El perdón es...
El perdón es. . . aceptar la soberanía de Dios
en la dirección de personas y situaciones
para despojarnos a nosotros mismos de toda importancia,
y humillar nuestro amor propio.
El perdón es. . . la fe en que Dios está
Permitiendo y Controlando
Reconociendo Todas las Cosas Buenas
derramadas sobre tu humilde ser.

El perdón es. . . la esperanza de que encontrarás
sólo Misericordia Divina para ti.

El perdón es. . . amor por el Gran Redentor
y obedecerle simplemente por este motivo.
El perdón es ir. . . a Dios.
Entregándole tus sueños a Él para que los cumpla,
y. . . tú mismo a Su protección exclusivamente.

¡Perdonando estas permitiendo a Dios ser Dios!
y haces lo que sea por agradarle. . .
o no.

El perdón no es. . .
una tolerancia pusilánime del mal.
El perdón no es. . . .
siendo “bueno” porque eso es lo ordenado.
El perdón no es. . . . excusar el mal por piedad.

Las ofensas son pecados. Frecuentes.
El pecado no es un “¡UPS!, no quise decir eso.”
El pecado es deliberado,
siempre una opción muy calculada,
aun cuando sea muy secreto.

El perdón no es. . . explicar por qué.
No hay ningún ‘por qué’ para ninguno.
Todos estamos “sin excusas.”

El perdón no es. . . tragarse el dolor y
engañarse a sí mismo sobre su existencia.

Tal “perdón falso” vuelve a cegarnos-de-rencor...
enterrado y enconándose en lo profundo
inconscientemente enferma el alma.

Es profundamente peligroso porque
llega a ser una enfermedad contagiosa,
escondido bajo las mantas de la auto disculpa.
Un mal, que se extiende siempre a través de,
las palabras y hechos que lo encubren y esconden.

No perdonar: sin saberlo, sin confesarlo,
es fatal para ti
y muy peligroso para otros.

II
La Amargura es...
Mirad bien, no sea que alguno deje de
alcanzar la gracia de Dios;
que brotando alguna raíz de amargura, os estorbe, y por ella muchos sean contaminados;
Hebreos 12:15

La amargura hace daño si se abriga después
de la puesta del sol y
se convierte en el nido que los diablos excavan
en tu alma
para infectar a todo tu ser
con la propia rabia de Satanás hacia Dios.

No se ponga el sol sobre vuestro enojo,
ni deis lugar al diablo.
Efe. 4:26-27

La amargura es dolor torcido en malicia,
la injusticia se volvió al legalismo,
el pecado convertido en el mal.

La amargura echa raíces cuando crees
que estás “por encima del Altísimo Dios” -
más “justo” que Dios, más “bueno” que Jesús,
y más “hábil” que el Espíritu.

La amargura brota y crece en la tierra del orgullo.
La arrogancia de “yo nunca haría lo que usted hizo”
y el egotismo que desdeña al ofensor como sin valor.

La amargura es el no perdonar que introduce
una raíz en tu corazón de la cual
crece un mal espontáneo
y se convierte en el mordaz fruto de tu vida. Entonces, eres devorado y digerido por todo tu mundo.

La amargura es un estado en que el diablo
puede ensayar
las escenas de su injusticia y tú puedes sentarte
entre el público, repasando
las películas y las palabras,
recordando,
recordando. . .
una y otra vez y otra vez y. . .

La amargura es una enfermedad del alma
que se convierte en un veneno literal y
infecta tu propio cuerpo
con la enfermedad y. . . el Cuerpo De Cristo.

Cuando no perdonas al ofensor,
te conviertes en el ofensor tú mismo.
Tú, ahora eres el culpable, en lugar del otro.
Y tu opresor se ha convertido en tu víctima
con la misma medida de ofensa contra ti
que tú tenías con él. . .

Quizá más.

III
El orgullo es...

Muchas heridas son por el dolor del orgullo, para las que no hay alivio.

Muy pocas heridas son “sufriendo por Cristo.”

El orgullo es. . . ser más importante que Jesús.
El orgullo es. . . estar enamorado de “si mismo” más que de Dios.
El orgullo es. . . querer “sentirse bien” más que desear la voluntad de Dios.
El orgullo es. . . cuidar más de las cosas temporales que de las eternas.

Ser mal entendido es insoportable, pero sólo para la dignidad.

Ser difamado es intolerable, pero sólo para el culto al yo.

La estima negada es traumática pero sólo para la ambición.

La persecución sólo incapacita a los rebeldes.

El enojo sólo está tentando al egoísta.

La amargura sólo es albergada por el vano.

La venganza sólo es calculada por el rebelde.

El odio sólo es mimado por el malvado.

El orgullo nunca quiere, nunca. . . jamás perdona.

IV
La Humildad es...

La humildad es. . . el lecho de roca del perdón.
Sin una profunda humildad, el
verdadero perdón es imposible. . .
y nunca tendrá lugar.

La HUMILDAD es. . .
conocer que tú mismo necesitas
desesperadamente el
perdón como la más grande de todas las necesidades.

La humildad es. . . ser pequeño, ser NADA.
No teniendo nada que defender, explicar, lograr,
debido a no necesitar nada.
Ningún lugar, ningún aplauso, ninguna vindicación, ninguna alabanza,
ningún anuncio, no. . .nada.
Cuando eres nada, no necesitas nada.
La humildad es la liberación del control de tu propio ego.
Envuelto en la aceptación de Cristo y perdido
en Su amor,
no necesitas nada más sobre esta tierra, de
este mundo.

La humildad es amar el premio del cielo más
que los aplausos de la tierra,
viviendo sólo para la defensa de Dios
y la justicia inevitable del Último Día.

Y a pesar de todo. . .

la humildad sabe lo que realmente mereces
y fuera de ese fiel conocimiento,
libras a todos los demás que merecen lo
mismo que tú.

Humildad. . . es el Cordero.
La humildad de Cristo como Dios que
se rebajó a si mismo a la humanidad. . .
ésa es una humillación incomprensible para
una persona desbordada por la ceguera del orgullo.

Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús,
el cual, siendo en forma de Dios,
no estimó el ser igual a Dios
como cosa a que aferrarse,
sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo,
hecho semejante a los hombres;
y estando en la condición de hombre,
se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.
Filipenses 2

La rendición-del Cordero. . . en Getsemaní.
La mansedumbre-del Cordero. . .escogió no defenderse.
La vulnerabilidad-del Cordero. . .a la violencia.
El silencio-del Cordero . . . ante las acusaciones.

El perdón del cordero. . . a Sus propios asesinos.

Sólo la actitud-de un Cordero podía quitar los pecados del mundo.

Sólo la humildad de Cristo prevaleció sobre la naturaleza horrible del pecado.

Su humildad vive en mí
y mi humildad es la rendición a Él,
para permitir que Su naturaleza tome lo que es
imposible para mi naturaleza,
ésta es la humildad que es capaz de perdonar
montones de heridas y agravios.

Su humildad es la única humildad.

El Cordero de Dios
que quita el pecado del mundo.

Copyright © 1999 Martha Blaney Kilpatrick
http://www.Shulamite.com

Traducido por Círculo Santo
2001
Madrid, España

Todas las citas extraídas de
Reina Valera 1960
http://www.iglesia.net

 

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