Pasaje: Éxodo 5:1-3


Introducción:

A medida que leemos la Biblia vamos apreciando con mayor claridad las acciones de Dios y en ocasiones también logramos discernir el por qué Dios hace las cosas. Uno de los temas más importantes en la historia bíblica es la liberación del pueblo de Israel de su estado de esclavitud en la nación de Egipto.
Se ha preguntado usted alguna vez el por qué Dios realizó tantas señales sobre Egipto. Digámoslo de otra manera: ¿por qué se tomó tantas molestias para sacar a esa nación que tantos “dolores de cabeza” les causó?

“Después de esto Moisés y Aarón fueron a decirle a faraón: Así ha dicho el Señor, el Dios de Israel: Deja ir a mi pueblo al desierto, para que

haga allí fiesta en mi honor. Pero el faraón contestó: ¿Y quién es el

Señor para que yo le obedezca, y deje ir a los israelitas? Ni conozco

al Señor, ni tampoco voy a dejar ir a los israelitas. Entonces ellos dijeron:

El Dios de los hebreos ha venido a nuestro encuentro; así que

vamos a ir al desierto, a una distancia de tres días de camino, para

ofrecer sacrificios al Señor nuestro Dios, no sea que nos haga morir

por una peste o a filo de espada.” (Éxodo 5: 1-3)


I. Dios Selecciona y el Enemigo Reacciona

Una vez que nuestra mente es capaz de entender que Dios es el que dá inicio a todas las cosas (cf. Éxodo 6:1-8) es que podemos apreciar que cuando Dios seleccionó a Israel para ser su pueblo, El no les preguntó a ellos si deseaban serlo. Este es uno de los puntos más importantes en la vida del pueblo de Dios, tanto en el AT como en el NT. Lo que estamos acostumbrados a ver en todas las religiones del planeta es que quien selecciona qué dios es el que va a adorar es el ser humano. En este caso ese patrón queda totalmente anulado porque Israel jamás seleccionó a Dios, todo lo contrario: es Dios quien los selecciona a ellos.

“los tomaré a ustedes como pueblo mío, y yo seré su Dios. Así sabrán que yo soy el Señor su Dios, que los libró de los duros trabajos a que habían sido sometidos por los egipcios. Los llevaré al país que prometí
dar a Abraham, Isaac y Jacob, y que les daré a ustedes en propiedad. Yo soy el Señor.” (Éxodo 6:7-8)

¿Qué sucedió después que Moisés y Aarón comunicaron el mensaje enviado a faraón? La respuesta del jefe de la nación egipcia no se hizo esperar: NO molesten y lárguense a trabajar. (cf. Ex.5:4) Pero esto no fue lo único. A esta orden le añadió una carga mayor; ahora tendrían que realizar mayor cantidad de labores. ¿Qué sucedió? El pueblo que se vió afectado por las acciones de Dios a través de Moisés y Aarón respondió hostilmente a estos dos varones que estaban haciendo la voluntad del SEÑOR. Leamos:

“Los jefes de grupo israelitas se vieron en aprietos cuando se les

dijo que no debían reducir la producción diaria de adobes. Al salir de

su entrevista con el faraón, se encontraron con Moisés y Aarón, que

los estaban esperando, y les dijeron: Que el Señor mire lo que ustedes han hecho y los castigue. Porque ustedes tienen la culpa de que el faraón y sus funcionarios nos miren mal. Ustedes mismos les han puesto la espada en la mano para que nos maten.” (Éxodo 5:19-21)

¿Notarón ustedes lo que sucedió? Las personas que Dios ha comenzado a tomar acción para liberarlos no entienden lo que sucede y por lo tanto como no tienen el discernimiento para interpretar correctamente proceden a buscar a quién van a culpar por lo que les está sucediendo. Así que, si todo marchaba más ó menos bien o, de forma tolerable, hasta que Moisés y Aarón aparecieron y hablaron con el faraón esto significa para el pueblo que ellos son los responsables de lo que ahora les está aconteciendo. De esta manera, las personas seleccionadas por Dios para llevar sus mensajes se ven atacadas por las mismísimas personas que han de recibir el beneficio de la acción divina. Una pregunta se hace necesaria: ¿ha cambiando esta situación en nuestra era? La respuesta, lamentablemente es NO. Hoy día continuamos actuando igual. Y la situación se repite porque estamos repitiendo el mismo error de los israelitas que estaban esclavizados en Egipto. Todavía nos resistimos a aceptar y entender que Dios utiliza a otros seres humanos para comunicar sus mensajes.


II. Moisés Ya Está Afectado (6:9)

¿Qué sucede en la vida de las personas que llevan los mensajes de Dios? Bueno, si continuamos tomando a Moisés como caso de estudio vamos a encontrar respuestas precisas y claras.

“Moisés les repitió esto a los israelitas, pero ellos no le hicieron

caso, pues estaban muy desanimados por lo duro de su esclavitud.

Entonces el Señor le dijo a Moisés: Ve y dile al faraón que deje salir

de Egipto a mi pueblo. Pero Moisés le contestó al Señor:

Ni siquiera los israelitas me hacen caso; ¿y cómo me va a hacer

caso el faraón, si soy tan torpe para hablar? Entonces el Señor mandó

a Moisés y Aarón que dijeran a los israelitas y al faraón, que tenían

órdenes precisas de sacar de Egipto a los israelitas.” (Éxodo 6:9-13)

Después de haber leído estos versos podemos hallar nuestra primera respuesta a la pregunta que planteamos. Moisés mostró desánimo al recibir el impacto de las palabras dichas por el pueblo. Esto queda reflejado en la manera cómo él le contesta a Dios: “Ni siquiera los israelitas me hacen caso.”

Esta situación donde Dios ha dado inicio al proceso de liberación de su pueblo contiene multitud de enseñanzas todavía para nosotros/as hoy. No debemos cometer el error de pensar que como esta historia pertenece a la antigüa alianza no tiene relevancia en la actualidad. La historia de la redención del pueblo de Israel sirve como una parábola a través de la cual Dios nos ilustra cómo y qué sucede cuando ÉL da inicio al proceso de liberación en la vida de cada ser humano. Por esta razón en particular es que hacemos muy bien si tomamos el tiempo necesario para vernos a nosotros/as mismos en esta historia. Usted y yo somos los protagonistas de la liberación del pecado por parte de Dios. Hoy comienza el análisis de nuestro éxodo, hoy escuchamos la voz de Dios que nos dice:

“El Señor, el Dios de los hebreos, me ha enviado a decirte: Deja ir

a mi pueblo, para que me adore en el desierto.”

“Pero la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores

adorarán al Padre en espíritu y verdad, porque también el

Padre tales adoradores busca que lo adoren. Dios es espíritu

y los que le adoran, en espíritu y verdad es necesario que lo adoren ”

(Juan 4:23-24)

¿Deseas, en este momento tomar unos minutos y pedirle al Padre que te ayude a ser libre para adorarle? ¿Deseas pedirle al Padre que nos liberte de todas aquellas cosas que hay nuestras mentes y que se han convertido en zonas de justificación para no hacer lo que Dios nos ha llamado a hacer?

Sermón predicado en la Iglesia Presbiteriana Casa del Alfarero

Ponce, Puerto Rico

Domingo, 20 de enero de 2002.

Ismael González-Silva, Pastor

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