MARTHA BLANEY KILPATRICK
JOHN ENSLOW
JEANNE GUYON
...Y OTROS

Incluyendo una breve biografía de Gene Edwards.


Editado por Círculo Santo
2002
Madrid, España
Todas las citas extraídas de
Reina Valera 1960

Advertencia: Este compendio de escritos parcialmente tienen copyright, y usted no tiene derecho a editar parte alguna para su ulterior venta. Los que así hagan deben pedir primero permiso a los autores o al que detente los derechos del autor, quienes pueden ser contactados a través de las páginas en internet que aparecen a continuación. Este libro, Dios mediante, estará sujeto a posteriores actualizaciones con traducciones de otros pequeños escritos inmortales que se vayan añadiendo.

Material traducido y/o extraído libremente de:

http://www.shulamite.com

...y otras fuentes abiertas en la red.


Material en español sobre vida interior:
https://www.iglesia.net
 

 

La fe es...

LA FE ES UNA LEY...

La fe es una ley...establecida por Dios para nosotros.

Es el don del poder otorgado a la humanidad para que lo posea y aumente.

Lo qué crees es lo que ocurre. Aparece.

En todas las personas operan una serie de creencias. Sean verdad o falsas, todos creemos con sólida certeza en algunas cosas. El corazón tiene una doctrina confidencial, tan imbuida y rutinaria que no es reconocida por uno mismo.

La fe es una ley donde las cosas que nosotros juzgamos ciertas estamos seguros de que son reales.

El gran enigma es descubrir qué es lo que creo, porque estoy tan familiarizado y cómodo con mis creencias que nunca las he escuchado

sino dentro de mis pensamientos.

Opiniones que se han convertido en principios. Ideas vanas que he convertido en dogma.

Debo encontrarlas y debo formularlas... para refutarlas.

Mis creencias son como una gran resaca oceánica que me arrastra hacia dentro de mí mismo con

una fuerza mayor que mis brazadas. Todavía soy el creador de esa fuerza.

La he alimentado y le otorgado su poder por la valoración de mis recónditas meditaciones.

La gran lucha empieza cuando decido cambiar mis dogmas solidificados.

No cambian fácilmente. Pesan como el plomo.

Sólo los destruyo con grandes corrientes que equiparo a mis mentiras.

La fe es una ley.

Lo que crees, eso experimentas.

Después tu experiencia demuestra lo que creíste, pero es así porque creíste que ocurría.

No porque fuese real.

La creencia cree tener el poder... poder real de crear.

Si tienes fe en el mal,

el mal emergerá en todos tus conceptos. El Mal probará su fe en él mismo.

Si tienes fe en el desastre, el desastre te perseguirá. Pero el desastre no existirá como una fuerza exterior.

Será el estrago que vive dentro de tu corazón a causa de tu fe en el terror.

Hay una religión del rechazo que cree fervientemente que ese rechazo será una repercusión negativa en todo encuentro con otros. Y es así.

Se vuelve así...cuando no era así.

De todas nuestras absurdas riadas de fe, quizás sea esta el sepulcro del cual surgen todas las otras fes podridas...

es lo primero que nos vuelve ciegos. Nos convierte en monstruos pervertidos, coronados de fanatismo y tiranía.

Es la fe en nuestro propio ‘yo.’ La confianza en nuestra propia habilidad para hacer.. y saber.

Ninguna sed de hablar por boca de Dios porque “yo” ha hablado.

Escuchando en secreto a este portentoso ‘yo’ y creyendo a la sinrazón.

Somos necios, sí... pero necios peligrosos, que nombran a Dios sin necesitarlo.

Nos ponemos en Su lugar protestando que le conocemos.

¿Recibes lo que deseas en esta vida? Siempre. Tu deseo yace en el puño de tu fe.

Los deseos nobles mueren en las manos de la incredulidad. La incredulidad es una fe en lo negativo. Una confianza en que la bendición no llegará.

Una secreta convicción de que Dios no lo hará... no podrá...

Soy expuesto y juzgado por lo que mi vida produce... y por lo que no produce.

Porqué sólo produce lo que creo. No puede producir lo que no creo.

¿Entiendes ya que esa fe es una ley? “Te sea concedido conforme a tu fe.”

Una sentencia que dice que la manifestación de Dios no se basa en Su voluntad, en Su poder, en Su propósito, sino en mi fe.

La fe es de algún modo un ente viviente, algo que late con fuerza para cumplir su propio propósito.

Tanto si la fe no es en Dios, como si es en Dios,

la fe da a luz en la vida real la imagen que tiene de Él.

La Fe Auténtica vive porque emana de la Palabra Viviente, “de la boca de Dios.”

La Sagrada Escritura, envuelta por la presencia del Padre, es dónde la fe —por el amor— es concebida.

La comunión con el Padre, oír Su Palabra personal, es recibir una semilla palpitante.

Absorber la Sagrada Escritura arraiga la auténtica verdad en los abismos de mi intrincada mente, y diluye las necias conc lusiones

acumuladas a lo largo de mi vida.

Es imperativo que construya mi fe por acciones deliberadas,

por el bombardeo de mi propia alma con la verdad Eterna de Dios

en contra de la arrogancia de mis valoraciones.

Estar alrededor de los que tienen fe alimenta la fe. Camina con un escéptico y tu fe se encaminará hacia la hambruna de la incredulidad.

No obstante... es la obediencia y la muerte las que en verdad forman y liberan la fe.

Entregándose a Dios para hacer Su voluntad,

y aún más profunda sumisión, para hacer morir la independencia...

... estas rendiciones suscitan Su Propia Confianza para entrar al corazón humano y librarlo de dudas.

Si sirvieras a Dios pero no mueres por Él, tu fe siempre se achicará.

Gál 2:20 Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios.

La muerte te introduce en la fe del Mismo Hijo de Dios, una fe sobrenatural emanada

de Uno cuya fe conquistó TODO.

La muerte de mí es el fallecimiento de mi naturaleza con cimientos adámicos que se desliza hacia la incredulidad... y vive en cinismo en cuanto a su propio Creador, despreciando mi Propio Origen.

¡La incredulidad sólo se mata cuando “yo” muere! Y la fe es nacida sólo en “Su” vida.

Así, alimento mi fe con la Palabra de Dios según el Padre me lee personalmente,

y mato mi incredulidad por la cruz personal de mi experiencia diaria.

Sin embargo...en medio de esta Gran Solución a mi duda innata,

una llave yace en mi mano... que no proviene de Dios.

Un pivote que cierra o abre la Dinámica de la Fe.

Esta llave eléctrica que sustenta la Fe y la Duda

en la balanza

es mi simple elección.

Puedo decidir qué creeré.

Puedo escoger contra la evidencia, Puedo refutar el argumento.

Puedo rechazar la lógica y Puedo acallar al acusador.

Es mi opción. Mi opción.

Elijo en cuál confiaré. Escojo la verdad, o escojo rechazar la verdad.

La opción siempre descansa... conmigo.

Puedo desear creer pero a menos que escoja creer

mi deseo perecerá en mi regazo.

Sin fe mi deseo

nunca vendrá a la vida. Y culparé a Dios de ello.

La fe viene por el oír, y debo escoger escuchar. La fe viene muriendo y debo decidir morir.

Y la fe viene por el mirar. Puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de nuestra fe.

Mirándole A Él, centrándome EN Él, en clara dependencia.

Él es lo Único Real en un abismo de ilusión.

Tengo que mirar a lo que no se ve para poder ver...

Tengo que dejar lo que parece sólido y acudir a lo que Es Real.

La fe no es fe si se sustenta en dogmas.

La fe es dinámica sólo en la medida en que reside en una Persona... Aquel para quien fue hecho el universo y sin El Cual el universo no tiene sentido.

TU FE ESTÁ EN UN ÁRBOL

Los Árboles del Edén todavía están en pie, siempre delante de nosotros, representando una opción tan primaria que llegan a ser —como su propio nombre indica— vida o muerte.

El Árbol de Conocimiento es un árbol de pensamientos. Creemos que pensando podemos saber.

“Cuando pienso... pienso que sé,

y pienso que cualesquier cosa que pienso es... cierta.”

Tenemos en muy alta estima nuestras opiniones.

SATANÁS provocó a Eva para que pensara... razonara y sacara conclusiones. Bajo la sombra de ese Árbol pensó con afán

... y entonces pecó.

Perdió a Dios por la deducción.

Consideró sus pensamientos. Por su cuenta, sin Dios. El enemigo mora en los razonamientos,

así que cuando ella “pensaba”, se sentaba con él.

Dios no estaba en la conversación ni entraba en la ecuación.

Eva fabricó su propia solución, sin esperar, sin escuchar... meramente pensando.

Vivir por pensamientos es morir.

Resolver, saber, tomar conclusiones por medio de pensamientos es dejar de estar en la realidad, pero es peor...

¡vivir por pensamientos es dejar de existir! Sólo existimos cuando conectamos con Dios, y la conexión es hecha por íntima conversación que se convierte en comunión de amor...

Al preguntar, abrimos y al escuchar, entramos.

La lujuria de saber se despertó en Eva y germinó dentro de sus hijos,

maníacos enfrentados a Dios.

Los hijos de Eva ahora obtendrán respuestas aunque tengamos que fabricarlas.

El Pensamiento es un reino peligroso donde, con disfraz de quietud, Satanás

te introduce sus ideas y te acusa por ellas.

Inteligentes sugerencias que provocan una conclusión infernal.

Cuando Pedro escuchó, oyó del Padre en el Cielo la identidad de Jesús, mientras los otros seguían confusos en cuanto a Aquel Hombre.

Pero cuando Pedro encaró el peligro por causa de Jesús en Jerusalén, empezó a pensar sobre ello —en vez de escuchar— y así llegó a ser el portavoz del enemigo.

Pensar es el reino dónde Satanás tiene dominio y Dios no está implicado.

No encontrarás a Dios allí.

Él no dialoga con reflexiones humanas de perversión satánica.

Dios guarda silencio.

La verdad está allí... pero sólo es una pizca

de verdad encajonada en un ataúd de mentiras.

En esa sombra de oscuridad las mentiras se convierten en la verdad, y la poquita verdad desaparece.

El Árbol de Vida es el lugar donde escuchar.

El lugar donde cada dilema

es una pregunta explicada por Dios,

una oportunidad emocionante para conocerlo por Sus respuestas.

Donde el desconcierto encuentra su aclaración y la confusión su orden...

sólo por prestar atención a la Voz, a Uno que lo sabe TODO.

Escuchando se le da Su lugar al Único que Sabe y al Único que hace...

... pues Dios habla cuando escuchamos, pero calla cuando pensamos.

Pensar o escuchar. Escoge.

Es un absoluto y un irrefutable que no puedes tener a ambos.

Cada uno de nosotros vive en un árbol o en el otro. Conoces bien el árbol donde te refugias y alimentas... lo sabes.

Si no lo conoces, prueba su fruta.

Cada día presenta enigmas sin soluciones... desafíos revestidos de problemas.

Las preguntas nacen de la necesidad de saber. “¿Qué está pasando aquí?”

Los misterios golpean a nuestra puerta, y llegan sin invitación previa.

Lo que haces es correr hacia un Árbol. Siempre hay un Árbol.

Tienes tu favorito, uno en el que confías.

En uno de los Árboles esperas. Esperas con tranquilidad.

Haces las preguntas y sabes

que Sus respuestas están más allá

de tus insignificantes preguntas.

Aunque se tarde, esperas.

No hay alternativa alguna sino Su voz., y no existen suplentes.

No hay actividad que produzca algo (lo sabes) así que tu única solución para cualquier cosa sólo consiste en... escuchar.

El Gran Padre desea tener comunión a través del catalizador que es

nuestro desconcierto natural en la vida.

El Padre quiere ser padre...

El Árbol Que Escucha da la Vida, la vitalidad para enfrentarla,

y la sabiduría para vivirla.

En el otro Árbol, el Árbol del Pensamiento, examinas, observas lo que es obvio, e interpretas las señales a través de una imaginación impura que

lo único que conoce es su propio corazón corrompido.

Consideras lo visto e

inventas tu lista de explicaciones,

y escuchas las diestras sugerencias del infierno. Tan diestras, que convencen.

Escoges tu propia verdad y

la grabas en la pizarra de tu mente.

Se ha convertido en una proclamación, en un absoluto del que

no tienes ninguna duda.

Incluso dices en qué consiste la verdad de Dios, verdad a la que llegaste... sin Él.

Defenderás esa idea hasta la muerte... y así te acontecerá.

Será toda tuya.

LA FE ES UNA PERSONA

Toda la vida es la búsqueda de una persona, una que conoce lo íntimo de todo mi turbado ser...

de las partes mías perdidas y halladas, e incluso en ese desnudo laberinto

me ama con imprudente amor.

Para hallarla, construimos fatuas amistades. Hacemos cabriolas con el dinero, disponemos de fríos objetos inanimados, devoramos a nuestro prójimo,

depositamos nuestra fe en un perro.

“¿Dónde está mi amigo? ¿Dónde está mi amigo?” Búsqueda callada o búsqueda descarada, buscamos sobre todo... relación.

Un compañero. No sólo un mutuo amor,

sino un amor que me ame cuando no puedo amar, ni soy atractivo de amar.

Que mantenga mi más alto ego ante sus ojos. Un ser perfecto de hechos perfectos...

un dios, claro está.

Ahí vive ese ideal imposible,

implantado en el alma por creación innata. Una necesidad ineludible en una búsqueda interminable...

parentesco con otra alma.

Un eslabón de comprensión desnuda Uno que llama mi ser.

Uno que nunca falla, nunca traiciona... y nunca, nunca te abandona.

Dios en Tres, el único que paga la factura. Y Él se agacha —Padre, Madre, Marido— para ser Compañero, intimo, perfecto...

el fin de la búsqueda.

La fe surge de dicha relación. La fe se eleva porque descansa sólo sobre quien... no sobre qué. “Yo sé en quién he creído.”

Pablo creyó porque descansó en una Persona, sólo enseñó doctrina como una sólida verdad acerca del Único Perfecto.

Y ese Ser Conocible

se convirtió en su sola añoranza y único tesoro.

Hay un requisito previo a la fe, sencillo... posible. Todo lo que tenemos que hacer es MIRAR.

No a un libro, no a un principio,

sino a una Persona, Divina por una Perfección Ideal.

El que mantiene unido al universo

y lo mantiene alejado de la locura absoluta... puede sostenerme,

guardarme.

Jesús, Sólo Jesús. Ningún otro, jamás.

El Carpintero Santo lima lo que no es fe, quitando de la madera muerta la corteza viva. Escofina de nuestra vida lo áspero,

y pule hasta las últimas consecuencias

lo que nosotros sólo débilmente comenzamos.

Su labor es trabajar en nosotros.

Él es el Artesano de la fe, y nosotros Su materia prima. Pero mirar es algo profundo... y raro.

Para que un objeto sea el centro

los demás tienen que apartarse a un lado del camino. “Apartarse de cuanto distrae”

es abandonar todas mis manías,

sobre todo la obsesión fundamental ... que tengo hacia MÍ.

Mirarse a uno mis mo es adorarse a uno mismo. Debo truecar la pervertida observancia de mí por una Persona Mejor.

Mirar al Consumador es tener la fe. Miras a tu fuente,

Contemplas en el corazón interior a tu Única Esperanza.

Es natural, innato. Ya estás mirando.

Sólo pregúntate... ¿a qué? Y mirar es creer.

Lo que contemplas con preocupación es lo que adoras.

Siempre te fijas en tu esperanza. “Mirar a Jesús” es esto:

Mirar en quietud y una conversación franca

en flujo constante.

La irresistible necesidad se dirige a Él, excluyendo a todo y a todos, totalmente en privado .

Fe ES descansar en un Poderoso Sustentador que es Dios Omnipotente, pero

también Amor Personal...

Quien, por cortesía asombrosa, busca de nosotros sólo la relación

¡de nuestros más íntimos sueños!

LA FE EN EL MIEDO

La Fe es descanso y paz. La fe sabe Quién es DIOS.

“Yo sé en QUIEN he creído”.1 La fe tiene su reverso...

La incredulidad es un escepticismo oculto del corazón,

pero el miedo es su manifestación.

El miedo es el síntoma exterior de que la duda gobierna dentro... y no le conoce a ÉL.

El miedo es la fe a la inversa.

La confianza en que Él no vendrá...

la creencia de que Él no está diciendo la verdad, al menos “no a mí.”

Y por eso reina el miedo. El miedo de Su fracaso...

la certeza de Su indiferencia. Éstas son las fes secretas que incuban el miedo.

Las palabras bonitas excusan el miedo y nos hacen menos culpables de él como pecado atroz.

En realidad no es miedo, sólo precaución.

“Se supone que debemos preocuparnos por lo que es importante, ¿no?”

No, la ansiedad tan sólo es incredulidad, y estrés es una palabra inventada

que oculta el terror

y lo eleva a lo comprensible. El desdichado.

El miedo es pecado. Debilidad humana, sí. Normal en nosotros, sí.

Pero el miedo en Sus discípulos logró sacar un extraño enojo

al sufrido Jesús.

Él, que era infinitamente paciente,

que soportó sus intrigas y planes ambiciosos, y mostró bondad con Su propio asesino,

no tuvo tolerancia para su miedo.

La tempestad en el mar fue el proyector de sus dudas básicas.

Una prueba de la vida real sobre su comprensión acerca de Él.

“¿Por qué estáis así amedrentados?

¿Aún no tenéis fe?”

Tememos lo que está bajo

el dominio de Su dedo pulgar. Y no le tememos a Él, Aquel que se asienta como rey de todo el universo

y gobierna hasta la más pequeña gota de lluvia.

Temer a la tormenta es

creer en el poder de la tormenta para matarme y negar Su fuerza para salvarme.

Es traición.

Es una cobardía ciega con la que Él no tiene ninguna paciencia.

El poder de Jesús sobre la tormenta, tornó su miedo de la ventisca

a Aquel que tan fácilmente la gobernó, y su terror natural

se mudó en un despavorido temor de Él.

“¿Quién es éste?,

¡aún el viento y el mar le obedecen!” Y ese es el miedo correcto.

El terror legítimo.

El miedo a cualquier cosa, a alguien, expone, no sólo nuestra falta de fe en Dios, sino el lugar en el que

depositamos nuestra confianza. Revela qué... y en quién creemos.

Lo que temes desvela tu ídolo secreto... aquel cuyo poder exaltas.

Nombra tu miedo y habrás nombrado a tu dios.

A lo que sirves, temes.

A lo que temes, por eso morirías. (Someter tu ‘yo’ es morir.

Rendir tu libertad voluntariamente es morir.) A lo qué entregas tu vida... ese es tu dios.

Lo qué temes ES lo que crees.

Es lo que crees lo que tiene poder sobre ti, y sobre ese lugar edificas

un altar con gusto,

una prisión de tu propia hechura.

Por tanto el miedo es la base y el centro de adoración.

Por eso nosotros no nos atrevemos a temer ni siquiera al que puede matar el cuerpo, el temor se reserva sólo para Aquel que

“puede destruir el alma y el cuerpo en el infierno.”

El culto surge del miedo y el miedo es el culto.

El corazón secreto de todo temor es este: el frío pavor a la muerte.

Esa lucha innata por la vida, la furiosa razón de la propia preservación...

ésta es la raíz oculta del miedo, su poder de oler el peligro y pelearse

por sobrevivir aun cuando signifique la rendición de la libertad del alma. Sobrevivir lo es todo.

Tan poderoso es ese temor a la muerte

en cualquiera de sus formas, a cualquier nivel,

que concederemos, asentiremos, incluso abandonaremos a DIOS... cualquier cosa para estar a salvo.

El hombre que enterró su talento usó el miedo cómo excusa para ser descaradamente desobediente.

Tuvo la audacia de justificar su miedo

acusando a Dios de ser el terror el que lo había paralizado, asumiendo que por eso el Señor

habría de ser tan comprensivo y condescendiente que

¡renunciaría a cualquier castigo! Esto no es sólo una parábola,

es un retrato de la naturaleza humana descrito con vivos colores,

nuestra creencia

en nuestros miedos infundados.

Todos lo hemos hecho: defender nuestro miedo reprochando a Dios

que la vida es dura.

La réplica del Señor asombra. Demuestra que Él es duro.

¡Meramente por un talento, un solo talento, condena a una forma de infierno!

“En las tinieblas de afuera; allí será el lloro y el crujir de dientes.”

¡Sólo por un pequeño y comprensible temor!

Ese miedo hacia el que tenemos tanta simpatía.

¡Ese miedo a las pérdidas y los fracasos impuestos por las injusticias de la vida!

Ese miedo es llamado por su verdadero nombre, desenmascarado por el Único

que Lee los Corazones. Y Aquel que Sabe

TODO pensamiento secreto.

Para nada se trata de miedo... es ser “malo y perezoso.”

Palabras duras para los pobres humanos.

¿Qué haremos?

El miedo es malo, no sólo ‘humano.’

El Miedo es malo porque en el fondo existe es una imputación a Dios,

un mazazo a Su carácter. Un rechazo a Su bondad. Un insulto a Su poder.

Cualquiera puede temer.

Eso es fácil. Tan sólo siéntese.

Todos nosotros podemos construir el terror y detenernos allí...

“¡Un león en el camino!”

Es trabajo, trabajo duro, conseguir el valor para aventurarse a salir afuera y multiplicarse. Para sembrar tienes que creer en la siembra.

Para arriesgar debes cerciorarte de la seguridad.

Y para creer, debes luchar. Debes trabajar.

No es difícil creer.

Es difícil refutar la duda

en contra de las pruebas que llegan a tu memoria mintiendo dentro de tu alma.

La lucha es por hallar Su visión de las cosas y mantener esa visión

en contra de tu propio razonamiento.

Luchar contra el miedo es luchar con lo que parece tan sólido y obvio

para refutar las ideas opacas

de tu propia esctructura mental.

El enemigo de tu alma utiliza el miedo para atraparte y retenerte.

Sí se te puede hacer temer, serás un voluntario confinado a una celda sin barrotes.

Y el poder de todas las amenazas sólo es este... una mentira.

Nada tiene poder sobre ti. Sólo Dios. Nada puede tocarte sin

¡Su consentimiento!

“...ni tengáis miedo.

A Jehová de los ejércitos, a Él santificad;

sea Él vuestro temor,

y Él sea vuestro miedo.”

Todos los otros miedos están prohibidos porque no son válidos.

El temor sólo está reservado para Dios porque Él reina sobre la vida y la muerte... cielo... e infierno.

Mat.10:28 Mat.14;27–39 Mar. 4:35–41

Isa. 8:13; Proverbios. 22:13

LA FE ES PASADO

La fe sólo es pasado. La fe nunca es futura.

Se completó todo en esa gloriosa proclamación, en el último aliento de Su tortura,

en la última palabra de Su acabada vida: “Consumado es.”

Y murió inmediatamente ...

Su obra para salvarnos del infierno,

Su labor para llevarnos al cielo

quedó fijada en una última culminación que nunca puede disminuir ni

aumentar;

fijada en la eternidad y alcanzable hoy

en la práctica, es la solución de todas mis crisis hasta que alcance mi destino final.

El carpintero ha terminado de tallar la madera de Su propia humanidad

moldeando una figura a la voluntad de Su Padre. Una humanidad nueva... obediente, santa.

Su trabajo acabado es mi trabajo acabado. Su obediencia torturada es mía...

sin la tortura.

Su victoria sobre la miserable humanidad es mía para disfrutarla y vivirla.

Cuando Él acabó, yo también “acabé” y todo lo que experimento de Su poder

es tan sólo lo que ya era

y esperaba a que se abrieran mis ojos incentivado por las necesidades de mi corazón.

Mirar voluntariamente en función de la desesperación.

Mi ceguera a Su trabajo terminado es el obstáculo para

disfrutarlo.

Mi única carencia es esta: ver.

¡No “conseguir”, no arrancar

de Su mano dolorida algo aún por conseguir!

Él no tiene nada más que dar, nada más que hacer.

Él descansa por el cumplimiento de las Leyes Santas

del Padre.

Él descansa de Su trabajo y yo... descanso en esa obra vicaria

de mis tediosos esfuerzos por ser. Por hacer.

Está hecho. ¿Lo ves?

¿Qué está hecho? Mi destino. Tu destino.

Nuestro ser eterno. Estamos completos en Él.

Ahora, en este mismo segundo.

No se progresa en ello por nuestra valía.

No se consigue por esfuerzo.

Sólo por atisbarlo...

Él es mi identidad. Él es mi pureza.

Él es mi... nombra lo que quieras.

¿Esforzándote por ser santo? Demasiado tarde,

ya estás siendo hecho santo.

Tratando de conseguir lo que ya tienes.

Un hombre rico

en posesión de toda riqueza corriendo y jadeando

por el tesoro que descansa aferrado a su mano.

Tonto esfuerzo, no ganando nada.

Perdiendo las mismas riquezas que buscas por ciega ignorancia.

Cualquier cosa que necesite ya está allí. Todas las demandas de mi pobreza

Su Dádiva Esperando.

Porque ya está pasado y hecho, yo tan sólo recibo.

Nada falta, nada se ha olvidado. “El Señor es mi pastor,

nada me faltará.”

Y cuando vivo en esa descarada certeza, poseo en vez de carecer,

navego y no necesito arrastrarme. Nunca lo tendrás por quererlo.

Nunca lo verás por esperarlo

lo poseerás sólo cuando sea tuyo, cuando ‘está consumado’

y tan sólo

esperas su cierta aparición.

La fe no es lo que Él “hará” en un futuro como premio, ni lo que me he ganado

por puntos de bondad.

La fe no es “Él podría pero ahora no querrá .”

La fe es esto: Él lo tiene. Es. Él descansa porque tiene.

Y ahora puedo descansar este día, cada día

porque Él ha destruido incluso este día.

Jesús ha vencido a la humanidad,

a Satanás.

Se ha terminado.

La eternidad está cumplida. La historia está completa.

Al último detalle, hasta el último aspecto.

¡TODO está acabado!

¿Cuál es Su trabajo ahora? Sólo la Oración,

la intercesión incesante

de que nosotros, Sus tambaleantes ovejas, tan sólo...

creamos esas parcas palabras, “¡¡¡CONSUMADO ES !!! “

y entonces...

ver esa Culminación Gloriosa en una experiencia...

viva, personal.

Hebreos 10:10,14 Col.2:10

LA FE EN LA MUERTE

Después de abrazar lo que Él es en toda Su integridad he de recibir lo que yo soy

en base a Su sorprendente descripción .

Aquel que no puede mentir, Aquel que todo sabe, pasado y futuro por igual

—Aquel que conoce lo Real por encima de lo Evidente— me describe a mí... y a ti.

Primero, reclama que no sólo estaba con Él, sino más cerca todavía, EN Él en la cruz.

EN Él en la tumba.

Cuando Él murió, morí con Él.

Extrañas y ajenas, tales ideas. Debo darlas por hecho.

Nunca lo entenderé.

Sólo como un niño, aceptando la sabiduría más alta e insondable del Último Padre,

puedo hacerlo mío.

Aunque parezca que vivo, aunque actúo como si viviera, estoy muerto.

La evidencia es que vivo, en gran medida, vivo.

Pero el Hecho Presente es que morí.

Cuando lo creo es así y me separo de este

reino visible de lo irreal

para vivir en la esfera invisible de la Verdad Atemporal.

Y estoy libre de mí mismo... del pesar y del terror de esta Residencia Temporal.

Me liberó del Edén al introducirme la aniquilación de sus

efectos en la médula de mi alma,

en el código de mis propias células. La muerte y la tumba mi liberación, no mi final.

Para creer una idea tan increíble tendré que creer que

necesito una salida para mi ego impío y para este

Trágico Lugar llamado Tierra.

Siempre y cuando prefiera “vivir y no morir” esperaré colgado

una condena en ciernes,

en nudos de inevitable dolor.

Si me apego a ‘esta vida’ y creo que es mía, que es mejor, rehuiré ‘el Regalo de la Muerte’ y viviré muerto a mi destino.

La muerte es Su solución inteligente sin fronteras. La muerte es final. La muerte es total.

Así pues por mi muerte en Su muerte soy completamente libre.

Intocable.

Inconmovible.

Así que vivo como el que está muerto, despegado de mi antigua existencia, arrojando las cadenas y los clavos

que me sujetaban

al incesante e inevitable fracaso.

Pero sólo como un niño la puedo poseer.

Si soy inteligente y serio

no permitiré que esa verdad me posea,

exigiré que primero me convenzca y satisfaga mi famélica razón.

Esperaré a que ‘suceda’, pero combatiré su dominio.

No, nunca veré la prueba de mi muerte hasta que

lo crea por Su Afirmación. Y solo por eso.

Lo dijo Él. En la medida en que creo en Él, veo que es cierto

por la experiencia viva de mi liberación

de ‘mi’ y de ‘ti’...

... de TODO.

Muerte, ese pavoroso terror es mi liberación. El amigo de mi esperanza,

no el enemigo de mi supervivencia.

Él dice que estoy muerto. Muerto pues, estoy.

¿Qué pasa con mi vivir? No importa, ignóralo.

Estoy muerto.

Lo dijo Él.

NUEVO... TODO NUEVO

No había ninguna esperanza de reformarme. Nada sobre lo que construir la restauración. Este problema acerca de mí sólo podía ser resuelto partiendo de cero

... algo a estrenar.

Así que no me ponen un parche y me remendan.

La resquebrajada y goteante vasija se tira a un lado... ¡se arroja!

Un nuevo trozo de arcilla se pone sobre el torno y un ser —fresco y nuevo— se hace girar

y se moldea a Su Voluntad. Una creación con Su fulgor... no mi limitación.

Una sorpresa, un deleite, una vida que amaré vivir.

Una persona nueva, alguien

que no conozco y que no reconocería pero que al tiempo me resulta familiar, un sueño perdido, una visión olvidada.

Encajo en esta creación y este ser encaja en mí

por una perfección de diseño divina en su origen.

Soy una ‘nueva’ creación.

En hebreo ‘nuevo’ es una palabra que significa maravilla.

Pero mi fe puede estar tan adherida al viejo andrajo

que sólo creo en la “nueva persona” como un ideal imposible

allá en la eternidad... bueno, a lo mejor.

Pero mi Dios dice de mí que soy una nueva creación. Ahora.

Así que espero y miro maravillada de que Él la liberó a “ella” de mí, alguien que oprime y refrena a esa criatura extraña, espiritual por naturaleza,

verdadera ciudadana de una Cultura Diferente que es capaz de vivir en otra Realidad mientras que aquí es normal.

Esta ‘nueva’ persona no soy capaz de definir ni predecir... ni siquiera desentrañar.

El Adán viejo sólo conoce un surco de aburrida repetición.

La nueva persona es un misterio que se despliega a través de un conocimiento de su Creador empapado en oración.

Soy nueva. Ahora original cuando antes era igual que los otros:

amadora de mí misma, complaciéndome a mí misma, adorándome a mí misma.

Soy Su delicioso sueño, soñado antes que el mundo fuese formado.

Un sueño que ensucié pero que no pude malograr.

Sustentó Su idea de mí y nunca la dejó marchar.

Deshechó ‘el viejo e infeliz yo’ en la tumba purificadora que compartí con Él...

“Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo,

mas vive Cristo en mí...

Y la vida que ahora vivo, la vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó

y se entregó a sí mismo por mí...” Cristo se ha fundido con esta vulgar cáscara, Su imagen original. Y por Su presencia EN mí y dominio SOBRE mí

llego a ser mi yo real, una persona completa tan sólo a causa de Él porque desaparece en Él.

El misterio más grande, que nunca se entiende... tan sólo se vive... por fe.

Él dijo que soy nueva. Soy nueva.

FE ES OBEDIENCIA

Hebreos 11:7,8,17

La fe es obediencia. Es sencillo.

No siempre es fácil pero es algo muy, muy sencillo. Noé oyó a Dios,

“divinamente advertido de cosas nunca vistas antes”. Y empezó a moverse en lo que oyó.

Nadie más lo oyó. Nadie lo confirmó. La fe se mueve según lo que oyes.

Lo que es locura para otros, es del todo natural para ti...

cuando tan sólo crees lo que has oído.

Pero hasta que te muevas en base a lo que oíste, no lo habrás creído.

Abraham obedeció, ésa es su fe tan ensalzada por la Biblia.

Se le expone como ejemplo de fe.

Todo lo que hizo para ganar tal lugar fue esto: “Obedeció cuando fue llamado para salir...” “Salió sin saber adonde iba.”

La fe es oír... es verdad... pero no has creído

hasta que te has movido en base a lo que oíste. Para Dios no existe el “oír”

hasta que la acción de “ir” ha comenzado.

Josué creyó donde millares no lo hicieron. Tan sólo aceptó lo que oyó y comenzó a moverse...

La voz de Dios para aquel en quien Él confía es muy específica. “Así tomarás Jericó.”

No hubo plan alguno de batalla previo.

¿Dar la vuelta a la ciudad siete veces en silencio?

¿Y después gritar?

Dios, siendo el Único Creador,

es siempre original en Su estrategia.

Y esa Originalidad es nuestra dura prueba. Nunca antes había llovido ni inundado... no había ningún precedente que apoyara la orden dada a Noé para construir.

Fue el primer diluvio, el primer barco, la primera destrucción de la tierra...

y al final, el primer arco iris de promesa.

Noé se aventuró en una nueva dimensión de Dios de un progreso siempre fresco.

Con instrucciones explícitas, siguió fielmente cada detalle y

“preparó un arca para salvar a su familia.” Se movió.

A pesar de su lógica, ignorando a sus burladores, se movió para construir, obedeciendo porque creyó lo que oyó.

Noé obedeció para salvar la vida.

¡Pero Abraham! Abraham obedeció para quitar la vida, la vida más preciosa... su hijo.

El Dios que condenó el sacrificio de niños contradice Su propio estándard y

exige obediencia –un desvío muy extraño e inoportuno– que no encajaba por ninguna parte con las

promesas acerca de Isaac.

La fe, la verdadera fe, obedece cuando Dios cambia Su rumbo y parece ir contra

Su propósito anterior.

Pero en la fe de su obediencia

Abraham nunca abandonó la promesa original siquiera al enfrentar la muerte de su cumplimiento: “concluyendo que Dios era poderoso para levantarlo, incluso de entre los muertos...”

¡Asombroso! Creía en el propósito original de Dios aún mientras blandía el cuchillo.

Fe que se mueve, fe verdadera que se mueve con Dios que siempre está en movimiento.

La fe vive por la Voz, por la Voz del Ahora y sólo por esa Inteligencia .

La fe cree que Dios sabe mejor y que siempre hace lo correcto.

En esa tierra –la tierra de la Naturaleza de Dios– la fe es acción...

y no es Fe hasta que es acción.

LA FE VIVA

1.) Todo versa sobre la fe.

La fe es el tema central de la vida, el único negocio. Esta esfera material está gobernada por fe,

no por el azar.

No por la humanidad. No por el poder... sino por la fe.

Fe en lo correcto o fe en lo incorrecto.

De cualquier modo, la fe perfila el mapa del futuro.

Tu propia vida es un cuadro de lo que crees.

Todas las cosas pasan a través de la puerta abierta por la fe.

Es la única llave de la puerta de la provisión.

La fe es todo lo que hay... y todo cuanto necesitas.

La fe es la única crisis de la vida.

Una catástrofe no es la crisis. La crisis es, la pregunta es, ¿le creo a Dios?

Cuando Pedro estaba a poco de ser tentado para negar a su Señor, Jesús le dijo,

Simón, Simón, he aquí Satanás os ha pedido para zarandearos como a trigo; pero yo he rogado por ti, que tu fe no falte.”1

1 Lucas 22:31

Jesús no oró por fuerza, integridad, constancia. No oró por revelación, comprensión, sabiduría, y ni siquiera por santidad.

Oró simplemente... por fe. Sólo por fe.

¿Me pregunto... es ésa la única oración que Jesús hace por nosotros por ser lo único que necesitemos?

Pedro negó a Jesús, tres veces y vehementemente, no porque no lo amase. Lo amaba.

No porque no le siguiera.

Siguió a Jesús... con radical abandono.

Pedro cayó porque dejó de creer su propia revelación divina de que Jesús era el Hijo de Dios,

Gobernante, Creador, Amo de todo.

Y de que resucitaría de la cruel muerte a manos de una humanidad mala.

Pedro no falló. Su fe falló... así que Pedro falló. Vivirás por lo que crees.

Ves lo que crees por cómo vives.

Y vivirás y morirás girando en torno al radio de tus creencias.

Eres prisionero de tus seguridades... o eres liberado a causa de ellas.

Lo qué consideras dentro de ti “cierto como la vida misma” se convierte en el límite exterior de tu visión.

Eso puede ser... cerca... o lejos. Enorme o minúsculo.

Todo determinado por el dilema de la fe.

El miedo es el relámpago cegador de tu incredulidad.

Lo que temes se convierte en el Trono de Poder en el que entronizas a tu dios.

El miedo no es sólo miedo, humano y natural. El miedo es un naufragio de la fe.

Los discípulos en medio de la tempestad tuvieron miedo. Jesús no los reprendió por su pavor o por su cobardía,

¡sino sólo por tener tan poca fe!

La crisis no era la tempestad que se desencadenó e inundó la barca.

La crisis –y la prueba– estaba en su

fe de sí llegarían a alcanzar la otra orilla porque el que era Dios lo había dicho así. “Pasemos al otro lado.”

2.) Vivir por la fe.

Habacuc vivió una aterradora crisis bajo la tiranía de los Caldeos.

Pero ésa no era su verdadera crisis.

Su temblor era un interrogatorio del poder de su Dios. Se probó su fe en el caldero de la miseria de la vida real.

Cuando un Tirano de la Supremacía gobierna tu propia existencia... cada paso que das, tu calidad de vida,

puede parecerte que la cárcel en la que vives es de acero macizo y que las llaves que te pueden liberar están en manos de uno que sólo desea tu mal

y busca tu completa destrucción mediante la esclavitud.

El problema aparente es la “persona” que gobierna, y la situación te hace perder los estribos.

No, el apuro es un “Dios Bajo Juicio” encerrado en la sala del tribunal de tu recóndito corazón.

DIOS es el acusado y tú el acusador. Eres el juez y eres el jurado.

También eres el veredicto final.

Cuando el Señor Dios respondió al temor de Habacuc... le dijo algo así de asombroso.

“Mas el justo por su fe vivirá.” Vivirá por la fe. ¡VIVIRÁ!

Vivir es existir por el poder de la fe.

¡Para obtener todas las cosas por la fe, cubre todas las necesidades con la FE!

¡La fe es entonces el medio para alcanzarlo todo!

¡Todo!

Dios ha puesto a la esfera de la humanidad bajo las limitaciones de la fe para que

seamos limitados o liberados

por lo que creemos acerca de Dios.

Y Dios se ha confinado también a Sí Mismo

a las fronteras de nuestra fe.

El principio que gobierna todo asunto de la vida es la fe. Y los justos funcionan en la vida...

por una supervivencia práctica... por fe en Dios.

¿Quién es justo? Nadie...

Podría traducirse de esta manera, “la persona justa vivirá por fe”

Moralmente justa... no “divinamente santa, perfecta.” Moralmente justa es meramente esto:

decirse la pura verdad

al interior de uno mismo y también para con Dios. Esta es la rectitud que Habacuc poseyó.

Sabía que estaba dudando de Dios en su mente. Y lo admitió.

La fe de Habacuc en el poder del enemigo creció y su fe en la naturaleza de Dios declinó.

Y fue lo bastante honesto como para reconocer que había una acuciante necesid ad de oír a Dios poniendo las cosas en su sitio.

Cuando Dios contestó a este hombre, Habacuc transcendió a la crisis nacional

y a la urgencia del momento,

y se movió al reino de la Absoluta Confianza en el poder soberano de Dios y la última justicia. “Aunque la higuera no florezca,

Ni en las vides haya frutos...

Con todo, yo me alegraré en Jehová.”

JESÚS VE NUESTRA FE

Jesús no midió a las personas por su bondad, por su éxito, o por su nivel social.

Sopesó su fe. Sondeó la medida de fe y sólo valoró eso.

Respondió, no a su conocimiento, ni a su pecado, sino a su fe.

Alabó la gran fe y lamentó la poca fe.

La madre Cananita2 pareció oír un ‘no’ de Jesús y se negó a que se la ignorase. Él la provocó a fe y después la ensalzó por su gran fe.

Ella siguió.

Insistió, incluso exigió

Y Él tuvo aquello por fe, gran fe.

La fe es la moneda de cambio del reino, se dice. Dios te da lo que crees que te da,

no lo que Él da.

Sólo lo que crees que te da. Depende de ti. No de Dios.

A la mujer que tocó el borde de Su túnica3, Jesús le dijo, “Hija, ten ánimo,

tu fe te ha salvado.”

2 Mat 15:24–26

3 Mat 9:22

Tu FE –no solo por Su poder, no Su buena voluntad–

TU fe te ha salvado.

“Lo siguieron dos ciegos, dando voces y diciendo4:

¡Ten misericordia de nosotros, Hijo de David!5 Jesús preguntó precisamente por sus creencias. “¿Creéis que soy capaz de hacer esto?”

Ellos dijeron: “Sí, Señor.”

Entonces les tocó los ojos, diciendo: “Conforme a vuestra fe os sea hecho.”

Llevar tu necesidad a Jesús es la fe.

Simplemente tomar esa dirección muestras que crees que Él es la fuente.

Clamar a Él sin avergonzarte como el Ciego Bartimeo esa una fe maravillosa que es contestada.

Creer que Él es CAPAZ, es la buena fe. Esto trajo la respuesta de Jesús al leproso.

Creer que Él DEBE... como la mujer Cananita

¡a esa fe no se le puede negar!

Creer que Él ciertamente lo HARÁ... como el Centurión

¡esta es la fe que estremece a Jesús!

4 Mat 9:27

5 Marc 5:28–34

JESÚS VIVIÓ POR FE

Aunque Jesús vio que se aproximaba la negación de Pedro, Tuvo fe por la última restauración de Pedro.

Había visto lo que iba a suceder por la confidencia de Su Padre y había orado por la “victoria”

de Pedro para animar a sus hermanos en base a su propio fracaso en la fe.

“... y tú, una vez vuelto a Mí, confirma a tus hermanos.”6

Jesús durmió durante la tormenta de la urgencia de sus discípulos. Le atacaron por su dejadez,

por dejarles perecer. Creyeron en la tormenta, en la muerte, en la indiferencia de Jesús.

Así pues... no creyeron al Hijo de Dios. Pero Su Padre le había dirigido al otro lado de Galilea y Jesús no tuvo ninguna duda

en cuanto a su llegada.

Ninguna tormenta, por fuerte que fuera, lo llevó a una crisis que pudiera ahogar la directiva de Su Padre.

Lo que Su Padre le encargó, la fe de Jesús aceptó.

6 Lucas 22:31

“...El cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio.”7

Jesús vio el Destino y pudo soportar el viaje.

7 Heb 12:2

HALLANDO LA FE

  1. La Fe y el Amor

    El Espíritu Santo, en muchos pasajes de la Biblia, vincula la fe con el amor.

    “Lo único que cuenta es la fe expresada a través del Amor.” Gál 5:6 (NIV)

    El Gran Mandato del Señor Jesús

    –el mandamiento único, resumido, y esencial– es... el Amor.

    La Ley del Antiguo Testamento fue satisfecha en Jesús. Pero Él nos dejó con la Ley de la Corte Real,

    el sencillo (pero imposible) mandamiento de Amar.

    En esa obediencia la Fe crece. ¿Crece tu fe? Pide Amor – no amor humano –

    sino Amor Divino que inunde tu corazón. Amor ferviente.

    Amor incondicional.

    Sin el Amor de Dios, la fe – aún siendo grande – pierde su valor eterno.

    “Si tuviese toda la fe, de tal manera que trasladase los montes, y no tengo amor, nada soy.” I Cor. 13:2b Nada soy...

    La Biblia vincula la fe al amor, pero... .

    nosotros separamos la fe por un lado

    y hacemos de ella la meta última. ¿Por qué? Porq ue queremos poder.

    Vemos la fe como poder.

    La humanidad quiere “mover montañas”, y por medio de eso, ¡ser Alguien!

    Pero con la espectacular fe “mueve–montañas”, en ausencia del Amor, “soy Nada”

    en vez de ser Alguien.

    Nuestro Dios de Apasionado Amor valora el Amor por sobre todas las demás certezas espirituales.

    Incluso sobre la fe.

    Nosotros también debemos tener el mismo valor. “Y ahora permanecen la fe, la esperanza y el amor, estos tres; pero el mayor de ellos es el amor.” I Cor. 13:13

    Por causa misma de nuestra propia fogosidad, la fe no puede operar

    sin el Amor de Abba Padre.

    La Fe que agrada a Dios tiene el Amor como su meta El Amor produce Fe.

    ...y su Humilde Significado.

    El Amor produce fe en un Servidor en vez de en un perito religioso.

    Fe sin Amor es el estímulo del Orgullo. La fe agrada al hombre.

    El amor agrada a Dios.

    Y el Amor conjuntamente con la Fe es la satisfacción de Su Plenitud.

    Orar por Amor será contestado con Fe.

    La esencia del Amor es creer

    en el Amor de Dios que Todo lo Cubre.

    “El conocimiento envanece, pero el amor edifica.” I Cor. 8:1

  2. La voz.

Lectura: Mateo 13; Lucas 8:11 – 18; Juan 15

Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios.

Romanos 10:17

La FE viene por oír... la Voz personal de Dios. La humanidad debe vivir por “toda palabra que sale de la boca de Dios.” (Mat. 4:4)

¡Vivir por fe es vivir oyendo! Sujetando cada duda a la Voz de Dios sin otra solución que Oír

las palabras de Su boca.

La fe no se obtiene por el mero estudio de las Sagradas Escrituras

sino oyendo al Autor de las Escrituras dirigiéndose personalmente a ti.

La “Fe Auténtica” ha de escuchar de la boca de Dios. Y eso requiere buscar Su rostro.

Jesús vivió por la Voz de Dios, sólo por Su Voz sin otro consejo o remedio para los males.

¡Y por esa Voz estuvo preparado para responder a Su Mortal Enemigo

y dejarle sin poder

en la prueba del desierto!

Cuando Eva dejó de escuchar a su Creador, escuchó a Su enemigo.

Somos oyentes. Vivimos escuchando. La pregunta no es “¿cómo escuchar?” Sabemos escuchar.

Todos sabemos, demasiado bien. La pregunta es: ¿a quién escuchas? Hay sólo tres opciones.

La humanidad siempre está anhelando escuchar de otro reino,

ese reino es espíritu.

La Voz del Mal habla como sí fueran tus propios pensamientos,

ora exalta ora condena... y ambos son mentira.

De ese “habla interior” se proyectan los desastres. Dios habla de cosas extrañas,

apartadas de nuestra familiar degradación.

Él tan sólo comparte... la Más Absoluta Verdad. Y el Bien Futuro.

La Voz de Dios está viva. ¡Crea, forma lo que habla! Las Palabras transportan la Vida de Aquel que las pronuncia.

Oír es vivir y ser “creado” en la idea misma que Él tiene.

Su Voz imparte la fe de su propio cumplimiento. Así... oír profundamente, ¡Oír es Creer!

La Palabra de Dios es una semilla, no un pensamiento. No una idea, un principio o una noción.

Están muertos.

Tan sólo son comida para engordar el cerebro, y ninguna nutrición para el ser interno.

Sus palabras son de una naturaleza y origen completamente diferente al nuestro. Son Verdad. Son Realidad, la Única Realidad. ¡La ÚNICA REALIDAD!

Sus palabras son ciertas... absolutas... impenetrables. Nuestras palabras son tenues... pueden ser verdad, pueden no ser verdad.

Sus pensamientos son Cuadros Vivientes,

– no son imaginaciones – y cuando se dicen o se ven, el misterio de Su poder

que mora dentro de Sus Palabras, produce Vida. La humanidad produce pensamientos muertos

a los que tantas vueltas dan que acaban en necia charla. De todo el diluvio de palabras escupidas del preocupado “pensar” que se derrama sobre la tierra cada día,

sólo la voz de Dios lleva Vida.

La Semilla Divina de Sus Quietas Palabras es un diminuto grano que alberga una Explosión de Vida. Alimento para el corazón con Inconmensurables Indicios de Vida.

Él habla al piadoso y al impío.

Proclama Sus Palabras en una

ofrenda constante de Amables Pensamientos.

Sus Palabras son abundantes por la generosidad del Corazón de Su Padre.

Es “Maravilloso Consejero”.

No hay problemas con Dios. Él habla.

Es el Sembrador que esparce Su Semilla preciosa.

Mire una semilla y verá una mota.

Pero comprender la maravilla de la semilla es ver su fruto interminable.

Una semilla sembrando semillas para que salgan más semillas... para siempre.

La semilla debe tener su ambiente.

El potencial de la semilla depende de su hogar.

Sobre el estante, sin plantar, queda inactiva. En arcilla dura se muere por el sol,

cuadro del corazón duro.

La semilla es comida por los pájaros del aire, símbolo de lo demoníaco.

La posibilidad de la semilla yace por entero en la tierra.

La vida o la muerte dependen del estado de la tierra.

Y es MI ASUNTO acondicionarla.

La piedra de mi naturaleza pecadora debe ser extraída. Deben arrancarse las cizañas de mis pecados.

En lo profundo debe es tar mi integridad de decir la verdad en lo secreto.

Cuando la Escritura se vuelve la Palabra por Su Voz Personal dentro de tu vida, míralo fijamente.

Deja que la Palabra te posea, te tome, entre en ti.

Y cuando se planta la Semilla de Su Voz sea plantada en tu espíritu encuentra un sitio presto en la oscuridad de tú recóndito corazón

para liberarse a sí misma hacia vida del todo nueva. Los cuidados aplicados para conservar esa semilla por el valor de su Fuente y Su Poder,

regada por la Escritura, enterrada por la oración,

– con la paciencia del granjero – esa Palabra/Semilla es liberada para

poder descargar su Energía Creadora y

“llevar fruto y producir, algunas al ciento por uno, otras al sesenta, otras al treinta”.

¿Eres tierra sana?

¿Estás preñado de Su voz?

¿Eres jardín plantado?

¿Estás lleno de semillas de promesa, nutrido por el riego diario de la Palabra?

Entonces la fe crecerá con tanta facilidad y tan milagrosamente como el fruto que sencillamente aparece en la vid sana.

LA SEMILLA DE MOSTAZA Y LOS SICÓMOROS…

Cuando Jesús habló acerca de La Fe, la semilla de mostaza fue Su símbolo, “la más pequeña de las semillas”.

Sus discípulos oyeron que la voz de Dios es una semilla, escondida en el interior, poder de vida y reproducción, “algunos produjeron el treinta, el sesenta, y algunas al ciento por uno.” Mateo 13.

La semilla de mostaza, un cuadro de la Palabra Viva impartida en el corazón de aquel que escucha

y llevando consigo

la fe literal de Dios Mismo,

traspasando la incapacidad humana para creer.

La Fe es una semilla sembrada, una partícula de Vida Celestial lista para echar raíces y producir en la

tierra oscura de un corazón limpio. Lucas 8

La Fe no es la exaltación de un hecho humanamente escogido, lanzado hacia Dios

para torcer Su brazo de acción.

Esta Semilla proviene de una Esfera diferente, muy superior porque es Vida,

no mero pensamiento.

La Semilla de la Voz de Dios es derramada sobre nosotros cada día por la abundancia de Su generosidad.

Dios se goza en hablar a Su creación, y por

Su voz impartir el Potencial Vivo

de una partícula, que lleva en su interior una dinámica, una explosión de fruto.

Todo cuanto se requiere para tener fe es

un Oído Abierto mediante un Corazón Rendido, arado y rastrillado

y no distraído por

una lascivia de información mental.

Maria Oyó

La Fe es impartida por la Voz de Dios al creyente solitario.

Oír es obtener a Dios.

“La Fe viene por el oír y el oír por la Palabra (la voz) de Dios.”

La Palabra de la voz personal de Dios es únic a porque es un embrión, no información.

Es una semilla de reproducción de Dios, capaz de su propio cumplimiento.

María escuchó al ángel

y sabiamente buscó entender aquellas Palabras Divinas.

“Para Dios nada es imposible y ninguna palabra de Dios es sin poder o imposible de cumplir”.

Lucas 2:37

La Explicación Divina le dio un entendimiento sobrenatural.

Su obediencia no fue por deducción humana.

Al saber de los propósitos de Dios, de Su camino, se entregó a sí misma, destino y futuro,

para ser tomada por la Semilla de Dios, en Palabra personal que Dios le dio.

Entonces Maria dijo, “He aquí la sierva del Señor. Hágase conmigo según tu palabra.”

Una profunda recepción de la Palabra... ofreciéndose a sí misma para

quedarse preñada con el Hijo de Dios.

Así como el esperma lleva en sí la vida del padre, la “Semilla-Palabra” lleva interiormente

la Infinitésima Vida del Padre Eterno.

Cuando Él habla, Su vida está en Sus Palabras, Vida Reproductora. “Vida-Dios.”

Y la semilla contiene junto con la Vida la fe de Dios Mismo

para su nacimiento.

Mover montañas y árboles

Lucas 17:6 Si tuviérais fe como un grano de mostaza, podríais decir a este sicómoro: Desarráigate y plántate en el mar; y os obedecería.

Mateo 17:20 Jesús les dijo: Por vuestra poca fe; porque de cierto os digo, que si tuviéreis fe como un grano de mostaza, diréis a este monte: Pásate de aquí allá, y se pasará; y nada os será imposible.

Si tuviéreis fe (que vive) como un grano de mostaza.

Jesús comparó la fe con una semilla de mostaza. La Fe debe ser una Semilla, no una opinión.

La Fe es como estar preñado de la Semilla de la Voz Creativa de Dios.

“Sea... y fue.”

La Fe se supone que mueve montañas y desarraiga árboles.

“Las montañas” simbolizan aquí el

hombre de polvo engrandeciéndose mas y más con montones de sucio yo.

La montaña es orgullo, oscureciendo a Dios y tomando su lugar por presunción.

Los sicómoros son un símbolo de la guerra contra los enemigos de Dios. I Crónicas 14:15. Árboles cuyas raíces se enredan

en nuestra humanidad terrenal, obstáculos malignos, cortando el paso a la expansión de Dios.

El propósito de La Fe es mover montañas de orgullo humano y

desarraigar los árboles de interferencia maligna.

La fe es como una semilla de mostaza, por la que Dios concede vida y poder. La Semilla de su Voz Creadora.

Permaneciendo en Su Palabra

Si permanecéis en mi y mis palabras permanecen

en vosotros, pedid todo lo que queráis y os será hecho. Juan 15:7.

La oración es contestada, el deseo es cumplido cuando la Palabra de la Voz de Dios,

– especifica y secreta para aquel que escucha en silencio– se alimentada y se cuida

como una maravilla preciosa. Dado este evocar en certidumbre, la Semilla Atesorada puede ya germinar a la luz.

Nada puede detenerla.

Los árboles para anidar

La Fe es una Impartición Divina para el engrandecimiento de Dios, no para la promoción del yo.

Jesús fue tentado en el desierto

a usar la Palabra y el Poder de Dios para el engrandecimiento de Su ego humano.

“Enséñame tu magia”... convierte las piedras en panes. “Controla a la humanidad”... gobierna reinos.

“Fuerza a Dios para que obre”... salta del pináculo del templo.

Control... de la materia, del hombre y del Hacedor, todo para tu propia preeminencia.

Eso no es Fe sino perversión.

Dios permite que existan las dos en Su reino.

La Palabra de Dios habla y nos presenta una opción... y una prueba.

En otras tres ocasiones, Jesús mencionó la semilla de mostaza de la fe

con una aplicación completamente diferente.

Mateo 13:31,32 Les contó otra parábola.

El reino de los cielos es como un grano de mostaza que un hombre sembró en su campo. Aunque es la más pequeña de todas las semillas, cuando crece es la más grande de las hortalizas y se convierte en árbol de modo que vienen las aves y anidan en sus ramas.

Marcos 4:30–32 También dijo,

¿conque vamos a comparar el reino de Dios?

¿Que parábola podemos usar para describirlo? Es como un grano de mostaza:

cuando se siembra en la tierra,

es la semilla más pequeña que hay.

Pero una vez sembrada

crece hasta convertirse en la más grande de las hortalizas y echa ramas tan grandes que

las aves pueden anidar bajo su sombra.

Lucas 13:18,19 ¿A qué se parece el reino de Dios? Continuó Jesús.

¿Conque voy a compararlo? Se parece a un grano de mostaza que un hombre sembró en su huerto.

Creció hasta convertirse en un árbol, y las aves anidaron en sus ramas.

La Semilla Divina no está diseñada para ser plantada en la tierra para que crezcan raíces que ensanchen al mundo.

Es para cambiar la

faz y la geografía de la humanidad,

para conquistar lo invadido por el enemigo.

Su Palabra Hablada es para ser proclamada, no enterrada. Extendida para Él, no acaparada para nuestro ego.

“Habla a la montaña.” “Habla al sicómoro.”

¿Puedes ver la diferencia entre sembrar en la tierra

y mover la tierra?

Su Palabra es para el engrandecimiento de Su reino, no el mío...

Estas tres semillas de mostaza fueron plantadas por ambición personal, utilizando

a Dios para construir un reino humano, suntuoso y enraizado profundamente en la tierra de la vana ambición.

Los grandes árboles con

grandes raíces son “el amor al mundo” mas que al cielo.

Somos peregrinos, no residentes.

Somos trigo que es segado continuamente.

No somos árboles perennes de gran altura.

Somos trigo común, cortado y servido para saciar el hambre de Dios que tiene el mundo. Jesús nos habló de “las aves”.

Los pájaros son “el maligno”. (Mateo 13:19)

La generosa Voz de Dios se convierte en una promoción del yo, le da abrigo al “maligno” que anida

dondequiera que el ego reina.

Esta es su propia naturaleza llena de maligna ambición.

La Palabra de Dios nos habla tan libremente que puede ser usada en

dos esferas espirituales opuestas.

Una es para mover montañas y árboles que obstaculizan el camino de Dios.

La otra esfera son monumentos que se erigen para ensalzar al ego.

Árboles descomunales para excluir al Señor y dar cabida al que le odia.

En el árbol grande sembrado sobre tierra sucia el maligno puede ocultarse en la oscuridad de su sombra y en las ramas de su religiosidad.

Dios, por su don de libertad, permite que hagas con Su Palabra lo que quieras.

La Palabra sólo será sembrada en el corazón espiritual con limpia honestidad,

y luego se lanzará al aire cuando sea proclamada.

La Palabra no es para ganar un impresionante trono para el yo, sino para enterrarlo en lo terrenal.

La Abundancia no es en sí misma algo malo. Pero lo importante es saber

¿Para quien es esa abundancia?

¿Cuál es su propósito?

¿Control o dominio Divino?

¿Tú Ego o Dios?

Dios permite que Su Preciosa Semilla sea dada a todos.

El dilema es qué hacemos con ella.

Los árboles y la madera son los que representan la sencilla humanidad.

Él fue clavado en un madero, colgado de una cruz para morir, empalado sobre nuestra imparable decadencia.

Cuando somos separados de las raíces del mundo y somos muertos por haber sido cortados, entonces podemos ser transformados en un arca de la Presencia de Su Tabernáculo.

Él fue Carpintero, y usó

madera muerta, vaciando y allanando

una humanidad para ser una cuna de Su Divinidad.

Pero por favor, no un árbol arraigado en profunda oscuridad,

ocultamente atado a lo que es maldito.

Copyright © Martha Blaney Kilpatrick


II

LOS RELATOS DE LOS ASNOS

La Ley de Dios para los Asnos

En el momento en que el Señor Dios le entregó a Moisés los Diez Mandamientos también estableció leyes específicas para que Israel las siguiera, pronunció una extraña ordenanza sobre los asnos:

Ex 13:13 Mas todo primogénito de asno redimirás con un cordero; y si no lo redimieres, quebrarás su cerviz.

El asno estaba en una diferente categoría a la de todos los animales. Tenía que ser redimido con sangre, ¡y sangre de cordero! Para tener un asno tenías que sacrificar un cordero. Esta era la específica ley de Dios. No había ningún otro animal que tuviera que ser así redimido con sangre.

Era la ley de Dios.

Num. 18:17 Mas el primogénito de vaca, el primogénito de oveja y el primogénito de cabra, no redimirás; santificados son; la sangre de ellos rociarás sobre el altar, y quemarás la grosura de ellos, ofrenda encendida en olor grato a Jehová.

Ovejas y cabras se usaban en sacrificios para Dios y por tanto se apartaban para Su servicio. Apartado significaba “santo”.

Sólo el asno tenía que ser “redimido”... extraído de algo.

Su libertad tenía que asegurarse bajo un precio, ese precio tendido por Dios como sangre, sangre de cordero.

Valerte de un asno en Israel tenía un precio... el precio de otra vida preciosa.

El asno evidencia la peor de las características de la humanidad: Obstinación.

“Asno” es resistencia... terquedad de propósito. Obstinación es cuando una persona no obedece, no escucha, y no lo hará.

Cuando la voluntad se fija en un “no” inapelable, eso es “asno”.

Nacimos tercos. Es lo que somos y esa obstinación sin freno será nuestra caída. La pérdida de todo... destino, propósito... ¡Dios!

Cristo Jamás un Asno

Jesús se representa como un buey

–siervo y cordero– el manso.

Pero nunca se le identifica con la naturaleza del asno.

Bueyes y ovejas son santos. No se requiere redención sanguínea. Se usaban en sacrificios de sangre, pero el asno, siendo de ningún uso, debe nacer

a una inmediata redención por sangre de cordero.

La rebelión proviene de la obstinación y yace bajo el vasto perdón de Cristo.

La sangre del Cordero cubriendo

nuestra elemental identidad de pecado – la de un asno. Somos ovejas. Las ovejas son vulnerables y estúpidas. Las ovejas evidencian humanidad.

Cristo Mismo se hizo oveja como nosotros... Al igual que la humanidad,

las ovejas tan sólo son débiles,

pero el asno es nuestra naturaleza de pecado cuya raíz secreta es un corazón obstinado que no cede.

Las ovejas son tontas. Las ovejas son los creyentes. Las cabras son necias. Las cabras son los incrédulos, pero ambos se usaban para el sacrificio del altar. Jamás se usó de un asno para una ofrenda.

La Historia de la Familia Asno

Mi padre era un huérfano, criado por una familia francesa que le adoraba. Con el mero fin de que jugara, se le daba su propio asno y carro. Un día él y un amiguito estaban jugando con el asno, intentando que se moviera y tirara del carro. El asno se afianzó en sus traseros y no se le pudo obligar a moverse ni un metro. Empujaron, rogaron. Le pusieron una zanahoria delante de la nariz.

El asno no se movía. El asno ganó.

Ah, tuvieron una idea perfecta. Encenderían un fuego debajo de la panza del asno, entonces tendría que moverse. Así que levantaron una pequeña pila de palitos y de paja bajo el asno y prendieron el fuego. Te lo aseguro, el asno se movió. Se movió lo suficiente como para situar el carro sobre el fuego. Los muchachetes observaron sin esperanza a medida que el carro se empapaba de fuego y se quemaba de arriba abajo.

El asno aún estaba quieto. El asno ganó.

La obstinación gana. Siempre. Se sale con la suya.

Un espíritu cerril es incurable.

El único remedio es la sangre del cordero.

O la muerte...

Si no hubiera sacrificio de sangre de cordero, entonces la ley de Dios requería que el cuello del asno había de ser roto, y eso significaba... muerte.

Y si no lo redimieres, quebrarás su cerviz.

El cuello enquilosado siempre habla de obstinación, una actitud de sentar tus cuartos y rehusar moverte un solo milímetro, da igual la presión ejercida.

Salirte con la tuya, aunque te cueste... todo.

Ismael el Asno

El angel del Señor (una apariencia de Cristo en el Antiguo Testamento) dijo a Hagar en el desierto en cuanto a su hijo, Ismael,

Gén 16:12 Y él será hombre fiero; su mano será contra todos, y la mano de todos contra él, y delante (ante el rostro, o en desafío) de todos sus hermanos habitará.

Este es el cuadro del asno.

Ismael nació esclavo de la mentalidad del burro, heredero de la deliberada insistencia de Abraham de llevar a cabo la promesa de Dios aparte de la voluntad de Dios y sin el poder de Dios.

Aún su persistencia de cumplir para Dios, era de hecho un desafío.

Ese hijo de independencia no podría ser otra cosa más que un salvaje asno, y hasta el día de hoy Ismael aún vive en una insana hostilidad hacia su hermano, Isaac.

Un salvaje asno de hombre, sin ningún

sacrificio de sangre de Cordero, es un ser peligroso.

Incontrolable.

A un asno salvaje no se le retiene.

Satán envía cadenas de esclavitud, pero Dios envía cuerdas de amor.

Tenemos que ser seres en lazo,

pero la “gente–asno” no será retenida.

No renunciarán a su “preciosa” independencia, ilusa rebelión de libertad.

Prov. 26:3 El látigo para el caballo, el cabestro para el asno...

Un caballo puede conducirse con un látigo, pero un asno ha de ser embridado.

Un asno sigue su pensar obstinado y egoísta, así pues su cabeza ha de ser enjaezada,

ha de ser obligada a girar.

La Nación Hebrea

Israel fue derrotado en el desierto...

desde dentro, debido a su propia obstinación.

No por los numerosos enemigos que les plantaron batalla.

No. Se adentraron en los desérticos sepulcros de nunca entrar en la tierra sencillamente por

la terca naturaleza interior a la que se ensillaron. Isreal fue destruido en Canaan –desde dentro–

por esta su propia obstinación que acabó en idolatría.

El juicio de Dios solicitó su captura a manos de Babilonia. El asno será embridado.

Desde dentro o desde fuera.

“Israel en el desierto” estaba insatisfecho pero

“Israel en Canaan” lo desplazó y lo sustituyó por ídolos. El Señor le habló a Moisés acerca de la nación Hebrea:

Ex 32:9 Dijo más Jehová a Moisés: Yo he visto a este pueblo, que por cierto es pueblo de dura cerviz.

Toda la nación –excepto dos hombres– perecieron en el desierto, sus cervices

al fin quebradas mas sólo por el sepulcro.

El Señor habló a Jeremías... acerca de Israel:

Jer 17:23 Pero ellos no oyeron, ni inclinaron su oído, sino endurecieron su cerviz para no oír, ni recibir corrección.

Israel fue llevado a Babilonia esclavo.

Pero su tierra y su santo templo fueron destruidos por el fuego, el juicio de Dios sobre su obstinada y agarrotada naturaleza.

Una naturaleza que no escuchará ni tomará corrección. Muerte en el desierto...

sin haber alcanzado hogar jamás.

Esclavitud en una tierra cruel... perdiendo el hogar que habías obtenido.

Tal es el fruto de la obstinación.

Y al final, esa intratable obstinación

te ciega a la presencia del Cordero en tu propio medio, el Cordero cuya sangre es el antiguo remedio

para la obstinación...

Abraham Montó un Asno

Al responder a la llamada de Dios,

Abraham montó a un asno e hizo viaje al Monte de Moriah para el más costoso sacrificio...

la deliberada ofrenda de un único niño amado. Muchacho de Promesa.

Abraham oyó este mandato...

en absoluta oposición a la naturaleza de Dios y a Su juramento.

Un Mandato Divino, no obstante..

Viaje de tres días sobre el lomo de un asno que fue el proceso de quebrar su voluntad hasta la muerte de sus sueños e incluso de la promesa misma de Dios.

Montando el asno, Abraham embridó esa resuelta naturaleza de humanidad, el poder para dirigir la rienda de la extraña voluntad de Dios.

La obstinación de resistir a Dios, lo convirtió él en un poder

de inflexible obediencia.

Abandonó al asno conquistado en la base de la montaña y escaló como un hombre totalmente rendido, libre de toda resistencia (dada la fe) para subir a “adorar”, alguien que podía dejar la promesa por entero en el seno de Dios sin oposición alguna a Su voluntad.

Y Abraham obedeció con determinación.

Se impuso a su innata obstinación contra Dios, la cual embridó para servir

al Mortífero Propósito del Padre.

José Usó el Asno

José ocultó su copa de plata en el zurrón del asno.

¿Por qué ahí?

Porque sus hermanos eran tercos.

Eran asnos. Su padre, Jacob, llamó a Isacar un asno.

Genesis 49:14 Isacar, asno fuerte que se recuesta entre los apriscos.

Habían resistido a la unción de Dios de José.

Tenían que ser quebrados de su burrez antes de que José pudiera bendecirles con el fruto de su propia rendición.

En el Egipto de la esclavitud, José había sido aniquilado y quebrado de su inherente resistencia a Dios.

En secreto había obrado para romper su desafío natural contra el plan de Dios hasta que pudiera saber

con todo su apaleado corazón,

“Vosotros pensasteis mal contra mí, mas Dios lo encaminó a bien.”

Esa es la destrucción de la obstinación.

Saul y los Caminos de Asno

El rey Saul es un impactante retrato de obstinación... y su fin.

Saul no quería la voluntad de Dios.

Quería la aprovación de Dios de su propia voluntad...

y cualquier cosa que Saul deseara, creía que era la voluntad de Dios.

Esto... es obstinación.

Leyendo: 1 Samuel 13:15

Cuando miles de Filisteos estaban acampados contra Israel, Samuel bajaba desde Gilgal para ofrecer sacrificios al Señor. Saul y la muchedumbre atemorizada se juntaron allí en espera. Cuando Samuel no llegaba para el día séptimo, Saul mismo hizo el sacrificio, aunque no era sacerdote.

Saul tuvo una explicación que le satisfizo.

Una que justificaba perfectamente su presunción.

¿Cómo podía Samuel –y Dios– no entender su razón?

Vi que el pueblo se me estaba esparciendo, y que tú no venías en los días señalados, y que los Filisteos se estaban agrupando... Así que me obligué y ofrecí un holocausto.

Una excusa en tres partes, echando la culpa a todo

–al pueblo, Samuel y los Filisteos– todo excepto a sí mismo,

a quien atribuyó la hazaña de la desobediencia como un acto noble y de sacrificio personal.

Por no esperar 3 horas más, Saul perdió su reino. Según cómo Dios ve los asuntos terrenales,

la desobediencia es más mortífera que miles de guerreros Filisteos.

Un Señor Soberano los podía haber encauzado facilmente con un terremoto (1 Sam 14:15)

pero no se tragaría un hábil pretexto para la violación de Su santo sacerdocio.

Samuel dijo “Mas ahora tu reino no será duradero. Jehová se ha buscado un varón conforme a su corazón, al cual Jehová ha designado para que sea príncipe sobre su pueblo, por cuanto tú no has guardado lo que Jehová te mandó.”

(1 Sam 13:14)

Ni en Saul ni en sus caminos había cambio alguno.

La pérdida de su lugar y de su trono no le desgajó de su curso.

Los asnos tienen cráneos muy duros y aunque sean golpeados

en la cabeza con un mazo, a duras penas lo sienten.

Samuel trajo sobre Saul el vetusto orden de Dios, (Deut 25:17–19)

Por su crueldad para con Israel cuando cruzaban el desierto Dios había pedido la completa destrucción de Amalec,

Ve, pues, y hiere a Amalec, y destruye todo lo que tiene, y no te apiades de él; mata a hombres, mujeres, niños, y aun los de pecho, vacas, ovejas, camellos y asnos.

(1 Sam 15:3)

Saul, que creía que sus propias ideas eran mejores que las de Dios, absolvió al rey y a lo mejor de los animales. Tan agradado estaba Saul con su forma independiente de manejar a Amalec, que antes de que Samuel llegara había,

“Levantado un monumento para sí mismo.”

Y en la confianza de un transparente descaro

se atrevió a encontrarse con Samuel de este talante:

¡Bendito eres del Señor!

He cumplido el mandato del Señor.

Una vez más acusó al pueblo. De nuevo le dio un giro noble. Una razón religiosa para una desobediencia directa. Disfrazando su agenda de negocios en un beneficio para Dios.

Lo mejor de las ovejas y de las vacas, para sacrificarlas a Jehová tu Dios.

(1 Sam 15:15)

El hombre necesitaba aprender modales con Dios y Samuel se los dio:

El obedecer es mejor que los sacrificios,

y el prestar atención que la grosura de los carneros. Porque como pecado de adivinación es la rebelión, y como ídolos e idolatría la obstinación.

(1 Sam 15:22)

Rebelión es presumir una acción que Dios no ha originado. (Servir como sacerdote cuando no lo eres.) Pero la obstinación es seguir por la tiesa senda de tu tenacidad... incluso después de ser corregido... ¡por DIOS!

Cuando Saul hurtó el lugar de Samuel perdió su trono, pero cuando era más sabio que Dios perdió a Dios.

(1 Sam 16:14) El Espíritu de Jehová se apartó de Saúl, y le atormentaba un espíritu malo de parte de Jehová.

Balaam y el asno

Extracto del libro de la autora, El Todo en Todos

(All and Only)

El hombre que no deja que Dios le gobierne es puesto bajo el asno que sí lo hace.

Dios es tan Dios que no hay persona que le pueda frustrar...

nadie le toma el pelo y nadie puede usarle.

Balaam es un nombre que representa codicia... y eso es lo que representará por las eras de la eternidad.

La vergonzosa corrupción de un llamado puro.

El rey de los Moabitas quería pagar a Balaam para maldecir a un Israel protegido. Y pagaría bien para asegurar esa maldición. Por ser un profeta válid o, Balaam preguntó a Dios.

La respuesta fue “no”, clara e inequívoca.

Así que el rey subió el precio. Balaam preguntó de nuevo y la respuesta parecía haber cambiado a “sí”.

Cuando le pides a Dios una segunda vez es que quieres algo más que Su voluntad.

Y a menudo el Señor Soberano te desatará de las cuerdas.

Ahora tendrás que caminarlo.

Es un asunto que anida en tu corazón, así que tienes que ver su triste desenlace.

Si no es Su voluntad, que sea Su permiso.

No obstante, no yerres:

Su voluntad prevalecerá... contigo o sin ti. Así pues el asno de Balaam le corrigió.

La lujuria de Balaam de seguir adelante era tal que no se percató de que su orgullo acababa de ser insultado mediante el uso del más estúpido y simplón de los animales.

Balaam anhelaba espada para matar al animal que se atrevía a detener su próspera aventura.

Leyendo: Números 22

¡La burrez de Balaam era mayor que la del asno que tenía suficiente sentido común como para atemorizarse de un Ser Divino con gran espada!

El Ángel del Señor hostigó al asno hasta que no había lugar para escapar y

ella tan sólo se desplomó bajo su maestro. Cuando Dios usa a un asno para hablarte, significa que tú

eres menos dócil que él.

Cuando a Balaam se le permitió ver a su Oponente Celestial “que estaba en el camino, y tenía su espada desnuda en su mano, Balaam hizo reverencia, y se inclinó sobre su rostro.”

Al fin.

Y el Ángel de Jehová le dijo: ¿Por qué has azotado tu asna estas tres veces? He aquí yo he salido para resistirte, porque tu camino es perverso delante de mí.

Este “Ángel de Jehová” probablemente fuera una aparición de Cristo.

Nuestro Dios es más fuerte que la más provocadora de nuestras fuerzas,

más resuelto que la más obstinada de nuestras voluntades.

Y... al final cualquier disputa Él la ganará.

Un Rey sobre un Asno

Alégrate mucho, hija de Sion;

da voces de júbilo, hija de Jerusalén; he aquí tu rey vendrá a ti,

justo (sin acepción de persona) y salvador (triunfante y victorioso),

humilde, y cabalgando sobre un asno, sobre un pollino hijo de asna.

Zacarías 9:9

Su marcha sobre Jersusalén tenía que ver con Su identidad, al fin revelada a todos.

Jesús les había pedido a los discípulos que le dijeran quién creían que Él era.

Primero respondieron con las ideas de la época, Elías, Juan...

pero Jesús insistió en su respuesta personal.

¿Quién decís VOSOTROS que soy? Pedro fue el valiente que habló.

Pedro sabía la identidad de Jesús, no una conjetura, un perfecto desvelar de este Hombre Único

–diferente del resto de los hombres–

por haber revelado el Padre a Su Hijo al corazón de un hombre común, él mismo extasiado de asombro.

“Eres el Cristo, el Hijo del Dios Viviente.”

Desde este momento, desde esta revelación Jesús empezó a preparar a Sus discípulos para Su muerte, y se volvió hacia Jerusalén a Su destino final. Había uno que sabía y que lo declaró. Jesús era conocido como Mesías, así que ahora podía morir como Dios.

(Mateo 16:21)

Mediante parábola, mediante milagro, Jesús transitó Su senda hacia lo inevitable... Se detuvo a las afueras de Jerusalén allegándose a Betfagé y Betania en el Monte de los Olivos.

Permaneció aquí en el pueblecito de Betania con Lázaro y sus hermanas. Fue entonces que Cristo fue ungido por el costoso perfume de María, justo el día antes de Su Entrada Triunfal en Jerusalén...

Allí envió a dos discípulos a la villa Betfagé.

Id a la aldea que está enfrente de vosotros, y luego hallaréis una asna atada, y un pollino con ella; desatadla, y traédmelos. Y si alguien os dijere algo, decid: El Señor los necesita; y luego los enviará.

Aquí Mateo (21:4,5) menciona la profecía de Zacarías.

Todo esto aconteció para que se cumpliese lo dicho por el profeta, cuando dijo:

“Decid a la hija de Sion: He aquí, tu Rey viene a ti, Manso, y sentado sobre una asna, Sobre un pollino, hijo de animal de carga.”

Cuatrocientos años antes del tiempo de Cristo, Zacarías observó la escena. El Rey, Mesías y Salvador, en una mansedumbre desconocida para los reyes humanos, sentado sobre una simple y vulgar bestia de carga.

Este Zacarías vio... y comprendió la humildad que ya insinuaba.

No era espléndido carro del típico conquistador. No era enjaezado camello con adornos colgantes. No era semental de encabriolado vigor.

Este rey, este Eterno Monarca, se unió a Sí Mismo al más común de los hombres, a la más humilde de las humanidades.

Su elección del asno hablaba de muchas cosas.

Por la humilde quietud de Su presencia comandante Jesús domesticó a un pollino salvaje nunca antes montado.

Un pollino sin domar, que no era puro, sino obstinado en su anarquía originaria.

No era poca proeza.

De hecho un milagro, oscuro, pero cargado de significado.

Los discípulos fueron, e hicieron como Jesús les mandó; y trajeron el asna y el pollino, y pusieron sobre ellos sus mantos; y él se sentó encima. Y la multitud, que era muy numerosa, tendía sus mantos

en el camino; y otros cortaban ramas de los árboles, y las tendían en el camino. (Mateo 21:7, 8)

Los tres años de Sus impactantes palabras y hechos habían traído una fama que convencía a la multitud de que Él era... un Rey.

Como REY entró Jesús en Jerusalén. Y la bienvenida que recibió era la de un Rey Conquistador.

Los ropajes, las cubiertas de nuestra vergüenza ante Dios, ocultando nuestra estrechez. No eran éstas necesarias en la presencia de un Rey Humilde, hombre y Dios en uno.

Así que la humanidad se despojó de sus fachadas, llevadas puestas desde los días de la desgracia del Edén y las arrojó a los pies del Rey que acogían.

Siquiera las ramas de la naturaleza se inclinaban ante Él, hacían una alfombra en Su honor.

La humanidad inclinada en reverencia, el asno inclinado en reverencia, la naturaleza inclinada en reverencia.

El Rey de Gloria estaba desfilando, ¡entrando!

Montó sobre una alfombra de homenaje de rey, tendida por multitudes de súbditos dispuestos, borrachos con la excitación del reconocer de sus almas del Rey– Salvador.

Y la gente que iba delante y la que iba detrás aclamaba, diciendo: ¡Hosanna (oh, sé propicio, sé en gracia favorable) al Hijo de David (el Mesías)!

¡Bendito el que viene en el nombre del Señor!

¡Hosanna (Oh, sé a nuestro favor) en las alturas!

(Mateo 21:9)

Muchedumbres de gentes le acogieron como Rey, lo conocieron como Mesías, prometido y esperado,

llegando aquí a lomos del hijo de un asno, justo como Zacarías había visionado y como Él había dejado escrito en textos con los que estaban familiarizados...

Al fin Jesús dejó salir Su identidad. Su esconderse se había acabado.

Sus ruegos por el secretismo llegaban a un fin.

Su declaración pública había sido hecha y el pueblo como una ciudad al completo, entendió que Él era Mesías y Rey.

Le trataron como tal con una alfombra real de su propio hacer en actitud de sacrificio.

Clamaron a gran voz ensalzando Su ovación y “toda la ciudad se conmovió.”

El Rey Dios Todos los Reyes estaba marchando hacia la ciudad de Su martirio.

Y puesto que el pueblo le reconocía su Realeza y le ofreció homenaje, honor y aclamado vítore, tres días después, horriblemente y sin excusa...

Bestia de Carga

El asno, vetusta bestia de carga. Vulgar animal de bultos,

a cuestas con las mercaderías del hombre. Asnos nos hemos hecho a nosotros mismos, soportando cargamentos de pesado pecado,

nuestra propia carga añadida a las pilas dispuestas sobre nosotros por aquellos que no llevan la suya.

Con “asno –obstinación”, llegamos a defender aún la carga para enmendar la carga.

Cargados de pecado, pagaremos por el pecado y así mismo soportaremos el daño.

Pecado de arrogancia propia añadida al pecado de la ruina propia.

Costales de doble saca. Pesadas por ambos lados.

Los asnos se las apañan. Pueden sobrevivir en cualquier desierto.

Creemos que somos asnos, resistentes, fuertes, independientes.

Admiramos nuestra burrez y la llamamos fuerza.

Pero nuestro creador, quien nos soñó, nos llama ovejas. Los débiles son ovejas, sin fuerza para soportar tensiones y pesos.

Las ovejas tan sólo se hundirán bajo las cargas. No se las pueden embridar para tirar,

no pueden soportar un cargamento de mercancías, ni una silla de montar para el hombre.

¿Quieres ser libre de dobles cargas?

¿De pecado y Esfuerzo? Entonces sé oveja. Eres oveja. Sé lo que eres.

Eres incapaz de llevarte a ti mismo ni a nadie más.

Somos una idea de la Imaginación Divina y Él, quien nos hizo oveja, nos hizo débiles... para necesitarle.

Él, el Brillante Conquistador, domó

al asno salvaje de nuestra independencia

y Él Mismo suplantó la carga a nuestro lomo.

Se rebajó a Sí Mismo al nivel de nuestra humanidad abjecta, una humildad, una humillación que no podemos imaginar.

Nuestro orgullo primario sencillamente no puede comprender la misericordiosa condescendencia del Dios de Todo...

Él, que pertenece a lo Alto, se encorva a lo profundamente Bajo para dejarnos ser el vehículo de Su Vida Sagrada, el transportista de Su Propio Ser.

La burrez de nuestra rebuzna rebelión ha sido domada por el Amor.

Y somos libres para ser “ovejas–exentas–de–cargas” cuyo cargamento se extiende sobre Aquel que lo llevó al Madero.

Ambas cargas, la del pecado y la del esfuerzo.

Y en el gozo de una Vida Triunfante, le llevamos a Él como rebeldes conquistados, gozosamente

sobrellevando Su yugo fácil de una carga ligera a todo un mundo de asnos.

Y CIERTAMENTE nos regozijamos como Hijas de Sión.

Nuestro Rey ha llegado, humilde montado sobre un asno, el hijo de una bestia de carga.

Soy un asno... ¿lo entiendes?

¡¡Yo soy el asno!! conquistado, domado, obediente... transformado en ese otro tipo de

ser, la oveja que soy.

¡Parte de la Triunfante Procesión del Rey de Reyes!

El asno le llevo a Él –sólo a Él– no al pecado, no al esfuerzo.

Le llevo este Asno Mundo, reconociéndole como Rey y Conquistador. MI Rey y MI Conquistador.

Más tarde montará Él sobre el Llameante semental blanco de Terrible Poder y entonces le veréis.

Por ahora Su única vasija de entrada es por medio de un asno hecho oveja.

¿Te ha mandado llamar para que seas desatado y así pueda Él

cabalgar sobre ti en el mundo?

¿Ha domado Él tu salvaje obstinación?

Puedes pertenecer a otros, pero basta escuchar: “El Señor tiene de ti necesidad.”

Copyright © 2000 Martha Blaney Kilpatrick


III

CONSIDERAD LOS LIRIOS

Feb. 24, l993

Dijo Dios, “considerad los lirios”

Mt 6:28 Y por el vestido, ¿por qué os afanáis? Considerad los lirios del campo, cómo crecen: no trabajan ni hilan; pero os digo, que ni aun Salomón con toda su gloria (excelencia, dignidad y gracia) se vistió así como uno de ellos.

“No trabajan ni hilan.”

Estaba muy inquieta. Una nueva verdad, una nueva aventura. Estaba contenta de obedecerle. Así que traté muy conscientemente de no hilar ni trabajar. Intentaba descansar con ahínco (¿lo captas?). Intentas desesperadamente estar tranquila y aún sigues desesperada. Es una contradicción entre dos términos.

Así que dijo el Señor, “No te llamé a ser un lirio. Te llamé a ‘considerar el lirio’”.

“Ah”, dije yo, “ahora lo entiendo”.

Por lo tanto saqué mis libros para estudiar el lirio.

Entender el lirio, esa era mi asignatura. Conquistaré ese lirio. ¡Sí, Señor!

Así que escudriñé, ‘lirio’ en la Palabra.

Le eché un vistazo a los lirios de Tierra Santa; hice una lista de sus atributos.

Estaba progresando.

Tenía que hallar el secreto del LIRIO.

Colocar en la mesa mis descubrimientos y ponerlos en orden.

Ah... era capaz de hacerlo en base a un estudio diligente.

Pero ahí no había nada.

‘Amontoné mucho pero tenía poco.’

Pero el Señor dijo,

“No te llamé a estudiar el lirio.

Te llamé a que considerases el lirio.” Mis creencias quedaban al descubierto.

El primer credo

La realidad (creía yo) provenía de la ‘mímica’. La obediencia es: miras a Jesús y haces lo mismo. Fotocopia.

El problema es que no puedes copiar lo que no eres.

Es como vestirse con traje de león y perfeccionar tu rugido.

Puedes parecerte a un león, puede que incluso suenes como un león,

pero TODO EL MUNDO sabe que NO ERES un león y que estás haciendo un ridículo espantoso.

Tu intento se ha convertido en una necia pretensión. Lo saben.

Si crees que puedes ser un león a base de intentos te tendrán por un necio digno de lástima.

Creer que puedes ser lo que Dios te exige ser a base de fotocopia es

como poco fantasía, a lo sumo esquizofrenia.

El segundo credo.

Si lo entiendes, ya lo controlas.

Lo has conseguido. Eso es tan sólo otra forma de fingir. Puedo explicar el león. Ostenta este o aquel rasgo.

Ya que puedo explicar el león, soy un león. Esto es aún más necio que ponerse un disfraz.

El carácter de Dios que mora en lo interior no se gana por un control,

sino por una rendición que proviene de tu propia miseria.

No sabía lo que era el lirio. No sabía nada del lirio.

Y Dios me avergonzaba obligándome a admitirlo.

Así que puse en mi corazón al lirio ante mí

—con sencillez y quietud— para mirarlo y escucharlo.

Me rendí al lirio.

No iba a controlarlo ni a plagiarlo. “Cuéntame tus secretos. Yo te espero...”

Dios nunca te da explicaciones.

Te da vida. Y en el remolino de la vida, fuerza las preguntas que Él desea contestar.

Cuando Él sopla vida en la escritura ésta se convierte en la Palabra

y se convierte en algo vivo.

No puedes controlar la Palabra.

La Palabra de Dios tiene que tomar control de ti. Dice,“La Palabra de Dios probó a José.”

La Palabra de Dios empezó a ‘probarme’ a mí. Y el lirio entró en mi vida.

No era tanto que memoricé lo que la escritura decía del lirio, aunque lo hice.

Era que la Palabra entró en mi conciencia y se convirtió en algo que estaba vivo.

El Lirio estaba allí.

De alguna forma todas las cosas estaban bajo la inspección del Lirio y

se situaban frente al Lirio para ser contrastadas.

Lo que fuera el Lirio, el principio que representaba, había llegado a mi percepción.

El Lirio estaba allí...

y el Lirio era inmenso y magnífico... y el Lirio no se doblegaba.

A medida que los meses pasaban era como si la más sencilla, la más exquisita presencia de belleza y de paz estuviera delante de mí,

siempre ahí, pero siempre muda. Y siempre fuera de mí.

Una pequeña paz había sido mía, una medida de descanso donde había estado contenta. Ahora el Lirio me mostraba una paz absoluta, el poder de una quietud verdadera. Y pensé que el Lirio me impartiría esta paz, esta gran paz.

Pero en vez de eso, el Lirio me angustió donde había estado contenta.

Se burló de mí con un mundo de tranquilidad en el que no podía entrar, y no me ofrecía una salida, ni pista alguna de cómo entrar. Mi pequeña paz se convirtió en un andrajo, algo miserable.

Ya no era sufic iente.

El Lirio me había hecho ver... pero al ver el resto, en vez de mayor quietud, menor descanso disfrutaba.

La presencia del Lirio era un espejo en el que era expuesta torpe, y mi vida, un caos.

Pero el Lirio no me consoló y el Lirio no me instruyó.

Mi vida empezó a desgarrarse por un desnudo contraste ante la quieta calma del Lirio, y poco a poco me hice eco de la preocupación y de la confusión,

de la complejidad de mi vida y mi visión de ella.

Era feliz antes del lirio.

La vida era dura y eso lo había aceptado. Estaba en paz antes de que llegara el Lirio.

Ahora, al mirar fijamente el rostro mismo de la Paz, mi falta de paz quedó expuesta.

No a otros. Esto era interior, todo era privado.

No me preocupaba de la marcha de este asunto en los demás.

Yo fui expuesta ante Dios y ante mí misma. No estaba donde podía estar.

Y no podía ir donde debía ir.

Esta era otra esfera de Dios

—una que me era desconocida—

y que ciertamente no había yo tocado.

Y mi vida, con la que había estado bastante contenta por haber visto mucho de Dios,

se hizo algo —no sólo inaceptable— sino insoportable.

Poco a poco me puse al corriente acerca de la identidad del Lirio.

El Lirio representaba la tranquilidad, el descanso. Descanso en Dios. Eso lo sabía.

Pero estaba fuera de mí y aunque podía empezar a intuirlo no podía hacer que entrara en mis entrañas.

Esperaba que esa gran paz me fuera impartida. No lo fue.

Como segunda esperanza había asumido que me sería dado el secreto para obtener esa paz.

No me fue dado.

Empecé a mirar mal al lirio.

“Simple”, clamaba, “¡tiene que ser algo simple!” De alguna manera tenía que poseer la paz del Lirio. Permanecía ante mí, pero no se iba a rendir a mí.

Lo veía, pero no podía alcanzarle ni entenderle. Y no me decía nada.

Sólo me hacía VER.

Parecía observar mi golpear, mis manos retorcidas, y tan sólo esperaba...

Midió mi rendimiento con todas las tensiones disponibles y me halló deficiente.

Me juzgó con una condenación pertinaz. Era una espina clavada en mi normalidad. Nunca podría agradarle ni alcanzarle.

Esa terrible tranquilidad constante. Me atormentaba.

Empecé a odiar al lirio.

Como me había recreado en el estudio del lirio, los amigos preguntaban,

“¿Qué estás aprendiendo del lirio?” “¡A mí no me habléis del lirio!”, contestaba con brusquedad.

Había dado por sentado que el Lirio vendría a apoyarme. Y estaba errada.

El Lirio no era amigo para mi inquietud, ni socorro para mi demencia.

Con el tiempo la visión del lirio se desvanecía. Transcurrieron varios años.

Grandes tormentas llenaron mi vida, como dijo Pablo, “Dudas por dentro y presiones por fuera.”

Rechazo, palabras atormentadoras, calumnias, malentendidos, maldad...

todo esto una gran ventisca en mi contra.

Mi caos interno bullía con culpa, fracaso, inutilidad, amargura, acusación a Dios...

Me hubiera encantado tener tan sólo esa pequeña medida de paz otra vez,

pero aún ella me rehuía.

Al fin dejé de orar pidiendo soluciones. “Sólo paz, Señor. Sólo quiero paz.”

Ya hacía tiempo que había desestimado el lirio. Me había cansado de su molesta presencia.

No tenía posibilidades. No podía hacerlo. Lo dejé por imposible.

Pero en ese mismo lugar al fin toqué el Lirio.

El Lirio, en secreto, me había obligado a entrar... en el secreto.

Al renunciar, pude ser controlada.

Al dejar de intentarlo pude ser rescatada, y al no poseer nada pude recibir.

Con el paso del tiempo, había aprendido que... No puedo salvar

No sé

No tengo

No puedo ser No puedo hacer

No puedo conseguir No puedo esperar No puedo solucionar No puedo entender

Ni siquiera puedo creer.

Ahora sabía por qué el Lirio había estado fuera de mi alcance.

Quería añadirle al Lirio los tesoros de mi fe. De mi conocimiento.

De los dones del Espíritu. De mis fuerzas.

Pero el Lirio no quería saber nada.

Él habría de ser el ÚNICO principio o no habría de ser nada de nada.

Por eso es que el Lirio no crece en un lugar concurrido. Crece en tierra santa en desiertos remotos, estériles, desconocidos por casi todos.

Le gusta el lugar de la pobreza.

Y el Lirio me rechazó porque poseía demasiado.

Tenía que perder mucho para hacer espacio a la simplicidad que es el Lirio.

“El Lirio ni trabaja...”

La maldición del jardín sobre Adán recaía en su trabajo. Dios es el trabajador, Cristo es el trabajador.

Salmos 127: Si el Señor no construyese la casa...

No puedo hacer el trabajo, pero creo que puedo. O al menos creo que debería hacerlo.

Tengo que fracasar para conocer el Lirio. Fracasar por completo.

Tengo que aceptar ese fracaso para ser poseído por la paz del Lirio.

Muchos fracasan pero no aceptan ese fracaso.

Se rinden y se marchan.

“La vida cristiana no funciona.”

O se desesperan y se sientan en el polvo. El Lirio no lo intenta.

Es.

Es y permanece donde está. Si llueve, se moja.

Si el sol brilla está tibio. Es lo que es.

Es él mismo doquiera que esté.

Existe... con los adornos que Dios le da. No hay más adorno.

Sin pretensiones, sin esfuerzos, tan sólo es.

A lo mejor piensas que es estúpido y necio. Pero es muy difícil hallar a alguien que es.

Que sea lo suficientemente honesto, lo suficientemente libre para tan sólo ser.

Es la cosa más difícil del mundo ser tan simple.

Es devastador para el ego, muerte para la ambición. Tienes que naufragar antes de ser, y saber que eso basta. Basta con ser.

Solamente ser lo que Dios quiere que hoy seas.

El lirio de este pasaje es una flor pequeña y común que crece en las áreas desiertas de la Tierra Santa. No es la flor resbaladiza y cérea que conocemos en América.

Una flor corriente.

Bonita, rara... pero una flor cualquiera.

Siempre necesitamos ser algo —algo especial— algo mejor que.

¿Es que no podemos ser corrientes?

¿Es que no podemos ser lo que somos... y dejar que su magnificencia brille sobre nosotros?

“Tenemos este tesoro en vasijas terrenales.”

El lirio es una simple vasija terrenal. Dios otorga el esplendor.

También el lirio está supeditado.

Dios le tiene que dar todo

para mantener al lirio con vida.

Porque el lirio no puede alimentarse a sí mismo. El lirio, puesto que vive al recibir de Dios,

se viste sólo como Dios le viste.

Tan glorioso como Salomón, el rey más espléndido que jamás existió en la historia.

En su simplicidad, en su oscuridad (pues pocos le valoran) se le provee de un talante digno de realeza.

Lo que gane para mí misma puede que sea muy bueno; Aquello por lo que trabajo puede que sea magnífico;

Pero lo que Dios me da sin mi propia contribución es de un esplendor real sin parangón.

Muy lejos de mi alcance.

De lo cual no he de ser digno.

Una belleza otorgada. Un regalo entregado.

La paz os dejo.

“Mi paz os dejo. No como el mundo la da, yo os la entrego.”

Nuestro problema no es que no tengamos paz.

Es que no podemos aceptar la paz como un simple regalo.

Tengo que ser hecho lo bastante pobre como para ser humilde.

Tengo que ser hecho lo bastante humilde como para pedir limosna.

“Dios, dame paz.”

No puedo ‘hallarla’ ni puedo ‘hacerla’, ni puedo ‘ganármela’.

Tan sólo puedo recibirla.

Heb 4:9 Queda un reposo para el pueblo de Dios. 10 Porque el que ha entrado en su reposo,

también ha reposado de sus obras, como Dios de las suyas.

11 Procuremos, pues, entrar en aquel reposo...

Yo tenía muchas opiniones sobre el significado del Lirio

pero al final sé que el descanso proviene de la fe.

Por lo tanto el Lirio representa la fe, y no tanto el descanso.

El descanso es un resultado. La quietud es la evidencia... La fe es el porqué.

La fe es el principio.

Fe de que Dios es el YO SOY.

Como aprendiz de la fe sabes

Que Dios lo hará... si yo lo hago

Que Dios lo hace... si tan sólo yo puedo. Que Dios podría... si tan sólo yo lo hago.

Los gritones de la fe y los luchadores dicen, “Dios lo hará... como yo digo.”

Los evangélicos dicen acerca de la fe:

“La Palabra de Dios lo dice, pero no te puedo decir por qué no pasa.”

Yo he estado en ambos campamentos. La verdadera fe es esta:

Dios lo hizo. Consumado es. El trabajo está hecho.

Mi parte es averigüar qué trabajo ha sido realizado y recibirlo.

La parte de Dios es reducirme hasta llegar ahí. Protestaré que es injusto que destruya mi fe en el hombre.

Rechinaré y le acusaré si tan siquiera pone un dedo sobre la fe que tengo en mí mismo.

Mi fe en todo lo demás ha de ser cruelmente asesinada. El Lirio no había venido en mi auxilio.

El Lirio había venido para destruir todo lo que no era ‘Lirio’ en mi interior.

El Lirio trajo consigo vergüenza y naufragio , destrucción a mis seguridades.

Roy Hession dice,

El avivamiento no vuela la tapa por los aires. Es el desagüe lo que se destapa.”

El tapón del desagüe se desprende bajo tus pies y todo lo que creías que era dura roca se desvela tan sólo como el peligro mortal de la arena.

Y no te van a rescatar de ella.

Te vas a hundir más y más hasta que seas destruido, destruido totalmente.

El Lirio pertenece a la orilla de la resurrección de las dos playas de la vida.

El Lirio llega después de la muerte.

No es una casualidad que en Semana Santa se vean lirios blancos.

Salmo 149: 4,5,6

Porque Jehová tiene contentamiento en su pueblo; Hermoseará a los humildes con la salvación.

Regocíjense los santos por su gloria (que Dios les confiere)

Y canten aun sobre sus camas. Exalten a Dios con sus gargantas,

Y espadas de dos filos en sus manos...

Creo que el único dolor válido es el dolor de morir a uno mismo.

Renunciar a la vida de tu alma, morir a tus derechos y deseos. Este es

un dolor insoportable. Es la agonía del Getsemaní y para ello existe el

ministerio de los ángeles ascendiendo y descendiendo. Cualquier otro dolor tiene poca o ninguna validez.

Alguien me dijo “He sufrido tanto dolor en mi vida que nadie reconoce...”

Y dije, “Lo entiendo. Yo también lo he sufrido;

Pero en mi vida me es vergonzoso admitir

que la vasta mayoría de mi dolor era el dolor de la rebelión o de los derechos,

el dolor del pecado que no gana simpatías para con Dios.”

Debemos ser vaciados para poder recibir.

Debemos ser empobrecidos para poder tener riqueza. Debemos ser desnudados para poder ser vestidos.

Y debemos ser reducidos antes de poder ser expandidos.

Mateo 6:30

Y si la hierba del campo que hoy es, y mañana se echa en el horno, Dios la viste así, ¿no hará mucho más a vosotros, hombres de poca fe? No os afanéis, pues, diciendo: ¿Qué comeremos, o qué beberemos, o qué vestiremos?

Porque los gentiles (paganos) buscan todas estas cosas; pero vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas.

Mas buscad (encaminaros a y luchar por) primeramente el reino de Dios y su justicia, (su forma de hacer las cosas y de ser justo) y todas estas cosas os serán añadidas.

Así que, no os afanéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su afán. Basta a cada día su propio mal.

Que nos vistan. Necesitamos la ropa... pero es mucho más que vestiduras.

Es la cubierta de la vergüenza de nuestro pecado,

la provisión de la vida misma de Cristo para cubrir nuestra inepta humanidad.

“Ser revestidos de Cristo”, no intentar ser COMO Él...

...ese es el Lirio.

No voy a “intentar ser.”

Dejaré que Él sea lo que Él quiera ser dentro de mí. Yo no me moveré, dejaré que Él se levante dentro. No pensaré.

Él será mi mente.

No exprimiré el amor para que salga. Él salpicará el amor a través de mí. “Yo no... Él sí.”

Escribí en mi Biblia en 1986

“Yo no puedo hacerlo, Él puede.”

Creía que esa era la intuición más alta posible.

Pero en 1987 escribí, “Yo no puedo hacerlo, Él podrá”, queriendo decir que en algún tiempo futuro, Él podrá.

Otra vez más tarde escribí, “Yo no puedo hacerlo, Él lo hace”,

quería decir presente, Él lo está haciendo.

Pero en 1988 escribí, “No puedo serlo, Él ya lo es”, queriendo decir que es consumado.

No ha de ser.

Ya ha sido hecho.

¡Doy un paso para introducirme en lo que está preparado para mí y espero que mi fe y mi descanso permitan que las promesas vivan por dentro, y por fuera, y a través de mí!

Aquí hay algunos de los escritos de Watchman NEE, alguien que no sólo conoció al Lirio, sino que se convirtió en uno de ellos.

“Dios quiere demostrarnos que no podemos hacer nada en absoluto, y hasta que eso sea reconocido por completo nuestra desesperación y desilusión nunca cesarán.

Todos tenemos que llegar al punto en que digamos, ‘Señor, soy incapaz de hacer nada para Ti, mas confío en que Tú lo harás todo en mí.’

... es Cristo el que obra en mí lo que agrada a Dios. Cuanto antes renunciemos a intentarlo, tanto mejor, pues si monopolizamos la tarea, no hay ya espacio para el Espíritu Santo. Pero si decimos, ‘No lo voy a hacer; confiaré en que Tú lo hagas por mí’, es que entonces hallaremos que un Poder más fuerte que nosotros mismos nos está llevando adelante.”

“Hemos hablado de intentarlo y de confiar, y de la diferencia entre ambos. Creedme, es la diferencia entre el cielo y el infierno. No es algo de lo que uno charla como si de un pensamiento bonito se tratase; es la cruda realidad.

‘Señor, yo no puedo: así que voy a quitar mis manos; desde ahora confiaré en ti para eso’.

Nos negamos a actuar; dependemos de Él para hacerlo, y luego entramos plenamente y con gozo en la acción que Él inicia. No es pasividad, es la vida más activa que existe, el confiar en el Señor de esa forma; extrayendo la vida de Él, tomándole para que sea nuestra vida misma; permitiéndole vivir Su vida en nosotros según avanzamos en Su nombre.”

Ester se convirtió en un lirio.

Descansó en el consejo de sus superiores.

No buscó adornos especiales, ni joyas colgantes cuando acudió a su rey por primera vez.

Sin pretensiones, pero también sin resistencia. Y el rey la amó.

Pero sobre todo eso, salvó a su pueblo. La simplicidad ha dejado de atraernos.

Pero de su propia rareza proviene su gran valor.

José se convirtió en un lirio en su injusta prisión. Renunció a intentarlo.

Tenía las llaves de la celda. Podía haber escapado.

Pero descansó.

Esperó y Dios le concedió belleza y poder. Le adornó de esplendor.

David aprendió a descansar durante la época en que se escondía y huía de la ira de Saúl.

Al tratar de salvar su pellejo aprendió de su gran Rescatador,

y tuvo paz como un lirio.

Daniel vio de niño como su familia fue asesinada y su casa quemada.

Despojado de su hombría, llevado lejos, hecho esclavo... descansó.

Dios le adornó de sabiduría, secretos de los sueños, poder, autoridad, influencia y visiones.

Daniel fue un gran lirio.

Pablo fue un lirio en la prisión de Roma, con cadenas, con carencias.

Se regocijó y escribió... sin quejarse, sin esfuerzo para cambiar o escapar.

Cómo Dios lo adornó a través de los siglos con su lugar especial como escritor mismo de la Palabra de Dios.

¿Qué hubiera pasado si se hubiera amargado y hubiera rehusado escribir a su rebaño?

Cuán bendecidos hemos sido por haber sido él un lirio.

¿Entiendes a lo que tienes que renunciar para ser un lirio?

Piensa en estas cosas...

Control Entendimiento Elecciones Derechos Logros

Buen nombre Derechos de propiedad Orgullo...

...el propio Yo.

Copyright © Martha Kilpatrick l997


IV

El Bendito Pobre

Le doy mi necesidad a cada flirteo del viento, pero sólo suple este vacío con aire hueco.

Le doy mi desesperación al charlatán o al vagabundo,

y veo cómo manchan y pisotean su nombre. Le doy mi necesidad a mí ‘yo’

y contorsiono mi alma

para que se consuele a sí misma.

Mi necesidad es una vulgar meretriz . No hace diferencias.

Estas necesidades mías que aireo...

Comodidad, dí mi necesidad a una madre falsa. Conocimiento, lo dí a un ideal atrofiado.

Amor, lo dí a cualquier perro hambriento.

Necesito lo que no comprendo y no voy a admitir, así pues arrojo mi pobreza sobre

cualquier altar que me supla algo.

La ambición, tan sólo la senda de la necesidad para hallar su valía.

La codicia, meramente el hambre de un alma cavernosa. El odio, el explosivo concentrado por un dolor de amor.

La vergüenza de mi carencia le tienta a mi orgullo a mentir.

La desnudez del desamparo me hace

vestir mis huesos con palabras grandilocuentes. Yo soy la necesidad. Todo en mí es necesidad. Incluso mi generosidad es mi necesidad... de dar. No puedo saber, no puedo producir.

No puedo amar, ni durar, ni ser. Pero ésas son revelaciones viejas.

Ya no me asusto... son hechos familiares de una insuficiencia adquirida al nacer.

No hay nada que yo NO necesite.

Nombra cualquiera y habrás dicho mi necesidad.

Arrostrar la cara espantosa de la necesidad es la muerte al orgullo,

ese monstruo autodidacta.

Y aquellos que rechazan la necesidad, no la tendrán. La abjecta necesidad es una manera de vivir,

no un lugar para visitar alguna vez.

La pobreza que desprecio es el tesoro con el que puedo comerciar.

¡La insuficiencia es gloria! ¡Gozo! El regalo divino de la oportunidad.

Mi pobreza es mi perla brillante. Necesidad, la escalera directa a Dios.

El evangelio viene tan solo para el pobre... como yo. Mi necesidad es la energía que me mueve...

la motivación de buscar,

la fuerza de la acción,

¡la fuente de la creatividad!

Tendrás tanto como estés dispuesto a necesitar. Le esperas a Él en la medida en que no tienes otra fuente.

Y cuando esperas... Él viene.

¡Oh, gloria! Él contesta a la necesidad.

Él visita a la pobreza. Sólo a ella... a nadie más.

Jesús, el nombre de los ricos cumplimientos, Él mismo, el banquete de abundante provisión. Él, el que brinda la vida mejor,

El Perfecto Proveedor de la insuficiencia humana. Jesús, Jesús. Sólo Él.

Mi necesidad —cruda y abierta médula– le pertenece a Él... no a mí,

no a ti

sino a Él... exclusivamente.

Donde son satisfechas mis voraces necesidades, allí pondré una fe por siempre leal.

La fe no es algo que adquieres como una ganancia. Es aquello a lo que eres reducido.

La fe desnuda en Dios Padre es una humillación, la última cosa que consentirás, y

sólo cuando

todas las rocas se hayan desmenuzado... como el polvo.

Reúno mis inconfesables necesidades que he sembrado, ya sin raíces, en tierra extraña,

y las llevo a Tu trono.

No las pongo a Tus Pies,

Ni las pongo en Tus Manos.

Las planto en Tu Expléndido Corazón

para que arraiguen allí, donde sobreabunda riqueza para cada uno de mis procederes.

Copyright © Martha Blaney Kilpatrick


 

V

Vosotros Que Estáis Solos

Los hijos vagabundos de Dios siempre se encuentran en un fuego perpetuo de soledad, luchando ante el rostro de un continuo desengaño en la Iglesia, en la familia, en los amigos.

Algunos se han amargado.

Algunos se han acomodado a vivir en un desespero incierto.

Algunos aún lo intentan, lo intentan, buscando, escudriñando.

Mas unos pocos han visto la Luz del propósito de Jesús y han aceptado el desamparo que es nuestra íntima realidad

y la tragedia de la condición humana.

La doncella Sulamita sufrió esa soledad... malentendidos de sus compañeros y abusos de

las autoridades. En la ferviente persecución de su rey, soportó escarnio y prueba.

Pero su soledad sólo podía ser satisfecha por su Amante.

Había adquirido la sabiduría de sólo buscarle a Él, sin substitutos.

Creo que se acerca el tiempo en el que el Señor recompensará a aquellos

que han abrazado la soledad como Su voluntad y han consentido a la destrucción

de los altares erigidos para los camaradas idolatrados del interior.

La recompensa habrá de ser como lo fue para Abraham: YO SOY tu inconmensurable galardón.

Será el placer de Jesús llenar la profunda soledad del alma consigo Mismo.

Él ha visto nuestra espera.

Él ha probado el corazón que sólo le quiere a Él.

Tu Compañero se levanta, oh Sulamita, y Él se dejará encontrar por ti.

Copyright © 1999 Martha Blaney Kilpatrick


VI

El misterio

El viento sopla de donde quiere y oyes su sonido;

mas ni sabes de dónde viene, ni a dónde va;

así es todo aquel que es nacido del Espíritu. Juan 3:8

Eva no viviría con la incertidumbre del misterio. Fue engañada por la oscuridad del conocimiento; dejó de necesitar a Dios para la Luz.

Cometió suicidio espiritual bebiendo el veneno de una miserable información.

No toleraría su ignorancia y su vulnerabilidad.

No soportó un Dios Insondable

que le exigió que viviera un estado constante de desconcertante silencio.

Cuando no consentimos los misterios y deseamos respuestas tanto que

“cualquier respuesta valdrá aunque tengamos que fabricarla,” estamos preparados para ingerir

las mentiras de la pulida inteligencia.

Y hemos dejado a Dios por Su enemigo. Igual que Eva.

Este Dios Inteligente te obliga a hacer equilibrios en el aire bailando sobre el fino cable

de lo desconocido e inescrutable.

Sólo si te propones conocerle a Él puedes sobrevivir.

Él sabe.

El presente es una incógnita, el pasado un enigma, el futuro es imprevisible y

el único que lo conoce es Dios. . .

¡y Él lo sabe!

Si tengo que vivir con toda esa incertidumbre estoy, no sólo a Su merced,

sino a la merced. . . de cada cosa y cada persona.

Pero la incertidumbre se siente como inseguridad. . . hasta que Él sea el ilimitada ancla

de mi zarandeada Vida.

No necesito el conocimiento para estar seguro.

Necesito conocerle a Él, a mi Jesús como la Única Roca, la sólida Fortaleza inamovible en medio del mar rugiente.

La religión cree que si sabes los hechos y conoces las leyes conoces a Dios.

Necesitar-de-saber

es de hecho el comezón insidioso de controlar, de contener. . . ¡a Dios!

Pero Nuestro Dios es salvaje: ¡indomable, incontrolable! Lo más que puedes digerir es una mota de Su verdad.

Él nos dice mucho pero como un Padre Sabio detiene lo que no podemos sobrellevar.

“Aún tengo muchas cosas que deciros, pero ahora no las podéis sobrellevar.”

Dios no puede ser conocido

excepto por una revelación final, total y abierta, un troquelado continuo.

Además. . .

no nos conocemos los unos a los otros,

– y más asombroso –

no nos conocemos a nosotros mismos.

No puedo nombrarte por tus actos de hoy con pequeñas etiquetas talladas en piedra. Y no me encasilles por mis singularidades, no me aprietes en rígidas cajas de embalar para poder predecirme.

Aún nos queda por saber quiénes somos, Y más aún lo que hemos sido.

Y sobre todo desconocemos. . . lo qué realmente sabemos.

Nuestra ignorancia sólo es sobrepasada por nuestra necedad de pensar que sabemos.

Deja que tus preguntas no tengan ninguna respuesta hasta que Él conteste.

Vive con el Misterio. Acepta la perplejidad. Espera. . .

Envía tu “necesidad-de-saber” a Su corazón. Descansa en Aquel que lo conoce Todo Porque Él es el origen de Todo

¡y gobierna lo que Él originó!

Entonces Sus Secretos compartidos serán Maravilla,

Y como un niño inocente vivirás en Constante Reverencia.

18 de marzo de 2000

Copyright © Martha Blaney Kilpatrick

 


VII

Lo que es...

El perdón es...

El perdón es. . . aceptar el uso soberano de Dios de las personas y situaciones

para depojarte de tu importancia, y humillar tu amor propio.

El perdón es. . . fe en el control y beneplácito de Dios y en Su Bondad que todo lo sabe

que se derrama en un enanito como tú.

El perdón es. . . esperar que

la Misericordia Divina es cuanto necesitas.

El perdón es. . . amar al Gran Redentor

y obedecerle en sencillez por causa de Él.

El perdón es dejar las cosas. . . a Dios.

entregándole todos tus sueños para que Él los cumpla,

y. . . a ti mismo bajo Su sola protección.

¡Perdonar es dejar a Dios ser Dios! y hacer lo que a Él le agrada. . .

o no hacerlo.

El perdón no es. . .

una pusilánime tolerancia del mal. El perdón no es. . . .

ser “bueno” porque esa es la órden recibida..

El perdón no es. . .

excusar el mal por lástima.

Las ofensas son pecados. Punto y final.

El pecado no es un “¡UPS!, no quise decir eso.” El pecado es deliberado,

siempre una opción muy calculada, aunque esté allá lo profundo.

El perdón no es. explicar por qué.

No hay ningún ‘por qué’ para ninguno. Todos estamos “sin excusas.”

El perdón no es. tragarse el dolor y

engañarse a sí mismo sobre su existencia.

Ese “perdón falso” vuelve dejarnos ciegos de rencor...

enterrado y agriado en profunda

y enferma inconsciencia del alma .

Tal perdón es intensamente peligroso porque llega a convertirse en enfermedad contagiosa oculta bajo las mantas de la autocomplaciencia, un mal que nunca deja de extenderse por medio de palabras y hechos que lo encubren y entierran.

Falta de perdón: indetectada, inconfesada, mortal para ti

y extraordinariamente peligrosa para los demás.

Copyright © Martha Blaney Kilpatrick


  

La amargura es...

Mirad bien, no sea que alguno deje de alcanzar la gracia de Dios;

que brotando alguna raíz de amargura, os estorbe, y por ella muchos sean contaminados;

Hebreos 12:15

La amargura es una herida lamida tras la puesta del sol y se convierte en el nido que el diablo cava

en tu alma

para infectar todo tu ser

con la propia rabia de Satanás hacia Dios.

No se ponga el sol sobre vuestro enojo, ni deis lugar al diablo.

Efe. 4:26-27

La amargura es dolor retorcido en malicia, injusticia vuelta legalismo,

pecado convertido en mal.

La amargura echa raíces cuando crees estar “por encima del Dios Altísimo”

más “justo” que Dios, más “bueno” que Jesús, y más “hábil” que el Espíritu.

La amargura brota y crece en la tierra del orgullo. La arrogancia de “yo nunca haría lo que usted hizo” y el egotismo que desdeña de indigno al ofensor.

La amargura es falta de perdón que introduce una raíz en tu corazón de la cual crece un mal espontáneo

y se convierte en fruto corrosivo de tu vida. Seguidamente, todo tu mundo lo ingiere y digiere.

La amargura es un estado en el que el diablo

puede ensayar las escenas de su injusticia y tú puedes sentarte entre el público, repasando las escenas y las palabras, recordando,

recordando. . .

una y otra vez y otra vez y. . .

La amargura es una enfermedad del alma que se convierte en puro veneno e infecta a tu propio cuerpo

de enfermedad y. . . al Cuerpo De Cristo.

Cuando fracasas en perdonar al ofensor, tú mismo te conviertes en el ofensor.

, ahora culpable en vez del otro.

Y tu opresor se ha convertido en tu víctima cuya medida de ofensa contra ti

era la misma que tú tenías contra él. . .

Quizás más.

Copyright © Martha Blaney Kilpatrick

 


 

El orgullo es...

Casi toda herida proviene del dolor del orgullo, para la cual no existe ningún consuelo.

Muy pocas heridas vienen del “sufrir por Cristo.”

El orgullo es. . . ser más importante que Jesús. El orgullo es. . . estar enamorado de “si mismo” más que de Dios.

El orgullo es. . . querer “sentirse bien” más que desear la voluntad de Dios.

El orgullo es. . . cuidar más de las cosas temporales que de las eternas.

Ser malentendido es insoportable, pero sólo para la dignidad.

Ser difamado es intolerable, pero sólo para el culto al yo.

Negar la estima que tiendes es un trauma, pero sólo para la ambición.

La persecución sólo incapacita a los rebeldes.

El enojo sólo es tentación al egoísta.

La amargura sólo es abonada por el vano.

La venganza sólo es calculada por el rebelde. El odio sólo lo consiente el malvado.

El orgullo jamás, jamás. . . jamás perdonará

Copyright © 1999 Martha Blaney Kilpatrick


 La humildad es

La humildad es. . . el lecho rocoso de las aguas del perdón.

Sin una profunda humildad, el verdadero perdón es imposible. . .

y nunca tendrá lugar.

La HUMILDAD es. . .

saber que tú mismo necesitas desesperadamente el perdón como la mayor de las necesidades.

La humildad es. . . ser pequeño, ser NADA. No tener nada que defender, explicar, lograr, por no necesitar nada.

Ningún lugar, ningún aplauso, ninguna vindicación, ninguna alabanza, ninguna atención, nada. . . de nada.

Cuando eres nada, no necesitas nada.

La humildad es ser libre del ego que tú controlas.

Envuelto en la aceptación de Cristo y perdido en Su amor, no necesitas nada más de esta tierra, de este mundo.

La humildad es amar la recompensa del cielo más que el aplauso de la tierra,

vivir tan sólo para la defensa de Dios y la inevitable justicia del Último Día.

No obstante. . .

La humildad sabe lo que de verdad te mereces, y de ese percatarse contínuo

libertas a todos los demás, que se merecen lo mismo que tú.

Humildad. . . humildad es el Cordero.

La humildad de Cristo como Dios que

se confinó a si mismo en una humanidad. . . ésa es una humillación incomprensible para alguien empachado de altiva ceguera.

Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús,

el cual, siendo en fo rma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse,

sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres;

y estando en la condición de hombre,

se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.

Filipenses 2

La rendición del Cordero. . . en Getsemaní.

La mansedumbre del Cordero. . . escogió el desamparo. La vulnerabilidad del Cordero. . .a la violencia.

El silencio del Cordero . . . ante las acusaciones.

El perdón del cordero. . . para Sus propios asesinos.

Sólo la actitud de un Cordero podía quitar los pecados del mundo.

Sólo la humildad de Cristo prevaleció sobre la horrible naturaleza del pecado.

Su humildad vive en mí

y mi humildad es la rendición a Él

para permitir que Su naturaleza tome lo que es imposible para mi naturaleza,

ésta es la humildad que es capaz de perdonar montañas de heridas y agravios.

Su humildad es la única humildad.

El Cordero de Dios

que quita el pecado del mundo.

Copyright © 1999 Martha Blaney Kilpatrick


viii

NIÑOS

El Reino le pertenece a los Niños. Son los herederos del Reino.

"Porque de ellos es el Reino de los Cielos."

Es imposible que los Adultos se apresten a escuchar. Están demasiado ocupados.

Tan imposible es, que desde el otro lado

tiene que haber alguien que encienda una Luz que permita ver la oscuridad enrededor.

Entonces el Adulto ve su vervadera condición, y clama.

Y cuando clama, es oído. Luego, oye.

y oye porque ha clamado oír,

sabe que tiene que oír para poder ver. "La fe viene por el oír."

Su clamor es escuchado. Y oye.

Y cuando oye, sabe. Ahora es Niño.

Los Adultos que no escuchan nunca son Niños, porque ni uno sólo de ellos sabe (ni quiere) escuchar. Sólo se escuchan a sí mismos.

En cambio los niños tarde o temprano escuchan.

Ellos escuchan ensimismados. Se asombran.

Descubren la Verdad.

La Verdad les susurra secretos del interior, les ayuda a descubrir lo que son... sin el oír.

Se trata de escuchar. Todo versa sobre ello.

Si escuchas, has hecho tuya la Palabra de Vida, la Vida Eterna y Abundante.

Entonces ya has visto.

Has visto porque escuchaste.

Las opiniones, las defensas, los derechos, saber y hacerse saber, ser admirado, ingenioso, inteligente... y el reverso de todo ello... el Adulto es pura fantochada, un dejarse ir,

una compleja madeja,

una parodia de lo absurdo que corroe y desgasta,

una extraña misión que ignora al Amigo de nuestra alma,

al Liberador de los presos,

al Candil en las mazmorras.

El Adulto es el Infierno. es el "lugar de afuera",

donde se chirrian los dientes y donde se pasa sed.

Sólo Jesús visitó al interior del Adulto, sólo Él pudo introducirse allí,

y allí habló a los clamores, a los Adultos encarcelados bajo mil cadenas.

En esta vida Dios nos hace descubrir la niñez, y luego la vida nos la arrebata al convertirnos en adultos.

Y esto es sombra verdades celestiales, de verdades que susurran al interior.

Nada tiene importancia para los Niños. Ellos saben lo que es importante.

Son tan "inocentes",

que no saben vivir de otra manera.

Pero su forma de vida

es la más valiente y arriesgada de todas.

Los niños verdaderos son adultos

que se han rendido a la Muerte de la Cruz.

Sólo ese Bautismo vence al Adulto.

La perpetua preocupación del Adulto es el Infierno de la falta de toda fe, donde sólo saben de levantar recursos contra el Padre.

No se trata de inocencia, mi niño, porque esto no es un juego de niños. Es un juego de vida o de muerte.

"De cierto te digo que si no nacieres de nuevo (ser Niño), no puedes entrar en el Reino de lo s Cielos."

2002

-Anónimo-


X

El valor

El Valor que Dios demanda no es el impetuoso arroyo, en el cual el mundo se mece.

El Valor no es la pasajera emoción que salva la vida del amigo,

ni surca los siete mares con el látigo de la pasión.

No, eso no es Valor.

¿Qué es Valor?

Valor es dejarse perforar por el Reino

hasta que cada poro de tu cuerpo

destile la cobardía

que encierra tu gallardía....

y luego vivir

la Violenta Realidad del celo santo...

del Hijo Amado.

Valor es exponerte ante tu creador absolutamente desnudo y dejarte vestir por aquello que pertenece al Reino.

Eso es Valor.

Valor es una conquista, conquistar la región que le resta conquistar al amor Paternal.

Valor es acudir a la Colina y asirte al palo vertical donde muere lo mortal,

y lo mortal se viste de inmortal.

Valor no es

"acudir a la llamada",

Es "rendirse a la llamada." Eso es Valor.

Valor es vivir por un Valor que

Enfrenta y vence al mundo... el tuyo.

Ver los montes y collados de tu bravata valentía Huir despavoridos

ante la Violencia del Reino A causa de aquello

Que lo violenta,

Sólo el Valor

hereda el Reino del Padre, pues Valor no es osadía, Es la frescura de la Cruz.

He ahí el Valor... Que borra la mancha De tu mundo.

2002

-Anónimo-


X

LA BONDAD ES MALDAD (1)

Noviembre de 2001

En el transcurso de un viaje, a lo largo de varios días tuve que estar con un hombre muy religioso que era erudito de la Biblia. Me rebajó a base de insultos, y en ese mismo insulto se realzó a sí mismo.

Mira qué pequeño eres tú y qué grande soy yo.

Me asaltó verbalmente con sutiles indirectas que negaban por completo mi trabajo, mi vida, mi virilidad, mi senda con Dios. Aunque el ataque fue sutil, los efectos fueron patentes. Me sentí menos que humano, devaluado ante mis propios ojos, pensando que Dios sentía lo mismo. Empecé a preguntarme mi validez en cada área de mi vida. Estuve tentado a volverme en contra mía, en contra de un ser que Dios había creado y salvado. Odiar a mi propio ser también era volverme contra Él.

¿Por qué?

Porque Satanás le había cuchicheado a mi oído por medio de este hombre que se creía bueno. Era una intimidación de Satanás. Los buenos creen que son más altos que el Altísimo. De hecho, se encuentran en el campamento del enemigo y asumen que pueden decir y pensar lo que quieran en aras de su superioridad.

En ese entonces salí a hacer unos recados y un dependiente me ofendió. Reaccioné exageradamente a su afrenta. Yo llevaba razón, pero al dejar la tienda me di cuenta de que se trataba de una cuestión espiritual.

El hombre bueno me había infectado con su hostil enfermedad y me había acatarrado. Yo, que transportaba el agente infeccioso, extendí la agresión al mundo para destruirlo con su propia amargura inconfesa. ¡Pillé el catarro! Prendí la violencia reprimida que me había escupido encima, aquella de la que no podía defenderme ni podía echar de nuevo sobre él. Su tarea consistía en destruir la creación misma de Dios. Sal ahí fuera, sé violento y recibe violencia. Los que me rodeaban reaccionaron ante la violencia y me la devolvieron. Había sido marcado por el “perro” y el hedor repulsivo airaba a la gente contra mí y a mí contra ellos. Era la argucia de Satán nacida de lo bueno.

Yo había demostrado su teoría de que era espiritualmente inferior a él.

En su superioridad la bondad golpea a cada persona con la condenación. El bueno tiene pensamientos despectivos secretos que atacan. Aunque se mantienen ocultos, no pueden mantenerse callados: chillan fuerte y se escuchan.

El hombre bueno te desafiará a que tú también tomes la bondad. Se convierte en un duelo y el retador mide tu bondad por una regla de tres cuyo cálculo se ejecuta tan sólo con su opinión. A ti nunca te dejará ser bueno. La vara de medir siempre se alza más y más de modo que el retador siempre es más bueno que tú.

Ahora tengo que probar mi propia bondad y medir mi valía en un duelo.

Sólo el orgullo aceptará el desafío de un duelo.

¿Cuál de nosotros es mejor, cuál es más bueno?

Con latigazos de condenación, el que blande su propia bondad me denostará y me derribará al suelo con superioridad, y me tentará a apartar mi rostro de mi Buen Dios para situar mi fe en la ilusión de la bondad del hombre... y la de mi propia bondad.

Las opciones obvias son (1) defender mi bondad, atacar e intentar superar su bondad, o bien (2) perder mi ser en la cobardía del silencio que es lo que verdaderamente él está exigiendo. Cualquiera de las respuestas es orgullo. Si arremeto es orgullo y si me

inclino ante su apreciación, eso también es orgullo. Una es el orgullo de la superioridad. La otra es el orgullo de la inferioridad.

De cualquiera de las formas él gana.

Es un duelo que NO PUEDES ganar. El oponente no te lo permitirá. Te deja como un cadáver ensangrentado al que miras y dices, mira tú, acaban de masacrarme y ni siquiera vi el instrumento que me golpeó.

Se me acerca por un lateral sin que lo vea y deja mi alma hecha jirones. Como la fachada era bondad nunca le vi acercarse. De repente te encuentras con que tienes que recoger del suelo todos los trozos y que has perdido tu ser. Has sido incinerado por la superioridad.

La bondad es un cruel capataz. Sólo eres bueno o válido si haces como digo.

A base de martillo obliga al yo a estar bajo el yo, y la bondad en ti acuchilla y azota a todos alrededor. Tu alma se encuentra en el expositor de subastas. El precio a pagar es trabajar, demostrar tu bondad. Pierdes tu alma al enfrentarte a tu propia creación. Dios no te creó para que fueras bueno sino para ser una vasija, vacía y receptiva. No hay bondad en la vasija. Así que, ¿cómo puedes defender algo que no existe?

¡Ser bueno es rebelión!

¿Cómo puedes ser algo para lo que Dios no te ha creado, y que Su propio Hijo viviente estando en el mismo cuerpo carnal no se atribuía a su propio ser?

De hecho, la bondad es maldad, es demoníaca, y está respaldada por el reino satánico. La bondad humana es una creación de tu propia hechura, un montaje, y al estar en falsedad eres respaldado por el padre de las mentiras, cuyas hordas demoníacas te otorgan poder y habilidad para ser lo que has creado, que en realidad es lo que él ha creado. Estás en la esfera de Satanás. Estás intimando con demonios en vez de con la verdad. No puedes quedarte en el campamento de Satanás y ganar.

Tú pierdes. Tú pierdes. Tú pierdes.

Irónico que cuando vas de bueno abandonas a Dios. Truecas tu lealtad por un capataz demoníaco. Él te dará lo que exiges: un catálogo de normas en vez de una relación.

Queremos un repertorio de normas y tenemos la seguridad de que podemos acatarlas. Hemos adorado las normas desde el jardín pero tan sólo eran una señal que indicaba el camino hacia nuestra necesidad, necesidad que no tendremos, que REHUSAMOS tener. La letra mata. La ley mata. Tienes que usar la maldad para ser bueno.

Por orgullo, inclinaré mi rodilla ante el capataz, “bondad”, para poder así ser bueno. Luego se burla de mí, como Satanás en el árbol del bien y del mal. Pongo a mi Dios en entredicho. Mi alma es violada bestialmente. Me visto del mismo orgullo de la bondad y digo no, ¡yo soy mejor que tú!

Mi carencia de Bondad señala mi desnudez, y si arranco una hoja de higuera ya estoy muerto. Pero si permanezco desnudo ante mi Dios en mi tosca y desnuda humanidad Él me vestirá con gloria y llevaré puesta Su Bondad.

La bondad mueve su dedo apuntando hacia Dios y dice, “me avergüenzas, fracasado. Yo sé más, soy mejor que el Padre y el Creador de toda vida.” El hombre exaltándose por encima del Dios Altísimo.

Puedo crear una imagen mejor que la Suya.

Es la misma superioridad que estaba en Lucifer antes de su caída.

Si le hubiera sido fiel a Dios, hubiera visto algo incorrecto y sus opiniones no me hubieran afectado. No me hubiera movido de mi lugar de valor en Dios. Pero dejé que me etiquetara, y luego acepté su etiqueta, salí afuera y la viví.

Pero, ¿cómo he de reaccionar?

Si yo respondo de cualquier forma, voy a caer en el pecado de la carne obrando la voluntad de Dios, ¡la bondad! Sólo el Espíritu de Dios puede manejar la maldad religiosa. Cristo mismo no tenía una metodología al tratar con lo s religiosos de Su época. A veces permanecía callado. Otras veces zahería.

En cada situación, Jesús dejaba que su respuesta proviniera de Dios. La única forma de ganar es someterse a Dios porque lo que estás combatiendo en la bondad es en realidad una rebelión satánica.

Un hombre llamó a Jesús, Buen Maestro.

Y Jesús le dijo, “¿por qué me llamas bueno?

Ninguno hay bueno, sino sólo Dios.

Marcos 10:18 Lucas 18:19

Si el Hijo de Dios no se atribuyó a Sí Mismo bondad, ¿cómo podemos nosotros? Jesús vivió por la bondad de Su Padre.

 

(2)

La Religión de la Bondad

De hecho, ser bueno es religión. Es un intento de ser bueno sin Dios. Es una creencia, una “fe” de que eres, puedes y debes ser bueno por tus propios medios.

Bondad es una religión que suplanta al cristianismo y a Cristo mismo.

La persona buena sustituye a Dios a cambio de sí mismo.

La bondad dice “soy mejor que el Creador y puedo crear una imagen mejor que la Suya.” La bondad mueve su dedo apuntando hacia Dios y dice, “me avergüenzas, fracasado.” Lo bueno tiene más “o” que Dios. La bondad es más que Dios, más grande que Dios, mejor que Dios. La bondad le llama mentiroso a Él, que dice que no hay bien alguno en nosotros.

No tienes relación con Dios cuando estás en la bondad. Es una relación con tu Yo, con tu propia persona de bondad.

Para permanecer en la bondad te casas con el espíritu maligno de la bondad: te unes a ELLO, intentas satisfacerlo, lo alimentas, lo escuchas. Es una

involucración total con el demonio de la bondad. Todos tus pensamientos, motivos y rumbos provienen de AHÍ. Eres guiado totalmente por ELLO. El espíritu maligno de la bondad se convierte en tu maestro, tiende un lazo alrededor de tu cuello y te lleva donde quiera llevarte. Te conviertes en la personificación de la maldad de Satanás, el consumado mentiroso. Todo se construye sobre la mentira de que eres bueno. Por eso es demoníaco.

Has escogido creer la mentira de que eres bueno, estás totalmente ciego a la argucia de Satanás. Tanto has vuelto tu espalda a la verdad acerca de ti que te conviertes en una presa fácil para que Satanás te alimente.

La bondad hace de ti un cascarón de persona porque has escupido con rabia sobre la verdad. Satanás llena tu cavidad, vacía de Dios, con interminables nociones que apoyan tu bondad, que son de hecho ejércitos demoníacos que tienen la misión de sacar de ti destrucción, muerte y asesinato... y tú, engañado, no tienes remordimientos.

Todo el mundo piensa, “será posible, ¿cómo podría la bondad hacer eso? Estás siendo bueno, como Dios quiere que seas.” “Vaya, que chico tan bueno que es, es tan bueno.”

Si no es Dios, es pecado. Si no está todo arraigado y plantado en la rectitud de Dios, creciendo a partir de los pensamientos y de la iniciativa de Dios, entonces es la simiente de Satanás. La bondad no es emprendida por el Padre así que es emprendida por el padre de mentiras.

La bondad busca agradar al hombre en vez de a Dios, y por esta razón eres validado en tu maldad. Como emana de un motivo del yo y del placer del hombre, (la carne) nunca puede agradar a Dios. Puede que tengas todos los “bien hecho”, los “hip, hip, hurra” y “porque es un muchacho excelente.” Puedes tener todos los elogios de la humanidad, pero a Dios no le impresiona.

Tu encanto y tu fraude no le engañan. Él ve a través de la fachada y lo condena desde el trono. Su juicio mismo descansa sobre tu dios de bondad. Tú y tu ‘padre’ estáis en pie ante el trono de Dios, defendiendo este caso tuyo de que tu pequeño trono es más alto que Dios. De aquí proviene el hervor de la bondad, de lo íntimo de Satanás que dice que mi trono será exaltado por encima del Altísimo. Por eso es que es tan maligno, porque está en lo íntimo de Satanás, la razón misma por la que fue expulsado del cielo. La falsedad que encierra engañó a un tercio de lo s ejércitos celestiales. El hombre de carne no tiene razones de peso para sostenerse contra la falacia. Si los propios ejércitos celestiales pudieron ser engañados ante la mismísima

presencia de Dios, ¿cómo puede el hombre que no está en la verdad desenmarascar la mentira?

El cristianismo es una relación íntima con Dios vivida sobre una tosca realidad acerca de ti mismo y de quién es Dios. Para tener una relación con el Creador has de ser la creación que Él diseñó: una vasija de Santidad y por tanto completamente dependiente de Él.

La bondad es la imitación de la santidad, y si te apuntas a ese “ideal” el hostigamiento que recibes será a tu favor. La santidad se reúne en torno al Creador. La bondad se dispersa de Dios.

“El que no es conmigo, contra mí es; y el que conmigo no recoge, desparrama.”

Mateo 12:30

La bondad escucha a su propio mantra y defiende su mundo para mantener ese altar. El bueno obliga a otros a escuchar para evitar que nadie hable en su contra, luego captura tu mente y hace de ti un prisionero ofuscado con la idea de desafiarles. Exigen la adoración de los demás EN VEZ de la de Dios y le ponen grilletes a tu alma.

Viven en un mundo de ilusión. Tiene sus propias leyes y principios, su propio sistema de pesos, medidas y juicios donde las cifras y la balanza se inclinan siempre de su lado. Es un universo de su propia

cosecha. Entras a él como ciudadano o como extranjero. Si es como extranjero eres un enemigo para el campamento. Los extranjeros traen consigo pensamientos contrarios que sacuden los pilares sobre los que ese raquítico universo se asienta. Tienen que intimidarte para que te hagas su ciudadano y les adores como a tu dios o te matarán. Este universo está construido de vapores hediondos, vestigios de pensamientos contrarios a la verdad. Ser cómplice de traer la Verdad a este artificio amenaza su misma existencia.

Son los creadores de un universo propio que engloba su verdad en todas las cosas. La Verdad sacude sus fábulas caprichosas, pues han sido exiliados y ahuyentados de la realidad. Ora tienen que obligarte a postrarte y adorarles, ora su universo al completo, todo lo que crearon y que tienen en tanta estima,

¡desaparece! Como aquellos en la bondad depositan todo sobre esta mentira, viven en un pánico al desnudo

de descubrir la Verdad, no sea que muestre que ELLOS mismos son la mentira. Creen en otra mentira básica: DEBEN ser buenos.

Si no son buenos no serán amados.

¿A quién hablaré y amonestaré, para que oigan? He aquí que sus oídos son incircuncisos, y no pueden escuchar; he aquí que la palabra de Jehová les es cosa vergonzosa, no la aman. Jeremías 6:10

Y se acordaban de que Dios era su refugio, Y el Dios Altísimo su redentor.

Pero le lisonjeaban con su boca, Y con su lengua le mentían; Salmos 78:35–36

Copyright © 2001 John Enslow


XI

En el camino hacia Dios

por Madame Guyón

UNA VISION CONCISA DEL CAMINO HACIA DIOS; Y DEL ESTADO DE UNION

«La gloria que me diste, yo les he dado, para que sean uno, así como nosotros somos uno. Yo en ellos y tú en mí, para que sean perfectos en unidad».

Evangelio de Juan 17: 22

Traducción, hijo de Epafrodito

“Que la luz del Eterno brille sobre t i,

querido padre”

Primera impresión, diciembre 1998 Círculo Santo

Madrid

Traducida de la versión: “On the way to God”

Edited by James W. Metcalf New York:

Publicado por M.W.Dodd, Brick Church Chapel, City Hall Square 1853

PARTE I

EN EL CAMINO HACIA DIOS

(DE LA EDITORIAL M.W.DODD

EN SU VERSIÓN “ON THE WAY TO GOD”,

TRADUCIDA DEL ORIGINAL FRANCÉS)

Y ahora, amado lector, una última palabra como conclusión, proveniente del amor de Dios para contigo. Dios te ha guiado, en su Providencia, a abrir este libro para que te pueda hacer bien. Si, por medio, de su infinita misericordia, has tenido una experiencia personal de las cosas aquí relatadas, tu corazón sobreabundará de agradecimiento y adoración a medida que vayas leyendo. ¡Oh, lo que Dios ha forjado! Si no es así, encontrarás muchas cosas extrañas. Y no sería raro que te inclinaras por tachar muchas de ellas de falsedad.

Cuidado. No desconfíes de las buenas nuevas de estos espías que Dios ha enviado delante tuya a la tierra prometida. Es una tierra que fluye leche y miel; y Dios luchará de nuestro lado para conseguirla.

El hombre natural no recibe las cosas de Dios, pues son locura para él; tampoco las puede conocer, pues se diciernen a través del espíritu. Si, por tanto, no has experimentado las cosas que sigen, no te extrañes de que suenen como algo falso. En el tiempo de Dios, serán percibidas, si perseveras en conocer. Espero que no recibas nada más que lo que se acompaña por el Amén del Espíritu de Dios en tu corazón; todo lo demás es vanidad de vanidades. Si lees de esta forma, en una absoluta dependencia, no en la sabiduría o enseñanza del hombre, sino en los susurros del bendito Espíritu interior, serás infaliblemente guiado a toda Verdad. Tal es la promesa de Aquel que no puede mentir.

(DE LA EDITORIAL “SEEDSOWERS”

EN SU VERSIÓN REVISADA DE LA TRADUCCIÓN AL INGLÉS “UNION WITH GOD”)

En el camino hacia Dios pertenece a una

triología?. Jeanne Guyon fue autora de muchos libros, pero su mayor influencia, ayuda práctica y contribución a la historia descansan sobre tres libros, sus cartas y poemas.

A medida que leas En el camino hacia Dios verás que Jeanne Guyon te lleva a través de estadíos progresivos que nos llevan desde la conversión a un estado del cual los católicos hablaban como unión con el Señor. Esta progresión hacia Dios a través de ciertas etapas consistí a en la forma tradicional católica de ver los asuntos espirituales. Para los católicos esta aproximación al tema tiene fuertes raíces en la historia.

En el siglo quinto un monje católico que vivía en alguna parte de Siria escribió sobre los estados de espiritualidad, empezando con la conversión y avanzando hacia algo a lo que él llamaba unión divina. Desde ese momento, la forma más aceptable de expresar su visión del crecimiento espiritual era mediante la escritura –o la transmisión oral- de estados progresivos. Los puntos de vista de los escritores quizás variaban en lo que a las etapas se refiere, pero si querían que se les considerasen ortodoxsos, era un caso imperioso de necesidad situar sus opiniones en el contexto mismo de esta

? Los otros dos libros son Experimentando las Profundidades de Jesucristo y

Autografía de Madame Guyon.

progresión. A ese molde de 1200 años de antigüedad lanzó Jeanne Guyon este libro. No obstante, lo que de hecho tienes aquí es el propio peregrinaje espiritual de Jeanne Guyon como ella lo entendía e interpretaba. Ciertamente nunca fue su intención que los estados progresivos que aquí nos presenta vinieran a ser la única forma de conocer al Señor en lo profundo. Personalmente dudo que haya ninguna progresión programada en la vida cristiana más profunda, pues tenemos un Señor de infinita variedad el cual nos provee a cada uno de nosotros de una historia espiritual única en su género.

Guyon misma hace una presentación increíble de este libro en el hecho de desarrollar una visión mucho más basada en la escritura que sus predecesores, más platónicos que cristianos en sus enseñanzas.

Hay otro punto a considerar que tiene que ver con la influencia histórica de este libro en particular. De cuando en cuando se levantará algún grupo de cristianos enseñando la novedosa idea de que es posible dejar de pecar. Como texto de prueba irrefutable a veces citan este libro. Nada menos que un hombre como John Wesley teorizó que era posible vivir una vida exenta de pecado, pero afortunadamente nunca se adscribió tal estado a sí mismo. Guyon tampoco lo hizo. (Los defensores de la perfección sin pecado siempre han tenido que vérselas con un problema algo difícil de sortear: nunca han presentado a una persona a la que todos considerasen perfecta. En años recientes la idea, por fortuna, se erradicó como un asunto que

mereciese ser considerado con seriedad.) Tan sólo espero que el lector moderno interprete el uso que hace Jeanne Guyon de la palabra “perfecto” (por medio de lo cual quería dar a entender que la voluntad humana estaba en concierto con la divina) como una referencia a un estado de ausencia de pecado.

Con esas dos observaciones hechas traemos a la luz este libro para que bendiga, anime y fortalezca a la comunidad cristiana.


Canada

Gene Edwards

Quebec City


CAPITULO I

EL PRIMER NIVEL: LA CONVERSION

  1. El primer nivel es el regreso del alma hacia Dios, cuando, siendo verdaderamente convertida, empieza a subsistir mediante la gracia.

    CAPITULO II

    EL SEGUNDO NIVEL: EL TOQUE EFICAZ SOBRE LA VOLUNTAD

  2. Seguidamente, el alma recibe un toque eficaz y verdadero en la voluntad, que invita al alma al recogimiento, y la instruye en que Dios está en el interior y debe ser buscado allí; de que Él está presente en el corazón, y que debe disfrutar de Él allí.

  3. Este descubrimiento, al principio, es fuente de gran regocijo para el alma, ya que es un indicio o promesa de la felicidad que ha de venir. Desde sus comienzos, el camino que ha de seguirse se abre y se muestra como aquel que pertenece a la vida interior. Este conocer es el más admirable, ya que es la primavera de toda la felicidad del alma y el sólido cimiento del progreso interior; en cuanto a aquellas almas que se inclinan hacia Dios solamente a través del intelecto, a pesar de que han de disfrutar hasta cierto punto de una contemplación espiritual, si no dejan esa senda y entran en esta del tocar interior donde toda el obrar está en

    la voluntad nunca pueden entrar a la unión íntima.

  4. Aquellos que son guiados a este camino, aunque dirigidos por un ciego abandono, experimentan un sano y profundo conocimiento. No caminan con la luz del intelecto, como los anteriores, que reciben luces inequívocas que les guían, y quienes, teniendo una nítida vista del sendero, nunca se introducen en esos impenetrables desfiladeros de la oculta voluntad, que son reservados para los postreros. No. Los primeros siguen avanzando sobre la evidencia engalanada por su luz, auxiliada por su razón, y les va bien. Sin embargo, los postreros están destinados a seguir ciegamente una senda desconocida, la cual, a pesar de todo, les parece totalmente natural, aunque parece como si se les “forzara” a sentir su camino. Caminan, empero, con mayor certeza que los otros, que están sujetos a ser engañados en sus luces intelectuales, pues son guiados por una Voluntad suprema que les dirige a su antojo. Y como consecuencia, toda inmediata obra llevada a cabo se realiza en el centro del alma, esto es, en los tres poderes reducidos a la unidad de la voluntad, donde todos ellos son absorbidos, siguiendo inconscientemente la senda prescrita para ellos por medio de aquel toque al que nos hemos referido con anterioridad.

  5. Estos postreros son aquellos que prosiguen el camino de la Fe y el Abandono absoluto. No tienen deleite ni libertad con ninguna otra senda; todo lo demás les limita e incomoda. Habitan en mayor aridez que los otros, ya que al no haber nada claro y definido a lo que sus mentes están unidas, sus pensamientos divagan a menudo y nada tienen adonde poder fijarlos. Y así como existen diferencias entre las almas, algunas con deleites perceptibles, y otras más áridas, así es con aquellos que son guiados por la voluntad. La primera clase de creyente tiene mayor deleite y un aprendizaje menos sólido, y han de refrenar su excesivo entusiasmo en su temperamento, y sufrir el dejar pasar sus emociones, incluso cuando parece que se queman de amor. Los postreros

    parecen que son más duros y más insensibles, y su estado se muestra absolutamente natural; no obstante, existe algo frágil en lo profundo de la voluntad que sirve para alimentarles, y es, por así decirlo, la esencia condensada de lo que los otros experimentan en el intelecto y en el ardor del propósito.

  6. Sin embargo, al ser este apoyo sumamente delicado, con frecuencia se vuelve imperceptible y se esconde de las cosas más insignificantes. Esto da pie a gran sufrimiento, especialmente en tiempos de tribulación y tentación, ya que al ser el deleite y el apoyo frágiles y estar disimulados la voluntad participa en gran manera del mismo carácter de la persona, de manera que tales almas no tienen una fuerte voluntad como la de aquellas almas. Su estado es más indiferente e insensible, y su naturaleza más tranquila. Pero esto no les evita el tener tan intensos, e incluso más serios problemas que otros, porque al no hacerse en ellos nada por impulso todo toma lugar, por así decirlo, naturalmente, y su débil, insensible y oculta voluntad no puede ser hallada para estar avizor contra sus enemigos. Su fidelidad, empero, con frecuencia sobrepasa la de otros. Date cuenta de la llamativa diferencia entre Pedro y Juan; uno parece sobreabundar con extraordinario celo, y se va a pique a la voz de una criada; el otro no hace manifestación externa, y permanece fiel hasta el fin.

  7. Entonces, me preguntarás, si estas almas no son acuciadas por influencia violenta, sino que caminan en ceguera, ¿hacen la voluntad de Dios? La hacen, y aún mejor, aunque no tienen clara garantía de ello. La Voluntad de Dios está grabada con caracteres imborrables en su más recóndito interior, de manera que llevan a cabo con un frío y lánguido

    —más firme e inviolableabandono lo que los otros logran por las meditaciones de un exquisito placer y deleite.

  8. De esta forma continúan caminando bajo la influencia de este tocar divino, de un nivel a otro, por una fe más o menos percibida de una manera consciente, y experimentan

    constante alternancia entre aridez y disfrute de la presencia de Dios, pero siempre encontrando que el disfrute se va haciendo sin cesar más profundo y menos perceptible y, así, más delicado e interior. También descubren que, en medio de su aridez, y sin ninguna luz nítida, no son los menos iluminados, porque este estado es luminoso en sí mismo, aunque oscuro para el alma que mora en él. Y tan cierto es esto que se encuentran a sí mismos más familiarizados con la verdad; me refiero a esa verdad implantada en su interior, y que causa que todo se rinda a la Voluntad de Dios. Esta Voluntad divina se va haciendo más familiar para ellos, y en su insulso caminarse se les permite penetrar en muchos misterios que nunca hubieran podido ser descubiertos por la luz de la razón y del conocimiento. De forma indiferente y gradual se están preparando, sin darse cuenta de ello, para los estados que vienen a continuación.

  9. Las dificultades de este estado son alternancias de sequedad y humedad. El primero purifica el apego o tendencia y deleite natural que tenemos para disfrutar de Dios. Así pues, todo este nivel transcurre entre alternancias de gozo, aridez y humedad, sin mezcla de tentaciones por medio, excepto muy transitorias, o ciertas faltas; porque en cada estado, desde el comienzo en adelante, las faltas de la naturaleza son mucho más propensas a superarnos en épocas de aridez que en estaciones de gozo interior, cuando la unción de la gracia nos protege de miles de males. En todos los anteriores estados hasta aquí el alma estaba envuelta en combatir sus malvados hábitos, y en esforzarse para vencerlos por medio de toda clase de dolorosas negaciones del yo.

  10. Al principio, cuando Dios cambió la mirada del alma hacia su propio interior, tanto la influenció que la enemistó consigo sí misma, y se vio obligada a amputar todos sus gozos, incluso los más inocentes, y a cargarse a sí misma con toda clase de aflicción. Dios no da respiro a algunas personas

    con respecto a este tema, ha sta que la vida de la Naturaleza, esto es, la de los sentidos exteriores como se manifiestan en apetitos, gustos y aversiones, es completamente destruida.

  11. Esta destrucción de los apetitos y repugnancias de los sentidos exteriores pertenece al segundo nivel, que yo he denominado el toque eficaz en la voluntad, en el cual la más alta y mayor virtud es practicada, especialmente cuando la meditación interior es vigorosa y la unción muy perceptible. Porque no hay artimaña que Dios no descubra al alma con el fin de capacitarla para conquistar y vencer al yo en todo, por lo que, finalmente, por medio de esta práctica constante, acompañada por la misericordiosa unción a la que anteriormente nos referíamos, el espíritu se impone a la naturaleza, y la parte interior entra en sujeción sin resistencia. No hay, por tanto, más problemas producidos por esta fuente, como tampoco habría si se hubieran llevado todo sentimiento externo. Este estado es confundido por aquellos poco iluminados por un estado de muerte. Es, ciertamente, la muerte de los sentidos, pero todavía queda un largo camino para aquello del espíritu.

    CAPITULO III

    EL TERCER NIVEL: PASIVIDAD Y SACRIFICIO INTERIOR

  12. Cuando hemos disfrutado por algún tiempo el reposo de una victoria que nos ha costado tanto problema, y nos suponemos aliviados para siempre de un enemigo cuyo poder ha sido completamente destruido, entramos en el

    tercer nivel, próximo en orden al otro, el cual es un camino de fe más o menos perceptible, de acuerdo con el estado o condición. Nos introducimos en una condición de alternativa sequedad o humedad, como ya he expuesto, y en esta sequedad el alma percibe cierta debilidad exterior, defectos naturales, los cuales, aun leves, la cogen por sorpresa. También siente que la fuerza que había recibido para la lucha se está desvaneciendo. Esto es causado por la pérdida de nuestra activa fuerza interna, porque aunque el alma, en el segundo nivel, se imagina a sí misma estar en silencio ante Dios, no es totalmente así. No habla, ciertamente, ni por boca ni por corazón, pero se encuentra en una activa lucha por conseguir a Dios y en un constante transpirar de amor, de tal manera que, siendo la súbdita de la más poderosa actividad amorosa, ejercida por el Amor Divino hacia Sí Mismo, está de continuo saltando, por así decirlo, hacia su objeto, y su actividad es acompañada por una deliciosa y casi constante paz. Ya que es de esta actividad de amor que adquirimos la fuerza para vencer la naturaleza, es entonces cuando practicamos la mayor de las virtudes y las más duras mortificaciones.

  13. Pero justo en la misma proporción en que esta actividad decae, y se pierde en una pasividad amorosa, así nuestra fuerza de resistencia se hunde y disminuye, y, al avanzar en este nivel y el alma volverse más y más pasiva, se hace más y más débil en combate. A medida que Dios se hace fuerte dentro, así nos volvemos nosotros débiles. Algunos consideran esta imposibilidad de resistencia como una gran tentación, sin embargo no ven que todo nuestro trabajo, auxiliado y asistido por gracia, sólo puede concluir en la conquista de nuestros sentidos exteriores, tras de lo cual Dios toma un poseer paulatino de nuestro interior y se vuelve Él Mismo nuestro purificador. Y de la misma manera en que Él exigió toda nuestra atención cuando nos auxilió en la actividad amorosa, así exige Él ahora toda nuestra fidelidad

    para dejarle trabajar, mientras comienza a hacerse a Sí Mismo Señor por la sujeción de la carne al espíritu.

  14. Porque debe de ser observado que toda nuestra perfección externa depende y debe seguir a la interior, de tal manera que, cuando estamos ocupados en devoción activa, por muy simple que sea, estamos ocupados activamente ni más ni menos que contra nosotros mismos.

  15. El segundo nivel lleva a cabo la destrucción de los sentidos externos; el tercero, aquello de lo interior, y esto se produce por medio de esta perceptible pasividad. Pero entonces, a medida que Dios está trabajando dentro, Él parece descuidar lo externo. De ahí el reaparecer de defectos que, aunque débiles y sólo en tiempo de aridez, creíamos extintos.

  16. Cuanto más nos aproximamos al término del tercer

    nivel, tanto más largas y frecuentes son nuestras sequías, y tanto mayor nuestra debilidad. Esta es una purificación que sirve para destruir nuestros sentimientos internos, del mismo modo que la actividad amorosa puso fin a nuestros sentimientos externos, y, en cada nivel, hay alternancias de sequedad y disfrute. La sequedad sirve como purificador de su tendencia a la aridez y la debilidad. Tan pronto como cesamos, por incapacidad, de practicar mortificaciones de nuestra propia cosecha, aquellas de la Providencia toman su lugar... las cruces que Dios dispensa conforme a nuestro nivel. Estas no son elegidas por el alma; sino que el alma, bajo la guía interior de Dios, a tales recibe en la manera que Él asigna.

    CAPITULO IV

    EL CUARTO NIVEL: FE DESNUDA

  17. El cuarto nivel es fe desnuda; aquí nada tenemos excepto desolación interna y externa; porque la una siempre sigue a la otra.

  18. Cada nivel tiene su principio, progreso y consumación.

  19. Todo lo concedido y adquirido hasta ahora con tanto esfuerzo es quitado poco a poco de manera gradual.

  20. Este nivel es el más largo, y sólo finaliza con una muerte completa, si el alma está dispuesta a ser tan afligida como para morir por completo al yo. Pues hay un infinito número de almas que nunca pasan los primeros niveles, y de aquellos que alcanzan el presente estado hay muy pocos en los que su perfecta obra es concluida.

  21. En algunos esta desolación toma lugar con violencia, y aunque sufren mayor angustia que otros, tienen, sin embargo, menos razón para quejarse, pues la severidad de su aflicción es una especie de consolación. Hay otros que experimentan únicamente un debilitamiento y una especie de repugnancia para con todo, lo cual tiene la apariencia de ser un descuido en las obligaciones y una mala disposición a obedecer.

  22. Somos primeramente privados de nuestras obras voluntarias, y nos hacemos incapaces de hacer lo que hacíamos en los niveles anteriores; y a medida que esto va a más, empezamos a sentir una incapacidad (de hacer) general con respecto a todo, lo cual, en vez de disminuir, aumenta día a día. Con esta debilidad e incapacidad poco a poco tomando posesión de nosotros entramos en una condición en la que decimos: “Porque lo que hago, no lo entiendo; pues no hago lo que quiero, sino lo que aborrezco, eso hago.” (Rom. 7:15)

  23. Tras ser así privados de todas las cosas tanto interiores como exteriores, las cuales no son esenciales, la obra da comienzo sobre aquellos así dispuestos; y en la proporción en que la virtuosa vida de volverse Cristiano, la cual considerábamos con tanta complacencia, desaparece, igualmente somos nosotros despojados de un cierto deleite interior y un importante apoyo. A medida que este apoyo se vuelve más débil y más sutil, más perceptible se hace su pérdida. Debe ser observado, empero, que no existe pérdida alguna salvo para nuestra propia consciencia, ya que aún existe apoyo en el alma, pero de manera imperceptible y sin aparente acción. Si no estuviera oculto, la muerte y la pérdida del yo no podrían ser llevadas a cabo. Pero se retira al interior, y enmudécese de tal manera que el alma no se da cuenta de su presencia.

  24. ¿Preguntas por qué se sigue este sendero? Todo el propósito del camino hasta ahora recorrido ha sido provocar al alma el pasar de la multiplicidad, a la certeza palpable sin multiplicidad; de la certeza palpable, a la impalpable certeza; y, seguidamente, a la palpable falta de certeza 8, la cual es un deleite mucho menos concreto y atractivo que el otro. En sus comienzos, este sendero es vigoroso y enérgico, e introduce al alma desde lo perceptible a lo imperceptible, que es un más puro, pero menos exquisito placer que el primero; en primer lugar, de lo perceptible (certeza palpable), a la fe sostenida y obrada por medio del amor (impalpable certeza); pasando de esta manera de lo sensible (sentimientos y sentidos) a lo espiritual. En segundo lugar, de lo espiritual, a la fe desnuda, que provocando en nosotros el estar muertos a toda experiencia espiritual, nos hace morir a nosotros

    8 Puede traducirse también por “discernimiento”. Así pues, los grados pueden quedar como siguen: e? Multiplicidad e? Un discernimiento palpable (un Dios perceptible por los sentidos) e? Un impalpable discernimiento (lo espiritual con una fe sostenida y obrada por medio del amor) e? Una palpable falta de discernimiento (fe desnuda).

    mismos y entrar en Dios, para que de aquí en adelante solamente podamos vivir de la vida de Dios.

  25. Conforme a la medida de gracia, he aquí que comenzamos con las cosas sensibles, continuamos con aquellas que son espirituales, y terminamos por guiar gradualmente al alma hacia su centro, y uniéndola con Dios.

  26. A mayor profundidad que se retire este imperceptible apoyo (v.23), tanto más enhebra al alma, por lo que no puede continuar multiplicándose a sí misma en miles de cosas sobre las cuales no puede ya influir ni percibir; y, despojada por completo, se ve poco a poco obligada a abandonarse incluso a sí misma.

  27. Así pues, es desnudada sin misericordia, equitativamente y al mismo tiempo, de todo lo habido, tanto dentro como afuera, y lo que es peor, es entregada a tentaciones; y cuánto más es así entregada a la tentación, tanto más es privada de fuerza para resistirlas desde fuera; de este modo es debilitada todavía más, al tiempo que es sujeta a más ataques violentos, y, por último, su soporte interno es extirpado, el cual, mientras servía de asilo y excusa, era una evidencia de la bondad de Dios, y de su fidelidad consigo mismo.

  28. Por tanto puedes ver a un hombre siendo perseguido por un poderoso adversario; él lucha y se defiende de la mejor forma que puede, sin embargo, siempre ingeniándoselas para acercarse más y más a la protección de una fortaleza; empero cuánto más lucha, más se debilita, mientras que la fuerza de su oponente incrementa de continuo. ¿Qué hará? Ganará la entrada de la fortaleza tan hábilmente cómo pueda, pues allí encontrará abundante ayuda. Pero, al llegar, ve que está cerrada, y se encuentra con que, lejos de rend irle socorro alguno, los guardianes han cerrado con barricadas toda posible salida para refugiarse; debe caer a manos de su poderoso enemigo, al cual reconoce, cuando indefenso y desesperado se ha entregado, como su mejor y más fiel

    amigo.

  29. Ten por seguro, pues, que este nivel comprende todas estas cosas; la privación de todo bien, el acumular de toda clase de debilidades, impotencia de defensa, ningún asilo interno; Dios a menudo aparece como enfadado; y, para rematarlo todo, tentaciones.

  30. “Estupendo —creo oírte decir—, siempre y cuando pueda estar seguro que mi voluntad no estaba en armonía con la maldad de la naturaleza y la debilidad de los sentidos.” ¡Ah!, que feliz serías; pero eso no puede ser. En la proporción en que te debilitas y eres destituido de toda operación y actividad de amor, aun insignificante, la voluntad, que estaba fundada en ese vigor de amor, haciéndose más y más débil cada día, desaparece poco a poco; y, desvaneciéndose así, es seguro que no toma parte en nada que le está ocurriendo al hombre, sino que está separada. Pero como no se manifiesta a sí misma por ninguna parte, por ninguna señal, no permite un soporte seguro al alma, sino lo contrario; pues, no encontrando ya más a la voluntad en una actitud de resistencia, el alma cree que lo consiente todo, y de que se ha unido con la voluntad animal, que es la única perceptible.

  31. Me recuerdes, quizás, que antes he expuesto que, en la primera contienda de la actividad amorosa, la naturaleza y los sentidos se habían, por así decirlo, extinguido y subyugado. Es cierto; pero el espíritu del yo, a través de las mismas victorias que la gracia así le ha adquirido, se ha vuelto altruista, se aferra con mayor tenacidad a lo que considera bueno, y se hace aún más indomable. Dios, que está resuelto a subyugarlo, hace uso para ese propósito de una aparente resurrección de aquella misma naturaleza que el alma suponía muerta. Pero observa que Él no usa la naturaleza hasta que ha extraído su maldad, la ha destruido, y ha separado la voluntad superior de aquello que la hacía violenta y criminal. Él extrae el veneno de la víbora, y lo usa

    entonces como antídoto para el espíritu. Cualquiera que ha de llegar a familiarizarse con la admirable medida de gracia y sabiduría de Dios en traer al ho mbre a un total sacrificio del yo, será lleno de deleite, y, aun sin conocimiento, expirará de amor. Las pequeñas trazas de ello que han sido reveladas a mi corazón, me han sobrecogido a menudo con embeleso y éxtasis.

  32. La fidelidad en este nivel nos pide el sufrir destrucción hasta el punto que alcancen los designios de Dios, sin estar preocupados por nosotros mismos, sacrificando a Dios todos nuestros intereses, tanto por un tiempo, como por toda la eternidad. Nada debe ser un pretexto para conservar o retener el más mínimo átomo, pues la más mínima reserva es la causa de una irreparable pérdida, al evitar que nuestra muerte sea completa. Debemos permitir a Dios trabajar a su absoluto placer, y sufrir los vientos y tempestades arremeter sobre nosotros desde cada esquina, sumergidos, como a menudo podremos estar, bajo las tumultuosas olas.

  33. Es percibida aquí una cosa maravillosa; lejos de ser separados por nuestro sufrimiento y miserable estado, es entonces que Dios aparece; y si alguna debilidad ha sido aparente, Él nos da alguna muestra de su inmediata presencia, como para asegurar al alma durante por un momento, que Él estaba con ella en su tribulación. Digo por un momento, porque no tiene una utilidad posterior como un apoyo, sino que más bien está destinado a señalar el camino e invitar al alma a una superior pérdida del yo.

  34. Estos estados no son continuos en su violencia; hay remisiones, las cuales, además de dar un espacio para tomar aliento, sirven al mismo tiempo para hacer la subsiguiente prueba más dolorosa. Porque la naturaleza hará uso de cualquier cosa para preservar su vida, como un hombre al ahogarse se sostendrá a flote agarrándose a la hoja de una cuchilla, sin advertir el dolor que le causa, si no hubiera nada más a su alcance.

    CAPITULO V

    EL QUINTO NIVEL: MUERTE MÍSTICA

  35. Atacados de este modo por todos lados por tantos enemigos, sin vida y sin apoyo, no tenemos más recurso que expirar en los brazos del Amor. Cuando la muerte es completa, los más horribles estados no provocan más inquietud. No reconocemos la muerte por hecho de haber pasado a través de todos estos estados, sino por una absoluta carencia de poder para sentir el dolor, para pensar o cuidar del yo, y por nuestra indiferencia de permanecer allí para siempre, sin manifestar el más leve signo de vitalidad. La vida se evidencia por una voluntad o una repugnancia hacia algo; pero aquí, en esta muerte del alma, todas las cosas son iguales. Permanece muerta e indiferente a todo lo concerniente a ella misma, y, al permitir a Dios llevarla a los extremos que Él desea, no siente repugnancia. No tiene elección entre Angel o Demonio, porque no tiene ya más ojos para sí misma. Es entonces cuando Dios ha situado todos sus enemigos bajo sus pies, y, supremamente reinando, la toma y la posee tanto más, cuanto más se haya abandonado a sí misma. Pero esto toma lugar por niveles.

  36. Permanece allí por algún tiempo, incluso tras la muerte, un pequeño rastro de calor viviente, el cual sólo se disipa de forma gradual. Todos los estados surten algún efecto con la limpieza del alma, pero aquí se completa el proceso.

  37. No morimos espiritualmente, de una vez por todas, como lo hacemos de forma natural; es llevado a cabo gradualmente; vibramos entre la vida y la muerte, estando a veces en una y otras veces en otra, hasta que la muerte ha conquistado por fin a la vida.

  38. No es que la nueva vida no llegue de repente. Aquel que estaba muerto, se encuentra a sí mismo viviendo, y

    posteriormente nunca puede dudar que él estaba muerto y que de nuevo está vivo; sin embargo, no era entonces algo establecido; es más bien una disposición hacia vivir, y posteriormente un estable estado de vida.

  39. La primera vida de la gracia empezó en lo sensible, y se hundió continuamente al interior, hacia el centro, hasta que habiendo reducido al alma a la unidad, la hizo expirar en los brazos del amor; porque todos experimentan esta muerte, pero cada cual por medios característicos de sí mismos. Pero la vida que ahora se ha comunicado se levanta del interior; es, por así decirlo, una semilla viviente que siempre existió allí, aunque pasó desapercibida, y que demuestra que la vida de la gracia nunca se ha ausentado por completo, aunque haya tenido que soportar el permanecer escondida. Allí permanecía, incluso en medio de la muerte; y no era menos muerte porque la vida estaba oculta en ella; igual que el gusano de seda permanece por largo tiempo muerto en la crisálida, pero contiene un germen de vida que lo despierta para una resurrección. Esta nueva vida, después, hecha brotes en el centro, y crece desde allí; desde allí se extiende de forma gradual por todas las facultades y sentidos, impregnándolos con su propia vida y fecundidad.

  40. El alma, encariñada con esta vitalidad, experimenta un infinito contentamiento; no en sí misma, sino en Dios; y esto especialmente cuando la vida está bien avanzada.

  41. Sin embargo, antes de entrar con los efectos de esta admirable vida, dejadme decir, que hay algunos que no pasan a través de estas muertes dolorosas; sólo experimentan una mortal languidez y desvanecimiento, que los aniquila, y los hace morir a todo.

  42. Muchas personas espirituales han dado el nombre de muerte a las tempranas purificaciones, las cuales son, en cierto, una muerte en relación con la vida comunicada, pero no una muerte total. Éstas resultan en una extinción de alguna de las vidas de la naturaleza, o de la gracia; pero eso

    es completamente diferente de una extinción general de toda vida.

  43. La muerte tiene varios nombres, de acue rdo a nuestra diferente manera de expresión o concepción. Es llamada una salida, esto es, una separación del yo para que podamos entrar en Dios; o una pérdida, total y completa, de la voluntad de la criatura, que causa al alma el estar ausente de sí misma, para que pueda existir sólo en Dios. Ahora, ya que esta voluntad está en todo lo que subsiste en la criatura, por muy bueno y santo que pueda ser, todas estas cosas deben ser necesariamente destruidas, hasta el punto que dejen de subsistir, y hasta que la buena voluntad de hombre desaparezca de ellas, para que sólo pueda permanecer la voluntad de Dios. Todo lo nacido de la voluntad de la carne y la voluntad de hombre, debe ser destruido. He aquí que nada queda, excepto la voluntad de Dios, la cual se convierte en el principio básico de la nueva vida, y, poco a poco reanimando la ya ha tiempo extinta voluntad, toma su lugar y la transforma en fe.

  44. Desde el momento en que el alma expira místicamente, generalmente es separada de todo lo que fuera un obstáculo a su perfecta unión con Dios; sin embargo, debido a todo aquello, no es recibida en Dios. Esto la produce el más extremo sufrimiento. Objetarás aquí, que, si estuviera completamente muerta, no puede sufrir más. Déjame explicar.

  45. El alma está muerta tan pronto como es separada del yo; pero esta muerte o defunción mística no es completa hasta

    que ha pasado a Dios. Hasta entonces, sufre muy grandemente, pero su sufrimiento es general y poco definido, y continúa únicamente por el hecho de que todavía no ha sido establecida en su lugar apropiado.

  46. El sufrimiento que sigue a la muerte, es causado por nuestra repugnancia a los medios que se emplean para producirla. Esta repugnancia hacia los medios aumenta

    cuando estos medios reaparecen o se vue lven más ásperos; pero en la medida que nosotros morimos, nos volvemos más y más insensibles, y parece que nos endurecemos bajo los golpes, hasta que, a lo último, la muerte llega en verdad a través de un completo cese de toda vida. Dios ha perseguido implacablemente nuestra vida en todos sus encubiertos lugares de escondite; porque tan maligna es, que cuando se la presiona duramente, se fortifica a sí misma en sus refugios, y hace uso de los más santos y razonables pretextos para su existir; pero, siendo perseguida y seguida hasta su último refugio, en unas pocas almas (¡ay, qué pocas!) es obligada a abandonarlo por completo.

  47. No queda pues, dolor que se levante en contra de los medios que han causado nuestra muerte, y que son exactamente los opuestos a aquellos que servían para mantener nuestra vida; cuanto más razonables y santos son los últimos en apariencia, tanto más irrazonable y corrompida es la apariencia del otro.

  48. Pero esto sucede después de la muerte – que es la causa de la salida del alma del yo, esto es, de su perder cada cualquiera que sea; pues nunca sabemos nosotros cuán fuertemente nos aferramos a objetos hasta que son quitados, y aquel que piensa que no está apegado a algo, normalmente está muy equivocado, estando atado a miles de cosas, desconocidas para sí mismo – tras la muerte, repito, el alma se libra por completo del yo, pero al principio no es acogida en Dios. Aún existe allí un algo, no sé exactamente qué, una forma, un remanente humano; pero eso también desaparece. Es una mancha que es destruida por un sufrimiento general y poco definido, que no tiene relación con los medios que producen la muerte, ya que éstos han pasado y terminado; sino que es un malestar y desasosiego que surge del hecho de haber sido extraída del yo, sin ser acogida en su gran Original. El alma pierde toda posesión del yo, sin lo cual nunca podría estar unida a Dios; sin embargo, es sólo de

    manera gradual que se vuelve completamente poseída de Él por medio de la nueva vida, la cual es completamente divina.

    CAPITULO VI

    UNION CON DIOS: PERO AUN NO ACEPTADA

  49. Tan pronto como el alma ha muerto bajo los abrazos del Señor, es unida a Él en verdad y sin ningún intermediario; pues al perderlo todo, incluso sus mejores posesiones, ha perdido los medios e intermedios que moraban en ellas; e incluso estos mismos grandes tesoros no eran más que intermediarios. Por tanto, desde ese momento está unida a Dios de forma inmediata, pero ella no lo acepta, ni tampoco disfruta los frutos de su unión, hasta que Él la anima y se convierte en su principio vivificante. Una esposa que se desmaya en los brazos de su marido, está estrechamente unida a él, pero ella no disfruta la bendición de la unión, y puede que no sea consciente de ello; pero cuando él la ha contemp lado por algún tiempo, desfalleciendo de exceso de amor, y la trae de nuevo a la vida por sus tiernas caricias, entonces ella percibe que está en posesión de aquel al cual su alma ama, y de que ella es poseída por él.

    PARTE II

    EN LA UNIÓN CON DIOS

    CAPITULO I

    LA RESURRECCION

  50. El alma poseída así de Dios, encuentra que Él es tan perfectamente Señor sobre ella, que ya no puede hacer nada sino lo que Él desea y de la manera en que Él lo desea; y este estado va en aumento. Su falta de poder no es ya dolorosa, sino agradable, porque está llena de la vida y poder de la Voluntad Divina.

  51. El alma muerta está en unión, pero no disfruta los frutos de esa unión hasta el momento de su resurrección, cuando Dios, haciéndola entrar a Él, le otorga tales promesas y certidumbres de la consumación de su divino enlace, que no puede dudar por más tiempo: pues esta inmediata unión es tan espiritual, tan refinada, tan divina, tan íntima, que es igualmente imposible para el alma el tratar de concebirla o dudarla. Porque podemos observar que todo el camino del cual hablamos, está infinitamente alejado de cualquier imaginación; estas almas no tienen la más mínima imaginación, pues tienen el intelecto desocupado, y están perfectamente protegidas de las decepciones e ilusiones, ya que todo toma lugar adentro.

  52. Durante su travesía por el camino de la fe, no tenían nada que poder discernir9, pues el discernimiento es completamente opuesto a la fe, y no podían disfrutar de algo así, sólo permitiéndoles el tener algo general e indeterminado como fundamento sobre el cual todo les era comunicado. Pero de muy distinta manera es cuando la vida se vuelve avanzada en Dios; porque, aunque no tienen nada nítidamente discernido para ellas mismas, lo tienen para

    9 Se refiere a un discernimiento con el cual somos capaces de percibir algo con nitidez o claridad; profundamente relacionado con el v.24. (Ver NOTA v.24)

    otros; y su luz, de uso para otros, aunque no siempre recibida por aquellos a los que estaba destinada, es lo más seguro, debido a su inmediatez y, por así decirlo, naturalidad.

  53. Cuando Dios levanta a un alma, o lo que es lo mismo, la recibe en Sí Mismo, y la semilla viviente, la cual no es otra que la Vida y el Espíritu de la Palabra, comienza a aparecer, forma en ella la revelación de Jesucristo, (GAL 1:16) el cual vive en nosotros por medio de la pérdida de la vida de Adán que subsiste en el yo.

  54. El alma es así recibida en Dios, y allí es cambiada y transformada de forma gradual a Su semejanza, de la misma forma en que la comida se transforma en aquel que ha tomado de ella. Todo esto toma lugar sin ninguna pérdida de su propia existencia individual, como ha sido explicado en otra parte.

  55. Cuando comienza la transformación, se la denomina aniquilación, pues, al cambiar nuestra propia forma, se nos aniquila en relación con lo que es nuestro, para que podamos adquirir lo Suyo. Esta actividad continúa de manera constante durante la vida, convirtiendo al alma más y más a semejanza de Dios, y concediéndole de forma continua una cada vez mayor participación en las cualidades divinas, haciéndola impermutable, inmutable, etc. Pero Él también la hace fructífera en Sí mismo, y no fuera de Sí mismo.

  56. Esta fructificación se extiende a ciertas personas, las cuales Dios otorga y sujeta al alma, comunicándole a ésta última Su Amor, rebosante de Caridad. Porque el amor de estas almas divinas hacia las personas así conferidas sobre ellas, al tanto que está muy alejado de los sentimientos naturales, es infinitamente más fuerte que el amor de los padres para con sus niños, y aunque parezca precipitado y ansioso, no es así, pues aquel que lo exhibe, simplemente está siguiendo el mover que está impreso sobre él.

  57. Para hacer esto inteligible, debemos saber que Dios no

    privó a los sentidos y a las facultades de su vida para dejarlos muertos; porque, aunque hubiera vida en el centro del alma, aquellos continuarían muertos si esa vida no les fuera también comunicada. Esta vida aumenta por niveles, anima a todos los poderes y sentidos, los cuales, hasta entonces, habían permanecido yermos y estériles, los amplía proporcionalmente a su relación, y les permite estar activos, pero con una actividad proporcionada y regulada por Dios, acorde a sus designios. Las personas en una condición de estar muriendo, o de muerte, no deben condenar la actividad de tales almas, pues nunca podrían haber sido puestas en un movimiento divino si no hubiesen pasado por la más maravillosa de las muertes. Durante todo el periodo de fe, el alma se queda sin movimiento; pero después de que Dios ha infundido en ella la divina actividad, su esfera es extendida infinitamente; sin embargo, tan enorme como pueda ser, no puede ejecutar un solo movimiento originado en el yo.

    CAPITULO II LA VIDA EN DIOS

  58. No hay más que se ha de decir aquí de los niveles; el de la gloria siendo todo lo que queda, todos los recursos siendo dejados atrás, y el futuro consistente en nuestro disfrutar de un infinito manantial de vida, y ésta, más y más abundantemente (Juan 10:10). A medida que Dios transforma el alma a Su semejanza, su vida le es comunicada más copiosamente. El amor de Dios hacia la criatura es incomprensible, y su diligencia inexplicable; algunas almas Él persigue sin descanso, las protege, Él mismo se sienta a su puerta, y se deleita a Sí mismo en estar con ellas y en

    llenarlas con las marcas de su amor. Él imprime este casto, puro, y tierno amor sobre el corazón. San Pablo y San Juan el Evangelista, sintieron al máximo este afecto maternal. Pero para que sea como lo he descrito, debe ser dado al alma en el estado de gracia del que acabo de hablar; de otra manera, tales emociones son puramente naturales.

  59. La oración del estado de fe es un absoluto silencio de todos los poderes del alma, y un cese de toda obra, por delicada que sea, sobre todo cuando su fin está próximo. El alma en este estado, no pudiendo percibir más oración, y no siendo capaz de separar unos tiempos fijados para ella, ya que todos los tales ejercicios han sido arrebatados, es guiada a pensar que ha perdido por completo toda clase de devoción. Pero cuando la vida regresa, la oración vuelve con ella, y acompañada de una maravillosa facilidad; y a medida que Dios toma posesión de los sentidos y facultades, se devoción se vuelve dulce, tierna, y muy espiritual, pero siempre para Dios. Su anterior devoción le hacía sumergirse en su propio interior, para poder disfrutar a Dios, pero aquello que ahora posee, la saca del yo, de tal manera que pueda estar más y más perdida y cambiada en Dios.

  60. Esta diferencia es bastante acusada, y sólo se puede lograr entender por la experiencia. El alma está callada en el estado de muerte, pero su quietud es estéril, y acompañada de un desesperado divagar que no deja más señales de silencio que la propia imposibilidad de dirigirse a Dios, sea con labios o corazón. Pero tras la resurrección, su silencio da fruto y es asistido por una unción en sobremanera pura y refinada, la cual es deliciosamente difuminada por los sentidos, pero con tal pureza, que ocasiona no poder resistirla, y no conlleva impureza alguna.

  61. Es ahora imposible para el alma el tomar lo que no tiene, o desprenderse de lo que tiene. Recibe con una pasiva voluntad cualquier impresión que se realiza sobre ella. Su estado, aunque sobrecogedor, estaría libre de sufrimiento si

    Dios, que la hace mover hacia ciertas cosas libres, le otorgara la necesaria correspondencia. Pero ya que su estado no lo va a soportar, se hace necesario que lo que Dios desea que ella tenga, le sea comunicado por medio de sufrimiento.

  62. Sería incorrecto que tales personas dijeran que no desean estos medios; que sólo desean a Dios. Él está preocupado de que estas personas deban de morir a cierto soporte interior del yo, el cual les hace decir que sólo desean a Dios, y si rechazaran estos medios, ellas mismos se apartarían del orden de Dios, y pondrían bajo arresto a su progreso. Sin embargo, al ser otorgados sencillamente como medios, aunque fructíferos en gracia y virtud, a pesar de ser secretos y estar ocultos, finalmente desaparecen cuando el alma se encuentra unida a los medios en Dios, y Él se comunica a sí mismo directamente. Entonces Dios retira los medios, sobre los cuales ya no imprime más movimientos en la dirección de la persona a la cual están sujetos; pues puede que entonces sirvieran como impedimento, al ser por fin reconocida su utilidad. Por consiguiente, el alma ya no puede tener lo que tenía, y permanece en su primera muerte con respecto a ellos (los medios), aunque aún están estrechamente unidos entre sí.

  63. En este estado de resurrección, llega ese silencio inefable, por el cual no sólo subsistimos en Dios, sino que tenemos íntima comunión con Él, el cual, en un alma muerta así a su propio obrar, y muerta a su generalizada y fundamentalizada forma de auto–apropiación del yo, se convierte en un flujo y reflujo de la comunión divina, con nada que mancille su pureza; pues no hay nada que lo impida.

  64. Entonces el alma se vuelve una partícipe de la inefable comunión de la Trinidad, donde el Padre de los espíritus imparte su fecundidad espiritual, y la hace un espíritu con Sí mismo. Aquí es cuando tiene comunión íntima con otras almas, si ellas son lo suficientemente puras para recibir sus

    mensajes en silencio, de acuerdo a su nivel y estado; aquí, cuando los inefables secretos son revelados, no por una momentánea iluminación, sino en Dios mismo, donde todos ellos están escondidos, el alma no los posee para sí misma, ni tampoco los ignora.

  65. Aunque con esto he dicho que el alma tiene entonces algo nítido* (discernible), sin embargo no es nítido en referencia a sí misma, sino a aquellos con los cuales tiene íntima comunión; porque lo que dice es dicho naturalmente y sin atención, pero parece extraordinario a los oyentes, quienes, no encontrando ese algo en ellos, a pesar de que pudiera estar allí, lo consideran algo nítido y maravilloso, o quizás fanático. Las almas que todavía están habitando entre los dones, tienen iluminaciones nítidas y momentáneas, empero estos últimos sólo tienen una luz general, sin los rayos definidos, la cual es Dios mismo; de ahí extraen ellas lo que quiera que necesiten, lo cual es nítido cuando quiera que es solicitado por aquellos con los cuales ellas están conversando, pero después no queda nada de eso junto a ellas.

    * Ver nota v.52 y v.24

    CAPITULO III

    LA TRANSFORMACIÓN

  66. Hay miles de cosas que se podrían decir acerca de la vida interior y celestial del alma llena así de vida en Dios, la cual muy amorosamente Él abriga y protege para sí, y a la cual Él cubre externamente con humillación, porque Él es un Dios celoso. Pero requeriría un tomo entero, y sólo tengo que

    cumplir con tu petición. Dios es la vida y alma de esta alma, que ininterrumpidamente vive así en Dios, como un pez en el mar, en inexpresable felicidad, aunque cargada de los sufrimientos que Dios extiende sobre ella por causa de otros.

  67. Se ha vuelto tan sencilla, especialmente cuando su transformación está avanzada, que va caminando perpetuamente sin un solo pensamiento para ninguna criatura o para sí misma. No tiene más que un propósito, hacer la voluntad de Dios. Pero al tener que relacionarse con muchas de las criaturas que no pueden alcanzar este estado, algunas de ellas le causan sufrimiento al tratar de forzarla a tomar un cuidado de sí, a tomar precauciones, y cosas así, cosas que no sabe hacer; y otras criaturas, por su necesidad de ver una correspondencia con la Voluntad de Dios.

  68. Las cruces de tales almas son las más severas, y Dios las deja bajo las más miserables humillaciones y un muy común y débil exterior, aunque ellas son su deleite. Entonces Jesucristo se comunica a Sí mismo en todos sus estados, y el alma es dispuesta en sacrificio, con sus inclinaciones y con sus sufrimientos. Ella entiende lo que el hombre le ha costado, lo que su falta de fe le ha hecho sufrir, qué es la redención de Jesucristo, y cómo Él ha soportado a sus niños.

  69. La transformación se reconoce por la falta de distinción entre Dios y el alma, ya no siendo ésta capaz de separarse a sí misma de Dios; todo es igual a Dios, porque ha entrado en su Fuente Original, es reunida en su TODO, y transformada en semejanza a Él. Pero es suficiente para mí el perfilar los contornos generales de lo que deseas saber; la experiencia te enseñará el resto, y habiéndote mostrado lo que debería ser para ti, puedes juzgar lo que soy en nuestro Señor.

  70. En la medida en que su transformación es perfeccionada, el alma encuentra un más amplio carácter en sí misma. Todo es expandido y dilatado, haciéndola Dios partícipe de su infinidad; de tal manera que a menudo se encuentra a sí misma inmensa, y toda la tierra no parece más

    que un punto en comparación a esta maravillosa extensión y amplitud. Cualquier cosa que esté en el orden y voluntad de Dios, la expande; cualquier otra cosa la contrae; y esta contracción la contiene de perder el conocimiento. Ya que la voluntad es el medio de llevar a cabo la transformación, y el centro no es más que todas las facultades unidas en la voluntad, cuanto más transformada es el alma, tanto más es su voluntad cambiada e introducida en lo referente a Dios y tanto más Dios mismo es el que desea para el alma. El alma actúa y obra en este deseo o voluntad divina, que de esta forma es substituido por el suyo de manera tan natural que no puede decir si la voluntad del alma se ha convertido en la voluntad de Dios o la voluntad de Dios se ha convertido en la voluntad del alma.

  71. Con frecuencia Dios exige sacrificios de las almas así transformadas en Él; pero no les cuesta nada, ya que ellas lo sacrificarán todo a Él sin repugnancia. Los más pequeños sacrificios son los que más cuestan, y los más grandes los que menos, pues éstos no son exigidos hasta que el alma está en un estado que le permite admitirlos sin dificultad, para lo cual tiene una tendencia natural. Esto es lo dicho de Jesucristo de su venida al mundo; “Entonces dije, he aquí, Yo vengo: en el tomo del libro está escrito de mí; me deleito en hacer Mi Voluntad, o mi Dios; ¡sí!, tu amor está dentro de mi corazón.” (Salmo 11: 7, 8) 10 Tan pronto como Cristo llega a cualquier alma para convertirse en su principio viviente, Él dice lo mismo acerca de ella; Él se convierte en el eterno Sacerdote que sin cesar lleva a cabo dentro del alma su función sacerdotal. En verdad esto es sublime, y continúa hasta que la víctima es llevada a gloria.

    10 El manuscrito original así lo cita, aunque tal salmo no corresponda con la cita, y ello puede deberse a un error de transcripción; o bien su causa podríamos encaminarla al hecho de que la versión francesa de los Salmos pudiera diferir de la nuestra; los Salmos han dado lugar a diversas traducciones a lo largo de toda la historia, y todas ellas varían entre sí. Notemos el pronombre posesivo “Mi”, que no es lo mismo que “Tu”.

  72. Dios destina a estas almas para el auxilio de otras en las más enrevesadas sendas; pues, no teniendo más inquietud ya con respecto a sí mismas, ni teniendo nada que perder, Dios las puede usar para introducir a otras al camino de su pura, desnuda y segura voluntad. Aquellos que todavía están poseídos por el yo no podrían ser usados para este propósito; ya que, no habiendo entrado aún en un estado en el cual siguen ciegamente la voluntad de Dios por sí mismos, sino que están siempre mezclándola con sus propios razonamientos y falsa sabiduría, de ninguna manera se encuentran en una condición como para ocultar nada al transmitirlo a otras almas de una manera ciega 11. Cuando digo “ocultar nada”, me refiero a aquello que Dios desea en el momento presente; porque con frecuencia Él no nos permite mostrar a una persona todo lo que le es de estorbo, y lo que nosotros vemos debe pasar de largo con respecto a esa persona, excepto en términos generales, ya que ésta no lo puede sobrellevar. Y aunque algunas veces puede que digamos cosas duras, como Cristo dijo a los Cafernaítas, a pesar de ello Él otorga una fuerza secreta para soportarlo; al menos así lo hace con aquellas almas a las cuales ha elegido exclusivamente para Él; y este es el quid de la cuestión.

11 Es una forma de decir que aquellos que no están preparados para ello, al intentar comunicar cosas espirituales a otras almas, normalmente dicen demasiado de golpe. No saben que la cantidad de palabras no necesariamente suponen ayuda, ni que omitir ciertas cosas es beneficioso para el alma. Si uno está preparado para ello (cuando Dios posee al alma verdaderamente), pronunciará las palabras que el Espíritu le guíe a decir.


XII

CUÁN LLENA DE DULCE MELODÍA

Mi Señor, cuán llena de dulce melodía:

¡De destierro atrás dejo mis días! More donde more, a tu lado me hallaré, Sea cielo, tierra, o mar, allí te esperaré.

Para mí no hay lugar ni tiempo; Pues mi país no tiene cuerpo; En calma y sin cuita puedo estar

Pues en cualquier orilla le habré de contemplar.

Mientras busquemos o dejemos atrás lugar, En ninguna felicidad el alma tendrá hogar; Mas con Dios nuestra senda para guiar, Igual gozo es, quedar o marchar.

Si donde Tú estás no pudiera yo habitar, Terrible destino en verdad contemplar; Mas regiones remotas no puedo nombrar, Segura de en todas a Dios hallar.

Jeanne Guyón

Poema escrito en cautividad.


XIII

UNA BREVE BIOGRAFÍA DE GENE EDWARDS

Gene Edwards es autor de unos treinta libros cristianos. Los más conocidos son “El Divino Romance”, “Perfil de Tres Monarcas” y la serie “Crónicas de la Puerta”. Mantiene conferencias a lo largo de EEUU y el mundo que tratan sobre la vida cristiana más profunda, y forma parte del movimiento de Iglesias en Casas.

Una entrevista con Gene Edwards, Las raíces de Gene

Gene Edwards tiene parentesco con el pueblo francés; concretamente con Lousiana Cajun. En el año 1790 un hombre francés llamado Joseph Edoir desembarcó en el puerto de Nueva Orleans y así fue como la familia Edwards empezó en América. Su padre, J.C.”Negrete” Edwards, un jornalero de los campos petrolíferos, se mudó a Texas durante el boom del petróleo. En 1927 se casó con Gladys Brewer. Tuvieron dos hijos, y Gene fue el segundo.

Cuando Negrete Edwards se casó era analfabeto, al igual que todos sus antecesores. La madre de Gene era hija de un granjero nómada; es decir, la familia se ganaba el pan trasladándose de un sitio a otro recogiendo algodón. El

padre de Gladys le tenía fobia a los tornados, con lo que creció en una prisión contra las tormentas, una especie de trinchera a tres metros bajo tierra. Gladys fue la primera persona de su familia que consiguió ir a la Universidad. Gracias a su diploma universitario pudo enseñar gramática en la escuela. Durante toda su vida tuvo un único sueño... hacerse escritora; un sueño que nunca llegó a cumplirse. Sin embargo su don fue legado a su hijo pequeño.

Como el padre de Gene era un jornalero de un pozo petrolífero, Gene creció en un mundo de hombres —un mundo duro, bravo, sin sentido—, un tosco mundo poco pretencioso. Este hecho ha dejado una huella que ha perdurado a lo largo de su vida, tanto de cristiano como de ministro.

A la edad de tres años, en Conroe, Texas, Gene contrajo la escarlatina. Sus pulmones se inundaron, y respirar se hizo algo imposible. Estuvo cerca de la muerte. El médico no le ofreció ninguna esperanza de vida. En tres de sus visitas a la casa de los Edwards creyó que Gene había muerto. No tenía pulso y su piel se había puesto azul.

En ese momento, en lugares separados, tanto su padre como su madre le ofrecieron al Señor con la súplica: “Señor, si le dejas vivir, te lo ofrecemos completamente a ti.” (Gene no estuvo al tanto de este drama hasta que entró en el ministerio. Fue entonces su padre se lo contó. Después su madre lo confirmó.)

Gene fue a la escuela de Bay City, Texas. Sin saberlo, sufría un grave atraso en forma de dislexia. Además

era daltónico. Lo que sí que sabía era que le consideraban un niño torpe y atrasado. Era extremadamente tímido. Hace poco que acudió a la 50ª convención de sus antiguos compañeros de clase. No había nadie que se acordara de él. Hasta ese punto era tímido.

“No era difícil olvidarse de mí. Siempre me sentaba en la última fila y no decía ni mú.”

A los trece años sus padres se divorciaron. Cada uno siguió un camino diferente. Gene pidió que se le permitiera acudir a una academia militar. Así, su año de novato lo pasó en la Academia Militar Bautista de San Marcos, en Texas.

“No sabía que la escuela era una especie de reformatorio. La mayor parte de los chicos tenía antecedentes policiales y les habían dado a elegir entre una academia militar o una escuela reformatoria. Fue un año duro, por decir algo, pero sobre todo fue uno de esos actos soberanos que Dios usó para moldear mi vida.”

Los dos años siguientes Gene vivió solo en Cleveland, Texas.

A causa de la dislexia no podía leer en alto. Tampoco podía deletrear. (Aún hoy no puede hacerlo.) Así mismo, debido a la gravedad de la dislexia, su escritura era irreconocible. (Aún hoy lo es.) Gene no superó las matemáticas de Bachillerato. (Aún hoy tampoco las ha superado.) En su cartilla de notas hay cuatro MD (muy deficiente). Los cuatro MD son en una sola asignatura: Álgebra I. (¡Para poder graduarse y pasar a la Universidad

tuvo que hacer seis créditos de latín para compulsar un solo crédito de Álgebra que nunca habría de aprobar!)

El 17 de Julio de 1949, el día anterior a su diecisiete cumpleaños, Gene sufrió un descalabro, en palabras suyas, “me di de cabeza contra Jesucristo.” Fue salvo en el asiento trasero de un Chevrolet de 1934, al lado de un cementerio donde había ido a estar a solas. Entre las muchas, muchas cosas que su conversión sembró, fue que empezó a romper la cuerda de la timidez.

En el verano de 1950, a un semestre de su graduación, Gene conoció a Helen Rogers. Sólo contaba con 17 años, y ella tenía 19.

A últimos de enero del año 1951, Gene se graduó en el instituto, a la edad de 18 años. Era sábado. El domingo 21 de enero, hizo su entrada en público en el ministerio, y el lunes se matriculó en el Seminario Teológico Bautista del Suroeste en Fort Worth, Texas. Probablemente fuera el universitario más joven que nunca se inscribiera en ese seminario.

Mientras tanto, a Helen le ofrecieron un trabajo en la Escuela Dominical Bautista del Sur, en Nashville. Al mismo tiempo, Gene tuvo el privilegio de formar parte de uno de los estudiantes americanos seleccionados para representar a América en el Seminario Internacional Europeo Bautista en Zurich, Suiza. Llegó allí en Septiembre de 1951, casi al mismo tiempo que Helen se mudó a Nashville.

Así, su primer año de entrenamiento teológico lo pasó en Europa, en la misma ciudad que fue la cuna del

movimiento Anabaptista. Mientras estuvo allí, la mayor parte de las asignaturas versaban sobre historia de la iglesia. Ese verano, con sólo $300 en el bolsillo viajó desde Zurich hasta Tierra Santa. Visitó Grecia, Creta, Chipre, Egipto, Líbano, Siria, Jordania e Israel.

“Iba en 4ª clase, lo que significaba que dormía en la cubierta del barco. Viajé haciendo dedo por aquellos países. El peligro de hacer autostop en países en guerra, de los cuales seis odiaban entonces a los norteamericanos, no se dejó sentir hasta varios años después.”

Al regresar de Israel a Europa, Gene se quedó el resto de ese verano viviendo en Roma. Todo esto sucedió antes de su vigesimoprimer cumpleaños.

En septiembre de 1952 regresó al Seminario del Sudoeste. De nuevo todos sus créditos optativos los cursó en historia de la iglesia.

Con 21 años Gene se casó con Helen ¡en la televisión! Se casaron en el estudio B de la plaza Rockefeller de Nueva York. En aquel entonces había un programa en la NBC titulado La novia y el Novio. Se invitaban parejas con historias interesantes que contar. Tras la entrevista se casaron. En la televisión, ante una audiencia de 6.000 personas.

El ministro que los casó fue Frank Laubach, quien, por entonces, probablemente fuera uno de los 3 o 4 ministros más famosos del mundo —posiblemente una de las personas más conocidas a lo largo y ancho del globo. El

doctor Laubach había viajado a casi todos los países del mundo, como invitado de los respectivos gobiernos, para ayudar a establecer programas para enseñar a leer y escribir a los analfabetos. En la India Laubach era considerado un héroe y una leyenda.

El verano anterior Gene había hecho un curso sobre cómo escribir para “cuasiletrados” en la escuela Scarritt de Nashville. Entonces no se hubiera imaginado que el curso de ese verano afectaría su estilo como escritor por el resto de su existencia. “Escribo libros de un nivel de bachillerato... ¡el mismo nivel de mis matemáticas!”

En 1954 se graduó del Seminario del Sudoeste. (Tiene título para enseñar teoría del lenguaje (“lengua”) en bachiller y universidad) Gene comentó esto respecto a su educación de seminario, “Mirando en retrospectiva, en realidad nunca encajé en el molde típico ministerial. Me había criado en un tosco campo petrolífero del este de Texas. Nunca entendí porqué los ministros cambiaban su voz cuando oraban, al tiempo que mantenían sus manos juntas de forma piadosa. Ni tampoco porqué hablaban con una voz gótica o “retórica típica de cristal tintado” cuando oraban. Ni tampoco porqué sus oraciones se pronunciaban con vocablos ingleses típicos de la edad media. Sencillamente yo no encajaba en este cuadro. Cuando pastoreaba, mis formas dejaban consternada a la congregación. Así mismo, parecía que ponía nerviosos a los ministros. Durante los veranos me había ganado la vida dando clases en toscos y vulgares institutos. Ese era el mundo en el que había crecido. Los campos petrolíferos me dieron de mamar. Todo ello hace de mí un pésimo modelo

de ministro. Nunca se me pegó nada del presumido mundo del ministerio. Esto me dañaría mucho como pastor. Piensa por un momento los problemas que generó con la gente de la iglesia. Esta falta de presunción habría de zarandear — llegaría a ser una especie de grave enfermedad de la que había que huir— mi vida por completo para cuando tuve 30 años y me salí de la iglesia organizada.”

Después de acabar su educación en el Seminario Gene se hizo pastor de la Iglesia del Tabernáculo Bautista de Pickton, en Texas. Tiene muchas anécdotas divertidas para contar de esa época en su vida.

“Casi desde el primer día choqué de frente con los diáconos, con las tradiciones de la iglesia, los poderes establecidos, y las expectativas ministeriales de la congregación. ¡En realidad nunca formé parte del pastorado! Tampoco nunca hubo en mi vida un momento en el que sentí que hubiera de ser pastor. Ocurrió porque era lo que se suponía que tenía que pasar. Aparte de eso no sabía por qué estaba ahí. En definitiva, hicimos lo que hicimos.”

Gene entró en el evangelismo con 25 años. Para cuando tenía 27 años mantenía campañas a nivel de toda una ciudad y era autor de dos libros, ambos bestsellers. (Y ambos retirados de imprenta cuando abandonó a la iglesia institucional.)

El ministerio evangelístico de Gene creció al punto que no sólo mantenía campañas asistidas por múltiples iglesias, sino que incluso fue invitado por muchas

denominaciones de América para entrenar a sus líderes en el evangelismo personal.

Sin embargo, durante todo este tiempo una desesperación se adueñaba de su ser, un sentimiento de que estaba obrando en el alma, no en el espíritu. Así mismo se dio cuenta de que esto también ocurría en todo el ministerio a lo largo y ancho del planeta.

“Ninguno de nosotros sabíamos mucho de Cristo.”

Gene tuvo un impulso que le guiaba a conocer mejor al Señor. No sabía que en lo profundo de su ser latía el corazón y el ansia de un místico cristiano. No había manera de que llegara a saberlo, pues siempre había sido un “hacedor”, no un “contemplador”.

Alguna de las cosas que Gene aprendió como evangelista fue (en palabras de Gene): “Que todas las reuniones de los domingos por la mañana estaban muertas y eran aburridas, da igual la denominación que fuera.” Parecía no haber relación alguna entre nuestras prácticas modernas al compararlas con lo que sucedía en la iglesia del primer siglo. “Y lo que es más, y es peor, ninguna persona con la que me relacionaba parecía conocer al Señor con profundidad, y nadie parecía tener algún interés en conocerle mejor. Esto último me preocupaba. ¿Me habría de quedar en un plano tan superficial en mi vida Cristiana?”

“Cada mensaje que oía, y cada idea novedosa a la que me veía expuesto, no era más que un parche de cosas del pasado. No hay nada nuevo allá afuera.”

(Una vez Gene mencionó que no ha oído un mensaje o ha escuchado una nueva idea en el cristianismo organizado que ya no hubiera escuchado, o leído, para cuando contaba 22 años).

En 1962, con 29 años, desesperado por conocer mejor al Señor, y desesperado por encontrar una expresión de la iglesia del primer siglo, Gene suspendió todas sus conferencias. Se tomó un año fuera del ministerio.

Durante ese año, sentado al borde de su escritorio en su casa del 1620 de la avenida Snead en Tyler, Texas, escribió toda la historia del primer siglo. No pasó ni un detalle por alto, fuera nombre de persona, lugar o acontecimiento. Usó cualquier libro que pudo encontrar en imprenta que contuviera alguna pincelada de la historia del primer siglo. Como consecuencia, Gene tejió lo que habría de ser la primera historia completa del primer siglo cristiano. Esa creciente concienciación de que en realidad no había ninguna relación entre el cristianismo del primer siglo y el de hoy en día, ahora se veía confirmada.

El impacto de ese sencillo hecho habría de cambiar su vida para siempre.

Algunos años después Gene escribió un libro titulado Revolución: La Historia de la Iglesia Primitiva. Era su tercer escrito.

Pero pasarían cerca de cuarenta años antes de que Gene empezara a publicar el resto de esa historia en forma

manuscrita. Estos libros se titulan Los Diarios del Primer Siglo. Es un volumen compuesto de cinco libros que cuentan toda la historia del primer siglo, en toda su extensión. Edwards entrelaza, no sólo la historia de los primeros cristianos, sino que lo une con la complejidad de las costumbres sociales de aquel día, al igual que con el mundo marítimo, político, meteorológico, religioso y militar de aquel siglo.

Cuando ese año finalizó, a la edad de 29 años, Gene supo que no podía seguir formando parte de la iglesia organizada y mantener una conciencia limpia. La exposición de sus ideas a la iglesia en una docena de diferentes denominaciones, su propio deseo de conocer mejor a Cristo, su reciente atisbo de lo que era en realidad el primer siglo, y su deseo de experimentar la vida de la iglesia “en un estilo del primer siglo”, todo ello —junto a una obra intangible en su corazón— colaboró en crear esta crisis. A eso se suma el hecho de que se atiborró de historias de disidentes de la iglesia, como los Anabaptistas, por ejemplo. También había seguido la pista de casi todas las prácticas protestantes. Además de eso, su corazón estaba en llamas por llegar a conocer mejor a su Señor.

“No había manera de seguir en la senda tradicional sin ponerme en un compromiso. Tuve que marcharme para salvaguardar la integridad. En 1963 hice velas a un océano poco transitado, sobre unas aguas que no estaban trazadas en cartas de navegación.”

“No abandoné la teología evangélica. Las doctrinas históricas de la fe protestante son mías mientras viva. Lo

que dejé fue la práctica del protestantismo evangélico. Nunca lamentaré esa decisión. Es más, sólo deseo que el Señor guíe a más personas llamadas por Dios para andar esta senda.”

A lo largo de los seis años subsiguientes, Gene Edwards se recorrió de cabo a rabo los E.E.U.U., y también el Lejano Oriente (China...) buscando personas que supieran algo acerca de una práctica cristiana al estilo del primer siglo. Y siempre buscando a alguien que pudiera decirle más para conocer al Señor.

Esta fue la dinámica, las fuerzas que moldearon su

vida.

“El día que dejé el ministerio tradicional dije al Señor, ‘Jamás volveré a servirte en lo que me reste de vida. Ni un día, ni un minuto. Aquí está mi cadáver —si quieres expresar tu vida a través de mí, entonces eres libre de hacerlo. Pero tú serás el que vivirá esa vida, no yo. ¡Nunca más volveré a servirte! De aquí en adelante, cualquier cosa que ocurra será lo que tú hagas’. ¿La respuesta de Dios? Dios me puso en un estante durante cinco años, aparte de que me arrebató la salud para siempre.”

Gene ha dicho a menudo que como pastor y evangelista, al igual que otros muchos ministros... “¡Seguimos al dios equivocado! Nuestro dios no es Jesucristo. El verdadero dios ante el que nos postramos es el servir a Jesucristo. Estamos muy atados al hecho de servir a Jesucristo (llevando a cabo aquello que nosotros creemos que Él quiere), atados a las cosas que creemos que Él

enfatizó, a las cosas que creemos que Él espera de nosotros, y al mismo tiempo estamos sirviendo a un Señor que apenas conocemos. Renuncié a ese dios, al dios de servir a Cristo.

¡Ahora es Cristo!”

A últimos de diciembre de 1968, cinco años después, Gene dio un mensaje a estudiantes de bachiller que se reunían en un auditorio en U.C.L.A. El cassette de ese mensaje llegó a conocerse como “La cinta de U.C.L.A”. Se convirtió en la cinta más escuchada del “Movimiento de Jesús.” (Círculo Santo ha traducido este mensaje, y está disponible en www.iglesia.net, sección “estudios bíblicos”.)

En marzo de 1969 Gene fue invitado a Santa Bárbara, California, por un grupo de estudiantes de la Universidad de California de Santa Bárbara. Se reunían en un pequeño pueblecito que formaba parte del campus de la universidad llamado Isla Vista.

“Hasta ese momento no hubo nada que yo hiciera que se pudiera clasificar como ministerio. Los libros que había escrito cuando era joven, las campañas multitudinarias — todo aquello— fueron de poco o de ningún valor eterno.”

Las iglesias en casas

Desde ese momento Gene ha estado involucrado en fundar iglesias en casas; esto es, ayudando a cristianos a reunirse en casas. Hoy en día hay una congregación de creyentes con los que Gene está involucrado, en cada una de las siguientes ciudades: Jacksonville (Florida), Lithia Springs (Atlanta), Colorado Springs, Philadelphia, Dearbon (Michigan), Ventura (California), Houston (Texas), Minneapolis, Rotterdam (New York).

Gene mantiene conferencias sobre la vida de iglesia y sobre la vida cristiana más profunda.

Aparte de eso, Gene es escritor. Sus libros pueden encontrarse en casi cualquier librería del mundo anglohablante.

Sus libros

Hace poco que se desarrolló una encuesta con los dueños de las librerías en cuanto a qué libros cristianos — escritos en el siglo veinte— se podrían clasificar como literatura... en contra de simples “escritos.” Se preguntó a los dueños de las librerías lo siguiente: “¿Qué libros escritos en el siglo XX piensa que perdurarán al tiempo? ¿Cuáles piensa que aún estarán en los estantes dentro de 100 años?

¿Siendo impresos? ¿Aún siendo conocidos?” Esta fue la respuesta:

Sólo tres libros componían esa lista. Fueron: Mi Todo por Su Todo de Oswald Chambers, Cristianismo y nada más de C.S.Lewis, y El Divino Romance de Gene Edwards.

Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo..

¡De Él , por Él , y par a Él !

(GENE EDWARDS)

Esta charla vio la luz a raíz del nacimiento de una Nueva Iglesia en Atlanta, el 31 de diciembre de 1989.

Este mensaje se dio en una habitación de alquiler a reventar de gente que venía de todos los rincones de América. Algunos éramos naturales de la propia ciudad de Atlanta, y para nosotros este mensaje fue una especie de manifiesto. Las dos tardes anteriores Gene (Edwards o “Edu” para los amigos) había hablado de las cosas en las que la Iglesia no debía centrarse. Esta noche nos dijo en qué debíamos centrarnos, quiénes éramos, y de dónde proveníamos. Considera esto como un manifiesto acerca de Quién (o qué) puede ser la Iglesia.

Voy a contaros rápidamente lo que dijimos en las dos últimas reuniones. (Y puede que no lo veas así.) En realidad lo que dije la primera noche era que si os vais a reunir aquí, en esta Iglesia, dejad vuestras convicciones en la puerta por favor — todas ellas, junto a vuestra doctrina. Ahora bien, en un principio eso suena fatal. Después de todo... ¿no es Cristo nuestra doctrina?

¿No se supone que debemos tener una doctrina sana? ¿Qué son esas cosas que encontramos en el Nuevo Testamento que nos dicen lo que deberíamos ser y que a todos nos causan repelús? Todo eso suena muy bien hasta que juntas a un grupo de personas. Después vas y juntas a un grupo de personas y cada una de ellas tiene un punto de vista diferente acerca de lo que es una Iglesia, y acerca de lo que debéis hacer, y cada uno de nosotros llega de un contexto diferente, y sobre todo tenemos inclinaciones diferentes. Entre vosotros hay quienes sólo quieren

cantar, y escribir, y pintar puestas de sol. Hay otros que queréis evangelizar el mundo. Las inclinaciones se expresan de una forma determinada y esas inclinaciones tienden a barrer para sí ciertas doctrinas. Puedo encontrarme con una persona, conocerla en quince minutos, y deciros, en muchos de los casos, en qué va a estar interesada esa persona. Encuentro de lo más fascinante a las personas enamoradas de las señales y de los prodigios. La mejor de las pistas para saberlo es que nunca mantienen un trabajo estable, y si en verdad mantienen un trabajo estable, no es trabajo propiamente dicho. Bien, ¿no es eso interesante? No son personas ambiciosas. Te quieren contar esa historia acerca de la nube que vieron, o de la que oyeron hablar, allá en Rusia. La nube era una señal, una profecía. Algunos decían que había fuego en esa nube. Esas personas son las que me escriben cartas, y las cartas son así de gordas. Están llenas de ‘tal y tal profecía’ y ‘esto/aquello...’ Eso se llama inclinación o predisposición.

<pausa>

Gran parte de nuestro denominacionalismo se basa en inclinaciones y en aquello que atrae a personas diferentes. ¿Qué os estoy diciendo? Os estoy pidiendo, rogando... que dejéis a la puerta todo excepto el amor por el Señor. Dejad vuestras críticas. Porque, mi querido amigo, tenemos mucho que criticar y de lo que ser criticados. Si esperas venir aquí, o a cualquier otro sitio tan informal como este, y encontrar una especie de lugar perfecto, eres el candidato favorito para salir perdiendo. Le pediría a todo el mundo, a cualquiera que esté pensando en experimentar la Vida de Iglesia, os suplicaría que leáis —¿es el primero o el segundo capítulo de Vida Juntos?— ... se llama “El Sueño de tu Vida” (Está en el segundo capítulo). Todo el mundo llega a una congregación, a una comunidad, con el sueño de su vida o, si lo prefieres, con una lista de sueños. Y luego está el teórico, y este es el de ‘deberíamos ser esto y esto y esto...’ y ‘tenemos que hacer esto, esto, y esto’... Sube aquí, sólo sube aquí y mira a este grupo de personas que estoy mirando. ¿Alguna

vez has tenido cien pollitos en una caja? ¿Puedes decir que has experimentado alguna vez lo que es tener cien pollitos en una caja? ¿Sabe alguien lo que significa tener cien pollitos en una caja? ¿Alguien? ¿En este sala? Bueno, ¡cuando era pequeño solía criar pollitos! Pues pones cien pollitos en una caja... ¡y cuando te das la vuelta hay cincuenta fuera! Y te pones a cojerlos y los vuelves a colocar en su sitio, y cuando los has vuelto a poner allí los otros cincuenta no están. No has avanzado nada... No sé cómo conseguimos alguna vez tenerlos todos en una caja. Cuando quitas la tapa... ¿Sabéis lo que es un pollito? Es una gallina bebé. Es una pequeña cosita de dos, tres, o cuatro días de vida. Una gallina bebé. ‘¡Chip, chip, chip, chip!’... y se salen de la caja. Eso es la iglesia. ‘Perfecto, haremos esto, esto, esto, y esto.’

¡Vete y organiza a esos polluelos! Pero hombre, da gracias que logremos salir con vida. Y de eso se trata, bueno, si lo logramos hemos hecho un milagro. Con sólo salir con vida. Tus teorías no funcionarán. Vas a vivir siendo un viejo amargado, triste, y defraudado. Tengo un querido amigo que viene a... —mejor que no sea demasiado explícito— pero va buscando la Iglesia perfecta. Ahora andará por los setenta años. Dios le ama, sé que tendrá un lugar especial en el Cielo, pero no va a encontrarlo en la Tierra. Muchacho, seguro que no ha encontrado nada parecido en mi ministerio. ¡La palabra ‘perfecto’ se me atraganta!

¡Muchacho! No tengo nada de qué jactarme en el camino del Reino de Dios. El hecho de que nos reunamos es un milagro. Así que cuando vengas, ven en general, no vengas en específico. Esa fue mi primera noche. <pausa>

Renunciar a la referencia de uno mismo y no venir con una referencia de Dios, sino hacerse uno con el propósito de Dios, y compartir con Él —y voy a usar esta palabra “Su celo” para explicar por qué creó, Su propósito, y la intención que había detrás de todo ello— ocupará lo que queda de conferencia, y será algo a lo que necesitarás volver una y otra vez por la sencilla razón de que es algo a lo que nos resulta muy difícil aferrarnos.

Pasamos verdaderos apuros al intentar aferrarnos a estas cosas. Por lo tanto, vamos a empezar ahora con el mensaje de esta noche. Eso ha sido un repaso. Si alguien quiere parar y hacer una pregunta, por favor hacedlo. ¡Oh, bien! ¡Tenemos aquí dos extrovertidos que siempre están dispuestos a hacer una pregunta!

—¿Qué pasa con los ancianos?

Tener ancianos en América significa tenerlos sin nombre, y que los hermanos y hermanas sean lo suficientemente avispados como para imaginarse quiénes son. En los Estados Unidos no puedes dar un título. No puedes hacerlo, sencillamente. Y a pesar de lo que yo haga a la hora de elegir a alguien, o lo que vosotros hagáis, o lo que haga cualquier otro, en la Iglesia hay hombres que son ancianos. Simplemente lo son. No puedes detenerlo, no puedes evitarlo. //// Pero siempre hay dos hermanos que creen que lo son, y no lo son. Están completamente convencidos de que lo son, y se preguntan por qué la gente no lo ha descubierto todavía. Se ofuscan, con qué facilidad se ofuscan cuando tienen el más mínimo interés en sí mismos. <pausa>

Tuvimos que dejar marchar a un hombre que trabajaba para Christian Books (Libros Cristianos). Fue algo muy feo. No se podía decir nada bonito de él, así que todos los que formaban parte del equipo se pusieron de acuerdo para decir algo agradable de él. Todos decidimos decirle lo mismo. Lo único agradable y positivo que se nos ocurrió decir, en vez de humillarlo, te llevaba a pensar que era el único cumplido que jamás se había hecho en toda la historia de la raza humana. Y, con ese cump lido en su mano, quería controlar y manejar todo el cotarro. Cuando un hermano o hermana acudía a él para pedirle su opinión sobre algo, se inflaba tanto que parecía que iba a reventar. //// Llegará el momento en que tenga que irme. No voy a nombrar ancianos. Pero tiene que haber alguien que tenga la última responsabilidad

en cosas como los gastos, las facturas, y cosas así. Y podemos tener tres hermanos que se cuiden de esas cosas. Y cada seis meses más o menos, uno de ellos tendrá que dejarlo para que otro tome su lugar. Pero esos no son ancianos, simplemente son hermanos. Pero yo no me atrevería a dejar que los mismos tres hermanos se ocupen de ello. Los demás hermanos tendrán envidia. Mucha envidia. Y se inflarán como globos. ¿No es lamentable? ¡Di amén! ¿Es o no es lamentable? Si conoces un remedio para eso, házmelo saber. Por eso tenemos que hacerlo así. De aquí a cien años, cuando todos hayamos madurado, a lo mejor alguno de estos hermanos es capaz de manejar el término anciano. No sé si en América es posible. Como os dije la otra noche, hay dos clases de Americanos: los anarquistas, que no quieren ningún tipo de gobierno, sea cual sea, y los otros, que quieren ser el señor, dictador y demagogo indiscutible por encima de todo el mundo.

¿Cuál es vuestra tercera pregunta?

—¿Dónde encaja un diácono? ¿Qué es un diácono?

No creo que exista tal cosa como un diácono. De verdad que no. Es una transcripción de una palabra que significa siervo. Creo que todos somos siervos. Podrías argumentar a favor del diácono. Con las Escrituras. Pero me gustaría mucho que dejásemos de transcribir todos versículos, todas las palabras del Nuevo Testamento. La palabra apóstol no significa nada. Y debería traducirse, no transcribirse. La palabra obispo ni siquiera debería traducirse —pero es una transcripción. Debería ser supervisor. Pero si tomaras, no sé... algunas veces la palabra diácono/diaconisa se traduce por siervo, y otras veces se traduce por diácono, que es una transcripción. Cuando juntan todos esos versículos, y los traducen, entonces lo que es un diácono se queda en algo muy, muy pequeño. Lo que quiero decir es que todos somos diáconos y diaconisas. Todos estamos aquí para

servir al Señor. (Amén.) Yo no veo diáconos. Vería a todos nosotros como diáconos. Así que (dirigiéndose al que ha hecho la pregunta)... te ha sido otorgada la investidura. (Risas.) Ahora soy diácono. Bien. Diácono Pépe, diácono Manolo, y así continuaría.

<pausa>

Por lo tanto dejadme seguir con lo que tenemos a mano. Si empiezas con el punto de referencia equivocado, todo punto de referencia posterior también será equivocado. Si empiezas con el hombre, siempre tendrás el punto de referencia equivocado. Incluso yo diría que si empiezas por Dios y trabajas para el hombre, eso te dará el punto de referencia equivocado. Aún me asusta un poco decir, ‘bien, simplemente empieza por Dios’, porque eso es fácil de decir. Pero si pudiera decirlo, diría que ‘si siempre pudiéramos empezar en lo eterno, en la mente de Dios, quedarnos ahí y hacernos con esa imagen, con esa mente, como nuestro punto de referencia...’ entonces tenéis el punto de partida correcto... ¿qué término estoy tratando de explicar aquí? Un punto de partida, para marchar adelante. Punto de partida. Hermanos y hermanas, nos falta eso. Pero yo le diría al grupo de personas que está en este salón, y a cualquiera que haya de venir aquí, ‘Esta semana me pongo firme para decir que éste será nuestro compromiso. Será nuestro compromiso total. Es todo lo que vamos a hacer. Siempre empezaremos por este propósito eterno.’ (¡Aleluya!) Ahí es donde empezaremos con todo, ahí. A lo mejor en otro sitio haremos cualquier otra cosa, pero aquí será un comienzo en Él como nuestro punto de referencia. Os lo voy a decir ahora, y lo voy a seguir repitiendo... no vengáis aquí por vuestras propias necesidades. Os voy a pedir que repitáis algo conmigo. El propósito eterno de Dios no se ve influenciado ni afectado por nuestras propias necesidades. Lo voy a decir otra vez y os dejaré que penséis acerca de ello. Las intenciones de Dios, Su propósito, Su razones para crear, para ofrecernos un destino, aquello que es tan innato a Él, no se ve afectado ni determinado por las necesidades del hombre. Ahora lo

dividiremos en trocitos pequeños y lo diremos una vez... el propósito eterno de Dios (se repite) no se ve determinado (se repite) ni afectado (se repite) por las necesidades del hombre (se repite). Así que deciros eso equivale a dejar claro lo que estoy tratando de decir a todos los que están aquí, y esto es, ‘Querido amigo, no venimos aquí para que tus necesidades sean satisfechas.’ Venimos aquí para unirnos a Su propósito. Y su propósito se encuentra fuera de nuestras necesidades. La caída no determinó, no originó, y no afecto a Su plan eterno (Amén.) Las necesidades que tú y yo tenemos como resultado de la caída no afectan ni influencian lo que Dios está haciendo para cumplir Su propio propósito. Simplemente déjame mostrarte lo que ocurre si te concentras en el hecho de que somos criaturas caídas, hemos sido salvados, y estamos muy necesitados: continuamos el resto de nuestras vidas fijándonos en eso y seguimos estando necesitados, y continuamos, inconscientemente, forzando a Dios a desviar el curso de Su actividad actual —sea lo que sea que cada uno sienta que Él está haciendo ahí arriba, o aquí abajo—, para venir y satisfacer esas necesidades. Ahora, hermanos y hermanas, si llegamos a ver, por revelación, Su plan eterno y nos hacemos una sola cosa con ese plan... vivir para Dios. (Amén.) Di conmigo simplemente ¡Vivir para Dios! Y si toda nuestra consagración, todas nuestras ofensas, toda nuestra actividad está ahí, primariamente si no puede ser totalmente, entonces nuestras necesidades personales puede que no se desvanezcan, pero muchacho, oh muchacho, oh muchacho... tampoco dominan.

<pausa>

Mientras tengamos un evangelio tan centrado en la salvación, y no le quito nada a nuestra necesidad de ser salvos... pero te dijeron que eres un pecador, eres un pecador, eres un pecador, eres una criatura caída, eres una criatura caída, eres esto, eres aquello, tienes que hacer esto, tienes que hacer aquello y ‘sabes que salimos de las aguas bautismales como sientiéndonos que somos esto’. Y lo que quieres decir es que han pasado

cincuenta años y es aquí donde estamos. Somos gente realmente necesitada. Hermanos y hermanas, si sacas a ese mequetrefe de las aguas bautismales y lo pones detrás de los ojos de Dios (¡Aleluya!) y lo pones en el propósito de Dios, que está totalmente fuera del pecado y no le afecta en lo más mínimo (¡Amén, aleluya!), entonces hermano, eso cambia el curso de toda la fe cristiana. (¡Amén!) ¡Di algo! (¡Amén!) ¡Alabado sea Dios! ¿Lo estáis entendiendo? <pausa>

Para aquellos de vosotros que os reunáis aquí, nadie satisfará tus necesidades como si de un bebé te trataras. Nos trasladaremos a otro plano y a otro lugar. Confesamos que tenemos necesidades. Ministraremos hacia esas necesidades. No quiero decir que seremos crueles con aquellas: ‘¿Qué significa eso de que se te ha roto la pierna? ¡No vengas a decirme que se te ha roto la pierna! ¡Me da exactamente igual! ¡Dios es el que no nos da igual!’ Claro, no estoy hablando de esa clase de crueldad, sólo quiero decir, hermano, que el énfasis va a estar en Él. (¡Amén, aleluya!) Será Cristocéntrico. ¿Entendéis eso? Será Cristo- lógico. Y Padre-lógico. Estará sobre el Padre, y sobre el Señor Jesucristo. Allí es donde miraremos. Algunas veces vas a decir, ‘Oye, ¿hay algo aquí que sea para mí? ¿Qué tal si me dais una palmadita en la espalda para decirme lo guay que soy?’ Hermanos y hermanas, ahí afuera todo el mundo está procurando ‘palmaditas en la espalda por lo guay que soy’. Veamos lo qué ocurre si echamos a un lado esta soberbia atención que tenemos sobre nosotros mismos y nos desplazamos a otras esferas y nos concentramos a su lado en lo que Él desea. Tened esto claro los que estéis de visita para disfrutar de la música y para decidir si os gustaría venir a este sitio. <pausa>

¿Sería posible que miraras conmigo algunos pasajes? Por qué no vas a Romanos 11. Esto es grandioso. Romanos 11. Luego, en un momento, vamos a investigar por qué se han metido estas cosas en la Biblia. “Porque de él, y por él, y para él,

son todas las cosas.” “De él, por él y para él son todas las cosas.” (¡Gloria a Dios!) Y permíteme que coja las tres primeras palabras y diga ‘Todas las cosas son de él, por él, y para él.’ Bueno, ¿te gusta más ese versículo que Romanos 6:23? (Risas)

¿Te gusta más ese versículo? ¿Quieres pertenecer a la Iglesia de Romanos 3:23 y 6:23? ¿O quieres pertenecer a la Iglesia de Romanos 11:36? ¿Cuál te gusta más? ¿Puedes sentir...? ¡Sólo siente la diferencia! Si no entiendes aquí la palabra... porque de él, y por él, y para él, son todas las cosas. ¡Son todas las cosas! Bueno, ¿eso qué significa? Escucha... todas las cosas vienen/son de Él... suena más teológico. Todas las cosas son de Él... eso significa que todas las cosas se originan en Él. Pero resulta que hay un montón de cosas que no se originan en el Señor. El pecado no se origina en el Señor. El hecho de que te rompiste una pierna no se origina en el Señor. El Maligno no se origina en el Señor. Pero según este versículo todas las cosas vienen del Señor.

<pausa>

Parece que siempre tengamos un problema teológico con el pecado. Y también sabes que en este mundo ha habido todas las teorías habidas y por haber. Que tal si por un momento ponemos a un lado el pecado... ¿Satanás proviene del Señor?

¿Sus actividades provienen del Señor? ¡De ninguna manera!... Oh sí, querido niño de Dios. Es su doncella de confianza. (Amén.) No te lo crees, ¿a que no? ¿De verdad que no te lo crees? Entonces dadme un minuto para hacer algo que no había planeado hacer. A lo mejor también entendéis esto; es horrible. Os voy a contar algo que quizás os haga no querer ser más un cristiano. <pausa>

¿Alguien me puede decir en qué página está Job? (Risas. En la 620) En la mía es la 716. “Hubo en tierra de Uz un varón llamado Job...” eso es todo lo que tienes que oír. Ahora, el versículo 6... “Un día vinieron a presentarse delante de Jehová los hijos de Dios —probablemente serán los ángeles—... entre

los cuales vino también Satanás.” Y dijo Satanás a Jehová... — creo que harías bien en abrir tu Biblia, aquí estoy predicando herejía no adulterada. Lo voy a leer otra vez. Os voy a dar tiempo para que lo busquéis. Necesitáis ver esto. “Un día vinieron a presentarse delante de Jehová los hijos de Dios. Satanás, el adversario, también vino con ellos.” Y dijo Satanás a Jehová... (Lo que dice es, “Y Jehová dijo a Satanás.”) Bien, que alguien lo lea como es. (“Y Jehová dijo a Satanás”) “Y Jehová dijo a Satanás... ¿De dónde vienes? (Risas.) Respondiendo Satanás a Jehová, dijo: ‘De rodear la tierra y de andar por ella’ Y Satanás dijo a Jehová. y Jehová dijo a Satanás: ‘¿No has considerado a

mi siervo Job?’” (Jolines.) <pausa>

Porque todas las cosas son de él. (¡Amén!) No estoy seguro de que me estéis siguiendo. ¿Sabéis adónde me dirijo?

¿Habéis sacado algo en claro de ahí? Ahí llegan los ángeles, se presentan ante Dios y allá que va Lucifer, Satanás, con todo el derecho de estar ahí; pero no puede estar ahí porque ha sido echado. Bueno, no es su hogar, pero puede estar de visita. (Risas.) No puede entrar... sin embargo entró y se puso ahí de pie. No tenía potestad. está delante del trono de Dios. Y primero

habló el Señor. (Amén.) ¿No has considerado a mi siervo Job? Bueno, ¿quién se ha metido en un aprieto? (Risas) De repente, como quien no quiere la cosa, ¿quién está en apuros? (Job.) Job está en apuros. ¡Job está en graves apuros! No queréis este tipo de Dios, ¿verdad? (Amén.) Y Satanás hace algo bastante sorprendente. A ver si escuchas con mucha atención. Satanás hace dos cosas: Juzga a Dios por el rasero del Satanás. Explicaré eso en un momento. Y la segunda cosa que hace es ofrecer el evangelio que nosotros ofrecemos, o el que se nos ha ofrecido.

<pausa>

Vale, estoy seguro que ninguno de vosotros entiende lo que quiero decir, así que dejadme explicar. Satanás dijo: ‘La única razón por la que ese hombre te ama es porque le bendices.’

Ese es el meollo del asunto. Dios dijo que no era cierto. Había aquí un hombre que le amaba. Ese libro es así de gordo... ¿alguna vez has tratado de leer el Libro de Job de cabo a rabo? Es decir, es muy cansino leer todo este tira y afloja, y tú ahí tratando de imaginarte cuál es el mensaje. Hermanos, el mensaje está en el primer capítulo y en el último capítulo... el resto te lo puedes saltar. (Risas.) Satanás le acusa de predicar el propio evangelio de Satanás. Bueno, ¿qué hace Satanás para ganar conversos? Tiene un evangelio que dice: ‘Te bendeciré. Te daré el mundo, el oro y el moro, riqueza, fama, fortuna, gloria.’ Ese es su evangelio. (Es verdad.) <pausa>

Suena muy parecido a ese evangelio que a ti y a mí se nos ha predicado. (Es verdad.) Sé que cuando era un joven cristiano, sabes, me ponía de pie en el púlpito y predicaba —el pelo que entonces tenía me caía por la cara— como si me dieran cuerda: ‘Si confías en el Señor, Él esto, Él lo otro...’ y tío, cuando al fin terminaba, con que sólo hubieras recibido al Señor seguro que no ibas a tener ningún problema durante los próximos mil años. Traficaba con mi Señor. ¿Entiendes lo que digo? Traficar con Dios. Traficar con Su buena misericordia. Y Satanás le dice al Señor ‘eso es lo que hiciste... es por eso que te ama, por todas las buenas cosas que haces por él y por otros.’ El Señor dijo, ‘No es verdad.’ Pero quiero que os quede muy, muy clara una cosa. Fue Dios quien sacó a Job a relucir. Él inició el desastre. Lo puso en manos de Satanás, pero Él Mismo inició el desastre. ¿No es asombroso? Eso hará temblar tus cimientos. La única razón por la que te sigue y te ama es porque, colega, ¿has visto el catálogo de cosas que tiene? ¡También yo te seguiría y amaría si me dieras esa clase de bendiciones! Y Dios dice que no es verdad. Casi puedes ver aquí mismo la lucha por el eterno propósito. ¿Estará centrado en el hombre? ¿O estará centrado en Dios? Acusa a Dios de su propio evangelio. Y luego dice: ‘El hombre no te seguirá a menos que seas bueno con él.’ <pausa>

Muy bien, es por eso precisamente por lo que no deberías venir aquí. Porque nosotros no podemos predicar ese evangelio. El evangelio de las buenas gracias de Dios. Con que sólo vengas, muchacho, Él te dará un cadillac, y Él esto, y Él aquello; el hombre más famoso de América en predicar ese evangelio está cumpliendo ahora mismo una sentencia de cuarenta años de cárcel. La cosa se desmoronó. Y lo siento, y lloro sin consuelo por ese hermano. A ese hermano verdaderamente le pasó una locomotora por encima. Es lamentable, sencillamente. Pero ese evangelio no le guiñó el ojo. Confío en que salga conociendo al Señor, y lo conozca por sí mismo. (Así es.) Ahora quiero que sepáis que... ¿habéis entendido el tema en cuestión? ¡Todas las cosas provienen de Él! <pausa>

Ahora dejadme que os diga algunas cosas más, aquí en Job, por las que hay que preocuparse. Vale, a todo el mundo se le pone en su sitio, ya sabes, y al final Dios bendijo a Job y recuperó todo su ganado y sus movidas. Dos cosas acerca de eso, y es que no ocurrió hasta que Job tuvo una revelación del semblante de Dios. No antes. (Amén.) No vino la restauración y después la revelación. Fue la revelación y luego la restauración.

¿Pero sabes lo que siempre me ha preocupado? Lo único de lo que hablamos es de que Job fue restaurado. Y decimos: ¡Buuuf!

Job lo recuperó todo, ¿no? Bueno amigos, tiene un cementerio en el patio de su casa lleno de chiquillos matados por mano de Satanás, con el permiso de Dios. ¿Por qué no le preocupa eso a la gente? Nos encanta escuchar las historias de cómo un hermano sufrió esto y aquello. Nos encanta escuchar al Hermano Prem sus historias. Pero cuando Prem... ¡mírale subir una escalera! ¡Mira al Hermano Prem subir una escalera! Tiene un cementerio en el patio de su casa. ¿Entiendes lo que quiero decir? Las cicatrices de lo que Dios ha hecho están en el cuerpo de este hermano. Y se quedan con nosotros, ¡para siempre! <pausa>

Muy bien... todas las cosas vienen de Él. (Sí.) ¿Estás... estás convencido? ¡Vale, bien! ¿Has visto a mi siervo Job? Hay otra lección que aprender de Job. ¿Queréis todos oírla? (¡Sí!)

<pausa>

Acepta las cosas como de la mano de Dios... porque no sabes de dónde sale todo esto. Y te voy a decir dónde se origina. Se origina en otras esferas. Es ahí dónde se origina. ¿Comprendes que todo lo que le aconteció a Job se decidió en otro lugar fuera del tiempo y del espacio? Ocurrió totalmente sin que Job lo supiera, y murió sin saberlo. (¡Amén!) Ahora, ahora mismo, puede que se estén reuniendo en la presencia de Dios. Y allá que entra el León sin decir una sola palabra... ¡no ha dicho ni mú! Y Dios dice, ‘Satanás, ¿has visto a mi siervo...?’ (¡Edu! Risas.) Hermanos y hermanas, sabéis que la semana que viene Andy puede romperse una pierna, y a la semana siguiente puede romperse un brazo. No hay quien sepa qué clase de desastre le puede sobrevenir a este hermano. Y no sabrá que en los reinos celestiales se dice: ‘Y Jehová dijo a Satanás: ¿No has visto a Mi siervo?’ Bueno vale, esto debería consolaros. ¿Sí o No? (Sí.) Todas las cosas son de Él. (¡Amén!) ¡Todas las cosas son de Él!

¡Todas las cosas son de Él! <pausa>

No siempre es fácil entenderlo bien, o saber cómo reaccionar. Es algo que está en el interior de nuestros espíritus. Y es una verdadera prueba, porque surgen preguntas bastante peliagudas. ¿Esto es algo que se supone que he de rechazar, o aceptar? Es algo así, ya sabes, como que se presenta un pordiosero y dice, ‘voy a vivir contigo.’ Se quita los zapatos, se tumba en tu sofá, y tú dices: ‘Todas las cosas vienen de Dios.’ Y mientras tanto él está ahí, y vas a tenerle contigo y mantenerle el resto de tu vida. No sé. Si yo fuera tú creo que antes hablaría con alguno de los hermanos. Pero todas las cosas son de Él, al menos desde el momento en que llegaste a casa. Él llegó hasta ahí. Viene de Él. <pausa>

Estupendo... todas las cosas son de Él, ¿qué más? ¿Qué más queda del versículo? Todas las cosas son por —a través de— Él... Eso quiere decir que todo lo que haya ocurrido pasó por Él antes de que llegase a ti. Dios es la jeringuilla. De Él, a través de Él. Esas cosas las permitió en tu vida. Si así lo prefieres, son espirituales porque han pasado por Dios. Su contenido tiene impreso la marca de Dios. Si tienes ojos para ver..., lo que quiera que esté en tu vida pasó a través de Dios para que te llegara a ti. Dios era los medios. Dios era el origen. Dios era los medios.

<pausa>

Y ahora, aquí está la cosa más sorprendente... Todas las cosas son para Él... ¿Me sigues? No todo esto es negativo, hay un lado positivo. Enseguida pensamos en lo negativo, pero ha y un polo positivo. Vale bien, aquí está Dios, eso se origina en Él, viene de Él, a ti te llega marcado con Sus huellas dactilares, es algo espiritual, bajo Su permiso, bajo Su denominación de origen, y la jeringuilla en que se contiene es Él, esa cosa llega a tu vida y ocurre algo porque hay un algo que vino de Él y por Él. A ti te pasa algo porque vino de Él y a través de Él. ¿Y adivinas lo que ocurre? Sea lo que sea, ese algo regresa a Él. (¡Aleluya!)

¡Sí! ¡Di aleluya, hermano! Hermana, di aleluya. ¿Sabes lo que quiere decir? Quiere decir que empieza con Él, se va a ti, y vuelve a Él como gloria Suya. (¡Amén!) Él es glorificado en lo que quiera que sea que saliera de Él. Por Su permiso y aprobación ha regresado a Él para gloria Suya. (Amén.) <pausa>

Ahora hermanos y hermanos, este es el modo de pensar con el que yo vendría a esta congregación de creyentes, ¡que todas las cosas son de Él, por Él, para Él y hacia Él! ¡Aleluya! (¡Amén!). ¡Di amén! (¡Amén!). Bueno, ¿estáis dispuestos a bautizaros en un cuerpo así de creyentes que alza su cabeza y diga ‘Señor, que las flechas no apunten hacia nosotros, todo apunta hacia ti, viene de ti, por ti, para ti.’? ¡Quedáos con ese

versículo! Os ayudará. Quedáos con Job, Capítulo Uno. Os ayudará. También con Job, “Último Capítulo” o lo que sea... Capítulo 251, o algo por el estilo. (Risas) ¿Sabes cuál es la conclusión de Job? La conclusión de Job es... si alguna vez has leído El Camino Hacia Adentro sabes cuál es la conclusión de Job. Y es que cuando Dios hizo un cocodrilo, no te pidió tu opinión a la hora de darle forma. No le importó en lo más mínimo contar con tu opinión. (Así es.) Y si se la hubieses ofrecido, no habría escuchado. Y la manera en que un cocodrilo fue creado no se vio afectada por ti, o por tus necesidades. (Amén.) Y cada vez que miras a un cocodrilo te pones a pensar: ‘Dios ha hecho esa cosa sin mí.’ (Risas) ‘No me consultó cuando lo hizo, lo hizo todo sin mí.’ Y hermano, todo lo que llega a tu vida es como ese cocodrilo. No te consultó. Y al igual que Job — que no supo lo que estaba ocurriendo en los reinos celestes hasta el día en que murió— no lo sabía, tampoco tú lo sabrás. Pero todo lo que puedes hacer es apartarte y decir, ‘Señor, todas las cosas son de ti, por ti, y para ti.’ ¿Quieres decirlo conmigo? Todas las cosas son de ti, por ti y para ti. (Amén. Gloria a ti, Padre.) Gloria al Señor. Bien, simplemente vamos a mirar algunas cosas de la vida con la referencia de Dios. <pausa>

De acuerdo, déjame ver que más tengo aquí. Me voy a quedar aquí toda la noche. A lo mejor os pongo a ayudarme. Vayamos a Segunda de Corintios. Segunda de Corintios, 15. Y los vamos a leer a toda velocidad... mejor que sea 5:15. Vale... “y por todos murió... por ti y por mí, esa es la comunión del evangelio... para que los que viven, ya no vivan para sí, sino para aquel que murió y resucitó por ellos.” No quiero que miréis a eso de una forma negativa o como una especie de castigo que por ser Él tan bueno de salvarte y perdonarte tus pecados, estás en deuda con Él para siempre. En absoluto. Si has resucitado de entre los muertos, la tendencia que está ahí, y la que debería cultivarse en la Casa de Dios, es que vives para Él. (Amén.) Vives para Él porque has sido vivificado de los muertos.

Seguiremos moviéndonos por estos versículos. También me gusta el versículo 13. “Porque si estamos locos...,” ¿para quién es? (Para Dios.) “Porque si estamos locos, es para Dios.” Una vez más, hermanos, sólo deseo y os animo a que penséis en términos que nunca antes pensasteis. Que es para Dios, que es para Dios, que para Dios es. <pausa>

Os voy a decir lo que vamos a hacer cuando termine esta conferencia. ¿Sabéis todos lo que vamos a hacer cuando termine esta conferencia? Nos vamos a reunir. Voy a estar aquí por un tiempo, y vamos a reunirnos dos, tres veces por semana. Probablemente nos reuniremos de tal forma que la mitad de la congregación pueda venir una noche y la otra mitad de la congregación pueda venir la noche siguiente, y trataremos de encontrar todos los versículos o pasajes que sean para Él, y no para nosotros, de los que seamos capaces. Y luego os voy a decir qué hacer con ellos. Porque hermanos y hermanas, necesitan arraigarse en lo profundo de vuestra alma. <pausa>

A ver si os lo digo, vámonos a Efesios 3. Quiero que leáis algo. Versículo 2, “Si es que habéis oído de la administración de la gracia de Dios que me fue dada para con vosotros; que por revelación me fue declarado el misterio, como antes lo he escrito brevemente, leyendo lo cual podéis entender cuál sea mi conocimiento en el misterio de Cristo, misterio que en otras generaciones no se dio a conocer a los hijos de los hombres, como ahora es revelado a sus santos apóstoles y profetas por el espíritu: que los gentiles son coherederos y miembros del mismo cuerpo, y copartícipes de la promesa en Cristo Jesús por medio del evangelio.” Ahora salta conmigo un poquito... versículo 8. “A mí, que soy menos que el más pequeño de todos los santos, me fue dada esta gracia de anunciar entre los gentiles el evangelio de las inescrutables riquezas de Cristo, y de aclarar a todos cuál sea la dispensación del misterio escondido desde los siglos en Dios, que creó todas las cosas; para que la multiforme sabiduría

de Dios sea ahora dada a conocer... a los principados y potestades en los lugares celestiales por medio de...” ¿Por medio de quién? <pausa>

Quiero leerlo y enfatizarlo porque quiero que sepáis que las cosas no sólo vienen a través de Él, sino a través de Su desposada. “Y el misterio es dado a conocer en esta tierra por medio de...” ¡Dilo! Como ves, no uso la palabra Iglesia. Por su desposada. ¡Dilo! Por su desposada. (Por su desposada.) Vale, “conforme al propósito eterno que hizo en Cristo Jesús nuestro Señor... por lo cual pido que no desmayéis a causa de mis tribulaciones por vosotros, las cuales son...” ¿qué son? ¿Qué son? (Vuestra gloria.) Aquí hay una referencia a cientos de años de vosotros que es única en su género. Pablo dice, ‘Yo sufro, vosotros tenéis gloria.’ Es fantástico. ¿Pero puedes darle a eso la vuelta y saber que los apóstoles no son los únicos que sufren?

¿Sufres tú? ¿Sufrirás? De acuerdo, entonces ¿quién tendrá gloria?

¡Dilo! Di cualquier cosa, da igual. ¿La Iglesia? (¡Dios!) De acuerdo, si tú sufres, ¿quién se llevará la gloria? (El Señor, Dios.) No es eso lo que dice el pasaje. Podría ser. Si tú sufres, ¿quién se queda con la gloria? ¿Qué dice el versículo? Si yo, Pablo, sufro,

¡la tribulación por lo que estoy pasando es para gloria vuestra! Hermano, si tú sufres, yo obtendré gloria de eso. ¿Cómo te sientes ahora? (Me siento lo que se dice bastante bien. Risas.)

¿Sí? ¿Sabéis qué?... en 1978 un hermanito vino a visitarnos y él entonces no lo sabía, pero esa ciudad estaba a punto de enterrarme. Unos días antes de que llegara, la congregación de la que yo formaba parte estaba en las portadas de los periódicos. Y hubo editoriales que... ¿Te puedes creer que esto ocurriera... en América?... editoriales que querían que nos echaran de la comunidad. Este hermanito se levantó y contó una historia. Yo no había pasado por lo que él estaba pasando. Pero hermano, te digo y te aseguro que sus tribulaciones eran para gloria mía. Cuando se fue, me traía al fresco si el sirope de fresa

subía a 300 pesetas el chorrito. (Risas.) Como dice el dicho, sentía que podía mandar el infierno a la porra con mi pistolita de agua 12. El pasado junio vi otra vez al hermano Prem. Ahora era yo el que estaba pasando por ello. Esta vez no estaba a medio camino, sino próximo al fin. Prem se sentó y compartió conmigo la historia que compartió esta mañana de cómo perdió un edificio en el centro de Katmandú. Ése era su sufrimiento. Yo acababa de perder casi en la misma situación, casi idéntica, un país a más de medio mundo de distancia. Era su dolor, era mi gloria. (Aleluya.) Para mí había sanidad en su sufrimiento. Bueno, ¿no es maravilloso? (Amén.) ¡Gloria a Dios! (Amén.) Tú sufrirás y yo seré fortalecido. Yo voy a sufrir, y tú vas a ser fortalecido. Y mi tribulación va a resultar que será vuestra gloria. Y vuestro sufrimiento va a resultar que será mi gloria. (Amén.) Y la Iglesia obtendrá gloria de vuestro dolor y tribulación. ¿Estás dispuesto a hacer del lugar donde vives, respiras, tienes tu existir, y mueres, ese tipo de Iglesia?... esta es la única invitación que haré.

<pausa>

Echemos una ojeada a Colosenses 1:16. Nos prestará ayuda en un momentín. “Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles o invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado...” ¿cómo? (Por Él.) ¡Por medio de Él, y para Él! “...Y él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten; y él es la cabeza del cuerpo que es la iglesia, él que es el principio, el primogénito de entre los muertos, para que en todo tenga la preeminencia; por cuanto agradó al Padre que en él habitase toda plenitud.” (Aleluya.) Bien, casi debería... todas las cosas han sido creadas por medio de Él. <pausa>

12 El dicho en inglés es “I could have charged Hell with a water pistol”, algo así como que se sentía que podía comerse el mundo.

Bien, ahora aquí, dejadme pasarlo a este lugar. Esto ha sido creado. Esto ha sido creado. (Dirigiéndose a cosas del salón). ¿De dónde vino? (De Dios.) Vino a través de Cristo. (Amén.) Vale, vamos un poquito más adelante. ¿Y para quién fue creado? (Para Cristo.) Cristo. ¿Y qué hacéis dando vueltas siempre alrededor de lo mismo para que Cristo os sea propicio? Fuisteis creados para Él. (¡Aleluya!.) Y ahora, hermanos, ¿podéis o no podéis cambiarlo todo? Eso fue creado por medio de Cristo. Y eso otro fue creado para Cristo. Entonces, ¿por qué no te allegas a eso que Él es... La Cabeza del Cuerpo, y dejas que Él tenga aquello que vino por medio de Él y para Él? (Aleluya.) Yo vengo al Cuerpo porque soy para Él. <pausa>

¿Sabéis que todo esto es una introducción? Todavía ni siquiera he llegado al meollo de la cuestión. ¿Aún no te has dado cuenta de eso? <pausa>

(Aquí hay una pregunta.) Muy bien. Así es. No, no puedo explicar eso. Bueno, no estoy muy seguro de que esas personas puedan ubicarse en la categoría de “todas las cosas”. Sé que suena como salirse por peteneras, pero imagínate que me levanto por la mañana y decido meterme un tiro en el pie. De alguna manera para mí eso no tiene nada que ver con el hecho de que salga a la calle, me tropiece, y me rompa el pie. Eso ha sido un accidente, pero de una forma u otra es por medio de Él o de Él. Lo que pasa es que meterme un tiro en el pie pertenece a la categoría de la estupidez y del pecado. (Sonoras carcajadas.) No podría decirte jamás cómo encajaría eso en el ritmo de nuestras propias decisiones, pero te voy a decir esto, hermana. Cuando te hayas pegado un tiro en el pie, y se haya infectado, y hayan tenido que cortarte el pie, y estés tumbada en el hospital y le pidas al Señor que te perdone porque no lo vas a hacer nunca más... (muchas carcajadas), en algún lugar, para cuando el humo se haya disipado, Él ha obtenido gloria y Él ha hecho que sea de

Él, por Él, y para Él... si somos capaces de identificarnos con Su Vida. <pausa>

En el mundo tenemos tribulación, ¿no es así?, y en Cristo tenemos tribulación. Cuando estamos en Cristo hay sufrimiento, hay tribulación, y está la Cruz. Pero cuando estamos en el mundo sólo es un mal día del que no hemos sacado nada en claro, a lo mejor sólo amargura. ¿Qué diferencia hay? No es para Él.

<pausa>

Vale, tengo que continuar. Vamos a empezar con Efesios 1:10. Voy a leer el versículo 9: “dándonos a conocer el misterio de su voluntad, según su beneplácito, el cual se había propuesto en sí mismo, de reunir todas las cosas en Cristo, en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, así las que están en los cielos, como las que están en la tierra.” Muy bien, ahora voy pediros que me ayudéis con algunos versículos y os voy a pedir que lo hagáis muy, muy rápido. <pausa>

Ahora me voy a Primera de Corintios 15. Simplemente voy a leer unos pasajes y quiero que los escuchéis. ¿Sabéis algo de Primera de Corintios 15? ¿Te suena de algo? Versículo 19: “Si en esta vida solamente esperamos en Cristo, somos los más dignos de conmiseración de todos los hombres. Mas ahora Cristo ha resucitado de los muertos; primicias de los que durmieron es hecho. Porque por cuanto la muerte entró por un hombre, también por un hombre la resurrección de los muertos. Porque así como en Adán todos mueren, también en Cristo serán todos vivificados. Pero cada uno en su debido orden: Cristo, las primicias; luego los que son de Cristo, en su venida. Luego el fin, cuando entregue el reino al Dios y Padre, cuando haya suprimido todo dominio, toda autoridad y potencia. Porque preciso es que él reine hasta que haya puesto a todos sus enemigos debajo de sus pies. Y el postrer enemigo que será destruido es la muerte. Porque todas las cosas las sujetó

probablemente el Padre— debajo de sus pies.” Pero cuando Dios dice que todas las cosas son puestas en sujeción es evidente que se excluye a Dios, o que se excluye al Padre, pues Él es Aquel que sujeta todas las cosas bajo los pies de Su Hijo. Y cuando todas las cosas estén sujetas al Hijo, entonces el Hijo Mismo también se sujetará a Aquel Quien sujetó todas las cosas al Hijo. De tal manera que Dios pueda ser Todo en Todos. (¡Amén!) Voy a terminar con ese pasaje de la escritura. <pausa>

Ahora quiero que prestéis mucha atención porque tengo que decir algunas cosas que no me veo capaz de decir. Voy a hablaros de la Deidad. Como joven cristiano que estaba creciendo, y como estudiante de seminario, y como ministro mismo, se me pegaban los hábitos y las formas de lo que me daban de comer. Cuando surgía un tema cualquiera, da igual lo que fuera, empezaba a escuchar en mi cabezota versículos del Apocalipsis, de Romanos, de por aquí y de por acá, y automáticamente toda la atención se dirigía hacia mí... estoy necesitado, o soy pecador, o soy esto o lo otro. Pero parecía como si yo estuviera ahí plantado ante el amanecer de la creación y Dios lo creara todo a mi alrededor —¿estás escuchando?— o como si Dios me hubiese puesto el primero de la lista. Pero siempre estaba yo en el centro de mi relación con Dios. Nunca podrás llegar a un entendimiento de Su propósito si te quedas en esta tierra, o tienes alguna referencia hacia el hombre. Y si te pones manos a la obra, que no haya referencia alguna a espacio, tiempo, masa, o materia. Ninguna de esas cosas va a darte la orientación adecuada en nada que tenga que ver ni por asomo con tu Señor. (¡Amén!.) ¡Nada! Y nunca deberíamos empezar ahí. Porque nada tiene su principio ahí. Nada que pueda tomarse en serio. <pausa>

No empiezo con la eternidad. No empiezo con los ángeles. No empiezo con Génesis. Tú y yo tenemos un lugar al que ir. Tenemos que penetrar un velo. Tenemos que ir hasta eso

que precede aun a la eternidad. Tenemos que ir a la Deidad. Porque todas las cosas han fluido de la Deidad. El otro día estaba hablando con un hermano en el Seminario Completo y dijo, ‘en estos últimos años veo que en todo lo que predico empiezo predicando sobre el carácter de Dios.’ Y yo le interrumpí, me puse a pegar botes muy nervioso, y le dije, ‘Sé lo que quieres decir.’ Siempre empiezo en la eternidad con la naturaleza de Dios. Porque todo viene de ahí. Hermanos y hermanas, todo de lo que hablamos esta semana estaba anunciado y previamente experimentado en la Deidad. Y hay mucho que aprender de la Deidad. <pausa>

Antes os he dicho, ‘¡No vengáis aquí! ¡No forméis parte de esto!’ Y en realidad no tenemos que formar parte de ninguna Ecclesia. ¡Pero aquí venimos con el propósito de tenerle a Él como referencia! Pablo dijo, ‘Si estoy loco es para Dios.’

¡Vivimos para Él! ¡Somos para Él porque somos de Él y por Él! Que no miremos a nuestras necesidades, sino que le miremos a Él. ¡Ese concepto tiene un comienzo! Déjame que lo repita. Ese concepto tiene un comienzo. Puedes seguirle la pista hasta sus orígenes. ¿Tienes idea de lo que estoy a punto de decir? No creo. Ya ves, antes de que ninguno de nosotros fuera, Él era. Y allí se pusieron tantos cimientos y todo fluye de allí y tantas cosas de las que hablamos tienen su origen, su comienzo, ese concepto de ser por Él, y para Él, y aun por medio de Él, a través de Él y hacia Él era un concepto que existía antes de que no existiera nada excepto Dios. <pausa>

Dejadme que me salga del tema una pizquita. Algún día publicaré un libro titulado Piedras y Cimientos (Foundation Stones). Y dirá, ‘El origen del concepto del obrero cristiano puede encontrarse en la Deidad. El origen del concepto de la Iglesia se encuentra en la Deidad (Amén. Así es). La manera en que un obrero cristiano debería entrenarse y levantarse... los principios fueron establecidos en la Deidad. Y la forma en que

vives la vida cristiana, o se supone que has de vivir la vida cristiana, se puede encontrar en la Deidad,... antes de que ninguno de nosotros llegara aquí.’ (Amén.) Ahora te digo, ¡oh, que vivas por Él y que vivas por completo para Él y que vivas para Su propósito, porque Su propósito se encuentra en la Deidad! (¡Amén!.) <pausa>

El Padre de la Deidad vivió y vive para el Hijo. ¡Di ahora amén! (¡Amén!) El Padre de la Deidad vive para el Hijo. El Hijo de la Deidad vive para el Padre. ¡Y el Padre tiene un propósito eterno! ¡Y es un apasionado de Su propósito! Y nada de lo que tú o yo hayamos hecho o habremos de hacer jamás, va a afectar a ese hecho. Muy bien, no voy a definir Su eterno propósito... eso está más allá de la habilidad para formular definiciones. Pero Su eterno propósito es Su Hijo. Se dirige con ímpetu hacia Su Hijo.

¡Y el Hijo vive con pasión el cumplimiento del propósito eterno de Su Padre! Para gloria de Su Padre. ¿Cómo puedes estar ahí sentado y llegar a verlo sin decir nada? ¿Es o no es maravilloso? (Amén. Gloria al Señor.). Gloria al Señor. Amigos, esto es fascinante. Esto es maravilloso. El origen del concepto de vivir para Dios y estar en total unidad con Su propósito eterno tuvo su origen antes de que ninguno de nosotros saliera del cascarón.

¿No es eso maravilloso? (Amén.) Alabado sea Su nombre. Si puedes sentir lo que está pasando en la Deidad, el Hijo tan dedicado al Padre y sin hacer nada por cuenta propia... y encuentra satisfacción en ello. El Hijo no comandó un tercio de los ángeles en rebelión contra Dios. Vivir para Su Padre... satisface al Hijo tanto. Y el Padre, que es en realidad el centro de todo... quiero decir que si hay alguien que tenga el derecho de ser egocéntrico, no egotista, sino egocéntrico... ¿no es el Padre? Él es el origen del Hijo. Él es el origen de todo. Y aquí está el Padre, el Dios de todas las cosas, el Dios de la creación..., y vive para Su Hijo. Gloria al Señor. (Amén.) <pausa>

Y así, a la luz de todo eso, ahí llega el cristiano moderno de hoy en día. ‘¡Yo, yo, yo! ¡Aquí está todo, para mí solito! ¡Yo, yo, yo, yo, yo!’ ¡Clap! ¿Puedes ver adónde ha ido a parar el evangelio... (Amén), lo poco sagrado que es? (¡Aleluya!) Aquí está eso que fluye de la Deidad, el Padre es para el Hijo, y el Hijo es para el Padre, y los creyentes aquí abajo diciendo, ‘¡Yo, yo, yo, yo, yo!’ No es de extrañar que la vida cristiana no funcione. No es de extrañar que la Iglesia no funcione. Todavía no hemos captado a la Deidad ni hemos dejado que esa Deidad, y la propia naturaleza, la propia naturaleza espontánea de la Deidad, se derrame dentro de nosotros para que nos permita decir, ‘Es para el Padre y para el Hijo.’ Alabado sea Su nombre. (Amén.)

<pausa>

Os digo, hermanos, que eso es tan glorioso como cualquier otra cosa de la que yo tenga conciencia. Y simplemente estáis ahí sentados. Sabéis que necesitamos postrar nuestros rostros y decir, ‘Señor, cambia eso. Aquí, ahora mismo. Y levanta una casa, levanta una casa donde nos hayamos unido a la Comunión de la Deidad, donde nos hayamos unido a la Comunión de la Deidad... (Amén)... y hayamos entrado en la comunión del misterio... (Aleluya), ese que está oculto en Dios.’ Aquí está el Padre viviendo para el Hijo, aquí está el Hijo viviendo para el Padre, y aquí está el Espíritu asegurándose de que toda la gloria llegue a Ambos, y de que Él permanezca oculto en todo ello. ¿Tomarás ejemplo de la Deidad? De ésta manan los principios básicos de la vida, y los principios fundamentales de la Iglesia, y el lugar en el que estamos, y la dirección a la que apunta nuestro rostro, y la montaña misma en la que estamos en pie. Porque todas las cosas son de Él, por Él, para Él y hacia Él. (Aleluya.) Sin embargo, cuando llegas allí, el uno está dando al otro y el otro está dando al uno. <pausa>

Ahora quiero que recordéis ese pasaje en Primera de Corintios 15 que os leí hace unos instantes, porque voy a concluir con eso. Antes permitidme introducir algunos otros.

“Ahora me gozo en lo que padezco por vosotros, y cumplo en mi carne lo que falta de las aflicciones de Cristo por su cuerpo, que es la iglesia.”

Muy bien, cumplo por el cuerpo lo que falta de las aflicciones de Cristo.

“Como está escrito: Por causa de ti somos muertos todo el tiempo; somos contados como ovejas de matadero.”

Vale. Maravilloso. Diariamente somos contados como ovejas de matadero.

Soportamos diariamente los sufrimientos de Cristo para que la vida de Jesús pueda ser manifiesta... De acuerdo, leedlo.

<pausa>

Segunda de Corintios 4:10. “Llevando en el cuerpo siempre por todas partes la muerte de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestra carne mortal. Porque nosotros que vivimos, siempre estamos entregados a muerte por causa de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestra carne mortal. De manera que la muerte actúa en nosotros, y en vosotros la vida.”

Vale. Para que la vida pueda manifestarse. Ahora voy a pedirte que vengas conmigo sólo una vez más... a la Deidad. La Cruz es para nuestra salvación, ¿no es cierto?. La Cruz de Cristo es para nuestra salvación, ¿no es cierto? Es eso lo que hace, pero tenéis razón, no es para eso. No es para eso. Y aquí confrontamos una pregunta que rara vez se confronta, y es: ¿Habría una Cruz si

no hubiera una caída? ¿Habría una Cruz si no hubiera habido una caída? Y entonces hallamos este pasaje del Apocalipsis que es tan sorprendente. “... del Cordero que fue inmolado antes de la fundación del mundo.” Y aún así tenemos el derecho de preguntarnos si quizá haya una Cruz, un aspecto en la Cruz que no tenga nada que ver con la redención. Y si eso es cierto, entonces ¿con qué tiene que ver? <pausa>

¿Con qué tiene que ver? (Es parte de la naturaleza de Dios.) Es parte de la naturaleza de Dios. De acuerdo, queridísima hermana. Has dicho mucho. La Cruz es parte de la naturaleza de Dios. ¿De qué parte? ¿De qué estamos hablando aquí? De la parte del sacrificio. La perfección del amor. Quiero que sepáis que no lo tengo muy claro. No lo sé. Podría enunciar una gran proposición, pero no lo voy a hacer. Es parte de Dios, es parte de la naturaleza de Dios. Bueno bien, todos sabéis que fuisteis crucificados juntamente con Cristo, ¿no? Sabes que tu viejo hombre fue crucificado juntamente con Cristo. (Amén.) Podría no acabar nunca. Tu viejo hombre está crucificado... ¿es eso correcto? Siempre es en tiempo pasado. Fuimos crucificados juntamente con Cristo. Hemos muerto. Y no obstante hay una Cruz para el cristiano, ¿no es verdad? (Sí). Entonces tened cuidado porque debemos preguntarnos, ‘¿Qué está haciendo esta Cruz en nosotros?’ ¿Qué hace? Nos hace conforme a Su imagen.

<pausa>

Siempre termina saliendo esta pregunta: ¿La Cruz está obrando en mi propia naturaleza? Hermano, tengo que decirte que me he estado comiendo el tarro con eso durante casi toda mi vida. ¿Está la Cruz obrando en mi propia naturaleza? Y la respuesta es absolutamente no. Mi propia naturaleza fue crucificada en la Cruz y eso es pasado. (Amén. Gloria al Señor.) Pero... este hermano dice que somos llevados a diario al matadero. Y que cada día morimos. ¿Se puede saber qué está pasando aquí? ¿Qué se supone que tengo que saber acerca de la

Cruz diaria? ¿Por qué se levantó mi Señor y dijo, ‘¡Toma tu Cruz cada día y sígueme!’? ¿Qué es lo que se hace morir? (¿La carne?) No puede ser la carne, la carne ya ha sido crucificada, tiempo pasado. ¿Acaso obra en el alma? En este momento de mi vida no puedo encontrar ningún versículo que respalde esa idea. <pausa>

Vale, estoy planteando problemas para dar una solución, pero dejadme oír el porqué de tener una Cruz diaria en nuestras vidas. Sí hermano. (Para proteger a la desposada, o a lo mejor de alguna manera produce vida.) Muy bien, tenemos la glorificación de Dios. Eso abarca demasiado, es una forma cobarde de salirse por peteneras. Sí... (el hermano se defiende) Ya sé, ya sé... (Para completar los sufrimientos del cuerpo de Cristo.) Para completar los sufrimientos del cuerpo de Cristo. Te voy a decir que no lo sé. No lo sé. Me encanta decir, ‘No lo sé,’ porque, hermano, hay veces que no sé. Pero todos estáis mirando al lugar equivocado.

<pausa>

Hace sólo un minuto que os dije algo y ya habéis olvidado lo que os dije. (Sí.) De acuerdo, habéis asentido, así que ¿qué es?

¿Qué pasó hace un minuto? (Algo que decías de que mirábamos las cosas desde una perspectiva de hombre en vez de mirar desde la perspectiva de la Deidad.) Id y mirar en la Deidad para encontrar vuestra respuesta. Id y mirar en la Deidad para encontrar vuestra respuesta. Y os digo hermanos, que la hermana dijo que la Cruz forma parte de la naturaleza de Dios. Y ahí hay algo. <pausa>

El Padre negándose a Sí Mismo para que el Hijo sea glorificado y el Hijo negándose a Sí Mismo para que el Padre sea exaltado. Y yo muero cada día para que Su vida pueda ser manifestada. ¡Muero para que pueda existir ese algo que es para Él! ¡Alabado sea Dios! (¡Amén!) No hay un aspecto negativo en la Cruz de la vida cristiana. No se trata de la naturaleza del yo, no es la carne, es para que Cristo pueda ser vivificado cada día,

puesto de manifiesto al igual que veo al Padre moverse por Sí Mismo y por Su Hijo, y al Hijo moverse por Sí Mismo y por Su Padre. Yo me muevo por mí mismo, por el Padre y por el Hijo. (¡Amén!) ¡Aleluya! ¡Alabado sea Dios! ¡Amén! ¡Lo habéis entendido! ¿No ha sido asombroso? ¡Alabado sea! <pausa>

La Iglesia sirve para eso. Es por eso que la gente se reúne. (Gloria a Dios.) Y no deberías estar aquí a menos que sea para este propósito. ¡Aleluya Gene! ¡Gloria a Dios! <pausa>

Ahora voy a concluir con lo más increíble de todo. Voy a concluir con lo que leí hace un momento. Oh, entrar en la Comunión de la Deidad. Perderse allí. Involucrarse allí. Estar ahí no por mí, o por mi beneficio, o por el tuyo, ni siquiera por Su causa, sino para Él. (Amén.) ¿Y qué es lo que veo en la Deidad? Veo al Padre trabajando día y noche para hacer al Hijo preeminente en todo. Yo le he creado, sé que Él no ha sido creado, pero yo le he creado para que sea el Primer Hombre. Él es el Primer Hombre. Eso está en la Biblia, ¿eh? Yo no lo comprendo, tú no lo comprendes, pero Él es el Primogénito de la creación, lo primero en ser creado. Y sé que mi Señor no ha sido creado, pero escucha a la escritura, no a mí. Él es el Primogénito de la creación. Él es el último Adán y Él es el nuevo hombre. Él es el primero de la nueva creación. Él fue el primero de la vieja creación, Él es el último de la vieja creación y Él es el primero de la nueva creación. Y todas las cosas provienen de Su Hijo. Y todas las cosas son por Su Hijo. Y todas las cosas son para Su Hijo. Y por medio de Su Hijo. Y a través de Su Hijo. Y todas las cosas se mantienen unidas por medio de Su Hijo. Llegará el tiempo en que todo se resuma en una palabra, Cristo (Amén), y será cuando te des cuenta de que todo lo que ves, todo lo que existe es parte de un todo, y el todo es Cristo. Llegará la hora cuando nos demos cuenta de que todo no sólo viene de Él, por Él, por medio de Él, y para Él, ¡sino que todo es Él! (¡Amén!) Él será

la salvación de todo. Y esa es la forma que tiene el Padre de conseguirle todas las cosas. <pausa>

¡La intensidad de Su ser es la gloria del Hijo! Y entonces le alza en lo alto y le hace Señor de señores, y Rey de reyes, y le hace Soberano de todas las cosas. Soberano de la creación, Soberano de los Reinos Celestiales, Soberano de la Tierra, Soberano de las estrellas y los cielos, Soberano de los ángeles, Soberano de todo. ¡Hasta que todo le sea sometido! (Amén). Esta es la intención y el buen placer del Padre (Alabado sea el Señor). Ésta es la renuncia total del propio Padre, y es precisamente lo que a uno se le ocurriría pedir —por la otra punta— si fuera eterno, Padre creador y Dios de todos nosotros. Sin embargo, Su intención, Su propósito, Su panorama es Su Hijo. <pausa>

Hasta que finalmente... (Emoción en el interlocutor... Amén. Gloria a Dios.)... todo esté bajo Su Hijo y en sujeción a Su Hijo. ¡Todo! Y luego, cuando haya llegado al punto en que ya no pueda seguir adelante y todo es del Hijo y es el Hijo... ¡entonces el Hijo!, con un Padre luchando y después trabajando, luego dándolo todo para hacer a Su Hijo todo-preeminente, por encima de todo, primero y último, Alfa, Omega, Soberano de todo. La gloria del Padre... ¡el Hijo vuelve sobre Sus pasos y se lo da todo al Padre! ¡Aleluya! Alabado sea el Señor. Eso es lo que está ocurriendo en la Deidad. <pausa>

Aquí es donde la Iglesia se asienta. Aquí es donde tú y yo venimos para que podamos entrar en esa Cruz, para que podamos entrar en esa comunión, en esa... —ni siquiera voy a decir que sea una renuncia porque no es una renuncia—, es una manifestación de Su vida, porque cada día levantamos una Cruz para Él... Y a esto nos unimos.

Copyright 1990, Seedsowers Publishing House. Traducido by Círculo Santo.


XIV

PROFECÍAS PARA LA IGLESIA REMANENTE

Profecía pronunciada en 1679 por Jane Leade (Londres, Inglaterra)

“Acontecerá una total y completa redención por parte de Cristo. Este es un misterio oculto que no ha de entenderse sin la revelación del Espíritu Santo. El Espíritu Santo está al alcance para revelar lo mismo a todos los buscadores santos y los amantes que escudriñan.”

“El desenlace de una redención semejante es retenida y abstraída por los sellos apocalíptic os (o de revelación). Porque al igual que el Espíritu de Dios abrirá un sello detrás de otro, esta redención vendrá a ser revelada tanto de una forma particular como universal. La paulatina apertura del misterio de redención en Cristo consiste en la inescrutable sabiduría de Dios, que puede revelar ininterrumpidamente cosas frescas y nuevas para el digno buscador. Para cuya consumación el arca del Testimonio en los Cielos se abrirá antes del fin de esta era y el sello del testimonio viviente allí contenido será roto. La presencia del Arca Divina vendrá a constituir la vida de esta Iglesia Virgen, y donde quiera

que esté este cuerpo, allí habrá de estar el arca sin más remedio.”

“El romper del sello del Testimonio Viviente dentro del Arca de Dios ha de empezar por la promulgación del perpetuo evangelio del reino. La proclamación del Testimonio será como el resonar de una trompeta de aviso para las naciones del cristianismo profeso. Autoridad será entregada por Cristo para poner fin a toda controversia concerniente a la verdadera iglesia que es nacida de la madre de la Nueva Jerusalén. Esta decisión será el sello verdadero del cuerpo de Cristo con el nombre (o Autoridad) de Dios, entregándoles una comisión para poder actuar mediante ella misma.”

“Este Nuevo Nombre (o Autoridad) les distinguirá de los siete mil nombres de Babilonia. La elección y la preparación de esta Iglesia Virgen seguirá medios secretos y ocultos. Al igual que David en su ministerio fue escogido y ungido por el profeta del Señor pero no fue admitido en la profesión externa del Reino hasta bastante tiempo después, del renuevo de David una Iglesia Virgen, que nada tiene de hombre ni de humana constitución, ha de nacer y llevará cierto tiempo para que salga de la minoría de edad y llegue a edad plena y madura.”

“El nacimiento de esta Iglesia Virgen fue simbolizada por la visión de San Juan donde la gran maravilla aparecía en el cielo, dando a luz su primogénito que fue alzado al trono de Dios (o identificado con la Autoridad

de Dios). Pues al igual que una mujer virgen dio a luz a Cristo según la carne, así dará a luz una Iglesia Virgen al primogénito según el Espíritu, quien será dotado de los siete espíritus de Dios. Esta iglesia, así dada a luz y sellada con la marca de Autoridad Divina, no tendrá ataduras ni imposiciones, sino que la santa unción entre estos espíritus recién nacidos lo será todo y el todo.”

“En el día de hoy (1679) no existe una iglesia semejante visible sobre la faz de la tierra; toda profesión ha sido hallada ligera cuando se ha pesado en las balanzas. Por lo tanto son rechazados por el Juez Supremo. Tal rechazo será por esta causa, para que de ellos pueda llegar una iglesia nueva y gloriosa. Entonces la gloria de Dios y del Cordero vendrán a descansar sobre este sencillo tabernáculo de forma tal que llegará a ser llamado el Tabernáculo de la Sabiduría, y aunque no se le conoce por la vista, será igualmente visto como saliendo del desierto en poco tiempo; entonces marchará para multiplicarse y propagarse universalmente, no sólo hasta número de los primogénitos (144,000) sino también hasta el remanente de la semilla, contra el cual el Dragón hará guerra sin tregua.”

“Porque he aquí que el espíritu de David se avivará en esta raíz en flor. Estos tendrán una potencia que les será dada para vencer al Dragón y sus ángeles, al igual que David venció a Goliat y al ejército Filisteo. Será esto el levantar del gran príncipe Miguel y será como el

semblante de Moisés contra Faraón, con el fin de que la semilla escogida haya de ser sacada de la férrea servidumbre.”

“Egipto es ciertamente figura de esta creación servil bajo la cual la semilla de Abraham gime, pero levantará el Altísimo un profeta, y la generación más profética, que librará a Su pueblo por la fuerza de armas espirituales. Para lo cual debe haber ciertos principados que ocupen el primer cargo, que son personas a favor con Dios, cuyo temor y pavor caerá sobre todas las naciones, visibles e invisibles, debido al poderoso actuar del Espíritu Santo el cual descansará sobre ellos. Pues Cristo aparecerá en ciertas vasijas escogidas para traerlos a la Tierra Prometida, al estado de la Nueva Creación.”

“Así, Moisés, Josué y Aarón pueden considerarse arquetipos de algunos sobre los cuales el mismo Espíritu vendrá, pero en mayor proporción. Por lo tanto harán ellos guerra a favor de los rescatados del Señor para regresar al monte Sión, pero ninguno permanecerá ante Dios excepto aquellos que se hayan convertido en piedras “probadas” según el patrón y la similitud de Cristo. Será esta una prueba ardiente a través de la cual muy pocos serán capaces de pasar o soportar mientras aquello actúa. Por lo tanto les ha sido estrictamente encomendado a los que aguardan este irrumpir visible que se mantengan alerta, y que esperen juntos en la unidad del Amor Puro. Esta prueba será de una

necesidad imperiosa para todos con el fin de despejar toda debilidad que permanezca en la mente natural, y la quema de todo heno, madera, y rastrojo. Pues nada debe quedar en el fuego, pues como el destilador purificará Él a los hijos del reino.”

“Habrá algunos que serán redimidos por completo, siendo vestidos con un ropaje sacerdotal según el orden de Melquisedec. Esto les cualificará para una Autoridad de gobierno. Por lo tanto es necesario que por su parte sufran el Espíritu de quema, y el abanicar del Aliento Abrasador examinando cada porción dentro de ellos hasta que lleguen al Cuerpo Concertado de donde han de fluir las maravillas.”

“Sobre este cuerpo acontecerá que se fijará el Urim y el Tumim que son la porción del sacerdocio de Melquisedec, cuyo descenso no se cuenta en la genealogía de aquella creación que está bajo la caída, sino en otra genealogía que es la Nueva Creación. Por lo tanto estos sacerdotes tendrán un escudriñar interior profundo y una mira divina en los secretos de la Deidad; serán capaces de profetizar en un terreno despejado; no de forma oscura y enigmática, pues ellos sabrán lo que se expresa en la primera originalidad de todos los seres, en el eterno reverso13 de la naturaleza, y serán capaces de traerlos hacia delante según el consejo y ordenación divinos.”

13 Del inglés “anti-type”, es decir, “antagonismo” (nota del traductor)

“El Señor juró en verdad y rectitud que del linaje de Abraham, en acuerdo con el Espíritu, se levantaría un Sacerdocio Santo. Abraham y Sara fueron un modelo de aquello que se produciría y manifestaría en la última era. El poderoso espíritu de Ciro ha sido designado para echar el fundamento de este tercer templo y ofrecerle apoyo mientras es construido.”

“Hay caracteres y marcas por medio de las cuales la pura Iglesia Virgen será conocida y distinguida de todas las restantes, según lo cual la unción y el verdadero sonido del Espíritu Santo se discernirá de todas las demás que son viles, falsas e imitaciones. Ha de haber una manifestación del Espíritu según la cual se baje el cielo sobre la tierra y se represente aquí la condición de la Nueva Jerusalén, para lo cual los espíritus que son así engendrados y nacidos de Dios ascienden a la Nueva Jerusalén, por encima, donde su Cabeza reina de cierto en majestad.”

“Ninguno excepto los que han ascendido y recibido de Su gloria pueden condescender y comunicar lo mismo, siendo éstos por tanto Sus representantes en la tierra y sacerdotes ahora subordinados bajo Él. Quien ha ascendido y se ha glorificado se ha hecho a Sí Mismo, por así decirlo, nuestro Deudor. En consecuencia, no escatimará su mano en cualificar y revestir ciertos instrumentos avanzados y primordiales que serán del todo humildes y serán tan poco considerados como lo fue David, a quienes Él dignificará con honor y

sacerdotal soberanía para atraer a ellos los rebaños esparcidos y reunirles en un redil desde todas las naciones.”

“Por tanto, debería haber una emulación santa y una ambición que se despierte entre las bandadas de creyentes para que puedan ser las primicias hacia Aquel que está levantado de entre los muertos, y así ser hechos agentes principales para Él y junto a Él, para que puedan llegar a ser, si fuera posible, de entre el número de los Primogénitos, de la madre de la Nueva Jerusalén. Todos los que en verdad esperan Su Reino en Espíritu, bajo cualesquier profesión se pudieran hallar, deberían ser contados entre los espíritus vírgenes a quienes pertenece este mensaje. Vigilad y apurad el paso.”

VISITACIÓN DE FUEGO

“Los visitaré con fuego, (2PED 3:7), que consumirá a los impíos, consumirá a los malos por completo, a todos aquellos que no han atendido a mi Palabra (JER 6:17– 19, JER 7:23–28). El fuego empezará por una pequeña llama (IS 5:24–25), y se incrementará hasta un infierno consumidor (EZ 24:9–11). Soplaré sobre las llamas (JER 51:1–2) con mi aliento (IS 30:33, MT 3:11–12),

aventaré las llamas de fuego desde un confín de la tierra hasta el otro (JER 25:15–17). Todos aquellos que no están preparados (IS 40:13, IS 62:10–11, MAL 3:1, MT 3.3) para mi fuego, de cierto serán consumidos por las llamas, por la mimsa llama (ZAC 13:8–9, MAL 4:1–2, MT 13:30) del fuego de mi Espíritu que purgará y purificará (MAL 3:13, IS 1:25, IS 4:4) y apartará para santidad a mis llamados y escogidos, consumirá por completo y destruirá a los desapercibidos. ¡Sólo andad según el Espíritu! (ROM 8:1, ROM 8:4, ROM 8:14, GAL 3:3, GAL 5:16). Todos aquellos que no están caminando del todo según el Espíritu, serán consumidos (IS 10:16–18) en el día que visite con mi fuego. Oh mi pueblo, que dice que son llamados por mi nombre (2CRON 7:14, IS 43:7, IS 63:19) SEPARÁOS (2COR

6:17, HAB 7:26) AHORA, pues el día presto se acerca en el que se os pedirá que permanezcáis en vuestra fe, (HAB 2:4, ROM 1:17). En este momento, vuestra fe no ha madurado en mí, (EF 6:13–14). Al igual que un niño, no quedaréis en pie. Sólo en una PLENA ESTATURA (IS 66:7, APOC 12:5), MADUROS EN EDAD (EF

6:13–14), HIJOS DE DIOS (ROM 8:19), seréis capaces de sosteneros en la prueba abrasadora (1PED 1:7, 1PED 4:12, 1COR 3:13) que habrá de probaros en toda la tierra (IS 14:26, IS 28:22). Mi fuego llega (IS 4:4, IS 66:15–16, MAL 3:2–3, MAL 4:1, ZAC 13:9). Debe

venir. Es el bautismo final (LC 12:49, MT 3:11, LC 3:16) en el cual debéis ser bautizados. De cierto de cierto os digo, si no entendéis en plenitud (PROV 4:5– 7, DAN 11:33–35) mi fuego, no permaneceréis en pie (ZAC 13:9, DAN 11:33–35) en las llamas, sino que seréis CONSUMIDOS (IS 10:16–18, IS 10:22–23, IS 28:22) por ellas. ¡RENDÍOS A MÍ AHORA! ¡VENID A MÍ AHORA! ¡HABITAD EN MÍ AHORA! ¡TENED COMUNIÓN EN MÍ POR MI ESPÍRITU AHORA!

¡ESCUCHADME HOY! El profeta Daniel profetizó “aquellos que entiendan (DAN 11:33–35) instruirán a los que no entienden.” Procurad entendimiento (PROV 4:5–7) de lo que estoy para hacer en la tierra. El fuego empezará por MI CASA (EZ 9:4–6, JER 25:29, 1PED

4:17). Quemará a diestro y siniestro. Toda morada, toda esquina, todo rincón probará mi llama de purificación (MAL 3:3, TITO 2:14). Vengo para “apartaros” (SAL 4:3, LC 12:51) para mí mismo. Tomad la determinación en vuestro corazón de rendir todo vuestro “yo” a mí. Debéis estar totalmente rendidos a mí (ROM 6:13), de otro modo no puedo ser completamente manifiesto en vosotros (2COR 4:10). ¡Preparáos para el fuego que os ha de llegar! Porque por esto dijo el Señor de los Ejérc itos, ‘VENGO CON FUEGO (LC 3:16) PARA LIMPIAR Y PURIFICAR A LOS HIJOS DE LEVÍ

(MAL 3:2–3), AQUELLOS QUE OBEDECEN Y ESTÁN DISPUESTOS A PERMANECER ANTE MÍ (1RE 17:1, ZAC 4:14, APOC 11:4), Y SERVIR (NUM 18:7) EN EL SANTO SACERDOCIO ANTE MÍ (EX

40:15), Y ANTE MI PUEBLO (LEV 10:11, MAL

2:7).’ Si entendéis esto, entonces estaréis preparados”.

LA PALABRA SENTIDA

“Mi palabra se sintió, se manejó, se tocó sólo por los que yo había escogido, (los doce). Les entregué las Palabras de Verdad y Vida que había recibido de mi Padre. Les entregué las Palabras de Verdad que escuché que mi Padre me decía. Sintieron y manejaron la Palabra de Vida y la Palabra de Verdad. Estos que yo escogí, tomaron las Palabras que les entregué (pues recibieron las Palabras que les entregué), y pusieron las Palabras en papel para que leyérais. Mis Palabras sólo fueron dadas para mis elegidos. Sólo para aquellos que ya conocí antes de la fundación de la tierra. Sólo para aquellos que predestiné para recibirlas. Sólo para aquellos que ya he escogido, para aquellos que he predestinado. Siempre estuve con vosotros. Os engendré desde la creación. Me movía sobre la faz de vosotros desde la concepción. Siempre estuve con vosotros, hablándoos y guiándoos a lo largo de los años. Así es con todo mi cuerpo. Me movía sobre vuestra faz, mi creación. No fuisteis creados en vano. No fuisteis creados del caos. No fuisteis creados vacíos. Fuisteis creados para ser habitados. Sois mi mundo, y os hice para ser habitados, ¡por mí! Mi Palabra sólo fue entregada a mi cuerpo. Otros oyen, y leen, y no lo recibieron, por tanto no me reciben. Le entregué mi Palabra a mi cuerpo. Entregué mi Palabra a mí mismo (si hubieráis de recibir esto). He estado moviéndome sobre vuestra faz toda vuestra existencia hasta el día en que me dejásteis entrar.”


 XV

AUTORES Y LIBROS RECOMENDADOS

(YA TRADUCIDOS Y DISPONIBLES, BIEN EN LA RED, BIEN EN EDICIONES EN PAPEL)

JEANNE (MADAME) GUYON:

Torrentes Espirituales Éxodo: la salida.

Autobiografía de Madame Guyon Experimentando las profundidades de Jesucristo Experimentando a Dios a través de la oración.

GENE EDWARDS

El Divino Romance El Viaje Hacia Adentro

Las crónicas de la Puerta Nuestra misión

El prisionero dela tercera celda Una carta abierta dirigida a los líderes...

Más allá de lo radical. Perfil de tres monarcas

Revlución: la historia de la iglesia primitiva.

El secreto de la vida cristiana

MARTHA BLANEY KILPATRICK

Adoración

Breves escritos (“la fé es”, “relatos de los asnos”...)

FRANÇOIS DE FENELON

El Anhelo del Corazón

PETER LORD

Pavos y águilas.

MIGUEL DE MOLINOS

Guía espiritual

WATCHMAN NEE

(Casi todos tomados sobre la marcha y editados más tarde. Muchos de ellos son tesoros que ya no se editan más como antaño se editaban. )

C.S.LEWIS

(En España, editados por Ed. RIALP)

El gran divorcio Los cuatro amores

Mientras no tengamos rostro

Mero cristianismo (ídem: Cristianismo y nada más) Cartas del diablo a su sobrino

El diablo propone un brindis El problema del dolor Dios en el banquillo

Cautivado por la alegría

Las crónicas de Narnia (colección)

Ruta: