Nunca antes un café tinto le supo tan amargo con aquél día. Estaban en la cafetería de la empresa. Caía la mañana y en esos breves minutos pretendían reponer fuerzas para seguir la revisión de libros contables. Llevaba cinco años en la División Financiera de la empresa y sólo en aquella ocasión se vio confrontado con sus convicciones de fe:
Su prontuario delictivo era amplio. Pero llegó su día. Uno cualquiera. Algo salió mal. El que menos esperó. Un hecho que no estaba dentro de sus previsiones. La suerte no le acompañó. Cayó en manos de las autoridades y, sin compasión de ninguna índole, le pusieron un buen tiempo bajo la sombra, el frío y la hostilidad de una mazmorra.
En cierta ocasión un hombre, al vacacionar en Hong-Kong, visitó un lugar en donde se realizaban tatuajes y al estar observando los modelos, vio uno que llamo mucho su atención y era una frase que decía así: "Nacidos para perder"; en aquel entonces estaba de moda esa frase y hasta una película se hizo con ese titulo "Nacidos para perder".
“Después hizo que trajeran el otro carnero, el carnero de las consagraciones, y Aarón y sus hijos pusieron sus manos sobre la cabeza del carnero. Y lo degolló; y tomó Moisés de la sangre, y la puso sobre el lóbulo de la oreja derecha de Aarón, sobre el dedo pulgar de su mano derecha, y sobre el dedo pulgar de…
No tienen treinta años y ya tienen futuro como empresarios. Su visión es diferente. ¿La razón? Cuando Ximena Vélez y Jorge Burgos encuentran un trozo de plástico, un alambre retorcido o quizá un neumático viejo, no ven desechos sino materias primas para la elaboración de productos que luego comercializan en un modesto almacén de artesanías, en pleno centro de Santafé…
En Colombia se le conoce como el padre de dos mil niños, adolescentes y jóvenes. Y en cierta medida lo es. Se trata del científico Elkin Lucena Romero, el pionero de la fertilización in vitro en el país, hace poco menos de veinte años. En otras palabras, fue el gestor de los bebés probeta.
No se puede negar que al caer la tarde ofrece una imagen triste. Y en la noche puede lucir lúgubre. Pero trae alegría. Aunque tiene cruces y lápidas, es un cementerio diferente de todos los demás. Es el lugar al que decenas de hombres, mujeres y niños van a enterrar sus tristezas, rencores, temores y hasta desamores.
Cuando las puertas de la penitenciaría se abrieron, una soleada mañana de abril, Eddie J. L. comprendió que terminaban allí diecisiete años de prisión injusta. Revisó sus pertenencias, que se limitaban a una Biblia vieja y subrayada por todas partes, un par de anteojos, un reloj en oro que compró en sus mejores tiempos, y la colección de recortes de…

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