El querido hermano Pablo Martínez cuenta que a veces le preguntan si la vida cristiana es fácil o difícil vivirla, él les dice: “La vida cristiana no es fácil ni difícil, es imposible. La vida cristiana sólo la puede vivir el Espíritu Santo en nosotros. Su fruto es la vida cristiana, es la vida de Jesucristo. Todo lo demás es una pobre imitación que no da satisfacción al que lo vive, ni a Dios, ni convence a los que lo ven.”

 
Tomando como punto de partida estas palabras diremos que mientras los creyentes no “tomen la cruz cada día” Lucas 9:23 el Espíritu Santo no tendrá libertad en ellos y su fruto no se verá, solo se verán las obras de la carne. La Palabra nos exhorta a “andar en el Espíritu” pero esto no es hablar en lenguas sino dejar al Espíritu vivir en nosotros con libertad, es dejar que su fruto se vea en nuestras vidas y su fruto es:

“Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley.”

Gálatas 5:22-23

¿Te imaginas que en la vida cotidiana de los creyentes se manifestara esto? ¿Podría haber peleas? ¡Qué testimonio para el mundo! En el Cielo será así siempre, allí no habrá nada de la carne que es:

“Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas; acerca de las cuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios.”

Gálatas 5:19-21

Pero para poder vencer “la carne y sus obras” tenemos que “tomar la cruz cada día” es decir: crucificarla.

“Pero los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos.”

Gálatas 5:24

Esto es lo que hizo Jesucristo cuando murió por nosotros, por una parte derramó su sangre para limpieza de nuestros pecados, por otra nos llevó con El en su muerte para acabar con “el viejo hombre” “la carne” “el YO” todo aquello que hemos heredado de Adán y que no crea más que conflictos y problemas.

¿Pero cómo se hace esto posible? Todo es por fe en lo que dice la Palabra de Dios: creemos que Cristo murió por nuestros pecados le damos las gracias y disfrutamos de perdón y paz; así también por fe creemos lo que dice la Palabra de Dios respecto a nuestra muerte con Cristo y disfrutamos de liberación del viejo hombre:

“sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con él, para que el cuerpo del pecado sea destruido, a fin de que no sirvamos más al pecado.”

Romanos 6:6

Pero esto no se consigue de una vez por todas, es verdad que Cristo sí lo hizo de una vez para siempre, pero nosotros hoy podemos tener por la fe una maravillosa experiencia de esa unión con Cristo en su muerte y resurrección que nos hace vivir el Cielo en la tierra, y mañana estamos por los suelos, tratando de morir con Cristo, pero sin fe y claro ¡no conseguimos nada! ¡nos pasamos el día peleándonos con nosotros mismos para llevarnos a la cruz! Jesús nos anima a “tomar la cruz cada día”, a contar por fe con lo que El YA hizo en la cruz para nuestra liberación.

“Y decía a todos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame.” Lucas 9:23

¿Sabes porqué el apóstol Pablo pudo vivir una vida como la que vivió? Porque él tenía muy en cuenta esto en su vida y de ninguna manera quería vivir él, pero si deseaba ardientemente que Cristo viviera en él, pues sabía muy bien que si no moría con Cristo, Cristo no podría vivir su vida en él, y así lo decía:

“Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí.”

Gálatas 2:20

¿Pero cuantos cristianos quieren morir ellos para que viva Cristo en sus vidas? Muy pocos, pero el que quiere, disfruta de una vida nueva, plena, la vida del Espíritu. ¿Por qué algunos creyentes han limitado al Espíritu a hablar en lenguas? Y luego se pelean entre ellos y no se ve en sus vidas NADA de la Vida ni del fruto del Espíritu.

¡Que horrible es el YO! Es lo contrario de Cristo, sin embargo el YO se pasea por las iglesias, predica, enseña, se disfraza con religiosidad, usa palabras evangélicas, habla en lenguas, canta himnos, se viste de falsa humildad, pero pone zancadillas al hermano, pelea con astucia para ocupar los primeros puestos. El YO es fariseo, hipócrita, falso, hace largas oraciones, aparenta piedad, pero solo busca lo suyo. Crea miles de problemas en la iglesia y en la sociedad, sus armas son las enemistades y el malmeter a unos contra otros para conseguir sus fines ¿Te parece que exagero? ¿Puede haber algo tan horrible?. ¿Le conoces? ¿Conoces al YO? Tristemente todos lo llevamos encima y dentro de nosotros, hemos nacido con él, nos acompaña a todas partes de noche y de día, es muy duro, no se puede domar ni mejorar ¿Qué solución hay entonces? Solo hay una, la que Dios hizo: Morir. Solo la muerte puede acabar con él. Por eso Pablo dice: “y ya no vivo YO, mas vive Cristo en mí” ¿Te das cuenta? No es ninguna broma, el enemigo más grande contra el que tenemos que luchar es contra nosotros mismos. ¿Es posible? Fíjate lo que decía el querido apóstol Pablo:

“Porque sabemos que la ley es espiritual; mas YO soy carnal, vendido al pecado. Porque lo que hago, no lo entiendo; pues no hago lo que quiero, sino lo que aborrezco, eso hago.”

Romanos 7:14-15

“Y yo sé que en mí, esto es, en mi carne, no mora el bien; porque el querer el bien está en mí, pero no el hacerlo. Porque no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago. Y si hago lo que no quiero, ya no lo hago yo, sino el pecado que mora en mí.”

Romanos 7:18-20

Así que solo la cruz puede doblegar a esta mala bestia que es el “YO” “La Carne” “El Viejo Hombre” “El Pecado” todos los intentos de luchar contra ello con autodisciplinas, esfuerzos de voluntad, buenos propósitos, no nos llevan a ninguna parte. ¿Cuántos fracasos nos hace falta experimentar para darnos cuenta de ello? ¿No nos damos cuenta aun que no podemos vivir la vida cristiana de verdad? ¿Qué lo que hacemos no satisface a Dios ni a nosotros mismos? Alguien dijo que “Solo Cristo puede vivir la vida cristiana” y para eso ha venido a nuestras vidas cuando le recibimos, pero tenemos que dejarle, ocupando nosotros el lugar que El ocupo por nosotros en la cruz, decirle lo más a menudo posible: “Señor, yo no puedo vivir la vida cristiana, vívela Tú en mí”.

Feliciano Briones

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