu vida, Él la bendice, la fructifica, la multiplica y la utiliza, pero si no se la entregas, te deja en libertad y tú te las arreglas como puedas.

Posteriormente, el adjetivo y el sustantivo se utilizan también para designar la actitud o el comportamiento que procede de esa libertad. Y esto tiene varias aristas que convendrá ver por separado, ya que cada uno entrega un elemento que es muy útil para encontrar lo que estamos buscando.

Disponer Libremente de Ti Mismo

En primer lugar, en un sentido positivo (La mayoría de las veces), como noble, que se domina a sí mismo; nobleza, sinceridad. En segundo orden, en un sentido negativo, que es menos frecuente, donde hablamos de desconsiderado, desenfadado.

Fíjate que el adjetivo APELEÚTHEROS, enlaza con la acepción originaria y designa al Liberto, a alguien que no es libre por naturaleza, (Lo cual es esencial en este concepto griego). Igualmente, el verbo ELEUTHEROÚN, tiene el significado de liberar, hacer libre, y no sólo se refiere a los esclavos, sino a la liberación de toda atadura que impide la libre disposición sobre uno mismo.

Aquí podríamos acotar, sin riesgo de confundir a nadie, que una cosa es la libertad de la cual estamos hablando y a la que llegamos por el conocimiento de la Verdad que es Cristo, y otra muy distinta si en su nombre somos liberados de alguna esclavitud pecaminosa o demoníaca.

Ahora bien; en cuanto a los diferentes matices, ELEUTHERIA no tiene nunca, en el Nuevo Testamento, el sentido de libertad externa y política con que aparece en el griego profano: Hay que concluir o entender, entonces, que en el Nuevo Testamento no juega ya un papel importante la recuperación de la libertad política del pueblo de Israel (Jesús no fue ni es un mesías político).

Esto es importante para nosotros desde el punto de vista con que solemos mirar las escrituras. El Nuevo Testamento es, a todas luces, el manual de vida contemporáneo en el cual se fundamentan los comportamientos y las conductas de los cristianos del tiempo presente.

Entonces, el sentido formal de “disponer libremente de sí mismo y de la propia existencia”, se separa también totalmente en el Nuevo Pacto. El vocablo ELEUTHERIA se utiliza exclusivamente en relación con “la libertad y la gloria de los hijos de Dios”.

(Romanos 8: 20)= Porque la creación fue sujetada a vanidad, no por su propia voluntad, sino por causa del que la sujetó en esperanza; (21) porque también la creación misma será libertada de la esclavitud de corrupción, a la libertad gloriosa de los hijos de Dios.

Entiende: todo el universo creado ha sufrido las consecuencias del pecado humano, y ha estado sujeto a contaminación, futilidad y corrupción. Sin embargo, ese proceso de deterioro es sólo temporal, porque Dios ha provisto esperanza y liberación. En el tiempo de nuestra redención final, la creación misma será purificada y compartirá nuestra gloria. Libertad de Pecado.

(2 Corintios 3: 17)= Porque el Señor es el Espíritu; y donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad.

Cuando Moisés dejaba al pueblo solo para ir a estar en la presencia del Señor, se quitaba el velo. Hoy, bajo el Nuevo Pacto, volverse al Señor es sincerarse totalmente con el Espíritu, quien a su vez otorga libertad de llegar sin velo a la presencia de Dios en Cristo.

El consejo o sugerencia apostólica, aquí, es que tú inviertas todo tu tiempo en buscar la presencia de Dios, mientras esperas allí que el Espíritu te transforme a la imagen plena de su glorioso Hijo, y toma esa libertad prometida para adorar en espíritu y verdad como salga de tu corazón.

(Gálatas 5: 1)= Estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres, y no estéis otra vez sujetos al yugo de esclavitud.

Pablo comienza su presentación de las cuestiones prácticas del evangelio exhortando a los Gálatas a usar su libertad cristiana apropiadamente. Deben mantenerse firmes en ella y guardarse de cualquier clase de violencia.

¿Cuál es la Libertad Cristiana?

La gran pregunta a la que arribamos, ya, aquí, es: ¿Cuál es la libertad cristiana? Porque la espiritualidad, fíjate, es el resultado de la acción de Jesucristo, a través del Espíritu Santo, en la vida del creyente.

No se alcanza en modo alguno por la observancia de código formal alguno  Cualquier intento de alcanzar la rectitud atendiendo a una lista de prohibiciones y autorizaciones, es infructuoso. Dios nos llama a amar a los otros y servirlos tal cual Jesús lo hizo, por el poder del mismo Espíritu Santo y, naturalmente, en esa misma libertad.

Lo adecuado, entonces, para tu vida, la mía y la de cualquier creyente genuino, es andar en esa libertad que Cristo compró para nosotros, sin someter nuestra alma a reglamentaciones legalistas, independientemente de lo bien intencionadas y aconsejables que puedan parecer. Libertad del Legalismo.

Cuando Santiago habla de la ley de la libertad, por allí, por 1:25 y 2:12 de su carta, la ELEUTHERIA es el nuevo orden vital en el que el hombre vive de acuerdo con la voluntad de Dios. También el verbo ELEUTHERÓO es empleado únicamente para expresar la acción que acontece o ha acontecido por medio de Jesús en sus propias y concisas expresiones al respecto.

Por el contrario, ELEÚTHEROS tiene la mayoría de las veces el sentido de “libre en oposición a”. DOÚLOS, al igual que en el griego profano, igual a esclavo. Hay varias escrituras para compartir sobre estos tenores. Luego será el momento de definir todos estos aparentes “tecnicismos” teológicos.

(Gálatas 3: 28)= Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús.

Está muy claro desde la escritura, aunque tú y yo sabemos perfectamente que no lo está tanto en las iglesias. En Cristo, las distinciones de raza, rango o sexo no impiden establecer vínculos fraternales, ni garantizan privilegios especiales.

¿Es que estaré condenado a repetir las mismas palabras, los mismos conceptos en todos los capítulos? Porque en el que hablo de la culpa, creo que tuve que decir exactamente lo mismo. ¿Es mera casualidad? ¿O tal vez estamos hablando de “causalidad”? Libertad de raza, clase, sexo y condición.

¡Ganaban los Incrédulos!

(Efesios 6: 5)= Siervos, obedeced a vuestros amos terrenales con temor y temblor, con sencillez de vuestro corazón, como a Cristo; (6) no sirviendo al ojo, como los que quieren agradar a los hombres, sino como siervos de Cristo, de corazón haciendo la voluntad de Dios; (7) sirviendo de buena voluntad, como al Señor y no a los hombres, (8) sabiendo que el bien que cada uno hiciere, ese recibirá del Señor, sea siervo o sea libre.

Esto tiene la simpleza de lo dicho con claridad meridiana. Ya lo hemos tratado con relación a que no debemos ni podemos hacer acepción de personas. Porque, fíjate, tenemos la auténtica libertad de vivir conforme a como nos haya tocado vivir y no como a una mayoría le parece.

Y allí llegamos a un punto en el que quizás algunos no estarán muy de acuerdo, porque han sido formados, enseñados, potenciados y hasta programados de otro modo: que las mayorías no necesariamente tienen la razón. Apenas tienen mayoría.



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