Con frecuencia resulta difícil distinguir lo que es bueno y o que es malo en materia de conducta personal. Esto se echa de ver del hecho de que entre los cristianos no existe un criterio unánime en cuanto a qué acciones deben ser consideradas como pecaminosas, Las cosas que unos hacen son rechazadas por otros, por creerlas inconsistentes con los deberes cristianos, Por ejemplo, en algunos círculos el fumar se considera pecaminoso, mientras que en otros se ve con indiferencia (como no pecaminoso en sí). Lo mismo ocurre con los juegos de naipes, asistir al cine, ver la televisión, o a los bailes, usar cosméticos, comer ciertos alimentos, beber ciertas bebidas, y otras muchas cosas más. A continuación damos tres reglas bíblicas por las cuales podemos probar si una acción determinada es o no pecaminosa; pero antes de examinar las reglas mismas, necesitamos examinar primero algunos principios básicos concernientes a la naturaleza del pecado.

 
A. PRINCIPIOS BASICOS CONCERNIENTES A LA NATURALEZA DEL PECADO.

1. Definición de pecado.

Pecado es la transgresión (salirse de los límites) de la ley de Dios.

El Diccionario de la Biblia de Smith, define el pecado como "la falta de conformidad con, o transgresión de cualquier mandamiento de Dios dado como regla a la criatura racional (Romanos 3:23; 1 Juan 3:4; Gálatas 3:10-12). Pecado de omisión es la negligencia en hacer lo que manda la ley de Dios; pecado de comisiones hacer algo que la ley de Dios prohibe".

2. Sólo la Biblia determina lo que es pecaminoso.

Dios ha hecho conocer al hombre lo que requiere de él: (1) Por la ley escrita en el corazón y (2) por la ley revelada en su palabra escrita. Debido al pecado de Adán, la ley escrita en el corazón fue borrada, y por lo tanto, no es ahora lo suficientemente clara como para servir de guía. Por esta razón se debe mirar a la Palabra escrita de Dios como a la única regla infalible que determina lo que es pecaminoso. Ningún hombre, ninguna iglesia tiene el derecho, independientemente de la Biblia, de declarar legal o ilegal a los ojos de Dios una acción determinada. La Biblia es la única y suficiente regla para discernir sobre tales materias. Mediante la adecuada aplicación de los mandamientos y principios establecidos en las Escrituras bajo la guía y dirección del Espíritu, se puede conocer lo que debe hacerse en cualquier circunstancia. Por tanto, ningún cristiano debe considerar ninguna clase de regla o ley como ligada a su propia conciencia, si tal regla o ley no puede ser substanciada por la Palabra escrita de Dios. Esto equivale a decir que la Biblia es la única regla con autoridad para regir la fe y práctica del pueblo de Dios.

3. Los objetos materiales no son nunca pecaminosos en sí mismos.

El pecado, por su naturaleza, no puede residir en la materia física. Pecado, por definición, es una actitud o un acto; es la violación de la ley de Dios realizada por una criatura racional; no es una sustancia física ni tampoco existe físicamente. Por tanto, los objetos materiales, en sí mismos, no pueden ser pecaminosos. Un objeto puede ser usado para el mal, pero el objeto en sí no es pecaminoso. Por ejemplo, un cuchillo puede ser usado para asesinar a alguien, pero esto no hace al cuchillo pecaminoso. El pecado está en el corazón de aquel que voluntariamente y maliciosamente viola y quebranta la ley de Dios quitando la vida a un semejante. Lo mismo ocurre con la baraja de naipes, un vaso de vino, un frasco de veneno o cualquier otra cosa. Independientemente de como se utilicen estas cosas, aunque sea para mal, nunca pueden ser pecaminosas por naturaleza.

Cristo dejó bien clara esta cuestión cuando dijo que no es lo que entra en el hombre lo que ensucia, sino aquello que ¡sale de su corazón! (Marcos 7:18b-23). Pablo reconoce este mismo principio en Romanos 14:14.

B. TRES REGLAS PARA PROBAR UNA ACCION Y VER SI ES O NO PECAMINOSA

Las siguientes preguntas se hacen para que sirvan de guía y ayuda al cristiano, a fin de determinar si un acto particular cometido bajo circunstancias definidas es o no permisible. Cuando alguien se pregunta "¿Es malo que yo haga esto o aquello otro bajo las presentes circunstancias?" (No importa lo que pueda ser, sea jugar a los naipes, ver la televisión, bailar, beber vino, robar, asesinar, etc.), deberá responder a sí mismo las tres preguntas siguientes: 1. - ¿Prohibe la Biblia que se haga esto? 2. - ¿Puede esta acción inducirme a pecar?, 3. - ¿Puede escandalizar al hermano más débil de manera que le haga tropezar? Si a la primera pregunta puede contestarse con un no, entonces deberá hacerse la segunda y si ésta puede ser contestada también con un no, entonces, deberá aplicarse la tercera. Si las tres preguntas pueden ser contestadas verdaderamente en la forma negativa, entonces sabremos que no es malo hacerlo aun cuando pueda serlo para cualquier otro. Mas si se contesta afirmativamente a cualquiera de las tres preguntas, entonces deberá evitarse el poner en práctica lo que se intenta hacer.

1. ¿Prohibe la Biblia que se haga esto?

Si la Biblia nos diera un mandamiento explícito prohibiendo al cristiano hacer tal o cual cosa, entonces hacerla es pecaminoso. Por ejemplo, si uno pregunta "¿es malo matar? ¿Cometer adulterio? ¿Robar? ¿o emborracharse?" La respuesta es absolutamente ¡sí!, pues estas obras están claramente prohibidas en la Biblia, Ningún cristiano puede hacerlas voluntariamente sin quebrantar la ley de Dios.

Además de los mandamientos específicos contenidos en la Biblia, hay también otros mandamientos generales que fijan ciertos límites a lo que el cristiano no puede hacer. Por ejemplo: no hay en la Biblia un mandamiento específico que prohiba a un cristiano conducir un automóvil a la velocidad de 120 kilómetros por hora en una zona donde se ha fijado el límite de velocidad al máximo de 60 kilómetros; con todo, el cristiano que desoiga este límite está desobedeciendo las Escrituras violaría el mandamiento general que dice que deberá "someterse a las autoridades superiores", obedecer las leyes civiles.

No obstante, por el simple hecho de que alguien diga que una determinada cosa es pecaminosa, sobre la base de que se quebranta algún mandamiento general de la Biblia, eso no hace que la tal cosa sea pecado. Todas estas afirmaciones deben ser probadas, o de otra manera ignorarse. Esto significa que, a menos que tales declaraciones puedan ser establecidas por sanos principios de interpretación bíblica, deben ser tenidas como meras opiniones y, por ende, sin ninguna autoridad sobre la conciencia.

Por ejemplo, el uso del lápiz o barra de labios no debe considerarse malo por el hecho de que algún individuo o iglesia declare que es "mundano" y por lo tanto pecaminoso. El deber de probarlo está en quien hace tal afirmación. Juan G. Vos está en lo cierto cuando dice que "cualquier cosa debe ser considerada como indiferente hasta tanto se pruebe que es pecaminosa, no viceversa. Un hombre es considerado inocente hasta que se prueba su culpabilidad. No hay nada más falso y peligroso que las ideas de algunos maestros religiosos de que un asunto debe tomarse como pecaminoso a menos que se pruebe que es indiferente. Cuando exista duda en cuanto a si una materia o asunto es o no pecaminoso en sí mismo, deberá dejarse decidir a la conciencia individual. Si la enseñanza de las Escrituras acerca de un asunto particular aparece dudosa u oscura, y aun cuando aparezca como contradictoria, ello será la mejor razón para que las iglesias no se pronuncien con autoridad sobre tal materia o asunto. Lo que Dios no ha revelado con claridad no traten las iglesias de determinarlo, Dios nos libre de intentar tener una norma más clara que la Biblia, o un número más completo de leyes morales que las que contiene la Palabra de Dios.

(Escribir Colosenses 2:20b-23).

2. Aun cuando no sea pecado en sí mismo, ¿puede, determinada acción, llevarme a ser tentado e inducirme a pecar?

Las palabras de Cristo que leemos en Mateo 5:29,30, explican claramente que el cristiano está obligado a evitar toda tentación de pecado. "Por tanto, si tu ojo derecho te es ocasión de caer, sácalo, y échalo de ti; pues mejor te es que se pierda uno de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea echado al infierno. Y si tu mano derecha te es ocasión de caer, córtala, y échala de ti; pues mejor es que se pierda uno de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea echado al infierno".

Vos, comentando este pasaje observa que, "estas palabras no deben interpretarse en sentido literal; el Señor no nos exige que evitemos el pecado mutilando nuestros cuerpos. El significado real es que el cristiano está obligado a cortar todas las ocasiones que le puedan conducir a la tentación de pecar. Debe notarse que el mandamiento es condicional: "Si tu ojo derecho te es ocasión de caer", etc. Por lo tanto en este asunto no puede establecerse ninguna regla universal, por cuanto lo que puede ser una tentación invencible para una persona, puede no serlo para otra. Para un chino recién convertido del Budismo al Cristianismo, el guardar una imagen de metal de Buda en su casa significaría una ocasión continua de tentarle a pecar. Para este chino el único remedio posible, el único correcto sería desprenderse del ídolo tan pronto como le fuera posible. Para un misionero retirado que haya regresado a su país de origen, el tener una imagen de Buda en su casa, como una curiosidad o recuerdo, no puede serle ocasión para tentarle a pecar. El deshacerse de esta curiosidad o recuerdo para evitar la ocasión de pecar sería absurdo, pues la imagen en sí misma es ‘nada en el mundo’ (1 Corintios 8:4); es simplemente ‘una cosa de bronce’ (II Reyes 18:4); pero para el recién salido del paganismo es un símbolo de todas las abominaciones idolátricas y una constante invitación a volver a los antiguos caminos".

Cada persona debe juzgar por sí misma qué cosas le son tentación y qué necesita para evitarla. Juan Vos dice que "lo que puede ser una tentación irresistible para alguno, puede que lo no sea en absoluto para otros. Por ejemplo, supongamos dos cristianos, amigos, a quienes se les invita a comer y a quienes se les ofrece una copa antes de la comida; ¿Es pecado para ellos el aceptarla y beberla? La respuesta muy bien pudiera ser ‘sí’ para uno y ‘no’ para el otro. Puede ser muy posible que uno de ellos beba el vaso de vino y no sea tentado a excederse y emborracharse. Pero supongamos que el otro amigo, en otro tiempo, haya sido un alcohólico y sabe que de beber un vaso, será muy difícil para él parar y conformarse con uno sólo. ¿Sería aconsejable y bueno para él beber el primer vaso teniendo en cuenta su experiencia del pasado? Naturalmente que no, pues hacerlo constituiría para él una tentación a excederse de nuevo en la bebida y emborracharse; y emborracharse, recordémoslo, está absolutamente prohibido en la Biblia (ver Romanos 13:13; I Corintios 5:19-21; Efesios 5:18; Tito 1:7; I Pedro 4:3); mientras que no lo está beber vino con moderación (ver Salmo 104:14,15; Mateo 11:18,19; Lucas 7:33; Juan 2:1-10; I Corintios 11:20-22; I Timoteo 3:8; 5:23; Tito 2:3). Por tanto, uno de ellos podría beber el vaso de vino ofrecido sin ser tentado al exceso y emborracharse, pero no así el otro. De esta manera vemos que lo que puede ser malo para unos, puede no serlo para otros.

3. ¿Puede una acción mía escandalizar al hermano más débil en la fe, de manera que le sirva de tropiezo?

El cristiano está obligado no sólo a evitar las obras pecaminosas (cosas prohibidas por la Biblia) y las ocasiones que le tienten a pecar (cosas no pecaminosas en sí mismas, pero que le pueden conducir a pecar), sino que debe evitar aquellas prácticas que ofendan al hermano más débil en la fe y le sean de tropiezo. Nótese la admonición de Romanos 14:13,21: "Así que ya no nos juzgamos más los unos a los otros, sino más bien decidid no poner tropiezo y ocasión de caer al hermano (...). Bueno es no comer carne, ni beber vino, ni nada en que tu hermano tropiece, o se ofenda, o se debilite". Pablo repite este principio en Romanos 14:1-15; 13; I Corintios 1:8-13; 9:19-23 y 10:23-11:1. Estos pasajes deberán estudiarse cuidadosamente.

Para ilustrar este principio, veamos de nuevo el ejemplo anterior de los dos amigos, y supongamos que en vez de dos son tres los amigos a quienes se les ofrece el vaso de vino. (Les llamaremos A, B y C). A se siente libre ante Dios para beber vino (para él no existe tentación de emborracharse ni tampoco es malo en sí mismo). B, a pesar de que sabe que no es pecado beber un vaso de vino, sabe también que el beberlo puede perjudicarle por cuanto en el pasado ha sido un alcohólico. Si estos dos amigos fueran los únicos en la ilustración, tendríamos que A puede beber y B no. Pero tenemos también a C, hombre débil en la fe; él creía que el uso del vino en cualquier cantidad era pecaminoso y, por lo tanto, si A bebe vino, esto le ofendería y le haría tropezar. Es decir, ello podría herir la conciencia de C y conducirle a hacer lo que él creía que era malo, o bien pudiera predisponerle en contra de A y criticarle rompiendo así la comunión y el testimonio de ambos. La pregunta ahora es si A, bajo estas circunstancias debería sentirse libre de beber. La respuesta bíblica es NO, no debería beber; no porque el beber vino sea pecado (no lo es), no porque beber un vaso de vino tentaría al hermano A a emborracharse (no le tentaría), sino porque beber el vaso de vino ofendería a C (el hermano débil) y le haría tropezar. Como Pablo dice: "Todas las cosas a la verdad son limpias; pero es malo que el hombre haga tropezar a otros con lo que come. Bueno es no comer carne, ni beber vino, ni nada en que tu hermano tropiece, o se ofenda, o se debilite" (Romanos 14:20b,21).

Debe hacerse énfasis en el hecho de que por su propia naturaleza la libertad cristiana está limitada a lo que no es pecaminoso en sí mismo. Existe peligro de confusión en este punto, pues Pablo, en Romanos 14:21, usa el vino como un ejemplo del tipo de cosas que podrían ser eliminadas SI el beberlo pudiera ofenderse a otros. El riesgo de confusión está en que muchos cristianos creen que beber vino es, en sí, pecado. Algunos piensan que la Biblia prohibe su uso aun moderadamente; otros, erróneamente, identifican el beber vino con emborracharse, e igualmente equivocados sacan la conclusión de que porque lo segundo es pecado también lo es lo primero. Pero por cuanto Pablo usa el vino como un ejemplo de lo que el cristiano es libre de usar a menos que con ello ofenda a otros, es evidente que su uso no es un sí mismo una violación de la ley de Dios, y por lo tanto no es pecado. Nótese cuidadosamente que Romanos 14:21 no dice: "Bueno es no comer carne o emborracharse, o hacer algo que tu hermano se escandalice". La razón de ello es evidente: emborracharse es pecado, tanto si escandaliza al hermano como si no; mientras que beber vino no lo es a menos que resulte en borrachera o que sea causa de tropiezo de otros.

"Si, pues, coméis o bebéis, o hacéis otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios; no seáis tropiezo ni a judíos, ni a gentiles, ni a la iglesia" (I Corintios 10:30,31).

Conclusión: Estas tres preguntas se dan como guía para probar si una acción es o no pecaminosa. Pero ¿qué hacer en el caso de enfrentarnos a una situación incierta? Tal vez no sepamos si la Biblia prohibe tal acción, o tal vez no podamos estar seguros si ello va a escandalizar a otros. ¿Qué hacer? La respuesta bíblica es ésta: Cuando no sabes qué hacer acerca de algo, no lo hagas. "¿Tienes tú fe? Tenla para contigo delante de Dios. Bienaventurado el que no se condena a sí mismo en lo que aprueba. Pero el que duda sobre lo que como, es condenado porque no lo hace con fe; y todo lo que no proviene de fe, es pecado". (Romanos 14:22,23).

El uso de estos tres principios para determinar la libertad cristiana, requiere que cada creyente conozca las Escrituras por sí mismo. También requiere que tome decisiones propias y no permita que ninguna otra persona o la iglesia influya en su conciencia. Cada cristiano debe decir con Lutero: "Yo estoy ligado a lo que la Biblia dice; mi conciencia es cautiva de la Palabra de Dios". Cada creyente debe también determinar por sí mismo cómo y cuando hacer uso de la libertad que le es dada. Pero deberá hacer sus juicios en el pleno conocimiento de su responsabilidad ante Dios por todas sus decisiones, y que en el día final tendrá que dar cuenta de sí mismo a Dios, quien conoce los secretos de su corazón.

Extraído de:

Romanos. Un bosquejo explicativo.

David N. Steele y Curtis C. Thomas

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