Estudio en la Epístola a los Efesios

Estudio I.-


Introducción a la Epístola
Texto Básico. Efe. 1:1-2

A fin de iniciar este estudio con provecho, es conveniente tener una visión preliminar respecto de la temática que nos presenta Pablo en esta carta, toda vez que, de esta forma conseguiremos una aproximación a la totalidad de las ideas que se desarrollan en la epístola. A esto le seguirán aquellas características -las más importantes- que nos ayudaran a entender su enseñanza.

Salutación Inicial.- (1:1-2)
Al nombre del remitente y el de los destinatarios, le sigue la bendición que aquel pronuncia sobre aquellos (1:3), y también “el cuerpo de la carta” la cual finaliza con una observación respecto del mensajero (6:1ss). En su final encontramos (6:23ss) la bendición del Apóstol que, probablemente la escribió de su puño y letra igual que en 1. Cor. 16:21; Col. 4:18; 2. Tes. 3:17.

El cuerpo de la carta está claramente dividido en dos partes que tienen, aproximadamente, la misma extensión. La temática es, en general, la realización divina del misterio de Jesucristo en aquella iglesia integrada por judíos y gentiles (3:6) y también “la realización de la plenitud de los tiempos” (1:10). Además, en la primera parte que va desde 1:3 a 3:21, dentro de una bendición y una doxología se expresa el ruego del Apóstol para que aquellos cristianos procedentes del gentilismo consigan captar la magnitud del misterio de su vocación en el Cuerpo de Cristo, que es la iglesia. La segunda parte (4:1 a 6:22) exhorta a vivir en conformidad al dicho misterio de su vocación mediante una vida “digna”.

La primera parte de la Carta (1:3 - 3:21) se inicia alabando las bendiciones que Dios ha concedido en Cristo a los miembros de la iglesia (1:3-14) la bendición de ser predestinados a ser hechos hijos de Dios, la de su redención por la remisión de sus pecados, la de la iluminación mediante el conocimiento de la obra salvadora de Dios (1:3-10) Y, en todo ello han participado tanto judíos como gentiles (1:11-14).

El contenido de la segunda sesión de esta primera parte (1:15-23) es el deseo de que los cristianos de origen gentil entiendan cada vez mas, y con el corazón plenamente iluminado, la nueva esperanza de la cual se habla en la citada bendición: esperanza en aquello que ella es y las razones en que se fundamenta.

En la tercera y cuarta secciones, el Apóstol les aclara, una vez más, cual será su propia historia como gentiles: ellos que estaban muertos a causa de sus pecados, en los que habían vivido siguiendo la voluntad de la carne y del presente eón, fueron despertados por gracia, a la vida de Jesucristo y en la nueva creación trasladados a los cielos (2:1-10).

Ellos, que estaban lejos de Dios y de sus promesas, sin Dios ni esperanza, vinieron a ser reconciliados con Dios, junto con Israel mediante el Cuerpo de Cristo llegando a ser el hombre nuevo, siendo conjuntamente edificados como el templo de Dios (2:11-22) Semblante realización de la gracia de Dios -como se dice en la quinta sesión- se realizó mediante el ministerio fundamentado en la Revelación del misterio de Cristo a los apóstoles y profetas entre los cuales está Pablo, y que consiste en la proclamación del mencionado misterio, que es el cuerpo (pueblo) formado por judíos y gentiles.

La sexta sección recoge nuevamente la petición de 1:1ss y concluye con ella. En 3:14-19 Pablo dice -resumiéndolo- que ojalá Dios quiera que los cristianos entiendan la dimensión del ser celestial, que es lo que son, la dimensión de la cruz y de su gloria, y que conozcan íntimamente el amor de Cristo a fin de que entren en la plenitud de Dios.

Con una doxología -en la séptima sección- finaliza la primera parte de la carta (3:20-21)

La Segunda Parte de la Carta (de 4:1 a 6:22) habla a los cristianos procedentes del mundo gentil y que hace poco que han comenzado a ser instruidos con respecto a su nueva realidad, y les exhorta que en su nueva vida conserven y demuestren lo que ahora son por la gracia del Señor. Así, la primera recomendación es la de conservar con humildad la unidad del Cuerpo de Cristo que es la iglesia que ha sido creada y conservada por el Espíritu en Éfeso, y a tener una plena conciencia del servicio que impone el misterio de la gracia para la construcción de dicho cuerpo (4:1-16)

Seguidamente les conjura a no recaer en su anterior conducta pagana puesto que les destruiría, sino que tengan siempre presente la característica fundamental de la vida cristiana; desnudarse del hombre viejo para revestirse del nuevo (4:7-24).

Las siguientes exhortaciones, que son una clara referencia con respecto a la nueva vida, tienen un objetivo muy claro, en la tercera sección, y es que demuestren de una manera eficiente el amor como “imitación” del de Dios y del sacrificio de Cristo, que fue realizado por amor (4:25-5:2)

En la cuarta sección, se refiere a una conducta pura y luminosa que refleje la luz de Cristo y que toma como símbolo el bautismo toda vez que es como morir a la vieja vida para surgir a la nueva (5:3-14)

En la quinta sección hay una referencia a la necesaria abstención de la embriaguez mediante el vino (o sus derivados alcohólicos) que, sin duda, provocan euforia, pero la euforia del cristiano debe ser producida por el Espíritu Santo en cuanto que ésta jamás provoca la anulación del control de los sentidos como ocurre con la embriaguez alcohólica. (Llenos del Espíritu, sí. Pérdida del control emocional, no) (5:18-20)

La sexta sección, muy larga por cierto, tiene por tema el “hogar cristiano” y les recuerda cuales tienen que ser sus actitudes respecto a hombre mujer, padres he hijos, amos y esclavos: actitudes que requieren obediencia y amor (5:21-6:9)

Finalmente, el Apóstol, exhorta de una forma muy encarecida (séptima sección) que todos se revistan de la armadura de Dios, que la única que permite resistir cualquier eventualidad y que será la que les conducirá hasta la victoria en el día de la tribulación suprema (6:10-20)

Como veis hemos repasado la temática general de la Carta y, precisamente, como todas las de Pablo, contiene la esencia del verdadero cristianismo, tanto en el aspecto doctrinal como con aquello que tiene que ver con el comportamiento.

Os resultará sorprendente comprobar que, a pesar de que sus enseñanzas fueron expresadas en unos usos y costumbres conforme a una distinta cultura, en su esencia, nos son comunes.

Otro aspecto a descubrir es que, tanto en la cultura pagana como en la judía, la mayoría de los conceptos enseñados por Pablo fueron de una novedad extraordinaria, una auténtica revolución y aún lo son. Por ello es que, aquellos que se permiten opinar que el cristianismo tiene poca cosa que decir, les sería bueno estudiar esta Epístola de Pablo.





Estudio II

Introducción del autor

Después de la visión preliminar de toda la Carta que vimos en la primera aportación; seguidamente iniciaremos el estudio de la Epístola paso a paso a fin de captar aquellas enseñanzas que nos ofrece. Es obvio señalar la necesidad de tener abierto ante nuestros ojos el texto de la carta que estemos comentando. También es aconsejable un buen espíritu crítico a fin de evitar el tomarse las enseñanzas que se vierten en estos estudios como doctrina “dogmática”. Dicho en otras palabras: Permitir que sea el Espíritu el que nos guíe a toda verdad puesto que “la verdad” tiene una gran variedad de matices y solamente Él nos puede guiar hacia aquellos que sean mas apropiados a nuestra personal necesidad espiritual.

Como en el resto de sus Cartas, la que Pablo envió a los efesios, se inicia indicando quien es el remitente y los destinatarios, añadiendo una frase de salutación y bendición. Esta forma de encabezado con dos frases, sigue las normas y costumbres de todas las cartas orientales. En el Nuevo Testamento encontramos semejantes encabezamientos no solo en las carta de Pablo sino también en 1ª Pedro 1:1ss. Así, pues, Pablo usa la forma corriente de escribir una carta, la forma del epistolario que era usado en las cartas oficiales y de carácter público, los llamados “mandatos” comunes en el mundo helénico. De esta manera el Apóstol da a entender que sus cartas no son privadas, no son cartas personales, sino que son de asuntos públicos.

Para indicar al remitente da su nombre en griego, Pablo, en vez del hebreo Saulo, que repite nuevamente en 3:1 y añadiendo una titulación relativamente breve: “Apóstol de Jesucristo por la voluntad de Dios”. Con eso recalca una vez mas el carácter “oficial” de la carta. También queda claro que, tanto por el contenido del título como por su ampliación se detecta que la suya es una oficialidad especial. Mediante otras de sus cartas sabemos el significado del título “Apóstol de Jesucristo” que designa a Pablo como mensajero “ángel” de Cristo, legitimado y autorizado por Cristo Jesús. Entre otras cosas es administrador de la “gracia” que Dios le ha dado “como diácono (servidor) del evangelio” (3:7), fue como iniciado por revelación del misterio de Jesucristo (junto con los otros apóstoles y profetas) del fundamento del templo espiritual que es la iglesia, de la cual Cristo es la piedra angular (2:2ss).

La mayoría de las características del Apóstol aparecen en sus cartas anteriores a la de Efesios: Rom. 1:5; 1ª. Cor. 12:28ss. Pero en esta son objeto de una meditación mucho más intensa ya que Pablo se identifica con los “santos apóstoles y profetas” (3:5) toda vez que también Pablo ha sido enviado por Jesucristo con poderes concedidos para el ministerio entre los gentiles. Ahora bien, él es Apóstol de Cristo “por voluntad de Dios” (3:7). Es muy necesario tener en cuenta el papel que tiene en esta carta la  (voluntad de Dios) que, aplicada a 1:5 donde nos dice que, por amor, nos predestinó a ser adoptados como hijos suyos. Según nos dice en 1:11 fue su voluntad la que predestinó a Israel y también la que se impuso en la universalidad de sus obras. Así, la voluntad de Dios es dar al universo una Cabeza en la persona de Cristo (1:9-10) Consecuentemente, su voluntad es la que ha decretado la historia de la salvación de Israel, el destino eterno de cada uno de los creyentes y el destino escatológico de cielos y tierra, Todo eso ya se ha puesto en marcha toda vez que se ha iniciado con la iglesia. Su voluntad es la voluntad salvadora eterna y providencial. Dicha voluntad también se deja captar por el hecho de que Pablo haya llegado a ser Apóstol de Cristo Jesús; y, por supuesto, mediante el profundo sentido del como entiende él su apostolado. Es una sola voluntad que lo abarca todo, a la que se deben todas las cosas, y de ella y por ella es que deben todas las cosas, y de su cumplimiento depende todo, incluso el que nosotros, a quien quiere desde la eternidad, le escuchemos a él obrando consecuentemente. (5:17. 6:6) Por esta causa es que el apostolado no se fundamenta en voluntades individuales aisladas o de grupos históricos, sino que es la expresión de la voluntad de Dios. Esta voluntad la encontraremos bien expresada estudiando la Carta que Pablo dirigió a la iglesia de los efesios.

Pasemos a otra consideración de la carta: se trata de saber a quien fue dirigida. En todas las traducciones que tenemos a nuestro alcance. Se dice: “A los santos y fieles en Cristo Jesús que están en Efeso”. Pero en las reproducciones más antiguas y en su idioma original, en griego, dice así: es decir, falta después de santos y fieles se omitió una designación de lugar. ¿Cuál puede ser el significado de dicha omisión? La falta de una indicación de lugar en los textos más antiguos de la carta lo hemos de entender en el sentido de que el mencionado texto fue omitido a fin de que se insertara posteriormente el nombre de sus destinatarios en la copia que se hiciese para la comunidad correspondiente. Entonces nuestra carta a los Efesios no fue una carta especialmente dirigida a una sola comunidad, como por ejemplo la carta a los colosenses, ni una carta circular en un sentido técnico, sino sencillamente una carta destinada a diversas comunidades que tenían vínculos entre sí. En el lugar en que fuese leída por primera vez, se harían reproducciones de la misma para el resto de iglesias vinculadas. Lo que ignoramos, ni tenemos manera de averiguar, es el cómo desde sus principios apareció la titulación “a los efesios”. Tal vez mediante Títico (2. Tim. 4:12) Entonces se pudo incluir el nombre de los destinatarios: “a los Efesios”. Al coleccionar las cartas paulinas y por el hecho de no poseerse ninguna indicación de dirección, esta fue incorporada a la Carta y, de esta manera, la carta de Pablo a las iglesias de la Frigia se convirtió en carta dirigida a los santos en Efeso. ( la )

Pablo escribe “a los santos y fieles en Cristo Jesús”. Así, pues, todos los miembros de la iglesia son santos. Hay que tener en cuenta que el adjetivo “santo” no tiene nada que ver con la perfección ético-moral. Cuando las Escrituras dicen que Dios es Santo no se refiere a su condición moral, sino la expresión de una “separación”. Es un Ser separado de nuestro ser en cuanto goza de una distinta naturaleza. Así, los que han sido incorporados al Cuerpo de Cristo, que es la iglesia, han sido separados del mundo. La iglesia como comunidad de fieles a Cristo forma una nueva sociedad que anhela algo distinto de la sociedad humana. Sus apetencias se dirigen al Reino de Dios y su justicia. Un Reino que no es de este mundo, tal como dijo con toda claridad el mismo Jesús.

Como conclusión cabe remarcar que la primera oración de la carta se conforma a los usos y costumbres usuales a la época. Quien la escribió fue un hombre llamado Pablo, un hombre que fue iniciado por Cristo en el misterio de la voluntad de Dios y que recibió plenos poderes; que fue enviado a proclamar dicho misterio y a representarle a él. Es uno de los “santos apóstoles”. Cuando su carta sea leída públicamente en la comunidad cristiana a la cual fue remitida, escucharán el mensaje de Cristo mediante los labios de un enviado suyo. Aquellos a quien escribe el mensajero de Dios y de Cristo son unos cuantos habitantes de pequeñas ciudades de la Frigia en el valle del río Licus, que celebran sus reuniones en diversas casas. Y les dice que son “santos”. Lo son por haber llegado a la fe. Lo son “en Cristo”. En él tienen su fundamento por medio de la fe. Les es necesario leer la carta una y otra vez a fin de captar sus profundidades. Eso es lo que también nosotros procuraremos hacer al divulgar estos estudios mediante la asistencia del Espíritu de Dios que, en definitiva, fue quien la inspiró. AMEN

Est. III

Primera Parte: 1:3 – 3:21

El misterio de la vocación de los gentiles en el cuerpo de Cristo.

Esta primera parte de la Carta se inicia con una alabanza a Dios y después de una breve y tradicional mención de acción de gracias por la fe y amor de los destinatarios (1:15-16), pasa a expresar una oración con el propósito de que adquieran espíritu de sabiduría. Seguidamente, y en un doble curso de pensamiento que va desde 2:2-10 y 2.11-22, se describe el acto de salvación que se ha realizado a favor de dichos destinatarios.

En el original griego este pasaje que va desde el v. 3 al 14 es una sola oración. Es tan largo porque además de un enunciado es también una  (alabanza), es decir, un lírico canto de alabanza. Parece ser que la mente de Pablo desarrolla su pensamiento no mediante la lógica, sino más bien teniendo en cuenta los dones y maravillas de Dios que penetraron en su mente cuando fue escogido por Jesucristo como su apóstol en pro de los gentiles.

En este pasaje Pablo piensa en los cristianos como el pueblo escogido de Dios. Ahora bien en nuestra cultura el concepto de pueblo es distinto del significado que tenia -y tiene- entre los judíos, los cuales lo entienden como “creación de Dios”. Un pueblo, en sus distintas dimensiones, son una agrupación social que se forma por diversos intereses que ayudan a su integración. El “pueblo de Dios” debe su integración a la acción divina. Es la respuesta de unas determinadas personas que, -aun teniendo intereses sociales distintos; cultura, ubicación geográfica, lengua, estado social, etc.- dieron una respuesta positiva al llamado de Dios para formarlo. Así, pues, es “creación de Dios”, toda vez que él ha escogido y seleccionado a todos aquellos que lo conforman. La comunidad eclesial de Efeso estaba formada por judíos y gentiles, es decir, diversa cultura y mentalidad y solo Dios tiene la capacidad de hacer de ambos un solo pueblo. Este es, sin duda, el sentido de edificar la iglesia que cita Mat. 16:18 de lo cual se deduce que la iglesia está en constante construcción y esta no acabará hasta el fin de los tiempos. Será entonces cuando la iglesia será auténticamente “santa” (en el sentido de perfección ética, es decir, sin mancha). Pero mientras sus miembros (1:3) han sido bendecidos hasta las raíces de su existencia y, en medio de los abismos de la trascendencia de los poderes cósmicos, nos hallamos seguros en Cristo Jesús. (Rom. 8:32-39)

En el v. 1:4 Pablo comienza a definir en qué consiste dicha bendición. La inicia con un que significa “según”, “por cuanto” se desarrolla y aplica esta acción de Dios de la que nos presenta tres aspectos:

-Escogidos desde antes de la fundación del mundo,

-para que fuésemos santos y sin mancha delante de Dios

-y en amor habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo.

Pablo con estas palabras está intercalando tiempo y eternidad. Debemos tener presente que el tiempo es una propiedad de nuestro universo y que fuera de él el tiempo no existe. El tiempo es un fluir constante desde un pasado hacia un futuro y en el que no hay presente debido a éste constante fluir, en cambio eternidad es un presente absoluto donde no hay pasado ni futuro. Entonces Dios, desde este presente absoluto escogió a aquellos que se realizarían en el tiempo. En el tiempo oirían su llamada y la respuesta a dicha llamada se convertiría en su vocación la vocación de ser… santos y sin mancha delante de Dios, es decir, en la eternidad puesto que fueron predestinados -en la eternidad o fuera del tiempo- a ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo. De aquí que la salvación sea un don de Dios y la seguridad de dicha salvación está en que ya ha sido realizada. Si la condición fuesen nuestras obras entonces se tendría que realizar en el tiempo y no en la eternidad. Pablo lo define como (antes de la fundación del cosmos) y le añade que fue hecho (en Cristo) 1.3. Consecuentemente nosotros, los creyentes y santos, nunca dejamos de estar en Cristo, según la voluntad de Dios. Como cristiano, que significa ser bendito en Cristo, soy ahora lo que he sido siempre, y antes que todas las cosas, por la elección divina. “Ser” para el cristiano que está en Cristo, no significa simplemente ser en el mundo, o ser una mera criatura, sino haber sido elegido desde siempre por Dios. El mismo pensamiento lo encontramos en Rom. 8:28-30.

Otro propósito de esta elección es el que se cita en el segundo enunciado “para que fuésemos santos y sin mancha delante de Dios” En el original griego de esta frase Pablo usa dos vocablos  que significa santos y  (perfecto, sin mancha) pero amomos también tiene una connotación cultual, amomos tenía que ser el animal escogido para un sacrificio, aunque también se utilizaba en el sentido general de irreprochable, sin tacha.

El tercer enunciado afirma que todo eso ha sido motivado por amor. Eso elimina cualquier otra explicación teológica respecto al obrar de Dios. Con eso hago una referencia a quienes tienen una concepto erróneo de la predestinación que atribuyen a la soberanía de Dios, si se les pregunta que quienes no han sido predestinados para salvación lo habrán sido para condenación. A eso siempre responden que era un atributo de la soberanía de Dios. Si Dios obra por amor, en amor nadie puede ser predestinado para condenación. Comprendo que no es fácil entender como aquello que el hombre decide en el tiempo tiene efectos en la eternidad, fuera del tiempo. Solo se nos da saber el resultado y el resultado es que Dios sabe desde la eternidad, desde un presente absoluto, cual será la libre decisión de un determinado ser humano en su tiempo. Hay una frase en la oración que Jesús enseñó a sus discípulos que clarifica lo que estamos diciendo, está en Mat. 6:10 “venga tu reino”. El creyente que pronuncia esta frase está diciendo que es partidario del Reino de Dios y su Justicia. Que desea vivamente el Reino de Dios por encima de cualquier otro reino. Entonces, si tenemos en cuenta que este reino, Dios lo ofrece gratuitamente como un don que viene de Él y solo de Él y que no obliga a nadie a aceptarlo, nos damos perfecta cuenta que la elección en el tiempo depende exclusivamente de cada uno de nosotros. Ahora bien, Dios conoce perfectamente la mente humana, conoce nuestras dudas (y las posibles dudas de los efesios) y de aquí que, para eliminar cualquier duda, les asegure que aquello que ellos -y nosotros- hemos aceptado en el tiempo también ha sido rubricado en la eternidad. Es decir, aquello que ahora nosotros tenemos como una esperanza ya se ha realizado en la eternidad. Pablo lo afirma de esta manera en 1:18-23.

Esta elección personal Pablo la define en 1:13 donde escribe: “En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación… (lo entenderemos mucho mejor traduciendo la palabra evangelio ya que entonces diría; “la buena nueva de vuestra salvación”) Rehagamos la frase la cual seria de esta manera: “En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, la buena nueva de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa, que es las arras de nuestra herencia hasta la redención de la posesión adquirida, para alabanza de su gloria”.

Estudio IV.-

ELECCIÓN ETERNA EN CRISTO



Texto Básico. Efe. 1:5-6.-

Como dijimos en el pasado estudio, somos hijos de Dios mediante Jesucristo, cosa que fue determinada por Dios desde la eternidad, es decir, antes de la creación del mundo. Eso quiere decir que previamente fue determinado por Dios. En Rom. 8:14-16 y en Gál. 4:4-6 se nos dice que somos hijos de Dios por la acción salvadora de Cristo y por la recepción del Espíritu Santo. También lo podemos definir en el sentido de haber accedido a la condición de hijos toda vez que hemos sido partícipes de la filiación divina de Jesucristo a quien hemos sido incorporados.

No cabe duda que, la referencia a Jesucristo, por quien somos hijos de Dios, remarca el carácter de gracia -o de pura gracia- de Aquel que Dios destinó a nuestro favor desde la eternidad. Este ser hijos no nos corresponde desde la perspectiva de nuestra naturaleza, sino que -mediante Jesucristo- hemos sido liberados de nuestro funesto débito de culpa. Tampoco se debe mediante una procedencia de “pueblo santo” ni por nuestro cumplimiento de la ley -como los judíos-, sino que nuestro ser hijos y descendencia del Padre lo hemos recibido mediante Cristo y, consecuentemente, lo tenemos por él. Desde la eternidad, la santa condición de hijos llega a nosotros como un don -un regalo- de Cristo.

Por amor nos predestinó a ser adoptados como hijos suyos (v.5) A fin de entender esta frase de Pablo hay que tener en cuenta a que tipo de adopción se refiere. O mejor aún, que era lo que Pablo y los receptores de su carta entendían con respecto a la adopción. Efeso estaba bajo la jurisprudencia romana y su sociedad se regía conformándose a sus leyes. Además, también hay que tener presente que toda la región llamada Capadocia aceptaron de buen grado las leyes romanas después de su integración al Imperio. Sus ciudades eran Ciudades Senatoriales por lo que se regían por las leyes emanadas por el Senado Romano y sus ciudadanos eran a la vez ciudadanos romanos.

Entonces las iglesias que recibieron dicha Carta –recordemos que se trató de una carta circular enviada a las iglesias de la Región, tal como comentamos en la introducción de la misma- entendieron que la adopción mencionada por Pablo se conformaría al concepto romano de la misma. Al menos en su similitud, porque al estudiarla nos damos cuenta de que existe la mentada similitud.

La adopción en el Imperio Romano y conforme a sus leyes tenía como base la patria potestad del “Pater Familias” Este título tenía un especial significado puesto que dicho Pater familias jamás independizaba a sus hijos, es decir, la familia era indivisible. Dicho Pater tenía derecho de vida y muerte sobre sus hijos, así ningún hijo tenía que responder de sus actos ante la ley, solo ante su padre y en caso de que hubiese cometido un delito la ley se dirigía al padre y le informaba del delito cometido y este marcaba el castigo al que se tenía que someter. Podía condenarle de muerte y ejecutarle personalmente, ordenar que fuese encarcelado, o vendido como esclavo. En cuanto a la adopción, la persona adoptada adquiría una nueva personalidad. Todo su pasado quedaba borrado y era lo mismo que si hubiese nacido en aquel momento y siendo considerado como hijo engendrado por su nuevo padre y adquiriendo todos los derechos y deberes de hijo. Esto llegaba hasta el de ser declarado heredero universal del padre, que era quien determinada quien de entre sus hijos seria su sucesor como Pater Familias. Como ejemplo podemos citar el caso de Nerón. Este era hijo de Cneio Domici Ahenobarbo y de Agripina la Joven que, a su vez, era hija de Germánico y de Agripina la Mayor. Se casó en terceras nupcias con su tío Claudio de quien consiguió que su hijo Nerón fuese adoptado por este y, además, que le declarase su heredero universal. Conseguido eso le envenenó y Nerón fue nombrado Emperador como Pater Familias de la Familia Claudia. El premio que Agripina obtuvo con ello fue el ser asesinada por el hijo a quien había favorecido. También Calígula llegó a Emperador como hijo adoptivo de Tiberio, que también lo fue de Augusto e incluso este lo fue de Julio Cesar. (De hecho la Familia Claudia fue un auténtico galimatías)

Evidentemente esta mención respecto a ley romana sobre la adopción la ha motivado el hecho de saber en que pensaba Pablo cuando dijo que Dios nos predestinó a ser adoptados como hijos suyos. Pablo repite este concepto en Rom. 8:14-17 donde la frase más importante esta en el verso 16 “El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios”. Y lo somos a fin de que seamos un himno de alabanza a su gloria y generosidad, con la cual nos ha llenado de favores en el Espíritu. Así, cada uno de nosotros es un canto de alabanza, puesto que el cambio que se ha realizado en nuestras vidas y en nuestro destino es incomparable, toda vez que somos una nueva creación realizada por Dios. A fin de entender con más claridad lo referente a esta “nueva creación” podemos remitirnos a lo que se dice en Génesis 1:2 “Y la tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo…” Esta frase vista a la luz de la ciencia moderna vienen a significar el caos. Todo el universo era caótico y Dios lo convirtió en liso y uniforme mediante “Sea la luz” (3) Luz igual a energía, es decir, la potencia que separó la luz de las tinieblas. Si aplicamos eso al hombre y sus circunstancias queda claro que el pecado (las tinieblas) predominaban en su vida, era el caos, y la luz, la energía de Dios, le ha conducido a una nueva ordenación donde la luz ha predominado sobre sus tinieblas y de la misma manera que los cielos (liberados del caos) cantan la gloria de Dios el hombre librado del caos y las tinieblas del pecado entona un canto alabanza a Dios. El mismo concepto lo encontramos en Col. 3:9b-10: “…habiéndoos despojado del viejo hombre, y revestido del nuevo, el cual conforme a la imagen del que lo creó se va renovando hasta el conocimiento pleno” Aquí Pablo nos recuerda algo muy interesante y es aquello que motivó al hombre a pecar contra Dios (Gen. 3:5b “…serán abiertos vuestros ojos, y SEREIS COMO DIOS, sabiendo el bien y el mal”) Es decir, el hombre no se conformó con ser hecho a imagen de Dios y quiso ser igual a Dios. Este pecado no fue solo de Adán sino que es el de toda la humanidad y está presente hoy con incluso más intensidad que cuando se provocó la primera vez. Todas las ambiciones humanas están bajo el signo de este pecado y quienes lo evidencian con mas claridad son aquellos que pretenden una jerarquía sobre los demás, aquellos que pretenden gobernarlo todo y a todos “por la gracia de Dios”. La réplica de Dios al pecado del hombre fue maravillosa. A lo largo de toda la Revelación bíblica que culmina con la venida de Jesucristo, Dios nos dice: Has querido ser igual a Dios y con ello renunciaste a tu humanidad. Las consecuencias de semejante locura han sido un constante proceso de deshumanización. Te convertiste en un depredador en contra de tus hermanos los hombres y habéis venido a ser enemigos de todo y de todos incluyéndome a mí que fui tu Creador. No entendisteis la gloria que os concedí al haceros a mi imagen. Bien, ahora os voy a mostrar el valor de dicha dignidad haciéndome un hombre como vosotros. (Sal. 8:5)

¿Cómo, pues, todos aquellos que han recibido a Cristo como su Señor y Salvador no van a alabar a Dios? Al Dios que les ha llenado de bendición desde toda la eternidad. Hijos de Dios mediante Jesucristo. Pero es que, además, los cristianos no hemos sido bendecidos únicamente al ser elegidos por Dios desde la eternidad, sino también por haber experimentado aquel amor que Dios tiene para su Hijo Único, a su Hijo por excelencia. De este amor nos habla Pablo en Rom. 8:39. Y, además, está confirmado en Juan 17:23. Visto todo esto aun cabe preguntarnos en qué consiste el amor y en qué la gracia de Dios que tan benignamente nos ha concedido “en el Amado” en el cual “tenemos redención en su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de su gracia. Pablo usa aquí el vocablo griego apolitrosis) que viene a significar, por un lado, al liberación previo pago de un rescate, por ejemplo la redención de cautivos o delincuentes, también liberación o redención de una situación extrema que la capacidad humana individual no puede conseguir, como en el caso del Rey Nabucodonosor en Dan. 4:34 (es necesario leer el contexto en 4:28.34) En aquella situación el poderoso Rey de Babilonia nada podía hacer a fin de librarse de aquella situación y por ello reconoce que solo el Dios Altísimo que anunciaba el profeta Daniel tenía dicha capacidad. Todos y cada uno de los cristianos ha tenido que reconocer que vivía una situación parecida y que su liberación ha sido por obra del Altísimo.

Incluso los antiguos paganos -no tanto los modernos- reconocían su impotencia para librarse de su condición de fracaso. Séneca dijo de sí mismo que era un homo non tolerabilis, añadiendo que la totalidad de los hombres aman a sus vicios al tiempo que los odian necesitando una mano que baje a fin de levantarles. Como vemos mostraba la misma incapacidad que manifestó el Rey de Babilonia.

En el octavo versículo Pablo afirma que Cristo, mediante su gracia, nos ha hecho sobreabundar en toda sabiduría e inteligencia. Esta afirmación tiene dos vertientes, una espiritual y otra que, en nuestro tiempo y cultura bien la podemos cualificar de científica. Interesante tema que desarrollaremos en el próximo estudio.



Estudio V.-

CONOCIMIENTO Y SABIDURIA CRISTIANA

Texto Básico. Ef. 1:8-10.-
Finalizamos el pasado estudio diciendo a este tema tenemos dos aspectos, uno científico y otro espiritual. Personalmente lo encuentro altamente interesante aunque hay que tener muy presente que en el mismo ha un evidente peligro que, en muchas ocasiones, los cristianos –tanto los que lo son de una forma nominal, como los que podemos considerar auténticos o con un compromiso real- hay caído en el mismo y con resultados nefastos para el testimonio cristiano. Hecha esta advertencia pasemos a considerar lo que Pablo nos dice en esta pericopia.

I.- La sabiduría espiritual.-

Pablo, después de afirmar que se ha hecho sobreabundar la sabiduría y la inteligencia (v. 8), en el 9 hace una sorprendente afirmación: “dándonos a conocer el misterio) de su voluntad. He remarcado el vocablo colocándolo en griego como en el original por una razón. Misterio, -al contrario que “incógnita”- no puede ser desvelado mediante la capacidad humana. Ejemplo: Dios no puede ser ni desvelado ni comprendido por el hombre, de ahí la necesidad de que el mismo Dios se haya “revelado” al hombre. Mediante dicha revelación el hombre puede entender de Dios aquello que Dios a dicho de sí mismo. Por esta razón Pablo dice “dándonos a conocer el misterio”. Dar a conocer es sinónimo de “revelar”. También se podría decir de esta otra manera: “Nos ha hecho conocer su designio secreto”.

De hecho Pablo tiene muchas referencias respecto a lo que estamos comentando en 1. Cor. 2:7-9 y a Col. 1:26-27, y también en dicha carta a los Colosenses se contempla la íntima relación de Cristo con la sabiduría (2:2). Dicha sabiduría, que hasta entonces fue escondida desde los eones del tiempo nos ha estado revelada en él y por medio de él en la predicación inspirada por él a Pablo (Col. 4:3) Además, en Efesios Pablo afirma que se trata de un misterio excelente (Efes. 3:3-5)

Resumiendo, bien podemos decir que se trata del conocimiento de la voluntad de Dios, y no mediante elucubraciones filosóficas propias del pensar humano que, una de las más acertadas y esgrimida por los ateos, es aquella que afirma que los dioses son creación de la mente humana. Cierto, hay miles de dioses creados por la fértil mente humana, pero a la vez dicha fertilidad imaginativa nos muestra la necesidad que el hombre tiene de Dios, puesto que se hace preguntas que no tienen respuesta, una de ellas es: ¿Qué sentido tiene la vida” ¿Se puede responder a eso ninguno, no tiene ningún sentido? No, porqué quien tiene está inquietud jamás la aceptará. O ante la falta de respuesta su única opción será procurar olvidarse de ella. Es estos mismos foros encontré la pregunta de una muchacha que escribió: “¿Y después, qué? Dejo la pregunta en el aire esperando respuestas. Pero aquellos que no tienen otro medio que la propia imaginación crearán divinidades que, de alguna manera, satisfagan su necesidad. Para darse cuenta de ello solo es necesario hacer un estudio de la gran diversidad de religiones que existen, o han existido, y pronto nos daremos cuenta que todas ellas están adaptadas a las formas culturales de la sociedad donde aparecieron y que, por ello, tienen un difícil trasvase a lo universal. Tenemos un ejemplo claro de ello con el budismo, junto con otras formas de religiosidad de origen hindú, que pareces estar de moda en nuestro mundo occidental, pero no pasa mucho tiempo en mostrarse como un híbrido, es decir, no tienen continuidad por falta de un mensaje comprensible a nuestra cultura. Por el contrario el misterio de Dios revelado en Cristo, fue un cambio total con respecto a las culturas donde se desarrolló, es decir, un cambio absoluto para el judaísmo y también para el paganismo. Por ello, inicialmente fue rechazado por parte de ambas culturas. Ahora bien, tenía la autenticidad del Único Dios verdadero y consecuentemente era universal. Esta es la causa de que, desde esta perspectiva, hay cristianos en medio de todas las culturas de nuestro mundo.

El paganismo ha desaparecido aunque quedan retazos del mismo que aun inciden en el cristianismo, especialmente en el catolicismo romano que, por esta causa es la menos universal de las distintas formas de cristianismo. Cualquier lector de estas páginas y con una mínima capacidad de observación se puede dar cuenta que en países de distinta cultura, el llamado catolicismo se sostiene mediante una asimilación de los antiguos mitos de aquella cultura. A eso también le podemos añadir su defensa de lo que llaman la “tradición” lo cual es una evidente muestra de su falta de universalidad. Claro que hay que reconocer que muchos misioneros -no todos, evidentemente- cristianos del protestantismo, cayeron en el mismo error enfatizando más su cultura de procedencia que el auténtico mensaje cristiano.

Con respecto al judaísmo vemos que ha quedado circunscrito entre aquellos que tienen un origen judío y no se ha universalizado. Lo mismo ocurre con el mahometismo que tampoco tiene una expansión universalista por mucho que sus líderes se esfuerces en ello. Además, culturalmente está en plena decadencia. Una cultura que no evoluciona, y que por ello no tiene el más mínimo progreso. Una muestra de ello lo tenemos con el trato que dan a la mujer; a la que, en la práctica, ni siquiera la consideran un ser humano.

II.- La Sabiduría científica.-

Actualmente hay un claro divorcio entre ciencia y religiosidad. Parece ser que hay una mayoría de intelectuales que opinan que son dos conceptos irreconciliables a pesar de que haya un fuerte número de científicos que son creyentes. Lo que está claro es que la culpa de esta situación no se puede atribuir a los científicos sino de los religiosos. Que, en demasiadas ocasiones han pretendido, y aún pretenden, pontificar en un campo que no es de su competencia. Creen que en la Biblia tienen una explicación de todas las cosas y si bien es cierto que las hay y muy precisas, no es menos cierto que la Biblia no es una colección de libros de ciencia. Si a eso le añadimos que aquello que la Biblia dice estará a merced de la interpretación de su lector. Y aún tendremos que añadirle otra dificultad, la dependencia al acondicionamiento filosófico del intérprete. Un ejemplo claro de ello la encontramos con la condena de Galileo Galilei que su visión de nuestro sistema solar chocó de pleno con el de Ptolomeo que era el que daba por bueno la Institución que le condenó. Los jueces de la Inquisición no se basaron en la Revelación Bíblica, sino en las concepciones de un filósofo griego y pagano. (Nueva falta de universalidad)

Lo que sí nos dice la Biblia es quien creó la vida en medio del universo y una cosa creada por Dios ha de tener sentido y el que no lo tiene es su desaparición. Aquello que Juan dice al inicio de su evangelio es definitivo: “Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo hecho fue hecho. En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz en las tinieblas resplandece, y las tinieblas no prevalecieron contra ella” (Jn. 1:3-5). Como vemos, en muy pocas palabras nos descubre el misterio de la creación divina. Pero nada dice del como de desarrolla la vida en cuanto que este es un campo que pertenece a la ciencia. Y más, si tenemos en cuenta que la ciencia es el resultado de la capacidad del cerebro humano, cerebro creado por Dios y, por ende, también es ciencia de Dios. Sé que se puede objetar que la ciencia humana ha cometido errores pero, precisamente los errores hacen progresar dicha ciencia toda vez que los científicos saben que están sujetos a errores, capacidad de error, y sabiéndolo, también tienen el de rectificación. Sólo aquellos que pretenden tener la verdad absoluta –los infalibles- carecen de esta capacidad de rectificación y se dedican a condenar a todos aquellos que no aceptan su pretendida “verdad”.

Como conclusión diremos que al cristiano le ha sido revelado el misterio de la relación querida por Dios con el hombre mediante Jesucristo. Dicha revelación incluye todas las cosas, es decir, desde la creación del Universo a la creación de la vida y la del hombre como ser vivo que es. Pero lo realmente importante es que la vida del hombre, tanto colectiva como individualmente, tiene sentido. Todo cuanto somos y pensamos no esta condenado a la desaparición puesto que se nos ofrece ser algo más que una creación. La de ser hijos de Dios y como hijos herederos de su gloria manifestada, precisamente, en la creación. Así es como la vida adquiere un auténtico sentido. Aquella pregunta que apareció en los foros: ¿Y después, qué? Tiene una respuesta. Una respuesta que no se puede fundamentar por medio de la ciencia, sino en la Revelación, puesto que la ciencia humana, nuestra ciencia, jamás tendrá todas las respuestas.

Estudio VI.-

ORACION Y ACCION DE GRACIAS

Texto Básico. Efes. 1:15-23.

Pablo en el ver. 16 afirma que no cesa de dar gracias a Dios por todos aquellos que recibieron su carta. En esta alabanza a Dios, el Apóstol hace que también sea una intercesión a favor de las comunidades a las que envió su misiva. Así, Pablo da gracias al Señor (1:15ss) por la fe y el amor de los creyentes pero, además, esta acción de gracias se enlaza, en el ver. 16b, con la petición al Señor a que les sea revelado el conocimiento de la esperanza que reposa y se confirma en Cristo Jesús (ver, 17-19) Da la sensación que, subyugado por el tema que su intercesión evoca, Pablo inicia un nuevo himno de alabanza, enalteciendo todo aquello que Dios ha realizado mediante Jesucristo. (v, 20-23)

En esta pericopia tenemos ante nosotros una especia de síntesis perfecta de las características de una verdadera iglesia. En cuanto que iglesia es igual a comunidad y sabiendo que una comunidad esta compuesta por una serie de individuos unidos por unos determinados intereses que les son comunes, hay que determinar cuales son los intereses que une a la comunidad cristiana. Pablo cita dos, los más importantes, los básicos y, además, imprescindibles, que son: “la fe en el Señor Jesús, y el amor para con todos los hermanos. (v. 15).

Ahora bien, no todos los creyentes tienen la misma manera de entender las enseñanzas bíblicas y eso puede conllevar diversidad en la interpretación de las Escrituras. Hoy en día los hay que se manifiestan “fundamentalistas”, otros han sido titulados como “modernistas” o también “liberales”. Los primeros sostienen que la Biblia “es” Palabra de Dios y que hay que interpretarla literalmente. Los otros afirman que la Biblia “contiene” la palabra de Dios y que hay que extraer de la misma el mensaje de Dios de en medio de un lenguaje que, en muchas ocasiones, es arcaico o que responde a situaciones distintas de las de los interpretes actuales. También los hay que ni siquiera se han planteado este tipo de disquisiciones y que las encuentran fuera de lugar, añadiendo que solo provocan discusiones que no llevan a ninguna parte como no sea a divisiones.

Este panorama en medio de iglesias que, inicialmente, fueron formadas por judíos y gentiles con culturas absolutamente distintas, sería mucho más conflictivo de lo que podamos pensar y por ello es que no tardaron en aparecer movimientos como los de los judaizantes, que más tarde desembocarían en el arrianismo y que ponían en cuarentena la trinidad de Dios en cuanto entendían que atacaba al concepto del Dios Único. Estas son reminiscencias de la cultura semítica, la cual, posteriormente, dio salida y abonó al mahometismo. En el otro extremo encontramos al gnosticismo enmarcado en la cultura griega y que negaba la humanidad de Cristo, puesto que habían sido educados en una filosofía que afirmaba que “la carne” es mala y, consecuentemente, Cristo no podía encarnarse en algo malo. Que la muerte y la resurrección de Cristo no fue real y si una especie de representación teatral.

Pablo combate ambas cosas, pero para que cualquier forma de combate tenga éxito afirma que es necesario el amor para con todos los creyentes.

Cuando en el seno de una comunidad de establece un tribunal con la potestad para certificar cual es la verdadera doctrina y permitiéndose acusar a unos u otros de herejes, puede ser que dicha comunidad tenga “fe”, pero no tiene amor. Seguro que ellos alegaran que tienen amor a la verdad, pero Pablo no dijo eso, lo que dijo es que el amor tiene que ser dirigido a los hermanos.

Eso no impide en nada el argumentar respecto a la enseñanza apostólica a fin de ver por su medio cual sea la verdadera doctrina. Cualquier cosa distinta a los que enseñan las Escrituras es anatema (Gal 1:7-8) pero no ha de ser la comunidad quien pronuncie el anatema, sino la Palabra de Dios. (Heb. 4:2, 12 y 13) Esta es la razón que hace que Pablo exclame en esta oración: “…que, el Dios de Nuestro Señor Jesucristo, el Padre de gloria, os dé espíritu de sabiduría y de revelación en el conocimiento de él”. Posiblemente esta pensando en lo escrito en Eclesiástico, o Sirácida 15:1-10 (que todo y ser un libro fuera del canon de las Escrituras sería harto conocido por quien había estudiado el rabinato a los pies de Gamaliel Hech. 22:3)

Así, pues, el conocimiento de Dios no depende de la mente humana por muy especulativa que esta sea. Este conocimiento solo se hace posible mediante la Revelación del mismo Dios y eso, precisamente, es lo Pablo pide en su oración: un pleno conocimiento de Dios por parte de los creyentes de Efeso y fundamentado en la Revelación De no ser así y cuando es fruto de la mentada especulación del saber humano ocurre aquello que afirman los estudiantes de la psicología de la religiosidad. Aquella máxima que dice: “El hombre asimila el carácter del objeto que adora”. Eso pasa en todos aquellos que ha imaginado a la divinidad conforme a sus especulaciones y, por ello, se han convertido en “creadores” de dioses. Dioses hechos a la imagen de sus creadores los cuales tienen los defectos de dichos creadores y cuyo resultado no es solo la superstición, sino la sublimación de los propios vicios. Un ejemplo de lo que estamos diciendo bien pudiera ser las practicas de los llamados “cultos dionisíacos”, (tan aberrantes que en la Roma Imperial, a pesar de su ancha manga respecto a la moral, fueron prohibidos) o la prostitución como culto a una divinidad, o los cultos a la fertilidad, que no están lejos de nosotros puesto que se puede observar que en la mayoría de las montañas llamadas “santas” y con algún santuario o capilla donde se veneran vírgenes o santos acostumbra a haber algún peñasco con una forma fálica. (Un ejemplo de ello lo tenemos en la de Montserrat, en Cataluña, en cuyo centro hay uno de los mencionados símbolos fálicos, que es conocido con el nombre de “Cavall Bernat”. Dicho nombre es una deformación del auténtico que era “Carai” cuyo significado es el mismo que el del “carayo” gallego. La montaña era ya sagrada mucho antes del cristianismo y con éste paganizado se continúa adorando el símbolo de la fertilidad y la diosa que también simboliza la misma cosa. Los ateos tienen razón cuando dicen que el hombre ha creado a sus dioses a la propia imagen. Pero no al Dios Único y Verdadero que no solo creó al hombre sino que también se ha Revelado a fin que el hombre le conociera. Conociéndole se abandonan todos aquellos que son de creación propia.

La iluminación interior, que Pablo cita en el v. 18, es una respuesta a la pregunta que muchos seres humano se han hecho en la busca del sentido de la vida: “¿Y después, que? ¿Qué sentido tiene todo eso?” Los moralistas que prescinden de Dios aseguran que la tiene en la medida de nuestras aportaciones a la humanidad sean grandes o pequeñas. Si bien esa es una buena respuesta, no responde a la angustia frente a la nada que pregonan porque, ¿y la propia vida sin esperanza en el más allá de este mundo, que sentido tiene? ¿Nos podemos conformar que en todos los epitafios de los sepulcros humanos se lea: Nací un día cualquiera a la vida, he tenido momentos de gozo y de tristeza, de deseos y desengaños, esperanzas y frustraciones, juventud y ancianidad, y de que me ha servido todo eso? ¿Para acabar en este lugar? En cierta ocasión me contaron que en un sepulcro había una inscripción o epitafio en letra tan pequeña que era obligado acercarse a fin de saber que decía. Quien se acercaba lo suficiente, leía: “¿Qué miras? Piensa que yo antes era como tú, pero después tú serás como yo”. Me pregunto si aquel que mandó colocar semejante inscripción sólo fue por un curioso, y macabro, sentido del humor.

Sin duda esta es la experiencia humana que menciona Pablo y contra toda desesperanza escribe lo que encontramos en los vers. 19 y 20 “…La operación del poder de su fuerza, la cual operó en Cristo, resucitándole de los muertos…” La misma fuerza es la que nos resucitará a nosotros. Cristo esta sentado a la derecha de Dios. Y en aquel lugar es donde se manifiesta su poder, un poder que esta por encima de cualquier otro poder ya sea principados, autoridades, dominios, de este o de fuera de nuestro mundo. Y lo remata diciendo que no solo del mundo actual, sino también el del futuro.

Observemos atentamente lo que sigue, puesto que es altamente sugestivo: “y sometió todas las cosas bajo sus pies, y lo dio por cabeza sobre todas las cosas a la iglesia, la cual es su cuerpo, la plenitud de Aquel que todo lo llena en todo”. Así, Aquel que tiene todo el poder es la cabeza de la iglesia, y entonces la iglesia también tendrá todo el poder toda vez que la cabeza es quien gobierna la totalidad del cuerpo. Pero la relación de la iglesia con su cabeza tiene una clara diferenciación respecto al cuerpo humano, en el que la mayoría de sus funciones vitales son automáticas, es decir, no hay una intervención de la consciencia individual en las mismas. La respiración o la mayoría de los reflejos automáticos como mecanismos defensivos de la seguridad física, además del funcionamiento de las vísceras: corazón, estómago, hígado, riñones, etc. No dependen –repito- de la consciencia individual y mal nos iría de ser así porque además de no tener tiempo para otras cosas, tampoco podríamos abastar las citadas. En cambio el “cuerpo de Cristo” está formado por individualidades totalmente libres y dicha libertad jamás será limitada por la cabeza del Cuerpo, por lo cual es necesario asumir libremente lo que la Cabeza quiere de este cuerpo. Veámoslo:

En el aspecto positivo

-La fidelidad a la fe que hemos recibido de él

-Procurar el desarrollo espiritual mediante aquello que

nos ha sido dado por la Revelación y asistencia del

Espíritu Santo

-El Amor, que es el motor que nos hace avanzar en el

auténtico sentido de la hermandad que conforma el

Cuerpo de Cristo.

Lo que, como negativo, no hemos de aceptar o practicar

-Ningún otro tipo de poder en la iglesia. Nadie puede

ostentar algún tipo de Jerarquía en el Cuerpo de Cristo.

-Ninguna otra autoridad doctrinal que la Revelada

en las Sagradas Escrituras.

Es evidente que existen muchas más, pero si las estudiamos nos damos cuenta que todas ellas derivan de las citadas.





Estudio VII.-

SALVADOS POR LA GRACIA DE DIOS

Texto Básico. Ef. 2:1-10.-

Los muertos por causa del pecado han sido vivificados y trasladados con Cristo a los cielos.

La petición del Apóstol para que Dios conceda a los creyentes el conocimiento de la esperanza que ha sido puesta a su alcance mediante la vocación, ya no sigue, puesto que Pablo, después de su descripción de la acción de Dios mediante Jesucristo, que es quien da la mentada esperanza, pasó de la intercesión a una forma de alabanza por aquella acción divina. Ahora sigue, en cierta manera, exponiendo la grandeza de esta obra de Dios. Pero parece ser que lo hace con un fuerte sentido de sensatez, presentando sus efectos a los gentiles comparando lo que eran anteriormente y lo que han llegado a ser ahora; pero, también –en el verso 3- se contempla la situación de los cristianos procedentes del judaísmo y, con los cuales, Pablo se siente de nuevo solidario.

En los versos 3 y 4 retoma el hilo de su pensamiento expuesto en 1 y 2 que había interrumpido para desarrollarlo totalmente en dos fases (VV. 4-7 y VV. 8-10) donde presenta una antítesis entre el anterior comportamiento y el actual como cristianos, remarcando que dicho cambio ha sido realizado por la acción divina.

Observemos lo que nos dice en el verso 1: en este “vosotros”, se demuestra que no solo los cristianos procedentes del judaísmo sino toda la humanidad estaba muerta por causa del pecado. Pablo usa aquí un vocablo griego fuertemente expresivo y conocido por todos nosotros:  (nekros) y que tiene el significado de quien está a merced de la muerte en plena corrupción y descomposición. Dicho término aparece en otros pasajes de Pablo: (Col. 2:13; Rom. 6:11-13)

Curiosamente quien nos dio una descripción de dicha corrupción fue Oscar Wilder en su libro De Profundis, y con estas palabras: “Los dioses me lo han dado casi todo. Pero me deje seducir por una serie de absurdos y largos embrujos de gustos sensuales… Cansado de estar en las alturas decidí bajar deliberadamente a las profundidades a la búsqueda de nuevas sensaciones. Aquello que para mí era paradójico en la esfera del pensamiento, llegó a ser la perversidad en la esfera de la pasión. Dejé de preocuparme por las vidas ajenas a mí. Tomaba el placer donde quería siguiendo mi viaje. Olvidé que cada pequeña acción ordinaria del día forma o deforma el carácter y, por lo tanto, aquello que se realiza en una escondida habitación llega el día en que se proclama en alta voz desde los tejados. Dejé de ser el dueño de mí mismo. Ya no era el capitán de mi alma, pero lo ignoraba. Me dominó el placer que, finalmente, llegó a ser una horrible desgracia.

Esta situación, que es común a toda la humanidad, es la que describe Pablo como toda vez que este mundo, desde la perspectiva de Dios, se ha convertido en una (Nekropolis) en donde reina el pecado (Rom. 5:12 y 21; 1.Cor. 15:56) Además, la forma como Pablo lo escribió en el original griego tiene una extraordinaria forma expresiva. La frase: “anduvisteis en otro tiempo, siguiendo la corriente de este mundo…” Aquí, para “mundo” dice:

(o kosmos) que viene a significar el mundo en el aspecto de la totalidad del espacio en el que transcurre nuestra existencia. En otros pasajes para definir lo mismo usa el vocablo “” (o aion) que define la totalidad del tiempo o duración del universo. El tiempo del “cosmos”. Pero hay más, y en este más, se nos muestra la profundidad del pensamiento de Pablo, puesto que “cosmos” es lo contrario de “caos” (Gen. 1:2) El pecado consiguió convertir al cosmos nuevamente en caos. Todo el mundo, todo el universo, toda la creación de Dios, el hombre la convirtió en un caos y en el caos no es posible la vida. He aquí porque nuestro eón, nuestro tiempo, está dominado por el nekros, es decir, la corrupción. Cuantas veces no hemos oído exclamar: “Este mundo es un caos”. Cierto, porque en el mismo predominan la corrupción política, moral, social, religiosa… hasta el extremo de que nada escapa a dicha corrupción. Si esta es una situación general, significa que nosotros también estamos sumergidos en este caótico mundo y por ello es que Pablo sigue diciendo: “…estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos), y, juntamente con él nos resucitó, y asimismo, nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús”.

Observemos la solidez de sus afirmaciones.

A.- A causa del pecado, el hombre, creación de Dios, pasó del cosmos al caos.

B.- Por esta causa quedó inmerso en la muerte y la corrupción.

C.- Un cuerpo muerto y en estado de corrupción no tiene la mínima posibilidad de hacer nada para cambiar su destino toda vez que la muerte lo ha hecho definitivo.

D.- Pero frente a esta definitiva situación Pablo anuncia que, cuando estábamos muertos Dios nos dio vida con Cristo. Es decir, el mismo poder que resucitó a Cristo nos resucitó a nosotros.

E.- Y acaba diciendo que nos ha hecho tomar asiento arriba en los cielos, con lo cual está diciendo que de nuevo el caos ha sido reconvertido en cosmos (Rom. 19:23)

Pero aun hay otro detalle, a mi parecer, maravilloso, y es que Pablo dice todo eso en un absoluto presente. No dice que fue o que será, sino que es, que se realiza en todo aquel que acepta este don de Dios.

Con todo lo comentado hasta aquí nos da la sensación que Pablo ha estado preparando las mentes de sus lectores para el punto final (VV. 8 y 9).

Por gracia, significa un don gratuito, un regalo, y quien hace un regalo no tiene en cuenta los méritos de quien lo recibe puesto que entonces sería una recompensa. Tampoco se hacen regalos a quien nos es indiferente sino a quien se ama. Así, lo que motivó el regalo no fue otra cosa que el amor de Dios. (Lo he puesto en cursiva a fin que captemos el sentido del no otra cosa)

Todo cristiano, como bien dice en v. 9, no puede presumir de sus obras, obras que abarcan desde el cumplir de la ley hasta cualquier otro mérito que pretendamos esgrimir. De lo que sí podemos presumir es del regalo. Es aquello que hace quien ha recibido un espléndido y valioso regalo, que, lleno de gozo, exclama: ¡¡¡Mira lo que me han regalado!!! Precisamente esta es la mejor manera de testificar. Hacer saber a todos cuantos nos rodean lo que Dios nos ha regalado.

Como conclusión consideremos lo que se nos dice en el v. 10. Aquí cabe preguntar: ¿Cuáles son las buenas obras que Dios preparó para que anduviésemos en ellas? Sin duda se lo podemos preguntar a teólogos, exégetas, estudiosos de las Escrituras, etc. etc. Pero, ¿por qué no preguntarlo a Cristo directamente? Si vamos al evangelio de Juan (6:28-29) “…¿Qué debemos hacer para poner en práctica las obras de Dios? Respondió Jesús y les dijo: esta es la obra de Dios, que creáis en el que él ha enviado”

¿Entonces, creer, es una obra meritoria? En absoluto, no es por ahí, porqué la obra es creer en Aquel que Dios envió, es decir, Jesucristo. Luego, creer en él es también creer en su obra. Y si creemos en su obra es porque hemos dejado de creer en las nuestras. A partir del regalo de Dios, que es Jesucristo, nuestra obra es testificar de la obra de Cristo. Esta es la principal labor de todo cristiano. Consecuentemente, si el motivo del obrar de Dios en Cristo fue el amor, el cristiano tiene que andar en amor, un amor que debe estar por encima de nuestras propias mezquindades y de las de nuestro prójimo.
 
 

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