MEDITACIONES DE SEPTIEMBRE

Septiembre 1

El dolor de hoy, mañana será parte del pasado

Lo primero que hizo Nicolás Martínez fue tomar una fotografía de la imponente estructura --otrora motivo de elogios por la creatividad invertida en los acabados arquitectónicos, en los colores que resaltaban las columnas y en las molduras de yeso--, que ahora lucía envuelto en llamas. Después se lanzó a la batalla. Él es bombero y su misión es combatir el fuego, en ciudad de Méjico.
Horas más tarde, en la diminuta salita de su apartamento, rodeado por sus dos pequeños hijos y la esposa que cada día lo espera con la misma expectación y ansiedad que si lo viera llegar después de una guerra, repasaron las gráficas. Si bien es cierto las lenguas de fuego envolvían la edificación, las degradaciones de amarillo, rojo, azul y gris, daban un matiz diferente a lo que decenas de personas consideraban era una tragedia. Detrás del incendio, había arte.

En dos años logró coleccionar un centenar de imágenes de siniestros que hoy expone en Méjico, y que han convertido a este héroe anónimo, en un caso singular del artista que combina su profesión de bombero con la afición por la fotografía.

Cada día una nueva oportunidad

Cuando Nicolás vuelve atrás las páginas del álbum, sólo aprecia fotos de instantes que fueron angustiosos, que quizá cobraron vidas humanas y despertaron incertidumbre, pero que hoy forman parte del archivo del pasado, del ayer que jamás volverá.

Un error enorme en nuestra existencia es proseguir atormentándonos con lo que pasó antaño. Todo eso quedó en ese limbo indeterminado que constituyen los hechos que nunca se repetirán. Cada segundo es nuevo. De ahí que sólo el presente cuenta. El dolor por el pasado sólo atormenta a quienes quieren vivir en el pasado.

A esta sana decisión de crecer diariamente se refirió el apóstol Pablo cuando escribió: “... una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús.”(Filipenses 3:13, 14).

Este batallador incansable, a quien se considera un ganador de tiempo completo, tenía claro que sólo podemos crecer en la medida que vivamos el presente y nos preparemos para el mañana. Igual como cristianos. Sólo llegaremos al final de nuestra existencia con Jesucristo, si ponemos la mirada en El y no dimensionamos las circunstancias adversas que podamos enfrentar hoy...

Ps. Fernando Alexis Jiménez
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Septiembre 2

Nuestra meta: llegar al final de la competencia

La distancia se hizo más larga que de costumbre. Al menos así le pareció al español Luis Arroyo mientras sus pasos golpeaban duro y con firmeza sobre la pista de tartán. Su corazón se agitaba con fuerza. Sentía cada latido golpeando las sienes. Estaba consciente de que se jugaba su futuro como deportista. En las tribunas, decenas de personas vitoreaban. No le importó el calor ni el sudor que corría por su rostro. Sólo tenía un propósito: ganar la carrera.

--Felicitaciones, lo lograste de nuevo, campeón—le gritó con entusiasmo el entrenador, al final de la competencia. Se le acercó y le prodigó varias palmadas afectuosas.

--Pensé que jamás iba a llegar...—musitó el joven atleta mientras se apuraba un trago de agua que le pareció como un torrente incontenible. Había terminado exitosamente la competencia en los Mundiales de Atletismo celebrados en Francia.

Mientras caminaba hacia la tribuna, recordaría los meses que pasó esforzándose por largas jornadas con el propósito de dar lo mejor de sí en la convocatoria. A pesar de ser invidente, desde niño se había fijado la meta de ser el mejor, y fruto de su dedicación y perseverancia, lo estaba logrando. Vendrían nuevos retos, nuevos triunfos, nuevos escalones...

Vivir es un auténtico reto

Vivir no es fácil. Constituye un reto. Siempre enfrentaremos obstáculos. Forman parte de la existencia misma. Y sólo encuentran reposo, tranquilidad y realización, quienes aprenden a sobreponerse a los tropiezos. Nada ni nadie nos pueden llevar a renunciar a las metas, sueños y esperanzas, y menos a nuestra disposición de cambio. La decisión es personal. Y sólo quienes perseveran llegan a la meta.

La historia del atleta invidente Luis Arroyo nos lleva a reflexionar en nuestra condición de hombres y mujeres llamados a vencer. Debemos seguir adelante, sin desistir. Cuando sienta que está por renunciar, pida las fuerzas que otorga nuestro amado Dios.

El apóstol Pablo escribió: “...saca fuerzas del generoso amor que Dios nos da por medio de Cristo Jesús” y añade a continuación: “Cuando un atleta participa en una competencia, no puede ganar a menos que obedezca todas las reglas” (2 Timoteo 2:1, 5. Nuevo Testamento versión La Palabra de Dios para todos)...

Adelante. Los vencedores no se rinden. Es cierto que tropiezan y pueden sentir desánimo, pero se levantan y reemprenden el camino. Y en su condición de cristiano, la recomendación es la misma. Si falló en algo, no se amilane, levántese y comience de nuevo. Una vida de testimonio, victoria espiritual y personal, se construye día a día, con la mirada puesta en Jesucristo, no en la aprobación o críticas de quienes nos rodean.

Ps. Fernando Alexis Jiménez
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Septiembre 3

La altivez nos impide crecer...

Con la pericia de un relojero, cuidando el más mínimo detalle y ante la mirada expectante de decenas de curiosos, se va construyendo la torre.

A diferencia de las obras arquitectónicas de la modernidad, estas moles no son de concreto ni de ladrillo: sus componentes son hombres y mujeres que cada año se reúnen en Cataluña, España, para participar de este singular concurso.

La convocatoria reúne turistas de todo el mundo. Llegan con alegría y desbordan las calles como en un carnaval que se extiende por horas y horas con una vistosa conjunción de trajes de vivos y variados colores, serpentina, globos y sonrisas de los participantes, sin importar ni el idioma ni la clase social.

El castillo humano que este año batió todos los registros, tenía doce pisos y lo integraron cerca de trescientas personas.

Generalmente, cuando se desmoronan estos “casteles”, la caída es inevitable. Salvo contusiones en el cuerpo, nada ocurre a los participantes. En cien años sólo ha habido un deceso...

Los castillos humanos se desmoronan

Apreciando las imágenes de televisión sobre el desarrollo del concurso, pensaba en la naturaleza humana. Nos acompaña la inclinación a permitir que la soberbia gobierne nuestra existencia conforme vamos creciendo espiritual, profesional o eclesialmente. Pareciera que la prosperidad --cualquiera que sea su manifestación-- nos perjudica. Es como si construyéramos un castillo que se eleva al cielo, y no estamos preparados para que las circunstancias cambien y debamos volver al comienzo de todo.

Quizás no sea así en su caso, pero puedo asegurarle que un alto porcentaje de las personas que le rodean incurren en este error...

Una persona humilde y sencilla crea puentes de diálogo con quienes le rodean. Constituyen la generación de hombres y mujeres cuya personalidad es atrayente. Los orgullosos y arrogantes --en cambio-- experimentan el rechazo. No crean las condiciones propias para que se les acerquen.

Dios ama la sencillez y no comparte una actitud altiva, como lo describe el salmista: “No hay lugar en tu presencia para los altivos,
pues aborreces a los malhechores.”(Salmos 5:5).

Es probable que, sin proponérselo, haya incurrido en la altivez. No lo reconoce porque nadie le había advertido sobre ese peligro. Pero usted puede cambiar. Basta que examine sus actitudes. Si descubre que el orgullo le domina, dispóngase a cambiar y pídale al Señor Jesucristo la fuerza necesaria. ¡Usted puede cambiar!¡Animo!¡Nunca es tarde para comenzar!.

Ps. Fernando Alexis Jiménez
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Septiembre 4

Cuide todos sus actos, pueden quedar al descubierto

Dejar olvidada esa agenda fue un descuido muy costoso. Una dirección y un teléfono escritos en la tercera página llevaron a que se desencadenara la investigación y en la entidad bancaria en la que por años prestó sus servicios como contador, pusieran al descubierto una sucesión de autopréstamos que difícilmente se habrían advertido en los balances financieros.

Ante las evidencias desplegadas sobre un escritorio, y ante la mirada inquisidora de varios directivos, admitió que en efecto había hecho tres movimientos bancarios, a todas luces ilegales. Y aunque argumentó que lo hizo para financiar el tratamiento médico de su esposa --doblegada por una enfermedad terminal-- no pudo dejar de reconocer que fue su más craso error.

Nada queda oculto. Incluso la ciencia ha avanzado en el proceso de identificar dónde se encuentra una persona y qué movimientos realiza.

Una empresa norteamericana sacó al mercado un microchip del tamaño de un grano de arroz que entra al torrente sanguíneo mediante una inyección y determina en cuestión de segundos la identidad completa de su portador. Los creadores consideran que en breve podrán realizar el rastreo de este “localizador personal” mediante el sistema de satélite.

Nada queda oculto

El Señor Jesucristo advirtió a sus discípulos: “Así que, no los temáis; porque nada hay encubierto, que no haya de ser manifestado; ni oculto, que no haya de saberse.”(Mateo 10:26). Un hecho innegable: nada queda oculto.

Cuando tomamos conciencia de esta realidad, despertamos a una decisión: la importancia de cuidar todos nuestros actos. Cada hecho debe ser transparente de tal manera que si fuera conocido de todos, no tengamos de qué avergonzarnos.

Quien actúa con claridad, despierta confianza. Quien oculta cosas, genera rechazo. Ahora sumamos otro elemento que le invito a tener en cuenta: un cristiano debe observar rectitud en su desenvolvimiento. Es una manera de testimoniar la nueva vida de fe en que nos movemos. Su meta desde hoy: adoptar dos principios esenciales transparencia y rectitud en su desenvolvimiento cotidiano...
Ps. Fernando Alexis Jiménez
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Septiembre 5

Usted también puede llegar a la cima

En escena aparecen imágenes de tiempos idos, con caballeros andantes, aldeas próximas a un castillo y la infaltable protagonista que alienta las ilusiones de quien la evoca con nostalgia.

Las imágenes cambian de un escenario a otro y en pocos minutos llevan a volar en las alas de la imaginación a quienes aprecian el video de la canción “Dígale”. La trama concluye con dos finales, que puede escoger quien se haya deleitado con la producción. Se trata de una propuesta artística que rompe los esquemas y que representa una expresión de enorme creatividad.

Su autor, David Bisbal, es también el fruto de un enorme esfuerzo. Triunfó en Madrid, España. Fue finalista y ganador en el conocido programa de televisión “Operación triunfo” que semanalmente aprecian más de quince millones de personas en Europa. Su primer álbum musical vendió 800 mil copias. Batió todos los registros. Se consolidó como un prolífico cantautor.

Cuando alguien le preguntó cómo describiría su fórmula hacia el éxito, la sintetizó en seis puntos. El primero ingrediente --dijo él-- es ser originales. El segundo, esfuerzo sin cansarse. El tercero, no renunciar ni a los sueños ni a las ilusiones. El cuarto, no permitir que el orgullo y la soberbia tomen fuerza en la personalidad. El quino, no retroceder jamás. Y el sexto, valorar a quienes te ayudan a avanzar.

El esfuerzo constante, un secreto

Hay quienes emprenden un proyecto, pero rápidamente renuncian. Permiten que la desesperanza los venza. Una disposición así jamás le conducirá al triunfo. Esa realidad nos lleva a concluir, tal como advierte la Biblia, que el secreto estriba en perseverar. “Todo esfuerzo tiene su recompensa, pero quedarse sólo en palabras lleva a la pobreza.”(Proverbios 14:23. Nueva Versión Internacional).

Los sueños, metas y esperanzas pueden convertirse en realidad. Pero necesita avanzar. Jamás volver atrás. Esa actitud es la semilla que hace germinar a los derrotados. Ellos se dan por vencidos fácilmente.

Cualquiera que sea su proyecto, bien sea de vida, de crecimiento espiritual o de mejoramiento profesional, debe proseguir. Es necesario que deseche la idea de renunciar. Y si siente que las fuerzas le abandonan, pídaselas al Señor Jesucristo. El está de su lado y jamás lo dejará solo. Con su ayuda es posible llegar muy lejos. Animo. No olvide que usted fue llamado a ser un vencedor...
Ps. Fernando Alexis Jiménez
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Septiembre 6

Alegre su rostro con una sonrisa

Una pincelada. Otra. Y otra más. Un detalle fino. Un pincel más delgado. Limpiar el sudor de la frente, y seguir, cuidando que las líneas fueran muy finas. Luego los efectos de luz. Combinar colores y lograr claroscuros que hicieran notar desde dónde venía la claridad. El retrato iba tomando forma. Después de varios meses y de intensas jornadas diurnas y nocturnas al amparo de una Italia acogedora e idílica, la pintura estaba lista. La Mona Lisa, de Leonardo Da Vinci se convirtió en uno de los patrimonios artísticos de la humanidad.

Esta obra de arte se concluyó en 1503 y guardó para la posteridad la efigie de una mujer joven, aristócrata, de treinta años aproximadamente. Sobre su árbol genealógico se han tejido muchas versiones, pero ninguna se ha comprobado plenamente. La pintura está en el Museo de Chantilly, en Francia.

En este cuadro hay algo que llama la atención. Por siglos ha dividido las opiniones de los expertos. Radica en la certeza de si la mujer luce sonriendo o con indiferencia. Hay quienes afirman que, dependiendo del lugar en que usted se ubique, podrá verla esbozando una expresión de alegría. En cambio, si la mira de frente, no encontrará rasgos diferentes a los de alguien que mira detenidamente al pintor.

Y usted ¿Qué expresión luce hoy?

De la Mona Lisa podrán decir mucho, pero jamás que en efecto aparece sonriendo en el retrato... Una sonrisa no cuesta nada. Pero puede hacer mucho. Derriba muros de intolerancia, abre puertas y revela una personalidad atrayente. La sonrisa y la alegría se contagian. Igual que el mal humor y el pesimismo. Todo depende de la actitud que asumamos frente a la vida. También de nuestra decisión de impactar a los demás con optimismo o tristeza.

La Biblia dice: “El corazón alegre se refleja en el rostro, el corazón dolido deprime el espíritu.” (Proverbios 15:13. Nueva Versión Internacional).

Un buen principio de vida cristiana práctica para asumir desde hoy, es sonreír. Representamos la generación de los vencedores en Jesucristo, por eso no tiene sentido que mostremos un rostro apesadumbrado que no acompasa con nuestra vocación de fe, esperanza y entusiasmo.

¡Sonría, es su forma de contribuir a la transformación del mundo!
Ps. Fernando Alexis Jiménez
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Septiembre 7

Es hora de reconocer nuestros errores

Tardó veinte años en reconocer su error. Lo hizo el día que le notificaron sobre la retención de su hijo. Chocó una moto contra el amplio ventanal de una cafetería. Tres personas resultaron heridas. El muchacho quedó bastante golpeado. Iba embriagado. La noche apenas caía sobre la ciudad. En su aturdimiento, no sabía qué le había ocurrido.

Ese día, camino de la estación policial, recordó la crianza. Nada buena para el jovencito. Volviendo atrás, como en una película, reflexionó que pudo estar más cerca de los problemas del hijo. Pero se negó. No quería admitir la realidad de lo que le rodeaba. Tampoco el impacto que generaban los malos tratos a los que lo sometió.

Admitió su culpa. Pudo haber cambiado a tiempo. Pero no lo hizo. Hasta que vio la gravedad del asunto. Y aunque parecía tarde, le pidió perdón. Lo hizo en la propia delegación policial. Sin importar cuántos curiosos estuvieran alrededor, apreciando la escena. Las circunstancias ameritaban que emprendiera un nuevo camino. Nada perdería con intentarlo.

Reconocer que fallamos nos ayuda a crecer

Quien no admite sus errores, se estanca en el proceso de crecimiento espiritual y personal. Sólo quienes reconocen sus fallas, pueden emprender el camino de corregirlas y dirigirse a nuevos senderos de cambio.

Un análisis sencillo a este hecho ineludible, lo hizo el rey David. El escribió “¿Quién se da cuenta de sus propios errores? ¡Perdona, Señor, mis faltas ocultas! Quítale el orgullo a tu siervo; no permitas que el orgullo me domine. Así seré un hombre sin tacha; estaré libre de gran pecado.”(Salmo 19:12, 13. Versión Popular “Dios habla hoy”).

No es nada nuevo. Se trata de una realidad que ha acompañado al hombre a través de la historia. Personas, que pese a incurrir en actos, palabras y gestos que atentan contra los demás, nunca lo reconocen. Pero podemos cambiar. Si nos disponemos, el primer paso es reconocer que fallamos y aplicar los correctivos. El segundo, pedir a Dios la fuerza necesaria para avanzar hacia ese cambio. ¡Animo! Usted puede...
Ps. Fernando Alexis Jiménez
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Septiembre 8

Luche por sus sueños, así luzcan imposibles

La primera imagen que vio por la televisión se quedó grabada para siempre en su mente. Jamás pudo borrarla. Era del primer hombre en la luna. Formaba parte de un archivo. Le fascinó. Le despertó nuevos sueños, por encima de los que compartían los niños y adolescentes de su generación. Desde ese momento decidió cuál sería su meta más grande en la vida: convertirse en astronauta.

Jessica Rodríguez se fijó esa meta en su existencia. Nada fácil para alguien como ella que cursaba secundaria en un colegio de Santiago de Cali. Pero su decisión iba más allá que el alcance de los obstáculos. Terminada su formación básica, viajó a los Estados Unidos, en donde profundizó en asignaturas como ciencias, física y matemáticas, las que sabía, eran imprescindibles para material su sueño.

Su decisión de vencer le llevó a aplicar documentación y ser seleccionada como una becaria en un programa de apoyo estudiantil. De los veinte mil postulantes, sólo escogieron a cuatro mil. Ella estaba entre los beneficiarios. Estudio ingeniería aeroespacial.

A sus 21 años y después de luchar y esforzarse por ser la mejor, Jessica está vinculada a la Nasa, y hace tránsito en su propósito de convertirse en astronauta.

Nada nos puede detener

Sintetizar en pocas palabras la vida de una persona es sumamente difícil. Sin embargo, la esencia de sus metas es fácil de identificar. Y en esta joven caleña se encarna la fe indeclinable de quien da pasos sólidos hacia la realización de sus sueños, por encima de lo que piensan y dicen los demás.

Sólo llegan lejos quienes se fijan una meta y vuelcan sus esfuerzos a verla cristalizado. Alrededor, muchos habrán emprendido un proyecto, pero renunciaron. Se quedaron en las expectativas. Ganar, es avanzar. Nada es imposible. Basta tener la decisión férrea de lograrlo.

Pero en esta escalera hacia la realización personal, profesional y eclesial, es fundamental que vincule a Dios. La Biblia dice que El nos ayuda a lograr la concreción de nuestros objetivos. “El hombre echa las suertes, pero el Señor es quien lo decide todo.”(Proverbios 16:33. Versión Popular “Dios habla hoy”).

Adelante. Usted también puede llegar alto. Fíjese una meta, sométala a Dios, tenga fe y avance por encima de las dificultades. No está solo. El Señor Jesucristo le fortalecerá. No olvide que usted nació para vencer...
Ps. Fernando Alexis Jiménez
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Septiembre 9

Las circunstancias no deben derrotarnos

Jorge Enrique miró a la cámara de televisión. Luego a mi. Después a quienes nos rodeaban. Estábamos en la unidad oncológica del Hospital Universitario del Valle del Cauca, en Colombia. Grabábamos un especial de televisión. El sonrió, guardó silencio unos segundos, meditó cuidadosamente en sus palabras, y dijo:

--No me preocupa que me vean como estoy, algo deteriorado físicamente. El cáncer habrá podido invadir mi cuerpo, pero no mi alma. Podrá acabar con mis fuerzas, pero no con mi entusiasmo. Y voy a estar feliz hasta el último día que pueda despertar.—El silencio que acompañó sus frases lo dijo todo. Aquél estudiante de segundo semestre de ingeniería civil era un vencedor, a pesar de las circunstancias.

Sorprendió a todos. Su optimismo tenaz rompió el hielo. Algunos se conmovieron. Otros reflexionaron en el hecho de que ellos estaban a punto de renunciar a vivir pese a que tenían todas sus facultades y estaban sanos. En cambio, este joven de veinte años luchaba por la existencia. Y no se iba a dejar derrotar.

Salí del lugar con la firme convicción de que es necesario seguir luchando. Lecciones de vida tal como la que compartió con nosotros Jorge Enrique, hablan más que mil palabras. Son hechos. Es el pensamiento inalterable de un vencedor, por encima de las dificultades.

¿En quién confiar?

Cuando no tenemos en quién confiar, las crisis nos roban la tranquilidad. La determinación de permitir que nos agobien las dificultades es nuestra y nada más que nuestra. Los demás podrán traernos tribulación. Incluso, las circunstancias adversas pueden ensombrecer el panorama que tenemos enfrente. Pero la decisión de dar lugar al desánimo la toma cada uno.

Sin embargo hay un recurso infalible frente a los desiertos que atravesamos. Estriba en tener fe en Dios, Aquél que todo lo puede. Si en la crisis volvemos nuestro rostro a El, encontraremos paz y sosiego, tal como lo escribe el salmista: “Confortará mi alma; me guiará por sendas de justicia por amor de su nombre!”(Salmo 23:3).

Es natural y previsible que los conflictos vengan a nuestra existencia, pero vamos a vencer. De un lado con la disposición de seguir adelante sin mirar la dimensión de los problemas, y de otro, depositando todas nuestras cartas en el Señor Jesucristo, en el convencimiento que el traerá tranquilidad a nuestro corazón. ¡No lo piense dos veces!¡Inténtelo ahora mismo!
Ps. Fernando Alexis Jiménez
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Septiembre 10

¡Pudiste hacer más por tu prójimo...!

Lo que jamás ha podido olvidar, ni siquiera en los atardeceres de ensueño en las costas del Pacífico, fue la última mirada que le prodigó su amigo Anselmo –en una extraña mezcla de angustia y temor-- instantes antes de perderse en medio del remolino que le quitó la vida en el río Bocas de Satinga, al sur de Colombia.

Esa mirada le persigue a todas partes. Al comenzar la jornada, cuando se embarca para pescar, al caminar por un sendero de la playa, cuando ve morir el día sentado sobre una roca del acantilado o en las noches en las que se reúne junto con su familia, alrededor de una lámpara de kerosene.

“Siento que pude hacer algo más” repite una y otra vez al recordar, como devolviendo una película, el momento en que se volteó la pequeña embarcación y su interés por no perder los aperos de pesca.

También rememora la llamada de su compañero de faena, implorándole que le ayudara. Extendió su mano, pero realmente no se esforzó mucho. Él mismo estaba asustado. La fuerza del agua pudo más. Anselmo murió ahogado. Lo encontraron tres días después. Dejó una mujer viuda y tres niños pequeños, todos en la más absoluta miseria.

Y usted ¿Ha dejado de ayudar a alguien?

Una cosa es escribir la historia y otra --bien diferente--, escuchar el relato y el dolor que embarga a uno de sus protagonistas.

Meditaba en cuántas cosas hemos podido hacer por nuestro prójimo, pero evadimos nuestro compromiso. Restamos importancia a su necesidad de ayuda o de apoyo. Buscamos una excusa. Les dejamos solos. Pero cuando somos nosotros quienes experimentamos el dolor, esperamos que nos brinden acompañamiento.

En adelante, la actitud que asumimos debe ser diferente. No podemos seguir insensibles ante el dolor ajeno. Por el contrario, en lo que esté a nuestro alcance, estamos llamados a prestar ayuda. Es una característica que identifica al cristiano auténtico. Al respecto al apóstol Pablo recomendó a los primeros creyentes: “Que hagan el bien, que sean ricos en buenas obras dadivosos, generosos; atesorando para si bien fundamento para todo lo poder venir, que echen mano de la vida eterna”(1 Timoteo 6:18, 19).

Es necesario testimoniar la condición de seguidores de Jesucristo con hechos que revelen una naturaleza renovada. Jamás olvide que predicamos más con lo que hacemos que con todo lo hermoso que digamos. Esa es la manera de contribuir a la construcción de una sociedad más humana, donde prime el amor...
Ps. Fernando Alexis Jiménez
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Septiembre 11

¿Todavía prisionero de la ira?

Cuando arrojó el vaso con café al suelo, no pensó en su esposa ni en lo que podrían imaginar los niños, sentados con él junto a la mesa, y mucho menos la opinión de los vecinos que no perdieron detalle de la discusión que siguió a continuación.

--No actúes así. Contrólate...—le sugirió su esposa, a lo que siguió una respuesta contundente. El cruce de palabras se prolongó por mucho tiempo. Y aunque se dio una tregua, la discusión se reavivó al día siguiente, y se convirtió en una sucesión de enfrentamientos que llevaron al hijo menor a replicar las grescas en el colegio donde estudia. La niña se limita a guardar silencio, incluso en los breves lapsos de felicidad en ese hogar.

No importa que sea grande, esté pintada con vivos colores, tenga decorados por todos los rincones y el antejardín evoque el paraíso, por la gran cantidad de flores, principalmente rosas que despiertan elogiosos comentarios de quienes recorren la avenida. Nada tiene sentido porque aquella casa que parecía tomada de un cuadro, se convirtió en un infierno.

El hombre reconoce su error. Muchas veces. Cuando llega al trabajo y rememora los incidentes. Admite que no actuó bien. La ira toma fuerza. Es como un huracán que arrasa todo a su paso. La peor parte la lleva su familia. Ellos sufren mucho. Su padre, que debiera ser motivo de alegría, echa a perder los mejores momentos.

¿Se deja mover por la ira?

Las manifestaciones de ira traen dolor a la vida de quienes la enfrentan y de las personas que se encuentran alrededor. ¿Qué hacer? Primero, admitirlo. La mejor forma de cambiar, es reconociendo en qué fallamos. El segundo paso, identificar qué despierta esos raptos de cólera. Y tercero, reconocer que no es en nuestras fuerzas sino con ayuda de Dios que podemos cambiar.

El apóstol Pablo escribió: “Sea quitada de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritos, maledicencia, así como toda malicia. Sed más bien amables unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, así como también Dios os perdonó en Cristo.” (Efesios 4:31-32. La Biblia de Las Américas).

La exhortación del autor sagrado deja sentado un hecho. Es posible cambiar, pero debe existir una disposición al cambio en cada uno de nosotros. Todo parte de una decisión. Es esencial. Hasta tanto no comencemos, será difícil llegar a la meta. Su vida puede ser diferente. Tome el sendero hoy. No es difícil. Dios está con usted.
Ps. Fernando Alexis Jiménez
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Septiembre 12

¿Qué puede significar una vestidura?

El traje lo tomaron entre sus manos una decena de personas. Sigue igual. Como si el tiempo jamás hubiera pasado. Sus colores rojo, azul y negro lucen tan vivos como en su mejor época. Fue subastado. De esta manera se cerró el capítulo de un largo proceso para dar vía libre a su venta. Es el vestido y la capa que por años identificó a Superman, la historieta que protagonizó George Reves hace cincuenta años.

Lo vendieron rápido. Por 129 mil dólares. Una pequeña fortuna. “Algo insignificante si se dimensiona su significado” aseguró el propietario de la casa de subastas, Joseph Maddlena.

Es un vestido que no pasa de moda. Lo usó el protagonista del seriado de televisión entre 1952 y 1957. Hacía soñar a chicos y grandes. Por eso no es extraño que pese al tiempo transcurrido, muchos quisieran tocarlo con la íntima e inconcebible idea de encierra lo que hoy llamaríamos, poderes ocultos.

Revestidos del poder de Dios

Un traje puede llevarnos a lucir bien. Lo asociamos con humildad o elegancia. Evidencia también a qué actividad nos dedicamos y puede incluso revestirnos de autoridad. Como ocurre con un agente de tránsito. Con esas prendas no podría estar en un escenario animando un circo. Su investidura le lleva a comportarse como tal.

El apóstol Pablo llamó a los cristianos a revestirse de autoridad frente a los ataques del mundo de oscuridad y maldad que nos rodea. El escribió: “Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes. Estad, pues, firmes, ceñidos vuestros lomos con la verdad, y vestidos con la coraza de justicia, y calzados los pies con el apresto del evangelio de la paz. Sobre todo, tomad el escudo de la fe, con que podáis apagar todos los dardos de fuego del maligno. Y tomad el yelmo de la salvación, y la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios...” (Efesios 6:13-17).

¿De qué manera nos revestimos de autoridad? Con la fe depositada en Jesucristo, Aquél que todo lo puede. Sin tenemos claro que por su sacrificio en la cruz fuimos hechos hijos de Dios, asimilaremos que como tales no podemos sucumbir a los asedios y tentaciones de Satanás. Estamos llamados a vencer. De ahí la importancia de nuestra nueva investidura. Hijos de Dios, llamados a vencer. No lo olvide. Usted tiene autoridad sobre las fuerzas del mal. ¡Adelante! Nada lo detenga...
Ps. Fernando Alexis Jiménez
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Septiembre 13

Si algo se sale de su control, no se desespere...

El tigre murió. Ocurrió al caer la tarde. Nadie supo por qué. Trajo tristeza. Era la única atracción del circo. Y el único payaso del espectáculo, que a la vez era el propietario, animador y aseador cuando terminaba la función, lo sabía. Quedó desorientado. No sabía qué decir. El veterinario se limitó a menear la cabeza. Era su forma de decir, sin palabras, que nada podía hacer.

Le pareció que el tiempo había sido corto. Demasiado. El animal que compraron a bajo precio, fue por meses el centro de todas las funciones. Y aunque lucía cansado, chicos y grandes evocaban en su estampa de animal fiero, lugares remotos y selváticos a los que difícilmente se podía llegar.

La carpa cerró. Nadie venía. Los pocos artistas que quedaban, se fueron. La tela y las tablas terminaron convertidas en un campamento de gitanos. El tigre se llevó todo con su partida, hasta los recuerdos. Hoy el payaso atiende un pequeño almacén de ferretería en Aguas Verdes, al sur del Ecuador. Todavía sueña con reabrir el circo, aunque sabe que jamás será...

El tiempo jamás regresa

El hoy mañana será ayer. El tiempo se esfuma. No volverá jamás. Podremos regresar las manecillas de un reloj, pero nunca los minutos que transcurrieron. Es inevitable. Cada segundo es oro.

Pero hay un segundo elemento a considerar. Son las circunstancias ajenas a nuestra voluntad y que llevan a la ocurrencia de hechos que jamás esperábamos. Como la muerte del tigre. O el cierre del circo. Sucesos que jamás preveíamos.

En la Biblia leemos: “En este mundo he visto algo más: que no son los veloces los que ganan la carrera, ni los valientes los que ganan la batalla; que no siempre los sabios tienen pan, ni los inteligentes son ricos, ni los instruidos son bien recibidos; todos ellos dependen de un momento de suerte. Por otra parte, nunca sabe nadie cuándo le llegará su hora: así como los peces quedan atrapados en la red y las aves en la trampa, así también el hombre, cuando menos lo espera, se ve atrapado en un mal momento.”(Eclesiastés 9:11, 12).

Instantes así, que nos cambian la vida en cuestión de segundos, es necesario aprender a afrontarlos con entereza, con fe, bajo el convencimiento de que nada debe robarnos ni la paz ni la esperanza. Si algo imprevisto golpea a su puerta, tal vez una enfermedad, una pérdida irreparable o una crisis fuera de control, vuelva su mirada a Jesucristo. El puede ayudarlo. Nada es imposible para El.
Ps. Fernando Alexis Jiménez
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Septiembre 14

Llamados a vivir de nuevo

Abrió los ojos. Recorrió el lugar con la mirada. La luz lo cegaba. Los cerró, pero de inmediato, fruto de la curiosidad, los abrió de nuevo. No logro determinar dónde estaba, hasta que –segundos después—el rostro sonriente de un médico le llevó a comprender que se encontraba en una habitación de hospital.

--Mamá...—musitó. Terry Wallis despertó de un sueño que le tomó diecinueve años. Comenzó la tarde cuando se accidentó, de regreso a casa. Una tarde. Soleada. Acogedora. En Arizona, Estados Unidos.

Tras el aparatoso volcamiento del vehículo, ingresó a la clínica en coma. Así permaneció por espacio de 6.930 días. Largos. Interminables. Sólo su madre estuvo acompañándolo, indeclinable, junto a su cama. Se negó a permitir que le desconectaran los monitores. Guardaba la esperanza. Y esa confianza en un mejor mañana se la compartía al oído. Con fe. Creyendo que para Dios no es imposible un milagro.

Ha vuelto a vivir. Apenas se está acostumbrando a la estadía en el hospital, con paredes blancas y un fuerte olor a alcohol medicado. Todavía no comprende que Ronald Reagan ya no es el Presidente y que Bill Clinton dejó de ser Gobernador. Tampoco que él llegó al primer cargo público de su país. Para Terry Wallis, el tiempo se detuvo en 1984, cuando ocurrió el incidente. Ahora está comenzando una nueva existencia.

¡Es hora de despertar!

Es probable que su vida sea como la de Terry. Por alguna circunstancia murió a sus sueños, metas y expectativas. Quizá un hábito le mantiene atado. Tal vez un vicio. O un revés personal. En medio de la crisis admite que ha perdido mucho tiempo. Pero tiene fe. Le acompañan las esperanzas. Tiene la certeza de que Dios puede ayudarle. ¡Es hora de comenzar de nuevo!

Comenzar no es fácil. Nunca lo ha sido. Pero toca emprender el camino. Cuanto antes, mejor. Delante suyo se abre una nueva vida. Como la oportunidad que recibió el hijo pródigo. El falló, pero reconoció su error. Al referirse a su decisión de cambio, el padre de este muchacho desorientado dijo: “Mas era necesario hacer fiesta y regocijarnos, porque este tu hermano era muerto, y ha revivido; se había perdido, y es hallado.” (Lucas 15:32).

Igual usted. Puede iniciar hoy una nueva existencia. No mire atrás ni se preocupe del que dirán. Comience, simplemente. Paso a paso, asido de la mano del Señor Jesucristo. Podrá lograrlo. Es posible cambiar. Pero debe decidirse. ¡Podrá llegar a ser lo que jamás imaginó!¡Adelante! Dios está con usted y no lo ha dejado solo.
Ps. Fernando Alexis Jiménez
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Septiembre 15

Las circunstancias no pueden detenerte

Nació para ser un fracasado. Y sin embargo venció. Llegó lejos. Más que muchos, a pesar de que todas las circunstancias estaban en contra. Srinivassa Ramanujan creció en Erode, un pueblo remoto de la India. Su padre era un oficial Brahman de un juzgado. Pero todos compartían la pobreza.

Su curiosidad le llevó a descubrir nuevos mundos en el área del conocimiento. Fue autodidacta. Experimentó con los números. Y compartió unos cuantos teoremas con el matemático londinense Godfrey Harold Ardy. El científico descubrió que, pese a su baja educación, el muchacho era un genio. Y lo estimuló a proseguir los estudios. Corría el año de 1913.

Srinivassa Ramanujan llegó muy lejos. Su período de mayor creatividad fue en el último año de su vida. Murió joven. Apenas con 32 años. Dejó un enorme legado para las ciencias exactas. Además de sus escritos, se conservan unas pocas fotografías. En ellas luce con vestidos de tela suelta, blanca, fresca. Sus ojos grandes y brillantes acompasan con su baja estatura y la fragilidad de su cuerpo que evoca un niño perdido en la inmensidad de una playa.

Para este matemático, nadar contra la corriente no le impidió llegar donde se proponía. Tenía claro que los vencedores se forjan en medio de las dificultades.

Los obstáculos hay que superarlos

Con frecuencia hallo personas con extraordinarias ideas. Pero no pasan de eso. Ser meras ideas. ¿La razón? Nunca dan un paso para materializar sus sueños. Si lo hacen, se dan por vencidos en el primer fracaso. No han potencializado la condición de vencedores que Dios creó en su ser.

En las Escrituras leemos que si sometemos al Todopoderoso los proyectos, sin duda alcanzaremos las metas. El autor sagrado escribió: “Encomienda a Jehová tus obras, y tus pensamientos serán afirmados” (Proverbios 16:3).

Si le acompaña suficiente fe, sin duda avanzará sin importar los obstáculos que se levanten en la conquista de sus proyectos. Nada podrá detenerlo. Es hora de comenzar. No basta con soñar. Hay que luchar y esforzarnos por esos ideales. ¡Con ayuda de Dios podemos lograrlo!
Ps. Fernando Alexis Jiménez
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Septiembre 16

La fortuna personal de dar a quien lo necesita

El primer golpe que recibió en un cuadrilátero no sólo le llevó a la lona sino que le hizo pensar --apenas tuvo la fuerza suficiente para levantarse-- que esa no sería su profesión. Aquél día fue uno de los más difíciles porque aterrizó sus sueños y proyectos. Entendió que una idea no sirve de nada a menos que demos los pasos necesarios para materializarla.

Mario Moreno Reyes (1911-1913), a quien el mundo conocería como “Cantinflas”, emprendió desde entonces una carrera maratónica que le llevó a desempeñarse como lustrabotas, aprendiz de torero, mensajero, taxista. Y también bailarín. Como la noche en que improvisó un espectáculo sin par ante decenas de curiosos que lo aplaudieron, gritaron y rieron a más no poder, en tanto él parodiaba a su manera las tonadas del momento.

No se dejó vencer por la adversidad. Y aunque siempre soñó con ejercer la medicina --que fue el gran sueño de su padre-- entendió que desde las tribunas y las pantallas de cine también podía hacer mucho por quienes le rodeaban. Por eso transmitía alegría. Era su sino personal. Un entusiasmo desbordante que se contagiaba entre quienes estaban cerca.

Y algo que tampoco olvidará Méjico jamás: su generosidad. La plasmó en hechos. Sabía que quien mucho habla, a veces hace poco. Esa vocación de servicio le llevó a unirse a grandes causas y a oficializar su ayuda a los más necesitados.

Quien da, recibe

Hay quienes, como Mario Moreno “Cantinflas”, jamás pierden de vista su condición de hombres sencillos así lleguen a tener mucha solidez económica y posición social. Otros, por el contrario, apenas comienzan a prosperar vuelven la espalda a quienes siempre estuvieron cerca. Sencillamente no estaban preparados para ser mejores en todos los ámbitos.

En el protagonista de nuestra historia se encarna el proverbio que dice:”Hay quienes reparten, y les es añadido más; y hay quienes retienen más de lo que es justo, pero vienen a pobreza” (Proverbios 11:24).

Si no atenemos a este principio bíblico para tornarlo práctico en nuestra existencia, aprendemos que la generosidad es una semilla para recibir. Nos ayuda a crecer. Desde hoy, sin importar su condición social, académica o económica, ayudar al necesitado debe ser uno de los elementos que caractericen su existencia. ¡Es hora de comenzar!
Ps. Fernando Alexis Jiménez
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Septiembre 17


Prudencia es saber mantenernos al margen

Sucedió como muchas cosas que jamás esperamos: el día menos pensado y a la hora menos oportuna. Y comenzó con un vistazo a la calle para percatarse de qué ocurría. Lo sorprendió la escena. El hombre agredía a su esposa ante la mirada inerme de los espectadores. Le dolió el incidente. Nadie podía sustentar sus opiniones fundamentado en la violencia. Y se lo dijo:
--Suéltela, respétela, es su esposa—vociferó, asomado a la ventana.
--Y a ti ¿Qué te importa?—respondió el agresor, mientras apretaba fuertemente el brazo de su cónyuge.
´ Nadie decía nada. Tampoco perdían el más mínimo detalle. Poco a poco aumentaba el número de curiosos.
--Lo único que me preocupa es el trato a su familia—volvió a intervenir.
Y entre frase y frase, el problema pasó de ser entre marido y mujer. Ahora era entre los dos. Afortunadamente los separaron a tiempo. Nada pasó, salvo unos rasguños. Lo curioso es que, terminada la gresca, la esposa volcó sus esfuerzos para curar a su esposo, el que minutos antes la estaba agrediendo. Volvió la mirada a su vecino y con tono de reproche en la voz le gritó:
--Y la próxima vez no se inmiscuya en problemas ajenos--.

Guarde prudencia

Con frecuencia nos vemos inmersos en dificultades de otros. Entramos a discutir o proferir opiniones sin que las hayan pedido. Una actitud así necesariamente trae dificultades. Lo aconsejable es permanecer al margen de situaciones que no nos atañen.

¿Qué hacer en el caso específico del relato? Sin duda pudieron darse muchas otras alternativas. Hablar en tono conciliador pudo ser una de ellas. El error radica en inmiscuirse como si fuera un problema personal. Frente a circunstancias así, un proverbista de la antigüedad escribió: “No entres apresuradamente en pleito, no sea que no sepas qué hacer al fin, después que tu prójimo que haya avergonzado” (Proverbios 25:8).

En adelante usted debe medir sus actos antes de proceder a tomar una decisión o a actuar de determinada manera. En particular cuando se trate de dificultades entre terceros. La prudencia cristiana se refleja en callar a tiempo y guardar la calma en momentos difíciles...

Ps. Fernando Alexis Jiménez
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Septiembre 18

Rumbo hacia la tierra prometida

Perdió la cuenta de los días que marcó en su calendario y que luego reemplazó por marcas en la pared de su celda, hasta que no alcanzó ningún espacio para registrar los veintidós años que pasó en una cárcel cubana por su oposición al régimen estatal.

Eloy Gutiérrez al principio se desesperaba, gritaba en la soledad de su confinamiento, otras reía, luego se limitaba a sentarse en un rincón a esperar el tránsito lento de las horas hasta comprobar que había llegado la noche, cuando en el corredor se encendía una bombilla que apenas iluminaba el lugar. Los poquísimos momentos emocionantes fueron aquellos en los que veía la luz del sol. No podía concebir su tragedia, pero era el precio que pagaba por mantener diferencias con el gobierno. Y lo aceptó con un estoicismo único.

Esa es la razón por la que, el día que le anunciaron su libertad fruto de las presiones internacionales, no dudó un solo instante en correr por las calles de La Habana, embelesarse con los colores infinitos del atardecer y embriagarse con la brisa marina que le traía el rumor lejano de países en los que consideraba, no era delito pensar y disentir de los demás. Pasó veinte años en el exilio.

Ahora regresó a Cuba. Lleno de esperanza. Con fe. Convencido de que llegará el día en que cambien las circunstancias en su país. Y lo proclama a los cuatro vientos. No ha perdido la esperanza de vivir en paz, sin temores, con optimismo por un mejor mañana, en esa tierra de progreso que guarda en su memoria y que dista mucha de la nación donde prima la escasez de lo más elemental.

Rumbo a la patria celestial

Leer historias como las de Eloy, y conocer de cerca el drama de millares de campesinos colombianos o bolivianos que huyen de sus fincas y parcelas por temor a la violencia, pero que aún así conservan la esperanza de regresar, nos permite evocar a los cristianos que sufren hoy pero que guardan la fe de un nuevo amanecer, sin sufrimientos, al lado del Señor Jesús por siempre jamás, donde no haya dolor ni tristeza.

Marchar hacia la patria celestial nos compromete en vivir para Dios, sin desfallecer ni permitir que los tropiezos de la cotidianidad nos hagan volver atrás del sendero de consagración que iniciamos, tal como lo recomienda el apóstol Pedro: “Amados, yo os ruego como a extranjeros y peregrinos, que os abstengáis de los deseos carnales que batallan contra el alma, manteniendo buena vuestra manera de vivir entre los gentiles; para que en lo que murmuran de vosotros como de malhechores, glorifiquen a Dios en el día de la visitación, al considerar vuestras buenas obras” (1 Pedro 2:11).

No permita que las circunstancias le lleven a volver atrás. Siga adelante. Con la mirada puesta en el Señor Jesucristo. Así el desánimo golpee a su puerta, no permita que lo doblegue. La victoria está asegurada. Dios está con usted en todo momento...

Ps. Fernando Alexis Jiménez
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Septiembre 19

La importancia de permanecer alerta para no caer

Lo único que lograron identificar las autoridades cuando se dieron a la tarea de investigar quién era el responsable del virus informático “Bugbear”--uno de los más agresivos de los últimos años-- era que a su autor lo apodaban “delator” y respondía al nombre de Michael.

Suponían que tendría veinte años, por informaciones de los amigos dedujeron que habría cursado los primeros semestres de una carrera universitaria, vestía pantalones, camisetas y zapatos deportivos, nunca le faltaba una gorra de un famoso equipo de béisbol norteamericano, y pasaba cada día entre diez y quince horas sentado frente a un computador.

A su creatividad negativa se debe “Bugbear”, o más conocido como “Tánatos”, un programa contaminante que tomó fuerza en Asia y Malasia, se propagó a Europa, Canadá y Estados Unidos, provocando millonarias pérdidas a corporaciones financieras, y el colapso de instituciones tan vitales como clínicas, empresas de servicios públicos y cadenas de almacenes.

El bicho electrónico se descargaba en el equipo que resultaba vulnerable y, automáticamente, desactivaba cualquier “antivirus”. Esa rapidez y contundencia se reflejaba en posteriores daños a todo cuanto estuviera almacenado en cuanto a información y sistema operativo. Generaba un verdadero caos...

Y usted ¿Está preparado?

La vida de Michael me llama poderosamente la atención por dos motivos. El primero, porque detrás de un jovencito inquieto, dedicado a sus estudios, se esconde alguien que concibe y pone en práctica planes que traen perjuicio a quienes le rodean. Encarna un refrán popular en mi país: “Caras vemos, corazones no sabemos”. Jamás podemos determinar qué piensa y maquina alguien. Sus pensamientos serán siempre un misterio, salvo para Dios.

El segundo aspecto, que fuera tan astuto como para lograr sobreponerse a los muros de protección erigidos para proteger los computadores. De una manera sutil pero demoledora, lograba su propósito.

Estos dos componentes los uniría para llevarle a reflexionar en su existencia espiritual, y la importancia de permanecer atentos para evitar que el pecado tome fuerza en nuestra cotidianidad, y nos lleve al deterioro espiritual y personal. Al respecto advirtió el apóstol Pablo: “Pero temo que como la serpiente con su astucia engañó a Eva, vuestros sentidos sean de alguna manera extraviados de la sincera fidelidad a Cristo.” (2 Corintios 11:3).

Si consideramos que espiritualmente somos muy fuertes e inexpugnables, corremos el peligro de ceder a las tentaciones y el pecado. Una forma de evitar retrocesos estriba en caminar asidos de la mano del Señor Jesucristo, mantener una íntima relación con Dios en oración, y reconocer la necesidad de Su fortaleza. ¡Usted puede lograrlo!...
Ps. Fernando Alexis Jiménez
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Septiembre 20

Camino a la cima de los sueños

La carta le llegó cuando moría la tarde y la brisa proveniente de los farallones de Cali baña la ciudad con ese encanto inigualable que jamás se olvida. Abrió el sobre con ansiedad y dentro --con pocas palabras-- le tornaban partícipe de la convocatoria a formar parte de la Orquesta de las Américas, que reúne a los mejores músicos del continente.

Ricardo Gómez sonrió con satisfacción y, aunque el brillo en sus ojos revelaba incredulidad, reconoció que la invitación era el fruto de muchos años de esfuerzo, primero con el violín, luego con el arpa, y por último con la marimba.

No fue fácil. Tampoco esperó que lo fuera. Muchas veces hubiera querido salir a la cancha del barrio a jugar fútbol, como hacía cuando tenía nueve años y los deberes escolares eran su única preocupación. Pero no era posible. Ser el mejor exigía sacrificio.

Este talento caleño, de 22 años, se graduó hace poco como músico del Instituto Departamental de Bellas Artes, y aunque conserva la impetuosidad de su juventud, tiene claro que perseverando logrará materializar sus sueños de llegar a ser uno de los mejores intérpretes de su generación.

Usted también puede llegar alto

Si tuviéramos oportunidad de realizar una encuesta en nuestras ciudades, encontraríamos que por cada cien personas que conocemos, al menos ochenta tuvieron sueños; diez lucharon por ellos pero desistieron poco tiempo después; ocho avanzaron, pero se desanimaron ante la primera dificultad, y sólo dos lograron la cima de sus metas.

Llegar lejos es posible. Basta fijarnos un objetivo en la vida y volcar todos nuestros esfuerzos para cristalizarlo. Pero hay un elemento fundamental en ese proceso. Nuestra fe en Dios, y en las capacidades y talentos que El nos otorgó. Con estos aditamentos, es posible llegar a fronteras ilimitadas, tal como señala el proverbista: “Pon en manos del Señor todas tus obras, y tus proyectos se cumplirán”(Proverbios 16:3. Nueva Versión Internacional).

No podemos dejar de soñar. El día que lo hagamos, habremos ahogado las ilusiones y las motivaciones para vivir y esforzarnos. Con la ayuda del Señor es posible materializar nuestros propósitos.... Si tiene alguna iniciativa en el olvido, llegó el momento de reavivarla y trabajar en su concreción. ¡Es posible triunfar!¡Animo!¡Usted nación para ser un triunfador en Cristo!
Ps. Fernando Alexis Jiménez
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Septiembre 21

La importancia de no renunciar a las metas

Leo Sternbach perdió la cuenta de los días y noches que pasó experimentando con químicos antes de recibir la notificación de sus superiores, para que renunciara a las investigaciones encaminadas a encontrar un tratamiento eficaz para la ansiedad.

Pero el científico no se dio por vencido. Por el contrario, siguió intentándolo en medio de tubos de ensayo, microscopios y probetas en los que se mezclaba sustancias hasta ver nacer el Valium, un tranquilizante que cumplió cuarenta años de estar en el mercado.

El facultativo de 95 años, recuerda hoy que insistió una y otra vez porque jamás se resignó a la derrota. Hasta que lo logró. Un amanecer cualquiera de 1963, no sólo obtuvo la patente sino también la aprobación para comercializar el medicamento.

Sternbach nación en Croacia y comenzó su carrera en 1940, en Suiza. Luego emigró a los Estados Unidos por temor a una ocupación nazi. Su trasegar al servicio de la ciencia ha sido reconocido con exaltaciones internacionales. Pero la mayor virtud que le asiste es la perseverancia. Sólo de esta manera conquistó sus ideales.

Los enemigos de la perseverancia

Sólo quienes perseveran en la conquista de sus sueños, logran pasar de las palabras a la realidad. Sin embargo, en este camino es natural encontrarse poderosos enemigos como el desánimo, prestar atención a las críticas, renunciar ante los primeros fracasos, y la pereza.

Sobre el particular advierte el autor sagrado: “La pereza conduce al sueño profundo; el holgazán pasará hambre”(Proverbios 19:15. Nueva Versión Internacional). No es otra cosa que una invitación a la persistencia, a no desfallecer, a no cansarnos jamás sino a insistir cuantas veces sea necesario.

Dios nos creó con todas las potencialidades para ser ganadores. Pero depende de nuestra decisión adónde lleguemos. Quizá usted emprendió algún proyecto pero desistió. Con fe en el Señor, es hora de que comience de nuevo. Puede llegar lejos, sólo basta proponérnoslo y perseverar. ¡Animo!¡Comience ahora!.

Ps. Fernando Alexis Jiménez
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Septiembre 22

De la derrota a la victoria...

A Julián Andrés Portela la pérdida de su padre le llevó a convertirse en un campeón. Lloró como nunca la partida de su progenitor, de quien recordaba los atardeceres en el imponente Estadio “Pascual Guerrero” de Santiago de Cali, cuando se enfrentaban los equipos de fútbol, y en las graderías se podía apreciar una mancha multicolor de millares de hinchas ondeando banderas, cantando himnos y avivando a los jugadores de su predilección.

Iba siempre tomado de su mano, para no perderse. Y sentía emoción de estar junto a la persona que más admiraba sobre la tierra. Por eso, la noticia sobre el fallecimiento de su ídolo, le llevó a sentir que la tierra se hundía bajo sus pies y, el día del funeral, de mil amores lo hubiese acompañado hasta su última morada. Lo amaba mucho. El chico apenas tenía catorce años.

Los días siguientes fueron grises. Buscó entretenerse con algo. Televisión, música o quizá leer. Nada tenía sentido. Hasta que comenzó a practicar deportes. Todas las disciplinas. Sin embargo una en particular le llamó la atención: el tenis de mesa. Y lo practicó por muchas horas. Hoy Julián Andrés es campeón nacional de este deporte y representa a Colombia en competencias internacionales. Un hecho que le causó dolor, le llevó al sendero de nuevas posibilidades...

Todavía hay esperanza...

¿Está desanimado?¿Está tentado a renunciar a todas sus metas y proyectos? No es el momento indicado. Si Dios nos fortalece, todavía podemos seguir luchando. Los ganadores no son quienes vuelven atrás o renuncian, sino aquellos que –pese a la adversidad—siguen adelante.

Cualquiera que sea la situación que atreviese, recuerde que en ocasiones es a partir de momentos difíciles que sentamos las bases para triunfar. Tal como ocurrió con Julián Andrés Portela, el protagonista del relato.

La Biblia dice que Dios “Vuelve el desierto en estanques de aguas, Y la tierra seca en manantiales.” (107:35).

Las circunstancias difíciles que enfrenta hoy, nuestro Supremo Hacedor las puede transformar. Basta con seguir adelante, sin desanimarnos. La amenaza de tormenta que tenemos delante, en manos del Señor puede convertirse en la luz de esperanza de un nuevo amanecer. Los problemas de hoy pasarán con el tiempo, así es que, adelante. Dios está junto a usted. No le permitirá sentirse solo. Salir adelante en medio de la crisis, sí es posible...

Ps. Fernando Alexis Jiménez
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Septiembre 23

A su tiempo cosecharemos lo que sembramos hoy

Ocurrió cuando menos lo esperaba. Estaba solo y sin un peso en el bolsillo para regresar a Colombia. Lo habían robado horas antes. Por momentos lo dominaba la angustia. No sabía qué hacer. Además, en Tijuana era un desconocido. A esas horas de la noche, lo primero que pensó era que tendría que dormir en la acera, a la espera del nuevo día.

Ya se disponía a acomodarse en el suelo, cuando Sigifredo escuchó una voz amiga: --¿Profesor Triana?—enfrente un hombre joven, con uniforme de piloto, le sonreía--. No me diga que usted es el profesor Triana, el de Buga... El mundo es un pañuelo ¿No me recuerda? Yo soy Alberto... Alberto Barrera ¿Recuerda ahora?—El docente no salía de su asombro. El joven se acercó, le ayudó a recoger sus cosas y seguía hablando, sin parar, como una catarata rumbo al río--. Vamos, tomémonos un cafecito y me explica qué hace por acá...—le invitó con una amplia sonrisa. Ninguno de los dos salía de su asombro.

Y entre café y café recordaron lo ocurrido más de veinte años atrás. Justo aquél había sido un estudiante por el que nadie daba un peso. Todos vaticinaban que sería un fracaso. Sólo él –como educador-- creyó en el muchacho. Y le animaba a seguir adelante. A no permitir que los comentarios absurdos le hicieran desistir de sus sueños. Pasado un tiempo, el joven partió a prestar servicio militar y el profesor Triana no lo volvió a encontrarlo, hasta ese momento.

No solo le llevó a su apartamento, sino que durante una semana le invitó a recorrer sitios de interés turístico de Tijuana y ciudades vecinas, en Méjico. De regreso a Colombia, mientras el avión tomaba ruta en la pista para despegar, Sigifredo reflexionaba en la importancia que tuvo sembrar –años atrás—en alguien que llegó a ser un excelente profesional. Y él mismo había podido ver el resultado de esa siembra, gracias a la ayuda que recibió cuando más la necesitaba.

A su tiempo verá la cosecha

Jamás debemos cansarnos de ayudar a quienes nos rodean. Puede que nos asalte la duda de si valió la pena colaborar con alguien. Sin embargo no podemos permitir que esa idea tome fuerza.

Obrar en favor del prójimo, impacta más que mil palabras hermosas que le compartamos. Los hechos hablan más que los discursos. Y nunca podremos medir el alcance del apoyo que brindamos a quien lo requiere. Como el profesor Triana, es probable que veamos los frutos y participemos de la cosecha muchos años después.

Esta lección de vida cristiana práctica la esbozó el apóstol Pablo cuando escribió “...porque con esperanza debe arar el que ara, y el que trilla, con esperanza de recibir del fruto...” (1 Corintios 9: 10b, 11).

¿Está brindando su colaboración a alguien? Puede ser un amigo, un familiar, un compañero de trabajo o un conocido. Pues no renuncie. Siga adelante. Lo que usted siembre hoy, lo cosechará mañana... ¡Animo!
Ps. Fernando Alexis Jiménez
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Septiembre 24

El peligro de juzgar a la ligera

A la vecina de enfrente nadie podía negarle que era una persona callada, cumplidora de sus deberes, izaba la bandera nacional los días festivos, jamás se le veía en los cuchicheos de las comadres, y de su casa, jamás salían gritos o ruidos que hicieran pensar en las grescas comunes en muchos hogares de la cuadra.

--Yo la vi el domingo con la Biblia—comentó alguien, a lo que otro contertuliano acotó:-- ¡Claro, es cristiana! eso explica por qué viste tan recatadamente--.

Unos y otros coincidían en asegurar que era buena persona. Ejemplar cuando se trataba de ayudar al prójimo. Entusiasta al saludar con un “Buenos días” y generalmente cuidadosa a la hora de guardarse en su casa. Jamás se le vio después de las diez de la noche afuera.

Así las cosas, el comité de barrio no tuvo el más mínimo temor de tocar a su puerta cuando –próximos a la celebración de la Navidad-- dispusieron colocar luces de colores, engalanar la vía con adornos y pintar sobre la acera un enorme papá Noel con una bolsa desproporcionada de regalos en su espalda.

--¿Cómo se les ocurre?—expresó escandalizada.—¡Ni más faltaba!. Una práctica tan impía no puede convocar mi participación. Para ese tipo de actividades no doy un solo peso--, y se les quedó mirando furibunda, como si uno de los visita




 


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