Queremos compartir contigo, querido lector, la revelación que nuestro amado Señor Jesucristo nos transmitió, por su Espíritu hace unos días. Vamos a comentar el capítulo 27 del libro de los Hechos de los Apóstoles, cuando a Pablo se le envía a Roma, preso por predicar el Evangelio.

Pablo viaja junto con otros presos custodiado por un Centurión llamado Julio, en una nave que iba hacía Roma costeando todos los puertos de Asia Menor. Durante el viaje Pablo predica la palabra de Dios a Julio y éste lo escucha con agrado y permite que en todos los sitios donde va haciendo escala Pablo pueda ver a los cristianos de aquellos lugares, siendo atendido por ellos. Llegan hasta la ciudad de Licia y allí el Centurión encuentra una nave alejandrina que zarpaba para Italia y embarca a todos los presos y soldados en ella. Muchos días después comienza un viento que impide la navegación y llegan con mucha dificultad hasta Creta.

Fíjate en que el viaje de Pablo estaba transcurriendo sin dificultad hasta que cambian de barco, “...pasando a una nave alejandrina.” (Vers. 6)

La nave simboliza la religión y su procedencia, Alejandría, nos explica las influencia egipcias, griegas y romanas que nutren su tradición.

El viento que les dificulta la navegación es el Espíritu Santo, que les avisa que no van en un buen barco, es decir, por el buen camino y les guía hasta que costean Creta, “...llegamos a un lugar que llaman Buenos Puertos.” (Vers. 8), que simboliza un buen lugar para descansar en el Señor, tomar fuerzas y esperar a que Él de la Señal para continuar el viaje, ya por el buen camino.

“Y habiendo pasado mucho tiempo, y siendo ya peligrosa la navegación, por haber pasado el ayuno, Pablo les amonestaba, diciéndoles: Varones, veo que la navegación va a ser con perjuicio y mucha pérdida, no sólo del cargamento y de la nave, sino también de nuestras personas.” (Vers. 9-10)

Pablo, hombre de Dios, se da cuenta que están yendo en contra de la voluntad del Espíritu, y que la navegación se está volviendo peligrosa. Fíjate, en que especifica que ha pasado ya la época del ayuno. En el mundo judío, era costumbre ayunar durante los meses de septiembre - octubre, que coincidía con los primeros fríos invernales, y con el peor estado del mar. Durante esos meses los barcos solían atracar en puertos esperando la llegada del buen tiempo.

En un sentido espiritual, la llegada del mal tiempo nos indica que ha llegado la época en la que no hay revelación ni entendimiento de la Palabra de Dios, y por lo tanto se debe esperar, orando, sin proseguir el camino hasta que venga otra época, el buen tiempo, en el que el Espíritu Santo nos ilumine y haga comprender cual es la voluntad de Dios. Históricamente este tiempo de frío comienza unos años después de la redacción de este hecho, pasando por el resto de la edad antigua, media, moderna, hasta la llegada del protestantismo, en la que Lutero predica la lectura de la Palabra de Dios y la necesidad de dejarse guiar y llevar por su Espíritu. Sin embargo, enseguida, se vuelve a complicar la situación ya que el protestantismo crea su propia nave, religión, apartándose de nuevo de la guía del Espíritu.

“Pero el centurión daba más crédito al piloto y al patrón de la nave, que a lo que Pablo decía. Y siendo incómodo el puerto para invernar, la mayoría acordó zarpar también de allí, por si pudiesen arribar a Fenice, que es un puerto de Creta que mira al Nordeste y Sudeste, e invernar allí.” (Vers. 11-12)

Los hombres en vez de aceptar la voluntad de Dios, manifestada por Pablo, y esperar hasta tener entendimiento de Dios, deciden continuar adelante, buscando el camino de Dios, pero sin la guía de su Espíritu. Imagínate una noche cerrada sin luna ni estrellas y un hombre vagando por un bosque intentando encontrar su casa, que está al otro extremo sin llevar ni siquiera la luz de un mechero. Evidentemente, en una situación así, está abocado a perderse y eso es lo que ha pasado históricamente desde la formación de las primeras religiones cristianas (la nave) desde el siglo II, pasando con posterioridad a la formación de la religiones católica y ortodoxas. Se empeñaron en avanzar en un tiempo en el que no había luz, yendo en contra del propio Evangelio de Cristo, dejándose influenciar por las tradiciones paganas y cambiando el mensaje de Salvación de Cristo por otro falso. Ya dijo Jesucristo: “El que anda de día, no tropieza, porque ve la luz de este mundo; pero el que anda de noche, tropieza, porque no hay luz en él” (Juan 11.9-10), “me es necesario hacer las obras del que me envió, entre tanto que el día dura; la noche viene, cuando viene nadie puede trabajar. Entre tanto que estoy en el mundo, luz soy del mundo.” (Juan 9.4-5)

“Y soplando una brisa del sur, pareciéndoles que ya tenían lo que deseaban, levaron anclas e iban costeando Creta.” (Vers.13)

Esta oscuridad, a la que antes nos referíamos, llegó después de la muerte de los Apóstoles y primeros discípulos del Señor, pero no se hizo noche cerrada hasta el siglo IV, cuando se legaliza la religión cristiana y se forman las bases de su estructura jerárquica que continúa hasta nuestros días. La brisa del sur representa ese lapso de tiempo, unos 200-250 años aproximadamente, en el que la noche va viniendo y las tinieblas, progresivamente, van cubriendo la faz de las aguas.

“Pero no mucho después dio contra la nave un viento huracanado llamado Euroclidón.” (Vers. 14)

Creyeron que con ese poco entendimiento o luz, (brisa del sur) iban a poder llegar a puerto, pero la noche (viento huracanado) se les hecha encima.

“Y siendo arrebatada la nave, y no pudiendo resistir contra el viento, nos abandonamos a él y nos dejamos llevar.” (Vers. 15)

Ya no es el Espíritu quien guía la nave, sino que los hombres se dejan llevar por el mundo errantes y perdidos.

“Y habiendo corrido a sotavento de una pequeña isla que se llama Clauda, apenas pudimos recoger el esquife.” (Vers. 16)

El esquife es un bote salvavidas, pequeño, que normalmente iba remolcado por la nave. Entendemos que el esquife simboliza el pequeño entendimiento que aún quedaba de la Palabra de Dios ya que la Palabra de Dios es vida.

“Y una vez subido a bordo, usaron de refuerzos para ceñir la nave; y teniendo temor de dar en la Sirte, arriaron las velas y quedaron a la deriva.” (Vers. 17)

Como apenas tenían entendimiento de Dios, para no perder la nave, es decir, la religión, la atan con cuerdas que representan la conversión de una Iglesia, al servicio de Dios, en una institución humana, plenamente integrada en el mundo y en el poder político y terrenal.

Terminan de arriar las velas y quedan totalmente a la deriva, perdiendo toda posibilidad de recoger el aliento de vida o soplo del Espíritu Santo cuando éste se produjese.

“Pero siendo combatidos por una furiosa tempestad, al siguiente día empezaron a alijar, y al tercer día con nuestras propias manos arrojamos los aparejos de la nave.” (Vers. 18-19)

Entendemos que alijar significa tirar, metafóricamente, la Palabra de Dios que era el peso que impedía a la nave navegar libre por el mundo. Recuerda que el Reino de Dios no es de este mundo. Los aparejos, que son los instrumentos de guía del barco, son también arrojados, confirmando lo que antes hemos explicado sobre la terrenalidad de la Iglesia, convertida en institución mundana y poderosa.

“Y no pareciendo ni el sol ni estrellas por muchos días, y acosados por una tempestad no pequeña, ya habíamos perdido toda esperanza de salvarnos.” (Vers. 20)

El hombre, o una pequeña parte de la humanidad, se da cuenta, que, en ese barco o religión, no tiene posibilidad de llegar a Dios y alcanzar la Salvación. Sin embargo, no saben como salir de él y pierde toda esperanza.

“Entonces Pablo, como hacía mucho tiempo no comíamos, puesto en pie en medio de ellos, dijo: Fuera de cierto conveniente, oh varones, haberme oído, y no zarpar de Creta tan sólo para recibir este perjuicio y pérdida, pero ahora os exhorto a tener buen ánimo, pues no habrá ninguna pérdida de vida entre vosotros, sino solamente de la nave” (Vers. 21-22)

Sin embargo, Dios, había dejado en algunos hombres, representados por Pablo, su Espíritu. Dios nunca nos ha abandonado. Solamente quería que nos diésemos cuenta que hay que obedecerle, y hubiera sido mejor para todos no iniciar ese viaje en la oscuridad. Dios nos comunica que quiere salvarnos, pero no a la religión, la nave, la cual debe perderse.

“Porque esta noche ha estado conmigo el ángel del Dios de quien soy y a quien sirvo, diciendo: Pablo, no temas; es necesario que comparezcas ante César; y he aquí, Dios te ha concedido todos los que navegan contigo. Por tanto, oh varones, tened buen ánimo; porque yo confío en Dios que será así como me ha dicho. Con todo, es necesario que demos en alguna isla.” (Vers. 23-26)

Antes de venir el día, la manifestación del Espíritu de una forma generalizada, hay unos pocos hombres que son siervos de Dios y profetas suyos, quienes ya anticipan que Dios va a liberar a la humanidad y que la mañana está próxima. Hay que confiar en Dios y en su palabra, Él vino para salvar a los que confían en Él y creen a sus enviados. Por eso Pablo dice que Dios le ha concedido todos los que navegan con él. Sin embargo, es necesario salir de esa nave y de ese mar, que es el mundo, y llegar a alguna isla, tierra firme en la que los hombres pueden encontrar a Dios.

“Venida la decimacuarta noche, y siendo llevados a través del mar Adriático, a la medianoche los marineros sospecharon que estaban cerca de tierra; y echando la sonda, hallaron veinte brazas, y pasando un poco más adelante, volviendo a echar la sonda, hallaron quince brazas. Y temiendo dar en escollos, echaron cuatro anclas por la popa, y ansiaban que se hiciese de día. Entonces los marineros procuraron huir de la nave y echado el esquife al mar, aparentaban como que querían largar las anclas de proa.” (Vers. 27-30)

Los marineros representan los dirigentes de las religiones que, influenciados por potestades espirituales que dominan el mundo, que no son de Dios, sino del Demonio, intuyen la cercanía de tierra, del fin de dominio de ellos y pronta venida del Señor, e intentan huir antes de que llegue el día abandonando a todas las personas que están en la nave, sabiendo que ellas no pueden dirigirla y que sin ellos morirían.

“Pero Pablo dijo al centurión y a los soldados: Si éstos no permanecen en la nave, vosotros no podéis salvaros. Entonces los soldados cortaron las amarras del esquife y lo dejaron perderse.” (Vers. 31-32)

Fíjate en que Pablo no teme por su propia vida. Él no necesitaba a los marineros para salvarse; sin embargo, advierte al centurión y a los soldados, es decir, a los hombres que están metidos en religión, que su suerte está ligada a la de los marineros, pues ellos no son libres como Pablo lo es.

“Cuando comenzó a amanecer, Pablo exhortaba a todos que comiesen, diciendo: Este es el decimocuarto día que veláis y permanecéis en ayunas, sin comer nada. Por tanto, os ruego que comáis por vuestra salud: pues ni aun un cabello de la cabeza de ninguno de vosotros perecerá. Y habiendo dicho esto, tomó el pan y dio gracias a Dios en presencia de todos, y partiendo, comenzó a comer. Entonces todos teniendo ya mejor ánimo, comieron también, y éramos todas las personas en la nave doscientas setenta y seis. Y ya satisfechos de comida, aligeraron la nave, echando el trigo al mar.” (Vers. 33-38)

Cuando comienza a amanecer, los marineros pierden su control sobre las personas que están en la nave, las cuales buscan a Dios y escuchan con esperanza y buen ánimo las palabras de Pablo que, inspirado por el Espíritu Santo, les comunica de parte de Dios. Esto es el Pan, que recuerda el sacrificio de Cristo, o sea, su muerte para Salvación nuestra, simbolizado en el partir el pan y los fortalece, preparándolos para la venida del Espíritu Santo o del día. “La noche está avanzada, y se acerca el día. Desechemos pues, las obras de las tinieblas, y vistámonos con las armas de la luz.” (Romanos 13.12)

Sin embargo, observa que ellos, una vez que han comido pan, arrojan por la borda el trigo.

Voy a tratar de explicar la diferencia entre el Pan y el Trigo: El Trigo es todo el fundamento de la palabra de Dios, pero no es comestible tal y como está. Necesita ser triturado, convertido en harina y luego amasado y pasado por fuego hasta que se convierte en Pan. Las religiones tienen Trigo, ciertamente conservan la palabra de Dios a través de la Biblia (la letra), pero no tienen el entendimiento, el Temor de Dios ni la sabiduría dada por el Espíritu Santo (moler el trigo, amasarlo y cocerlo). Cuando los hombres comen Pan ya no necesitan el trigo, por eso lo tiran.

“Cuando se hizo de día, no conocían la tierra; pero veían una ensenada que tenía playa, en la cual acordaron varar, si pudiesen, la nave.” (Vers. 39)

Ellos no conocían la tierra. Estaban empezando a comprender la Palabra de Dios, pero aún no tenían por si mismos su Espíritu, sino que dependían de la guía de Pablo, de una persona que sí tenía el Espíritu de Dios. Ellos ven la playa, que simboliza la Salvación y a la que intentan llegar dentro de la nave, la religión.

“Cortando pues las anclas, las dejaron en el mar, largando también las amarras del timón; e izada al viento la vela de proa, enfilaron hacia la playa.” (Vers, 40)

Al cortar las anclas, se alejan de las ataduras de mundo dejándolas en el mar; al quitar las amarras del timón, están por fin recuperando la dirección de Dios y al izar al viento la vela de proa, están por fin recogiendo el Espíritu de Dios en ellos, encaminándose a la playa, a la Salvación.

“Pero dando en un lugar de dos aguas, hicieron encallar la nave; y la proa, hincada, quedó inmóvil, y la popa se abría con la violencia del mar.” (Vers. 41)

Dios les hace ver, por fin, que no pueden llegar a la Salvación dentro de la nave. Por esto, encallan la nave, quedando la parte delantera sin poder avanzar, mientras que la parte trasera se va abriendo.

Imagínate que el barco es la religión: católica-protestante-ortodoxa... La proa: los dirigentes, ritos, tradiciones..., con ellos no podemos avanzar hacia el camino de la Salvación, ya que quedan encallados antes de llegar. La popa: el comienzo de la destrucción de la religión, por donde podrá salir toda la gente que, en verdad, quiere alcanzar el camino de Salvación que es Cristo.

“Entonces los soldados acordaron matar a los presos, para que ninguno se fugase nadando. Pero el centurión, queriendo salvar a Pablo, les impidió este intento, y mandó que los que pudiesen nadar, se echasen los primeros, y saliesen a tierra; y los demás, parte en tablas, parte en cosas de la nave. Y así aconteció que todos se salvaron saliendo a tierra.” (Vers. 42-44)

Hay quienes prefieren ahogarse que abandonar el barco. Pero lo peor es, que hay quienes prefieren que otros se ahoguen antes que abandonen el barco.

Sin embargo, al final triunfa la Voluntad de Dios, permitiendo que todos se salven, saliendo de la nave, la religión, por la popa, como hemos explicado antes, llegando hasta tierra.

Los primeros llegan nadando. Son los que tienen el Espíritu de Dios y en total libertad no necesitan ninguna ayuda fuera de Él, para avanzar por el mundo (el mar) hacía la playa (la Salvación, Cristo).

Los demás, es decir, los que no saben nadar, tienen que apoyarse en tablas y restos de la nave para ir flotando por el mar hasta que también ellos, aunque más penosa y lentamente, alcancen la orilla. Éstos son las personas que, aún dentro de pequeñas religiones, tales como las Evangélicas, siguen a Dios; aunque no son capaces de dejarse guiar solamente por su Espíritu y necesitan restos de la nave (creación de una pequeña institución humana) que les ayude a llegar.

Como conclusión, podemos afirmar que lo importante es conseguir llegar a tierra, a la salvación de Cristo. No podemos hacerlo dentro de religiones. Si eres capaz, por la Gracia de Dios, de nadar hasta tierra, no te apoyes en tablas. Sin embargo, si aún el Espíritu no te ha dado esa bendición, apóyate en ellas, puesto que lo importante es llegar.

Francisco Morillo
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