Introducción:

El apóstol Pablo dijo: “Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes.” (Ef.6:12). Basándose en este versículo se dice que el creyente esta en medio de una gran batalla espiritual. Esto es cierto pero en nombre de esta verdad se están enseñando en algunas iglesias doctrinas erróneas. Los argumentos que se emplean aparentemente responden a una sólida base bíblica pero, como se dice comúnmente, “las apariencias engañan”. Por tanto el objetivo del presente artículo es alertar al lector sobre estas falsas enseñanzas y presentar la verdad bíblica al respecto.

La seducción de lo oculto:

El ocultismo esta ganando adeptos. Para verificar esto basta leer los periódicos o revistas populares donde los “parapsicólogos” prometen realizar todo tipo de “trabajos” a fin de lograr el “éxito” deseado tanto en la faz económica como en lo sentimental. Este renovado interés por las ciencias ocultas ha atraído la atención de numerosos cristianos. Aun la Iglesia Católica Romana admite que el Papa, Juan Pablo II, realizó en 1982 un exorcismo.

Este interés por la acción del maligno no sería reprochable si se limitara al estudio de la revelación bíblica. Pero lo cierto es que al hablar acerca de la Batalla Espiritual muchos exaltan a tal punto el poder demoníaco que en realidad terminan promoviendo lo que dicen combatir. También, como veremos más adelante, exageran a lo sumo la autoridad del creyente frente a las fuerzas del mal. El apóstol Pablo advirtió que en los postreros tiempos la cristiandad apóstata rechazará la correcta enseñanza bíblica de modo que se “apartarán de la verdad y se volverán a las fábulas.” (2 Tim.4:4). Las fábulas o cuentos suelen ser atractivos pero no son veraces. Nuevamente viene bien recordar otra advertencia del mismo apóstol: “Mirad que nadie os engañe por medio de filosofías y huecas sutilezas, según las tradiciones de los hombres, conforme a los rudimentos del mundo, y no según Cristo.” (Col.2: 8).

Un cuento de ciencia - ficción:

Bajo este título quisiera presentar las doctrinas erróneas respecto a la batalla espiritual.

Los creyentes estamos inmersos en una batalla espiritual. El apóstol Pablo dice que estamos en una lucha contra las huestes espirituales del mal. Pero estos autores enseñan que el creyente “debe entrar en batalla espiritual” por medio de la oración intercesora. Ellos dicen que si queremos ser efectivos en la evangelización debemos hacer este tipo de oración. Peter Nicoll dice: “Hay muchos que tienen amigos o familiares a los cuales les han predicado el evangelio por muchos años pero ellos no comprenden. No son estúpidos pero no entienden ¿Por qué? Pablo dice que Satanás cegó su entendimiento (2 Co. 4:4). No es suficiente predicarles a ellos el evangelio a menos que tu entres en batalla espiritual.”.

Satanás no es dios y no puede estar en todas partes. Para poder cegar el entendimiento de millones de personas en el mundo se ha organizado distribuyendo sus huestes demoníacas asignándoles territorios. El ángel Gabriel cuando tuvo que traer un mensaje al profeta Daniel fue demorado porque el demonio que dominaba Persia se interpuso (Daniel 10:12-13).

En cierta media podemos esta de acuerdo con esta afirmación pero estos autores van mucho más allá de lo que la Biblia dice y permite.

Afirman que para que el evangelio progrese es necesario liberar o exorcizar a los territorios de los demonios que los ocupan. Peter Wagner, al no encontrar suficiente apoyo en el Nuevo Testamento para sostener esta doctrina, recurre a un libro apócrifo; “Los Hechos de Juan”. En el mismo se cuenta que el apóstol Juan pronunció en Efeso la siguiente oración para liberar a la ciudad del demonio territorial que la ocupaba: “Oh Dios... ante cuyo nombre todo ídolo huye y también todos los demonios y poderes inmundos ¡Que el demonio que esta aquí salga ahora en tu nombre!” (1). Agrega que el altar de Artemisa cayó y a partir de entonces el evangelio progresó con gran fuerza por toda la región.

Para liberar a un territorio de los demonios que lo oprimen ha que seguir los siguientes pasos:

a) Identificar a los demonios: el primer paso consiste en identificar a los demonios que están activos en la ciudad. Para ello es necesario “pedirle a Dios que nos indique cuales son las fortalezas que impiden que Jesús sea el Señor.”. Para identificar tales fortalezas o demonios es menester analizar cuales son los pecados recurrentes en una determinada sociedad porque las características espirituales de la comunidad son un reflejo de los demonios que la dominan. La base bíblica para apoyar tal creencia se encuentra en el libro del profeta Ezequiel donde, según ellos interpretan, el carácter del rey de Tiro es el reflejo del carácter del demonio que lo dominaba (Ez.28:1-3).

Otro elemento innovador en la búsqueda de las huestes del mal que dominan a la ciudad es la “cartografía espiritual”. Por medio del estudio de los mapas y la historia de la ciudad se busca aquellos monumentos que de alguna manera representan el poder maléfico que influye sobre la ciudad.

Pero por si todo esto fuera poco también dicen que es necesario identificar a los demonios territoriales por su nombre. Señalan que en la oración liberadora del territorio debe ser lo más específica y por ello se debe tratar de descubrir los nombre de los demonios. En alguna ocasión, cuando se exorciza a algún individuo, se ha logrado identificar al demonio que oprime una región por su nombre. En otros casos, cuando no se sabe el nombre del demonio, se lo debe describir con la mayor precisión posible.

b) Arrepentimiento por los pecados de la ciudad o país: Basándose en algunos pasajes del Antiguo Testamento (Neh.1:6, Dn.9:5-6) y diciendo que somos parte de la comunidad en que vivimos insisten en que debemos pedir perdón por los pecados de la ciudad. Tal muestra de arrepentimiento es un arma eficaz contra las huestes demoníacas. Poco importa que esta hipótesis no encuentre apoyo en el Nuevo Testamento.

No basta pedir perdón por los pecados presentes de la sociedad sino estudiando la historia del país hay que detectar cuales fueron los pecados pasados de la nación o región. Los pecados inconfesos permiten que Satanás siga dominando la nación. Peter Wagner cita a modo de ejemplo los abusos cometidos por los colonos contra los indígenas de Estados Unidos como razón de la gran actividad demoníaca en ciertas regiones de su país.

c) Adorar a Dios: para combatir a los demonios territoriales la alabanza es un armamento poderoso. Cuando la iglesia alaba a Dios se esta reconociendo su soberanía y a los poderes del mal no le agrada que esta verdad sea declarada. Sin embargo el Nuevo Testamento enseña muy bien que los demonios conocen a Dios y tiemblan.

d) Orar a Dios: la oración “guerrera” es el arma más poderosa en la batalla espiritual. No se trata de una oración común y corriente sino a través de la misma el creyente se involucra en la batalla espiritual.

Basados en Mateo 18:18 enseñan que una vez que el creyente ha detectado los demonios que afectan cierto territorio debe atarlos en el nombre de Jesucristo.

La batalla espiritual culmina en el siguiente punto cumbre: “llegará el momento en que nosotros tendremos que pararnos y decir en el nombre de Jesús: Fuerzas espirituales de la ciudad yo las ato.”.

Esta serie de ideas han sido presentadas muy escuetamente. Unas cuantas barbaridades más quedan en el tintero pero en líneas generales este es el cuento de ciencia-ficción sobre la batalla espiritual.

La verdadera batalla espiritual:

Ante estas enseñanzas debemos considerar lo que en verdad enseña la Biblia:

a) La actividad demoníaca y la tarea evangelística: como hemos visto, esta falsa doctrina, descansa sobre la liberación de demonios territoriales. Sin embargo, cuando leemos el Nuevo Testamento, no encontramos cosa que se le parezca. Por ejemplo en el caso del ministerio del Señor observamos una gran intensificación de la actividad demoníaca. Si bien él liberó a muchos endemoniados en ninguna ocasión libró a una región de los demonios que operan en ella. Como paso previo a la evangelización los apóstoles no libraron a las ciudades de los demonios que allí operaban. Simplemente, el apóstol Pablo, por ejemplo, apenas llegaba a una ciudad predicaba el evangelio.

Aun en el Antiguo Testamento tampoco encontramos cosa semejante.

Daniel mientras oraba no estaba entrando en batalla espiritual.

Simplemente él rogaba por su pueblo cuando el ángel le rebeló algo acerca de la batalla que se libra en los cielos. De sus dichos es posible concluir que las huestes del mal están organizadas y distribuidas territorialmente pero en ningún momento el profeta pretendió liberar a las regiones ni el ángel le autorizó a hacerlo.

Debemos admitir que estamos ante una falsa doctrina.

b) Los pecados colectivos y la remisión de los mismos: considerando algunos pasajes de los profetas (Neh. 1:6 y Dn. 9:20) dicen que el creyente debe arrepentirse de los pecados de la colectividad donde vive para, así debilitar las fuerzas del mal. Pero tal creencia ignora el trato distintivo que Dios tuvo con Israel. El pacto entre Dios e Israel anunciaba grandes bendiciones en tanto que el pueblo fuera fiel y a la vez advierte el castigo a la nación entera cuando la mayoría pecare (Dt. 30:10-20).

Daniel y Nehemías como parte del pueblo de Israel sentían que ellos habían quebrantado el pacto y por ello manifiestan su arrepentimiento.

Además Dios anunció por medio de los profetas, Ezequiel y Jeremías, que llegaría un tiempo cuando Dios ya no imputaría el pecado a la colectividad sino a cada persona (Jer. 31:29-33, Ez. 18:1-4). También Ezequiel anunció que a través del Nuevo Pacto, cuyo autor y consumador es Cristo, cada uno daría cuenta por su propios pecados y las consecuencias del mismo no afectarían a su descendencia (Ez. 18:18-20).

La conclusión evidente es que cada uno debe dar cuenta por sus propios pecados. La remisión de pecados colectivos no es aplicable en la presente dispensación.

c) Los textos y su contexto: un viejo dicho hermenéutico dice: un texto fuera de su contexto es un pretexto. A modo de ejemplo citaré los siguientes:

Mateo 18:18: este versículo es empleado para decir que el creyente tiene autoridad para atar a las huestes satánicas. Sin embargo el versículo es sacado de su contexto ya que en el mismo esta hablando de la disciplina en la iglesia. Las medidas que son tomadas aquí en la tierra son tomadas en cuenta en los cielos.

2 Corinto 10:4: el apóstol Pablo describe la lucha espiritual del creyente afirmando que Dios le concedió poderosas armas espirituales para la destrucción de las fortalezas las cuales son, según estos autores, los demonios territoriales. Pero al analizar el contexto veremos las fortalezas a las cuales Pablo hace referencia son los “argumentos, y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios.” (vers. 5). El pasaje completo tiene que ver con la presión satánica ejercida sobre el intelecto.

Efesios 6:12: Estos versículos son los predilectos para tratar este tema pero también lo sacan de su contexto. En primer lugar este versículo no presenta la batalla espiritual cono algo opcional. El creyente esta en medio de una batalla espiritual. En segundo lugar, el apóstol no habla sobre la liberación de territorios ya que el no creía esto ni lo practicaba.

Pablo describe la armadura del creyente que consiste en la verdad, la justicia, el evangelio de paz y la Espada del Espíritu que es la palabra de Dios.

Esto no sólo demuestra una mala hermenéutica sino también evidencia el intento de proveer sustento bíblico a algo que no lo tiene. Este método es semejante al empleado por la Iglesia Católica Romana para justificar sus doctrinas particulares.

d) El reino de Dios y el principado de Satanás: La acción de los demonios territoriales impide que el reino de Dios avance por lo cual urge que los creyentes estén involucrados en la “batalla espiritual”. Sin embargo, tal afirmación responde a una errónea interpretación del Nuevo Testamento. La iglesia de Dios no es el reino de Dios. Si bien Satanás ha sido derrotado por Cristo en la cruz, todavía es el príncipe de este mundo. El y sus huestes promueven el mal y continúan cegando el entendimiento de los incrédulos. Nuestro deber es predicar el evangelio y el Espíritu Santo es quien se encarga de romper toda barrera que impide que los escogidos vengan a la fe.

Estos argumentos son suficientes para demostrar la falsedad de esta doctrina de moda. Lejos de pretender liberar a los territorios nuestro deber es predicar el evangelio. Hermanos, estemos atentos y no prestemos atención a estas fábulas. Dios quiere que nuestra mayor preocupación sea la predicación del verdadero evangelio de Cristo ya que este es el único modo de liberar a los oprimidos por el pecado.

Adrián Montes - Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.
Bahía Blanca, Buenos Aires, Argentina.


(1) Peter Wagner, la oración de Guerra, Editorial Betania, Miami, 1992, pag.119.

Ruta: