Tres concepciones acerca del poder

“Pídeme, y te daré por herencia las naciones, y como posesión tuya los confines de la tierra” (Salmo 2:8)
“Entonces Jesús, llamándolos, dijo: Sabéis que los gobernantes de las naciones se enseñorean de ellas, y los que son grandes ejercen sobre ellas potestad. Mas entre vosotros no será así” (Mateo 20:25-26)

Introducción
A través de la Historia, una de las disyuntivas más grandes que ha enfrentado el hombre es la de adorar a Dios o adorar el poder. Satanás quiere que los hombres adoren el poder antes que a Dios. Él llama al hombre a buscar el poder para ejercer control sobre las vidas de sus semejantes, a fin de satisfacer sus codicias egoístas en lugar de hacerlo para el bien común ajustado a la ética cristiana. Por el contrario, Dios, quien tiene todo poder, quiere que los hombres le adoren a Él, no simplemente porque tiene poder, sino por quien Él es.



Como Satanás no es omnipresente ni todopoderoso, él se preocupa por obtener el mayor poder que puede sobre las vidas de los hombres, y lo hace a través de sus partidarios terrenales. La característica fundamental de todo sistema de poder satánico es que busca controlar y reprimir las libertades y los derechos inalienables dados por Dios al hombre, como son el derecho a la vida, a la propiedad, a la prosperidad y a la libertad.



Ningún gobierno humano puede tomar para sí la prerrogativa de conceder derechos. Esto es intrínsecamente satánico. A tal respecto, tomaré como ejemplo una cita de Steadman Corporation Series en la Constitución de los Estados Unidos: “Los Fundadores (de los Estados Unidos) no establecieron la Constitución con el propósito de conceder derechos. En lugar de eso, ellos establecieron este Gobierno de leyes, y no un Gobierno de hombres, para poder asegurar a cada persona de los derechos de vida, propiedad y prosperidad, de los cuales el Creador le ha dotado”.



Estoy convencido de que los Cristianos estamos mejor dotados que los impíos para ejercer el poder. Tenemos acceso al Dios que tiene todo poder, y, además, tenemos Su Ley, expresada en su Palabra, que nos permitiría gobernar con justicia y equidad. Sólo hace falta que los Cristianos tomemos en serio el poder. Sin adorarlo, pero sin eludirlo.



Tres concepciones acerca del poder



1. La Religión de Poder: Este punto de vista afirma que la meta más importante del hombre es la conquista y la conservación del poder. Esta es una perversión satánica del mandato de dominio dado por Dios al hombre (Génesis 1:26-28). Es un esfuerzo por ejercer el dominio sin sujetarse al pacto de Dios. La religión de poder es una religión de autonomía. Afirma que “mi poder y la fuerza de mi mano me han traído esta riqueza” (Deut. 8:17). Lo que distingue a la visión bíblica de dominio de la religión satánica de poder es la ética: La persona que busca el poder ¿lo hace para la gloria de Dios en primer lugar? ¿Se mantiene fiel al pacto con Dios por encima de todo? ¿O lo hace para su vanagloria, o la de un determinado grupo humanista? En resumen, los partidarios de la religión de poder buscan las bendiciones del pacto de Dios, mientras niegan los patrones éticos de dicho pacto. Quieren los frutos del Cristianismo, pero han tratado de cortar las raíces.



2. La Religión Escapista: Esta es una perversión espiritualizada del mandato bíblico de dominio. Al ver que el ejercicio del poder autónomo es una trampa, los partidarios de la religión escapista han tratado de aislarse de la responsabilidad del poder y del dominio cultural. A la versión cristiana del escapismo se le llama “pietismo”, pero sus raíces teológicas están en el misticismo y el gnosticismo.



La esencia de la fe gnóstica es el individualismo radical, el abandono de la dimensión material y el escape a una dimensión espiritual más alta. El Cristiano escapista cree que el Cristianismo sólo tiene poder sobre áreas muy limitadas, como su vida personal y familiar, y en el ámbito de la iglesia. Su preocupación es por sí mismo, por eso restringe el alcance de sus obligaciones con la sociedad, a fin de ganar mayor control sobre sí mismo y alcanzar una espiritualidad “más elevada”. Esta religión proclama la paz institucional – conformidad con el status quo – porque no le interesa hacer el esfuerzo que se requiere para purificar las instituciones. En resumen, la religión escapista proclama la huída del mundo. Sus defensores usan como excusa la tarea de “edificar la Iglesia” e incluso la responsabilidad de “compartir a Cristo”, pero su verdadero objetivo es el abandono de un mundo supuestamente tan corrompido que no se puede hacer nada para vencer la maldad general. Esto en el fondo es evadir la responsabilidad del mandato de dominio Cristiano para reedificar la civilización. Es reducir al Cristianismo a un culto irrelevante social y culturalmente. Es lo que Rousas J. Rushdoony llama la rebelión contra la madurez.



La tercera concepción acerca del poder es la Religión de Dominio Cristiano. Esta cosmovisión proclama la soberanía de Dios en la Historia. También proclama que la consecuencia lógica de la obediencia de los redimidos a la ley de Dios es que éstos aumenten el alcance de su dominio en la tierra. Esta es una visión de conquista. El proceso de dominio es consecuencia de la progresiva santificación moral: primero en lo personal, luego en lo familiar, y por último en las instituciones: la iglesia, las comunidades, los negocios, la economía, la educación, el gobierno civil, las naciones; todas las cosas han de ser reunidas en Cristo, así las que están en los cielos como las que están en la tierra, de acuerdo a la voluntad de Dios (Efesios 1:10). Esta es la fe ortodoxa que fue predicada desde los días de la Reforma Protestante hasta principios del Siglo XX, cuando el pietismo y el misticismo se infiltraron en la Iglesia. Gracias a Dios, esta teología de postergamiento de la obligación social se encuentra en bancarrota en los albores del nuevo milenio, y una nueva Iglesia se está levantando con una visión diferente, de victoria y no de derrota, de expansión y no de enclaustramiento; ¡en fin, una Iglesia gloriosa que derribe las puertas del Hades y que prepare el camino para el regreso del Señor!



¿Cómo podemos perder los Cristianos?

Algunos Cristianos sostienen que los réprobos e impíos terminarán victoriosos al final de la Historia, y que sólo serán derrotados cuando enfrenten el juicio final de Dios. Ahora bien, considere por un momento lo que esto quiere decir. Significa que a medida que los rebeldes vivan quebrantando la ley de Dios, manifestando sin pudor su desobediencia y sus obras pecaminosas, ellos prosperarán, tendrán éxito y serán culturalmente dominantes; mientras que los Cristianos, que viven de acuerdo a los estatutos y preceptos divinos y bajo la guía del Espíritu Santo, terminan siendo los derrotados en la Historia, una generación irrelevante y digna de lástima. ¡Esto no tiene sentido! Esto implica tácitamente que el Cristianismo no da resultados. Peor aún, esto significa que ¡Jesús es un fracaso! Estoy seguro de que ningún Cristiano, en su sano juicio, afirmaría esto, pero su teología pesimista lo lleva inevitablemente a esa conclusión.

Pero, ¿cómo puede un Cristiano creer que la obediencia a la ley bíblica conduce a la impotencia cultural, y que la fe en el caos y la desobediencia produce éxito, prosperidad y dominio? ¿Por qué debemos perder los Cristianos? Le voy a dar dos razones por las que los Cristianos venceremos al final.

La inconsistencia de Satanás

Para poder ejercer el dominio sobre la tierra, Satanás tiene que ser inconsistente consigo mismo. Esto es muy fácil de demostrar: Para lograr el poder, el incrédulo tiene que ser inconsistente con la filosofía satánica de caos, desorden total y muerte. Se necesita aplicar los principios Cristianos de disciplina, dominio propio, organización, prosperidad financiera, diligencia en el trabajo y negación de los impulsos de la carne para poder alcanzar el éxito. La Biblia enseña que todos los que odian a Dios aman la muerte (Prov. 8:36). Por lo tanto, para poder ser consistentes, todos los impíos ¡tendrían que suicidarse! De manera que para poder llegar a ser culturalmente relevantes, ellos tienen que refrenar su impulso natural, la búsqueda de la muerte. Aunque los incrédulos reconocen cada vez más cuánto odian a Dios y cuán diferentes son de los Cristianos, su codicia de poder no les permite aplicar a fondo la filosofía satánica del caos y la anarquía total. Tienen que ser buenos, aunque su deseo natural es el de pecar. En conclusión, tienen que robarse los principios cristianos, aunque no quieran.

Ahora pensemos a largo plazo: ¿Quién se agobiará cada vez más con la esquizofrenia ética y moral a la que conlleva esta inconsistencia? Dicho en otras palabras, ¿hasta cuándo soportarán los impíos el ser inconsistentes consigo mismos? ¿Quién será más consecuente con su filosofía de vida, el Cristiano o el impío? ¿A quién debemos esperar que Dios bendiga a medida que se intensifica esta guerra ética? Las respuestas a estas preguntas deberían ser obvias, sin embargo, no lo han sido para varias generaciones de Cristianos en este siglo.

Una nueva generación se está levantando

Por el otro lado, una nueva generación de Cristianos se está levantando. Una generación con el espíritu conquistador de Josué y Caleb. Una generación que está comprendiendo que si toma en serio la ley bíblica y la visión de dominio de la Iglesia, nada podrá robarle de las bendiciones del pacto, y nada podrá impedir que se expanda hasta llenar la tierra. Dios está levantando una generación que está comprendiendo que, gracias al Espíritu Santo, tenemos un poder muchísimo mayor para predicar el Evangelio y edificar el Reino de Dios. ¡La teología pesimista esta siendo derribada, y en su lugar, Dios esta levantando una generación profética con un mensaje de fe, esperanza, prosperidad, éxito y conquista para el pueblo de Dios!

Los Cristianos tenemos que entender que no nos haremos más poderosos imitando a los impíos y sus esquemas de poder. Mucho menos haciéndonos parte de su sistema corrompido. Los principios de Dios nos llevarán a ser más sabios, más justos y más entendidos, ya que desarrollaremos la mente de Cristo y los pensamientos de Dios. Los discípulos de Satanás no podrán, a lo largo de la Historia, superar a la Iglesia intelectualmente ni culturalmente. ¡Por esto el Reino de Dios conquistará las naciones y ganará sobre el reino de Satanás!

Conclusión

Los incrédulos parecen ser los que dominan culturalmente hoy. Los Cristianos nos hemos considerado por mucho tiempo como los perros sentados debajo de la mesa de los amos humanistas, esperando que caiga una migaja de pan. Ellos se han dado cuenta de nuestra mentalidad de “ciudadanos de segunda clase” y se han aprovechado de ella. Sin embargo, cada día queda más en evidencia que los esquemas de poder humanistas van camino al fracaso. Los Cristianos tenemos una excelente oportunidad histórica para recapturar las mentes de los hombres con la visión de victoria de la Biblia. Pero esto requiere que los Cristianos vuelvan a tener fe en el Cristianismo.

Los Cristianos tenemos las herramientas del dominio. Tenemos las armas para ganar. La victoria es inevitable. Nuestro Capitán nos conduce a un triunfo seguro.

¡Póngase de lado de los vencedores!

(Este articulo ha sido adaptado del libro “Liberando la Tierra”, escrito por el Dr. Gary North, eminente Economista Político y Autor Cristiano)

Por Noel Rojas
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