A Wilmar Palomares nadie lo presionó para que aceptara ser pastor en la iglesia del barrio Siete de Agosto, al oriente de Cali. Simplemente levantó su mano. Los demás pastores guardaron silencio. Alguien sudó frío, pensando que tal vez lo nombrarían y por sujeción, le habría tocado hacerse cargo de aquella congregación.

Y era comprensible aquella actitud. El templo lucía abandonado, hacía falta emprender cualquier cantidad de reparaciones. En cuanto a la asistencia, no llegaba a veinte personas. Respecto a los líderes, era necesario llegar y poner en orden las cosas. Reinaba un desgano total. Todo esto sin profundizar en el hecho de que en los ingresos económicos que eran mínimos. Apenas alcanzaban para pagar las facturas por servicios de agua, energía y teléfono.

Al finalizar la reunión los ministros evangélicos se acercaron a Wilmar. Cada uno le dio unas cuantas palmaditas en el hombro, que no era fácil de precisar si eran una señal de solidaridad, un sentido pésame o la frase expresada con gestos y no con palabras, porque así habría sonado más duro: “Muchacho, no sabes en el lío que te metiste”.

Hoy es una congregación próspera. Su membresía crece de manera sorprendente. Soplan nuevos vientos. Dios respaldó a este joven pastor que vio oportunidades donde los demás veían sólo condiciones para el fracaso...

La verdadera fe

Hoy día es común escuchar un énfasis en la necesidad de caminar por fe y no por lo que vemos. “Yo creo en lo que todavía no puedo ver ni tocar”, dirá alguien para seguidamente recitarnos de memoria que “Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve” (Hebreos 11:1). Pero al llegar el momento de poner en práctica ese sagrado postulado es cuando comprendemos en su real magnitud la enorme brecha que hay entre lo que decimos y lo que hacemos.

Pero ¿Qué ocurre cuando las circunstancias son difíciles y debemos llevar a los hechos nuestras pretendidas convicciones en el poder de Dios? Sencillo: Que muchos dudan, vuelven atrás o renuncian y se resignan al fracaso. Y esto es aplicable a los sueños ministeriales, las aspiraciones laborales y las metas y proyectos que trazamos diariamente.

Pero permítame adicionarle un nuevo ingrediente que torna difíciles las cosas: ¿Qué ocurre cuando comienza a caminar hacia la materialización de un propósito y de pronto se encuentra luchando contra la corriente? ¿Sigue adelante? O quizá prefiere decir: “Hasta aquí llegué...”

Cambiar nuestra actitud

Un hecho indudable es que el triunfo es patrimonio de quienes avanzan sin detenerse por las dificultades. Es de aquellos que no se dejan vencer por la adversidad y cada vez asumen nuevos retos. Esta premisa tiene cumplimiento en el mundo secular, pero es particularmente eficaz y sorprendente entre los cristianos. Esto lleva a una primera conclusión: para vencer necesariamente y con ayuda de Dios, debemos cambiar nuestra actitud...

Pienso ahora en un triunfador de la antigüedad. Tenía un socio que antes que bobo, era muy vivo y además, ventajoso. No se andaba por las ramas: cuando había que escoger algo, siempre se inclinaba por lo mejor. En materia de negocios, siempre razonaba: primero yo, segundo yo... y tercero... pues yo....

Su socio, el vencedor, era más pausado. ¿A quién me refiero? A Abram y su sobrino Lot. La historia la hallamos en el libro del Génesis, capítulo 13 versículos desde el 1 al 17. Según el relato, las posesiones de ambos eran tantas, que decidieron separarse. No había suficiente espacio para los dos y, para agravar la perspectiva, sus colaboradores ya se estaban liando a puñetazos para zanjar las diferencia. Y fue en ese momento cuando Abram tomó una decisión sensata. Le dijo a su sobrino que escogiera: “...Yo te ruego que te apartes de mí. Si fueres a la mano izquierda, yo iré a la derecha; y si ala derecha, yo a la izquierda.” (versículo 9).

Seguridad en Dios

Abram asumió la actitud de un vencedor: disposición de seguir adelante sin importar las circunstancias. El sabía que cualquiera fuera el territorio que le correspondiera en suerte, le iría bien. Confiaba que el poder de Dios lo acompañaba. Tenía seguridad y confianza en Aquél que todo lo puede. Sabía que a donde fuera, el Señor iba con l... Y si Dios está con nosotros...¿Quién podrá estar en contra nuestra? Decisión, mentalidad de avanzada, pasos firmes, actitud de ganador...

El error de seguir el camino que los demás andan

Como dije antes, el sobrino del patriarca era ventajoso. “Y alzó Lot sus ojos, y vio toda la llanura del Jordán, que toda ella era de riego, como el huerto de Jehová, como la tierra de Egipto en dirección de Zoar antes que destruyese Jehová a Sodoma y Gomorra. Entonces Lot escogió para si toda la llanura del Jordán; y se fue Lot hacia el oriente, y se apartaron el uno del otro.” (Versículos 10 y 11).

Antes de proseguir, razonemos: Lo que el común de las personas califican de promisorio, no siempre tiene un final feliz. Los hombres de Dios ven diferente. Tienen claro que la puerta ancha no es propiamente la que conduce al éxito, a la victoria, a la vida eterna... Tal como ocurrió a Lot ya que “...los hombres de Sodoma eran malos y pecadores contra Jehová en gran manera”(Versículo 13). Un triunfador jamás olvida que no en todos los casos el camino más transitado es el mejor...

Mirar las posibilidades y no los impedimentos

Hora pongámonos junto al camino con Abram, el vencedor. El simplemente confió que Dios lo bendeciría. No importa que sólo tuviese a disposición una tierra llena de piedras y grandes desiertos.

Cuando estamos en el plan de Dios y nos movemos en su voluntad, aún lo que consideramos un motivo de fracaso, se transforma en factor de victoria. “Y Jehová dijo a Abram, después que Lot se apartó de él: Alza ahora tus ojos, y mira desde el lugar donde estás hacia el norte y el sur, y al oriente y al occidente. Porque toda la tierra que ves, la daré a ti y a tu descendencia para siempre” (versículos 14 y 15).

¿Qué pasaría si...?

Pregúntese qué pasaría si... Usted dejara de mirar las dificultades y evaluara las posibilidades de triunfar con ayuda de Dios... Usted dejara de llorar por lo que pudo haber sido y no fue, y mirara el futuro que tiene por delante... Usted cambiara esa actitud que todo lo mira a la luz del fracaso.... Usted aprendiera a confiar y depender de Dios y no de sus fuerzas... ¿Sabe qué ocurriría? Que su vida sería diferente. ¡Hoy es su oportunidad! Mire por fe el panorama despejado y prometedor que tiene delante!... Este puede ser el comienzo de una vida de éxito.... Con la ayuda de Dios lo podrá lograr...

Si tiene alguna inquietud, pregunta, sugerencia o petición de oración, no dude en escribirme:

Ps. Fernando Alexis Jiménez

Ministerio de Evangelismo y Misiones “Heraldos de la Palabra”

Página en Internet: http://www.adorador.com/heraldosdelapalabra

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