Para tí,  madre… padre… tengo mi testimonio…

Has amado desde el primer día a cada uno de esos queridos y tiernos hijos tuyos.
¡Cuántas noches de inquietud, de sobresaltos al palpar su frente calenturienta y verle sus pequeños ojitos idos por esa fiebre, que no lo quiere abandonar...!

¡Cómo se inunda nuestro corazón de amor y ternura!

¡Cómo quisiéramos estar en su lugar, que él no sintiese ese malestar! Evitarle el dolor, calmarlo en su ansiedad...

¡¡Señor, es Tuyo!! ¡Protégelo y sánalo pronto de toda enfermedad!

Nuestro corazón de madre se encoge de angustia e inquietud...

“En Tus Manos están nuestros hijos...Señor...”

“Son Tuyos, yo te los dí. ¿te acuerdas Señor, cuando nacieron?”

Yo te los di...y en Tí, mi corazón de madre confió...

Tú, en Amor, mirándome dulcemente, sonreíste...

Los mayores recibieron una madre buena, llena de ilusiones, pura, sin traumas de circunstancias y hechos difíciles. De corazón limpio, dedicada solamente a amarlos con todo el corazón. Libre de temores, libre de pensamientos negativos en relación a sus futuros.

El menor recibió una madre ya maltratada, tanto por la vida, como por decisiones erradas, por temores, por tantas cosas que nos van marcando y cambiando...no somos los mismos que éramos antes de cometer tantos errores y de soportar tantos fracasos...

Chiquitito corría hacia mis brazos y dulcemente lo abrazaba. Se caía y prontamente lo socorría, limpiándole sus lagrimitas, buscando que con una sonrisa o un añuñú se olvidara de su dolor.

¡Qué maravillosos eran esos días en que todo brillaba frente a este niño que crecía en estatura y candor...de 1 a 2 años...

Amor fuerte de madre...amor total de hijo...

Confianza, amor y alegría...

¡¡Qué maravilloso es ese sentimiento de amor que nos das a sentir como madres, Señor!!

¡Perfecto...!

Todo se desarrollaba en completa armonía y en maravillosa paz! De 4 a 6 años...

¡Cuánto amor, cuánta unión!

Problemas y pesares, eran míos...siendo tan chiquito...sólo de alegrías vivía...!

Ya a los 12 años, ya sea por las exigencias del medio ambiente, o por nuestras necesidades domésticas, ya que vivíamos los dos solos, o las exigencias del colegio, o por vislumbrar la cruenta lucha que habría de tener en el mundo para lograr que alguna de sus aspiraciones se cumpliera, fui cambiando mi rol amoroso de madre alegre y confiada en el futuro, a uno lleno de exigencias, exigencias que a simple vista pareciera que fueran iguales a las que otras madres hacen a sus hijos, pero, no era así...no sé si tú caso es distinto al mío, o igual, no importa, porque lo que verdaderamente importa es el daño que le hacemos diariamente a nuestros hijos, cuando los hacemos pagar, ( en perjuicio de una niñez naturalmente alegre e inconsciente que deben vivir los niños antes de enfrentarse al mundo), por nuestros propios fracasos, temores, dolores, inquietudes, luchas.

..y presiones. Nosotros luchando por nosotros mismos.

Cierto que todo es motivado por el tremendo amor que les tenemos, pero, dependiendo de cuán maltratados hayamos sido, entregamos un amor sin alegrías, sin confianza en el futuro, porque nuestra fé está basada en nosotros mismos y en nuestros sistemas de enseñanza, y les entregamos un amor CONTAMINADO...por una parte están las presiones de lograr de él un profesional, alguien valioso, y por otra, nuestro amor...¿Qué era lo que me importaba más lograr de él?

¿Lo que él lograría tener en este mundo, ya sea en relación a sus calificaciones, un buen lugar dentro de su curso, buen puntaje en la P.A.A, elección de una carrera apropiada, un buen grupo de amigos, tener un status económico alto o cumplir el propósito primordial de Dios?

Que sea semejante a su Hijo. Que para mi hijo lo más importante fuera ser alcanzar la plenitud de Cristo. Ser lo mejor como persona. Que fuera capaz de amar como amó Cristo...

¿Qué me interesaba más de mi hijo?

¿Lo que le interesaba al mundo y su escala de valores o lo que le interesaba a Dios?

Jesús, nuestro ejemplo, siempre se interesó en el interior de las personas, porque sabía que desde el espíritu, de la parte interior de cada hombre se reflejaría al exterior, logrando las obras buenas...y ser un buen testimonio cristiano.

Esa fue la Verdad revelada por el Espíritu Santo.

Yo estaba entregando a mi hijo un amor contaminado con valores del mundo y sin pensar en qué clase de amor y logros quería Dios que yo le entregase a mi hijo...

Cualesquiera que hayan sido los motivos que me llevaron a entregar un amor así, no tiene importancia ante el derecho que tiene cada uno de nuestros hijos de vivir una niñez sin tinieblas...una niñez alegre y confiada. Le estaba aniquilando el espíritu...

Yo, que lo amo más que a mi propia vida, lo estaba destruyendo, matando su espíritu alegre de niño y matando su amor por mí.

El Dador de la Verdad, me hizo ver, con profundo dolor, que mi forma de amarlo iba encadenada a miles de temores, frustraciones, inquietudes, desilusiones que brotaban del fondo mismo de mis entrañas...

Amor de madre...lo amaba más que a nadie en el mundo, pero, era un amor contaminado con mis propias vivencias...

¿Por qué tenía que exigirle más de lo que nunca le exigí a un adulto?

¿Por qué lo trataba como si fuera un hombre siendo un niño?

¿Por exigencias del común vivir? ¿Porque estábamos solos, luchando por salir adelante?

¿Por qué estando casada no exigí jamás a mi marido, siendo un hombre adulto, lo que le exigía a él, siendo solamente un niño?

¿Qué mal me había hecho mi niño, para que yo lo viera como un adulto al cual podía exigir, apremiar y presionar?

¿Acaso era ese marido que no cumplió con mis expectativas? ¿O un junior que no cumplió con lo que se le solicitó? ¿O un goma? ¿Acaso era la sociedad que me dejó sufrir sola mi frustración? ¿O acaso mi familia que sola me dejó?¿Acaso estaba bajo mi dictadura? ¿Acaso a alguien lo traté así, alguna vez en mi vida? ¿Acaso él tenía que pagar por los errores y faltas que cometieron los demás y también por los míos propios?

Temor al futuro...a su futuro...a la vida misma...

¿Cómo no tendría que temerle al futuro si lo estaba forjando sola?

Y yo, ilusamente creía, que todas las áreas de mi vida estaban bajo el dominio y guía de mi Jesús, ¿cómo las iba a dominar y guiar El, si yo me había apropiado del futuro de mi hijo?

Mi Señor, me fue llevando de Verdad en Verdad...

“Y toda verdad os será dada”

Mi alma y corazón desfallecían ante tan angustiosa revelación...yo destruyendo el espíritu de mi hijo...en nuestra relación ya no había amor expresado en ternura o regalonerías, sólo exigencias...

Las cosas habían ido sucediendo tan de a poco, la lucha diaria por salir adelante con problemas económicos, las presiones de las notas, la falta de interés de él por todo, nuestra relación se deterioraba día a día, ya parecía que nada le importaba, ni mis retos, ni mis deseos de ayudarle, que clases particulares, que deportes, que amigos, le pasaba la factura de lo que yo me sacrificaba, que mi trabajo, que sus anotaciones, que las tareas, que llegaba cansada.

Todo...era...

Nada...Agresividad...Derrota...Crisis...Angustia...Dolor...

Relación destruída...

Mi amor...no servía para...amar, y menos aún, lograr resultados en mi hijo...no había cumplimiento de los propósitos de Dios para él...

Nuestro Espíritu Santo, ¡qué verdad más fea me había hecho enfrentar!

Ilusa de mí, creer que el amor de madre natural, lleno de contaminación, iba a ser capaz de llenar la necesidad de sentirse amado de mi hijo querido...

¡Qué poco conocemos a nuestro Dios y Sus Planes para nosotros!

“Y la Verdad os será dada”

Y me llevó a Su Luz...

¡¡Gracias, Padre Todopoderoso Dios!!

¡¡Gracias, Jesús Don Divino!!

¡¡Gracias, Espíritu Santo, porque Vives en mí!!

¡¡Vives, en mí!! ¡¡Y Tu Amor mora en mí...!!

¡¡Ese es el Amor, que quieres que le de!!

Tu Amor en mí, amando a mi hijo, a mi niño...

¿Que te lo di cuando nació?

¡¡Qué vergüenza sentí al llevarme El a Su Luz!!

¡Si siempre fue Tuyo, Santo Dios!

Tú lo pusiste bajo mi tutela, Tú dispusiste que yo fuera su madre aquí en la tierra, pero, para poder ser amado por Tí, amarlo a través mío.

Siempre fue Tuyo...yo, Tu instrumento...

Tú, el Dador de Amor...

Con mucha congoja, con muchas lágrimas pedí perdón por los estragos que estaba causando en la vida de a quien yo más debía proteger y amar...

Le agradecí que no hubiera permitido que llegara a adulto bajo las condiciones de enseñanza que yo le estaba dando.

¿Te imaginas, madre o padre desconocido, lo que él me hubiera echado en cara cuando se diera cuenta de cómo le había amargado la existencia siendo niño?

Le agradecí Su inmenso amor, Su Gracia, Su preocupación por mi hijo y por mí. Me sentí regalona de mi Señor. El siempre nos lleva de victoria en victoria...sentí su perdón en relación a mi independencia...

Cuando uno le entrega nuestra vida para que la dirija y guíe, El lo toma en serio...

Mi Señor, me liberó de toda culpa y me dio su Paz, y me llenó de Su Consuelo...

Lágrimas de alegría tuve al saber que ya no existía esa mujer que quería amar con su propio amor a ese hijo...nació una madre que sabe que Jesús ama a mi prestado hijo con todas las fuerzas del Amor de Cristo...

Paz, Paciencia, Benignidad, Templanza, Bondad...

Todo Cambió...desde ese mismo momento. ¡¡Qué liberación Señor!!

Me llevó a una crisis dolorosa, y allí, me reveló Su Verdad, y me sanó...¡¡Alabada sean las crisis, mi Jesús!!

¡¡Gracias y loores para mi Señor!!

Así es Jesús, toda la Gloria para El...

Soy libre...desde ese momento estuve expectante, sabía que nuestra relación cambiaría, pero, el Espíritu Santo fue drásticamente amoroso. El cambio interior y exterior fue inmediato...

Vino, puso su ley en mi mente, en mi corazón la escribió, y me cambió...

Yo pedía que mi hijo cambiara, y como siempre, Jesús hizo algo que no esperaba, fue mucho más allá de mis ruegos y necesidades, me cambió a mí, y me hizo nacer de nuevo como madre...y cambió nuestra relación agónica, por una confiada y firme, en la fé de Cristo.

Y cumplió Su promesa...Echó fuera la escoria, me dio un corazón nuevo y puso un espíritu nuevo dentro de mí...

¡¡Por eso clamo, Abba Padre!!

¡¡Papito lindo y preocupado por sus hijos!!

“Yo he venido para que tengan Vida, y la tengan en abundancia” dice, nuestro Señor...

“Pedid y se os dará”

“Lo que Dios ha prometido, El lo hará”

¿Estás en una crisis actualmente?

Agradécele a Dios, pues, El nos lleva precisamente a las crisis para revelarnos Su Verdad y liberarnos de nuestras cargas.

Amiga, madre cariñosa, madre con problemas, los hijos que Dios nos dio, Jesús los quiere Amar a través nuestro...echemos fuera el temor, Jesús es nuestro baluarte, confíen en que podrás amar a sus hijos en forma Perfecta y Maravillosa cuando dejes que Cristo los ame a través tuyo...descansa en Su Amor y Acción...

Confía en el Maestro y en Su amor...

No temas si ven tormentas, Jesús las acalla y las transforma en bonanza.

Mamita, haz lo que El te dicte en tu corazón. Pon atento tu oído para escuchar lo que te ordena...No apagues su voz con tu accionar independiente y voluntarioso...

Recibe Su Paz. El Señor te inundará de Su Amor.

Piensa, cuando veas que él no te obedece a la primera indicación tuya, “Señor, le daré amor del tuyo, incondicional y en paz.” y deja que Jesús se encargue de que obedezca..

Y si de repente, sientes que se te acabó la paciencia, porque no hace las cosas que tú quieres que haga, en el momento que tú quieres que sea y en la forma que tú deseas que se haga, cántale al Señor...sí, cántale al Señor y El escuchará tu alabanza...y El hará que tu hijo haga lo correcto...que a lo mejor no es ni en el tiempo preciso que tú quieres, ni en la forma exacta que tú deseas, pero, El hará que las cosas sean hechas como deben ser.

Confía en El y El hará. Si lo hizo conmigo, ¿por qué no contigo? Pruébenme, dice el Señor...

Y así, tú te mantendrás siempre, pase lo que pase, en el centro de la Voluntad de nuestro Señor.

Niégate a tí misma, y obedece a Tu Señor. En vez de pelear con tu hijo, alaba a tu Señor, y El hará que las cosas sucedan. El YO SOY... El EGO EIMI...

A Jesús le interesa más que tú ames a tu hijo con Su amor, a que seas una dictadora....

Tú, trátalo siempre con suavidad, con dulzura. Deja que el Espíritu Santo se encargue de todo lo demás...

Ora para que Jesús no demore Su Revelación Espiritual.

Con oración te mantendrás en el centro de la Voluntad del Espíritu Santo, y El echará fuera lo malo. Descansa en Su Accionar...

Si tú gritas o demuestras enfado, sólo estás haciendo que Jesús no actúe. ¿Cómo va a trabajar El en tu hijo, si tú ya lo estás haciendo a tu manera y como de costumbre? Cuando quieras gritarle, cambia el grito por un canto de alabanza al Señor y observa lo que pasa.

Sólo el amor de Cristo Victorioso es capaz de hacer la Obra Perfecta.

Ese es el Amor Verdadero...

¿Tienes a Cristo viviendo en Tí, o aún sigues luchando con tus propias fuerzas?

¿Le has dicho a tu hijo que le diga a Jesús que entre en su corazón y le guíe y dirija su vida?

¿Aún tu hijo no tiene a Cristo viviendo en él?

Da un paso de voluntad, y deja que Jesús sea el alfarero en tu vida y la vida de tu hijo, a través de Su Amor, que El mismo depositará en Tí...

tu hijo será la buena obra de Jesús...a través tuyo...

“Buscad primero el reino de Dios, y todo lo demás se os dará por añadidura.”

¿Crees en Jesús, cuando dice en Su Palabra,

“Yo soy el Camino, la Resurrección y la Vida”?

¿Crees que Cristo es la Verdad?

Ten fé en Cristo, pídele fé, El es el Dador de la fé, pídele Su Don...

“Dios es galardonador de los que le buscan.”

No temas, solo confía en Cristo y El hará.

Mamita, no temas, Cristo te ama...y Cristo ama a tu hijo...

“Venid a mí todos los que estáis cargados y cansados que yo os aliviaré. Tomad mi yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, pues mi yugo es blando y mi carga ligera.”

“Cuando dos o más se uniesen para orar, yo estaré en medio de ellos.” Tú y tus hijos...y Cristo...


Señor Jesús,
gracias por amarme,
te necesito.
Gracias,
por morir en la cruz por mí,
perdona mi desobediencia y mi pecado
y dame la fuerza para dejarlo.
Hoy te recibo en mi vida como
mi Salvador y mi Rey.
Lléname de tu Espíritu Santo
y produce un cambio en mí.
Ahora te entrego toda mi vida para que la dirijas y la guíes.
Gracias, Señor, por escuchar mi oración...


Por: Xaviera Espejo Yoacham




 


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